miércoles, 15 de abril de 2026

LA ORDEN GEORGIANA DE LA REINA TAMAR.

 Alejandro Riestra Martínez

El origen de esta orden dinástica de la Casa Real de Georgia se sitúa en el contexto convulso de la Primera Guerra Mundial.
Con el objetivo de debilitar la retaguardia rusa, el Comité Nacional Georgiano operaba en Berlín bajo la dirección del príncipe Giorgi Machabeli y Mikheil Tsereteli. En ese marco, se reclutó en 1915 una tropa compuesta por entre 1200 y 1500 hombres de procedencia georgiana (Legión Georgiana), que combatió en Transcaucasia bajo el mando del general Leo Kereselidze, figura militar y política de gran relieve que había encabezado la Unión de Tradicionalistas Georgianos durante su exilio.

Imagen de la Reina Tamar.

El arrojo de esta tropa y su disposición al combate impulsaron la creación de una condecoración: la «Insignia de la Santa Reina Tamar», instituida por la misma Legión para distinguir a aquellos georgianos que prestaban un servicio extraordinario en favor de la independencia nacional. La distinción, concebida en dos clases (civil y militar), fue diseñada por el teniente alemán Horst Schliephack, incorporando en su cinta los colores nacionales de la época: rojo y negro.

Este galardón alcanzó reconocimiento oficial en 1918, al ser adoptado por la República Democrática de Georgia como una orden al mérito. Sin embargo, su existencia fue interrumpida por la llegada del régimen comunista. La memoria de esta institución, no obstante, perduró, hasta que fue restaurada por S.A.R. el Príncipe Irakly a petición de la Unión de Georgianos Tradicionalistas. Con el consentimiento de su padre, S.A.R. Giorgi XIII, el príncipe asumió el Gran Maestrazgo, devolviendo a la Orden su carácter y dignidad. En esta nueva etapa, la Orden trascendió las fronteras de Georgia, siendo concedida a miembros destacados de la diáspora georgiana y a figuras de la realeza europea. 

Imagen impresa de la época: miembros de la Legión Gerogiana.

Tras el fallecimiento del Príncipe Irakly, su hijo, S.A.R. Giorgi XIII, optó por no continuar las concesiones, manteniendo la Orden en un estado de inactividad por razones de discreción, aunque preservando su legado simbólico dentro del patrimonio dinástico.
En tiempos recientes, y como continuidad de esta herencia histórica, S.A.R. el Príncipe Davit Bagrationi decidió reincorporar la Orden al patrimonio ecuestre de la Casa Real de Georgia, dotándola de una nueva Carta Constitucional y reactivando su función como instrumento de reconocimiento y honor.
La Orden se establece en la actualidad con los siguientes grados: Gran Collar (Caballero o Dama), Senador (Caballero o Dama) y Caballero/Dama.

El nombre de la misma rinde homenaje a la reina Tamar, una de las figuras más emblemáticas de la historia de Georgia. Nacida en 1160, hija del rey Giorgi III y de la princesa Burdukhan, su juventud estuvo marcada por intrigas y rebeliones nobiliarias que intentaron cuestionar la sucesión. Tras la firme respuesta de su padre y su preparación como corregente en 1178, Tamar ascendió al trono en 1184 en la catedral de Gelati, cerca de Kutaisi.

Placa de la Orden.

Su reinado se enfrentó inicialmente con la oposición de la nobleza, pero logró consolidar su autoridad gracias a su determinación y al apoyo de figuras clave como la reina Rusudani y el Patriarca Catholicos Miguel IV. Su primer matrimonio, forzado por razones políticas con el príncipe Giorgi Bobolyuski, resultó fallido, lo que la llevó a buscar alianzas más sólidas con nobles leales, especialmente la familia Mkhargrdzeli.

En 1187 se divorció y se casó con el príncipe Davit Soslan, un líder militar decisivo en sus victorias. Bajo su gobierno, el reino de Georgia alcanzó su mayor expansión, logrando importantes triunfos militares, como la derrota del Atabeg de Azerbaiyán Abu Bakar y la victoria en la batalla de Basiani (1204) contra Solimán II, sultán de Rum, tras su firme negativa a abandonar el cristianismo.
La política exterior de Tamar se extendió incluso al apoyo del recién fundado Imperio de Trebisonda, con el que mantenía vínculos dinásticos, consolidando así la influencia georgiana en la región. En 1206, la expansión territorial era un hecho incontestable.

