miércoles, 28 de enero de 2026

CAPÍTULO DEL REAL CUERPO DE LA NOBLEZA DE MADRID.

 (Enero de 2026).

Con ocasión de la festividad de San Ildefonso, patrono del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, el Real Monasterio de la Encarnación acogió, en la tarde del pasado día 24 de este mes de enero, la celebración del Capítulo anual de esta histórica corporación nobiliaria.
El solemne acto dio comienzo con la investidura y juramento de los siete nuevos Caballeros que ingresaron formalmente en el Real Cuerpo conforme a sus estatutos y tradiciones seculares. A continuación, se celebró la Santa Misa, oficiada por Monseñor don Joaquín Martín Abad, en un marco de recogimiento y dignidad acorde con la significación religiosa e institucional de la ceremonia.

Al Capítulo asistieron representantes de algunas de las corporaciones nobiliarias, de entre la muchas que componen el rico abanico existente en nuestro país. Entre las personalidades presentes destacó Su Alteza Imperial y Real el archiduque Jorge de Habsburgo-Lorena, nieto del último emperador austrohúngaro y actual embajador de Hungría en España, cuya presencia subrayó el carácter internacional y la proyección histórica de esta institución.


Finalizados los actos religiosos, los asistentes se trasladaron a la Real Gran Peña, donde tuvo lugar el tradicional cóctel de confraternización, espacio propicio para el encuentro, el diálogo y el fortalecimiento de los lazos personales e institucionales entre los miembros y las corporaciones invitadas.
Como colofón de la jornada, el Conde de Paredes de Nava, presidente del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, pronunció un breve pero significativo discurso en el que evocó la vocación histórica de la corporación, fundada en el siglo XVIII bajo el amparo de la Corona, y reafirmó su compromiso permanente con la defensa de la Monarquía, la lealtad a la Corona y el servicio a España. Sus palabras concluyeron con un brindis por Su Majestad el Rey y por España, que fue acogido con general asentimiento.

El Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, heredero de una tradición que hunde sus raíces en la historia institucional de la Villa y Corte, continúa así desempeñando su papel como custodio de valores históricos, culturales y morales, manteniendo vivas unas formas y un espíritu que forman parte del patrimonio histórico de la Nación.

Para más información sobre el RCNM: https://rcnm.es/

Publicado por La Mesa de los Notables.

martes, 27 de enero de 2026

DE LA TRADICIÓN HERÁLDICA AL LOGO MODERNO: ¿UNA TRANSICIÓN TAN NATURAL COMO LÓGICA?

Alejandro Riestra Martínez 

«La transición del escudo heráldico al logo, no debe entenderse como una ruptura con la tradición, sino como su prolongación natural en un nuevo contexto comunicativo. Lejos de vaciar de significado los símbolos heredados, el lenguaje visual contemporáneo ofrece la posibilidad de reinterpretarlos, preservando su esencia y proyectándolos hacia el futuro.
Así como la heráldica nació para dar respuesta a una necesidad concreta de identificación, el logo responde hoy a esa misma necesidad en un mundo global, digital y saturado de imágenes. Ambos sistemas comparten un mismo principio fundacional: hacer visible la identidad y garantizar su reconocimient
o».

 

Desde los orígenes más tempranos de la heráldica, el escudo de armas se consolidó como algo más que un mero ornamento: fue, ante todo, un símbolo de identidad, linaje y autoridad. Cada metal, esmalte o figura, así como su disposición, poseía un significado preciso, permitiendo que personas, familias, instituciones o estamentos sociales fueran reconocidos de manera inequívoca.

Como señala Michel Pastoureau en Traité d’héraldique (1997): «El escudo no solo representa a quien lo porta, sino que es su firma visible en el mundo social y político».

Esta función de identificación visual resultaba esencial en un contexto en el que la identidad tenía un peso determinante, no solo en el ámbito militar, sino también en el social y el económico, ya que permitía comunicar de forma inmediata la posición de un individuo dentro de una estructura rigurosamente jerarquizada.
Con el paso de los siglos y la transformación de las formas de comunicación, la sociedad fue desarrollando nuevos mecanismos de identificación visual, entre ellos el "emblema simplificado"y , dando un paso más, el logo moderno. Aunque a primera vista pueda parecer un elemento puramente comercial, el logo cumple la misma función primordial que el blasón: identificar, distinguir y comunicar. Como sostiene Wally Olins en The Brand Handbook (2008): «Un logo es hoy la representación gráfica de una identidad; resume historia, valores y pertenencia en un solo signo reconocible».


