domingo, 8 de marzo de 2026

EL EMBLEMA DE LA LEGIÓN ESPAÑOLA: SIMBOLOGÍA Y ESPÍRITU.

 Alejandro Riestra Martínez.

Hay emblemas que se leen como si fueran páginas de la historia. El escudo de la Legión Española pertenece sin duda a los de esta clase, no es solo una insignia bordada o grabada, sino una síntesis de virtudes, memoria y espíritu de soldado. En él, la simbología se transforma en relato, y las armas de otro tiempo que lo componen hablan con voz viva del carácter de quienes sirven bajo su signo.

En sentido estricto, sin embargo, el emblema de la Legión no puede considerarse un escudo heráldico propiamente dicho. Carece de campo (elemento esencial de la heráldica clásica) y no se ajusta plenamente a las normas que rigen esta disciplina. Se trata, más bien, de un emblema de carácter simbólico, concebido para expresar de manera directa la identidad y el espíritu del Cuerpo al que representa.
La utilización de armas cruzadas como distintivo tampoco fue exclusiva de la Legión ni de España. Durante el siglo XIX numerosos ejércitos europeos adoptaron este tipo de símbolos para identificar cuerpos o especialidades: fusiles cruzados para la infantería, cañones para la artillería, sables o espadas para la caballería, anclas para las fuerzas navales y armadas, etc. Este lenguaje visual ofrecía ventajas evidentes: era claro, fácilmente reconocible y podía reproducirse con sencillez en uniformes, botones, insignias o banderas, transmitiendo de inmediato la naturaleza militar de la unidad.En ese contexto simbólico debe situarse el origen del emblema legionario.

Su concepción se inscribe en el proceso de organización del Tercio de Extranjeros, impulsado por su fundador el entonces Teniente Coronel don José Millán-Astray.  Aunque su autoría se le atribuye al entonces Capitán de Infantería don Justo Pardo Ibáñez, su adopción como símbolo se produjo bajo la autoridad del propio Millán-Astray, que buscaba dotar a la nueva unidad de una iconografía capaz de evocar la tradición militar española y reforzar la identidad de sus hombres.

La adopción del emblema se produjo en el marco de las disposiciones organizativas que regulaban el nuevo Cuerpo tras su creación por el Real Decreto de 28 de enero de 1920, promulgado durante el reinado de don Alfonso XIII. Mediante esta norma se autorizaba la formación del Tercio de Extranjeros, embrión de la actual Legión Española. Con el paso del tiempo, diversas órdenes y reglamentos militares consolidaron el uso del emblema como símbolo propio de la Unidad (más concretamente en 1923 siendo publicadas, las atinentes al mismo, en el Diario Oficial número 263 de ese año). Cuando el Tercio de Extranjeros pasó a denominarse Legión Española, el distintivo se mantuvo sin alteración, convirtiéndose en una de las señas más reconocibles de la tradición militar española.

Tres armas de la guerra antigua se entrecruzan en una composición austera y solemne, unidos por la corona real. El conjunto evoca de inmediato, como pretendía el capitán Pardo Ibáñez, a la larga sombra que siempre han proyectado los viejos Tercios Españoles sobre nuestros  Ejércitos, aquellos soldados que hicieron de la disciplina, la resistencia y el honor una forma de vida y de combate.

La ballesta se alza como símbolo de paciencia y precisión. Fue arma de hombres templados, capaces de esperar el instante oportuno mientras el campo de batalla se estremecía a su alrededor. En su cuerda tensada parece resonar una lección antigua: el valor no siempre se manifiesta en el ímpetu, sino también en la firmeza serena de quien domina el miedo y mantiene el pulso firme. La ballesta representa ese temple interior que no se quiebra ante la adversidad y que convierte la calma en fuerza.
El arcabuz, por su parte, irrumpe en el emblema como una llamarada histórica. Con él lucharon los arcabuceros de los Tercios en los campos de Europa, portadores de una nueva manera de combatir: decidida, audaz, resuelta a avanzar incluso cuando el humo y el estruendo lo cubrían todo. El arcabuz encarna el impulso ofensivo, la voluntad de acometer y la determinación de no retroceder. Es la metáfora del coraje activo, del espíritu que no espera a que el destino se pronuncie, sino que lo desafía.
La alabarda, erguida y severa, introduce la dimensión del honor. Durante siglos fue arma de guardias selectos, custodios de banderas y soberanos, centinelas del orden y de la lealtad. En la simbología encarna la fidelidad al juramento, la nobleza del servicio y la disposición permanente a proteger aquello que se ama y se defiende: la bandera, el camarada, la patria. Si la ballesta habla de templanza y el arcabuz de audacia, la alabarda recuerda que el valor alcanza su sentido más alto en la lealtad.
Sobre estas armas la corona real, símbolo de continuidad histórica y de servicio a España. Bajo su presencia se reúnen siglos de tradición militar, desde las gestas de los Tercios Imperiales hasta el espíritu moderno del Tercio Legionario. No es un mero ornamento protocolario: es el vínculo que une a generaciones de soldados en una misma vocación de sacrificio.