Este periodo coincide con la célebre Edad de Oro georgiana, caracterizada por un extraordinario florecimiento cultural y político. Tamar ostentaba títulos de una solemnidad sin precedentes: “Por la gracia de Dios, Reina de Reyes, Reina de las Reinas de los Abhakazianos, Armenios, Kakhetianos y Kartalianos, Autócrata de todo Oriente y Occidente, Gloria del Mundo y de la Fe, Campeona del Señor”.
Falleció en 1213, siendo sucedida por su hijo Giorgi. La Iglesia Ortodoxa la canonizó, reconociendo en ella virtudes excepcionales: humildad, sabiduría, religiosidad, amor al prójimo y firmeza de carácter. También destacó por su implicación en la vida eclesiástica, convocando un concilio para restablecer el orden y combatir la corrupción que había afectado a ciertos líderes religiosos.
Su legado trasciende la historia política: La Santa Reina Tamar es considerada una de las principales arquitectas de la identidad nacional georgiana, cuya influencia perdura hasta nuestros días.

Así, esta Orden conjuga el valor militar y el compromiso político en tiempos de guerra, con la historia y la continuidad simbólica de la monarquía georgiana, preservando en su esencia el espíritu de una reina que encarnó el esplendor de toda una nación.

Para saber más sobre las órdenes dinásticas de la Casa Real de Georgia: https://www.royalhouseofgeorgia.ge/

Publicado por La Mesa de los Notables.


martes, 14 de abril de 2026

NÚMERO II DE LA REVISTA TAZMÍA, DE LA SOCIEDAD TOLEDANA DE ESTUDIOS HERÁLDICOS Y GENEALÓGICOS.

 

La Sociedad Toledana de Estudios Heráldicos y Genealógicos (STEHG) ha presentado el número II de su revista científica Tazmía, una publicación especializada en heráldica, genealogía, nobiliaria y disciplinas emblemáticas que consolida su posición como referente en el ámbito de los estudios históricos y simbólicos.
Este nuevo número reúne un conjunto de trabajos de investigación que abordan, desde diversas perspectivas, el estudio del patrimonio heráldico, la historia de los linajes, la documentación nobiliaria y la simbología territorial, con especial atención al ámbito toledano y castellano-manchego, sin renunciar a una proyección nacional.

Entre sus contenidos destacan estudios sobre colecciones museísticas vinculadas a la nobleza, análisis de heráldica territorial, investigaciones genealógicas de linajes históricos y trabajos centrados en documentación de hidalguía y patrimonio conventual, configurando un volumen de gran riqueza científica.
Asimismo, la publicación incluye el discurso de ingreso del Dr. Antonio Casado Poyales, dedicado al escudo de la antigua Universidad de Toledo y a la pervivencia de la iconografía de Santa Catalina, así como las memorias de los cursos académicos recientes de la Sociedad, que reflejan la intensa actividad institucional desarrollada en los últimos años.

La presentación de este número se enmarca en el contexto de la próxima conmemoración del 45 aniversario de la STEHG (1981–2026), efeméride que pone en valor más de cuatro décadas de trayectoria dedicadas a la investigación, conservación y difusión del patrimonio emblemático.
El presidente de la Sociedad, José María San Román Cutanda, ha destacado que Tazmía continúa con la vocación de convertirse en un espacio de referencia para el estudio de la emblemática, entendida como una herramienta fundamental para comprender nuestra historia, nuestras instituciones y nuestra identidad colectiva”.
La STEHG reafirma así su compromiso con la difusión del conocimiento y con el impulso de proyectos culturales que contribuyan al estudio y valorización del patrimonio histórico. Desde hoy, se abre el plazo de recepción de originales para el número III de la revista, que se cerrará el día treinta de noviembre de 2026.

Para consultar la revista, pinche aquí.



Publicado por La Mesa de los Notables.

lunes, 13 de abril de 2026

EL CABILDO DE CABALLEROS DE CUENCA INCORPORA EN SUS FILAS AL CONDE EDME DE VILLAINES.

Leído en Prensa. 

El pasado Viernes Santo de este 2026, el Muy Ilustre Cabildo de Caballeros de Cuenca celebró su Capítulo General con la incorporación de un nuevo caballero. En esta ocasión se trataba del conde francés Edme de Villaines, quien pasó a formar parte de la institución en un acto solemne cargado de tradición.