De este modo, el logo puede entenderse como la herencia simbólica de la heráldica, adaptada a un mundo globalizado, digital y visualmente acelerado.
Esta transición no es solo conceptual. Miles de pueblos y ciudades, comunidades y países han llevado a la práctica la adaptación de sus escudos a  emblemas simplificados y a logos contemporáneos. Madrid, Barcelona y muchas otras ciudades y municipios de todo el mundo mantienen sus escudos oficiales para actos protocolarios, mientras que en su comunicación digital, institucional y turística emplean versiones estilizadas que simplifican los elementos heráldicos, logrando una mayor legibilidad y un reconocimiento inmediato.

Lo mismo ocurre en el ámbito universitario. Oxford o Harvard, por citar dos de las instituciones más prestigiosas y tradicionales, han desarrollado logos derivados de sus escudos centenarios, optimizados para aplicaciones digitales y materiales de difusión. Ejércitos, cuerpos policiales y asistenciales, e incluso países como el nuestro y muchos otros, han creado versiones simplificadas de sus escudos para uso institucional, preservando los símbolos históricos en formatos contemporáneos, reservando las versiones tradicionales para actos protocolarios de mayor solemnidad.

El vínculo entre escudo y logo reside, en última instancia, en su función como firma de distinción. Así como los blasones certificaban la pertenencia a un linaje y el estatus de su portador, los logos, además, certifican la pertenencia a un proyecto, una marca o una comunidad, comunicando autenticidad, identidad y continuidad. Ambos cumplen, en esencia, la misma función: garantizar que la identidad representada sea reconocible, memorable y respetada.

El logo que he escogido como símbolo comunicativo se inscribe dentro de esta misma lógica, reinterpretando las armas tradicionales mediante un lenguaje visual contemporáneo. Los esmaltes y metales (ahora reducidos a colores), las figuras y la composición remiten a la tradición heráldica más secular, mientras que la simplificación y la estilización responden a las necesidades de la comunicación moderna: adaptabilidad, claridad y presencia eficaz en medios digitales, impresos y audiovisuales. Así, este logo no es solo un signo gráfico, sino una auténtica firma visual con la que se busca conectar pasado y presente, manteniendo viva la esencia de la heráldica en el contexto de la identidad visual contemporánea.


La transición del escudo heráldico al "emblema sinplificado", y dando un paso más, al logo no representa, por tanto, un abandono de la tradición, sino su evolución natural (e incluso necesaria en muchos casos). La herencia simbólica de familias, instituciones y linajes encuentran en el logo una continuidad funcional que permite que la distinción y la identidad visual sigan vivas en un mundo donde la comunicación rápida y global exige signos claros, memorables y versátiles. De este modo, a mi criterio, el logo cumple la misma función que el blasón, sin perder su fuerza y su carga simbólica. No se trata, en ningún caso, de una sustitución por descalificación, sino de la prueba de que la heráldica, lejos de ser un vestigio del pasado sigue plenamente viva adaptándose a las formas en que las sociedades contemporáneas se representan, se reconocen y se distinguen a sí mismas.

Imágenes: 1) Logo de Alejandro Riestra. 2) Logo usado por don Bernardo Calvo de Barrietos. Ambos son fruto de una simplificación gráfica de sus propias armás heráldica.-  3) Emblemas heráldicos simplificados del College of Arms de Londres, más próximos a un logo que a un blaón tradicional, usados en su merchandising (el de la izquierda) y en su red social Linkedln (el de la derecha).
Publicado por La Mesa de los Notables.


lunes, 26 de enero de 2026

LA STEHG FALLA LOS IV PREMIOS “JOSÉ ANTONIO DÁVILA” EN SU XLV ANIVERSARIO.

 

La Sociedad Toledana de Estudios Heráldicos y Genealógicos (STEHG), el pasado 19 de enero de 2026, acordó conceder los IV Premios “José Antonio Dávila”, que han recaído en los siguientes galardonados.

