domingo, 12 de julio de 2026

LA CRUZ DE OVIEDO.

Riestra2026. 

Hay piezas que inequívocamente son obras de arte, otras que son vehículos de la historia y han sabido desafiar al tiempo. La Cruz de los Ángeles podemos afirmar, sin ambages, que es ambas cosas. Desde hace más de doce siglos permanece custodiada en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, no sólo como una de las obras cumbre de la orfebrería altomedieval europea, sino también como el testimonio material de una idea política, religiosa y cultural que marcaría para siempre la identidad del antiguo Reino de Asturias.

La pieza fue ofrecida por el rey Alfonso II el Casto a la iglesia de San Salvador de Oviedo en el año 808, dato que no procede de una tradición posterior, sino de la propia inscripción latina grabada en el reverso de la cruz. Esa inscripción, en si misma, constituye una de las referencias más valiosas del arte medieval hispánico, pues identifica al donante y fija con precisión la fecha de la ofrenda.

La Cruz de los Ángeles responde al modelo de cruz griega, con los brazos ensanchados hacia los extremos. Su estructura interior es de madera, revestida con láminas de oro y enriquecida mediante filigrana, perlas, camafeos y piedras preciosas, muchas de ellas procedentes de entalles romanos reutilizados. La calidad técnica de la obra sitúa a los talleres vinculados a la corte asturiana entre los más refinados de la Europa de comienzos del siglo IX.

Alrededor de esta cruz nació una de las leyendas más conocidas del patrimonio asturiano. Según la tradición, dos jóvenes desconocidos se presentaron en la corte cuando el rey buscaba orfebres capaces de ejecutar una cruz digna de la sede ovetense. Después de desaparecer misteriosamente, dejaron terminada la obra, lo que dio origen a la creencia de que aquellos artesanos eran en realidad ángeles enviados por Dios. Sin embargo, la investigación histórica contemporánea considera este relato una elaboración legendaria surgida siglos después, sin ningún valor como prueba documental del origen de la pieza.

Más allá de la leyenda, la cruz posee un significado histórico de enorme profundidad. Alfonso II convirtió la cruz en el emblema visible de la nueva monarquía asturiana, haciendo de Oviedo el centro político y religioso de su reino. No fue una decisión aislada. Las grandes cruces votivas ofrecidas por los reyes asturianos (la Cruz de los Ángeles en 808, la cruz donada a Compostela por Alfonso III y, finalmente, la Cruz de la Victoria en 908) forman parte de un mismo programa simbólico destinado a expresar la legitimidad de la monarquía cristiana.

Por ello, la Cruz de los Ángeles nunca fue únicamente una joya litúrgica. Era un signo de protección divina, de autoridad regia y de continuidad institucional. Su propia inscripción concluye con una fórmula que resume esa concepción del poder: «Con este signo es protegido el piadoso; con este signo es vencido el enemigo».


Esta dimensión simbólica explica también su estrecha relación con la nobleza asturiana. Los linajes del antiguo Principado desarrollaron su identidad bajo el amparo de aquella monarquía nacida en las montañas cantábricas. Aunque las armas de cada familia respondieran a historias particulares, la cruz se convirtió en un lenguaje común de fidelidad, servicio y memoria. No es casual que numerosas casas nobiliarias incorporasen diferentes tipos de cruces a sus escudos, ni que la propia ciudad de Oviedo adoptara la Cruz de los Ángeles como su emblema permanente.

La cruz patada, como la que nos ocupa, fue uno de los muebles heráldicos de mayor difusión entre numerosos linajes, concejos y poblaciones del norte de la Península desde la Edad Media hasta la actualidad. Su presencia refleja la importancia que este símbolo concreto adquirió como emblema de la identidad cristiana y caballeresca, especialmente en un territorio donde esta cruz y, posteriormente, la Cruz de la Victoria llegaron a convertirse en los iconos por excelencia de todo un reino. Aunque no puede afirmarse documentalmente que todas estas cruces constituyan una representación directa de la Cruz de los Ángeles, resulta evidente que participan del mismo universo simbólico que ésta inauguró en el imaginario político y religioso asturiano.

