sábado, 18 de abril de 2026

CONVENIO DE COLABORACIÓN ENTRE LA FUNDACIÓN ZABALLOS Y EL INSTITUTO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS BANCES Y VALDÉS.

 

El pasado viernes 10 de abril de 2026 tuvo lugar la firma de un relevante convenio de colaboración institucional entre la Fundación Zaballos y el Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés, en la Sala Principal del Tribunal Constitucional de España, coincidiendo con el solemne acto de incorporación de nuevos académicos a dicho Instituto.

En el marco de esta ceremonia, y tras la destacada intervención del Excmo. Sr. Dr. don Juan Carlos Campo Moreno, magistrado del Tribunal Constitucional y exministro de Justicia, quien pronunció un magnífico discurso, se procedió a la firma del citado acuerdo por parte de la Iltma. Sra. Dra. doña Emilia Zaballos Pulido, en representación de la Fundación Zaballos, y el Iltmo. Sr. don  Manuel Luis Ruiz de Bucesta y Álvarez, por parte del Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés.


Este convenio tiene como objetivo principal consolidar y potenciar la cooperación cultural, académica e institucional entre ambas entidades, fomentando el desarrollo de iniciativas conjuntas de alto valor en los ámbitos de la investigación, la docencia y la difusión del conocimiento.

Entre las líneas de actuación previstas destacan:

  • La organización conjunta de cursos, seminarios, jornadas y conferencias de carácter multidisciplinar.
  • El impulso de proyectos de investigación compartidos.
  • La colaboración en actividades docentes, académicas y culturales.
  • El intercambio científico y académico entre sus miembros e instituciones asociadas.
  • El acceso y difusión compartida de publicaciones, recursos y fondos documentales.

Con la formalización de este acuerdo, ambas instituciones reafirman su compromiso con la promoción del conocimiento, la cultura jurídica e histórica, y la defensa de los valores constitucionales, consolidando una alianza estratégica orientada al progreso académico y social.

Publicado por La Mesa de los Notables.


viernes, 17 de abril de 2026

LA ORDEN DE LA CORONA DE GEORGIA: SÍMBOLO DE CONTINUIDAD DINÁSTICA Y VOCACIÓN HISTÓRICA.

 Alejandro Riestra Martínez.

Para cerrar el ciclo de entradas que hemos venido dedicando a las órdenes dinásticas vinculadas a la Casa Real de Georgia, resulta oportuno detenernos en una de las más significativas, tanto por su simbolismo como por su proyección contemporánea: la Orden de la Corona de Georgia.
Esta distinción, de creación relativamente reciente en comparación con otras órdenes tratadas en este blog, se inscribe en el contexto de la revitalización de las tradiciones monárquicas georgianas.

Instituida en el año 2009 por S.A.R. David Bagrationi, actual jefe de la Casa Real, la Orden de la Corona de Georgia se erige como una distinción moderna en su forma, pero profundamente anclada en la tradición monárquica del país. Su creación no responde a una mera voluntad honorífica, sino a una intención más elevada: recompensar a quienes, con lealtad y mérito, sirven a la causa de la identidad nacional georgiana y al ideal de restauración de la monarquía.

No fue, sin embargo, un acto espontáneo. La concepción de esta orden se remonta al año 2000, cuando el entonces jefe de la Casa, S.A.R. Jorge Bagrationi, inició una revisión del sistema premial dinástico. En aquel contexto se planteó la creación de una nueva distinción que, complementando a órdenes históricas como la Orden del Águila de Georgia, reflejara la continuidad del espíritu nacional. Aunque el proyecto quedó entonces en suspenso, sería retomado años más tarde por su hijo, quien le otorgó forma definitiva.

La Orden de la Corona de Georgia presenta una estructura deliberadamente sencilla: consta de un único grado, el de Caballero. Esta singularidad no implica una menor relevancia, sino una voluntad de preservar la pureza del reconocimiento, evitando jerarquías internas que diluyan su sentido. Su insignia, rica en simbolismo, se compone de una cruz patada esmaltada en rojo (color de la tradición georgiana) ligeramente curvada y delineada en esmalte blanco, sobre la cual se disponen la bandera nacional del país y la corona real dentro de un círculo azul, evocando la unión entre patria y legitimidad dinástica.