En la categoría de persona física o jurídica relevante en el ámbito de la Emblemática, el premio ha sido otorgado a la Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado, en reconocimiento a su destacada labor de divulgación del conocimiento en materia emblemática a través de sus numerosas publicaciones sobre Derecho Nobiliario, Historia del Derecho y de las Instituciones, Falerística y otras disciplinas afines. Asimismo, se ha valorado especialmente la generosidad de poner gratuitamente a disposición del público gran parte de estos contenidos editoriales en su página web.

En la categoría de publicación relevante en el ámbito de la Emblemática, el premio se ha concedido ex aequo a:

Uniformes Nobiliarios, de don Jorge Cólogan y González-Massieu, por la extraordinaria calidad científica de la obra, su relevancia en el ámbito de la Emblemática y su consolidación como obra de referencia en materia de uniformología nobiliaria.
La revista Nobiltà, por la sobresaliente calidad científica de sus artículos y por su importancia en el ámbito de la Emblemática, acreditada a lo largo de una dilatada trayectoria de varias décadas de aportaciones científicas de gran interés.

Por último, en la categoría de proyecto de singular interés en el ámbito de la Emblemática, se ha premiado al sitio web “Colecciones Militares” (https://www.coleccionesmilitares.com), mantenido por don Antonio Prieto Barrio, en reconocimiento a su extraordinaria labor de difusión de la Falerística civil, militar y nobiliaria, así como por los valiosos contenidos que ofrece gratuitamente a los usuarios y por el mantenimiento del blog vinculado “Noticias Falerísticas”.

La entrega de los premios tendrá lugar en la tarde del próximo 6 de mayo, en la ciudad de Toledo.

Publicado por La Mesa de los Notables.

sábado, 24 de enero de 2026

JUNTA GENERAL DE LA ACADEMIA ASTURIANA DE HERÁLDICA Y GENEALOGÍA.

 

El pasado 20 de diciembre de 2025, tuvo lugar en Oviedo, en la sede de la Academia Asturiana de Heráldica y Genealogía, ubicada en el Archivo Histórico Provincial de Asturias, la Junta General ordinaria de esta corporación, convocada previamente de conformidad con lo establecido en sus estatutos.
La sesión estuvo presidida por el director de la Academia, don Manuel María Rodríguez de Maribona y Dávila, y actuó como secretario don Ángel de Bueres y Fernández de Santa Eulalia.
Tras la lectura y aprobación del acta correspondiente al ejercicio anterior, el punto central del orden del día fue la elección de los nuevos cargos directivos, quedando la composición de la Junta de Gobierno establecida del modo siguiente:

-.Director: Don Manuel María Rodríguez de Maribona y Dávila, conde de Alba.
-.Vicedirector: Don Manuel Luis Ruiz de Bucesta y Álvarez.
-.Secretario General Perpetuo: Don Ángel de Bueres y Fernández de Santa Eulalia.
-.Secretario:Don Juan de Allonca y Fernández de Bustelo.
-.Tesorero: Don Carlos de Castrillón-Arango y Valentín.
-.Archivero: Don Juan González de Quirós y Sánchez del Río.
-.Vocales:
. Don José Luis Calvo y Pérez.
. Don Juan José Alonso-Pardo y Pérez de San Julián.
. Rvdo. Don Roberto López-Campillo y Montero.

Asimismo, a propuesta de la nueva Junta Directiva, se acordó el ingreso como Académicos de las siguientes personas:

. Don Fernando de Benito y Alas.
. Don Ignacio Castrillón y Fernández.
. Don Alejandro Riestra y Martínez.


La Academia Asturiana de Heráldica y Genealogía, institución dedicada al estudio, investigación y difusión de las ciencias heráldica, genealógica y nobiliaria, desarrolla su labor científica y cultural en estrecha colaboración con archivos, universidades y entidades especializadas. Entre sus fines principales se encuentra la preservación, estudio y puesta en valor del patrimonio histórico y nobiliario de Asturias, contribuyendo así al conocimiento y difusión de su legado histórico.

Publicado por La Mesa de los Notables.

viernes, 23 de enero de 2026

LA CRUZ MULTIPLICADA.

 Riestra 2026.

Antes de signo, la cruz indudablemente fue forma. Dos líneas que se encuentran, un cruce de direcciones, un punto de intersección donde el mundo parece detenerse para decidir. En su sobriedad geométrica habita una de las intuiciones más antiguas del ser humano: todo lo que existe se define por el encuentro y la tensión entre fuerzas opuestas. La cruz es, por tanto, una figura primordial, anterior incluso a su consagración religiosa, y precisamente por ello una de las más persistentes y fecundas del lenguaje simbólico y heráldico de Occidente.

