domingo, 15 de febrero de 2026

LA MONARQUÍA COMO FARO DE ESTABILIDAD EN TIEMPOS DE CRISIS.

 Riestra2026

A lo largo de estos últimos siglos, la historia parece dibujar un mismo patrón: tras guerras devastadoras, revoluciones o crisis institucionales, algunas monarquías logran regresar, a veces con trono y otras solo como símbolos que flotan sobre la memoria colectiva. No son nostalgias vacías, sino respuestas estratégicas a la inestabilidad, una forma de reconciliar el pasado con los cambios surgidos en cada convulsión social y política.

La Francia del siglo XIX ilustra esta dinámica con claridad. Tras la caída de Napoleón, Luis XVIII restauró la corona sin negar las transformaciones revolucionarias: la Carta de 1814 combinó continuidad dinástica con instituciones modernas como el Código Civil, recordando que la monarquía puede coexistir con la modernidad. En España, Alfonso XII consolidó un sistema de alternancia política tras la Primera República, y en Inglaterra varios siglos antes, Carlos II encontró equilibrio entre la corona y el Parlamento, mostrando que la restauración no era un retroceso, sino una negociación entre memoria y estabilidad.

El siglo XX ofreció nuevas formas de regreso. Juan Carlos I, en nuestro país, transformó la corona en instrumento de transición, equilibio, modernidad y unidad nacional. Simeón II de Bulgaria volvió del exilio como primer ministro, integrando la figura real en una sociedad democrática sin necesidad de trono. 

En Grecia y Rumanía, las figuras de Constantino II y Mihai I demostraron que el poder real puede desaparecer mientras persiste la influencia moral y simbólica: la legitimidad histórica no se mide solo con un baremo legal, sino con la capacidad real de sostener la memoria y la cohesión social. 
Italia conserva a la Casa de Saboya como faro histórico, mientras que en la Francia actual, Luis Alfonso de Borbón representa la posibilidad de un regreso como figura capaz de unir memoria, patrimonio e identidad, recordando que una monarquía puede permanecer viva incluso sin poder político de facto.
Brasil conserva el recuerdo de Pedro II como emblema de estabilidad; Portugal mantiene viva la memoria de su familia real; Albania y Etiopía confían en Leka II y los descendientes de Haile Selassie como referentes culturales y potenciales símbolos de unidad.

En el Cáucaso, el caso de Georgia ofrece un ejemplo especialmente significativo de esta persistencia simbólica. Davit Bagrationi, miembro de la histórica dinastía Bagrationi, cuyo linaje está íntimamente ligado a la formación y consolidación del Estado georgiano durante más de un milenio, es considerado por amplios sectores del país como garante de esa continuidad histórica y como posible restaurador de la corona tras la independencia del país.
Su predisposición al servicio público, su defensa constante de la tradición nacional y su voluntad de situar la institución monárquica en clave contemporánea, han contribuido a que una parte relevante de la sociedad georgiana vuelva a contemplar la monarquía no como una reliquia, sino como una opción institucional capaz de aportar estabilidad, neutralidad y cohesión. En un contexto marcado por tensiones regionales, desafíos geopolíticos y un proceso continuo de redefinición identitaria, la figura de Davit Bagrationi encarna para muchos la posibilidad de un punto de encuentro por encima de las divisiones partidistas.

Incluso fuera del contexto europeo y latinoamericano, la inestabilidad política puede abrir la puerta a discursos monárquicos con resonancia simbólica. En Irán, un país marcado por la Revolución Islámica de 1979 y décadas de teocracia autoritaria, las protestas masivas recientes han puesto de nuevo en el centro del debate la figura de Reza Pahlavi, hijo del último sah de la dinastía Pahlavi. Las movilizaciones que estallaron a finales de 2025, impulsadas por la crisis económica y la demanda de cambio político, han llevado a algunos manifestantes a corear consignas a favor de la restauración de la monarquía derrocada en 1979, al tiempo que reclaman el fin de la República Islámica y un rumbo nuevo para la nación.
Aunque la posibilidad de una restauración monárquica formal en Irán sigue siendo remota y objeto de controversia y debate, la presencia de Pahlavi, quien ha abogado por un proceso de transición democrática tras una hipotética caída del régimen, ilustra cómo, incluso en contextos tan polarizados y complejos, el simbolismo de una corona puede reaparecer como una opción entre muchas en el imaginario de una sociedad en crisis.

