Riestra2026.
A finales de los años noventa, en los
albores de internet, cuando aún no existían las redes sociales tal y como hoy
las conocemos, ya comenzaban a surgir foros y espacios de discusión en los que
algunos aficionados intentaban desentrañar ciertos entresijos de las corporaciones
nobiliarias y caballerescas existentes en aquel momento; muchas menos, desde
luego, de las que proliferan hoy. Bajo seudónimos (los célebres nicknames de
aquella primera internet) personajes como “El Azote de la Nobleza”, “Kniebolo”, "Icasfer" o "El Tizón de la Nobleza" guiaban a los recién llegados por un mundo casi hermético por aquel entonces,
complejo, místico y desconocido para la mayoría. Eran los noveinta.
Fueron años de auténticos pioneros.
Entre ellos destacó Ignacio Koblischek, impulsor del primer registro de
blasones gentilicios y firme defensor de una idea entonces muy controvertida:
“que, siempre que se respetasen las normas y usos heráldicos y las armas fueran
de nueva creación, cualquier persona tenía derecho a poseer su propio escudo”.
Aquella postura le granjeó innumerables críticas en ciertos círculos
tradicionalistas; sin embargo, el tiempo ha terminado por darle la razón. Hoy
resulta ampliamente aceptado que la heráldica no puede entenderse como un
patrimonio inmóvil ni reservado en exclusiva a determinados linajes históricos.
También fue la época de quienes, tras el
fallecimiento del último Cronista Rey de Armas con funciones efectivas en
España y reconocimiento estatal, proclamaban en aquella internet adolescente
que el “Estado no tardaría en nombrar un sucesor”. Lo hacían sin detenerse a
pensar que estas cuestiones apenas despertaban interés fuera de reducidos
círculos especializados. Para un país inmerso en profundos cambios sociales y
culturales, preocupado por asuntos muy distintos, la nobiliaria y la heráldica
parecían reliquias de otro tiempo. Las nuevas generaciones apenas reconocían ya
episodios esenciales de la historia nacional; difícilmente iban a preocuparse
por el origen de sus linajes o por las armas usadas por sus antepasados.
Aquellos fueron también los años del
llamado “escudo de tu apellido”, una práctica tan extendida como errónea.
Supuestos gabinetes de heráldica hacían su agosto vendiendo armas atribuidas
indiscriminadamente a cualquier persona que compartiese un apellido, basándose
únicamente en simples coincidencias onomásticas y pura homonimia. Frente a esa
especulación surgieron iniciativas divulgativas que pretendían desmontar mitos
muy arraigados. Desde publicaciones como el Blog de Blasones Hispanos y,
posteriormente, Doce Linajes, algunos autores nos propusimos explicar (a coste cero) una realidad fundamental de la ciencia heráldica: los apellidos
no poseen escudos; los blasones pertenecen a linajes concretos y determinados.
Y, por ello, siempre resulta más legítimo registrar armas nuevas y propias, que
apropiarse indebidamente de las ajenas.
Junto a aquellos espacios fueron
apareciendo otros proyectos que ayudaron a consolidar una auténtica comunidad
heráldica en el ámbito de los blogs. Sitios como Blog de Heráldica, de José Juan Carrión Rangel, o el Blog Heraldistas, así como la labor divulgativa de Fernando
Martínez Larrañaga o de Juan Fernández Molina, contribuyeron a conectar a
estudiosos, aficionados y curiosos en una época en la que las redes sociales
todavía no habían transformado la comunicación digital. Aquella primera
comunidad, dispersa y artesanal, acabaría siendo el germen de muchos de los
espacios de debate y divulgación existentes en la actualidad.
De aquel espíritu divulgativo y abierto,
nacido en los primeros blogs y foros especializados de internet, es heredera
directa La Mesa de los Notables. No solo como continuidad natural de aquellas
publicaciones pioneras, entre los que nostros también fuimos protagonistas, sino como testimonio de una manera de entender estas disciplinas alejadas del "exclusivismo" y de los círculos cerrados. Porque si algo caracterizó a aquella
primera generación de divulgadores fue precisamente su voluntad de compartir
conocimientos sin más legitimidad que el estudio, la experiencia y la pasión
por unas ciencias que durante demasiado tiempo había permanecido
“encorsetadas” en ambientes casi inaccesibles y desconocidos para el gran público.
En aquel contexto aparecieron obras
fundamentales para toda una generación de aficionados e investigadores. Apuntes
sobre instituciones nobiliarias en España, de Francisco Manuel de las Heras, y
Tesoro Equestre, de José María de Montells y Alfredo Escudero, constituyeron
manuales imprescindibles para comprender, de forma honesta y rigurosa, el rico
y variado panorama caballeresco y nobiliario existente en España. Más adelante,
ya en los primeros años dos mil, Caballeros del siglo XXI, de Fernando García-Mercadal
y el Barón de Gavín, despertó en muchos jóvenes un renovado interés por las
tradiciones nobiliarias, las órdenes de caballería y el estudio histórico de la
nobleza. Cabe destacar como imprescindibles las aportaciones del Marqués de la
Floresta con un gran número de publicaciones y su edición en digital de la
revista “Cuadernos de Ayala”.
No faltaron tampoco auténticos
visionarios. El propio García-Mercadal comenzó a percibir muy pronto el enorme
potencial de los blogs y de las publicaciones digitales como herramientas de
difusión cultural. José María de Montells repetía con frecuencia una frase que
el tiempo convertiría en profética: «Quien no está en internet no existe». Y
cuánta razón encerraban aquellas palabras.
Con el paso de los años, y especialmente
a partir de la expansión masiva de internet y las redes sociales, comenzaron a
surgir webs de muchas instituciones, academias, observatorios y corporaciones dedicadas
al estudio de la heráldica y las disciplinas caballerescas. Algunas de ellas, gracias a Dios no todas, han terminado por presentarse a sí mismas casi
como árbitros en unas materias cuya tradición histórica es secular. En
no pocas ocasiones, estas mismas entidades han creado complejas estructuras de reconocimientos
cruzados, premios honoríficos y distinciones internas que terminan orbitando dentro de los mismos círculos que las impulsan. Paradójicamente,
algunas de ellas, nacidas hace apenas unos años, pretenden ejercer
una autoridad doctrinal y científica superior a la de quienes verdaderamente
abrieron camino académico cuando estas disciplinas apenas eran objeto del estudio de nadie, o no contaban con la difusión de la que hoy disfrutan.
Y, sin embargo, conviene recordar que
fueron aquellos primeros foros, aquellos blogs rudimentarios y aquellos
aficionados al estudio de estas ciencias quienes sostuvieron el interés por las disciplinas caballerescas en un tiempo en el que nadie parecía prestarles
atención. Sin subvenciones, sin galardones y sin otra recompensa que la
satisfacción de divulgar y aprender, lograron construir una comunidad que
acabaría sirviendo de base para todo lo que vino después. La Comunidad
Heráldica en internet, ya desaparecida hace muchos años.
Hoy, cuando el acceso a la red se ha
universalizado y la inmediatez de la información forma parte de la vida
cotidiana, pocos recuerdan ya a muchos de aquellos que abrieron camino en
una internet todavía rudimentaria. Me atrevo a decir que fueron quienes mantuvieron en "prime time" unos
temas que parecían destinados al olvido, consiguiendo que estas disciplinas fuesen de interés para un mayor número de personas, paradójicamente, incluso a pesar de
muchos de sus propios defensores.
Riestra2026.
Publicado por La Mesa de los Notables.