En la Antigüedad, la cruz fue imagen del axis mundi, el eje invisible que une cielo y tierra, tiempo y espacio, lo humano y lo divino. En Mesopotamia, en Egipto, en el mundo celta y en la Roma arcaica, aparece como signo solar, como esquema del cosmos, como marca de protección y de orden. Mucho antes de la era cristiana, la cruz ya era emblema de orientación y totalidad. No es casual que sus cuatro brazos apunten a los cuatro puntos cardinales: la cruz organiza el caos, fija el territorio, convierte el espacio informe en mundo habitable y el desplazamiento en camino.

Con el cristianismo, la cruz adquiere una densidad nueva y definitiva. Ya no es solo estructura del universo, sino instrumento de sacrificio, redención y paradoja: muerte que engendra vida, humillación transformada en victoria, dolor elevado a sentido. Esta tensión (caída y trascendencia, ignominia y gloria) la convierte en uno de los iconos más potentes y duraderos de la civilización occidental. En heráldica, donde nada es gratuito y todo se hereda, esta carga simbólica no se diluye: se preserva, se ordena y se transmite.


La heráldica medieval adopta la cruz como uno de sus motivos fundamentales. Existen innumerables variantes (latina, griega, patada, floreteada, de Jerusalén, de Borgoña, etc) y ninguna es arbitraria. Cada forma expresa una identidad, una vocación, una memoria colectiva. La cruz no adorna el escudo: lo funda. No embellece el blasón: lo define. Señala linaje, fe, misión o ideal; es una declaración visual de pertenencia a un orden moral, simbólico y espiritual.
Dentro de esta tradición, la presencia de cinco cruces en un mismo escudo resulta particularmente elocuente. No se trata de una repetición decorativa, sino de una intensificación del símbolo. La cruz única remite al centro; la cruz multiplicada habla de expansión. Donde una señala el origen, cinco proclaman la totalidad desplegada.

El número cinco ha estado históricamente asociado al ser humano completo: cabeza y extremidades, microcosmos que refleja el macrocosmos. En la tradición cristiana, remite además a las cinco llagas de Cristo, signo de la entrega absoluta del cuerpo y del espíritu. En heráldica, la cruz quintuplicada (como en la célebre Cruz de Jerusalén o, guardando las distancias, las pintadas en el primer cuartel de las armas del autor de este artículo) simboliza la irradiación de un principio central hacia los confines del mundo, la proyección de un núcleo espiritual firme hacia las cuatro direcciones del espacio.
En mis armas, las cinco cruces del primer cuartel pueden leerse como un centro que se multiplica sin perder su esencia. Una identidad que no se repliega, sino que se afirma proyectándose. No es la cruz solitaria del anacoreta, sino la cruz compartida del linaje: camino heredado, asumido y transmitido. Cada cruz refuerza a las otras; juntas forman una constelación simbólica, un mapa de valores, una afirmación de la abundancia de fe, tan necesaria en tiempos de dispersión y vacío.

Desde una lectura más íntima, estas cinco cruces pueden entenderse como las pruebas, los juramentos o los principios que sostienen una vida. No todas pesan igual, pero todas dejan marca. El blasón no oculta esa carga: la muestra con dignidad. En heráldica, exhibir la cruz no es confesar debilidad, sino asumir responsabilidad; no es nostalgia del pasado, sino compromiso con un orden que obliga.
Así, mi “pentacruz” no es solo símbolo de memoria, sino signo activo. No señala únicamente lo que fue, sino aquello que se está llamado a ser. Cinco cruces que se traducen, a mi entender, como cinco afirmaciones silenciosas: fe, resistencia, constancia, responsabilidad y de fortaleza.

En una época en el que los símbolos se diluyen, se simplifican o se banalizan, la cruz (y más aún, la cruz multiplicada) conserva una gravedad rara. Sigue siendo un punto de cruce entre historia y destino, entre herencia y elección. En esa intercepción, las cinco cruces no representan solo una parte del emblema de un linaje, sino una forma consciente y exigente de estar en el mundo.