Aunque hoy las restauraciones “a la antigua usanza” son improbables, en repúblicas consolidadas, las familias reales, las grandes casas, pueden ofrecer un activo que las instituciones modernas raramente proporcionan: legitimidad simbólica, continuidad histórica y un referente neutral tanto en tiempos de crisis como de bonanza. La monarquía hoy, más ceremonial y protocolaria que política, sigue siendo un hilo conductor entre pasado y presente, memoria y estabilidad, recordándonos que incluso en "la modernidad" del siglo XXI la corona no es, ni mucho menos, un vestigio de lo que quedó atrás sino un espejo en el que las naciones pueden contemplar su propia identidad.

Riestra2026.

Publicado por La Mesa de los Notables.


sábado, 14 de febrero de 2026

LA SOCIEDAD TOLEDANA DE ESTUDIOS HERÁLDICOS Y GENEALÓGICOS DISERTÓ SOBRE LA “OTRA” FAMILIA DE ALFONSO XIII CON LUCAS MONTOJO.

 

La Sociedad Toledana de Estudios Heráldicos y Genealógicos organizó el pasado viernes, trece de febrero, una interesante conferencia del historiador toledano Lucas Montojo Sánchez titulada La “otra” familia de Alfonso XIII. Montojo, doctor en Historia por la Universidad Católica de Valencia, profesor en la Universidad San Pablo CEU y consejero correspondiente de la STEHG, ofreció una intervención de notable rigor académico y gran interés para los asistentes.

El acto estuvo presidido por la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Toledo, doña Ana Pérez Álvarez, quien subrayó la importancia de este tipo de iniciativas para la difusión del conocimiento histórico y la puesta en valor de la investigación rigurosa en el ámbito de la historia contemporánea y la genealogía. Asimismo, recordó la adhesión de la STEHG a la candidatura de Toledo como Capital Europea de la Cultura 2031, destacando el firme compromiso de la entidad con la ciudad, su provincia y las disciplinas científicas que constituyen su objeto de estudio.

Durante su intervención, el profesor Montojo ofreció un análisis documentado y esclarecedor sobre aspectos menos conocidos del entorno familiar del rey Alfonso XIII. La conferencia abordó tanto las implicaciones históricas de estas relaciones como su tratamiento en la historiografía actual, aportando nuevas perspectivas basadas en fuentes contrastadas. Especial atención dedicó a la figura de Leandro de Borbón, hijo del monarca y de la actriz Carmen Ruiz Moragas, cuestión que el historiador ha estudiado en profundidad y que plasmó en su obra XIII. la otra familia del Rey, contribuyendo así a enriquecer el debate académico sobre este capítulo de la historia contemporánea española.

Entre los asistentes se encontraban el canónigo delegado de Patrimonio de la Catedral de Toledo, Juan Miguel Ferrer; el decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Humanas de la Universidad Tecnológica del Perú, Luis Díez-Canseco; su homóloga en Toledo, Alicia Valmaña Ochaíta; el diputado provincial José Eugenio del Castillo; y el director de Publicaciones de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, Amadeo Rey Cabieses, así como un nutrido grupo de investigadores, académicos y ciudadanos interesados en las materias propias de la entidad.

Esta actividad se enmarca dentro del programa de iniciativas científicas y culturales que la Sociedad viene desarrollando con motivo de sus 45 años de trayectoria, reafirmando su vocación de servicio a la cultura, la investigación histórica y la divulgación especializada en el ámbito heráldico y genealógico.





Publicado por La Mesa de los Notables.

martes, 10 de febrero de 2026

LA TORRE DEL ARMA DE INGENIEROS.

Alejandro Riestra Martínez.

- PIEDRA, CIENCIA Y MEMORIA -. 

Entre todos los emblemas militares, pocos resultan tan sobrios y elocuentes como la torre del Arma de Ingenieros del Ejército español. No es un símbolo de impulso ni de ímpetu; no corre, no embiste, no alardea. Permanece. Y en esa permanencia se encierra toda su razón de ser.

