sábado, 22 de agosto de 2026

ENTREVISTA EXCLUSIVA CON S.A.S. EL PRÍNCIPE DE BENTHEIM PARA LA MESA DE LOS NOTABLES.

LOS CONDES DE HOLANDA, LA ORDEN DE SANTIAGO Y LA EXPANSIÓN DE LOS REINOS CRISTIANOS.


El barón Rudolph Andries Ulrich Juchter van Bergen Quast solicitó audiencia a Su Alteza Serenísima el príncipe Georg zu Bentheim und Steinfurt con el propósito de mantener una entrevista exclusiva para nuestro blog, La Mesa de los Notables. La conversación que se formula en ella nace con una finalidad que trasciende el mero interés testimonial, como es la de servir de llamamiento a historiadores, archiveros e investigadores para profundizar en el estudio de las primeras relaciones entre los condes de Holanda y la Orden de Santiago, así como en la participación de aquellos en la expansión de los reinos cristianos de la península ibérica durante los siglos XII y XIII.

Si bien se conocen algunos episodios de particular relevancia, como la presencia del conde Guillermo I de Holanda en el asedio de Alcácer do Sal en 1217, una parte considerable de la documentación conservada en archivos españoles y portugueses permanece aún sin haber sido examinada de manera sistemática desde esta perspectiva.

La presente entrevista aspira, asimismo, a suscitar el interés de quienes trabajan en archivos españoles, portugueses o eclesiásticos y se encuentran en disposición de localizar cartas inéditas o escasamente estudiadas, referencias contenidas en crónicas, listas de combatientes u otros testimonios documentales relativos a la presencia de caballeros procedentes del norte de Europa y, de manera particular, de miembros de la Casa de Holanda o de personas vinculadas a ella en la península ibérica medieval.

El conocimiento y la difusión de estos hallazgos entre los miembros de la Orden podrían contribuir a esclarecer unos vínculos históricos que forman parte de la memoria común de la caballería europea y de las relaciones que, a lo largo de la Edad Media, unieron a los territorios del norte y del sur de la Cristiandad latina.

Con el propósito de situar esta cuestión en su debido contexto histórico y dinástico, y de abordar tanto sus antecedentes medievales como su proyección en el presente, Su Alteza Serenísima el príncipe Georg zu Bentheim und Steinfurt responde en exclusiva a las preguntas del Barón para  La Mesa de los Notables:

Entrevistador: Bienvenido, Alteza Serenísima, y muchas gracias por atendernos. Su familia cuenta con siglos de historia, pero su propia trayectoria profesional se ha desarrollado también en ámbitos muy distintos de los tradicionalmente asociados a una casa principesca. Antes de ocuparnos de sus actuales responsabilidades dinásticas, ¿podría hablarnos brevemente de su carrera profesional?

Príncipe de Bentheim: Muchas gracias por la invitación. Antes de asumir mis actuales responsabilidades desarrollé mi carrera profesional en el sector financiero. Trabajé como banquero en Merrill Lynch, en Nueva York. Era un entorno muy dinámico y exigente, bastante alejado del mundo de los archivos históricos y de la historia de las casas nobiliarias europeas, pero me proporcionó una experiencia internacional de enorme valor.

Entrevistador: Es, desde luego, un cambio considerable. Si repasamos la larga historia de su familia encontramos numerosas figuras destacadas, pero hay una que me resulta especialmente interesante: su antepasado, el conde Karl Paul Ernst, que compaginó las responsabilidades de gobierno con una intensa actividad cultural. ¿Podría hablarnos de él?

Príncipe de Bentheim: Con mucho gusto. Karl Paul Ernst, conde de Bentheim-Steinfurt, vivió entre 1729 y 1780 y fue conde de Steinfurt. Se le recuerda especialmente por haber impulsado el desarrollo de la cultura musical en Burgsteinfurt. Durante su juventud realizó numerosos viajes acompañado por su preceptor, el profesor y jurista Johann Christoph Buch, entre otros motivos para perfeccionar su conocimiento del francés. En 1750, tras obtener la sanción imperial, asumió finalmente sus responsabilidades de gobierno.

Entrevistador: También pasó algún tiempo en Francia durante un periodo histórico particularmente interesante, ¿no es así?

Príncipe de Bentheim: Sí. Durante la Guerra de los Siete Años, entre 1756 y 1763, Karl residió en París. Aquella estancia tuvo una gran importancia en su formación intelectual. Allí fue iniciado en la francmasonería y tuvo ocasión de conocer a Voltaire, de quien se convirtió en un gran admirador. También se relacionó con algunas de las principales figuras de la Ilustración francesa, entre ellas Diderot y d’Alembert, al tiempo que cultivaba sus intereses por la música, los idiomas, la literatura y las ciencias naturales.

Benjamin Franklin residiría también posteriormente en París, entre 1779 y 1782. Llegó a ser Venerable Maestro de la logia masónica de las Nueve Hermanas (Les Neuf Sœurs), que desempeñó un papel destacado en los círculos franceses favorables a la causa de la independencia de los Estados Unidos.

Entrevistador: Su familia mantiene asimismo importantes vínculos genealógicos con la familia real neerlandesa. ¿De dónde procede ese parentesco?

Príncipe de Bentheim: Es un parentesco que puede seguirse claramente a través de las casas de Nassau y de Waldeck-Pyrmont. Karl Paul Ernst, por ejemplo, contrajo matrimonio con Charlotte Sophie von Nassau-Siegen (1729-1759), hija de Friedrich Wilhelm II de Nassau-Siegen y de Sophie Polyxena Concordia von Sayn-Wittgenstein-Hohenstein. La rama de Nassau-Siegen pertenece a la gran Casa de Nassau, de la que procede también la actual dinastía real de los Países Bajos, por lo que existen antiguos vínculos genealógicos entre ambas familias.

Estos lazos se reforzaron posteriormente cuando mi antepasado Alexis, IV príncipe de Bentheim y Steinfurt, contrajo matrimonio con la princesa Pauline de Waldeck y Pyrmont. Mi madre pertenece también a esta casa. Los Waldeck-Pyrmont están, a su vez, estrechamente vinculados a la monarquía neerlandesa: la reina Emma de los Países Bajos pertenecía a esta familia. Todo ello explica los estrechos vínculos familiares que históricamente han unido nuestra casa con la familia real de los Países Bajos.

Entrevistador: Su familia está también vinculada a la Muy Noble Orden Ecuestre de Santiago, una Orden cuyos orígenes se sitúan en la Holanda medieval y que está estrechamente relacionada con la historia de su casa.

