sábado, 26 de septiembre de 2026

LA HERMANDAD NACIONAL MONÁRQUICA ORGANIZA EN GIJÓN LA V EDICIÓN DEL PREMIO REY PELAYO.

 

El Premio Rey Pelayo distingue, en esta edición, la trayectoria social del jesuita gijonés Kike Figaredo, prefecto apostólico de Battambang, que recibirá el principal reconocimiento de la quinta edición, en la que también serán distinguidos Jesús Sanz Montes y Pelayo Ortega.


La trayectoria de más de 35 años dedicada a la atención de personas vulnerables llevará al jesuita gijonés Kike Figaredo Alvargonzález a recibir el V Premio Rey Pelayo 2026 «A los valores sociales y culturales». La entrega se celebrará el próximo 3 de octubre en Gijón, ciudad natal del misionero, que ejerce como prefecto apostólico de Battambang, en Camboya.
El galardón está promovido por la Delegación de Asturias de la Hermandad Nacional Monárquica de España y tendrá este año como principal protagonista al religioso asturiano. La edición contará además con dos menciones especiales: una para el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, y otra para el artista plástico Pelayo Ortega.

El reconocimiento coincide con un año especialmente significativo para el jesuita en su ciudad natal. El Ayuntamiento acordó el pasado mes de mayo concederle la Medalla de Plata de Gijón en reconocimiento a sus 35 años de dedicación a pobres, refugiados y personas con discapacidad.
Nacido en Gijón en 1959, Figaredo, ha desarrollado buena parte de su labor en Camboya, donde su trabajo con colectivos vulnerables le ha convertido en una figura vinculada a la solidaridad entre Asturias y el país asiático. Su trayectoria está relacionada con ámbitos como la cooperación, la educación y la atención social.

La entrega del Premio Rey Pelayo tendrá lugar en el restaurante Marieva Palace, que acogerá también una gala benéfica en favor de Sauce ONG. Esta organización colabora con agricultores mediante prácticas agrícolas sostenibles y fomenta el empleo de personas en situación de vulnerabilidad en Camboya.
El Cuerpo de la Nobleza del Principadode Asturias estará presente representado por su canciller don Manuel Ruiz de Bucesta y Álvarez.

La jornada comenzará a las 12.30 horas con una misa solemne concelebrada en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús de Gijón. A continuación, se ofrecerá un cóctel de bienvenida, amenizado con gaita y tambor, antes del almuerzo y del acto de entrega de las distinciones.
La programación incluye asimismo subastas, premios y regalos.

Con esta quinta edición, el Premio Rey Pelayo volverá a poner el foco en trayectorias relacionadas con los valores sociales y culturales, combinando en esta ocasión el reconocimiento público con una iniciativa de carácter solidario.

Para saber más sobre la HNME: https://monarquicosdeespaña.es

Publicado por La Mesa de los Notables.

viernes, 25 de septiembre de 2026

MALVAVISCO. -CAPÍTULO VII-.

 El gabinete del vizconde de Malvavisco,
una mirada distinta al mundo nobiliario.

CAPÍTULO VII. EL PRECIO DE LA AUTENTICIDAD.

Nunca me ha gustado llevar ropa en la que pueda leerse la marca.

No tengo nada contra las marcas. Algunas fabrican excelentes camisas, magníficos zapatos y prendas que duran más que determinadas amistades. Lo que no comprendo es la necesidad de anunciarlo. Si he pagado una cantidad considerable por una chaqueta, considero razonable que sea la chaqueta quien haga el esfuerzo.

Hay hombres que atraviesan un aeropuerto convertido en inventario. El fabricante figura en el cinturón, la camisa, las zapatillas, la maleta y, si el verano ha sido particularmente desafortunado, también en el bañador. Siempre he pensado que la elegancia empieza cuando desaparece la necesidad de informar.

Sucede algo parecido con los pantalones cortos. En mi familia ha regido tradicionalmente una norma sencilla: un caballero puede llevarlos en la playa, en un barco de vela y en aquellas actividades deportivas que amenacen razonablemente con arrojarlo al agua. Mi madre introducía una excepción para los jardines. Nunca consiguió convencer a mi padre.

Yo he mantenido el criterio paterno. Las rodillas masculinas poseen virtudes indudables, pero la exhibición pública no figura entre ellas.

Pensaba en estas cosas hace unos días cuando Ataúlfo entró en mi gabinete. Llevaba una carpeta. Las carpetas de Ataúlfo rara vez contienen buenas noticias, pero aquella tenía además un grosor preocupante.

