sábado, 2 de mayo de 2026

CONFERENCIA «CARABELA “SAN LESMES” Y LA POLINESIA».

 

La Real Academia de la Mar organiza la conferencia titulada «Carabela “San Lesmes” y la Polinesia», que será impartida por D. Luis Gorrochategui, historiador especializado en exploraciones marítimas y navegación del siglo XVI, y académico del Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés.

Tendrá lugar el próximo 5 de mayo de 2026, a las 19:00 horas, en el Salón de Actos del Instituto de la Ingeniería de España (C/ General Arrando nº 38, 28010 Madrid).

La conferencia abordará el papel histórico de la carabela San Lesmes, integrante de la expedición de García Jofre de Loaísa (1525), cuya desaparición en el Pacífico ha dado lugar a diversas investigaciones sobre un posible contacto temprano con la Polinesia.

El acto se celebra con la colaboración de la Asociación de Ingenieros Navales y Oceánicos de España. Al finalizar la conferencia se servirá un vino español.
La entrada será libre hasta completar aforo.
Para más información: ram@realacademiadelamar.com

Publicado por La Mesa de los Notables.

viernes, 1 de mayo de 2026

DONDE LA MEMORIA SE VUELVE JARDÍN: VILLAMANRIQUE DE LA CONDESA Y EL ECO ÍNTIMO DEL IMPERIO DEL BRASIL.

 Riestra2026.

Hay lugares donde la historia no se narra: se posa. Villamanrique de la Condesa, tendida entre la luz blanca del Aljarafe y la respiración húmeda de las marismas, es uno de ellos. No necesita alardes ni monumentos grandilocuentes; le basta con el silencio de sus calles y la persistencia de sus sombras en los días de invierno. Porque en ese silencio, inesperadamente, se entrelaza uno de los relatos más delicados de la historia contemporánea: el de la memoria de la monarquía imperial del Brasil y su lenta, casi secreta, continuidad en suelo andaluz.

Hablar de este pueblo no es, en mi caso, una digresión ni un apunte marginal dentro de un discurso histórico más amplio. Al contrario: resulta imprescindible. En el ciclo de textos que estoy publicando sobre las órdenes dinásticas del Brasil y su prolongación simbólica a lo largo del tiempo, Villamanrique de la Condesa no puede ser omitida. No se trata de un escenario accesorio, sino de un punto donde esa memoria se ancla de forma tangible, donde la historia deja de ser abstracción para adquirir lugar, paisaje y permanencia.

Sin Villamanrique, ese hilo que une tradición y continuidad simbólica quedaría incompleto. Porque es aquí donde esa memoria encuentra una de sus formas más discretas de permanencia: no en la proclamación ni en el gesto público, sino en la continuidad silenciosa de un espacio que ha sabido conservar, sin necesidad de explicarlo, una parte de esa historia que atraviesa océanos y generaciones.

Dom Pedro de Orleáns con don Manuel Zurita en una imagen del Rocío.

Mi vinculación con Villamanrique de la Condesa nace de la herencia. De una de esas historias familiares que, sin proponérselo, acaban por entrelazarse con algo mayor. Nunca he vivido allí, y sin embargo siempre me he sentido unido a ese lugar por una suerte de cordón invisible, casi íntimo, que despierta en mí una nostalgia difícil de explicar.

Mi abuelo, llegado desde Oviedo junto a su padre, encontró en este pueblo un lugar donde arraigar. Allí contrajo matrimonio con la hija del médico Fulgencio Cabezas Monge, figura recordada no solo por su ejercicio profesional, sino por su carácter: monárquico, intelectual y profundo conocedor de la historia local. En su casa, la historia no era una abstracción, sino una conversación viva, una presencia cotidiana.
Es desde esa cercanía, desde esa memoria heredada, desde donde se comprende que Villamanrique de la Condesa no es un lugar cualquiera. Porque bajo su aparente quietud, el pueblo guarda una de las conexiones más singulares de la historia contemporánea europea y americana.

Vista de la fachada del palacio y jardines.