La repetición de varias cruces dentro de un mismo escudo constituye, además, un recurso frecuente de la heráldica. Diversos autores han señalado que, en la tradición simbólica europea, los números poseían un valor que trascendía el mero aspecto decorativo, si bien la interpretación concreta de cada composición depende del contexto de cada linaje y rara vez puede demostrarse mediante documentación contemporánea. Según la tradición, la disposición y el número de las cruces respondería precisamente a esa voluntad simbólica, otorgando al número un significado especial que hunde sus raíces en antiguas concepciones filosóficas y místicas.

Existe, sin embargo, un vínculo que trasciende las figuras concretas del blasón. Del mismo modo que la Cruz de los Ángeles no fue concebida como un simple objeto precioso, sino como la representación visible de una comunidad política y espiritual, el escudo de armas tampoco es un adorno. Es la expresión condensada de una memoria familiar. La una pertenece al patrimonio de un reino; el otro, al patrimonio de un linaje. Ambos hablan el mismo lenguaje simbólico, el de la continuidad entre generaciones y la representación de un territorio donde se asentaron.

Esta cruz conoció también momentos de tensión. En 1934 la Cámara Santa sufrió graves daños durante la Revolución de Asturias, y en 1977 la cruz fue robada junto con otras piezas del tesoro catedralicio. Tras su recuperación hubo de ser cuidadosamente restaurada. Estos episodios recuerdan hasta qué punto el patrimonio histórico constituye una herencia frágil que cada generación recibe con la obligación de conservar.

Hoy, más de mil doscientos años después de que Alfonso II depositara su ofrenda en San Salvador de Oviedo, la Cruz de los Ángeles continúa siendo el símbolo histórico de la ciudad y una de las obras fundamentales del prerrománico asturiano. En ella convergen la fe, el arte, la monarquía y la memoria de Asturias. Y cuando un escudo de armas conserva la presencia de la cruz como uno de sus elementos principales, no evoca necesariamente una filiación concreta con aquella joya regia, pero sí participa, como ya hemos señalado, de un mismo universo simbólico que desde los días del antiguo reino ha formado parte inseparable de la identidad histórica de Asturias.

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Publicado por La Mesa de los Notables.

sábado, 11 de julio de 2026

¿TUVO IFNI SU PROPIA GUARDIA CIVIL, COMO UNIDAD TOTALMENTE AUTÓNOMA, DURANTE LA ADMINISTRACIÓN ESPAÑOLA? (RESPONDEMOS A UN LECTOR).

 Riestra2026.

Hay capítulos de la historia de España que permanecen en un discreto segundo plano, eclipsados por acontecimientos de mayor difusión o por el paso del tiempo. Uno de ellos es, sin duda, el de la Guardia Civil de Ifni, una Unidad prácticamente desconocida para muchos españoles, incluso para quienes sienten interés por la historia militar o por la propia trayectoria de la Benemérita. Precisamente este artículo nace como respuesta a un lector de nuestro blog que nos preguntaba por “aquella Guardia Civil perteneciente al territorio de Ifni”, convencido de que merecía un espacio en nuestra memoria colectiva.

La pregunta no es menor. Durante décadas, miles de guardias civiles sirvieron en un territorio español situado en la costa atlántica africana, desempeñando funciones de seguridad, vigilancia y mantenimiento del orden en un escenario complejo por su geografía, su diversidad tribal y, especialmente, por la evolución política del norte de África durante el siglo XX.

La presencia efectiva de España en Ifni comenzó en 1934, aunque los derechos españoles sobre el territorio se remontaban al Tratado de Wad-Ras, firmado en 1860 tras la Guerra de África. Ese mismo año, el 11 de junio de 1934, el Gobierno de la Segunda República organizó oficialmente la administración del territorio y dispuso la creación de la Guardia Civil de Ifni como elemento esencial para garantizar el orden público y la seguridad. La jefatura y la plana mayor quedaron establecidas en Sidi Ifni, capital del territorio.

La organización reprodujo, en buena medida, el modelo existente en la Península. Conforme se fue formando personal indígena para el servicio, se desplegaron trece puestos repartidos por todo el territorio: Sidi Ifni, Sidi-Uarsak, Sidi-Borya, Hachz de Bifurna, Tenin de Ait-Izihur, Togunfel, Ait-Talaten, Id-Aixa, Tiliuin, Uggu, Sidi-Yennun, Arosi y Asaka. Aquella distribución permitía cubrir prácticamente toda la demarcación mediante un sistema de vigilancia permanente.