Se sentó.

—Me han ofrecido un título.

Miré a don Rigoberto. Don Rigoberto contemplaba simultáneamente a Ataúlfo y la esquina superior de una librería. Ninguno de los dos dijimos nada.

—¿No vas a preguntarme cuál?
—Estoy intentando acostumbrarme primero a la noticia.

Ataúlfo abrió la carpeta. Había una carta, varios impresos, una genealogía bastante decorativa y la fotografía de un señor de aspecto centroeuropeo que lucía uniforme, banda y una cantidad de condecoraciones incompatible con cualquier actividad física intensa.


—Pertenece a una antigua Casa Real —me explicó.
—¿Reina?

Ataúlfo frunció el ceño.

—Actualmente no.

Me tranquilizó el adverbio. Hay esperanzas que conviene conservar.

La Casa había reinado en un pequeño Estado europeo desaparecido después de diversos acontecimientos históricos que Ataúlfo resumió de manera considerablemente favorable a la dinastía. El actual jefe mantenía vivos sus derechos y disponía de Cancillería, Consejo, delegaciones nacionales y varios caballeros encargados de sostener «la causa».

En determinados ambientes «la causa» resulta tanto más elegante cuanto menos se concreta.

—¿Y qué relación tiene todo esto contigo?

Ataúlfo bajó la voz.

—Han pensado que podría recibir una dignidad.
—Qué atentos.

Pronunció el título. Era sonoro, llevaba dos partículas, una referencia territorial y suficiente longitud para complicar cualquier reserva de hotel.

—¿Y qué has hecho para merecerlo?

Me miró como si la pregunta hubiese resultado ligeramente vulgar.

—No se trata exactamente de méritos.
—Eso facilita mucho las cosas.

La Casa necesitaba apoyos para mantener la Cancillería, organizar actos, editar publicaciones y sostener sus actividades. Todo aquello costaba dinero.

—Y quienes reciben alguna distinción suelen contribuir a la causa —explicó.
—Naturalmente.
—No es una compra.
—No he dicho que lo sea.
—Es una donación.
—Eso has dicho.
—El título se concede con independencia de la cantidad.
—¿Hay una cantidad?

Se produjo una breve pausa.

—Hay una aportación orientativa.

Empecé a comprender.

Ataúlfo añadió que la Casa había desempeñado además durante décadas un papel importante en la lucha contra el comunismo.

—¿Todavía?
—El comunismo no ha desaparecido.
—Me alegra saber que la Cancillería sigue vigilante.

No pareció encontrarlo gracioso.

—¿Y él te concede el título? —pregunté, señalando la fotografía.
—La Cancillería tramita el expediente.
—Eso no responde a mi pregunta.
—Todo se hace bajo su autoridad.

Aquella formulación me pareció suficientemente diplomática para merecer respeto.

Ataúlfo empezó entonces a explicarme los títulos dinásticos, históricos, de pretensión y de cortesía, y pronunció también fons honorum. La imaginación jurídica europea, comprobé, continuaba en perfecto estado.

—En cualquier caso —concluyó—, es un título perfectamente legítimo.
—Para ellos.
—Eso es lo importante.
—Depende de dónde pienses utilizarlo.

Estaba dispuesto a iniciar una discusión sobre derechos históricos que podía ocuparnos toda la tarde. Lo detuve.

—Ataúlfo, no discuto los derechos de esa dinastía. Te pregunto si quieres el título porque crees verdaderamente que te corresponde o porque te gusta cómo queda delante de tu nombre.

Guardó silencio.

Miré a don Rigoberto. Por una vez sus dos ojos parecieron casi coincidir sobre mi primo. Debió de ser casualidad.

—No veo qué tiene de malo —dijo finalmente.
—Nada necesariamente.
—Además, la donación es voluntaria. Podría recibir el título aunque no la hiciera.
—¿Vas a no hacerla?

Volvió a guardar silencio.

Comprendí que la voluntariedad atravesaba también ciertas dificultades.

Fue entonces cuando recordé a mi sobrino.

Lo había visto unos días antes durante un almuerzo familiar. Tiene veintitantos años y esa seguridad tranquila que proporciona haber nacido en una familia donde nadie siente especial necesidad de explicar quién es. Durante el café advertí el reloj que llevaba. Era de una conocida marca suiza y de un modelo cuya adquisición exige dinero, paciencia o una relación excesivamente estrecha con determinados comerciantes.

—Bonito reloj.

Sonrió.

—Es falso.

Lo había comprado durante un viaje por una cantidad que no habría permitido adquirir ni la caja del original.