Príncipe de Bentheim: Así es. Nuestra vinculación con los condes de Holanda constituye un elemento fundamental de la historia de nuestra familia (1). La Casa principesca de Bentheim und Steinfurt se considera sucesora legal y directa de la última heredera de los condes de Holanda. Esta ascendencia nos vincula profundamente con los Países Bajos y nos permite mantener vivo el legado histórico de los antiguos condes de Holanda, dentro del cual se inscribe también nuestro papel como custodios de la Muy Noble Orden Ecuestre de Santiago, cuya fundación atribuimos a los condes de Holanda.

Entrevistador: ¿Qué relación histórica existe entre la Orden de Santiago vinculada a su familia y la conocida Orden de Santiago española?

Príncipe de Bentheim: La relación debe entenderse fundamentalmente en términos de afinidad histórica e inspiración, y no como una continuidad institucional directa. Un episodio especialmente significativo tuvo lugar cuando el conde Guillermo I de Holanda, abuelo de Floris V, participó en la campaña de Alcácer do Sal de 1217, en la que intervino también la Orden de Santiago. Durante aquella expedición, Guillermo I pudo conocer directamente la actuación militar de los caballeros de Santiago, su participación en la expansión de los reinos cristianos peninsulares y su estrecha vinculación con la Corona portuguesa. Es posible que el recuerdo de aquel encuentro perdurase dentro de la casa condal y que, posteriormente, influyera en Floris V cuando adoptó el nombre y el concepto de Santiago para su propio proyecto político y caballeresco en 1290.

Entrevistador: ¿Podría explicarnos de qué manera la expedición del conde Guillermo I a la península ibérica en 1217 pudo establecer ese primer vínculo con los caballeros de Santiago?

Príncipe de Bentheim: Se produjo en el contexto de la Quinta Cruzada. El conde Guillermo I de Holanda encabezaba una flota de cruzados procedentes del norte de Europa que, durante su viaje hacia Tierra Santa, intervino en las operaciones militares que se desarrollaban en la península ibérica. Una de las principales fue el asedio de Alcácer do Sal, en 1217, contra los almohades. Tras la capitulación de la plaza, esta quedó vinculada a la Orden de Santiago. Aquella campaña puso en contacto directo a los cruzados dirigidos por el conde de Holanda con las fuerzas y órdenes militares peninsulares y constituye, por tanto, un antecedente especialmente significativo para comprender las relaciones posteriores.

Entrevistador: Aunque la participación de Guillermo I en el asedio de Alcácer do Sal está documentada, queda todavía mucho por conocer acerca de los contactos de los condes de Holanda con la península ibérica. ¿Existen todavía lagunas importantes en esta historia? ¿Qué podría aportar la comunidad académica?

Príncipe de Bentheim: Sin duda. Disponemos de algunos episodios bien documentados, pero todavía queda mucho por investigar acerca de la presencia de cruzados procedentes del norte de Europa en la península ibérica durante la expansión de los reinos cristianos. Los archivos españoles y portugueses, así como numerosos fondos eclesiásticos, pueden conservar cartas, registros, referencias cronísticas u otros documentos que permitan conocer mejor estos contactos.

Por ello, invitamos a historiadores, archiveros, investigadores y especialistas a colaborar en esta línea de investigación. Cualquier referencia documental a los condes de Holanda o a los primeros contactos caballerescos entre los Países Bajos y los reinos peninsulares durante los siglos XII y XIII puede resultar de gran interés. Animamos a quienes encuentren este tipo de documentación a ponerse en contacto con la Orden. La colaboración académica puede ayudarnos a reconstruir unas relaciones históricas que todavía conocemos de manera fragmentaria.

Entrevistador: Más allá de la relación militar, ¿qué influencia tuvo en la Casa de Holanda la cultura de la peregrinación desarrollada en torno a Santiago de Compostela?

Príncipe de Bentheim: Santiago de Compostela fue uno de los grandes centros de peregrinación de la cristiandad medieval, junto con Roma y Jerusalén. La veneración de Santiago el Mayor y la extensa red de caminos que conducían a Compostela tuvieron una enorme influencia en toda Europa occidental, incluidos los Países Bajos. Los símbolos asociados a la peregrinación jacobea, especialmente la vieira, alcanzaron una difusión extraordinaria. Cuando Floris V fundó posteriormente nuestra Orden, en 1290, la advocación de Santiago permitía vincular aquella iniciativa caballeresca con una tradición religiosa y cultural de gran prestigio y profundamente arraigada en la Europa medieval.

Entrevistador: ¿Pudo servir la organización de la Orden de Santiago española como modelo para Floris V cuando estableció la Orden de Santiago holandesa en 1290?

Príncipe de Bentheim: Creo que existen paralelismos interesantes. A diferencia de otras órdenes militares de carácter monástico, la Orden de Santiago desarrolló una organización que permitía a sus caballeros contraer matrimonio y conservar bienes propios, aunque sometidos a las obligaciones establecidas por la Orden. Era un modelo particularmente adecuado para integrar a miembros de la nobleza secular.

Cuando Floris V creó su Orden de Santiago en 1290 buscaba también articular en torno a la corte una estructura capaz de vincular a nobles y patricios acomodados con la autoridad condal sin exigirles abrazar la vida monástica. Desde esta perspectiva, el precedente de la Orden española ofrecía un ejemplo de cómo una institución caballeresca podía reunir prestigio, vínculos personales y funciones políticas.

Entrevistador: La documentación permite en ocasiones reconstruir estas relaciones siglos después. ¿Qué importancia tienen para la historia de su Orden los documentos conservados en Francia relacionados con la Orden del Toisón de Oro?

Príncipe de Bentheim: Constituyen un testimonio muy interesante para estudiar la memoria y la continuidad de esta tradición caballeresca durante la Edad Moderna. En la Colección Chifflet, conservada en la Biblioteca Municipal de Besanzón, existe un expediente con correspondencia entre Jules Chifflet y Thymon van Schoonhoven. Chifflet fue el decimonoveno canciller de la Orden del Toisón de Oro, mientras que Van Schoonhoven era un destacado patricio y administrador de Róterdam.

En aquella correspondencia recurrieron también a los trabajos del erudito flamenco Petrus Montanus para estudiar los antecedentes de la tradición caballeresca holandesa. La conservación de estos documentos dentro de la colección de Chifflet resulta especialmente significativa, porque demuestra el interés que esta tradición despertaba en círculos relacionados con el Toisón de Oro y permite situarla dentro del contexto más amplio de la cultura caballeresca de los Países Bajos durante la Edad Moderna, a pesar de las profundas divisiones políticas y religiosas de la época.

