viernes, 23 de octubre de 2026

MALVAVISCO. -CAPÍTULO XI-.

 
El gabinete del vizconde de Malvavisco,
una mirada distinta al mundo nobiliario.

CAPÍTULO XI. LA MEMORIA FAMILIAR.

Las familias antiguas conservan muchas cosas.
Casas, retratos, cartas, vajillas incompletas, escrituras de propiedades que ya no poseen y algunos muebles cuyo principal mérito consiste en haber sobrevivido a quienes intentaron sustituirlos.
Conservan también recuerdos.
Éstos suelen encontrarse en peor estado.
La memoria familiar tiene una particularidad que la diferencia de los archivos. Los archivos guardan lo que ocurrió. Las familias tienden a guardar lo que consideran conveniente recordar que ocurrió.
No siempre existe mala intención.
A veces basta el afecto.
Una abuela transforma con los años a un marido de carácter insoportable en «un hombre muy recto». Un sujeto que jamás trabajó se convierte después de muerto en «persona de vida independiente». Un antepasado que perdió media fortuna pasa a ser recordado como «desprendido».
El tiempo posee una capacidad extraordinaria para mejorar el carácter de los difuntos.
Pensaba en estas cuestiones cuando mi secretario entró en el gabinete cargado con una caja.

—Ha llegado esto, señor.

La dejó sobre el escritorio. Dentro había un volumen de gran formato, encuadernado en tela verde y con letras doradas.
Historia y memoria de la Casa de Valdeprado.
Debajo figuraba:
Ocho siglos al servicio de España.
Miré el grosor.

—Han debido de servir muchísimo.

En la primera página encontré una nota manuscrita de mi amigo don Álvaro de Valdeprado.

«Querido Malvavisco: estamos preparando una edición familiar y me gustaría conocer tu opinión antes de imprimirla definitivamente. Sé que serás discreto. Sobre todo con el capítulo séptimo».

Pasé al índice.
Naturalmente fui directamente al capítulo séptimo.
Las familias son como los contratos: cuando alguien señala expresamente una cláusula, conviene empezar por ella.
Los Valdeprado eran una familia verdaderamente antigua. No de esas cuya antigüedad comienza con una frase en latín encontrada en Internet, sino de las que conservan documentos suficientes para aburrir durante generaciones a sus descendientes.
El libro estaba muy bien documentado. Había árboles genealógicos, escrituras, retratos, cartas y referencias de archivo.

Llegué al siglo XIX.

Allí apareció don Leandro de Valdeprado y Sotomayor.
Había nacido en 1838, se había casado en 1862, tuvo cuatro hijos y murió en 1907.
Entre el matrimonio y la muerte, el libro dedicaba a su vida exactamente cinco líneas.

«Don Leandro continuó la tradición familiar y administró el patrimonio recibido de sus mayores en una época de profundas transformaciones económicas y sociales. Hombre de carácter independiente, residió durante algunas temporadas fuera de España y mantuvo siempre estrechos vínculos con su familia».

Aquello me interesó.
Había vivido sesenta y nueve años y conseguido atravesar cuarenta y cinco de ellos en una sola frase.
Su hijo ocupaba doce páginas.
Su padre, diecisiete.
Un tío canónigo disponía incluso de una nota dedicada a su biblioteca.
Volví a don Leandro.
Cinco líneas.
Don Álvaro apareció aquella misma tarde.

—¿Lo has visto?
—Sí.
—¿Entero?
—Lo necesario.

Miró el volumen.

—¿Y?
—Me gusta mucho don Leandro.

Cerró los ojos durante un instante.
Había acertado.

—Sabía que irías directamente a él.
—Me lo recomendaste.
—Te dije precisamente lo contrario.
—En los archivos suele ser lo mismo.

Se sentó frente a mí.

—Fue un desastre.

Aquello no figuraba entre las cinco líneas.

—¿En qué sentido?
—En todos.