Quizá la enseñanza más profunda del emblema resida en la forma en que estas armas se entrelazan. Ninguna domina a las demás; todas convergen en una armonía férrea que expresa una verdad esencial del espíritu legionario: la fuerza nace de la unión
Así como las armas se cruzan para formar un símbolo único, también los hombres del Tercio se funden en una hermandad, sin igual, donde el individuo se engrandece en el conjunto.

Quien contempla este emblema por primera vez, sin conocer su historia, quizá únicamente pueda adivinar en él un haz de armas antiguas con determinada estética. Pero quien conoce el espíritu del Tercio sabe que está viendo reflejada la imagen misma del legionario: templado en la dificultad, resuelto en la acción, fiel hasta el sacrificio.
Y así, entre acero, historia y símbolos, el escudo continúa proclamando una verdad sencilla y eterna: que hay hombres para quienes el honor no es una palabra, sino una forma de vivir. Y si llega el momento, también de morir.



Publicado por La Mesa de los Notables.

sábado, 7 de marzo de 2026

LOS SESENTA Y NUEVE AÑOS DEL MARQUÉS DE LA FLORESTA.

 Riestra2026.

“Alfonso Ceballos”, así conocen muchos de los asiduos de nuestro blog al actual Marqués de la Floresta, ha cumplido recientemente sesenta y nueve años, y no hemos querido dejar pasar esta fecha sin dedicarle unas breves notas. No se trata solo de una efeméride personal, sino de una ocasión propicia para escribir unas líneas de quien, a nuestro juicio, figura entre los estudiosos más reputados de su ámbito y constituye una referencia indispensable en el mundo de las ciencias y disciplinas que inspiran y dan sentido a este blog.

En torno a su nombre gravitan décadas de estudio, investigación y reflexión, que lo han convertido en una figura singular dentro de esos territorios del saber donde se entrecruzan la historia, la tradición y la erudición. No puedo compartir, ni comparto, todo lo que dice o hace (o como lo hace) pero eso no disminuye el hecho de que lo considere como figura relevante en estas ciencias y disciplinas. Por ello, estas pequeñas notas pretenden ser, más que un simple recordatorio de aniversario, un gesto de reconocimiento hacia una trayectoria intelectual que merece ser destacada.


BREVES NOTAS SOBRE LA FIGURA DEL MARQUÉS DE LA FLORESTA.

La figura de Alfonso de Ceballos Escalera y Gila, actual marqués de la Floresta y vizconde de Ayala, pertenece a ese raro tipo de personajes en los que se entrelazan con naturalidad la erudición, la tradición y el compromiso con la vida pública. En una época poco inclinada a reconocer el valor de las trayectorias intelectuales largas y coherentes, su biografía constituye, sin embargo, un ejemplo singular de continuidad cultural y servicio cívico.

Nacido en el seno de una familia profundamente vinculada a la historia castellana, el marqués ha desarrollado una carrera marcada por la investigación histórica, la heráldica y el estudio de las instituciones tradicionales. Jurista, historiador, tres veces doctor y autor de numerosas obras, es además Cronista de Armas de Castilla y León, una figura heredera de los antiguos reyes de armas que, durante siglos, custodiarían la memoria genealógica y simbólica de los linajes hispánicos. En ese oficio (que exige un conocimiento minucioso de la historia, el derecho nobiliario y la tradición heráldica) ha alcanzado una reputación notable, avalada por una producción bibliográfica extensa y por décadas de estudio dedicado a la cultura histórica española.