Entrevistador: Floris V es conocido también por haber elevado a la caballería a hombres que no pertenecían a la antigua nobleza. ¿Qué papel desempeñaron los ricos patricios holandeses en este proceso?

Príncipe de Bentheim: Existía una evidente dimensión política y financiera. Las políticas expansivas y las ambiciones de Floris V requerían recursos que no siempre podían obtenerse mediante las rentas feudales tradicionales, de modo que el conde recurrió también al capital de las élites urbanas y comerciales.

Un caso particularmente interesante es el del patricio de Utrecht Lambert de Vries, uno de sus principales acreedores. Después de asumir en 1291 una deuda de 12.000 libras holandesas relacionada con el conde, De Vries fue armado caballero por Floris V el 22 de abril de 1292. El episodio muestra hasta qué punto podían entrelazarse las necesidades financieras del poder condal, la fidelidad política y la promoción social. Floris utilizaba así su prerrogativa de conceder honores para incorporar a nuevos hombres a los círculos de poder vinculados a su persona.

Entrevistador: La Orden de Santiago posee actualmente una marcada dimensión internacional, pero esa vocación parece tener antecedentes muy antiguos. ¿Cómo desarrolló Floris V su política exterior y hasta qué punto sus ambiciones europeas terminaron condicionando su reinado?

Príncipe de Bentheim: Floris V era hijo de Guillermo II de Holanda, que había sido elegido rey de Romanos, y pertenecía por ello a un mundo político que trascendía ampliamente los límites de su condado. Él mismo desarrolló una intensa política internacional y trató de proyectar su influencia en algunas de las principales cortes europeas de finales del siglo XIII.

La prosperidad de Holanda estaba estrechamente vinculada al comercio, particularmente a las relaciones económicas con Inglaterra y Flandes. Floris mantuvo por ello alianzas, no siempre estables, con soberanos tan importantes como Eduardo I de Inglaterra y Felipe IV de Francia. Su matrimonio con Beatriz de Dampierre debe situarse igualmente dentro de las complejas relaciones con Flandes.

Sus aspiraciones llegaron incluso a Escocia. Durante la crisis sucesoria conocida como la Great Cause, Floris presentó en 1291 su propia reclamación dinástica al trono escocés. Su intensa participación en la política internacional acabaría teniendo graves consecuencias. El cambio de orientación de su política, alejándose de Inglaterra y aproximándose a Francia, contribuyó a crear el contexto en el que varios nobles holandeses conspiraron contra él. Floris fue capturado y asesinado el 27 de junio de 1296.

Entrevistador: La Orden continúa activa en nuestros días. Entiendo que reúne actualmente a hombres y mujeres destacados en distintos ámbitos profesionales y empresariales de numerosos países. ¿Cómo combina hoy la Orden la conservación de su historia y de los valores caballerescos con esa dimensión internacional?

Príncipe de Bentheim: Hoy la Muy Noble Orden Ecuestre de Santiago es una comunidad internacional que procura mantener un equilibrio entre su herencia histórica y las realidades del presente. El ingreso se realiza exclusivamente por invitación y entre nuestros miembros encontramos personas destacadas del mundo empresarial, profesional y de otros ámbitos.

La conservación y el estudio de la historia de la Orden, así como la defensa de determinados principios y valores de la tradición caballeresca, siguen siendo fundamentales para nosotros. Pero queremos también que la pertenencia a la Orden tenga una dimensión contemporánea. Favorecemos el encuentro entre nuestros miembros, el intercambio de ideas y la creación de relaciones de confianza que puedan dar lugar a iniciativas y colaboraciones internacionales.

El próximo mes de septiembre, por ejemplo, celebraremos un encuentro que refleja bastante bien ese equilibrio. Comenzará con una ceremonia religiosa solemne vinculada a nuestra tradición y continuará al día siguiente con una jornada de polo para nuestros miembros. Es un deporte verdaderamente internacional, con una presencia muy importante en países como Argentina, aunque puede practicarse en circunstancias bastante peculiares. Recuerdo que, en una ocasión, en Kenia, antes de comenzar nuestro partido tuvieron que asegurarse de que no hubiera leones en el campo.


Entrevistador: En el ámbito personal, vive con su esposa, la princesa Madeleine, en la región bávara del Tegernsee, al sur de Múnich. Su hijo, el príncipe Maximilian, participa también activamente en la Orden como vicegobernador. ¿Qué significa para usted que una nueva generación de la familia asuma responsabilidades dentro de la institución?

Príncipe de Bentheim: Madeleine y yo disfrutamos mucho de nuestra vida en Tegernsee. Es un lugar extraordinario, próximo a Múnich y, al mismo tiempo, muy bien situado respecto a Austria e Italia, lo que le confiere un carácter particularmente abierto e internacional. Vivimos muy cerca del lago, en un entorno tranquilo que apreciamos enormemente.

En cuanto a Maximilian, me produce una gran satisfacción verlo asumir las responsabilidades de vicegobernador. La participación activa de una nueva generación es fundamental para garantizar que tanto el legado histórico de nuestra familia como los proyectos actuales de la Orden puedan tener continuidad en el futuro.

Entrevistador: Los vínculos de su familia con España tienen también una dimensión personal a través de su esposa, la princesa Madeleine. ¿Podría hablarnos de su relación con este país?

Príncipe de Bentheim: España ocupa un lugar muy especial en nuestra familia. Madeleine creció en Las Palmas de Gran Canaria, donde su padre era propietario de un hotel. Durante aquellos años estudió en un colegio religioso, una experiencia importante en su formación y en su conocimiento de la cultura española. Habla español con fluidez y conserva un profundo afecto por España.

Esa relación personal hace que los antiguos vínculos históricos de nuestra familia con la península ibérica tengan también para nosotros una dimensión mucho más cercana.

Entrevistador: Alteza Serenísima, muchas gracias por su tiempo y por habernos permitido recorrer a través de esta conversación tantos aspectos de la historia de su familia y de la Orden.

Príncipe de Bentheim: Muchas gracias a ustedes. Ha sido un verdadero placer mantener esta conversación y poder compartir con sus lectores una parte de nuestra historia.

Referencias

(1) Gothaisches Genealogisches Handbuch: Fürstliche Häuser 2018, GGH 7 – Bentheim, II. Linie: Bentheim und Steinfurt, Verlag des Deutschen Adelsarchivs, Marburg 2018, p. 200–208.

•             Sitio web: ordevansintjacob.nl
             Dirección de correo electrónico: jvbq@fastmail.nl
             Lecturas adicionales:

 Imágenes.

1.Museo del Louvre. Colección Edmond de Rothschild. Jacques Charles Bar, Caballero de Santiago en Holanda. París 1778/79.
 