Don Leandro había heredado dos fincas, varias casas y rentas suficientes para llevar una existencia tranquila siempre que se abstuviese de tener demasiadas ideas.
Tuvo muchas.
Primero invirtió en una explotación minera.
No había suficiente mineral.
Después participó en una compañía destinada a construir un ferrocarril entre dos localidades entre las que nadie parecía tener especial necesidad de desplazarse.
La línea nunca se terminó.
Más tarde se interesó por la cría de caballos.
Los caballos resultaron considerablemente mejores administradores que él, aunque tampoco consiguieron salvar el patrimonio.

—Perdió una finca —me explicó don Álvaro.
—Mala suerte.
—Luego hipotecó otra.
—Mala administración.
—Y vendió parte de la tercera para recuperar lo perdido.
—Eso ya parece perseverancia.

Don Leandro tenía además cierta afición al juego y había pasado largas temporadas en París y Biarritz.
El libro describía aquellas estancias como consecuencia de «su carácter independiente».

—¿Por qué estaba fuera de España?

Don Álvaro se removió ligeramente.

—Tuvo ciertos problemas familiares.

Esperé.

—Había una señora.
—Eso suele producir documentación.

La señora era actriz.
Aquello explicaba quizá mejor el carácter independiente.
La relación había provocado una larga separación de su esposa.

—Mi tatarabuela sufrió muchísimo —dijo don Álvaro.
—Eso sí me parece importante.

Abrí nuevamente el libro.

—Aquí dices que mantuvo siempre estrechos vínculos con su familia.
—Los mantuvo.
—Desde Biarritz.
—Es una manera de hablar.

 


Empecé a comprender.
No había ninguna mentira.
Eso era precisamente lo interesante.

«Administró el patrimonio recibido de sus mayores en una época de profundas transformaciones económicas y sociales» conseguía contar que don Leandro había perdido buena parte de una fortuna responsabilizando discretamente al siglo XIX.

Sentí cierta admiración.

—No podemos ponerlo todo —dijo don Álvaro.
—Naturalmente.
—Ni hablar de la actriz.
—No tengo especial interés.
—Ni de las deudas.
—Entonces quizá tampoco convenga decir que administró el patrimonio.

Me miró.

—Todo lo que pone es verdad.
—No exactamente.
—¿Qué es falso?
—Nada.

Hice una pausa.

—Ése es el problema.

Hay frases capaces de no mentir y, sin embargo, de conseguir que la realidad salga de la habitación sin hacer ruido.
Don Álvaro se levantó y se acercó a la chimenea.
Entonces vio a don Rigoberto.

—Tú lo tienes fácil.
—¿El qué?

Señaló el retrato.

—Con vuestro primer vizconde siempre habéis bromeado.

Miré a mi antepasado.

—Era malvado.
—Eso dicen.
—Y bizco.
—Eso también.
—Y nunca habéis intentado ocultarlo.
—No veo la necesidad.

Nunca he sentido especial obligación de defender a don Rigoberto.
Fue mi antepasado.
No mi candidato.
La diferencia me parece importante.
No tengo que demostrar que fue bondadoso, prudente o particularmente merecedor del título que recibió. De él proceden el vizcondado, algunos documentos, el retrato y, en mi caso, cierta disposición ocular.
Bastante ha hecho.

—Álvaro —dije—, si mi familia hubiese aplicado a don Rigoberto el criterio editorial que quieres aplicar a don Leandro, yo habría conservado el vizcondado y eliminado al vizconde que lo fundó.

Sonrió.

—No es lo mismo.
—Naturalmente.
—Don Leandro hizo sufrir a mucha gente.

Dejé de bromear.

—Entonces no lo conviertas en una anécdota.
—Por eso prefiero no ponerlo.
—No. Por eso no deberías sustituirlo por otra cosa.

Se hizo un silencio.
Nadie está obligado a incluir en una historia familiar cada error de sus antepasados. Sería insoportable. Algunas familias necesitarían varios tomos sólo para los malos matrimonios.
Seleccionar es inevitable.
Embellecer ya es otra actividad.

—¿Qué pondrías tú?

Tomé un lápiz.
Taché «administró el patrimonio recibido de sus mayores».

