El gabinete del vizconde de Malvavisco,
una mirada distinta al mundo nobiliario.
CAPÍTULO X. EL HONOR POR ESTATUTOS.
Siempre he pensado que una de las
mayores ventajas del honor es que no sirve para nada. Precisamente por eso
conviene administrarlo con cuidado. Lo que sirve para algo acaba siendo
utilizado, lo que no sirve para nada corre un peligro mucho mayor: acaba siendo
exhibido.
Aquella mañana encontré sobre mi mesa
una invitación de considerable tamaño. El papel era crema, de un gramaje que
habría permitido emplearlo como elemento defensivo, y llevaba en la parte
superior un escudo rodeado de banderas, anclas, dos cañones, una corona, cuatro
cruces y lo que, después de observarlo durante algún tiempo, concluí que era un
delfín.
Ataúlfo entró cuando yo todavía lo
examinaba.
—¿Qué es?
—No lo sé todavía. Pero debe de ser
importante. Apenas queda sitio para el texto.
Leyó:
—«Solemne Capítulo General del Muy
Antiguo, Ilustre y Benemérito Almirantazgo de San Telmo».
—¿Muy antiguo?
—Fundado en 2019.
—Quizá cuenten desde antes.
—Eso parece.
Al pie figuraba la firma de don Evaristo
de Valdemoro y Perales, seguida, con caracteres sensiblemente mayores, de las
palabras:
XVIII Almirante Mayor.
—¿Es almirante? —preguntó Ataúlfo.
—Eso dice.
—¿De qué?
Volví a leer la invitación.
—Ésa es precisamente la información que
falta.
Llamé a mi secretario.
—¿Conoce usted a don Evaristo de
Valdemoro?
—Sí, señor vizconde.
—¿Es almirante?
Mi secretario guardó silencio.
—Preside la asociación.
—No le he preguntado qué preside.
—Entonces, no.
Ataúlfo volvió a mirar la tarjeta.
—Pero aquí pone «Almirante Mayor».
—Conozco un sitio que se denomina
«Restaurante La Zarzuela» y nadie espera encontrar a S.M. tomando café en la
barra.
Mi secretario explicó que la corporación
reunía a aficionados a la historia naval, organizaba conferencias, recuperaba
documentos y conservaba la memoria de un antiguo oficio desaparecido.
—Todo lo cual me parece admirable —dije.
—Además han reconstruido el uniforme.
Ataúlfo alzó la cabeza.
—¿Hay uniforme?
Mi secretario comprendió demasiado tarde
lo que acababa de hacer.
—Ceremonial.
—¿Con entorchados?
—Algunos.
—¿Bicornio?
—En las ocasiones solemnes.
Ataúlfo se sentó.
No tengo nada contra los uniformes, los
bicornios ni las personas que, después de cumplir cierta edad, descubren
inesperadamente que su felicidad dependía de poseer un sable.
Tampoco contra las asociaciones. Pueden
estudiar una institución desaparecida, conservar su memoria y recuperar sus
ceremonias. El problema comienza cuando el recuerdo de una institución empieza
a comportarse como si fuese la institución recordada.
—¿Y por qué XVIII? —preguntó Ataúlfo.
—Han establecido una continuidad
histórica con los antiguos titulares —explicó mi secretario.
—Pero la asociación tiene siete años.
—Los primeros once murieron antes de que
se fundara.
Ataúlfo pareció impresionado.
—Eso demuestra mucha antigüedad.
—Demuestra mucha capacidad
administrativa. No todas las instituciones consiguen nombrar a sus primeros
titulares varios siglos después de su fallecimiento.
—¿Y quién nombra ahora al Almirante
Mayor?
—La Junta Directiva.
Ataúlfo respondió con un breve:
—Ah.
Hay momentos en que una sola sílaba
contiene todo un tratado de Derecho público. Mi secretario añadió:
—Aunque tienen una carta de la Casa de
Su Majestad el Rey.
Ataúlfo recobró inmediatamente el
interés.
—¿Del Rey?