—¿Y lo llevas?
—Claro.
—¿No te preocupa que se note?
—Nadie piensa que sea falso.

Aquello me interesó.

Tenía razón. En otra muñeca habría provocado sospechas. En la suya no. Sus amigos conocían a su familia, sabían dónde vivía y daban por supuesto que podía permitirse el verdadero.

El reloj falso disfrutaba del crédito del propietario. Normalmente utilizamos ciertos objetos para aumentar nuestra consideración social; mi sobrino utilizaba su consideración social para aumentar la del objeto.

Se lo conté a Ataúlfo.

—Qué horror.
—A mí me pareció divertido.
—Llevar un reloj falso es una vulgaridad. Y además está engañando a la gente.
—No les dice que sea auténtico.
—Pero deja que lo crean.
—Eso parece.

Ataúlfo estaba sinceramente indignado.

—Un reloj así sólo tiene sentido si es verdadero.

Lo miré. Después miré la carpeta. Después volví a mirarlo.

Mi primo tardó unos segundos.

—No es lo mismo.

Había llegado antes de lo esperado.

—Naturalmente.
—Un título dinástico no es una falsificación
—No he dicho que lo sea.
—Lo estás comparando con un reloj falso.
—Estoy comparando la tranquilidad con la que mi sobrino lleva algo falso que todos creen verdadero con tu preocupación por llevar algo verdadero que quizá necesites explicar continuamente.
—Yo no tendría que explicar nada.
—Llevas media hora explicándomelo.

Ataúlfo se levantó y caminó hasta la chimenea.

—El reloj es distinto.
—Ya lo sé.
—Ese reloj pretende ser algo que no es. El título sí sería auténtico.
—Según la Cancillería.

Se volvió.

—Según el jefe de la Casa.
—Mejor.

Regresó al sillón.

—Además, existen precedentes.

No sé por qué esa palabra aparece siempre cuando algo necesita ayuda.

Me habló de otros caballeros que utilizaban dignidades semejantes y de uno que incluso había conseguido que apareciese la suya en una invitación.

—Entonces debe de ser verdad.

No agradeció el comentario.

Le pregunté por la donación. Esta vez me dijo la cantidad. Era respetable: no escandalosa, pero sí suficiente para demostrar que el comunismo continuaba constituyendo una amenaza económicamente exigente.

—¿Y qué hacen con el dinero?
—Viajes, secretaría, representación, publicaciones...
—Gastos.
—Naturalmente. Hay personas que dedican su vida a la causa.
—Y parece justo que alguien contribuya.
—Exactamente.
—Especialmente quien acaba recibiendo un título.

Ataúlfo no contestó.

Todas las instituciones necesitan dinero. Algunos príncipes no reinantes tienen, además, la dificultad presupuestaria de carecer de Presupuestos Generales del Estado. Alguien debe pagar las cartas, los viajes y las cenas. Lo único que me producía curiosidad era la frecuencia con que la generosidad encontraba después recompensa genealógica.

—¿Harías la misma donación si no recibieras el título?
—Posiblemente.
—No te he preguntado eso.

Pensó unos segundos.

—La causa me parece importante.
—Tampoco te he preguntado eso.

Me dirigió una mirada fatigada.

—No lo sé.
—Ahora sí empezamos a entendernos.

La carpeta seguía abierta sobre el escritorio. La carta llevaba membrete, sello, firma y varios términos franceses cuya utilidad parecía consistir principalmente en demostrar que aquello no procedía de una gestoría. Al lado descansaba el Elenco de Grandezas y Títulos del Reino.

Ataúlfo cerró finalmente la carpeta.

—¿Tú qué harías?
—No usaría el título.
—¿Aunque fuese legítimo?
—Sobre todo si tengo que pasarme la vida explicando por qué lo es.
Se levantó. Ya en la puerta regresó al reloj.
—Deberías decirle a tu sobrino que compre uno auténtico.
—Se lo diré.

Se detuvo.

—Aunque supongo que será carísimo.
—También puede hacer una donación.

Cerró la puerta algo más fuerte de lo necesario.
Me quedé mirando a don Rigoberto.
Mi sobrino llevaba tranquilamente una falsificación porque no necesitaba convencer a nadie de su autenticidad. Ataúlfo consideraba pagar una cantidad considerable por algo auténtico cuya autenticidad estaba dispuesto a defender ante cualquiera que la dudase.

No sé cuál de los dos objetos era más verdadero.
Sí sé cuál de los dos propietarios parecía necesitarlo más.