—Eso estaba bien escrito.
—Precisamente.

Escribí al margen:

«Su gestión patrimonial resultó poco afortunada y durante su vida se enajenó una parte importante de los bienes familiares».

Don Álvaro hizo una mueca.

—Parece un informe de auditoría.
—Es bastante más amable que la realidad.

Taché después «mantuvo siempre estrechos vínculos con su familia».

—¿También?
—Si quieres puedes poner que pasó largas temporadas en Francia.
—Por motivos personales.
—Perfecto.

Contemplamos el párrafo.
Había perdido elegancia.
También había ganado realidad.

—Queda peor —dijo.
—Para don Leandro, sí.
—Para el libro.
—Eso depende de para qué quieras el libro.
—Para conservar la memoria familiar.
—Entonces quizá tenga que contener memoria.

Mi secretario entró con dos whiskies.
Al ver el libro abierto preguntó:

—¿Es la historia de la familia de don Álvaro?
—Sí.
—Debe de ser interesante.
—Muchísimo. Sobre todo desde que hemos empezado a devolver algunos parientes.

Don Álvaro me miró.
El secretario tuvo la prudencia de no preguntar.

—Hay cosas que una familia no tiene por qué exhibir —dijo don Álvaro cuando salimos nuevamente solos.
—Estoy de acuerdo.
—La intimidad debe respetarse.
—También.
—Entonces no entiendo el límite.
—Tú no quieres proteger la intimidad de don Leandro.
—¿Qué quiero?
—Proteger la reputación de los Valdeprado.

No respondió.
Las familias poseen una comprensible tendencia a comportarse como pequeños Estados. Tienen fundadores, alianzas, crisis, pérdidas territoriales, personajes incómodos y una historiografía oficial.
Con frecuencia poseen también un Ministerio de Asuntos Exteriores.
Suele llamarse abuela.
No veo nada extraño en que algunas historias permanezcan dentro de casa. El problema comienza cuando una familia decide escribir su historia y descubre que quiere conservar el pasado siempre que el pasado tenga la cortesía de coincidir con la imagen que mantiene de sí misma.
Entonces la memoria empieza a parecerse demasiado a la propaganda.
Don Álvaro hojeó nuevamente el libro.
Aparecieron un general, un magistrado, una señora vestida de negro, un sacerdote y un diputado de la Restauración.
Todos parecían personas respetables.

—Hubo gente extraordinaria —dijo.
—Sin duda.
—¿No es lógico querer transmitir eso?
—Por supuesto.
—Entonces ¿por qué insistir en el peor?
—No hay que insistir.

Señalé los retratos.

—Pero si éstos fueron verdaderamente extraordinarios, don Leandro no los empeora.

Guardó silencio.

—Una familia antigua ha tenido tiempo suficiente para producir de todo.
—Muy alentador.
—Algún arruinado.
—Seguro.
—Algún sinvergüenza.
—También.
—Algún imbécil.
—Varios.
—Y matrimonios lamentables.
—Eso en todas.
—Precisamente. Ahí empieza la universalidad de la nobleza.

Don Álvaro se echó a reír.
Varias semanas después recibí una nueva copia.
Abrí directamente el capítulo del siglo XIX.
Don Leandro seguía allí.
El párrafo había cambiado.

«Don Leandro de Valdeprado y Sotomayor heredó una parte importante del patrimonio familiar. De carácter inquieto y emprendedor, participó en distintas iniciativas económicas que no tuvieron el resultado esperado, circunstancia que obligó a enajenar algunas propiedades. Pasó largas temporadas en Francia por motivos personales. Su vida estuvo marcada por dificultades económicas y familiares de las que da testimonio la correspondencia conservada».

«De carácter inquieto y emprendedor» me pareció una concesión generosa.
Pero el hombre había invertido en minas, ferrocarriles y caballos.
Técnicamente no podía negarse.
Dentro encontré una nota de don Álvaro:

«Hemos procurado no ocultar nada sin necesidad de contarlo todo. Mi hijo dice que Leandro es ahora su antepasado favorito porque por fin aparece alguien normal».