Una de las características más singulares de aquella Guardia Civil fue su composición. Junto a guardias civiles procedentes de la Península prestaban servicio numerosos integrantes de origen autóctono, muchos de ellos procedentes de las Fuerzas Regulares Indígenas y de las Mehal-las Jalifianas. Bajo el mando de oficiales de la Guardia Civil procedentes de la Península, esta combinación de personal europeo y nativo permitió adaptar el servicio a las particularidades sociales y geográficas del territorio.

Imágenes: http://www.coleccionguardiacivilagb.com/

El uniforme de la Guardia Civil de Ifni seguía, en líneas generales, la reglamentación del Instituto, aunque incorporaba algunos elementos propios adaptados al servicio en el territorio africano. Su elemento más característico era su distintivo reglamentario: una estrella de cinco puntas superpuesta sobre una media luna, ambas de metal dorado, aprobada por la Orden Circular de 28 de agosto de 1934. Esta insignia se lucía en el cuello de la guerrera, bajo el emblema del Cuerpo, y también, algunas veces, en la parte frontal de la gorra de plato, convirtiéndose en el rasgo más identificativo de aquellos guardias con base en los territorios que componían Ifni. El resto del uniforme respondía a criterios eminentemente prácticos, con prendas adaptadas en su colorido y textura al clima cálido y seco del territorio, sin perder la sobriedad y el porte característicos que la Guardia Civil ha conservado a lo largo de su historia. Aquella sencilla estrella sobre una media luna terminó convirtiéndose en uno de los emblemas más singulares y hoy menos conocidos de la historia del Instituto.

La historia de esta "Unidad" fue, sin embargo, relativamente breve. La Guardia Civil de Ifni, concebida como una organización específica para el territorio, permaneció en activo entre 1934 y 1937, apenas tres años en los que sentó las bases de la seguridad y el orden público en la entonces posesión española. Su desaparición como "Comandancia autónoma" no supuso el final de la presencia del Instituto en aquellas tierras. Dependiendo orgánica y funcionalmente de la Comandancia de Ceuta, los guardias civiles continuaron prestando servicio en Ifni durante toda la administración española del territorio, participando en su vida cotidiana y, años después, afrontando también los difíciles acontecimientos de la Guerra de Ifni.

Durante las dos décadas posteriores la Guardia Civil desarrolló una labor  alejada de los grandes titulares: patrullas, custodia de poblaciones, protección de caminos, persecución del bandolerismo indígena y colaboración con la administración territorial. Sin embargo, aquella relativa estabilidad se quebró en noviembre de 1957.

El 23 de noviembre de ese mismo año, siendo Ifni ya provincia española de pleno derecho, comenzaron los ataques del denominado "Ejército de Liberación Marroquí" contra diversos puestos españoles, dando inicio a la conocida como Guerra de Ifni. Numerosos destacamentos de la Guardia Civil quedaron aislados y soportaron asedios durante semanas en condiciones extremadamente difíciles. La actuación de sus componentes quedó integrada en la defensa general del territorio junto al Ejército, la Legión, los Tiradores de Ifni y otras unidades españolas allí destacadas.
Entre los episodios más recordados figura el cautiverio del cabo primero don Juan Rubio Martos, comandante del puesto fronterizo de Tabelcut, capturado junto con su esposa e hijos. Permanecieron prisioneros durante aproximadamente año y medio hasta su liberación el 6 de mayo de 1959, un hecho que refleja la dureza humana de aquel conflicto más allá de las operaciones militares.

Tras los acuerdos posteriores a la guerra, España cedió a Marruecos la franja de Cabo Juby en 1958, aunque conservó Ifni durante algunos años más. Finalmente, el territorio fue entregado a Marruecos en 1969, poniendo fin a treinta y cinco años de presencia de la Guardia Civil en aquella tierra africana

Hoy apenas quedan ya vestigios materiales, tanto de aquella primitiva institución (que tan solo sobrevivió tres años) como de la posterior fuerza destacada en el territorio durante los años 1937 a 1969, pero sí permanece el recuerdo de quienes sirvieron en condiciones difíciles y, en muchos casos, alejados de sus familias y de la propia Península. La Guardia Civil de Ifni constituye una página poco conocida de la historia militar española, no porque carezca de importancia, sino porque el paso del tiempo la ha ido relegando a un lugar discreto en la memoria colectiva.