Pero reducir su perfil al ámbito estrictamente académico sería injusto. El marqués de la Floresta ha mantenido (y mantiene) también una relación directa con la vida pública de su ciudad, participando en iniciativas culturales y en responsabilidades dentro del Ayuntamiento de Segovia, ciudad con la que mantiene una relación intelectual y sentimental particularmente intensa. En Segovia, cuya historia conoce con profundidad de especialista y con afecto de vecino, su presencia ha contribuido a sostener una tradición de estudios históricos y de defensa del patrimonio que enlaza con figuras ilustres de la historiografía local.

Ese vínculo con la tierra segoviana se hace especialmente visible en su residencia de Cabanillas del Monte, donde se estableció en la antigua casa del Esquileo, un edificio cargado de memoria histórica que decidió recuperar para convertirlo en su hogar y en refugio de su inmensa biblioteca. Allí ha reunido cientos de volúmenes dedicados a la historia, la genealogía, la nobiliaria y las órdenes de caballería, formando una de las colecciones privadas más notables en estas materias.

La imagen que emerge de ese lugar (un antiguo edificio rural lleno de libros, documentos y retratos familiares, del que ya hemos hablado en este blog) resulta profundamente simbólica. Representa una manera de entender la tradición no como una reliquia inerte, sino como una conversación permanente entre pasado y presente. En ese espacio, el marqués de la Floresta continúa escribiendo, investigando y reflexionando sobre la historia de España y de sus instituciones.
Hay en su figura algo deliberadamente contracorriente: una defensa serena del valor de la memoria histórica, del estudio riguroso y del sentido de continuidad cultural. Lejos de la superficialidad contemporánea, su trayectoria recuerda que la erudición puede convivir con el compromiso público y que la tradición, cuando se cultiva con inteligencia, sigue siendo una fuente de identidad y de conocimiento.

Así, el Marqués de la Floresta aparece no solo como miembro de la nobleza tradicional e histórica, sino como un intelectual arraigado en su tiempo y en su tierra. Entre archivos, libros y viejas piedras segovianas, su labor continúa recordando que la historia no es simplemente el relato de lo que fue, sino también la conciencia viva de lo que somos.

Publicado por La Mesa de los Notables.

viernes, 6 de marzo de 2026

NUEVO LIBRO SOBRE LA ORDEN DE SAN ESTEBAN.

 

El historiador Francisco Acedo Fernández, Rey de Armas de la Casa de Médici, como ya adelantamos en otra entrada de este mismo blog, presenta un nuevo libro sobre la Insigne y Militar Orden de San Esteban Papa y Mártir, que ya se encuentra disponible en italiano, castellano e inglés. 
La obra, publicada por The Golden Pelican Group, cuenta con un prólogo de Ottaviano de’ Medici di Toscana y promete convertirse en una referencia para estudiosos y aficionados a la historia de la Toscana y la Casa de Medici.


Fundada en 1561 por Cosimo I de’ Medici mediante bula papal, la Orden de Santo Stefano nació como una milicia naval al servicio de la Cristiandad y como símbolo del poder del nuevo Estado toscano. Con el tiempo, su influencia se extendió a los ámbitos militar, religioso y nobiliario, consolidándose como uno de los pilares institucionales de la Toscana medicea.

El libro ofrece un recorrido histórico y jurídico de la Orden, desde sus orígenes hasta la actualidad. Examina la bula fundacional, la simbología y heráldica de la institución, su papel en la nobleza toscana y los cambios durante la dinastía lorenesa. Además, aborda la compleja cuestión sucesoria tras la extinción de la rama populana de los Médici y la continuidad histórica reivindicada por la rama napolitana.

Entre los documentos incluidos, destaca la protesta formal de S.A.R. el Gran Duque Ottaviano de’ Medici di Toscana di Ottajano, pieza clave para entender la dimensión contemporánea de la Orden y los derechos históricos de los Médici.
Algunos de los temas principales que trata el libro son:
          La naturaleza jurídica de la bula fundacional y su alcance canónico.
          La estructura institucional y simbólica de la Orden.
          Su papel en la legitimación política de la Casa de Medici.
          La etapa lorenesa y sus consecuencias dinásticas.
          La cuestión sucesoria y la continuidad histórica de la rama napolitana.
          El texto completo de la protesta granducal y su contexto histórico.