2.Dirk V (1054 – 1091), un conde frisón (comes Fresonum) que gobernó los territorios que más tarde se conocerían como el Condado de Holanda. Era hijo de Gertrudis de Sajonia y su primer esposo, Floris I. Fuente: Hollandse jaar-boeken of Rijm-kronijk van Melis Stoke. Behelsende de geschiedenissen des lands, onder de Princen van het eerste Huis, tot den jare 1305.
 
3.Escudo de armas de los Príncipes de Bentheim-Steinfurt. De: Escudo de armas. Stemma Verlag: Alemania. Publicado hacia 1820. Grabado en cobre de escudo de armas de hacia 1820.
 
4. Esta fotografía fue tomada con motivo de la cena posterior a la investidura en la Grote Kerk en Dordrecht el 23 de mayo de 2026. De izquierda a derecha: SAS Maximilian Prinz zu Bentheim und Steinfurt, KJH (vicegobernador); SAS Carl-Ferdinand Fürst zu Bentheim-Steinfurt, KJH (jefe de la Casa de Bentheim-Steinfurt); SAS Georg-Viktor Prinz zu Bentheim und Steinfurt, KJH (gobernador). Crédito de la fotografía: Princesa Madeleine zu Bentheim und Steinfurt, DJH.

Publicado por La Mesa de los Notables.

viernes, 21 de agosto de 2026

LA IMPORTANCIA DEL TRATAMIENTO PARA EL VIZCONDE DE MALVAVISCO.

 

El gabinete del vizconde de Malvavisco
 una mirada distinta al mundo nobiliario


CAPÍTULO II. LA IMPORTANCIA DEL TRATAMIENTO.


Hay cuestiones sobre las que conviene no bromear. El tratamiento es una de ellas.

En el mundo nobiliario, pocas cosas producen mayor inquietud que ignorar si corresponde dirigirse a alguien como «Excelentísimo Señor», «Ilustrísimo Señor», «Excelencia», «Ilustrísima» o, sencillamente, «don Fulano», fórmula esta última que algunos consideran poco menos que una degradación administrativa.

Mi padre sostenía que el tratamiento debía guardar alguna relación con aquello que uno había hecho para merecerlo.

Fue demasiado moderno para su época.

Hoy las cosas son más complejas. Conozco personas que pueden soportar sin dificultad una inspección de Hacienda, una operación de próstata o el abandono de un hijo, pero quedan profundamente afectadas si en una invitación se omite accidentalmente la abreviatura «Excmo.». Un hombre puede sobrevivir a muchas desgracias. A que le quiten la preferencia en una rotonda, no siempre. A que le quiten la Excelencia, rara vez.

El asunto se complica porque las corporaciones nobiliarias han desarrollado una extraordinaria capacidad para los tratamientos. Algunas tienen presidentes; otras, grandes maestres, lugartenientes, cancilleres, decanos, protectores, bailíos, comendadores, procuradores y dignidades cuyo significado ignoro, aunque los interesados parecen conocerlo perfectamente. Al menos mientras hablan de sí mismos.

Recuerdo cierta comida en la que un caballero me explicó durante veinte minutos que debía tratarle de «Excelencia» por ostentar una determinada dignidad.

—Comprendo —le dije.

No lo comprendía, pero era la hora del aperitivo y hay discusiones que pierden mucha importancia cuando aparecen las croquetas.

El problema es que el tratamiento posee también otro significado. Esto suele olvidarse.

Mi primo Ataúlfo conoce a un caballero que pertenece a una orden dinástica extranjera. No diré cuál. La discreción es una virtud y, además, existen tantas que quizá ni siquiera sus propios miembros consiguieran identificarla con los datos que voy a proporcionar.

La Orden reconoce como jefe de la Casa a un príncipe. O, al menos, lo reconocía el martes. En estas materias las semanas pueden resultar excesivamente largas.

Al parecer, algunos caballeros se disgustaron con Su Alteza porque había tomado ciertas decisiones sin consultarles. Nada especialmente grave. Los pretendientes al trono tienen el inconveniente de que, al carecer normalmente de reino, sus súbditos disponen de mucho tiempo para ocuparse de ellos.

Hubo cartas. Después hubo llamadas. Finalmente hubo un grupo de WhatsApp.

La Historia suele comenzar así.

Uno de los caballeros sostuvo que el príncipe había perdido legitimidad; otro opinó que jamás la había tenido; un tercero recordó que existía un primo.

Siempre hay un primo.

El primo pertenecía a otra rama de la familia, vivía discretamente en el extranjero y, hasta aquel momento, había demostrado la prudencia de no reclamar absolutamente nada. Aquello le convirtió inmediatamente en candidato.

Los descontentos comenzaron a escribirle. Le explicaron que la Historia le llamaba. La Historia, por lo visto, tenía su número de teléfono. Durante algunas semanas, varios caballeros que habían jurado fidelidad al primer príncipe descubrieron que su verdadera lealtad pertenecía desde tiempo inmemorial al segundo. Estas revelaciones retrospectivas son frecuentes en el mundo dinástico: uno siempre ha pensado exactamente lo que acaba de decidir.

Ataúlfo me contó el asunto durante una visita al gabinete.

—La situación es gravísima —dijo.
—¿Para quién?

No supo contestarme.

Me explicó que uno de los principales defensores del nuevo pretendiente atravesaba además una temporada complicada. Dormía poco, enviaba mensajes a todas horas, redactaba manifiestos y había comenzado a firmar algunas comunicaciones con tres tratamientos diferentes.

—¿Y está bien? —pregunté.

Ataúlfo se encogió de hombros.

—No lo sé. Creo que sigue con lo del tratamiento.

Aquello me tranquilizó.

—Entonces lo importante es que no lo interrumpa.

Ataúlfo me miró.

—Me refiero al tratamiento de Excelencia.
—Yo no.

No tengo ninguna objeción a los tratamientos honoríficos. Forman parte de determinadas tradiciones, cargos y usos sociales, y pueden resultar incluso elegantes cuando se emplean con naturalidad. Lo que siempre me ha sorprendido es la cantidad de personas que parecen necesitarlos.

Hay quien recibe un «Excelencia» como quien recibe oxígeno. Se le ensancha el pecho, le cambia la mirada y durante unos segundos parece reconciliarse con la existencia. Después pregunta si también corresponde a su esposa.

Mi médico sostiene que estas cosas no se curan con medicación. Es posible. Pero tampoco conviene descartar ninguna ayuda.

Con el tiempo he aprendido que existen personas para quienes pertenecer a una orden, lucir una placa, recibir un tratamiento o aparecer junto a un príncipe proporciona una seguridad que probablemente no encontraron en otros lugares. No me parece censurable. Todos necesitamos alguna forma de reconocimiento.