Sonreí.
Mi secretario colocó el volumen en la biblioteca y salí de nuevo al encuentro de don Rigoberto.
Nunca sabré cuánto hay de cierto en todas las historias que mi familia cuenta sobre él.
Tal vez no fuese tan malvado.
Tal vez el episodio con Amadeo de Saboya nunca ocurriera.
Eso también forma parte de la memoria.
Pero hay algo que siempre he agradecido a mis mayores.
Jamás intentaron convencerme de que don Rigoberto fue un santo.
Era nuestro antepasado.
Les pareció suficiente.

Los antepasados tienen la irritante costumbre de haber vivido antes de que pudiéramos aconsejarles. No escogieron sus matrimonios pensando en nuestros árboles genealógicos, ni administraron sus fortunas para facilitar nuestras conversaciones, ni se comportaron para que dos siglos después pudiéramos exhibirlos cómodamente.

Vivieron.
Y nosotros venimos después.
La memoria familiar posee una razón profunda para existir. Nos recuerda que no empezamos con nosotros mismos. Que otros acertaron, se equivocaron, conservaron unas cosas y perdieron otras antes de dejarnos una historia que no hemos elegido.
Precisamente por eso conviene no corregirla demasiado.
Una familia que sólo conserva a sus hombres ilustres termina pareciéndose peligrosamente a un salón lleno de retratos comprados.
Puede impresionar.
Pero nadie sabe quién vivió allí.
Miré nuevamente a don Rigoberto.

—No te preocupes —le dije—. Tú te quedas.

Mi antepasado no respondió.
Fue una de sus intervenciones familiares más prudentes.

 

El vizconde de Malvavisco.

Para leer otros capítulos de Malvavisco (hacer click sobre el capítulo):

Presentación.     Nota Aclaratoria.   Capítulo I.    Capítulo II.      Capítulo III.    Capítulo IV.    Capítulo V.    Capítulo VI.      CapítuloVII.          Capítulo VIII.     Capítulo XIX.    CapítuloX.

Aviso sobre propiedad intelectual.
El vizconde de Malvavisco es un personaje literario original y el pseudónimo bajo el que se publica esta serie. ©2026 El vizconde de Malvavisco. Todos los derechos reservados. Quedan reservados los derechos sobre los textos y sobre los elementos originales que configuran este personaje de ficción y su universo narrativo, en los términos previstos por la legislación de propiedad intelectual.

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jueves, 22 de octubre de 2026

SOLEMNE APERTURA DEL CURSO ACADÉMICO 2026-2027 DE LA ACADEMIA DE LAS CIENCIAS Y LAS ARTES MILITARES.

 

El 21 de octubre de 2026, a las 18.00 horas, tuvo lugar el solemne acto de apertura del curso académico 2026-2027 de la Academia de las Ciencias y las Artes Militares (ACAMI).
El acto estuvo presidido por el general de ejército don Jaime Domínguez Buj, presidente de la Academia, y contó con la participación de don Camilo Villarino Marzo, jefe de la Casa de Su Majestad el Rey, quien tuvo a su cargo la conferencia inaugural.

La Academia de las Ciencias y las Artes Militares, como nuestros lectores conocen, es una entidad sin ánimo de lucro, inscrita el 10 de abril de 2018 en el Registro Nacional de Asociaciones con el número nacional 615.382, y que nació con la vocación de constituirse en un espacio de encuentro, reflexión, investigación y difusión del conocimiento relacionado con las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil, abordando el ámbito militar desde una perspectiva integral y multidisciplinar.

De acuerdo con sus Estatutos, su finalidad primordial es fomentar la cultura militar en la sociedad española, así como promover las actividades literarias, artísticas y científicas que contribuyan a su conocimiento y desarrollo.

Entre sus principales fines institucionales destacan:
•Fortalecer el conocimiento de la cultura militar en la sociedad española.
•Contribuir al imprescindible apoyo de la sociedad a la Defensa Nacional, prestando especial atención a la juventud.
•Fomentar las actividades científicas, literarias y artísticas relacionadas con la cultura militar.
•Colaborar con otras academias de ámbito nacional en el desarrollo y difusión del conocimiento.
•Apoyar a las asociaciones y entidades militares dedicadas a divulgar la cultura militar en sus diferentes manifestaciones.

