martes, 18 de marzo de 2025

LOS DERECHOS DE LA CASA DE MÉDICI SOBRE EL GRAN DUCADO DE TOSCANA.

 

Francisco Acedo Fernández.
Auditor de la Diputación Gran Ducal para la Nobleza y Ciudadanía.

El nombre de Médici trae consigo un halo de fascinación, respeto y admiración como pocos otros. La familia tuvo orígenes en la zona de Mugello, más concretamente de San Piero a Sieve donde a finales del siglo XI y comienzos del XII era castellano de Potrone en nombre de la poderosa familia Ubaldini un tal Médico, el primer personaje documentado de la familia de cuyo nombre procede el apellido patronímico de Médici. Las primeras generaciones conocidas se dedicaron al comercio, a la manufactura de la lana y, en menor medida, a las actividades bancarias y a la política. Uno de los primeros en ocupar magistraturas en la República Florentina fue Salvestro de Alamanno de Médici, quien ocupó el cargo de gonfaloniero. Encuadrado en la facción guelfa como toda la familia, pese a sus orígenes patricios se presentó como portavoz de los sectores populares y apoyó en 1378 la Revuelta de los Ciompi comandada por Michele di Lando contra la oligarquía de la ciudad.

El verdadero ascenso de la familia se produciría en el paso del siglo XIV al XV con Juan de Bicci de Médici, fundador del la Banca Médici, que se convertiría en el banquero de los Papas y financiaría a Francesco Sforza en la conquista de Milán y a Eduardo IV de Inglaterra, ganador de la Guerra de las Dos Rosas. Su hijo, Cosme el Viejo, cabaza de la rama de los Médici de Cafaggiolo, fue el primero en controlar la República Florentina, adquiriendo el poder basándose en el apoyo del pueblo que veía en los Médici unos gobernantes tolerantes frente a la oligarquía aristocrática. Con ellos comienza igualmente la protección de las artes, la letras y el pensamiento. Cosme el Viejo fundará la Academia Neoplatónica, que será el germen del pensamiento humanístico que conbatirá el aristotelismo escolástico y dará origen al Renacimiento. Sin los Médici y su mecenazgo es imposible entender el Renacimiento, uno de los momentos culturales cumbres de la historia de Occidente, sólo comparable a la Atenas de Pericles o a la Alejandría de los Ptolomeos. Frente a otras familias como los Habsburgo, los Borbón, los Romanov o los Windsor, los Médici no poseyeron grandes imperios pero su influencia en el devenir de Europa y del Mundo es enorme, gracias a su impulso a las nuevas ideas que hicieron renacer en el siglo XV la mejor visión de la Antigüedad Clásica y que cambiaron para siempre las mentalidades colectivas con la concepción del Humanismo Cristiano.
Los nombres de las grandes figuras de la dinastía están ya para siempre grabados en lugares de honor de la historia: Lorenzo el Magnífico, Alejandro el primer Duque de Florencia, Cosme, el primer Gran Duque de Toscana; los Papas de la familia León X, Clemente VII y León XI; las Reinas de Francia Catalina y María, y un gran número de personajes que ocuparon cargos militares, políticos y eclesiásticos en la Toscana y fuera de ella, entre ellos ocho cardenales. La grandeza de la familia se debe a su potencia económica gracias a la banca, al apoyo del pueblo de Florencia, al ascendiente que adquirieron con el papado y al apoyo imperial. En 1530 Carlos V reconocería a Alejandro de Médici como Señor de Florencia, disolviendo así la República y en 1532 lo creó Duque de Florencia. Su sucesor, Cosme I fue creado Gran Duque de Toscana en 1569 por Bula de Papa Pío V, tras la conquista de la República de Siena. Maximiliano II confirmaría la dignidad Gran ducal con un Edicto de 1576. Sus sucesores reinarían en la Toscana hasta la compleja sucesión de Juan Gastón, el último Gran Duque de la rama de Cafaggiolo.

