Riestra2026.
“Alfonso Ceballos”, así conocen muchos de los
asiduos de nuestro blog al actual Marqués de la Floresta, ha cumplido
recientemente sesenta y nueve años, y no hemos querido dejar pasar esta fecha
sin dedicarle unas breves notas. No se trata solo de una efeméride personal,
sino de una ocasión propicia para escribir unas líneas de quien, a nuestro
juicio, figura entre los estudiosos más reputados de su ámbito y constituye una
referencia indispensable en el mundo de las ciencias y disciplinas que inspiran
y dan sentido a este blog.
En torno a su nombre gravitan décadas de
estudio, investigación y reflexión, que lo han convertido en una figura
singular dentro de esos territorios del saber donde se entrecruzan la historia,
la tradición y la erudición. No puedo compartir, ni comparto, todo lo que dice
o hace (o como lo hace) pero eso no disminuye el hecho de que lo considere
como figura relevante en estas ciencias y disciplinas. Por ello, estas pequeñas
notas pretenden ser, más que un simple recordatorio de aniversario, un gesto de
reconocimiento hacia una trayectoria intelectual que merece ser destacada.
BREVES NOTAS SOBRE LA FIGURA DEL MARQUÉS
DE LA FLORESTA.
La figura de Alfonso de Ceballos
Escalera y Gila, actual marqués de la Floresta y vizconde de Ayala, pertenece a
ese raro tipo de personajes en los que se entrelazan con naturalidad la
erudición, la tradición y el compromiso con la vida pública. En una época poco
inclinada a reconocer el valor de las trayectorias intelectuales largas y
coherentes, su biografía constituye, sin embargo, un ejemplo singular de
continuidad cultural y servicio cívico.
Nacido en el seno de una familia
profundamente vinculada a la historia castellana, el marqués ha desarrollado
una carrera marcada por la investigación histórica, la heráldica y el estudio
de las instituciones tradicionales. Jurista, historiador, tres veces doctor y
autor de numerosas obras, es además Cronista de Armas de Castilla y León, una
figura heredera de los antiguos reyes de armas que, durante siglos,
custodiarían la memoria genealógica y simbólica de los linajes hispánicos. En
ese oficio (que exige un conocimiento minucioso de la historia, el derecho
nobiliario y la tradición heráldica) ha alcanzado una reputación notable,
avalada por una producción bibliográfica extensa y por décadas de estudio
dedicado a la cultura histórica española.
Pero reducir su perfil al ámbito
estrictamente académico sería injusto. El marqués de la Floresta ha mantenido (y mantiene) también una relación directa con la vida pública de su ciudad, participando en
iniciativas culturales y en responsabilidades dentro del Ayuntamiento de
Segovia, ciudad con la que mantiene una relación intelectual y sentimental
particularmente intensa. En Segovia, cuya historia conoce con profundidad de
especialista y con afecto de vecino, su presencia ha contribuido a sostener una
tradición de estudios históricos y de defensa del patrimonio que enlaza con
figuras ilustres de la historiografía local.
Ese vínculo con la tierra segoviana se
hace especialmente visible en su residencia de Cabanillas del Monte, donde se
estableció en la antigua casa del Esquileo, un edificio cargado de memoria
histórica que decidió recuperar para convertirlo en su hogar y en refugio de su
inmensa biblioteca. Allí ha reunido cientos de volúmenes dedicados a la historia,
la genealogía, la nobiliaria y las órdenes de caballería, formando una de las
colecciones privadas más notables en estas materias.
La imagen que emerge de ese lugar (un
antiguo edificio rural lleno de libros, documentos y retratos familiares, del que ya hemos hablado en este blog) resulta profundamente simbólica. Representa
una manera de entender la tradición no como una reliquia inerte, sino como una
conversación permanente entre pasado y presente. En ese espacio, el marqués de
la Floresta continúa escribiendo, investigando y reflexionando sobre la
historia de España y de sus instituciones.
Hay en su figura algo deliberadamente
contracorriente: una defensa serena del valor de la memoria histórica, del
estudio riguroso y del sentido de continuidad cultural. Lejos de la
superficialidad contemporánea, su trayectoria recuerda que la erudición puede
convivir con el compromiso público y que la tradición, cuando se cultiva con
inteligencia, sigue siendo una fuente de identidad y de conocimiento.
Así, el Marqués de la Floresta aparece
no solo como miembro de la nobleza tradicional e histórica,
sino como un intelectual arraigado en su tiempo y en su tierra. Entre archivos,
libros y viejas piedras segovianas, su labor continúa recordando que la
historia no es simplemente el relato de lo que fue, sino también la conciencia
viva de lo que somos.
Publicado por La Mesa de los Notables.








