Publicado hoy en la revista HOLA, este
artículo firmado por Ana Caaveiro recoge la conversación que ha mantenido con Luis Alfonso de
Borbón en un momento clave de su trayectoria institucional. El Duque de Anjou,
recientemente nombrado Consejero Magistral del Real Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias, reflexiona sobre el legado recibido del Duque de Sevilla y sobre el
significado de la nobleza en el siglo XXI. Una entrevista que mira a la
tradición desde el presente y que pone el acento en el servicio, la
responsabilidad y el compromiso cultural como pilares de una nobleza entendida
más allá del linaje.
Por su indudable interés lo reproducimos en su integridad, añadiendo al final de esta entrada el enlace para acceder al artículo original publicado en HOLA.
-Hablamos con Luis Alfonso de Borbón, del
legado del Duque de Sevilla a su nuevo puesto en una institución nobiliaria:
"Ser noble hoy no puede entenderse solo en términos de linaje"-.
El Duque de Anjou es el nuevo Consejero
Magistral del Real Cuerpo de la Nobleza de Asturias.
Asturias "forma parte de mi propia
historia", nos dice Luis Alfonso de Borbón. En esa "tierra de
carácter fuerte, de historia profunda y de gran riqueza humana", con
"una carga histórica y simbólica extraordinaria dentro de España",
encuentra parte de sus raíces -su bisabuela materna era asturiana-, pero, desde
este año, su vinculación con el Principado es todavía más fuerte.
El Duque de Anjou ha sido nombrado
Consejero Magistral del Real Cuerpo de la Nobleza de Asturias, tomando, así, el
legado de su tío, el Duque de Sevilla, Francisco de Borbón y Escasany -que
falleció en mayo del año pasado-. Un cargo que asume, nos cuenta, "con un
profundo sentido de responsabilidad", aunque, también, con gratitud.
- Don Luis, ha sido nombrado Consejero
Magistral del Real Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias. ¿Cómo
afronta este nuevo cargo? No sé si puede explicarnos algunos de los motivos que
le llevaron a asumir esta nueva posición en la institución.
Afronto este nombramiento con gratitud,
pero sobre todo con un profundo sentido de responsabilidad. No lo entiendo como
un honor personal aislado, sino como un compromiso de servicio hacia una
institución con siglos de tradición. Acepté el cargo porque creo firmemente en
el valor de preservar la memoria histórica y las formas de representación de la
nobleza como parte de la identidad cultural española. El Real Cuerpo no es solo
una entidad simbólica; también es un espacio de encuentro, de continuidad histórica
y de acción social. Me motivó la posibilidad de contribuir a su proyección
hacia el futuro sin perder su esencia.
-Sucede, así, a don Francisco de Borbón y
Escasany, Duque de Sevilla, anterior Consejero Magistral. ¿Qué significa para
usted asumir su legado?
Suceder a mi tío Francisco supone una
enorme responsabilidad. Ha sido una figura de referencia, tanto por su
trayectoria personal como por su dedicación a la institución. Asumir su legado
implica respetar el trabajo realizado y, al mismo tiempo, saber adaptarlo a los
nuevos tiempos. No se trata de sustituir una personalidad, sino de continuar
una línea de servicio. Espero estar a la altura de la confianza depositada en
mí y honrar el espíritu de continuidad que él y sus antecesores representaron.
"Asumir el legado del Duque de
Sevilla implica respetar el trabajo realizado y, al mismo tiempo, saber
adaptarlo a los nuevos tiempos"
De izquierda a derecha:Antonio Sánchez
de León, Barón Von Wernitz, Luis Alfonso de Borbón, Manuel Ruiz de Bucesta,
Manuel Rodríguez de Maribona, Juan de Allonca y Carlos Álvarez de la Rua.
-Se abre una nueva etapa para el Cuerpo
de la Nobleza del Principado de Asturias. ¿Cuáles son sus objetivos como nuevo
Consejero Magistral?
Mi principal objetivo es reforzar el
papel cultural y social del Cuerpo. Creo que las instituciones nobiliarias del
siglo XXI deben ser activas, visibles y útiles a la sociedad. Me gustaría
impulsar actividades culturales, académicas y benéficas que acerquen la
institución a nuevas generaciones. También considero esencial fortalecer los
vínculos con Asturias, su historia y sus tradiciones, para que el Cuerpo siga
siendo una referencia viva y no únicamente ceremonial.
-¿Cuál es la importancia de seguir
manteniendo este tipo de tradiciones, en una época como la actual?
Las tradiciones no son reliquias del
pasado; son puentes entre generaciones. En un mundo que cambia a gran
velocidad, conservar ciertos referentes históricos aporta estabilidad,
identidad y continuidad. Mantener estas tradiciones no significa rechazar la
modernidad, sino integrarla desde una base cultural sólida. Son parte de
nuestro patrimonio inmaterial y, como tal, merecen ser conocidas, comprendidas
y respetadas.
-Esta institución es heredera de la
antigua nobleza territorial española, ¿qué significa ser noble en el siglo XXI?
Ser noble hoy no puede entenderse solo
en términos de linaje. Debe interpretarse como una actitud ética: servicio,
responsabilidad, discreción y compromiso con la sociedad. La nobleza
contemporánea tiene sentido si está vinculada a valores y a una conducta
ejemplar. En ese sentido, es más una obligación que un privilegio. Representa
la idea de que la herencia histórica conlleva también deberes.
-¿Cuál diría que es su vinculación con
Asturias? ¿Se siente cercano a esta tierra?
Asturias es una tierra con una carga
histórica y simbólica extraordinaria dentro de España, y mi vinculación con
ella no es solo institucional o afectiva, sino también familiar. A través de mi
bisabuela materna, Carmen Polo, existe un vínculo personal con esta tierra que
forma parte de mi propia historia. Esa conexión me ha hecho sentir siempre un
respeto especial por Asturias, por su tradición y por su papel en la historia
nacional. Siempre me he sentido cercano a las regiones que mantienen viva su
identidad cultural, y Asturias es un ejemplo admirable de ello. Es una tierra
de carácter fuerte, de historia profunda y de gran riqueza humana.
-Usted es descendiente directo de Luis
XIV, por ello, ¿siente una responsabilidad con la historia?
Ser consciente de la propia genealogía
es, ante todo, una invitación a la reflexión. La historia familiar no debe
vivirse como un peso, sino como una referencia. Sí existe una responsabilidad
moral: la de actuar con dignidad, prudencia y respeto por la memoria de quienes
nos precedieron. Pero esa responsabilidad no mira solo al pasado; también
obliga a contribuir positivamente al presente. La historia cobra sentido cuando
inspira una conducta responsable en el hoy.
Para leer el artículo original en la
revista HOLA. Aquí.
Publicado por La Mesa de los Notables.