En el marco de las órdenes dinásticas de la Casa Real de Georgia, la Orden de la Corona ocupa un lugar específico dentro de un sistema más amplio que incluye otras distinciones de mayor antigüedad, como la Orden de la Santa Reina Tamar y la ya mencionada Orden del Águila, a las que ya hemos dedicado sendas entradas en este blog.

Conviene subrayar el peso cultural e histórico que la dinastía Bagrationi sigue manteniendo, con una resonancia significativa en los ámbitos social y eclesiástico del país. Esta relevancia se ha visto recientemente reavivada con el sermón del obispo Iobi (titular metropolitano de Urbnisi y Ruisi), quien desde el púlpito reabrió el debate monárquico en Georgia al proclamar ante los fieles y en presencia del príncipe Davit y de su hijo: «Tendremos un rey bendecido, un rey que hará grandes cosas por el futuro de Georgia».

La existencia de estas órdenes dinásticas no tiene por qué implicar poder político efectivo, sino más bien la preservación de una memoria histórica y de una identidad que trascienden las formas de gobierno.
Así, la Orden de la Corona se configura no solo como una distinción honorífica, sino como un testimonio vivo de una tradición que, lejos de extinguirse, se adapta a los tiempos sin renunciar a su esencia. En ella confluyen la simbología, la historia y la continuidad de una de las casas reales más antiguas de Europa.

En definitiva, esta distinción no es únicamente un ornamento protocolario, sino una expresión de fidelidad a un legado: el de una corona que, aunque aún hoy no se pose sobre un trono, permanece viva en la conciencia histórica de un pueblo.

Para leer el artículo sobre la Orden del Águila: aquí.
Para leer el artículo sobre la Orden de Tamar: aquí.
Para leer el artículo sobre el sermón pronunciado por el obispo Iobi: aquí.

Para saber más sobre las órdenes dinásticas de la Casa Real de Georgia: https://www.royalhouseofgeorgia.ge/

 


Publicado por La Mesa de los Notables.

jueves, 16 de abril de 2026

EL INSTITUTO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS BANCES Y VALDÉS Y LA ACADEMÍA DEL FÚTBOL ESPAÑOL RUBRICAN SU CONVENIO DE COLABORACIÓN.

 

El Presidente de la Academia del Fútbol Español, Víctor Martínez Patón, y el Presidente del Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés, Manuel Luis Ruiz de Bucesta y Álvarez, han rubricado en la sede del Tribunal Constitucional de España un convenio de colaboración entre ambas instituciones.
Este acuerdo consolida y da continuidad a la labor conjunta que ambas entidades venían desarrollando en los últimos años, fruto de la cual destacó el acto conmemorativo del Centenario de Félix Martialay, celebrado con notable éxito y participación institucional.


El convenio suscrito establece un marco de cooperación  orientado a impulsar nuevas iniciativas de carácter histórico, cultural y académico. Este esfuerzo conjunto permitirá reforzar el estudio de la historia del deporte en conexión con otras áreas del saber, como las artes y las ciencias sociales.
Con esta firma, ambas entidades reafirman su compromiso con la preservación, estudio y difusión del patrimonio histórico, consolidando una alianza estratégica que contribuirá al desarrollo cultural y académico en sus respectivos ámbitos de actuación.

Para ver el artículo publicado en la web de la Academia del Fútbol Español: aquí.
Más Información:https://www.bancesyvaldes.com/

Publicado por La Mesa de los Notables.

miércoles, 15 de abril de 2026

LA ORDEN GEORGIANA DE LA REINA TAMAR.

 Alejandro Riestra Martínez

El origen de esta orden dinástica de la Casa Real de Georgia se sitúa en el contexto convulso de la Primera Guerra Mundial.
Con el objetivo de debilitar la retaguardia rusa, el Comité Nacional Georgiano operaba en Berlín bajo la dirección del príncipe Giorgi Machabeli y Mikheil Tsereteli. En ese marco, se reclutó en 1915 una tropa compuesta por entre 1200 y 1500 hombres de procedencia georgiana (Legión Georgiana), que combatió en Transcaucasia bajo el mando del general Leo Kereselidze, figura militar y política de gran relieve que había encabezado la Unión de Tradicionalistas Georgianos durante su exilio.

Imagen de la Reina Tamar.