En el centro de ese relato se alza el Palacio de Orleáns-Borbón, no como una residencia más, sino como un organismo vivo donde la piedra parece haber aprendido a recordar. Su configuración actual responde, en gran medida, a las intervenciones realizadas en el siglo XIX por la familia de Orleáns, que imprimió al conjunto un aire inequívocamente afrancesado. Sin embargo, el edificio no es un mero trasplante estilístico. Es, más bien, una síntesis: la adaptación de una sensibilidad cortesana europea al paisaje abierto y luminoso de Andalucía.

Los jardines constituyen quizá su expresión más elocuente. Inspirados en el paisajismo romántico, evitan la rigidez geométrica para proponer un recorrido emocional: senderos que se curvan suavemente, claros que se abren como escenas teatrales, masas arbóreas que tamizan la luz hasta volverla casi líquida. En ellos, el visitante no transita: se deja llevar.
El edifico, por su parte, rehúye la monumentalidad excesiva. Sus galerías, sus grandes vanos y sus espacios interiores parecen concebidos para una vida recogida, donde la conversación y la intimidad sustituyen a la ceremonia. Todo en él sugiere permanencia sin ostentación, memoria sin peso.

Para comprender cómo este lugar se convierte en un enclave de la memoria imperial brasileña, es necesario recorrer una genealogía que cruza océanos, y que los cruza dos veces: la de la Casa de Orléans-Braganza, nacida del matrimonio entre la princesa Isabel del Brasil y el príncipe francés Gastón de Orleans, conde de Eu.
La proclamación de la república en 1889 puso fin al Imperio del Brasil y obligó a la familia imperial al exilio. A partir de entonces, Europa se convirtió en el escenario de una existencia marcada por la dispersión. Sin corte ni función política, los miembros de la familia tuvieron que redefinir su lugar en el mundo.

España ofrecía, en ese contexto, algo más que hospitalidad: ofrecía continuidad. A través de los vínculos con la casa de Orleans y con la aristocracia española, espacios como Villamanrique se transformaron en puntos de arraigo. No eran centros de poder, pero sí de identidad.

Vista de los jardines y caballerizas del palacio.

Es en este marco donde emerge la figura de Pedro Gastão de Orléans-Braganza, cuya vida condensa como pocas esa transición entre imperio y memoria.

Nacido en 1913, cuando la monarquía brasileña ya pertenecía al pasado político del país, Dom Pedro creció bajo el peso sutil de una herencia compleja. Su padre, Pedro de Alcántara, fue reconocido por numerosos monárquicos como jefe de la rama de Petrópolis, encarnando la principal de las líneas de continuidad de la dinastía. Sin embargo, su vida no se definió por la reivindicación pública de esa posición. Lejos de cualquier gesto altisonante, asumió su condición con una sobriedad que hasta puede resultar extraña. No fue un pretendiente en el sentido pretérito y etimológico de la palabra, sino un depositario de legitimidad histórica, consciente de que su papel pertenecía más al ámbito de la memoria que al de la política.

Su trayectoria europea (marcada por estancias en Francia, Portugal y España) lo situó en una red de relaciones aristocráticas donde la historia era todavía una presencia viva. Pero fue en Villamanrique donde esa relación encontró su expresión más íntima.

En el Palacio de Orleans-Borbón, Dom Pedro no fue una figura distante, sino una presencia cotidiana. Allí, el príncipe se integró en un ritmo de vida que desmentía cualquier imagen de grandiosidad vacía. Paseaba por los jardines, recibía a familiares y amigos, mantenía viva una red de vínculos que unía continentes y generaciones. Su existencia estaba hecha de gestos sencillos, pero cargados de continuidad: conservar tradiciones, recordar nombres, sostener una identidad.

Quienes lo conocieron bien hablan de un hombre afable, de trato cercano, dotado de una elegancia natural que no necesitaba afirmarse. En su figura, el pasado no era un peso, sino una forma de presencia.

Dom Pedro Tiago, actual jefe de la Casa Imperial, con algunos manriqueños.