Responder a nuestro lector, y supongo que en adelante también amigo, ha supuesto  rescatar una historia que merece ser recordada sin exageraciones ni silencios interesados. Porque conocer la existencia de esta Unidad es comprender una parte de la presencia española en África, de la evolución del Instituto y de un periodo histórico que, aunque poco recordado, forma parte del patrimonio común de nuestra historia.

Riestra2026.

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viernes, 10 de julio de 2026

LA «PIEZA METÁLICA QUE CUELGA DEL CUELLO» DE ALGUNOS OFICIALES DEL EJÉRCITO ESPAÑOL (RESPONDEMOS A UN LECTOR).

Riestra2026. 

Hace unos días, un lector de nuestro blog nos envió por mail una curiosa consulta. Había observado a un oficial de Infantería de Marina luciendo, sobre el pecho y suspendida del cuello, una pequeña pieza metálica de aspecto antiguo. Sabía que formaba parte del uniforme, pero desconocía su nombre y, sobre todo, su significado y uso. Aquella insignia a la que se refería era una gola, una de las piezas con mayor carga histórica de la uniformidad militar española.

Aunque no es un elemento exclusivamente español, su pregunta nos pareció una magnífica excusa para profundizar en una pieza que suele pasar desapercibida para la mayoría, pero que atesora varios siglos de historia. Desde su origen como elemento defensivo de las armaduras medievales hasta su actual uso ceremonial en unidades como la Academia General Militar de Zaragoza, el Cuerpo General de la Aramada, la Infantería de Marina o la Guardia Real; la gola ha sobrevivido a la desaparición de las corazas, a las sucesivas reformas de la uniformidad militar y a la propia evolución de los ejércitos. A grandes rasgos, esta es su historia.

Gola de Oficial de la Casa Real Española.


DEL ACERO DE LA ARMADURA AL SÍMBOLO DEL MANDO.

Hay prendas militares cuya historia resulta evidente. El casco, la espada, y el uniforme han evolucionado sin perder nunca su función principal. La gola, en cambio, siguió un camino muy distinto. Nació como una pieza de la armadura destinada a proteger la garganta y terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles de la autoridad militar. Aunque muchos la consideran una reliquia del pasado, continúa formando parte de la uniformidad ceremonial española.

El origen de esta pieza se encuentra en el gorjal o gorguera metálica que protegía el cuello de los hombres de armas durante los siglos XIV, XV y XVI. Integrada en la armadura, esta pieza unía el casco con el peto y protegía una de las partes más vulnerables del cuerpo frente a tajos y estocadas.
La progresiva generalización de las armas de fuego hizo que las armaduras fueran perdiendo utilidad. Entre los siglos XVII y XVIII desaparecieron la mayoría de sus componentes, pero el gorjal sobrevivió. Ya no era una pieza defensiva: reducido a una placa metálica de forma semicircular, suspendida del cuello mediante una cinta o una cadena, pasó a convertirse en un distintivo reservado a los oficiales.
España no fue una excepción. Como ocurrió en otros ejércitos europeos, la antigua protección del cuello evolucionó hasta convertirse en una insignia de mando.

Diferentes gorjales

En un tiempo en la que aún no existían las divisas modernas sobre hombreras o bocamangas, la gola permitía identificar de inmediato a quien ejercía el mando. Su presencia indicaba que su portador ostentaba autoridad delegada por el Rey.

Las piezas conservadas en el Museo del Ejército muestran golas realizadas en metal dorado o plateado, normalmente decoradas con las armas reales o con la cifra del monarca reinante. Más que un simple adorno, constituían un símbolo visible de la condición de oficial.

Las Reales Ordenanzas de Carlos III de 1768, que reorganizaron profundamente el Ejército español, consolidaron una uniformidad cada vez más reglamentada, este texto regula por primera vez en España el uso de la gola para los rangos comprendidos entre coronel y alférez que estuvieran en servicio de armas. En esta etapa es cuando las golas pasan de ser de metal liso a llevar grabados o resaltados diferentes escudos e inscripciones como por ejemplo las iniciales del rey o los símbolos nacionales o del regimiento. 