—Una carta privada. Su Majestad se
dirige en ella a don Evaristo como «Almirante Mayor».
Ataúlfo me miró triunfalmente.
—Entonces sí es almirante.
—¿La carta lo nombra?
—No —respondió mi secretario.
—¿Le concede la dignidad?
—No, señor vizconde. Es una respuesta de
cortesía.
—¿Se publicó en el Boletín Oficial del
Estado?
—No.
—Entonces tenemos una carta muy
estimable.
—Pero el Rey le llama «Almirante Mayor»
—insistió Ataúlfo.
—Y eso convierte la carta en un
magnífico recuerdo.
—¿No prueba nada?
—Prueba que la carta existe, que procede
de la Casa Real y que allí le llamaron así. Todo lo demás habrá que probarlo
por otro sitio.
—Ellos la enseñan mucho —dijo mi
secretario.
—Eso suele ocurrir con los documentos
que prueban menos de lo que parecen.
Ataúlfo seguía poco convencido.
—Pero es una carta de la Casa Real.
—Como recuerdo, muchísimo. Como Boletín
Oficial del Estado, bastante menos.
—Entonces, si quiero saber si un título
o una dignidad existen de verdad, ¿dónde lo miro?
—Puedes empezar por la Guía Oficial de
Grandezas y Títulos del Reino que publica con carácter consultivo el Ministerio
de Justicia.
—¿Y eso lo prueba?
—Sirve para consultar. Que una cosa sea
muy útil no obliga a convertirla en fuente del Derecho.
—¿Y el Elenco?
—Otra obra de consulta, editada por la
Real Asociación de Hidalgos de España. Utilísima, por cierto.
—Entonces ¿qué diferencia hay con el
BOE?
—Una bastante sencilla: unas
publicaciones te ayudan a saber qué existe. El BOE publica oficialmente los
actos que deben ser publicados.
Ataúlfo meditó un momento.
—Entonces, ¿no son lo mismo?
—No.
—Pero los tres contienen títulos.
—También una carta de restaurante
contiene vinos y no por eso es una denominación de origen.
—Entonces, ¿cómo se distingue una
prerrogativa de honor reconocida de una que alguien se atribuye?
—Normalmente, porque la primera ha
dejado algún rastro oficial.
—¿Por ejemplo?
— La dignidad de Almirante y Adelantado
Mayor de las Indias. Su sucesión en ese cargo honorífico ha pasado por el
procedimiento correspondiente y por el Boletín Oficial del Estado.
—¿El Almirante de la Mar Océana?
—El sucesor en esa prerrogativa de honor
con origen en Cristóbal Colón.
—¿Y manda barcos?
—Cristóbal Colón ya descubrió América.
Sería excesivo exigir a sus descendientes que volvieran a encontrarla en cada
generación.
Ataúlfo asintió.
—¿Y si yo fundo la Asociación de Amigos
del Descubrimiento de América y me nombro Almirante de la Mar Océana?
—Habrías descubierto algo bastante más
difícil que América: una dignidad histórica mediante acta fundacional.
Mi secretario intentó disimular una
sonrisa.
—¿Y el caso del Solar de Tejada?
—preguntó Ataúlfo.
—Sus caballeros y damas diviseros
hijosdalgo tienen confirmado por la Corona el derecho al uso de sus armas.
También hubo expediente, Real Carta y publicación en el Boletín Oficial del
Estado.
—Qué manía tiene la legitimidad de
documentarse.
—Es uno de sus defectos más aburridos y
una de sus virtudes más útiles.
Ataúlfo volvió a la tarjeta de don Evaristo.
—Entonces podría poner «Almirante Mayor
de la Corporación».
—Claro.
—Pero pone solamente «Almirante Mayor».
—Ahí está la cuestión.
La vanidad tiene una relación muy
particular con las palabras. Rara vez necesita inventarlas. Le basta con quitar
las que estorban.
«Presidente de una asociación que
conserva la memoria de un antiguo Almirantazgo» puede ser una descripción
exacta, respetable e incluso interesante. Se eliminan unas cuantas palabras y
queda: «Almirante».