El arrojo de esta tropa y su disposición al combate impulsaron la creación de una condecoración: la «Insignia de la Santa Reina Tamar», instituida por la misma Legión para distinguir a aquellos georgianos que prestaban un servicio extraordinario en favor de la independencia nacional. La distinción, concebida en dos clases (civil y militar), fue diseñada por el teniente alemán Horst Schliephack, incorporando en su cinta los colores nacionales de la época: rojo y negro.

Este galardón alcanzó reconocimiento oficial en 1918, al ser adoptado por la República Democrática de Georgia como una orden al mérito. Sin embargo, su existencia fue interrumpida por la llegada del régimen comunista. La memoria de esta institución, no obstante, perduró, hasta que fue restaurada por S.A.R. el Príncipe Irakly a petición de la Unión de Georgianos Tradicionalistas. Con el consentimiento de su padre, S.A.R. Giorgi XIII, el príncipe asumió el Gran Maestrazgo, devolviendo a la Orden su carácter y dignidad. En esta nueva etapa, la Orden trascendió las fronteras de Georgia, siendo concedida a miembros destacados de la diáspora georgiana y a figuras de la realeza europea. 

Imagen impresa de la época: miembros de la Legión Gerogiana.

Tras el fallecimiento del Príncipe Irakly, su hijo, S.A.R. Giorgi XIII, optó por no continuar las concesiones, manteniendo la Orden en un estado de inactividad por razones de discreción, aunque preservando su legado simbólico dentro del patrimonio dinástico.
En tiempos recientes, y como continuidad de esta herencia histórica, S.A.R. el Príncipe Davit Bagrationi decidió reincorporar la Orden al patrimonio ecuestre de la Casa Real de Georgia, dotándola de una nueva Carta Constitucional y reactivando su función como instrumento de reconocimiento y honor.
La Orden se establece en la actualidad con los siguientes grados: Gran Collar (Caballero o Dama), Senador (Caballero o Dama) y Caballero/Dama.

El nombre de la misma rinde homenaje a la reina Tamar, una de las figuras más emblemáticas de la historia de Georgia. Nacida en 1160, hija del rey Giorgi III y de la princesa Burdukhan, su juventud estuvo marcada por intrigas y rebeliones nobiliarias que intentaron cuestionar la sucesión. Tras la firme respuesta de su padre y su preparación como corregente en 1178, Tamar ascendió al trono en 1184 en la catedral de Gelati, cerca de Kutaisi.

Placa de la Orden (Condecoralia Artesanos)

Su reinado se enfrentó inicialmente con la oposición de la nobleza, pero logró consolidar su autoridad gracias a su determinación y al apoyo de figuras clave como la reina Rusudani y el Patriarca Catholicos Miguel IV. Su primer matrimonio, forzado por razones políticas con el príncipe Giorgi Bobolyuski, resultó fallido, lo que la llevó a buscar alianzas más sólidas con nobles leales, especialmente la familia Mkhargrdzeli.

En 1187 se divorció y se casó con el príncipe Davit Soslan, un líder militar decisivo en sus victorias. Bajo su gobierno, el reino de Georgia alcanzó su mayor expansión, logrando importantes triunfos militares, como la derrota del Atabeg de Azerbaiyán Abu Bakar y la victoria en la batalla de Basiani (1204) contra Solimán II, sultán de Rum, tras su firme negativa a abandonar el cristianismo.
La política exterior de Tamar se extendió incluso al apoyo del recién fundado Imperio de Trebisonda, con el que mantenía vínculos dinásticos, consolidando así la influencia georgiana en la región. En 1206, la expansión territorial era un hecho incontestable.

Este periodo coincide con la célebre Edad de Oro georgiana, caracterizada por un extraordinario florecimiento cultural y político. Tamar ostentaba títulos de una solemnidad sin precedentes: “Por la gracia de Dios, Reina de Reyes, Reina de las Reinas de los Abhakazianos, Armenios, Kakhetianos y Kartalianos, Autócrata de todo Oriente y Occidente, Gloria del Mundo y de la Fe, Campeona del Señor”.
Falleció en 1213, siendo sucedida por su hijo Giorgi. La Iglesia Ortodoxa la canonizó, reconociendo en ella virtudes excepcionales: humildad, sabiduría, religiosidad, amor al prójimo y firmeza de carácter. También destacó por su implicación en la vida eclesiástica, convocando un concilio para restablecer el orden y combatir la corrupción que había afectado a ciertos líderes religiosos.
Su legado trasciende la historia política: La Santa Reina Tamar es considerada una de las principales arquitectas de la identidad nacional georgiana, cuya influencia perdura hasta nuestros días.