La torre es, ante todo, arquitectura convertida en identidad. Desde la creación del Real Cuerpo de Ingenieros, establecido por Real Decreto de 17 de abril de 1711, bajo el reinado de Felipe V, la función esencial del ingeniero militar no fue tanto destruir como construir para resistir: levantar murallas, proyectar fortificaciones, diseñar baluartes, calcular ángulos de tiro y dominar el terreno con regla, compás y ciencia. Allí donde otras armas se definían por el movimiento, el ingeniero lo hacía por el cálculo previo y la obra duradera.
No es casual que el símbolo elegido no sea un castillo completo ni una fortaleza grandiosa, sino una torre aislada. La torre representa el núcleo racional de la defensa, el punto desde el que se observa, se mide y se decide. Es vigía, pero también laboratorio; piedra levantada con método. Batalla pensada antes de ser combatida.

Desde los albores del siglo XVIII, aunque no he podido localizar Orden ni documento oficial que describa la adjudicación formal del emblema, la iconografía de la torre (o del castillo reducido a su elemento esencial) aparece de manera constante asociada al Cuerpo de Ingenieros en grabados, documentos y uniformes. Su presencia se consolida a comienzos del siglo XIX, especialmente tras la creación, en 1802, del Regimiento Real de Zapadores-Minadores, momento a partir del cual el distintivo del castillo comienza a figurar bordado en cuellos y bocamangas como signo inequívoco de pertenencia al Arma.

Históricamente, la torre remite a la gran tradición europea de la ingeniería de fortificación, heredera directa de la escuela científica inaugurada por Vauban(1) y de la aplicación sistemática de las matemáticas a la guerra. En España, los ingenieros militares fueron cartógrafos, arquitectos, topógrafos y constructores mucho antes de ser combatientes. La torre, por tanto, no es solamente un adorno heráldico, es una declaración de principios.

A lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, distintas Ordenanzas y Reglamentos del Ejército mantuvieron este símbolo de forma tácita, sin redefinirlo, precisamente porque su significado estaba plenamente asumido. El primer hito normativo relevante llega en el siglo XX. Con motivo del bicentenario del Arma, una Real Orden de 21 de abril de 1911, publicada en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, concedió al Arma de Ingenieros la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII (2), reafirmando institucionalmente su identidad histórica y simbólica, en la que la torre ocupaba ya un lugar central.

La fijación técnica del emblema se produce poco después. La Orden de 15 de junio de 1935, publicada en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, estableció de manera expresa las características de los emblemas reglamentarios del Ejército, señalando para Ingenieros un castillo (interpretado ya como torre) simplificado y único, eliminando variantes anteriores y consolidando su uso como distintivo exclusivo del Arma.
Tras la última Guerra Civil, el Reglamento de Uniformidad del Ejército de 1943, aprobado y difundido en el Boletín Oficial del Estado, ratificó esta configuración, fijando definitivamente la torre almenada como emblema del Arma de Ingenieros, ahora en metal dorado, y regulando su colocación en las distintas prendas de uniforme. Desde entonces, todas las disposiciones posteriores han mantenido este diseño esencial, variando únicamente aspectos de material o uso, pero nunca su significado.

Mientras tanto, el Arma de Ingenieros ampliaba su campo de acción: puentes, caminos, ferrocarriles, transmisiones, explosivos, electricidad e infraestructuras críticas. Sin embargo, la torre permaneció. ¿Por qué? Porque simboliza algo que no cambia: la primacía del conocimiento técnico sobre la improvisación, del diseño sobre la fuerza bruta, de la solución sólida sobre el gesto efímero.

La torre también habla de resistencia silenciosa. No avanza, pero tampoco retrocede. Soporta. Aguanta. Protege. En el mundo beligerante dominado por la velocidad y el choque, la torre recuerda que hay victorias que se ganan antes, en el plano de los cálculos, el mapeado y la previsión.
Así, este emblema no busca impresionar, sino representar. No promete gloria inmediata, sino seguridad a largo plazo. Es piedra, sí, pero piedra pensada. Y en esa torre, aparentemente inmóvil, late toda la inteligencia de la guerra bien entendida.

(1)Sébastien Le Prestre, señor de Vauban, posteriormente marqués de Vauban,  fue un mariscal francés y principal ingeniero militar de su tiempo, afamado por su habilidad tanto en el diseño de fortificaciones como en su conquista.
(2)De las ramas de roble y laurel que rodean el emblema cuelga la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII, concedida al Cuerpo de Ingenieros con motivo del bicentenario de su creación, por Su Majestad el rey Alfonso XIII, mediante Real Decreto de 21 de abril de 1911, como reconocimiento a sus relevantes servicios a España.


Publicado por La Mesa de los Notables.

lunes, 9 de febrero de 2026

"EL GRAN MONARCA": TRADICIÓN, HISTORIA Y MITO.