En 1711, tras la muerte repentina y sin herederos del Príncipe de Toscana Francisco María de Médici el 3 de febrero, el Gran Duque Cosme III estaba seguro de que no habría linaje directo de su propia sangre. Queriendo respetar el orden de sucesión establecido por la Bula Imperial de Carlos V de 1532, por la bula papal de Pío V de 1569 y por el edicto imperial de Maximiliano II de 1576 (que preveía, en ausencia de un heredero directo, la sucesión del pariente más cercano, cualquiera que fuera el grado de parentesco hasta el infinito, siempre que perteneciera a la familia Médici) el Gran Duque proclamó como Príncipe de Toscana y eventual sucesor del Gran Ducado a su primo lejano, Giuseppe de Médici de Toscana, Príncipe de Ottajano. El título de Príncipe de Toscana también está claramente indicado en el acta de nombramiento imperial del mismo Giuseppe de Médici de Toscana como plenipotenciario cesareo para la entrega de Cerdeña a los Saboya, dada por el Emperador Carlos VI en Luxemburgo el 12 de junio de 1720 y conservada en el archivo de la corte real y en el archivo histórico de Cagliari.
Para confirmar este nombramiento, se puede ver el testimonio del embajador de Francia en Toscana, el Conde de Gergy, quien denunció el hecho ante la Corte de Francia, anotándolo en la correspondencia de la colección de instrucciones diplomáticas de la época, hoy conservada en el Ministerio de Asuntos Exteriores francés.

Armas de los Médici (diseño realizado por D.Nikolas López Pomar)


La decisión del Gran Duque, sin embargo, encontró la oposición de una parte de la elite gobernante florentina que, decidida a restaurar los antiguos sistemas republicanos, aduciendo una serie de razones falsas y engañosas, empujó al Gran Duque a hacer que su hija Ana María Luisa de Médici, Electora Palatina, fuera elegida por el Senado como eventual sucesora del Gran Ducado. La elección resultó estratégica: Ana María Luisa era estéril y sin herederos, y se creía que a su muerte Toscana podría volver a ser una república, libre del vínculo dinástico de los Médici.

Al nombrar heredera a su hija la Electora Palatina, Cosme III violó las disposiciones sucesorias establecidas en la Bula Imperial de Carlos V de 1532 para la instauración del Ducado de Florencia a favor de los Médici, bien conocidas por todas las potencias europeas y que establecía que, en caso de extinción de la rama de Cafaggiolo, el Ducado de Florencia sería sucedido in infinito por el pariente más cercano de la familia Medici, independientemente de su grado de parentesco con la línea de la primera persona investida del título ducal. Esta línea de sucesión también había sido sancionada por la Bula Papal del 27 de agosto de 1569 dada a Cosme I por el Papa Pío V para el establecimiento del título gran ducal y por la posterior Bula Imperial que confirma este título otorgado a Francisco I de Médici por el emperador Maximiliano II.
Según las condiciones de paz establecidas entre el emperador Carlos V y la República de Florencia, tal violación habría comportado para Florencia la pérdida de toda la libertad conquistada hasta ese momento, dejando al Emperador libre para disponer del estado toscano, como de hecho sucedió a partir de 1720 cuando Toscana empezó a ser considerada por el Emperador como moneda de cambio para establecer acuerdos internacionales favorables al Sacro Imperio Romano Germánico.