Su elección de Villamanrique como lugar de residencia estable, y finalmente como lugar de muerte en 2007, no fue casual. En ese gesto hay una afirmación silenciosa: la de haber encontrado, tras décadas de dispersión, un espacio donde la historia podía reposar.

Contaba mi abuela que, "al recorrer el Palacio y sus jardines, se percibía una continuidad que no necesitaba explicaciones. Como si el lugar no perteneciera del todo al tiempo presente, sino a una duración más lenta, más antigua, en la que las cosas no se extinguen, sino que se transforman con suavidad.
(..//..) el viento entre los árboles parecía no limitarse a mover las ramas, sino a recorrer una memoria invisible; la luz, al filtrarse por los senderos, caía con una delicadeza casi ritual, como si supiera exactamente dónde posarse. En las estancias, la quietud no era ausencia de vida, sino una forma distinta de presencia: una pausa prolongada, cargada de lo que ha sido vivido". (Manuela Cabezas Fernández).

Todo allí parecía dispuesto, sin esfuerzo aparente, para acoger una historia que, en realidad, nunca terminó de irse del todo. No como algo que permanece intacto, sino como aquello que persiste en los márgenes, en los detalles, en los silencios.
Y en los corredores, antiguas figuras aún parecen seguir presentes, no como apariciones, sino como una huella más honda: de esas que no necesitan ser vistas para ser reconocidas. Basta el modo en que la luz cae, o la forma en que el aire se detiene un instante, para intuir que alguien ha pasado por allí y han dejado, sin quererlo, algo de sí mismo en el lugar.

La relación entre Villamanrique de la Condesa y la Casa Imperial del Brasil no debe entenderse desde un plano político, sino humano. No se basa en relatos grandilocuentes, ni en ambiciones legitimistas, así como tampoco en discursos historicistas, sino de algo más discreto y persistente: la manera en que las vidas, los recuerdos y los lugares se van entrelazando con el tiempo, hasta formar una misma trama en la que ya no es posible distinguir con claridad lo vivido de lo recordado.
Por eso, quizá Villamanrique de la Condesa deja de ser únicamente un punto en el mapa para convertirse en algo más difícil de nombrar: un espacio donde la historia, la memoria y la vida cotidiana se confunden lentamente, hasta volverse indistinguibles. Un lugar donde lo vivido no se deposita en el pasado, sino que permanece, en suspensión, como una presencia que sigue habitando el presente.

Nota.- Imagen superior: armas de Dom Pedro Gastão de Orléans-Braganza y de doña Esperanza de Borbón (Lápida sita en la Capilla del Sagrario de la parroquia de Santa María Magdalena de Villamanrique). - Imagen inferior Escudo de la Villa y de la Hermandad del Rocío de Villamanrique de la Condesa.

Riestra2026.

Publicado por La Mesa de los Notables.

jueves, 30 de abril de 2026

CAPÍTULO CONJUNTO DEL SANTO SEPULCRO EN CALATAYUD E IMPOSICIONES DE LA CRUZ PATRIARCAL (2026).

 

El 25 de abril de 2026 se celebró en Calatayud (Zaragoza) el tradicional Capítulo Conjunto de las Lugartenencias de España de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, una de las instituciones caballerescas de carácter pontificio más antiguas vinculadas a Tierra Santa.

Siguiendo la tradición, este encuentro tiene lugar el tercer sábado posterior al Domingo de Resurrección, y se desarrolla en la Real Basílica-Colegiata del Santo Sepulcro de Calatayud. Este templo ocupa un lugar singular dentro de la historia de la Orden en España, ya que es considerado su sede histórica en el país. Tal vinculación se remonta al testamento del rey Alfonso I de Aragón, conocido como Alfonso el Batallador, fechado en 1131, en el que legaba sus reinos a las órdenes militares del Santo Sepulcro, del Temple y del Hospital de San Juan de Jerusalén, estableciendo así un vínculo duradero entre la institución sepulcrista y la ciudad de Calatayud.