Riestra2026 

Notas sobre una vieja profecía europea.

No soy amigo de leyendas, y mucho menos de profecías. Tampoco son, ni pretenden ser, nuestra temática habitual. Sin embargo, a raíz de algunas publicaciones recientes de este mismo blog, un amigo muy docto y estudioso de estas, y otras disciplinas, relacionadas con la historia y el misticismo cristiano, don Gonzalo Pallarés, me preguntó qué sabía acerca de eso que algunos llaman el "Gran Monarca". Evidentemente, comprendí de inmediato a qué se refería y hacia dónde pretendía llevar la conversación, cuando comenzó a desplegar una serie de hipótesis más cercanas a la fe que a la razón científica, pero no por eso carentes de peso o mal enhebradas.

Le respondí sin rodeos. Lo único que sabía es que se trata de una tradición profética cristiana de origen medieval, extraoficial y ajena al dogma, que anuncia la aparición de un rey justo y legítimo en un tiempo de gran caos histórico, inmediatamente antes de una etapa decisiva para el mundo. No es una profecía bíblica ni una revelación concreta, sino un conjunto heterogéneo de textos, visiones y tradiciones que se fueron acumulando durante siglos en Europa, especialmente en el ámbito del catolicismo francés.
La tradición del "Gran Monarca" no nace de un libro único ni de una voz identificable. Es, más bien, un sedimento histórico: una idea que se va formando lentamente a lo largo de más de mil años, en la intersección entre la teología cristiana de la historia, los colapsos políticos recurrentes y la necesidad humana de esperanza cuando el orden se resquebraja. Cada gran crisis europea la reactiva; cada período de estabilidad la relega al olvido.

No es casual que esta tradición se centre en Francia y no en otra nación del continente. Durante siglos fue el reino más antiguo, el más estable y el que desarrolló una idea especialmente sólida de legitimidad política. A partir del siglo XIII, muchas de estas profecías comienzan a identificar implícitamente al "Gran Monarca" con un rey francés: la unción sagrada en Reims, la continuidad dinástica y la noción de legitimidad hereditaria conforman el trasfondo simbólico de casi todos los relatos.



Curiosamente, Francia rara vez es nombrada de forma explícita. Se la designa mediante alusiones: "los lirios", "la Galia", "Occidente" o "el reino de los bautizados". Del mismo modo, al personaje central nunca se lo presenta como el próximo rey, sino como el "rey que vendrá cuando todo lo demás falle". La diferencia no es menor.
Las profecías auténticas no identifican con plenitud; si lo hicieran, perderían aquello que las sostiene. Pero dejan migas de pan. Y cuando se las sigue con paciencia, todas conducen al mismo lugar.

Los textos coinciden en que el "Gran Monarca" procederá de una línea antigua, reconocible por signos que no necesitan explicación: "el lirio que no se marchita", "la continuidad que no se agota", "la primogenitura que no se negocia". No será el heredero del ruido ni de la coyuntura, sino el de la tradición, palabra casi obscena en los tiempos que corren, pero fundamental para comprender la historia europea.

Nacerá lejos del trono que le correspondería. Crecerá cuando la nación que una vez fue llamada "la hija mayor de la Iglesia" ya no recuerde por qué lo fue. Su relación con esa tierra será necesariamente paradójica: "no la gobierna, pero la representa"; "no reina sobre ella, pero la encarna mejor que quienes la administran".
"El Gran Monarca", insisten las tradiciones, no será un usurpador. Y precisamente por eso, quizá, resulte peligroso para algunos. Su legitimidad no dependerá del consentimiento cambiante ni del aplauso circunstancial, sino de una continuidad objetiva, casi geológica, que no se ve afectada por modas políticas ni por rupturas ideológicas.

Mientras otros aceptaron transacciones, renuncias y pactos con el espíritu del siglo, él permanece en la línea recta, incómoda, inflexible. La profecía es clara en este punto: "el elegido será aquel que conserve intacto el derecho, sin estridencias ni proclamaciones". Su formación estará marcada por la disciplina, el deber y la conciencia de representar algo que lo precede y lo excede. No hablará como tribuno ni actuará como actor. Su estilo será austero, casi anacrónico. Y precisamente por eso, reconocible.
También se dice que no se autoproclamará. Su figura emergerá únicamente cuando la confusión sea tal que su nombre, hasta entonces innecesario, vuelva a pronunciarse con hambre. Cuando la nación, cansada de lo superfluo y de lo provisional, vuelva los ojos hacia aquello que nunca llegó a desaparecer del todo, emergerá. Tal vez su reinado sea breve, simbólico, incluso sacrificial, pero cumplirá el propósito al que está destinado.