Lo preocupante comienza cuando el reconocimiento deja de ser una cortesía y se convierte en una necesidad. Entonces una precedencia puede parecer una ofensa; una omisión en una tarjeta, una conspiración; y un primo del pretendiente, la solución a la monarquía.

Mi secretario entró aquella tarde para preguntarme cómo debía contestar una carta que acabábamos de recibir.


—El remitente firma como Excelentísimo Señor —me dijo—. ¿Qué tratamiento pongo?

Lo pensé unos segundos.

—El que corresponda.
—¿Y si no corresponde ninguno?
—Entonces, don.

Mi secretario dudó.

—¿No se ofenderá?

Miré a don Rigoberto. Contemplaba simultáneamente la ventana y el Elenco de Grandezas y Títulos del Reino, que seguía cumpliendo con notable eficacia sus funciones sobre un montón de facturas.

—Probablemente.

Mi secretario esperó.

—¿Y qué hacemos?

—Nada. Hay tratamientos que deben respetarse.

Hice una pausa.

—Y otros que conviene no interrumpir.

El vizconde de Malvavisco.

 

Aviso sobre propiedad intelectual.

El vizconde de Malvavisco es un personaje literario original y el pseudónimo bajo el que se publica esta serie. ©2026 El vizconde de Malvavisco. Todos los derechos reservados. Quedan reservados los derechos sobre los textos y sobre los elementos originales que configuran este personaje de ficción y su universo narrativo, en los términos previstos por la legislación de propiedad intelectual.

Publicado por La Mesa de los Notables.

 


jueves, 20 de agosto de 2026

LA DIVISA CELEBRA SU CAPÍTULO ANUAL EN SANTA MARÍA DE LA PISCINA(2026).

 

La ermita-basílica de Santa María de la Piscina, en San Vicente de la Sonsierra, acogió el pasado día 15 el Capítulo Anual Ordinario de la Divisa, Solar y Casa Real de la Piscina. La reunión de los diviseros se celebra tradicionalmente cada 15 de agosto, coincidiendo con la festividad de la Asunción de María, y constituye una de las principales citas anuales de esta corporación de origen medieval.

Según hemos sabido, el Capítulo se celebró por la mañana, antes de la misa oficiada por el nuevo abad de la Divisa, el reverendo señor don Fernando Azofra Ibáñez. Azofra cuenta con una amplia trayectoria sacerdotal, que incluye su labor como misionero en África y su condición de canónigo de la concatedral de Santo Domingo de la Calzada.

Durante la sesión se formalizó también la incorporación de cinco nuevos miembros como Diviseros de la Corporación. La Junta incorporó como vocal permanente a don Fernando Ramírez de Haro, conde de Bornos y marido de la expresidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre, quien también estuvo presente en los actos.

La reunión incluyó asimismo un homenaje a los miembros fallecidos y un recuerdo especial a Ignacio Martínez de Baroja, que ocupó el cargo de Tesorero-Bolsero de la corporación.

Entre los asuntos tratados figuró la situación del expediente para la declaración de la Real Divisa como Bien de Interés Cultural por parte del Gobierno de La Rioja. La tramitación se encuentra en su fase final después de haber concluido el periodo de información pública.

La tradición sitúa el origen de la iglesia y de la Divisa en el siglo XII y lo vincula al infante don Ramiro Sánchez de Navarra, casado con Cristina Rodríguez, a quien la tradición identifica como hija del Cid Campeador. Según este relato, Ramiro Sánchez participó en las Cruzadas en Tierra Santa y según la tradición estuvo en el asalto a Jerusalén, cerca de la llamada piscina probática de Bethesda.

A su regreso habría dispuesto en su testamento la construcción de un templo destinado a albergar una imagen de la Virgen y una reliquia de la Vera Cruz. La iglesia fue consagrada en 1137 por el obispo de Calahorra Sancho de Funes.

El templo es uno de los principales ejemplos del románico riojano y conserva buena parte de su estructura y decoración original. Fue declarado Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural en 1931. Su entorno incluye un importante conjunto arqueológico y una necrópolis medieval, elementos que permiten situar la construcción de la iglesia dentro de un asentamiento de mayor antigüedad.

La historia de la Real Divisa combina así documentación medieval, tradición nobiliaria y elementos legendarios relacionados con la participación de Ramiro Sánchez en Tierra Santa. La propia evolución histórica de la institución está mejor documentada a partir de siglos posteriores, aunque la corporación mantiene el relato fundacional vinculado al infante navarro y al origen de Santa María de la Piscina.

La celebración del capítulo anual mantiene vigente esta tradición en torno a un templo que, casi nueve siglos después de su consagración, continúa siendo la sede histórica de la Real Divisa.

Para saber más: https://divisarealdelapiscina.org/

Publicado por La Mesa de los Notables.


miércoles, 19 de agosto de 2026

DIEGO GARCÍA DE PAREDES, EL SANSÓN DE EXTREMADURA.

Manuel Luis Ruiz de Bucesta Álvarez. 

Diego García de Paredes nació en Trujillo en el año 1468. Estamos hablando de la severa Extremadura, en tiempos que se respiraba la vida de frontera medieval. De casa noble, era un reputado hidalgo. Fue hijo de Hernando o Fernando García de Paredes y, por parte de madre, descendida de la ilustre casa de los Ovando, ella María de Ovando. Diversas investigaciones identifican a sus abuelos paternos como García González de Paredes y Mayor de Carvajal. Conocemos también, por la generosa y abundante documentación, que vivió en su casa la tradición militar, por esto la guerra se convirtió en su oficio y forma de vida.

García de Paredes no fue un gigante inventado por la literatura, aunque la literatura lo adoptó posteriormente. En realidad, su figura está sólidamente documentada por numerosos cronistas, uno de ellos, Gonzalo Fernández de Oviedo, quien lo conoció personalmente y dejó testimonio directo de su fuerza, su buen carácter y sus hazañas. Desde joven habría destacado por gozar de una corpulencia extraordinaria. Su fuerza física no era algo exagerado, era un hecho que se repetía por todas partes y sobre todo por aquellos que le vieron combatir. Fernández de Oviedo afirmó de su fuerza que podía detener un caballo desbocado con las manos desnudas. También decía que su sola presencia imponía respeto, incluso a los soldados más veteranos. Anotó que era disciplinado y con una voluntad férrea.

