El nombre de Médici trae consigo un halo de
fascinación, respeto y admiración como pocos otros. La familia tuvo orígenes en
la zona de Mugello, más concretamente de San Piero a Sieve donde a finales del
siglo XI y comienzos del XII era castellano de Potrone en nombre de la poderosa
familia Ubaldini un tal Médico, el primer personaje documentado de la familia
de cuyo nombre procede el apellido patronímico de Médici. Las primeras
generaciones conocidas se dedicaron al comercio, a la manufactura de la lana y,
en menor medida, a las actividades bancarias y a la política. Uno de los
primeros en ocupar magistraturas en la República Florentina fue Salvestro de
Alamanno de Médici, quien ocupó el cargo de gonfaloniero. Encuadrado en la
facción guelfa como toda la familia, pese a sus orígenes patricios se presentó
como portavoz de los sectores populares y apoyó en 1378 la Revuelta de los
Ciompi comandada por Michele di Lando contra la oligarquía de la ciudad.
El verdadero ascenso de la familia se produciría en el
paso del siglo XIV al XV con Juan de Bicci de Médici, fundador del la Banca
Médici, que se convertiría en el banquero de los Papas y financiaría a
Francesco Sforza en la conquista de Milán y a Eduardo IV de Inglaterra, ganador
de la Guerra de las Dos Rosas. Su hijo, Cosme el Viejo, cabaza de la rama de
los Médici de Cafaggiolo, fue el primero en controlar la República Florentina,
adquiriendo el poder basándose en el apoyo del pueblo que veía en los Médici
unos gobernantes tolerantes frente a la oligarquía aristocrática. Con ellos
comienza igualmente la protección de las artes, la letras y el pensamiento.
Cosme el Viejo fundará la Academia Neoplatónica, que será el germen del
pensamiento humanístico que conbatirá el aristotelismo escolástico y dará
origen al Renacimiento. Sin los Médici y su mecenazgo es imposible entender el
Renacimiento, uno de los momentos culturales cumbres de la historia de
Occidente, sólo comparable a la Atenas de Pericles o a la Alejandría de los
Ptolomeos. Frente a otras familias como los Habsburgo, los Borbón, los Romanov
o los Windsor, los Médici no poseyeron grandes imperios pero su influencia en
el devenir de Europa y del Mundo es enorme, gracias a su impulso a las nuevas
ideas que hicieron renacer en el siglo XV la mejor visión de la Antigüedad
Clásica y que cambiaron para siempre las mentalidades colectivas con la
concepción del Humanismo Cristiano.
Los nombres de las grandes figuras de la dinastía
están ya para siempre grabados en lugares de honor de la historia: Lorenzo el
Magnífico, Alejandro el primer Duque de Florencia, Cosme, el primer Gran Duque
de Toscana; los Papas de la familia León X, Clemente VII y León XI; las Reinas
de Francia Catalina y María, y un gran número de personajes que ocuparon cargos
militares, políticos y eclesiásticos en la Toscana y fuera de ella, entre ellos
ocho cardenales. La grandeza de la familia se debe a su potencia económica
gracias a la banca, al apoyo del pueblo de Florencia, al ascendiente que
adquirieron con el papado y al apoyo imperial. En 1530 Carlos V reconocería a
Alejandro de Médici como Señor de Florencia, disolviendo así la República y en
1532 lo creó Duque de Florencia. Su sucesor, Cosme I fue creado Gran Duque de
Toscana en 1569 por Bula de Papa Pío V, tras la conquista de la República de
Siena. Maximiliano II confirmaría la dignidad Gran ducal con un Edicto de 1576.
Sus sucesores reinarían en la Toscana hasta la compleja sucesión de Juan
Gastón, el último Gran Duque de la rama de Cafaggiolo.
En 1711, tras la muerte repentina y sin herederos del
Príncipe de Toscana Francisco María de Médici el 3 de febrero, el Gran Duque
Cosme III estaba seguro de que no habría linaje directo de su propia sangre.