Con un enfoque riguroso y basado exclusivamente en fuentes verificables, Francisco Acedo Fernández combina historia y heráldica para ofrecer una obra erudita, accesible y fascinante, tanto para especialistas como para todos los interesados en la tradición institucional de Toscana y en la historia de los Médici.

El mismo se puede adquirir en Amazon.

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jueves, 5 de marzo de 2026

𝐉𝐎𝐑𝐍𝐀𝐃𝐀𝐒 𝐃𝐄 𝐇𝐈𝐒𝐓𝐎𝐑𝐈𝐀 𝐌𝐈𝐋𝐈𝐓𝐀𝐑 𝐃𝐄 𝐄𝐗𝐓𝐑𝐄𝐌𝐀𝐃𝐔𝐑𝐀.

 Organizadas por la Asociación Histórico-Militar Alfonso IX.

Del 12 al 14 de marzo del actual 2026, se celebrarán en el Salón de Actos de la RSEEAP (Calle San Juan, 6, Badajoz) las IV Jornadas de Historia Militar de Extremadura, un evento que se ha consolidado como referente en el estudio y difusión de la historia militar de la región.

El comité organizador ha destacado la elevada calidad y cantidad de los trabajos presentados para optar al Premio Alfonso IX de Investigación Histórica, galardón que reconoce los estudios más rigurosos y originales sobre la historia militar española. Tras un proceso de selección, ocho ponencias han sido elegidas para su exposición pública ante el jurado, que dará a conocer su veredicto el sábado por la mañana.

La inauguración correrá a cargo del Excmo. Sr. General D. Álvaro Díaz, comandante militar de Badajoz, quien subrayará la importancia de la preservación y estudio de nuestro patrimonio histórico-militar. Las jornadas cuentan con el patrocinio de la Brigada Extremadura XI, de la Fundación CB, de la Diputación Provincial de Badajoz y del Ayuntamiento de Badajoz, así como la colaboración de Bodegas Encina Blanca y Felipe Albarrán Administradores.

El programa incluye conferencias, exposiciones y debates sobre distintos períodos y aspectos de la historia militar, desde la Edad Media hasta la ultima Guerra Civil Española, con un enfoque particular en la influencia de Extremadura en los conflictos y estrategias militares a nivel nacional.

El acceso a todas las conferencias y actos es libre, hasta completar el aforo, lo que permite a estudiantes, historiadores y público general disfrutar de un espacio único de divulgación y debate histórico.

Más información: aquí y también aquí .


Publicado por La Mesa de los Notables.


miércoles, 4 de marzo de 2026

GALONES DE PAPEL.

Riestra2026. 

En todo sistema institucional serio, el uniforme debe cumplir tres funciones esenciales: identificar, jerarquizar y legitimar. No es una prenda; es arquitectura normativa. Su corte, divisas y disposición exacta de cada condecoración responden a reglamentos minuciosos. No hay espacio para la improvisación. En nuestro país, la uniformidad institucional está estrictamente reglamentada, y aún más en los Ejércitos, donde los uniformes poseen, entre otras cualidades, una que pasa desapercibida hasta que se pierde: la sobriedad funcional.

Incluso en su versión más ostentosa, la ornamentación está contenida por norma. Cada pieza ocupa un lugar preciso, un tamaño exacto y se coloca según un protocolo casi musical, como si obedeciera a una partitura. La cantidad de metal sobre el pecho no surge del entusiasmo, sino de la autorización. El problema comienza cuando otros deciden interpretar la misma partitura sin haber pasado por el conservatorio.

En ciertos actos sociales, que todos hemos frecuentado  en alguna ocasión, se produce un fenómeno casi óptico: la duplicación del código. A un lado del salón, un militar cuya carrera ha sedimentado lentamente, y me centro en el tema militar porque es el más repetido y evidente. Al otro, un caballero de flamante corporación honorífica, historiográfica o caballeresca, cuya guerrera parece haber experimentado un proceso de expansión simbólica acelerada.