Sus primeros pasos en la milicia se produjeron en la Guerra de Granada, donde participó en los últimos años del conflicto. Aquí aprendió la dureza del combate cuerpo a cuerpo, alejado de las novelas caballerescas. En la guerra contra el reino nazarí se instruyó en los asedios y escaramuzas, sabiendo que la disciplina y la certeza de los hechos valen más que las palabras. Pero el escenario que lo llegó a convertir en leyenda fueron las guerras de Italia. Aquí se vivía un complejo entramado de alianzas, traiciones y ambiciones europeas, todo lo cual ofreció a García de Paredes el espacio perfecto para desplegar sus capacidades. Su nombre empezó a circular por Nápoles, Roma y Lombardía. Hablaban de él con una mezcla de temor y admiración. Los italianos lo describían como un hombre que peleaba como si la muerte fuese un inconveniente menor, así que su fama se cimentó en numerosos episodios documentados como la defensa de una puerta en Nápoles contra decenas de franceses y que peleó en solitario. Aquí mantuvo un duelo con un capitán galo, demostrando una técnica sorprendente para su corpulencia. Sirvió bajo las órdenes del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, quien lo conocía bien y le consideraba uno de sus hombres más valiosos.

En Italia encarnó la transición entre dos mundos, o sea, la vieja caballería medieval que se basaba en el valor individual, y la guerra moderna que era en realidad disciplina colectiva. Diego García de Paredes era un hombre del pasado, pero funcionaba perfectamente en la guerra del futuro. Su fuerza física era legendaria. Muchas fuentes coinciden en que poseía una moral estricta, una lealtad absoluta y que su sentido del honor era inflexible, así que no estamos ante un bruto épico o sin pensamiento. Él no luchaba por gloria personal, lo hacía por deber. El cronista Oviedo insiste en que era respetado hasta por sus enemigos porque veían en él un modelo de soldado íntegro.

Sirvió también como capitán de la guardia pontificia durante su estancia en Roma. Este era un cargo que exigía mucha disciplina. Su reputación fue tal que el mismísimo Papa lo destinó a misiones delicadas, confiando en su capacidad para imponer el orden sin necesidad de utilizar la violencia. Más tarde, al servicio del emperador Carlos V, participó en diversas campañas y mantuvo su calidad de soldado excepcional. Tuvo una vida militar bastante larga y sobre todo, marcada por la ausencia de escándalos.

La muerte de García de Paredes llegó en 1534 de forma inesperada. No falleció en ninguna batalla, ni en un duelo, ni en una empresa heroica, en realidad cayó del caballo mientras cruzaba un río. Estamos entonces ante una ironía histórica, porque vemos un hombre que sobrevivió a numerosos combates, asedios y enfrentamientos, pero que muere en un lance menor. Diego no conoció la derrota, ni tampoco la retirada, su figura quedó grabada en la memoria de España como símbolo de una fuerza tanto física como moral. Estamos ante un hombre que fue soldado y que caminó por la historia sin ningún miedo y con la cabeza bien alta.

Estimo que la vida de este personaje goza de todos los elementos para una novela histórica, con un origen noble pero austero, una fuerza extraordinaria, una carrera militar brillante, episodios legendarios documentados, que sirvió a reyes, papas y conocidos generales, y que todo termina con una muerte inesperada cayendo de un caballo. Así se cierra, de repente, todo el relato.

No me cabe duda de que en aquel tiempo en donde el honor era la norma, su figura representaba la España que entendía que la guerra era un deber. El legado que nos ha dejado Diego García de Paredes es el de un hombre que sin necesidad de discursos y solamente con su ejemplo, encarnó una forma de vida y herencia que hoy escasamente recordamos, la de la fuerza, el honor y la acción.

Publicado por La Mesa de los Notables.


martes, 18 de agosto de 2026

EL VIZCONDE DE MALVAVISCO NUEVO COLABORADOR DEL BLOG.

 

El vizconde de Malvavisco es un nuevo colaborador de La Mesa de los Notables, donde publicará una crónica semanal. Personaje de notable erudición, llevaba ya varios años observando en silencio la condición humana y, según parece, había llegado a la conclusión de que necesitaba un lugar donde dejar constancia de algunas de sus perplejidades.

Escribe desde su gabinete, rodeado de libros, retratos familiares y papeles que parecen llevar allí varias generaciones. Desde ese refugio contempla, con una mezcla de humor, ironía y cierta indulgencia, el universo de la nobleza y de las corporaciones caballerescas: sus protocolos, tratamientos, genealogías, ceremoniales y esas otras pequeñas cosas que, sin ser siempre importantes, poseen una sorprendente capacidad para alimentar la vanidad humana.

El vizconde no es un revolucionario y tampoco tiene vocación de moralista. Aprecia la tradición demasiado como para confundirla con la afectación, y conoce suficientemente bien las instituciones como para saber que la mejor manera de respetarlas no consiste necesariamente en tomarlas siempre demasiado en serio. Prefiere la observación al sermón, la ironía a la indignación y, siempre que sea posible, una sonrisa a una sentencia.

Sus crónicas suelen nacer de una anécdota, una conversación o algún personaje que ha tenido la imprudencia de ponerse a su alcance. A partir de ahí, Malvavisco observa. Rara vez juzga. Normalmente se limita a constatar. Quizá porque sabe que el humor sigue siendo una de las formas más elegantes de inteligencia y, en determinadas circunstancias, también una de las más eficaces.


Su primera entrega, «Saber descender», ha sido una magnífica carta de presentación. En ella nos relata la historia de su antepasado, el primer vizconde, y deja entrever algunos de los caminos por los que discurrirán las próximas historias que salgan de su gabinete.

No sé exactamente cómo las escribe. Sospecho que las redacta a mano, porque desconfía de casi todo aquello que permite corregir demasiado deprisa. Lo cierto es que los textos llegan puntualmente a esta Mesa por medios perfectamente contemporáneos, gracias en buena medida a un secretario que mantiene con la modernidad una relación bastante más pacífica que la de su señor.

A partir de ahora, el vizconde tomará asiento entre nosotros cada viernes.

Sean benévolos con él. Tiene la extraña costumbre, tan poco frecuente en nuestros días, de decir las cosas con educación, que, a nuestro juicio, continúa siendo una de las formas más eficaces de decirlas. 


Aviso sobre propiedad intelectual

El vizconde de Malvavisco es un personaje literario original y el pseudónimo bajo el que se publica esta serie. ©2026 El vizconde de Malvavisco. Todos los derechos reservados. Quedan reservados los derechos sobre los textos y sobre los elementos originales que configuran este personaje de ficción y su universo narrativo, en los términos previstos por la legislación de propiedad intelectual.