La ceremonia de juramento e imposición del manto tuvo lugar en la «Capilla Honda» y estuvo presidida por el maestre del Cabildo, don Alberto Muro y Castillo. El nuevo capitular fue apadrinado por don Diego Fernández de Córdova y Cerveró y por don Pedro Álvarez de Toledo y Martín de Peralta, en un acto que contó también con la presencia de distintas corporaciones nobiliarias españolas. La celebración litúrgica fue dirigida por el prior del Cabildo, don Miguel Ángel Albares y Albares.

La jornada estuvo marcada por distintos momentos de convivencia y tradición. Antes del acto de nombramiento, los miembros del Cabildo participaron en una comida de hermandad y en los Santos Oficios celebrados en la Catedral de Cuenca por el obispo don José María Yanguas. Asimismo, en la Sala Capitular se dio lectura a las actas correspondientes a las últimas sesiones internas de la institución.

Tras la ceremonia, los caballeros participaron en la tradicional procesión del Santo Entierro, uno de los momentos más destacados de la Semana Santa conquense. En ella desfilaron las imágenes del Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz, ambas pertenecientes al Cabildo, que fueron trasladadas desde la Catedral hasta la iglesia de El Salvador acompañadas por capitulares y representantes de otras corporaciones.

Como es habitual, la procesión contó con una amplia presencia institucional, tanto civil como militar, además de la participación de la Guardia Civil en las labores de custodia. Numerosos fieles y miembros de cofradías y hermandades de la ciudad se congregaron para recibir a las imágenes en su llegada a la parroquia de El Salvador, en un momento especialmente emotivo.

El Cabildo ha querido destacar, un año más, el buen desarrollo de la procesión y ha mostrado su agradecimiento a todas las personas e instituciones que han contribuido a que el Santo Entierro se celebre con el brillo y la solemnidad que lo caracterizan.

Fuente: Voces de Cuenca (https://www.vocesdecuenca.com)



Publicado por La Mesa de los Notables.

domingo, 12 de abril de 2026

EL INSTITUTO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS BANCES Y VALDÉS INCORPORA NUEVAS VOCES EN UNA CEREMONIA MARCADA POR LA MEMORIA, EL DERECHO Y EL HUMANISMO.

 Riestra2026.

La Sala de Vistas del Tribunal Constitucional, espacio donde la ley se pronuncia con vocación de permanencia, acogió en la tarde de ayer un acto distinto, aunque no menos trascendente: la incorporación de nuevos académicos al Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés. Bajo la solemnidad de sus muros, la ceremonia adquirió un tono casi simbólico, como si el pasado y el presente del pensamiento jurídico y humanístico se diesen cita en un mismo instante.

Los nuevos académicos, junto a la presidencia.

Presidido por don Manuel Luis Ruiz de Bucesta, acompañado por doña Carolina Rius Alarcó, magistrada de la Audiencia Nacional y  el teniente general don Rubén García Servet, el acto se desarrolló con la cadencia de los rituales que no necesitan alardes. En lugar preferente, los nuevos académicos don Juan Carlos Campo Moreno, don Carmelo Nvono-Ncá, don Christian Duverger, doña Pilar María de Vicente y Trapiello, doña Concepción de Rueda y Escardó, doña Virtudes Azpitarte García, don Daniel San Martín Viscasillas y don Bartolomé Ribas Ozonas encarnaban, cada uno desde su disciplina, una forma distinta de entender el conocimiento: la historia, la diplomacia, la empresa, la ciencia o el derecho como lenguajes complementarios de una misma aspiración.

Pero fue la palabra la que terminó por dar profundidad al encuentro.

En su discurso de ingreso, don Juan Carlos Campo no se limitó a evocar el pasado: lo convocó. Desde la tribuna, trazó una línea invisible, y sin embargo firme, entre la Constitución de Cádiz de 1812 y la Constitución española de 1978, como si ambas dialogaran a través del tiempo. En ese diálogo, las voces de Agustín de Argüelles y Gaspar Melchor de Jovellanos emergieron no como figuras estáticas de los libros, sino como presencias vivas, arquitectos de una idea de España fundada en la libertad, la ley y la razón.

Una parte del público asistente.

Cádiz apareció entonces no solo como un lugar, sino como un origen: el instante en que la nación empezó a pensarse a sí misma en términos de derechos, de soberanía compartida, de futuro posible. Y en ese hilo que une siglos, el magistrado recordó que las leyes (cuando son justas) no solo ordenan, sino que aspiran a algo más alto: la felicidad de los pueblos.