El Capítulo Conjunto fue precedido por el solemne acto de toma de posesión del estalo de Canónigo o Canonesa Honorario de la Real Basílica-Colegiata, dignidad que fue conferida en esta ocasión a veintiún Caballeros y Damas de la Orden. Esta tradición refleja la estrecha relación histórica entre el cabildo del Santo Sepulcro de Calatayud y los miembros de la Orden, quienes participan activamente en la vida espiritual y ceremonial del templo. A continuación, se celebró la Santa Misa, eje litúrgico de la jornada.


Los actos estuvieron presididos por el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Vicente Rebollo Mozos, Obispo de Tarazona, acompañado por el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Eusebio Ignacio Hernández Sola, OAR, Obispo emérito de Tarazona. Asimismo, participaron el prior de la basílica, Rvdo. D. Javier Vicente Sanz Lozano, junto con el cabildo de canónigos del Santo Sepulcro de Calatayud.

El Capítulo de 2026 revistió un carácter particularmente significativo al constituir el primer encuentro conjunto de los nuevos lugartenientes de la Orden en España, recientemente nombrados. Se trata del Excmo. Sr. D. Daniel Berzosa y López, Lugarteniente de España Occidental, y del Excmo. Sr. D. Albert Estrada-Rius, Lugarteniente de España Oriental. La división en dos lugartenencias responde a la organización territorial de la Orden en España, que busca facilitar su actividad espiritual, benéfica e institucional.

La Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, bajo la protección de la Santa Sede, tiene como misión principal el apoyo a la presencia cristiana en Tierra Santa, especialmente a través de la ayuda al Patriarcado Latino de Jerusalén, así como la promoción de la vida cristiana entre sus miembros.

Fuente: https://www.ordendelsantosepulcro.org/



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miércoles, 29 de abril de 2026

LA NOBLEZA DE ASTURIAS ABRE UN PERFIL EN INSTAGRAM.

 

El Cuerpo de la Nobleza del Principadode Asturias ha inaugurado recientemente un perfil oficial en la red social Instagram, en una iniciativa impulsada por Pilar de Vicente, dama de esta corporación nobiliaria, con el objetivo de reforzar su presencia digital y mejorar la difusión de sus actividades.

A través de este nuevo canal, la corporación pretende dar a conocer tanto los actos, proyectos y convocatorias que promueve directamente, como aquellas iniciativas vinculadas a otras corporaciones, instituciones nobiliarias y órdenes de carácter caballeresco. De este modo, se busca ofrecer una visión amplia del variado y rico entramado de entidades de naturaleza histórica y representativa existentes en España.

Asimismo, el perfil incluirá información sobre actividades y acontecimientos relevantes en el ámbito internacional, especialmente en Europa y América, siempre que guarden relación con los fines y objetivos propios del Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias, entre los que destacan la preservación de las tradiciones, la promoción de valores históricos y culturales, y el fomento de los vínculos institucionales.

Esta presencia en redes sociales responde a una estrategia de adaptación a los nuevos medios de comunicación, facilitando un acceso más directo y ágil a la información, así como una mayor proyección pública de la corporación.



Se puede acceder al perfil mediante el código QR que acompaña esta publicación.



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martes, 28 de abril de 2026

ACTOS DE LA MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE CASTILLA EN LA VILLA Y CORTE DE MADRID.


En la tarde del sábado 25 de abril de 2026 se ha celebrado en Madrid, en la bellísima Iglesia de la Concepción Real de Calatrava, la ceremonia de recibimiento de nuevos maestrantes, a la que concurrieron un centenar largo de ellos, junto a familiares, amigos e invitados. Ofició la misa solemne el revdo. P. Don Feliciano Rodríguez, rector del templo, junto al revdo. P. D. Ignacio Ruiz Moldes, capellán de la Maestranza. La plática, muy oportuna, trató del Buen Pastor, que en la misma fecha recuerda la Santa Madre Iglesia.