Publicado por La Mesa de los Notables.

lunes, 17 de agosto de 2026

TRANSMISIÓN HEREDITARIA Y CALIDAD DE LA HIDALGUÍA EN EL ANTIGUO RÉGIMEN.

 

Antonio de Castro García de Tejada
Caballero de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III.

En un trabajo anterior, publicado en este mismo medio el pasado 11 de agosto, sostuvimos que la nobleza personal o de privilegio concedida por el Rey no tenía que esperar a una tercera generación para adquirir carácter hereditario. Desde la generación siguiente a la de su concesión, la condición nobiliaria podía transmitirse por filiación, de manera que el hijo del beneficiario ya era noble por filiación. Es decir por la sangre.

Nada de lo que ahora proponemos contradice aquella conclusión. Al contrario, la documentación permite precisarla y comprender mejor el significado de las expresiones «hidalguía de sangre» y «hidalguía de privilegio» en el Antiguo Régimen.

La cuestión exige distinguir dos realidades que no deben confundirse: la transmisión hereditaria de la condición hidalga y la calidad jurídica de la hidalguía transmitida. Si por «hidalguía de sangre» entendemos simplemente una nobleza heredada por filiación, nuestra tesis anterior permanece plenamente vigente: la transmisión comienza en la generación siguiente al beneficiario y continúa en sus descendientes. Pero de ello no se sigue que una hidalguía de privilegio o una hidalguía personal cambiase automáticamente de naturaleza por el mero hecho de transmitirse por sangre.

Una hidalguía concedida por privilegio podía conservar su carácter originario en la persona que recibió la merced y en sus descendientes, aunque hubieran transcurrido una o varias generaciones. Del mismo modo, una hidalguía concedida como personal podía transmitirse hereditariamente sin convertirse por ello en una hidalguía de sangre como categoría jurídica. Los descendientes participaban de los privilegios fundamentales comunes a la condición hidalga, pero podían no producir los mismos efectos particulares que una hidalguía de sangre en aquellos ámbitos en los que una norma, un privilegio regio o el estatuto de una institución estableciera requisitos específicos.

Esta distinción resulta especialmente importante porque la transmisión por sangre no alteraba necesariamente el título jurídico originario de la nobleza. El hijo de un hidalgo de privilegio podía ser hidalgo por filiación y, al mismo tiempo, continuar perteneciendo a un linaje cuya hidalguía tenía origen privilegiado. Por tanto, la existencia de varias generaciones de descendientes no permite, por sí sola, afirmar que se hubiera producido una transformación automática de la calidad de la hidalguía.

La regulación de la nobleza de los defensores y vecinos de Zaragoza constituye un ejemplo particularmente ilustrativo. La disposición establecía: «Que todos los defensores de Zaragoza, sus vecinos y sus descendientes gocen de la nobleza personal». La condición, por tanto, podía transmitirse por descendencia sin que ello obligara a calificarla como nobleza de sangre en sentido jurídico. La propia fórmula demuestra que transmisión hereditaria y naturaleza originaria de la nobleza podían coexistir.

Esta circunstancia, hasta donde sabemos, no ha sido formulada habitualmente en estos términos por la literatura moderna. Resulta difícil de percibir desde nuestras categorías actuales, pero son las fuentes las que obligan a introducir esta distinción: una cosa es que una nobleza se transmita por sangre y otra que, por ese solo hecho, cambie la calidad jurídica con la que fue concedida.

«Al hidalgo por hidalgo».

La complejidad del sistema se aprecia también en la regulación de los padrones. La Nueva Recopilación, libro IX, título XXXIII, ley X, al ordenar la confección de los padrones de moneda forera, establecía:
«al hidalgo por hidalgo, y al Clerigo por Clerigo, y al pechero por pechero».
La norma no exigía distinguir en el padrón entre hidalgos de sangre, de privilegio, de solar conocido o de otras calidades. Para aquella finalidad, la categoría relevante era sencillamente la de hidalgo.
El criterio fue reiterado por la Sala de Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid, mediante auto de 10 de noviembre de 1736, que ordenaba poner: «al pechero por pechero, al hidalgo por hidalgo, al clérigo por clérigo, y al exempto y al privilegiado por tal», añadiendo: «sin aditamiento de otra qualidad que la que cada uno tubiese legítimamente».

Como ha estudiado Julio García-Gabilán Sangil, en La hidalguía de solar conocido: normas jurídicas y doctrina, Revista de Derecho de la UNED, núm. 11 (2012), las distintas calificaciones que aparecen en algunos padrones no se corresponden necesariamente con las categorías que la normativa establecía para su confección.

La consecuencia es importante: las distintas calidades de hidalguía podían compartir los efectos generales de la condición noble sin producir necesariamente idénticos efectos en todos los ámbitos. Para el padrón y las exenciones fiscales, lo esencial era determinar si el individuo era hidalgo o pechero. En cambio, una institución, una corporación, un Ayuntamiento o un determinado oficio podía exigir una calidad, antigüedad u origen concreto de nobleza cuando existiera una norma o un privilegio que así lo estableciera.

De este modo se explica que determinadas ciudades pudieran reservar ciertos oficios —singularmente las regidurías— a los hidalgos de sangre, excluyendo de ellos a los hidalgos de privilegio o incluso a sus descendientes. Pero tales restricciones no constituían una regla general de la Monarquía ni afectaban a la condición fundamental de hidalgo: eran efectos particulares derivados de privilegios o disposiciones especiales concedidos por el Rey.

Podía, por tanto, suceder que un hombre fuese plenamente hidalgo a efectos fiscales y de los demás privilegios generales de la hidalguía y, sin embargo, no reuniese la calidad exigida para acceder a una determinada regiduría. No existía contradicción: se trataba de efectos jurídicos diferentes.

La transmisión no implica un cambio automático de calidad.

Llegamos así al punto central. Si el primer beneficiario recibe una hidalguía personal o de privilegio, su hijo puede recibirla por filiación; también su nieto y sus sucesivos descendientes. Si llamamos «hidalguía de sangre» a toda nobleza heredada, desde el hijo existiría nobleza transmitida por sangre. Pero eso no significa que la hidalguía haya cambiado automáticamente de origen o de calidad jurídica.

Con el tiempo, un linaje podía integrarse entre los antiguos linajes hidalgos, consolidar una prolongada posesión de estado, desaparecer en los padrones toda referencia a su origen privilegiado o personal, o conseguir posteriormente una ejecutoria de hidalguía. Cualquiera de estas circunstancias podía modificar su consideración jurídica o social. Lo que no puede afirmarse es que la tercera generación produjera por sí sola y automáticamente esa transformación.