Durante el siglo XIX la uniformidad militar experimentó una profunda transformación. Las charreteras, galones y las nuevas divisas hicieron innecesaria la antigua gola como sistema de identificación del empleo.
Su desaparición, sin embargo, no fue inmediata. Durante décadas continuó utilizándose en determinados actos y servicios, mientras perdía protagonismo frente a los nuevos distintivos reglamentarios.
A finales del siglo XIX la gola había dejado de ser una prenda de uso general, pero conservaba un importante valor simbólico. Representaba la continuidad histórica del cuerpo de oficiales y recordaba el origen caballeresco de la profesión militar.

En la actualidad, lejos de desaparecer, la gola ha llegado hasta nuestros días como parte de la uniformidad histórica y ceremonial.
La Guardia Real mantiene su uso en determinados uniformes históricos de gala, donde los oficiales lucen una gola dorada con el escudo de la Casa de S. M. el Rey, recuperando una tradición que hunde sus raíces en los siglos XVII y XVIII. Del mismo modo la Academia General Militar de Zaragoza la mantiene en su unifórme de época para los empleos de capitán hasta coronel, con el escudo de la AGM; el Cuerpo General de la Armada la mantiene en determinados servicios y actos, dando una indudable vistosidad a los uniformes.

También la Infantería de Marina, el cuerpo más antiguo del mundo en activo, conserva la gola en determinadas modalidades de uniforme histórico y de representación, especialmente vinculadas a actos solemnes y ceremonias militares.

Arriba:Gola de oficial de la Armada. Abajo Gola de Oficial de la Guardia Real.

Esta continuidad no responde únicamente a criterios estéticos. La gola forma parte del patrimonio histórico de las Fuerzas Armadas españolas y simboliza la permanencia de tradiciones que han sobrevivido a profundos cambios políticos, tecnológicos y organizativos.
La vigente Orden DEF/114/2025, por la que se aprueban las normas de uniformidad de las Fuerzas Armadas, mantiene la gola entre los complementos reglamentarios para el personal y las modalidades de uniforme en que corresponda, lo que demuestra que sigue siendo una pieza oficialmente reconocida dentro de la uniformidad militar española de diversos Cuerpos.

Puede parecer un detalle menor dentro del uniforme, pero esta pieza resume casi cinco siglos de historia militar. En una profesión marcada por la constante evolución de las armas, las tácticas y la tecnología, donde los uniformes han cambiado una y otra vez para adaptarse a las exigencias de cada época, son muy pocas las prendas capaces de atravesar los siglos sin perder su significado. La gola es una de ellas. Nacida como una pieza de acero destinada a proteger la garganta del combatiente, supo reinventarse cuando las armaduras y arneses desaparecieron de los campos de batalla y encontró una nueva razón de ser como símbolo de autoridad, mando y tradición. 

Hoy ya no resguarda a quien la porta, pero continúa ocupando un lugar preeminente en la uniformidad ceremonial de las Fuerzas Armadas españolas. Su presencia recuerda que la historia militar no solo se conserva en los archivos o en los museos, sino también en aquellos pequeños detalles que han sobrevivido al paso del tiempo y que siguen transmitiendo, generación tras generación, el legado, los valores y la identidad de quienes vestimos uniforme.

Riestra2026.

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jueves, 9 de julio de 2026

LA VANIDAD DE GOLIAT Y LA PACIENCIA DE DAVID.

 Riestra2026.

Existe una convicción ampliamente extendida entre algunos autores dedicados a disciplinas altamente especializadas: la de que la relevancia de un trabajo depende, en gran medida, del prestigio y la notoriedad del medio que lo publica. Esta misma lógica se hace extensiva a quienes promocionan, a través de esos mismos medios, las actividades impulsadas por sus asociaciones, instituciones o propiamente suyas, con la esperanza de que estas se vean revestidas del prestigio que atribuyen al canal de difusión. Bajo esta premisa, no son pocos los que aspiran a ver sus artículos estampados en las páginas de grandes periódicos, revistas generalistas o suplementos culturales de amplia circulación, persuadidos de que ello les garantizará un mayor número de lectores, una influencia más amplia y, en definitiva, un reconocimiento superior.

Sin embargo, la realidad en determinadas temáticas demuestra justamente lo contrario.