Concluida la misa sabatina, el diputado decano Duque de Veragua, presidió la ceremonia del juramento y recibimiento de los nuevos maestrantes, auxiliado por el diputado vicedecano Marqués de la Floresta, el diputado secretario D. Jorge Bernaldo de Quirós, y los diputados Conde de Giraldeli, que actuó como maestro de ceremonias, y Dr. D. Rafael Feria, que actuó como relator. Portó el estandarte D. Fernando Durán Cabral de Melo e Alpoim. 


Tras la invocación al Espíritu Santo, juró la Excma. Señora Dª Olivia de Borbón von Hardenberg, amadrinada por S.A.R. la Princesa Ana María Al-Senussi de Libia. Y con ella los Excmos. e Ilmos. Señores D. Enrique Salvia Alonso Sagrera, apadrinado por el Ilmo. Señor D. Fernando Martínez de Larrañaga; Don Manuel de la Vega y Recio-Mensque, apadrinado por el Ilmo. Señor D. Javier García-Bernal de la Cuesta; Revdo. Señor D. Ignacio Ruiz Moldes, apadrinado por el Ilmo. Señor D. Daniel San Martín Viscasillas; D. José Miguel Pecos Egea, apadrinado por el Excmo. Sr. Marqués de la Floresta; D. José Fernández García, apadrinado por el Ilmo. Señor José María Amar Vela; D. Francesco Saverio Francica Pignone del Carretto, apadrinado por el Ilmo. Señor Conde de Giraldeli; D. Julián Porras-Figueroa y Toledano, apadrinado por el Ilmo. Señor D. Jorge Bernaldo de Quirós y Trillas; D. José Caro de Aladrén, apadrinado por el Excmo. Señor Príncipe D. Carlo Ruspoli, Duque de Morignano; Dr. D. Daniel Hecht von Saldern, apadrinado por el Ilmo. Señor Conde de Giraldeli; y D. Alejandro Riestra Martínez, apadrinado por el Ilmo. Señor D. Jorge Bernaldo de Quirós y Trillas.


Tras el juramento, se rezó un responso por los maestrantes difuntos durante el último año, que han sido los Excmos. Señores D. Francisco de Borbón y Escasany, duque de Sevilla; el bailío D. Fernando Gómez de Olea y de la Peña; el Príncipe Alessandrojacopo Boncompagni Ludovisi; y D. Emmanuele Emanuele, barón de Culcasi.

Para finalizar se dio lectura solemne a la Bendición Apostólica enviada por Su Santidad el Papa León XIV por medio del Cardenal Parolin, su secretario de Estado, exhortando a los maestrantes de Castilla a continuar su fructífera labor, asegurándoles sus fervientes oraciones para alcanzar la santidad - la más alta medida de la vida cristiana-, e invocando sobre cada uno de ellos y sus familias la intercesión celestial de Nuestra Señora de la Fuencisla, rezando con devoción la Salve.


Seguidamente, la Maestranza y sus invitados se trasladaron al cercano Centro Cultural de los Ejércitos, en donde se sirvió un aperitivo, momento en el que la Maestranza, por mano de su decano el Duque de Veragua, impuso la Medalla de Honor al subteniente Michael Frank, del Ejército Alemán, y al sargento Noguera, del Ejército del Aire y del Espacio, por sus buenos servicios.

Enseguida tuvo lugar una espléndida cena de hermandad. A los postres, el diputado decano Duque de Veragua dirigió a todos unas sentidas palabras, glosando las actividades corporativas y los futuros proyectos, y brindado, como es de costumbre, por España y por S.M. el Rey.


Asistieron a los actos representantes oficiales de la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge, de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén, del Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias, del Real Gremio de Halconeros, de la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria, así como numerosos caballeros y damas de la Soberana y Militar Orden de Malta, la Orden Teutónica, la Orden Real de los Santos Mauricio y Lázaro, los Reales Cuerpos de la Nobleza de Madrid y de Cataluña, la Maestranza de Caballería de San Fernando, la Real Hermandad de Caballeros de San Fernando, la Orden Española y Humanitaria de la Santa Cruz y Víctimas del Dos de Mayo, la Hermandad Monárquica de España, y otras distinguidas Órdenes, Corporaciones e Instituciones.