El hombre es el mismo. La tarjeta mejora
muchísimo.
Hay cargos que crecen
extraordinariamente cuando se acortan.
Ataúlfo volvió a mirarla.
—Entonces lo importante es lo que falta.
—Con frecuencia. Hay títulos que se
vuelven mucho más impresionantes cuando se deja de explicar de dónde proceden.
Mi secretario añadió que en el próximo
capítulo general don Evaristo entraría precedido por maceros y acompañado por
el «Consejo de Oficiales».
—¿Oficiales de qué? —pregunté.
—De la corporación.
—¿Eso figura en el programa?
—No exactamente.
Ataúlfo me miró.
—Otra vez el complemento.
—Empiezas a comprender el Derecho
honorífico.
Había, además, un Canciller, un
Condestable y tres Comendadores.
—¿Comendadores de alguna Orden?
—No, señor vizconde. Son responsables
territoriales.
—¿Cuántos socios tiene el de Ferrol?
—Ocho.
—¿Incluido él?
—Sí.
—Una jurisdicción manejable.
Debo confesar que aquello empezó a
inspirarme cierta simpatía. Hay algo profundamente humano en necesitar un
condestable para organizar una comida de cuarenta personas.
—¿Iremos? —preguntó Ataúlfo.
—Por supuesto.
—Pensaba que no te gustaba.
—Al contrario. Si investigan, conservan
documentos y mantienen viva una parte de nuestra historia, hacen algo valioso.
—Entonces ¿qué te molesta?
—Que parezcan considerar insuficiente
ser una asociación.
Asistimos al acto.
Don Evaristo apareció con bicornio,
fajín, espada y unas charreteras que le obligaban a atravesar las puertas con
cierta vocación de maniobra naval.
—Vizconde, es un honor recibirle a
bordo.
Miré la moqueta. No se movía.
—Celebro que tengamos buena mar.
Durante la cena hablamos de archivos y
documentos. La asociación hacía un trabajo serio y don Evaristo sabía
muchísimo. Precisamente por eso lamenté que necesitara parecer otra cosa.
Al terminar se acercó a mí.
—¿Qué le ha parecido nuestra
corporación?
—Muy interesante.
Sonrió.
—¿Y la dignidad de Almirante Mayor?
Bebí un poco de agua.
—Me parece un magnífico cargo dentro de
su asociación.
Hubo un silencio diminuto. Es
sorprendente la cantidad de ruido que puede producir un complemento cuando uno
lo devuelve a su sitio.
—Naturalmente —respondió.
Y cambió de conversación.
Al salir, Ataúlfo me miró
—Has sido cruel.
—He dicho exactamente lo que es.
—Precisamente.
Caminamos unos pasos.
—¿Sabes qué es lo curioso? La asociación
me ha gustado.
—A mí también.
—Entonces no necesitan fingir.
—Exactamente.
Las asociaciones pueden custodiar la
memoria de instituciones desaparecidas y hacer una labor admirable. No
necesitan disfrazarse de ellas. Una asociación fundada ayer puede ser
perfectamente respetable. Lo que no necesita es inventarse anteayer.
Las verdaderas prerrogativas de honor
tampoco convierten a nadie en mejor persona. Conservan una memoria y
precisamente por eso no necesitan ser magnificadas.
El Almirante y Adelantado Mayor de las
Indias no necesita descubrir América otra vez. Los caballeros diviseros
hijosdalgo del Solar de Tejada no necesitan inventarse unas armas nuevas. Y una
carta de cortesía no necesita convertirse en un Boletín Oficial.
Hay asociaciones que honran la historia. Y hay otras que preferirían que la historia las honrase a ellas.
El vizconde de Malvavisco.
Para saber
más en La Mesa de los Notables: El Antiguo e Ilustre Solar de Tejada: De privilegio medieval a prerrogativa de honor.
Publicado por La Mesa de los Notables.