Quienes seguimos ámbitos tan específicos como la heráldica, la genealogía, la nobiliaria, el derecho premial o la historia institucional sabemos que el verdadero lector de estas materias no se encuentra, por lo general, entre el público masivo de la prensa generalista. La experiencia cotidiana y la propia lógica de la especialización indican que el interés por estas disciplinas reside fundamentalmente en comunidades concretas de investigadores, estudiosos, coleccionistas y aficionados con cierto nivel, que buscan deliberadamente contenidos especializados y acuden a los lugares donde estos se publican.

Resulta revelador comprobar cómo artículos de notable erudición publicados en medios de gran difusión pasan completamente inadvertidos para la inmensa mayoría de sus lectores habituales. No es extraño preguntar a quienes consumen regularmente esas publicaciones si han leído determinado trabajo sobre heráldica, órdenes honoríficas o derecho nobiliario y recibir, invariablemente, la respuesta de que desconocían incluso su existencia. No porque el artículo carezca de calidad, sino porque simplemente no forma parte de sus intereses.

Paradójicamente, esos mismos trabajos alcanzan una difusión mucho más significativa cuando son reproducidos, citados o comentados por revistas especializadas, páginas web temáticas, blogs o publicaciones dependientes de asociaciones dedicadas a esas materias concretas. Es entonces cuando el artículo encuentra a su verdadero público: aquel que no solo lo lee, sino que además lo estudia, lo discute y lo incorpora a su propio trabajo intelectual en muchas ocasiones.

La aparente debilidad de estos medios especializados (carentes la mayoría de las veces de presupuesto), su limitada capacidad de promoción o su discreta presencia pública constituye, en realidad, una de sus principales fortalezas. Al dirigirse a un tipo de lector perfectamente definido, logran una eficacia comunicativa que muchas publicaciones generalistas, pese a su enorme difusión, difícilmente pueden alcanzar en ámbitos de conocimiento tan específicos.

La vieja metáfora bíblica vuelve así a adquirir plena vigencia. También en el mundo de la difusión cultural o científica, David continúa derrotando a Goliat. La autoridad real de una publicación no siempre reside en el tamaño de su audiencia, sino en la calidad y pertinencia de quienes la integran. Sin embargo, todavía hay quienes continúan persiguiendo el prestigio nominal de determinadas cabeceras, aunque sus textos apenas sean leídos por el público al que verdaderamente pretenden dirigirse.

Porque, al final, la cuestión esencial no es dónde se publica un artículo, sino quién lo lee.

Riestra2026.

Publicado por La Mesa de los Notables.


miércoles, 8 de julio de 2026

EL PALACIO DE HERNANDO DE OVANDO: CINCO SIGLOS DE HISTORIA VIVA TRAS UNA FACHADA RENACENTISTA.

Pilar de Vicente. 

El casco antiguo de Cáceres es un laberinto de piedra donde el tiempo parece haberse detenido. Al pasear por la emblemática plaza de Santa María, es inevitable detener la mirada en las imponentes fachadas de los palacios medievales y renacentistas que la custodian. Sin embargo, hay un edificio que destaca no solo por su belleza exterior, sino por el extraordinario tesoro que guarda de puertas hacia dentro: el Palacio de Hernando de Ovando.

Mientras que la mayoría de los inmuebles históricos de la ciudad han acabado convertidos en museos, hoteles o sedes institucionales, este palacio presume de un hito excepcional: sigue perteneciendo a la misma línea familiar que lo fundó hace quinientos años.


Un linaje ligado al Nuevo Mundo.

El origen del palacio nos traslada a los primeros años del siglo XVI. Fue mandado levantar por don Hernando de Ovando y su esposa, doña Mencía de Ulloa. La importancia de este apellido en la época era mayúscula. Hernando era hermano de Nicolás de Ovando, una figura clave en la cronología hispánica al convertirse en el primer gobernador de las Indias tras el convulso mandato de Cristóbal Colón.

Esta posición de poder y cercanía con los Reyes Católicos quedó inmortalizada en la propia arquitectura; en la portada renacentista de la plaza de Santa María, aún pueden apreciarse los dos medallones con los rostros esculpidos de los fundadores.

Arquitectura concebida "hacia dentro".

El palacio se organiza en torno a un bellísimo patio rectangular de dos alturas, adornado con arcos, elegantes columnas, galerías y una frondosa vegetación.