Quizá la autenticidad se parezca un poco a la elegancia.
Cuando es evidente, rara vez necesita llevar la marca por fuera.

El vizconde de Malvavisco.


Para leer otros capítulos de Malvavisco (hacer click sobre el capítulo):

Presentación.     Capítulo I.       Capítulo II.      Capítulo III.     Capítulo IV.    Capítulo V.    Capítulo VI.

Aviso sobre propiedad intelectual.
El vizconde de Malvavisco es un personaje literario original y el pseudónimo bajo el que se publica esta serie. ©2026 El vizconde de Malvavisco. Todos los derechos reservados. Quedan reservados los derechos sobre los textos y sobre los elementos originales que configuran este personaje de ficción y su universo narrativo, en los términos previstos por la legislación de propiedad intelectual.

Publicado por La Mesa de los Notables.

jueves, 24 de septiembre de 2026

LA NOBLEZA DE ASTURIAS EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO«EL LINAJE DEL CONDE DON VELA».

Pilar de Vicente. 

El pasado jueves 17 de septiembre tuvo lugar la presentación del libro «El linaje del Conde Don Vela», escrito por el historiador y académico Dr. Francisco Acedo Fernández. El evento fue organizado por el Club de Arte y Cultura 567 y se celebró en su sede situada en la emblemática calle Velázquez de Madrid. La obra fue presentada por el Excmo. Sr. José Miguel Carrillo de Albornoz, Vizconde de Torre Hidalgo.

La aparición de esta obra supone uno de los hitos editoriales más destacados de los últimos años dentro de la genealogía histórica peninsular. Resultado de más de tres décadas de trabajo investigador, el estudio, editado en dos volúmenes por The Golden Pelican Group, presenta una reconstrucción rigurosa y ordenada de uno de los linajes más extensos de la historia de España.

Don Francisco Acedo, doña Pilar de Vicente y el Vizconde de Torre Hidalgo.

A lo largo de 54 ramas genealógicas, el autor rastrea la descendencia del conde don Vela desde la Alta Edad Media hasta la actualidad, ofreciendo un recorrido por más de trece siglos de historia familiar. La obra configura así un amplio retrato de miles de personas, procedentes de diversas realidades sociales, culturales y políticas, que aparecen vinculadas a los principales procesos históricos desarrollados tanto en la Península Ibérica, como en el continente americano.

El acto contó con una numerosa y distinguida asistencia de figuras del ámbito nobiliario, cultural y social, además de numerosos invitados y amigos. Como no podía ser de otra manera, el Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias estuvo representado en este acto por su responsable de Relaciones Institucionales, poniendo de manifiesto su vinculación con la cultura y su compromiso con la participación en este tipo de encuentros.

La velada transcurrió en un ambiente de gran interés histórico y literario, consolidándose como un punto de encuentro excepcional para los amantes de la genealogía y la nobleza. Como broche final, el autor ofreció a los presentes un aperitivo acompañado de un vino español, propiciando un momento perfecto para comentar la obra y compartir sus impresiones de manera distendida.

Para saber más sobre la obra: aquí.

Publicado por La Mesa de los Notables.


miércoles, 23 de septiembre de 2026

INGRESO DE CABALLEROS Y DAMAS EN LA ORDEN DE LOS SANTOS MAURICIO Y LÁZARO EN SEVILLA.


En la hora del Ángelus del jueves 17 de septiembre de 2026, S.A.R. Don Manuel Filiberto de Saboya, XXVII Duque de Saboya, Príncipe del Piamonte, Príncipe de Venecia y Jefe de la Casa Real de Saboya, accedía a la Capilla Real de la Santa, Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Sevilla, a los acordes de la Marcha Real Italiana; la cual y a través de la tubería del órgano se presentaba con un sonido triunfal y célico, mientras Don Manuel Filiberto entraba por la vía sacra, se inclinaba ante el altar y ocupaba el sitial con reclinatorio, delante de los bancos a la derecha del altar. 

Aquellos instantes permitían una evocación de los 85 años de existencia del Reino de Italia (desde el 17 de marzo de 1861 hasta el 18 de junio de 1946), así como de los antepasados regios inmediatos de Su Alteza Real, S.M. Don Víctor Manuel II (Chozno), el primer rey de la unificación de Italia (1861-1878); S.M. Don Humberto I (Tatarabuelo), quien reinó entre1878 y 1900, hasta su asesinato por Gaetano Bresci en Monza; S.M. Don Víctor Manuel III (Bisabuelo), quien reinó entre 1900 y 1946, el soberano de Italia en la Primera y la Segunda Guerras Mundiales; y S.M. Don Humberto II, el denominado como “Rey de Mayo”, quien reinó 34 días (09.05.1946 – 12.06.1946), hasta conocer los resultados del referéndum constitucional, sobre el que planean serias irregularidades en el recuento de los votos que depuso la Monarquía.