La réplica de don Víctor Martínez Patón devolvió el eco de esas palabras con una reflexión serena sobre el equilibrio entre derechos y responsabilidades, como si el discurso iniciado encontrara en ella su contrapunto necesario.

Así, entre intervenciones, aplausos y silencios, entre memoria y presente, el acto fue revelándose como algo más que una ceremonia académica. Fue, en cierto modo, una afirmación colectiva: la de que el conocimiento no es estático, que se transmite, se renueva y se encarna en quienes lo cultivan.
Con la incorporación de estos nuevos académicos, el Instituto no solo suma nombres ilustres; prolonga una tradición. Una tradición que entiende la historia no como un refugio, sino como una herramienta para comprender el presente y orientar el porvenir.

Más Información: https://www.bancesyvaldes.com/


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sábado, 11 de abril de 2026

LA IGLESIA ORTODOXA REAVIVA DESDE EL PÚLPITO EL DEBATE MONÁRQUICO EN GEORGIA Y APUNTA A SU TRASCENDENCIA NACIONAL.

Riestra2026 

La noticia que sigue, publicada originalmente en varios medios de comunicación de Georgia, ha sido remitida para su difusión por la Rectoría de la Casa Real del país caucásico en España, en el marco de su labor de divulgación histórica y cultural en torno a la dinastía Bagrationi y su papel en el presente y el futuro de Georgia.
En una iglesia marcada por milenios de historia y espiritualidad, el eco de una idea antigua volvió a resonar con fuerza: la restauración de la monarquía en Georgia. No fue un discurso político ni un manifiesto institucional, sino un sermón. Y, sin embargo, sus palabras han trascendido el ámbito religioso para instalarse de nuevo en el debate público.

El protagonista fue Iobi (Obispo Metropolitano de Urbnisi y Ruisi), una figura destacada de la Iglesia Ortodoxa Georgiana y candidato a ser entronizado como futuro Patriarca de la Iglesia Georgiana, quien desde el púlpito evocó un futuro en el que el país volvería a tener rey. No se trató de una metáfora, sino de una afirmación directa, cargada de simbolismo: “Tendremos un rey bendecido, un rey que hará grandes cosas por el futuro de Georgia”, proclamó ante los fieles.

La escena no fue menor. Entre los asistentes se encontraba S.A.R Davit Bagrationi actual Jefe de la Casa Real de Georgia, junto a su hijo. Su presencia añadió un matiz político y dinástico a unas palabras que, de otro modo, podrían haber quedado en el terreno de lo espiritual o lo simbólico.

La dinastía Bagrationi, que gobernó durante siglos hasta la anexión del reino por el Imperio ruso a comienzos del siglo XIX, sigue ocupando un lugar singular en la identidad nacional georgiana. Para cada vez más personas, representa no solo un pasado glorioso, sino también un ideal de unidad en un país que, desde su independencia en 1991 tras la disolución de la Unión Soviética, ha atravesado profundas tensiones políticas, territoriales y sociales.
En ese contexto, las palabras del metropolitano adquieren una dimensión que va más allá de la retórica religiosa. “El rey será un pilar de equilibrio en la nación, un portador de paz y un símbolo de unidad”, afirmó, apelando a una visión casi providencial de la figura monárquica.

No es la primera vez que figuras destacadas de la Iglesia Ortodoxa Georgiana (una de las instituciones más influyentes del país) sugieren la restauración monárquica como alternativa política. El propio patriarca Ilia II de Georgia ha expresado en el pasado simpatía por la idea de una monarquía constitucional, aunque sin que ello haya cristalizado en un proyecto político concreto.

El sermón del obispo Iobi no se limitó a la cuestión dinástica. En un tono marcadamente espiritual, también hizo referencia a la reciente publicación de una oración para la elección del futuro patriarca, en un momento en que la sucesión en la cúpula eclesiástica empieza a percibirse como una cuestión relevante.

Todos ustedes están obligados a rezar esta oración”, instó, subrayando que no se trata de apoyar a una figura concreta, sino de pedir guía divina para el liderazgo futuro del país. En sus palabras, la política y la religión se entrelazan en una visión donde el destino nacional está profundamente ligado a la voluntad de Dios.