Esta disposición responde a la filosofía constructiva de la nobleza extremeña de la época: palacios volcados hacia su propio centro, buscando la intimidad, la luz interior y la protección frente al exterior. Desde este patio se distribuyen las estancias que componen la vivienda:
Salones señoriales: Espacios que conservan tapices, lámparas de época y mobiliario original acumulado por generaciones.
Bibliotecas y corredores: Auténticas cápsulas del tiempo donde se alinean retratos de antepasados.

A diferencia de un monumento vacío, aquí la historia convive con la cotidianidad. Salvo la lógica modernización de los cuartos de baño, la estructura apenas ha sufrido alteraciones en medio milenio.

El Archivo de los Condes de Canilleros: el corazón documental de Cáceres.

Más allá de la riqueza arquitectónica, el palacio custodia una joya de incalculable valor para los investigadores y amantes de la historia: el Archivo de los Condes de Canilleros.
Custodiado en estanterías, este archivo privado alberga legajos, libros de herencias, mayorazgos y testamentos indispensables para entender el pasado socioeconómico de Extremadura. Entre sus fondos más espectaculares se encuentran cartas firmadas de puño y letra por la mismísima Isabel la Católica, además de otros documentos reales que certifican el peso político que la familia Ovando ostentó ante la Corona.

Entre la grandiosidad de los pergaminos reales y los retratos nobiliarios, el palacio esconde un tierno secreto familiar: una extensa colección de pájaros decorativos repartida por las estancias. Se trata de un homenaje de los actuales propietarios a su abuela fallecida, una gran amante de las aves, lo que supone un recordatorio de que, antes que monumento, este palacio sigue siendo un hogar.

Fuente: El Periódico de Extremadura.-Gonzalo Lillo-

 Pilar de Vicente.

Publicado por La Mesa de los Notables.


martes, 7 de julio de 2026

TRADUCTION DE L´ARTICLE: RETOUR SUR LOUIS ALPHONSE DE BOURBON ET LA NOBLESSE DES ASTURIES.

 Riestra2026.

Voilà seulement quelques jours j’ai eu l’occasion de parler avec différents amis, et certains lecteurs habituels de ce blog, d’un phénomène qui loin de diminuer, semble aller en augmentant : la quantité de courriers électroniques et de messages sur WhatsApp et Telegram que nous recevons chaque fois que nous publions au sujet de S.A.R. Louis Alphonse de Bourbon, ou Louis XX pour les Légitimistes français.

Il est certain que cela ne cesse de me surprendre. Nous vivons dans une société où l’attention du public est de plus en plus éphémère et, cependant, il suffit de mentionner son prénom pour réveiller l’intérêt de nos lecteurs. Preuve en est que, grâce à l’inestimable collaboration de Don Louis Angulo-Jovellanos, nous avons commencé à traduire beaucoup de nos articles en français, répondant ainsi aux demandes des amis et lecteurs gaulois qui suivent avec attention ce qui est publié sur lui.

Je ne crois pas que cet intérêt réponde uniquement à une question généalogique ou dynastique.
A mon point de vue, cela est surtout dû à l’image publique que Don Louis Alphonse a révélée ces dernières années. Loin du bruit médiatique, peu enclin à la surexposition, ses apparitions publiques sont en relation avec des faits institutionnels, culturels, commémoratifs ou au bénéfice d’actions, tant en Espagne qu’en France et dans d’autres pays. Cette présence mesurée, unie à un comportement discret et correct sur le plan personnel, a contribué à parfaire une personnalité que éveille la curiosité y compris parmi ceux qui ne partagent pas ces engagements ou manquent d’intérêt pour les questions monarchiques.

Ce n’est pas un hasard si les media espagnols et français se font l’écho de ses interventions ou des évènements familiaux auxquels il participe. Sa condition de descendant de la branche légitimiste des Bourbons de France et sa présence habituelles aux évènements à caractère historique ou représentatif le maintiennent dans le milieu de l’information avec une régularité peu fréquente pour quelqu’un qui n’a en charge aucune responsabilité politique ni institutionnelle de premier ordre.

Je commentais précisément cette circonstance quand une réflexion s’est imposée à moi, que je partage pleinement.
A ce jour, je n’ai encore rencontré personne qui, ayant partagé personnellement avec Louis Alphonse de Bourbon, m’ait mal parlé de lui (sic). Et cela, dans une époque marquée par la polarisation et la critique permanente, mérite d’être mentionné.