Así, esta Orden conjuga el valor militar y el compromiso político en tiempos de guerra, con la historia y la continuidad simbólica de la monarquía georgiana, preservando en su esencia el espíritu de una reina que encarnó el esplendor de toda una nación.

Para saber más sobre las órdenes dinásticas de la Casa Real de Georgia: https://www.royalhouseofgeorgia.ge/

Publicado por La Mesa de los Notables.


martes, 14 de abril de 2026

NÚMERO II DE LA REVISTA TAZMÍA, DE LA SOCIEDAD TOLEDANA DE ESTUDIOS HERÁLDICOS Y GENEALÓGICOS.

 

La Sociedad Toledana de Estudios Heráldicos y Genealógicos (STEHG) ha presentado el número II de su revista científica Tazmía, una publicación especializada en heráldica, genealogía, nobiliaria y disciplinas emblemáticas que consolida su posición como referente en el ámbito de los estudios históricos y simbólicos.
Este nuevo número reúne un conjunto de trabajos de investigación que abordan, desde diversas perspectivas, el estudio del patrimonio heráldico, la historia de los linajes, la documentación nobiliaria y la simbología territorial, con especial atención al ámbito toledano y castellano-manchego, sin renunciar a una proyección nacional.

Entre sus contenidos destacan estudios sobre colecciones museísticas vinculadas a la nobleza, análisis de heráldica territorial, investigaciones genealógicas de linajes históricos y trabajos centrados en documentación de hidalguía y patrimonio conventual, configurando un volumen de gran riqueza científica.
Asimismo, la publicación incluye el discurso de ingreso del Dr. Antonio Casado Poyales, dedicado al escudo de la antigua Universidad de Toledo y a la pervivencia de la iconografía de Santa Catalina, así como las memorias de los cursos académicos recientes de la Sociedad, que reflejan la intensa actividad institucional desarrollada en los últimos años.

La presentación de este número se enmarca en el contexto de la próxima conmemoración del 45 aniversario de la STEHG (1981–2026), efeméride que pone en valor más de cuatro décadas de trayectoria dedicadas a la investigación, conservación y difusión del patrimonio emblemático.
El presidente de la Sociedad, José María San Román Cutanda, ha destacado que Tazmía continúa con la vocación de convertirse en un espacio de referencia para el estudio de la emblemática, entendida como una herramienta fundamental para comprender nuestra historia, nuestras instituciones y nuestra identidad colectiva”.
La STEHG reafirma así su compromiso con la difusión del conocimiento y con el impulso de proyectos culturales que contribuyan al estudio y valorización del patrimonio histórico. Desde hoy, se abre el plazo de recepción de originales para el número III de la revista, que se cerrará el día treinta de noviembre de 2026.

Para consultar la revista, pinche aquí.



Publicado por La Mesa de los Notables.

lunes, 13 de abril de 2026

EL CABILDO DE CABALLEROS DE CUENCA INCORPORA EN SUS FILAS AL CONDE EDME DE VILLAINES.

Leído en Prensa. 

El pasado Viernes Santo de este 2026, el Muy Ilustre Cabildo de Caballeros de Cuenca celebró su Capítulo General con la incorporación de un nuevo caballero. En esta ocasión se trataba del conde francés Edme de Villaines, quien pasó a formar parte de la institución en un acto solemne cargado de tradición.

La ceremonia de juramento e imposición del manto tuvo lugar en la «Capilla Honda» y estuvo presidida por el maestre del Cabildo, don Alberto Muro y Castillo. El nuevo capitular fue apadrinado por don Diego Fernández de Córdova y Cerveró y por don Pedro Álvarez de Toledo y Martín de Peralta, en un acto que contó también con la presencia de distintas corporaciones nobiliarias españolas. La celebración litúrgica fue dirigida por el prior del Cabildo, don Miguel Ángel Albares y Albares.

La jornada estuvo marcada por distintos momentos de convivencia y tradición. Antes del acto de nombramiento, los miembros del Cabildo participaron en una comida de hermandad y en los Santos Oficios celebrados en la Catedral de Cuenca por el obispo don José María Yanguas. Asimismo, en la Sala Capitular se dio lectura a las actas correspondientes a las últimas sesiones internas de la institución.