Publicado por La Mesa de los Notables.

jueves, 22 de enero de 2026

LUIS ALFONSO DE BORBÓN, DUQUE DE ANJOU: EL PESO DE UNA CORONA INVISIBLE.

Riestra 2026

Hay coronas que no se ven, pero que pesan. No brillan en vitrinas ni descansan sobre cabezas ungidas, pero sobreviven en la memoria del derecho, en la lógica de la historia y en la obstinación silenciosa de las dinastías. La Corona de Francia, abolida por la Revolución, pero nunca formalmente extinguida en el plano dinástico, pertenece por derecho propio a esa categoría. En el centro de esa continuidad se sitúa hoy Luis Alfonso de Borbón y Martínez-Bordiú, duque de Anjou, a quien muchos franceses (cada día más) reconocen como Luis XX, jefe de la Casa de Borbón y heredero de los Reyes Cristianísimos.

Nacido en Madrid en 1974, Luis Alfonso encarna una paradoja profundamente europea: es español por nacimiento, francés por derecho histórico y capetiano por sangre. Su figura no se explica desde la política contemporánea, sino desde una concepción más antigua del poder: aquella en la que la legitimidad no procede del consenso circunstancial, sino de la transmisión hereditaria conforme a leyes fundamentales, consideradas superiores a la voluntad de los hombres.


Desde Hugo Capeto, coronado en 987, la monarquía francesa se rigió por un conjunto de principios no codificados, pero universalmente aceptados: primogenitura masculina, exclusión de la mujer y de la transmisión por línea femenina, continuidad automática del rey muerto en su sucesor legítimo, e indisponibilidad de la Corona. Estas llamadas Leyes Fundamentales no eran una constitución en  el sentido moderno, sino algo más profundo: una tradición jurídica sacralizada por el tiempo.
Es precisamente en ese terreno donde se asienta el indudable derecho de Luis Alfonso, máxime cuando sabemos que en la actualidad su primo, S.M. don Felipe VI, al ser Rey de España no lo podría ser nunca a la vez de Francia, en caso de corresponderle. Como descendiente directo, por línea masculina ininterrumpida, de Luis XIV, a través de su nieto Felipe V, primer Borbón rey de España, el Duque de Anjou es hoy el varón capetiano mayor por primogenitura. Ninguna otra rama (ni la de Orleans ni las colaterales) puede alegar mayor antigüedad en la línea masculina.

El gran punto de controversia histórica es, como es sabido, la renuncia de Felipe V a sus derechos sobre la Corona de Francia en 1713, impuesta por las potencias europeas en el contexto del Tratado de Utrecht. Sin embargo, dicha renuncia adolece de un defecto esencial: un rey de Francia no podía renunciar válidamente a la Corona, porque esta no le pertenecía como propiedad privada. La Corona era indisponible, inseparable del orden sucesorio y sujeta a leyes superiores incluso al monarca reinante.
Así, lo que el derecho internacional aceptó como solución política, el derecho dinástico francés nunca lo reconoció como válido. La línea española de los Borbones no perdió jamás sus derechos, sino que los conservó en silencio, a la espera de que la historia agotara a las ramas menores.

Cuando en 1989 falleció Alfonso de Borbón y Dampierre, padre de Luis Alfonso, se produjo un relevo que fue más simbólico que público, pero no por ello menos significativo. Desde entonces, su hijo fue reconocido en los círculos monárquicos como jefe de la Casa de Borbón y heredero de los derechos dinásticos de los Reyes de Francia.
Luis Alfonso ha asumido ese papel con una sobriedad deliberada. Lejos del activismo político o del folclore nostálgico, su presencia pública se ha centrado en el ámbito cultural, histórico y representativo. Ha participado en conmemoraciones reales francesas, ha defendido la memoria de la monarquía como parte esencial de la identidad histórica de Francia y se ha presentado siempre no como un pretendiente en busca de poder, sino como un depositario de una tradición milenaria.
En este sentido, su figura recuerda más a la de un centinela que a la de un aspirante: alguien que conserva, transmite y representa, aun sabiendo que el tiempo histórico no le es necesariamente favorable.

El Duque de Anjou con varios miembros del Consejo de la Nobleza de Asturias.