Dans le cadre du Corps de la Noblesse de la Principauté des Asturies il se passe quelque chose de similaire. Si important fut pour la corporation le travail fourni par le regretté duc de Séville, don Francisco de Bourbon (à la mémoire duquel tous nous continuons à professer sincère affection et reconnaissance), non moins positive s’avère être la contribution de Don Louis Alphonse comme Consejero Magistral. Depuis le peu de temps qu’il assume cette responsabilité, il a su s’intégrer naturellement, à tel point que nous avons l’impression qu’il a toujours fait partie de l’institution.

Mais il serait également injuste de focaliser tout l’attention sur sa personne. Dans ces diverses conversations d’autres personnalités brillent dont le temps consacré mérite d’être reconnu. Mentionnons le beau travail des Ducs de Maqueda : la capacité d’organisation de don Francisco Jose Lopez-Becerra de Solé, que certains définissent avec succès comme un authentique « actif fort » ; de don Manuel Rodriguez de Maribona, toujours discret, mais totalement impliqué ; et, bien sûr, de don Manuel Ruiz de Bucesta, considéré par beaucoup comme la véritable « Alma mater » du Corps asturien.

A côté d’eux, il y eut aussi des mots de reconnaissance pour ceux qui représentent la relève générationnelle dans l’Institution : don Ignacio Castrillon, don Juan de Allonca et la très efficace et infatigable doña Pilar de Vicente, en charge des relations institutionnelles, dont le travail constant contribue à renforcer la mise en lumière et la présence publique du Corps, apportant une perspective fraiche et novatrice qui renforce sa visibilité.
Je ne souhaiterais laisser personne de côté, beaucoup plus de Chevaliers et Dames sont à mentionner, cependant, les inévitables limitations de format imposées par le propre blog m’empêchent de citer tous ceux que, bien volontiers, j’aurais voulu inclure pour leur plus qu’évident apport à cette publication.

Achevant cette contribution, il me reste une impression qui continue à me paraître révélatrice. A un moment où abondent les disqualifications et se raréfient les consensus, il est significatif de rencontrer des personnes d’origine et d’idées très différentes qui s’accordent à louer le savoir-vivre et l’attitude de ceux que je viens de mentionner. Peut-être est-ce une des raisons pour lesquelles Don Louis Alphonse de Bourbon continue de susciter autant d’intérêt : parce qu’au-delà des débats historiques ou dynastiques, il a réussi à projeter une image publique basée sur la discrétion, la constance et une façon d’être qui ne laisse pas indifférents ceux qui ont l’occasion de le connaître, et peut-être cela même est le motif par lequel le corps nobiliaire des Asturies pourrait vivre aujourd’hui ses meilleurs moments.

https://www.cuerpodelanoblezadeasturias.es/

Texte traduit par : Louis Angulo-Jovellanos.
Vous pouvez lire l'article original :ici.

Riestra2026.

Publicado por La Mesa de los Notables.


lunes, 6 de julio de 2026

FERNANDO GARCÍA-MERCADAL CUESTIONA EL SISTEMA PREMIAL ESPAÑOL EN «EL DEBATE»

Leído en prensa.

En una reciente entrevista publicada por El Debate, el jurista, militar e historiador don Fernando García-Mercadal y García-Loygorri, director de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía y uno de los más destacados especialistas españoles en Derecho Premial, realiza un análisis crítico del actual sistema de órdenes y condecoraciones en España. Su diagnóstico es contundente: "nuestro país mantiene un número excesivo de distinciones honoríficas, acompañado de un notable déficit de transparencia en la publicidad y el control de las concesiones". 

La entrevista aborda cuestiones de gran interés para estudiosos y aficionados a la falerística y al ceremonial, como la proliferación de órdenes civiles y militares, la ausencia de una cancillería centralizada, la escasa accesibilidad de los registros de condecorados y las diferencias existentes entre el modelo español y otros sistemas honoríficos europeos.

Se trata de una lectura especialmente recomendable para quienes deseen reflexionar sobre la evolución histórica, la función institucional y los retos de modernización del sistema premial español.

Leer el artículo: aquí.

Publicado por La Mesa de los Notables.