Ya casi a medianoche, los asistentes bajaron al salón de baile del Real Casino, donde, a los sones de la soberbia orquesta de jazz de Benjamín Rosado se bailó hasta cerca de las dos de la madrugada.

Fue, en todo, una jornada muy entrañable y grata. Laus Deo!

Publicado por La Mesa de los Notables.

lunes, 27 de abril de 2026

LA IMPERIAL ORDEN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (BRASIL).

 Riestra2026.

Con la entrada de hoy queremos detenernos en la que quizá sea la orden más hondamente enraizada en el ideal caballeresco, entre todas las herederas surgidas en el ámbito portugués: la Imperial Orden de Nuestro Señor Jesucristo en Brasil.

Heredera directa de la portuguesa Orden de Cristo, que como nuestros lectores y amigos conocen, fue instituida en 1319 por Dinis I de Portugal con la aprobación del papa Juan XXII, naciendo como una hábil y casi providencial transmutación de la extinguida Orden del Temple tras su supresión en el Concilio de Vienne. En ella encontraron continuidad no solo los bienes y fortalezas templarias del reino, sino también su vocación, su disciplina y su aliento espiritual, prolongados en una nueva milicia que, sin quebrar la esencia heredada, supo proyectar desde Portugal el antiguo ideal templario hacia nuevos horizontes de fe, empresa y expansión.

LA IMPERIAL ORDEN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (BRASIL).

La Imperial Orden de Nuestro Señor Jesucristo en Brasil, originalmente denominada «Orden Militar Imperial de Nuestro Señor Jesucristo», y comúnmente conocida como «Orden de Cristo en Brasil», hunde sus raíces como hemos comentado arriba en la histórica Orden de Cristo, instituida en Portugal en 1319 como heredera directa de los bienes, misión y espíritu de los Caballeros Templarios tras su supresión.

Bajo la protección de la Corona portuguesa, la Orden de Cristo se convirtió en una de las instituciones más influyentes del reino. Su papel fue decisivo durante la expansión ultramarina, especialmente bajo el impulso del infante Enrique el Navegante, quien, como Gran Maestre, orientó sus recursos hacia la empresa de los descubrimientos, vinculando de forma inseparable la Orden con la misión evangelizadora y civilizadora del mundo portugués.

El traslado de la corte a América en 1808, bajo Juan VI de Portugal, supuso la plena implantación de las órdenes militares en Brasil, anticipando el papel central que estas desempeñarían en el nuevo orden político. Tras la independencia proclamada por Pedro I de Brasil en 1822 y la constitución del Imperio del Brasil, la Orden de Cristo fue integrada como una de las más altas distinciones del sistema imperial, bajo la autoridad directa del soberano.


La legitimidad del Emperador del Brasil como gran maestre y administrador perpetuo de las órdenes imperiales se fundamentó en la continuidad del antiguo patronato regio portugués, históricamente reconocido por la Santa Sede, y en el ejercicio efectivo de dicha autoridad tras la independencia. En efecto, Pedro I de Brasil y sus sucesores asumieron y ejercieron sin interrupción las prerrogativas inherentes al gran maestrazgo, integrando plenamente las órdenes en la estructura del Imperio del Brasil.

Si bien el alcance de un reconocimiento formal explícito por parte de Roma en el nuevo contexto político ha sido objeto de debate, lo cierto es que la práctica constante, pública y no contestada en el ámbito interno del Imperio consolidó una legitimidad de hecho y de derecho dinástico. Esta continuidad, heredada directamente de la tradición monárquica portuguesa, constituye el fundamento histórico sobre el cual se sustenta la transmisión del gran maestrazgo en el seno de la Casa de Orléans-Braganza, particularmente en la línea primogénita representada por la denominada «rama de Petrópolis».