Queriendo respetar el orden de sucesión establecido por la Bula Imperial de
Carlos V de 1532, por la bula papal de Pío V de 1569 y por el edicto imperial
de Maximiliano II de 1576 (que preveía, en ausencia de un heredero directo, la
sucesión del pariente más cercano, cualquiera que fuera el grado de parentesco
hasta el infinito, siempre que perteneciera a la familia Médici) el Gran Duque
proclamó como Príncipe de Toscana y eventual sucesor del Gran Ducado a su primo
lejano, Giuseppe de Médici de Toscana, Príncipe de Ottajano. El título de
Príncipe de Toscana también está claramente indicado en el acta de nombramiento
imperial del mismo Giuseppe de Médici de Toscana como plenipotenciario cesareo
para la entrega de Cerdeña a los Saboya, dada por el Emperador Carlos VI en
Luxemburgo el 12 de junio de 1720 y conservada en el archivo de la corte real y
en el archivo histórico de Cagliari.
Para confirmar este nombramiento, se puede ver el
testimonio del embajador de Francia en Toscana, el Conde de Gergy, quien
denunció el hecho ante la Corte de Francia, anotándolo en la correspondencia de
la colección de instrucciones diplomáticas de la época, hoy conservada en el
Ministerio de Asuntos Exteriores francés.
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Armas de los Médici (diseño realizado por D.Nikolas López Pomar) |
La decisión del Gran Duque, sin embargo, encontró la oposición de una parte de la elite gobernante florentina que, decidida a restaurar los antiguos sistemas republicanos, aduciendo una serie de razones falsas y engañosas, empujó al Gran Duque a hacer que su hija Ana María Luisa de Médici, Electora Palatina, fuera elegida por el Senado como eventual sucesora del Gran Ducado. La elección resultó estratégica: Ana María Luisa era estéril y sin herederos, y se creía que a su muerte Toscana podría volver a ser una república, libre del vínculo dinástico de los Médici.
Al nombrar heredera a su hija la Electora Palatina,
Cosme III violó las disposiciones sucesorias establecidas en la Bula Imperial
de Carlos V de 1532 para la instauración del Ducado de Florencia a favor de los
Médici, bien conocidas por todas las potencias europeas y que establecía que,
en caso de extinción de la rama de Cafaggiolo, el Ducado de Florencia sería
sucedido in infinito por el pariente más cercano de la familia Medici,
independientemente de su grado de parentesco con la línea de la primera persona
investida del título ducal. Esta línea de sucesión también había sido
sancionada por la Bula Papal del 27 de agosto de 1569 dada a Cosme I por el
Papa Pío V para el establecimiento del título gran ducal y por la posterior
Bula Imperial que confirma este título otorgado a Francisco I de Médici por el
emperador Maximiliano II.
Según las condiciones de paz establecidas entre el
emperador Carlos V y la República de Florencia, tal violación habría comportado
para Florencia la pérdida de toda la libertad conquistada hasta ese momento,
dejando al Emperador libre para disponer del estado toscano, como de hecho
sucedió a partir de 1720 cuando Toscana empezó a ser considerada por el
Emperador como moneda de cambio para establecer acuerdos internacionales
favorables al Sacro Imperio Romano Germánico.
Al final de varias negociaciones internacionales que
duraron 15 años, las potencias internacionales establecieron que Toscana sería
asignada a la familia Habsburgo-Lorena y para sancionar oficialmente el paso a
esta dinastía, el emperador Carlos VI, en 1736, emitió un nuevo decreto de
investidura gran ducal a favor de la familia Lorena, sustituyendo así la investidura anterior
concedida en 1576 por el Emperador Maximiliano II a Francisco I de Médici y a
sus sucesores directos y agnados o bien sus colaterales varones. Es decir, la
investidura de Francisco Esteban de Lorena como Gran Duque de Toscana por parte
de su suegro el Emperador Carlos VI es una nueva Bula y se realizó para
compensar la pérdida del Ducado de Lorena en la recién terminada Guerra de
Sucesión de Polonia. Sin embargo, según el derecho canónico, Carlos VI no pudo
abolir la Bula Papal que fue emitida por Papa Pío V en 1569 para investir a
Cosme I de Médici como Gran Duque de Toscana y a sus descendientes directos o,
en caso de extinción de su línea, a los agnados colaterales varones.