Y así, el Gran Monarca, hasta el final (según cuentan), no será reconocido por las masas sino por aquellos que saben que la historia, más a menudo de lo que se admite,  ha elegido siempre a quienes supieron aguardar.

NOTA:Marie-Julie Jahenny (1850-1941), mística estigmatizada francesa, profetizó la llegada de un "Gran Monarca" providencial, estrechamente vinculado a un Papa santo, para restaurar la Iglesia y Francia tras un periodo de caos, guerras y los "Tres Días de Oscuridad". Según sus revelaciones, este rey será elegido por Dios para salvar a la nación durante tiempos apocalípticos.

Publicado por La Mesa de los Notables.

 

viernes, 6 de febrero de 2026

ÉLITES EN TRANSICIÓN. CAMBIOS Y PERMANENCIAS EN LAS SOCIEDADES IBÉRICAS (SIGLOS XVIII-XIX).

 

Ayer, la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País acogió la conferencia y presentación del libro Élites en transición. Cambios y permanencias en las sociedades ibéricas entre la Edad Moderna y la Contemporánea (siglos XVIII–XIX), una obra que invita a repensar la evolución de las élites peninsulares en un periodo clave de transformación histórica.
El encuentro permitió reflexionar, entre otros aspectos, sobre el profundo cambio de paradigma matrimonial en la aristocracia española, desde el Antiguo Régimen hasta la consolidación del liberalismo. Este análisis del matrimonio como estrategia social y económica se reveló como un auténtico espejo de transformaciones más amplias, que afectaron a las estructuras sociales, los modelos de poder y las mentalidades culturales de la época.

La exposición corrió a cargo de don Carlos Mejías Gallardo, doctor en Economía y Empresa y economista de la Junta de Extremadura, y de don Raúl Molina Recio, profesor titular de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Extremadura. Ambos ofrecieron una lectura rigurosa y sugerente sobre los equilibrios entre continuidad y ruptura en las élites ibéricas, subrayando cómo estas supieron adaptarse (no sin tensiones) a los nuevos marcos políticos y económicos surgidos entre los siglos XVIII y XIX.
El acto puso de relieve la importancia de la divulgación histórica de calidad como herramienta fundamental para comprender los procesos que han dado forma a nuestro presente, demostrando que el estudio del pasado sigue siendo una clave imprescindible para interpretar las dinámicas sociales actuales.

La conferencia puede verse en YouTube: aquí.

Publicado por La Mesa de los Notables.

jueves, 5 de febrero de 2026

LA REVISTA HOLA PUBLICA UNA CONVERSACIÓN CON LUIS ALFONSO DE BORBÓN SOBRE LA NOBLEZA DE ASTURIAS Y SU LEGADO DE TRADICIÓN Y SERVICIO.

 

Publicado hoy en la revista HOLA, este artículo firmado por Ana Caaveiro recoge la conversación  que ha mantenido con Luis Alfonso de Borbón en un momento clave de su trayectoria institucional. El Duque de Anjou, recientemente nombrado Consejero Magistral del Real Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias, reflexiona sobre el legado recibido del Duque de Sevilla y sobre el significado de la nobleza en el siglo XXI. Una entrevista que mira a la tradición desde el presente y que pone el acento en el servicio, la responsabilidad y el compromiso cultural como pilares de una nobleza entendida más allá del linaje.
Por su indudable interés lo reproducimos en su integridad, añadiendo al final de esta entrada el enlace para acceder al artículo original publicado en HOLA.

-Hablamos con Luis Alfonso de Borbón, del legado del Duque de Sevilla a su nuevo puesto en una institución nobiliaria: "Ser noble hoy no puede entenderse solo en términos de linaje"-.

El Duque de Anjou es el nuevo Consejero Magistral del Real Cuerpo de la Nobleza de Asturias.

ANA CAAVEIRO
5 de febrero de 2026 - 13:32 CET.
HOLA.

Asturias "forma parte de mi propia historia", nos dice Luis Alfonso de Borbón. En esa "tierra de carácter fuerte, de historia profunda y de gran riqueza humana", con "una carga histórica y simbólica extraordinaria dentro de España", encuentra parte de sus raíces -su bisabuela materna era asturiana-, pero, desde este año, su vinculación con el Principado es todavía más fuerte.