Al final de varias negociaciones internacionales que duraron 15 años, las potencias internacionales establecieron que Toscana sería asignada a la familia Habsburgo-Lorena y para sancionar oficialmente el paso a esta dinastía, el emperador Carlos VI, en 1736, emitió un nuevo decreto de investidura gran ducal a favor de la familia Lorena, sustituyendo así la investidura anterior concedida en 1576 por el Emperador Maximiliano II a Francisco I de Médici y a sus sucesores directos y agnados o bien sus colaterales varones. Es decir, la investidura de Francisco Esteban de Lorena como Gran Duque de Toscana por parte de su suegro el Emperador Carlos VI es una nueva Bula y se realizó para compensar la pérdida del Ducado de Lorena en la recién terminada Guerra de Sucesión de Polonia. Sin embargo, según el derecho canónico, Carlos VI no pudo abolir la Bula Papal que fue emitida por Papa Pío V en 1569 para investir a Cosme I de Médici como Gran Duque de Toscana y a sus descendientes directos o, en caso de extinción de su línea, a los agnados colaterales varones.
Por lo tanto, en 1737, a la muerte del Gran Duque Juan Gastón, último exponente varón de la línea de Médici de Cafaggiolo, el Príncipe de Toscana Giuseppe de Médici de Toscana, Príncipe de Ottajano, asumió para sí y para sus descendientes el título de Gran Duque titular de Toscana en virtud de la Bula Imperial de 1532 y la Bula Papal de 1569, aún hoy válida. Sus descendientes llevaron adelante la reivindicación dinástica hasta el presente haciendo uso público de su título de Príncipes y Grandes Duques de Toscana y estableciendo, de generación en generación, relaciones de muy alto nivel con la Casa Real de Borbón de Nápoles y la de Saboya, y aceptando cargos gubernamentales muy altos en nombre de esos soberanos con la esperanza de que un día, a través de tales relaciones, podrían obtener nuevamente, por vías diplomáticas, el gobierno de Toscana o de otros territorios. En documentos oficiales del Reino de las Dos Sicilias aparecen siempre citados como Médici de Toscana.

En 1737 las potencias europeas con el apoyo de la oligarquía aristocrática florentina imponen a Fracisco Esteban de Lorena como Gran Duque de Toscana, contra todo derecho como hemos visto, y sus descendientes los Archiduques austríacos ocuparán el trono de los Médici hasta 1859. El 27 de abril de ese año, tras el estallido de la Segunda Guerra de Independencia entre Austria y el Reino de Cerdeña, la familia Habsburgo-Lorena abandonó Florencia y se refugio en la corte imperial de Viena, poniendo fin a ciento veintidós años de ocupación extranjera. El 20 de diciembre de 1866 la rama toscana de los Habsburgo-Lorena dejó de existir y retornaron a ser miembros de la Casa Imperial de Austria. Para ratificar esto en 1870 Fernando IV de Habsburgo-Lorena abdicó sus derechos como pretendiente al Gran Ducado de Toscana a favor del Emperador Francisco José I. A partir de ese momento a los archiduques descendientes de Leopoldo II se les prohibió utilizar títulos toscanos y el propio Emperador asumió el título de Gran Duque de Toscana en virtud de la abdicación de Fernando IV realizada por sí y sus descendientes.

Gran Duque Ottaviano de Médici.

El Gran Duque Ottaviano de Médici de Toscana ha continuado con las pretensiones de sus mayores y es el legítimo heredero y titular del Gran Ducado de Toscana en virtud de la Bula Papal de Pío V de 1569, en las que se establecía que la sucesión del del Gran Ducado de Toscana fuera hereditaria en los sucesores agnados de Cosme I y en ausencia de sucesión, al ramo colateral más cercano, que ha sido siempre el de los Príncipes de Ottajano. Por las mismas razones es Gran Maestre de la Orden de San Esteban en virtud de la Bula Papal de Pío IV, pero de esto hablaremos en un próximo artículo. Padre de tres hijos, reside en Florencia, como sus antepasados, y mantiene vivas las tradiciones de su Casa, sobre la que ha escrito un interesante volumen. Autor del Manifiesto del Nuevo Humanismo Mediceo basa su pensamiento en cinco pilares: la Belleza, la Nobleza, la Libertad, la Humanidad y la Razón. Entre sus preocupaciones se encuentran el medio ambiente, la sostenibilidad y el diálogo de los pueblos a través de la cultura. Un hombre del Renacimiento en pleno siglo XXI.

Para saber más: www.de-medici.com 
Contacto: francisco.acedo.fernandez@de-medici.com

Publicado por La Mesa de los Notables.