La Academia desarrolla su labor mediante distintas secciones especializadas que abarcan disciplinas como el pensamiento, la moral y la legislación militar; el futuro de las operaciones militares; la prospectiva tecnológica; la historia militar y el patrimonio cultural militar, entre otras.
Su lema, «Saber el pasado, conocer el presente, descubrir el futuro de nuestras Fuerzas Armadas», sintetiza su vocación de preservar y transmitir el conocimiento acumulado a lo largo de la historia, analizar los desafíos actuales y contribuir a la reflexión sobre el futuro de la institución militar.

En este marco institucional se inscribe la apertura del curso académico 2026-2027, como parte de la continuidad de la actividad académica y divulgativa de una entidad comprometida con el estudio, la promoción y la difusión de las ciencias y las artes militares, así como con el acercamiento de la cultura de defensa a la sociedad española.

La información sobre la Academia, su organización, sus objetivos y sus actividades puede consultarse en su página oficial: https://www.acami.es/
La grabación audiovisual del acto de apertura del curso académico 2026-2027 (YouTube) está disponible aquí.



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miércoles, 21 de octubre de 2026

PUBLICACIONES | LA GACETILLA DE HIDALGOS 587.

 

Disponible el número 587 · Verano de 2026.-

La Real Asociación de Hidalgos de España (RAHE) ha publicado recientemente el número 587 de su revista "La Gacetilla de Hidalgos", que ya se encuentra a disposición de todas las personas interesadas.
Tanto esta nueva edición como los números anteriores pueden consultarse y descargarse íntegramente, en formato pdf, desde la página web oficial de la Asociación.

Acceso a la publicación haciéndo click aquí.

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martes, 20 de octubre de 2026

EL CUERPO DE LA NOBLEZA DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS ASISTE A LOS ACTOS DE LA ORDEN DE CABALLERÍA DEL SANTO SEPULCRO EN MURCIA.

 Pilar de Vicente.

El Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias estuvo presente en los solemnes actos de Vela de Armas, Vigilia de Oración e Investidura de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén (Lugartenencia de España Occidental – Capítulo Noble de Castilla y León), celebrados el fin de semana pasado en la ciudad de Murcia. En representación de la corporación nobiliaria asturiana asistió la responsable de Relaciones Institucionales y autora de esta crónica.

La programación dio comienzo el viernes con la formación del Capítulo en la Capilla del Palacio de San Esteban, tras la cual se celebró la solemne Vela de Armas y Vigilia de Oración en la Parroquia de San Miguel Arcángel. La jornada concluyó con un “Cóctel de Neófitos” ofrecido en las instalaciones del Real Casino de Murcia.

Ignacio Alvargonzález, Pilar de Vicente y el Duque de Maqueda.

Durante la mañana del sábado tuvo lugar la reunión del Capítulo de la Orden en el Palacio Episcopal, mientras los invitados y acompañantes realizaron una visita guiada al Museo Salzillo. Posteriormente, los asistentes compartieron un vino español.

Por la tarde, tras congregarse los miembros del Capítulo en el Salón del Martillo del Palacio Episcopal, se celebró el Solemne Acto de Investidura en la Santa Iglesia Catedral de Santa María de Murcia. La jornada culminó con una elegante y distinguida Cena de Gala celebrada en la exclusiva finca Larache.
El encuentro capitular finalizó el domingo con la Misa de Acción de Gracias en la Iglesia de Nuestro Padre Jesús Nazareno, precedida por la formación del Capítulo en el Museo Salzillo.

Este inolvidable fin de semana ha constituido un marco excepcional de espiritualidad, tradición y fraternidad, reafirmando los estrechos lazos de hermandad entre las distintas corporaciones nobiliarias.