Por ello, la expresión «hidalguía de sangre» debe entenderse en dos sentidos diferentes. En uno, designa simplemente una hidalguía transmitida hereditariamente: en este sentido, la transmisión comienza en la generación siguiente al beneficiario. En otro, designa una determinada calidad u origen de hidalguía, contrapuesta a la adquirida por privilegio. Es únicamente en este segundo sentido cuando resulta incorrecto identificar toda hidalguía heredada con hidalguía de sangre.

La documentación examinada muestra, por tanto, que la nobleza hereditaria podía comenzar en la segunda generación, mientras que la transformación de la calidad jurídica de la hidalguía no obedecía necesariamente a una regla automática de generaciones. Una hidalguía de privilegio podía perpetuarse hereditariamente sin perder por ello su origen privilegiado; y una hidalguía personal podía transmitirse por sangre sin convertirse automáticamente en hidalguía de sangre como categoría jurídica.

Esta distinción, que las fuentes permiten apreciar con claridad, ha recibido escasa atención en la literatura moderna, probablemente porque desde nuestras categorías actuales resulta difícil separar la transmisión hereditaria de la naturaleza jurídica del título originario. Sin embargo, ambas cuestiones no eran necesariamente coincidentes en el Antiguo Régimen.

En definitiva, las diferentes calidades de hidalguía pertenecían a una misma condición noble y compartían sus privilegios fundamentales, pero podían producir efectos distintos cuando una disposición regia, un privilegio municipal o el régimen particular de una institución establecía requisitos específicos. La transmisión hereditaria no borraba necesariamente esas diferencias ni convertía automáticamente una calidad en otra. La realidad nobiliaria del Antiguo Régimen fue, por ello, mucho más flexible y compleja que la que sugieren las interpretaciones basadas en una supuesta regla automática de las tres generaciones.

Por eso considero que buena parte de la confusión moderna procede de identificar la transmisión hereditaria de la hidalguía con la adquisición automática de la «hidalguía de sangre». La expresión «hidalguía de sangre» no designaba simplemente toda hidalguía que se transmitiera por filiación, sino que en determinados ámbitos podía referirse a una determinada calidad jurídica de hidalguía. Más adelante veremos cómo el legislador vino a resolver esta posible confusión conceptual, distinguiendo ambas realidades y denominando «nobleza heredada» a la hidalguía recibida por filiación, para diferenciarla de la «hidalguía de sangre», entendida como una determinada cualidad o condición jurídica de la hidalguía.


Publicado por La Mesa de los Notables.


domingo, 16 de agosto de 2026

LIECHTENSTEIN ABRE LA PUERTA DEL TRONO A LAS MUJERES.

 

Durante más de cuatro siglos, la ley sálica, entendida en Liechtenstein como la regla sucesoria de la Casa Principesca que reservaba la Corona a los descendientes varones, ha mantenido a las mujeres fuera de la sucesión al trono. Ahora, el pequeño principado alpino ha decidido cambiar esa norma. El anuncio, realizado durante el discurso del Día Nacional, puede poner fin a la primacía masculina en la sucesión de la Casa de Liechtenstein y abre, por primera vez, la posibilidad de que una mujer pueda convertirse en soberana.

La reforma fue anunciada por el príncipe heredero Alois de Liechtenstein, que ejerce desde 2004 buena parte de las funciones de jefe del Estado, después de que su padre, el príncipe Hans-Adam II, le delegara gran parte de sus poderes.

El cambio afecta a una institución mucho más antigua que el propio Estado moderno. Las reglas de sucesión de la Casa Principesca se remontan a 1606, cuando los miembros de la dinastía establecieron un pacto familiar que fijó el principio de sucesión por línea masculina. Durante siglos, esa tradición se ha transmitido dentro de la familia hasta convertirse en una de las particularidades más llamativas de la monarquía liechtensteiniana.

La Constitución del Principado mantiene una peculiaridad que ayuda a entender por qué la decisión no ha correspondido al Parlamento. Su artículo 3 establece que la sucesión hereditaria al trono debe ser regulada por la propia Casa Principesca mediante su ley dinástica. Es decir, la sucesión constituye una materia reservada al ordenamiento de la familia reinante.

Hasta ahora, esa norma establece una primogenitura masculina. La documentación oficial de Liechtenstein explica que el derecho de sucesión correspondía a los descendientes varones de la línea dinástica y que las mujeres y sus descendientes quedaban excluidos del trono.

La novedad consiste en sustituir ese criterio por la primogenitura absoluta: a partir de ahora, el sexo dejará de determinar quién puede heredar el trono y será el orden de nacimiento el que marque la sucesión. El primer hijo podrá ser heredero independientemente de que sea hombre o mujer. La decisión fue aprobada por una mayoría de dos tercios de los miembros de la familia principesca con derecho a voto.

Hay, sin embargo, un matiz esencial. El cambio tiene consecuencias para el futuro, pero no modifica la sucesión que existe actualmente. El príncipe Joseph Wenzel, hijo mayor de Alois y de la princesa heredera Sophie, continúa siendo el primero en la línea. Su hermana, la princesa Marie Caroline, ocupa actualmente el segundo lugar entre los hijos de la pareja, pero la reforma no la coloca por delante de su hermano. Será la siguiente generación la que quede sometida al nuevo sistema.

La diferencia puede parecer pequeña en un país de apenas unos cientos de kilómetros cuadrados. No lo es. En Liechtenstein, la monarquía conserva un peso político singular dentro de su sistema constitucional. El Principado es una monarquía hereditaria constitucional asentada sobre una base democrática y parlamentaria, pero la Constitución atribuye al Príncipe una posición institucional especialmente relevante.

La reforma llega, además, después de una larga historia de debate sobre la exclusión de las mujeres. Naciones Unidas había señalado en distintas ocasiones la cuestión de la sucesión masculina y había planteado a Liechtenstein la posibilidad de adoptar un sistema de primogenitura absoluta. En sus respuestas oficiales, el principado había explicado que la sucesión pertenecía al ámbito autónomo de la Casa Principesca.

La decisión de la familia principesca no borra, por tanto, cuatro siglos de tradición. La mantiene y, al mismo tiempo, la modifica. La antigua regla que hacía del nacimiento de un varón la condición indispensable para perpetuar la línea sucesoria deja paso a otra en la que el orden de nacimiento será el que determine quién puede heredar.

La puerta está abierta. No para María Carolina, al menos por ahora, ni para alterar la línea sucesoria que hoy existe, sino para las generaciones que vendrán. Y en una dinastía acostumbrada a medir el tiempo en siglos, esa diferencia entre el presente y el futuro puede ser, precisamente, la parte más importante de la historia.

Fuente: El Confidencial.com

Publicado por La Mesa de los Notables.