Desde la distancia, ambos perfiles pueden parecer similares, pero cuando nos acercamos la diferencia es abismal. No en el brillo (que a veces favorece al más exuberante) sino en el peso invisible que sostiene ese brillo.
Técnicamente, esto podría interpretarse como una mimetización formal sin equivalencia estructural. Se adoptan cortes, colores, entorchados, etc. asociados al ámbito castrense, pero adolecen de lo esencial: el sistema que respalda la señal.

El uniforme militar o institucional es la punta visible de una pirámide normativa, jurídica y operativa. El uniforme asociativo es, en cambio, una construcción estética autónoma y libre de restricciones. Y es precisamente esa libertad la que delata en muchas ocasiones el exceso. Donde la norma impone límites, la imaginación expande. Donde el reglamento reduce, el entusiasmo acumula. El resultado es una hipertrofia ornamental que acerca la escena a la opereta, no por intención de parodia, sino porque la desproporción entre forma y sustancia se vuelve evidente. Lo más curioso, y humano, es que quienes encarnan ese despliegue rara vez advierten el efecto. Caminan con gravedad mimética, intercambian saludos cargados de solemnidad y nadie les dice nada, la cortesía social es implacable en su silencio o estruendosa en su ignorancia.

Las asociaciones que aspiran a perdurar y a ser reconocidas por la seriedad de su labor, creo yo, no deberían tener la necesidad de apoyarse en la mímesis castrense o institucional para dotarse de identidad, ni llenarse de quincalla (que justamente por su dispendio) ya no impresiona a nadie. Existen múltiples tradiciones indumentarias igualmente dignas y cargadas de simbolismo que no invaden de ninguna estética ni generan confusión. Pueden inspirarse, por ejemplo, en uniformes históricos de corte diplomático o académico: casacas sobrias, levitas con vivos discretos, bandas institucionales, insignias esmaltadas de diseño propio, etc.

Contar con una uniformidad en las asociaciones de orden caballeresco o nobiliario, en esencia, puede resultar beneficioso para fortalecer su identidad colectiva y el sentido de pertenencia entre sus miembros. Al vestir de manera uniforme, cada integrante se siente parte de un grupo con objetivos y valores comunes, lo que refuerza la solidaridad y el respeto mutuo. Además, el uniforme (sin estridencias, ni propensión al mimetismo) facilita la identificación de la asociación en eventos públicos, ceremonias o actividades comunitarias, transmitiendo una imagen de organización y compromiso. 
Sin necesidad de exagerar ni llamar la atención, el uniforme también ayuda a mantener viva la tradición y los principios que pretenden guíar a la asociación, sirviendo como símbolo visible de honor, fraternidad y responsabilidad compartida.

El objetivo, bajo mi criterio, nunca debería ser parecer otra cosa, sino ser reconocibles de manera indubitada como lo que realmente son: una institución digna con fines culturales, sociales o asistenciales y de corte tradicional, sin más. 
Una identidad visual coherente, propia y bien diseñada evita equívocos protocolarios y refuerza los objetivos de la asociación. La originalidad institucional siempre va a resultar más sólida que la mera imitación, porque  va a transmitir seguridad en la propia institución, y no dependencia del prestigio ajeno.

Publicado por La Mesa de los Notables.


martes, 3 de marzo de 2026

LA COCATRIZ EN LA HERÁLDICA.

Alejandro Riestra Martínez. 

Entre los bestiarios medievales y las leyendas que cruzaron los siglos, surge una criatura tan temible como fascinante: la cocatriz. Este ser fabuloso, mezcla de gallo y serpiente, se alza como símbolo de peligro, misterio y poder en la iconografía que rodea a la ciencia del blasón. Después de dedicarle al grifón un artículo en este mismo blog, no me resisto a hablarles de la cocatriz. “La emperatiz del misterio”.

La cocatriz nace del mito del basilisco, la criatura cuyo aliento y mirada eran mortales. Sin embargo, la cocatriz adopta rasgos más avícolas: su cabeza de gallo, coronada por una cresta roja y ojos fulgurantes, se cierne sobre un cuerpo serpentino o dracónico, a menudo alado, que se enrosca con agilidad y amenaza a quien ose acercarse. Se dice que su canto produce un estremecimiento mortal y que su pico puede perforar la armadura más resistente.