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lunes, 19 de octubre de 2026

LA NOBLEZA DE ASTURIAS ASISTE A LA PRESENTACIÓN DE LA ÚLTIMA OBRA DEL DR. ALFRED SONNENFELD EN LA REAL GRAN PEÑA DE MADRID.

 Pilar de Vicente.

La historia de los grandes clubes y sociedades vinculados a la nobleza y a la intelectualidad europea ha estado tradicionalmente ligada al debate de las ideas, la cultura y las grandes cuestiones del ser humano. En esta ocasión, los salones de la Real Gran Peña volvieron a convertirse en un marco privilegiado para un encuentro en el que confluyeron ciencia, filosofía y espiritualidad.

El pasado jueves 15 de octubre el Salón de Actos de la institución acogió la conferencia del Dr. Alfred Sonnenfeld, con motivo de la presentación de su obra «Cómo recuperar la alegría. Reflexiones neurobiológicas y espirituales».

El acto contó con la presentación del Excmo. Sr. Don José Ramón de Hoces, duque de Hornachuelos, y con la presencia, en representación del Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias, de su responsable de Relaciones Institucionales y autora de esta nota.

El Dr. Alfred Sonnenfeld cuenta con una sólida trayectoria académica en dos disciplinas esenciales para aproximarse a la complejidad del ser humano, es doctor en Medicina y en Teología. Su trayectoria profesional incluye asimismo una destacada labor docente como profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad Humboldt de Berlín, así como su participación como miembro de la Comisión de Ética de la Clínica Universitaria Charité de la capital alemana.

La búsqueda de la alegría interior.

En un mundo marcado por el ritmo acelerado de la vida cotidiana, las exigencias sociales y las adversidades que a menudo terminan por erosionar el bienestar personal, la conferencia planteó un interrogante tan profundo como actual: ¿cómo recuperar la alegría en medio de las preocupaciones y desafíos de cada día?

A partir de las reflexiones recogidas en su libro, el Dr. Sonnenfeld abordó esta cuestión desde una doble perspectiva, por un lado, el rigor de la neurobiología y, por otro, la dimensión más profunda de la espiritualidad. Ambas miradas sirvieron de hilo conductor para reflexionar sobre la alegría, el sentido de la vida y la capacidad del ser humano para afrontar las dificultades sin perder su equilibrio interior.

La velada permitió así acercarse, desde dos ámbitos del conocimiento distintos pero complementarios, a una cuestión tan antigua como universal: la búsqueda de una vida plena y el papel que la alegría desempeña en ella. Un encuentro que enlazó con la tradición de la Real Gran Peña como espacio de conversación, cultura y pensamiento, manteniendo vivo el espíritu de aquellas instituciones históricamente dedicadas al intercambio de ideas y al cultivo intelectual.

Publicado por La Mesa de los Notables.

domingo, 18 de octubre de 2026

PUBLICADO EL NÚMERO 106 DE CUADERNOS DE AYALA.

 

Recientemente ha visto la luz el número 106 de Cuadernos de Ayala, la prestigiosa revista trimestral de la Federación Española de Genealogía, Heráldica y Ciencias Históricas. Esta publicación se ha consolidado como un referente indispensable para todos aquellos interesados en la historia institucional, el estudio de las órdenes y condecoraciones, la genealogía, la heráldica, la nobiliaria y la iconografía, abarcando asimismo aspectos fundamentales del ceremonial y el protocolo.

Como bien conocen nuestros lectores, la revista está dirigida por el doctor don Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, marqués de la Floresta y vizconde de Ayala, cuya sólida trayectoria académica y firme compromiso con la difusión del conocimiento histórico garantizan el rigor y la calidad de cada uno de sus números.

Además de su indudable valor académico, Cuadernos de Ayala ha servido como plataforma de interacción, intercambio y debate entre instituciones, asociaciones y especialistas interesados en estas disciplinas, consolidándose como un destacado punto de encuentro para estudiosos de toda España y del ámbito hispano.


Puede descargarse el número actual y consultarse las ediciones anteriores en formato PDF en el siguiente enlace: https://cuadernosdeayala.com/publicaciones/

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