Por lo tanto, en 1737, a la muerte del Gran Duque Juan
Gastón, último exponente varón de la línea de Médici de Cafaggiolo, el Príncipe
de Toscana Giuseppe de Médici de Toscana, Príncipe de Ottajano, asumió para sí
y para sus descendientes el título de Gran Duque titular de Toscana en virtud
de la Bula Imperial de 1532 y la Bula Papal de 1569, aún hoy válida. Sus
descendientes llevaron adelante la reivindicación dinástica hasta el presente
haciendo uso público de su título de Príncipes y Grandes Duques de Toscana y
estableciendo, de generación en generación, relaciones de muy alto nivel con la
Casa Real de Borbón de Nápoles y la de Saboya, y aceptando cargos
gubernamentales muy altos en nombre de esos soberanos con la esperanza de que
un día, a través de tales relaciones, podrían obtener nuevamente, por vías
diplomáticas, el gobierno de Toscana o de otros territorios. En documentos
oficiales del Reino de las Dos Sicilias aparecen siempre citados como Médici de
Toscana.
En 1737 las potencias europeas con el apoyo de la
oligarquía aristocrática florentina imponen a Fracisco Esteban de Lorena como
Gran Duque de Toscana, contra todo derecho como hemos visto, y sus
descendientes los Archiduques austríacos ocuparán el trono de los Médici hasta
1859. El 27 de abril de ese año, tras el estallido de la Segunda Guerra de
Independencia entre Austria y el Reino de Cerdeña, la familia Habsburgo-Lorena
abandonó Florencia y se refugio en la corte imperial de Viena, poniendo fin a
ciento veintidós años de ocupación extranjera. El 20 de diciembre de 1866 la
rama toscana de los Habsburgo-Lorena dejó de existir y retornaron a ser
miembros de la Casa Imperial de Austria. Para ratificar esto en 1870 Fernando
IV de Habsburgo-Lorena abdicó sus derechos como pretendiente al Gran Ducado de
Toscana a favor del Emperador Francisco José I. A partir de ese momento a los
archiduques descendientes de Leopoldo II se les prohibió utilizar títulos
toscanos y el propio Emperador asumió el título de Gran Duque de Toscana en
virtud de la abdicación de Fernando IV realizada por sí y sus descendientes.
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Gran Duque Ottaviano de Médici. |
El Gran Duque Ottaviano de Médici de Toscana ha
continuado con las pretensiones de sus mayores y es el legítimo heredero y
titular del Gran Ducado de Toscana en virtud de la Bula Papal de Pío V de 1569,
en las que se establecía que la sucesión del del Gran Ducado de Toscana fuera
hereditaria en los sucesores agnados de Cosme I y en ausencia de sucesión, al
ramo colateral más cercano, que ha sido siempre el de los Príncipes de
Ottajano. Por las mismas razones es Gran Maestre de la Orden de San Esteban en
virtud de la Bula Papal de Pío IV, pero de esto hablaremos en un próximo
artículo. Padre de tres hijos, reside en Florencia, como sus antepasados, y
mantiene vivas las tradiciones de su Casa, sobre la que ha escrito un
interesante volumen. Autor del Manifiesto del Nuevo Humanismo Mediceo basa su
pensamiento en cinco pilares: la Belleza, la Nobleza, la Libertad, la Humanidad
y la Razón. Entre sus preocupaciones se encuentran el medio ambiente, la
sostenibilidad y el diálogo de los pueblos a través de la cultura. Un hombre
del Renacimiento en pleno siglo XXI.
Para saber más: www.de-medici.com
Contacto:
francisco.acedo.fernandez@de-medici.com
Publicado por La Mesa de los Notables.