La Santa Misa fue oficiada por el Excmo. y Rvdmo. Mons. José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla, y a la que asistían en los primeros bancos, un auténtico elenco de títulos del Reino, entre otros, la Excma. Sra. Doña María de la Almudena de Arteaga y del Alcázar, XX Duquesa del Infantado y por tres veces Grande de España; S.A.S. Don Carlo Emanuele Ruspoli, Príncipe del Sacro Romano Imperio y Duque de Morignano; el Ilmo. Sr. Don Borja de Arteaga Fierro, XVI Marqués de Vivola; el Ilmo. Sr. Dr. Don Antonio Pulido Gutiérrez, y el Ilmo. Sr. Don Cayetano García Soriano.

Su Excelencia Reverendísima Mons. Saiz Meneses recordó el origen de las dos Órdenes que conforman a la de San Mauricio y San Lázaro, la primera fundada en el año 1434, y la segunda, en el año 1100. Una Orden que es fusión de las dos, combattente una y asistencial la otra, según la bula Pro Comissa Nobis del Papa Gregorio XIII, del año 1572 y que domicilió en la Real Casa de Saboya, otorgando su Gran Maestrazgo en el Jefe de la misma.

Al finalizar la Eucaristía, Don Manuel Filiberto de Saboya, precedido por dos Caballeros de Sevilla, el Ilmo. Sr. Don Leopoldo Fernández de Angulo y Gómez de las Cortinas y el Ilmo. Sr. Don Leopoldo González y Sagra que portaban la ofrenda floral de rosas blancas como la cruz de la Casa de Saboya, que el Príncipe deposito a los pies de Ntra. Sra. de los Reyes, Patrona de Sevilla.

A continuación, Su Alteza Real, asistido por el Ilmo. Sr. Dr. Don Íñigo de Felipe y Gárate y los dos Caballeros antedichos, impuso las insignias de los Caballeros y Damas que ingresaron en la Orden de San Mauricio y San Lázaro: un total de 1 Dama Gran Cruz, 4 Caballeros Grandes Cruces, 1 Caballero Comendador, 1 Dama y 2 Caballeros. La Duquesa del Infantado dirigió unas palabras en representación de los nuevos Caballeros y Damas Mauricianos; así como el Príncipe Ruspoli que destacó la vinculación personal y familiar a la OSSML y a la Casa Real de Saboya.

Don Manuel Filiberto dedicó unas cariñosas palabras a Sevilla y se puso bajo la protección de Ntra. Sra. de los Reyes, así como al finalizar su intervención entregó la Estola de San Mauricio y San Lázaro a S.E. el Arzobispo de Sevilla, quien impartió su bendición a todos los asistentes.

Tal como había remarcado el Delegado para España de las ODDCS: “Oggi, con la presenza di Sua Altezza Reale, Siviglia è la capitale della Savoia; grazie all'autentica passione che Don Manuele Filiberto nutre per Siviglia, l'Andalusia e la Spagna”.

El Jefe de la Casa Real de Saboya fue a la Capital Hispalense al habérsele concedido el Título de Padrino de la XX edición de los Premios Escaparate, bajo la dirección de Don Mario Niebla del Toro y Carrión, quien convirtió la Plaza de Ntra. Sra. los Reyes en un marco excepcional de reencuentro sevillano, con representación institucional, empresarial, aristocrática, cultural, musical, la moda, el deporte y de los sevillanos, Quienes supieron hacer memoria de las dos décadas de historia de la Revista Escaparate, un proyecto ilusionante de su creador y director que emocionó y sedujo vivamente a los asistentes, porque era parte de ellos mismos y por el amplio abanico armónico del yantar, los caldos, las interpretaciones musicales, el reconocimiento a los galardonados, la singularidad de una plaza que devino en un retazo de cielo y con esa magia única y excepcional que envuelve la obra creativa de Sevilla.


Previamente, Don Manuel Filiberto había visitado al Excmo. Sr. Don José Luis Sanz Ruíz, Alcalde de Sevilla, concedido varias entrevistas a medios de comunicación, recalando en el Real Club Aero de Andalucía, donde fue recibido por su presidente, el Excmo. Sr. Don Enrique Moreno de la Cova Maestre; rindiendo homenaje a Ntra. Sra. Esperanza Macarena, en su basílica, y al Simpecado de la Hermandad del Rocío de la Macarena, en la parroquia de San Gil Abad, donde se le entregó la Medalla Corporativa, a cargo de su Hermano Mayor, Don Mario Niebla del Toro y Carrión.