Lejos de ser una simple evocación del pasado, la idea de una restauración monárquica en Georgia comienza a percibirse como una oportunidad de futuro. En un escenario político a menudo polarizado, la figura de un monarca constitucional, desvinculado de las luchas partidistas, podría actuar como un elemento de cohesión nacional capaz de reforzar la estabilidad institucional y proyectar una imagen de continuidad histórica. Experiencias en países europeos donde la monarquía convive con sistemas democráticos consolidados sugieren que esta fórmula no solo es viable, sino que puede contribuir a fortalecer la identidad colectiva y la confianza ciudadana. En este sentido el interés por la dinastía Bagrationi no se limita a la memoria, sino que apunta hacia una posible síntesis entre tradición y modernidad, en la que la Corona podría desempeñar un papel integrador en el desarrollo político y espiritual del país.

Para leer el artículo original: aquí.
Para ver la retransmisión de esta parte del sermón: aquí.
Para saber más sobre las órdenes dinásticas de la Casa Real de Georgia: https://www.royalhouseofgeorgia.ge/

Riestra2026.

Publicado por La Mesa de los Notables.

viernes, 10 de abril de 2026

PRESENTACIÓN DEL LIBRO «ISABEL DE CASTILLA EN SEGOVIA: PRINCESA Y REINA» .

 

En el corazón de Segovia, ciudad de piedra dorada y memoria viva, la figura de Isabel I de Castilla continúa ocupando un lugar de preminencia absoluta. Bajo el evocador título “Isabel de Castilla en Segovia: Princesa y Reina”, se presenta una obra que no solo nos muestra su legado, sino que también reivindica el papel decisivo de esta ciudad en uno de los momentos más trascendentales de la monarquía hispánica.

El acto, que tendrá lugar el próximo 21 de abril de 2026 en el Palacio Episcopal de Segovia, no es una simple presentación editorial. Se trata de un encuentro con la historia, una conmemoración que pone broche final al 550º aniversario de la proclamación de Isabel como reina de Castilla, acontecida precisamente en esa misma ciudad en 1474.


Este evento cuenta con la implicación de prestigiosas instituciones cuya colaboración subraya la relevancia histórica y científica del evento, como son la Maestranza de Caballería de Castilla, la Academia Andaluza de la Historia, la Académie Belgo-Espagnole d’Histoire, la Asociación de Condecorados de la Real Orden de Isabel la Católica, los Amigos de la Casa de la Moneda de Segovia, la Universidad Católica de Ávila, el Museo Casa de la Moneda de Segovia, la Fundación Alfonsiana y la Librería Cervantes.

Publicada por La Mesa de los Notables.

jueves, 9 de abril de 2026

LA «REAL ORDEN DE LA LEGITIMIDAD PROSCRIPTA» .

 Riestra2026.

Ayer mismo estuve hablando con un amigo, Gonzalo Pallarés Aguilar, hombre de profundas convicciones católicas y tradicionalista en su esencia, sobre la escasa notoriedad que las distinciones y ordenes dinásticas y militares ligadas al “Carlismo” han tenido y tienen en nuestro país. En la larga historia de este movimiento han existido numerosas distinciones para premiar a aquellos que se distinguieron en diversas acciones bélicas durante cualquiera de las tres guerras civiles que se vivieron en la España del siglo XIX. Así, por ejemplo, la Cruz de Montejurra, la Medalla de Alpens o la de Somorrostro, todas ellas concedidas por Carlos VII a combatientes de la Tercera Guerra Carlista. Pero solo esta orden, creada en 1923 por Jaime III, hijo de Carlos VII, pervive en el presente.

«LA REAL ORDEN DE LA LEGITIMIDAD PROSCRIPTA»: MEMORIA DE UNA FIDELIDAD EN EL EXILIO.

En la historia de España hay instituciones que no nacieron en palacios ni en salones ministeriales, sino en la intemperie de la derrota. La Legitimidad Proscripta pertenece a esa estirpe: no es solo una condecoración, sino un símbolo de resistencia, de fidelidad sostenida en la adversidad, de una causa que, derrotada en los campos de batalla, buscó perpetuarse en la memoria de sus partidarios.
Para comprender su significado es necesario retroceder al universo del carlismo, ese movimiento político y dinástico surgido en el siglo XIX que defendía una concepción tradicional de la monarquía española, enfrentada al liberalismo triunfante. Tras las guerras carlistas, perdidas una tras otra, el legitimismo quedó relegado a los márgenes: sin trono, sin poder, pero no sin seguidores.