Según el historiador y heraldista, tristemente fallecido en 2019, José María de Montells y Galán (1) (cuyas armas simples ilustran este artículo) este ser mítico “es el rey de los serpentiformes, y cuenta la fábula que nació de un huevo de gallina fecundado por una venenosa serpiente, e incluso algunos autores le atribuyen la facultad de hablar”.

En los textos donde se la nombra, la cocatriz se convierte en prueba de valor y astucia. Caballeros errantes debían enfrentarse a su mirada o derrotarla mediante el ingenio, pues ningún combate físico podía garantizar la victoria frente a su veneno y furia sobrenatural. Escritores medievales la mencionan como símbolo del engaño, dado su doble naturaleza: ave y reptil, bella y letal a la vez.

En heráldica, la cocatriz representa valor extremo y astucia. A menudo se dibuja en escudos sosteniendo garfios o en actitud de ataque, destacando la combinación de fuerza serpentina y el ímpetu del gallo. Su presencia en un escudo no solo advertía del coraje de su portador, sino también de la sagacidad para enfrentarse a enemigos impredecibles. Los colores típicos que acompañan a la cocatriz heráldica son: oro como símbolo de nobleza y prestigio, gules para el valor y la pasión, las de sínople representan la amistad, la cortesía y la caballerosidad; quedando el sable reservado para la prudencia y el misterio.

Hoy, la cocatriz es más que un mito; es un recordatorio de que la belleza y el peligro pueden coexistir en un mismo ser. Su figura sigue apareciendo en la literatura heráldica manteniendo viva la fascinación por lo desconocido y lo extraordinario. Representa, además, la eterna tensión entre realidad y fantasía, desafiando al observador a cuestionar los límites de lo posible.

(1)  Don José María de Montells y Galán (Madrid, 1949 – †2019), insigne historiador y estudioso de las ciencias del blasón, hizo de la heráldica una forma de pensamiento y de la historia un arte. Doctor en Ciencias Empresariales, Licenciado en Historia, poeta, editor y Rey de Armas, su vida estuvo profundamente entrelazada con los símbolos, la cultura y el arte.


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lunes, 2 de marzo de 2026

EL INSTITUTO DE HISTORIA Y CULTURA MILITAR ORGANIZA EL XXV CICLO DE INTRODUCCIÓN A LA UNIFORMOLOGÍA DEL EJÉRCITO ESPAÑOL.

 

El Instituto de Historia y Cultura Militar (IHCM) celebrará, del 7 al 25 de abril de 2026, el XXV Ciclo Informativo de Introducción a la Uniformología del Ejército Español, una actividad formativa dirigida tanto a personal militar como a cualquier persona interesada en profundizar en el estudio y la evolución histórica de la uniformidad militar española.

El curso aborda, desde una perspectiva teórica y práctica, la evolución de los uniformes militares españoles a lo largo del tiempo, analizando su relación con los contextos políticos, sociales y económicos de cada época, así como con la moda, el entorno de empleo, los avances tecnológicos en la industria textil y la función específica para la que fueron concebidos.
Su objetivo es proporcionar a los alumnos un conocimiento sólido de los distintos uniformes utilizados a lo largo de la historia, incluyendo divisas, emblemas, distintivos y condecoraciones. Al finalizar el ciclo, los participantes conocerán los principales hitos que marcaron las transformaciones del vestuario militar, las razones que las motivaron y las características formales (formas, colores y materiales) de cada etapa, así como los elementos auxiliares que lo completan. Asimismo, estarán capacitados para situar un uniforme en su contexto histórico y contarán con una base adecuada para emprender investigaciones posteriores.

El ciclo podrá realizarse en modalidad presencial, en la sede central del IHCM, o a distancia, a través del Campus Virtual Corporativo de la Defensa, lo que facilita el acceso desde cualquier ubicación.
La información detallada sobre el programa, los requisitos y el procedimiento de inscripción está disponible en la página web oficial del Instituto, haciendo click con el ratón aquí.


Publicado por La Mesa de los Notables.