Su reciente nombramiento como Consejero Magistral del Real Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias añade una dimensión significativa a su perfil. Esta institución, heredera de la antigua nobleza territorial española, no es un simple vestigio social, sino un espacio donde la tradición, la memoria histórica y la continuidad simbólica siguen teniendo valor.
Que Luis Alfonso haya sido integrado en este marco no es casual: su figura encarna una concepción de la nobleza no como privilegio vacío, sino como responsabilidad histórica. En un tiempo dominado por lo efímero, su presencia recuerda que Europa no se construyó únicamente sobre revoluciones, sino también sobre dinastías, pactos de sangre y siglos de derecho consuetudinario.

Apoyar los derechos dinásticos de Luis Alfonso de Borbón no implica necesariamente abogar por una restauración inmediata de la monarquía francesa. Para muchos de sus defensores, la cuestión es más profunda: se trata de afirmar que la historia no puede ser borrada por decreto, y que incluso las repúblicas viven, en parte, de las herencias que dicen haber superado.
Luis Alfonso representa, así, una Francia alternativa: no la de la ruptura revolucionaria, sino la de la continuidad histórica; no la del poder conquistado, sino la del poder transmitido; no la del presente inmediato, sino la de la larga duración.

En un mundo que ha olvidado el valor de la legitimidad, su figura recuerda que hay derechos que no prescriben, coronas que no se destruyen y reyes que no necesitan trono para existir.

Riestra.
22 de enero de 2026.
Publicado por La Mesa de los Notables.

miércoles, 21 de enero de 2026

PUBLICADO POR LA MATRITENSE: OTRO ARCHIPERRE PREMIAL.

 

Por su indudable interés nos hacemos eco del artículo que, ayer día 20, publicaba la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía en su web oficial  https://ramhg.es/.

Veritas, non vanitas. Otro archiperre premial.

   20 enero, 2026.

El pasado 29 de diciembre, fecha en la que la mayoría de los políticos, funcionarios y ciudadanos en general están enfrascados en las ocupaciones domésticas y familiares propias de las fiestas navideñas, el Boletín Oficial del Estado publicó una Orden Ministerial creando un nuevo archiperre premial que viene a sumarse a la cincuentena de distinciones honoríficas tuteladas directamente por el Gobierno de España.

Tras un preámbulo expositivo a modo de justificación, ‒en realidad, una farfolla grimosa que acoge todos los tópicos y desvaríos a que nos tienen acostumbrados desde hace unas décadas las innovaciones gubernamentales en materia premial‒, ve la luz ¿una medalla? ¿una condecoración? ¿una insignia? con una denominación tan campanuda como inane: Distintivo Honorífico al Mérito al Servicio Público en el Territorio.

Lo de “en el Territorio” tiene guasa. Hay que leer hasta el final el texto de la disposición para entender que lo que sus promotores han pretendido con el constructo de marras es reconocer la labor y dedicación de “las empleadas y empleados públicos” (el lenguaje desdoblado que no falte) y de “las unidades de la Administración General del Estado” territoriales, es decir lo que se conocen como servicios periféricos y delegaciones y subdelegaciones del Gobierno en las islas, provincias y Comunidades Autónomas.

El caso es que nuestro ordenamiento jurídico ya dispone de una importante y prestigiosa distinción para “premiar los méritos de carácter civil adquiridos por el personal dependiente de algunas de las Administraciones Públicas” que es, ‒lo deberían saber nuestros regidores‒, la Orden del Mérito Civil instituida por S. M. Alfonso XIII el 26 de junio de 1926, Orden que dentro de muy poco cumplirá cien años. No hacía falta, por tanto, alumbrar ninguna presea honorífica de nuevo cuño pues los méritos susceptibles de ser recompensados con ella se encuentran suficiente y claramente contemplados en nuestras leyes premiales.

Ni que decir tiene, el articulado del Real Decreto no hay por donde cogerlo. Particularmente llamativo resulta que se omita el diseño gráfico del “Distintivo” así como la vehemencia con que se alude a la normativa de protección de datos, un trampantojo para seguir manteniendo la opacidad de las concesiones.
Otro abalorio más que permitirá en lo sucesivo al ministro de turno, en este caso al titular de Política Territorial y Memoria Democrática, dar rienda suelta a su magnanimidad y elevación de ánimo para con los funcionarios “agradaores” (que diría un castizo).

Para acceder al artículo original: aquí.

Publicado por La Mesa de los Notables.