La Orden fue creada el 16 de abril de 1923 por el pretendiente carlista don Jaime de Borbón y Borbón-Parma, conocido por sus partidarios como Jaime III. No lo hizo desde España, sino desde París, lo cual ya anticipa su naturaleza: una institución concebida desde el exilio, para quienes vivían (o sufrían) las consecuencias de una causa proscrita.
El propio don Jaime explicaba su propósito con palabras sencillas y solemnes: premiar a quienes, por “sus sufrimientos o servicios”, se hicieran dignos de reconocimiento.
No era una orden cortesana al uso. No recompensaba éxitos políticos ni servicios al Estado, sino lealtades personales y sacrificios silenciosos.

El primer condecorado fue el marqués de Villores, su secretario político, seguido pronto por otros nombres del universo carlista, entre ellos intelectuales como don Ramón María del Valle-Inclán, cuya adhesión a la causa legitimista no fue meramente estética, sino también simbólica.
A diferencia de otras órdenes dinásticas europeas, la de la Legitimidad Proscripta nace con una condición implícita: su existencia está ligada a una pretendida anomalía histórica, lo que ellos denominan: la ausencia del “rey legítimo” en el trono.
Según sus propios principios fundacionales, la Orden debía durar solo mientras persistiera el destierro de los reyes carlistas, como una suerte de testimonio vivo de una pretendida legitimidad no reconocida.

Sus insignias reflejan esta dualidad entre duelo y esperanza: el color negro, símbolo del exilio y la pérdida y el color verde, signo de la esperanza en una pretendida "restauración". Así, cada cruz no era solo una distinción honorífica, sino una narración condensada de una historia de derrota y espera.
Tras la muerte de don Jaime en 1931, la jefatura de la Orden pasó a otros pretendientes carlistas, como don Alfonso Carlos de Borbón y, más tarde, don Javier de Borbón-Parma, manteniendo siempre su carácter de orden dinástica vinculada a la Casa de Borbón-Parma.
Sin embargo, el siglo XX trajo cambios profundos. El carlismo, lejos de desaparecer, se fragmentó ideológicamente: desde el tradicionalismo más estricto hasta interpretaciones más sociales o incluso autogestionarias en su etapa tardía.

En este contexto, la Orden también evolucionó. En el año 2000, don Carlos Hugo de Borbón-Parma la reorganizó y le dio estatutos formales, adoptando el nombre de Real Orden de la Legitimidad Proscripta. Pero esa reorganización no fue unánime. La división dinástica del carlismo se reflejó también en la Orden, que hoy presenta dos obediencias distintas, encabezadas respectivamente por don Carlos Javier de Borbón-Parma y don Sixto Enrique de Borbón. De este modo, incluso en su forma contemporánea, la Orden conserva el signo de la fractura que ha acompañado históricamente al movimiento carlista.

Más allá de su valor como condecoración, la Legitimidad Proscripta tiene un significado más profundo:
- Memoria de una España alternativa: representa la pervivencia de una idea de España distinta a la liberal y centralizadora, basada en la tradición, los fueros y una pretendida legitimidad dinástica.
- Cultura del honor político: en un tiempo en que la política se mide por resultados, la Orden premia la fidelidad incluso en la derrota, una ética que recuerda a los códigos caballerescos.
- Símbolo de resistencia ideológica: Aunque el carlismo hoy tiene escasa relevancia política, la Orden sigue siendo un referente identitario en círculos tradicionalistas.

En la actualidad, esta distinción subsiste como una institución dinástica y simbólica, sin ningún reconocimiento oficial por parte del Estado español, pero activa en determinados ámbitos culturales y carlistas. Se sigue concediendo a personalidades vinculadas al pensamiento tradicionalista o a la defensa de la causa que encarna el carlismo, lo que demuestra que, aunque el contexto histórico haya cambiado, la lógica interna de la Orden permanece intacta: premiar la fidelidad a una idea de "legitimidad" que ellos consideran aún vigente.

La historia suele escribirse desde la victoria, pero instituciones como esta nos recuerdan que también existe una historia de los vencidos, no necesariamente extinguida, sino transformada.
En sus cruces negras y verdes late una paradoja profundamente española: la de una causa que, aun derrotada, se niega a desaparecer; la de una pretendida legitimidad que, creyéndose proscrita, reclama su lugar en la memoria. Porque, al fin y al cabo, no todas las coronas pesan por el "oro que contienen": algunas lo hacen por la persistencia de quienes siguen creyendo en ellas.

Publicado por La Mesa de los Notables.