El Duque de Anjou ha sido nombrado Consejero Magistral del Real Cuerpo de la Nobleza de Asturias, tomando, así, el legado de su tío, el Duque de Sevilla, Francisco de Borbón y Escasany -que falleció en mayo del año pasado-. Un cargo que asume, nos cuenta, "con un profundo sentido de responsabilidad", aunque, también, con gratitud.

- Don Luis, ha sido nombrado Consejero Magistral del Real Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias. ¿Cómo afronta este nuevo cargo? No sé si puede explicarnos algunos de los motivos que le llevaron a asumir esta nueva posición en la institución.

Afronto este nombramiento con gratitud, pero sobre todo con un profundo sentido de responsabilidad. No lo entiendo como un honor personal aislado, sino como un compromiso de servicio hacia una institución con siglos de tradición. Acepté el cargo porque creo firmemente en el valor de preservar la memoria histórica y las formas de representación de la nobleza como parte de la identidad cultural española. El Real Cuerpo no es solo una entidad simbólica; también es un espacio de encuentro, de continuidad histórica y de acción social. Me motivó la posibilidad de contribuir a su proyección hacia el futuro sin perder su esencia.

-Sucede, así, a don Francisco de Borbón y Escasany, Duque de Sevilla, anterior Consejero Magistral. ¿Qué significa para usted asumir su legado?

Suceder a mi tío Francisco supone una enorme responsabilidad. Ha sido una figura de referencia, tanto por su trayectoria personal como por su dedicación a la institución. Asumir su legado implica respetar el trabajo realizado y, al mismo tiempo, saber adaptarlo a los nuevos tiempos. No se trata de sustituir una personalidad, sino de continuar una línea de servicio. Espero estar a la altura de la confianza depositada en mí y honrar el espíritu de continuidad que él y sus antecesores representaron.

"Asumir el legado del Duque de Sevilla implica respetar el trabajo realizado y, al mismo tiempo, saber adaptarlo a los nuevos tiempos"

De izquierda a derecha:Antonio Sánchez de León, Barón Von Wernitz, Luis Alfonso de Borbón, Manuel Ruiz de Bucesta, Manuel Rodríguez de Maribona, Juan de Allonca y Carlos Álvarez de la Rua.


-Se abre una nueva etapa para el Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias. ¿Cuáles son sus objetivos como nuevo Consejero Magistral?

Mi principal objetivo es reforzar el papel cultural y social del Cuerpo. Creo que las instituciones nobiliarias del siglo XXI deben ser activas, visibles y útiles a la sociedad. Me gustaría impulsar actividades culturales, académicas y benéficas que acerquen la institución a nuevas generaciones. También considero esencial fortalecer los vínculos con Asturias, su historia y sus tradiciones, para que el Cuerpo siga siendo una referencia viva y no únicamente ceremonial.

-¿Cuál es la importancia de seguir manteniendo este tipo de tradiciones, en una época como la actual?

Las tradiciones no son reliquias del pasado; son puentes entre generaciones. En un mundo que cambia a gran velocidad, conservar ciertos referentes históricos aporta estabilidad, identidad y continuidad. Mantener estas tradiciones no significa rechazar la modernidad, sino integrarla desde una base cultural sólida. Son parte de nuestro patrimonio inmaterial y, como tal, merecen ser conocidas, comprendidas y respetadas.

-Esta institución es heredera de la antigua nobleza territorial española, ¿qué significa ser noble en el siglo XXI?

Ser noble hoy no puede entenderse solo en términos de linaje. Debe interpretarse como una actitud ética: servicio, responsabilidad, discreción y compromiso con la sociedad. La nobleza contemporánea tiene sentido si está vinculada a valores y a una conducta ejemplar. En ese sentido, es más una obligación que un privilegio. Representa la idea de que la herencia histórica conlleva también deberes.

-¿Cuál diría que es su vinculación con Asturias? ¿Se siente cercano a esta tierra?