Tras la proclamación de la república en 1889, la Orden no se extinguió, sino que, conforme al derecho dinástico y a la tradición de las casas soberanas europeas, continuó en el seno de la Casa de Orléans-Braganza como orden dinástica.
En este punto, resulta esencial subrayar nuevamente la cuestión de la legitimidad sucesoria. La jefatura de la Casa Imperial, y con ella el gran maestrazgo de la Orden, como acabamos de comentar y conforme a los principios históricos de primogenitura, corresponde a los descendientes del primogénito de la princesa imperial Isabel de Brasil.

 La Casa Imperial, bajo la jefatura de dom Pedro Tiago de Borbón de Orleans y Bragança mantiene una continuidad genealógica directa y no interrumpida, lo que constituye el fundamento más sólido desde el punto de vista histórico y dinástico para el ejercicio del gran maestrazgo de las órdenes imperiales. En este sentido, su posición no es meramente interpretativa, sino que se apoya en los principios clásicos del derecho sucesorio monárquico europeo.

Bajo esta perspectiva, la continuidad de la Orden de Cristo en Brasil encuentra en la  «rama de Petrópolis» no solo una línea de transmisión directa y legítima, sino también una custodia coherente de su tradición, su identidad católica y su significado histórico como institución imperial.
En la actualidad, la Orden subsiste como una institución dinástica de carácter honorífico, símbolo de la pervivencia de la tradición imperial brasileña. Lejos de ser una reliquia del pasado, representa la continuidad viva de una herencia que enlaza la espiritualidad caballeresca medieval con la historia del Brasil monárquico.

La insignia de la Orden conserva su simbolismo tradicional: la cinta es de color rojo, evocando el sacrificio y la fe, con finas franjas azul claro en los bordes para la Clase de Nobleza, mientras que en la Clase de Mérito se presenta en rojo pleno.
Los grados de la Orden, conferidos tanto a caballeros como a damas, son: Gran Cruz, Comendador/a y Caballero / Dama.

De este modo, la Imperial Orden de Nuestro Señor Jesucristo en Brasil no solo constituye un legado histórico de extraordinaria relevancia, sino que halla en Petrópolis la expresión más coherente y legítima de su continuidad dinástica, preservando fielmente los principios que la han definido desde su origen.

Para más información: https://www.brasil-imperial.org/

Riestra2026.

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miércoles, 22 de abril de 2026

ÚLTIMO E INTERESANTE ARTÍCULO DE GARCÍA-MERCADAL SOBRE LA CONCESIÓN DE PREMIOS Y DISTINCIONES OFICIALES.

 

En el volumen XXXI de Emblemata, publicación científica dedicada a la emblemática y dependiente de la «Institución Fernando el Católico», don Fernando García-Mercadal y García-Loygorri firma un artículo que, bajo el título “Política Premial: el ejercicio del poder y la concesión de honores y distinciones en la actual etapa de monarquía parlamentaria”, está llamado a suscitar un notable interés y debate.

El autor, reconocido especialista en derecho nobiliario, órdenes honoríficas y simbología institucional, aborda una cuestión poco tratada en profundidad dentro del ámbito jurídico-administrativo español: la política de concesión de honores y distinciones en el contexto de la monarquía parlamentaria instaurada tras la Constitución de 1978. Su análisis se inserta en una línea de investigación que examina el valor jurídico, simbólico y político de los sistemas premiales del Estado.

García-Mercadal sostiene que “La concesión de premios y distinciones oficiales por parte de los sucesivos gobiernos españoles en la actual etapa de monarquía parlamentaria no obedece a una política inspirada en criterios de racionalidad e interés general. Las disposiciones reguladoras promovidas desde el Palacio de la Moncloa en la materia presentan desde hace décadas una grave confusión conceptual y muchas deficiencias de técnica normativa.”

A partir de este diagnóstico, el artículo plantea la necesidad de que las distintas Administraciones Públicas articulen una política de incentivos honoríficos coherente, sistemática y eficaz. En este sentido, el autor propone la adopción de criterios objetivos, mayor claridad normativa y una adecuada jerarquización de las distinciones, con el fin de reforzar su credibilidad institucional y su función como instrumentos de reconocimiento público.

Para leer el artículo completo en formato pdf publicado en Emblemata: aquí.

Publicado por La Mesa de los Notables.