Tras la ceremonia, los caballeros participaron en la tradicional procesión del Santo Entierro, uno de los momentos más destacados de la Semana Santa conquense. En ella desfilaron las imágenes del Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz, ambas pertenecientes al Cabildo, que fueron trasladadas desde la Catedral hasta la iglesia de El Salvador acompañadas por capitulares y representantes de otras corporaciones.

Como es habitual, la procesión contó con una amplia presencia institucional, tanto civil como militar, además de la participación de la Guardia Civil en las labores de custodia. Numerosos fieles y miembros de cofradías y hermandades de la ciudad se congregaron para recibir a las imágenes en su llegada a la parroquia de El Salvador, en un momento especialmente emotivo.

El Cabildo ha querido destacar, un año más, el buen desarrollo de la procesión y ha mostrado su agradecimiento a todas las personas e instituciones que han contribuido a que el Santo Entierro se celebre con el brillo y la solemnidad que lo caracterizan.

Fuente: Voces de Cuenca (https://www.vocesdecuenca.com)



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domingo, 12 de abril de 2026

EL INSTITUTO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS BANCES Y VALDÉS INCORPORA NUEVAS VOCES EN UNA CEREMONIA MARCADA POR LA MEMORIA, EL DERECHO Y EL HUMANISMO.

 Riestra2026.

La Sala de Vistas del Tribunal Constitucional, espacio donde la ley se pronuncia con vocación de permanencia, acogió en la tarde de ayer un acto distinto, aunque no menos trascendente: la incorporación de nuevos académicos al Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés. Bajo la solemnidad de sus muros, la ceremonia adquirió un tono casi simbólico, como si el pasado y el presente del pensamiento jurídico y humanístico se diesen cita en un mismo instante.

Los nuevos académicos, junto a la presidencia.

Presidido por don Manuel Luis Ruiz de Bucesta, acompañado por doña Carolina Rius Alarcó, magistrada de la Audiencia Nacional y  el teniente general don Rubén García Servet, el acto se desarrolló con la cadencia de los rituales que no necesitan alardes. En lugar preferente, los nuevos académicos don Juan Carlos Campo Moreno, don Carmelo Nvono-Ncá, don Christian Duverger, doña Pilar María de Vicente y Trapiello, doña Concepción de Rueda y Escardó, doña Virtudes Azpitarte García, don Daniel San Martín Viscasillas y don Bartolomé Ribas Ozonas encarnaban, cada uno desde su disciplina, una forma distinta de entender el conocimiento: la historia, la diplomacia, la empresa, la ciencia o el derecho como lenguajes complementarios de una misma aspiración.

Pero fue la palabra la que terminó por dar profundidad al encuentro.

En su discurso de ingreso, don Juan Carlos Campo no se limitó a evocar el pasado: lo convocó. Desde la tribuna, trazó una línea invisible, y sin embargo firme, entre la Constitución de Cádiz de 1812 y la Constitución española de 1978, como si ambas dialogaran a través del tiempo. En ese diálogo, las voces de Agustín de Argüelles y Gaspar Melchor de Jovellanos emergieron no como figuras estáticas de los libros, sino como presencias vivas, arquitectos de una idea de España fundada en la libertad, la ley y la razón.

Una parte del público asistente.

Cádiz apareció entonces no solo como un lugar, sino como un origen: el instante en que la nación empezó a pensarse a sí misma en términos de derechos, de soberanía compartida, de futuro posible. Y en ese hilo que une siglos, el magistrado recordó que las leyes (cuando son justas) no solo ordenan, sino que aspiran a algo más alto: la felicidad de los pueblos.

La réplica de don Víctor Martínez Patón devolvió el eco de esas palabras con una reflexión serena sobre el equilibrio entre derechos y responsabilidades, como si el discurso iniciado encontrara en ella su contrapunto necesario.

Así, entre intervenciones, aplausos y silencios, entre memoria y presente, el acto fue revelándose como algo más que una ceremonia académica. Fue, en cierto modo, una afirmación colectiva: la de que el conocimiento no es estático, que se transmite, se renueva y se encarna en quienes lo cultivan.
Con la incorporación de estos nuevos académicos, el Instituto no solo suma nombres ilustres; prolonga una tradición. Una tradición que entiende la historia no como un refugio, sino como una herramienta para comprender el presente y orientar el porvenir.

Más Información: https://www.bancesyvaldes.com/


Publicado por La Mesa de los Notables.