Asturias es una tierra con una carga histórica y simbólica extraordinaria dentro de España, y mi vinculación con ella no es solo institucional o afectiva, sino también familiar. A través de mi bisabuela materna, Carmen Polo, existe un vínculo personal con esta tierra que forma parte de mi propia historia. Esa conexión me ha hecho sentir siempre un respeto especial por Asturias, por su tradición y por su papel en la historia nacional. Siempre me he sentido cercano a las regiones que mantienen viva su identidad cultural, y Asturias es un ejemplo admirable de ello. Es una tierra de carácter fuerte, de historia profunda y de gran riqueza humana.

-Usted es descendiente directo de Luis XIV, por ello, ¿siente una responsabilidad con la historia?

Ser consciente de la propia genealogía es, ante todo, una invitación a la reflexión. La historia familiar no debe vivirse como un peso, sino como una referencia. Sí existe una responsabilidad moral: la de actuar con dignidad, prudencia y respeto por la memoria de quienes nos precedieron. Pero esa responsabilidad no mira solo al pasado; también obliga a contribuir positivamente al presente. La historia cobra sentido cuando inspira una conducta responsable en el hoy.

Ana Caaveiro.
Revista Hola 05/02/2026.

Para leer el artículo original en la revista HOLA. Aquí.

Publicado por La Mesa de los Notables.

 

martes, 3 de febrero de 2026

EMANUELE FILIBERTO DE SABOYA VISITA ESPAÑA Y EL PRINCIPADO DE ANDORRA.

 

S.A.R. Emanuele Filiberto de Saboya, príncipe de Venecia y duque de Saboya, uno de los protectores más ilustres del Real Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias, y jefe de las Órdenes Dinásticas de la Casa de Saboya, realizó una visita institucional a España y al Principado de Andorra entre los días 21 y 23 del pasado mes de enero. Este viaje se desarrolló en un marco de relaciones corporativas, espirituales y sociales de especial relevancia, reafirmando el papel activo de las Órdenes Dinásticas de la Casa Real de Saboya en el diálogo europeo contemporáneo y en la promoción de valores humanistas compartidos.

La jornada inaugural estuvo marcada por una profunda dimensión simbólica y moral. El homenaje rendido a las víctimas del trágico accidente ferroviario de Adamuz constituyó un gesto de sobriedad, respeto y sincera cercanía, expresando una participación solidaria en el dolor colectivo. Posteriormente, en la ciudad de Barcelona, diversos momentos de oración y recogimiento espiritual señalaron el inicio de una visita caracterizada por la reflexión, la memoria y el compromiso con los valores fundamentales de la dignidad humana.

El segundo día estuvo dedicado al diálogo con instituciones eclesiásticas y civiles, poniendo de relieve la histórica vinculación de la Casa de Saboya con la tradición cristiana europea. La visita a la Abadía de Montserrat revistió un especial significado, al unir espiritualidad, historia y memoria dinástica, evocando la continuidad histórica y el legado cultural de la Familia Real de Saboya en el contexto europeo.

De manera paralela, el compromiso social de las Órdenes Dinásticas se manifestó de forma concreta mediante el apoyo al proyecto “Mamás en Acción”, iniciativa solidaria que reunió a instituciones, órdenes de caballería y representantes de la sociedad civil en un clima de colaboración y responsabilidad compartida. Este compromiso se materializó durante la Gala Benéfica celebrada en el Círculo del Liceo de Barcelona, evento que congregó a ilustres invitados internacionales, delegados diferentes órdenes de caballería y corporaciones nobiliarias, miembros de la nobleza española, damas y caballeros de la Delegación Española de las Órdenes Dinásticas de la Casa de Saboya, así como a numerosas personalidades del ámbito social y cultural.

La visita concluyó el día 23 en el Principado de Andorra, donde S.A.R. el Príncipe fue recibido por las autoridades parlamentarias del país. Los encuentros institucionales, así como los contactos mantenidos con representantes del mundo económico y empresarial, contribuyeron a fortalecer los lazos existentes y a abrir nuevas perspectivas de cooperación, confirmando la relevancia del diálogo entre tradición y modernidad en un contexto europeo en constante evolución.

En su conjunto, la presencia de S.A.R. Emanuele Filiberto de Saboya en España y Andorra constituyó un acontecimiento de notable significado, reflejo de los valores de responsabilidad, servicio y atención personalizada que inspiran la labor de las Órdenes Dinásticas de la Casa Real de Saboya, y de su vocación de contribuir activamente al bien común y al entendimiento entre instituciones, pueblos y tradiciones.

Fuente: https://www.ordinidinasticicasasavoia.it/
Imagen: Archivo de este blog.

Publicado por La Mesa de los Notables.