Don Manuel Filiberto, atendiendo a los proyectos benéficos y humanitarios de sus Órdenes, acudió al Colegio SAFA Blanca Paloma, en el barrio de los Pajaritos, para la concesión de cuatro becas a cuatro de sus estudiantes, ofrecidas por Cajasol, que permitirán una sólida formación y la oportunidad de labrarse un futuro.

En su estancia en el Colegio Blanca Paloma, se ofreció un libro para firmar al Príncipe y, como nos destacó Doña Arita López Pérez, coordinadora de proyectos sociales, de inclusión y trabajo comunitario, en la página que Don Manuel Filiberto de Saboya estampó su dedicatoria, aparecía –por casualidad o causalidad– la frase, como síntesis, pálpito o profecía, de: “A zurzir el daño”.

Dr. Carlos Cortina Riu
Delegado para España de las ODDCS.

Publicado por La Mesa de los Notables.

martes, 22 de septiembre de 2026

EL CUERPO DE HIJOSDALGOS DE LA MONTAÑA Y ANTIGUOS SOLARES DE CANTABRIA CELEBRA SU CAPÍTULO GENERAL Y CEREMONIA DE INGRESO 2026.

 Pilar de Vicente.

El pasado sábado 19 de septiembre, la histórica iglesia de Santa Lucía en Santander acogió la emotiva ceremonia de incorporación de los nuevos integrantes del ICHMASC. La jornada dio comienzo a las 17:30 horas con un sentido recuerdo litúrgico y una oración dedicada a los tres caballeros fallecidos durante el último ejercicio, culminando este tributo con la ofrenda de una corona de laurel ante el altar.

A continuación, tras la solemne bendición de las insignias, se desarrolló el ritual de juramento de los nueve neófitos —cinco caballeros y cuatro damas—, seguido por la imposición de condecoraciones y la entrega de los diplomas acreditativos.

El solemne acto congregó a destacadas delegaciones de las más prestigiosas corporaciones nobiliarias, caballerescas e instituciones de raigambre histórica del país. Entre ellas cabe destacar la presencia de:
La Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, el Real Estamento Militar del Principado de Gerona y Cofradía de San Jorge, el Antiguo e Ilustre Solar de Tejada, La Real, Antiquísima y Muy Ilustre Cofradía de Nobles de Nuestra Señora del Portillo de Zaragoza, el Cabildo de Caballeros y Escuderos de Cuenca, el Real, Ilustre y Primitivo Capítulo Noble de Caballeros de la Orden de la Merced, la Real Hermandad de Infanzones de Nuestra Señora de la Caridad de la Imperial Villa de Illescas, la Real, Muy Antigua e Ilustre Cofradía de Caballeros y Damas Cubicularios de San Ildefonso y San Atilano de la Muy Noble y Leal Ciudad, Provincia y Diócesis de Zamora, el Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias, la Maestranza de Caballería de San Fernando, la Maestranza de Caballería de Castilla, la Hermandad de Caballeros de Santo Toribio de Liébana, Defensores del Lignum Crucis y del Camino de Santiago, la Casa Troncal de Caballeros Hijosdalgo de los Doce Linajes de la Muy Noble y Leal Ciudad de Soria y los Infanzones del Reino de Valencia.


Asimismo, la ceremonia contó con una nutrida representación de las principales autoridades civiles y militares del ámbito regional y local, abarcando al Gobierno de Cantabria, el Ayuntamiento de Santander, la Delegación de Defensa en Cantabria, la Comandancia Naval de Santander, la Jefatura Superior de Policía de Cantabria, la Subdelegación de Defensa en Vizcaya y la Comandancia Naval de Bilbao.

Celebración en el Real Palacio de la Magdalena.

Como broche de oro a los actos, el centenar de invitados se desplazó hasta el emblemático Real Palacio de la Magdalena. Este monumental edificio, joya indiscutible de la arquitectura civil del norte peninsular, domina imponente el paisaje desde la cúspide de la península homónima. Su edificación, llevada a cabo entre 1908 y 1912 bajo la traza de los arquitectos Gonzalo Bringas y Javier González de Riancho, respondió al deseo del Ayuntamiento de Santander de obsequiar a los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia con una residencia estival que impulsara el arraigo veraniego de la monarquía en tierras cántabras (un privilegio del que la Familia Real disfrutó asiduamente entre 1913 y 1930).

Tras los cordiales discursos de bienvenida pronunciados por la Decana-Presidente del ICHMASC, los asistentes alzaron sus copas en un solemne brindis por Cantabria, por España y por S.M. el Rey, dando paso finalmente a un cóctel solidario que cerró con éxito esta memorable cita de hermandad e historia.

Para saber más: https://www.hijosdalgocantabria.es/

Publicado por La Mesa de los Notables.

 

lunes, 21 de septiembre de 2026

EL PRECIO DE LA HONRA. NOBLEZA, DINERO Y DESPRECIO DEL LUCRO EN LA ESPAÑA DEL ANTIGUO RÉGIMEN, (EL PAPADO Y LA LIDIA DE RESES BRAVAS).

 

Una de las ventajas de acudir directamente a las fuentes históricas es que, buscando una cosa, no pocas veces encontramos otra. Y algunas de esas pequeñas sorpresas documentales permiten asomarnos a cuestiones mucho más hondas.

Hace poco, consultando el Discurso sobre la honra y deshonra legal, publicado en Madrid en 1781 por el jurista Antonio Javier Pérez y López, encontré una de ellas. Pérez y López, notable hombre de leyes y posteriormente autor del monumental Teatro de la legislación universal de España e Indias, se ocupó extensamente en aquella obra de la naturaleza de la nobleza y de su transmisión, defendiendo la comunicación de la nobleza personal o de privilegio a los hijos y razonando, en sustancia, que si la condición nobiliaria del marido alcanzaba a la mujer, con mayor razón había de comunicarse a sus propios descendientes. Al estudiar los escasos ejercicios que las leyes consideraban verdaderamente infamantes, recordaba también el caso de quienes lidiaban con bestias bravas por dinero.

(La Tauromaquia. Goya).

La regla procedía de las Partidas. Y lo verdaderamente interesante no era que se considerase deshonroso enfrentarse a un toro, pues no era así. La propia ley distinguía al que lo hacía sin precio, «por provar su fuerça», quien podía alcanzar «prez» de hombre valiente y esforzado.

La diferencia estaba en hacerlo por dinero.

El mismo hombre, frente a la misma res y corriendo el mismo peligro podía, según mediase o no precio, pasar de demostrar públicamente su valor a incurrir en infamia legal.
No deja de ser curioso, por otra parte, que la lidia llegase a provocar incluso la intervención de la Iglesia. En 1567, san Pío V promulgó la bula De salutis gregis dominici, por la que prohibía los espectáculos de toros y otras fieras bajo severas penas canónicas, incluida la excomunión, y disponía que a quienes muriesen participando en ellos se les negase sepultura eclesiástica. Pontífices posteriores, particularmente Gregorio XIII, modificaron y mitigaron considerablemente aquellas penas y prohibiciones, aunque se ha discutido si ello supuso una derogación completa de la bula o una modificación de su alcance.

La cuestión tuvo una curiosa prolongación varios siglos después. En 1920, la presidenta de la Sociedad Protectora de Animales de Tolón consultó a la Santa Sede acerca de las corridas de toros. El cardenal Pietro Gasparri, secretario de Estado de Benedicto XV, respondió recordando la tradicional condena pontificia de aquellos espectáculos; y, ante una nueva consulta, volvió a remitirse expresamente a la bula de san Pío V y al deseo de que fueran observadas las prescripciones de la Santa Sede. Las cartas serían reproducidas posteriormente por L'Osservatore Romano. El episodio resulta particularmente interesante porque obliga a distinguir entre la mitigación histórica de las penas canónicas y la cuestión del mantenimiento de la condena moral contenida en la disposición de san Pío V.

El ejemplo resulta revelador de una concepción del honor muy arraigada en la España del Antiguo Régimen. Porque el noble español no despreciaba necesariamente la riqueza. La necesitaba, la buscaba, pleiteaba por ella y procuraba transmitirla a sus descendientes. Lo que podía resultar incompatible con su consideración social era la manera de obtenerla.

Dicho de otro modo: no era lo mismo tener dinero que ganarlo.

El hidalgo podía ser pobre y continuar siendo hidalgo. Podía vivir de rentas, administrar su patrimonio o disfrutar de bienes heredados. Pero determinados trabajos personales, y sobre todo aquellos tradicionalmente considerados viles, mecánicos o infamantes, podían plantear problemas respecto de su honra y de ciertas prerrogativas propias de su condición.

Esto explica también la importancia que en las pruebas de nobleza podía alcanzar la averiguación no solamente del linaje de una persona, sino de los oficios y modos de vida de sus antepasados.

Discurso sobre la honra y deshonra legal. Antonio Xavier Pérez López. 1781 (obrajurídica).

En España, la propia Monarquía terminó comprendiendo el problema. La Real Cédula de 18 de marzo de 1783, durante el reinado de Carlos III, declaró honestos y honrados numerosos oficios —herrero, sastre, zapatero, carpintero y otros— y dispuso que su ejercicio no envileciese a quien los practicaba ni perjudicase las prerrogativas de la hidalguía legítimamente poseída.

Que hubiera que declararlo expresamente demuestra hasta qué punto existía el prejuicio.

Quizá por eso aquel aparentemente insignificante lidiador de las Partidas nos proporciona una imagen magnífica para comprender toda una mentalidad.
Un hombre se enfrentaba a una bestia brava para probar su valor y podía ganar honra. Otro hacía prácticamente lo mismo, con idéntico riesgo y quizá idéntico valor, pero cobraba por ello y podía quedar infamado.
Y esa sutil frontera entre tener dinero y ganarlo dice probablemente mucho más sobre la sociedad nobiliaria española que cualquier tópico sobre la pobreza del hidalgo.

Y acaso con la verdad suceda algo parecido: no importa tanto el esfuerzo que algunos hombres hagan por buscarla y sacarla a la luz como el empeño que otros ponen en ocultarla cuando lo que revela contradice sus errores.

Tal vez algo de aquella vieja hipocresía haya llegado hasta nosotros: la de una sociedad en la que quienes se erigen en guardianes de lo establecido contemplan con aires de impropia superioridad todo aquello que, señalando sus defectos, amenaza con corregirlos.

Antonio de Castro García de Tejada
Caballero de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III.

Publicado por La Mesa de los Notables.


domingo, 20 de septiembre de 2026

EL CUERPO DE LA NOBLEZA DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, PRESENTE EN LAS MEDALLAS DE ASTURIAS 2026.

 

El Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias estuvo presente en el acto solemne de entrega de las Medallas de Asturias 2026, celebrado en Oviedo el pasado 8 de septiembre, festividad de la Virgen de Covadonga y Día de Asturias.
La corporación estuvo representada por su Canciller-Secretario, don Manuel Ruiz de Bucesta; su Vicecanciller, don Manuel Rodríguez de Maribona; y su Tesorero, don Juan de Allonca, que asistieron a una de las principales ceremonias institucionales del Principado.

Las Medallas de Asturias, acordadas por el Consejo de Gobierno, reconocen cada año a personas e instituciones cuya trayectoria o actividad ha tenido especial relevancia para la comunidad. En esta edición fueron distinguidos el Real Oviedo, con motivo de su centenario y de su regreso a Primera División; el tenor y gestor cultural don Joaquín Pixán; el periodista don Isidoro Nicieza; el docente y músico don Nacho Fonseca, y la Asociación Emburria, por su labor en favor de la inclusión de las personas con discapacidad.

La ceremonia sirvió asimismo para hacer entrega de los títulos de Hijos Predilectos e Hijos Adoptivos de Asturias correspondientes a 2026.
Como Hijos Predilectos fueron reconocidos don Juan Antonio Pérez Simón, don Isidro Fernández Rozada, doña Mari Luz Cristóbal Caunedo y don José Sierra Fernández. Los títulos de Hijos Adoptivos recayeron en doña Paz Fernández Felgueroso, don Saúl Craviotto, doña Maruja Torres, Yayoi Kawamura, don Adolfo Rivas Fernández y doña Consuelo Martínez López.

Representación del CNPA.

El acto reunió a una amplia representación de las instituciones asturianas y de distintos ámbitos de la sociedad del Principado. La presencia del Cuerpo de la Nobleza se enmarca en su participación en aquellos acontecimientos de especial relevancia para Asturias, particularmente los relacionados con su historia, patrimonio y vida institucional.

La jornada del 8 de septiembre volvió a poner de manifiesto, a través de los galardones concedidos, la diversidad de ámbitos desde los que se contribuye a la vida asturiana: la cultura, la música, la educación, el periodismo, el deporte y la inclusión social.

Para el Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias, su asistencia a esta ceremonia constituye también una muestra de su vinculación con la vida institucional del Principado y de su voluntad de acompañar, con su presencia, aquellas celebraciones en las que Asturias reconoce públicamente a quienes han destacado por su trayectoria y servicio a la sociedad.

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Publicado por La Mesa de los Notables.