miércoles, 18 de febrero de 2026

ARRANCA LA VIII EDICIÓN DEL PREMIO INTERNACIONAL DE HISTORIA ÓRDENES ESPAÑOLAS.

 

  • El plazo para la presentación de candidaturas se cerrará el próximo 15 de abril.
  • La dotación del Premio será de 65.000 euros.
  • El Catedrático y Académico José Antonio Escudero fue el ganador de la VII Edición.

Madrid, 18 de febrero de 2026. Las Órdenes Españolas de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, instituciones cuyo trabajo al servicio de la cultura es uno de sus rasgos distintivos, ha lanzado ya la convocatoria de la VIII Edición del Premio de Historia Órdenes Españolas. El plazo para la presentación de candidaturas se cerrará el próximo 15 de abril, y el fallo del jurado se anunciará tras la reunión del jurado que se celebra en el mes de mayo.

El objetivo de este premio, que tiene una dotación de 65.000 €, es poner en valor la Historia y la trayectoria de aquellos investigadores que han trabajado con esfuerzo y rigor en transmitir la verdad de los hechos pasados, con la consideración de que alguna parte de su obra esté relacionada con lo hispánico y su proyección en el mundo.

Jurado del Premio Internacional de Historia Órdenes Españolas.

El Catedrático y Académico José Antonio Escudero resultó el ganador del Premio de la VII Edición por su prestigiosa trayectoria como historiador y jurista con gran reconocimiento a nivel internacional en el terreno del Derecho, de las Instituciones político-administrativas y de la Inquisición en Europa. La noticia se comunicó por parte de S.A.R. Don Pedro de Borbón Dos Sicilias y de Orleans, presidente del jurado del Premio, en el concurrido evento Spanish Contribution to the American Revolution realizado gracias a la colaboración de la Armada Española, y organizado por la Fundación Órdenes Españolas y el Queen Sofía Spanish Institute, en el marco de la iniciativa America&Spain250, que tiene como objetivo celebrar, a través de una serie de actividades, los 250 años de la amistad compartida entre Estados Unidos, España y el mundo hispanohablante.

La última edición del Premio se cerró con el mayor número de inscritos de su trayectoria, 42 candidaturas de 19 países presentadas por prestigiosas instituciones. Desde su inicio en 2017, se han recibido cerca de 200 candidaturas procedentes de países de todo el mundo.

El premio está gestionado por la Fundación Órdenes Españolas y cuenta con el apoyo de: la Fundación Areces; la Fundación Talgo; la Real Asociación de Hidalgos de España; la Fundación Nemesio Diez; Don Ramón Pérez-Maura, a título personal; y a través de la asociación de Historiae Amicus, gestionada por la Fundación Órdenes Españolas e integrada por diferentes personas a título individual. Lo que permiten que el Premio tenga cada vez mayor presencia y reconocimiento en la sociedad actual.
El jurado está presidido por Don Pedro de Borbón Dos Sicilias y de Orleans, duque de Calabria, presidente a su vez del Real Consejo de las Órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa.

Los ganadores de las ediciones anteriores fueron: Sir John H. Elliott (I Edición), Don Miguel Ángel Ladero (II Edición), Don Enrique Krauze (III Edición), Doña Carmen Iglesias (IV Edición), Don Giovanni Muto (V Edición), Doña Carla Rahn Phillips (VI Edición) y Don José Antonio Escudero (VII Edición).


Contacto de prensa: María José Murillo: mjmurillo.ext@somosexperiences.com

Publicado por La Mesa de los Notables.

martes, 17 de febrero de 2026

CELEBRACIÓN DEL CAPÍTULO ANUAL DEL REAL CUERPO DE LA NOBLEZA DE MADRID, 24 DE ENERO DE 2026.

 

El Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, con la venia de Su Majestad el Rey, Jefe Supremo del mismo, celebró la tradicional ceremonia de investidura anual el pasado 24 de enero, en conmemoración de la festividad de su Santo Patrono San Ildefonso.
Como es tradición en la corporación madrileña, la solemne ceremonia se celebró en el Real Monasterio de la Encarnación, de monjas agustinas recoletas, engalanado por Patrimonio Nacional al efecto para recibir a los nuevos caballeros que han solicitado su ingreso y cumplían con las exigencias previstas en sus estatutos para incorporarse a esta antigua corporación.

El acto contó con la presencia de SAIR el Archiduque de Austria que es el actual Embajador de Hungría en España y fue presidido por el Presidente del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, Excmo. Sr. Conde de Paredes de Nava, Grande de España, quien tomó la Promesa e impuso el Manto a los nuevos Caballeros que fueron los siguientes:

-Excmo. Sr. Duque de Frías y de Escalona, Grande de España.
-Excmo. Sr. Duque de Montealegre, Grande de España.
-Ilmo. Sr. Marqués de Vargas y Conde de San Cristóbal.
-Ilmo. Sr. D. Fernando de las Alas-Pumariño y Sánchez.
-Ilmo. Sr. D.  Ramiro Ceballos-Escalera y Jofre.
-Ilmo. Sr. D. Jacobo Díaz de Bustamante y González-Arnao.


Asistieron y fueron testigos del ingreso en la Corporación de los neófitos; representantes de las siguientes entidades y corporaciones nobiliarias: Excmo. Sr. Teniente General D. Eduardo Diz Monje, Jefe del Cuarto Militar de la Casa de S.M. el Rey (q.D.g.); Excmo. Sr. General del Aire Miguel Ángel Villarroya, Gran Canciller de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo; Excmo. Sr. Conde de Casa Galindo, Grande de España, Secretario de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España y Títulos del Reino; Excmo. Sr. D. Fernando Gortázar y Rotaeche, Secretario del Real Consejo de las Órdenes Españolas; Ilmo. Sr. Coronel D. Luis Alfonso Choya, Jefe de la Guardia Real; Ilmo. Sr. Marqués de Fuente el Sol de la Real Hermandad de Caballeros de San Fernando,  también estuvieron representadas la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, la Soberana y Militar Orden de Malta, la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge, la Real Maestranza de Caballería de Valencia, la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, el Real Cuerpo de la Nobleza de Cataluña, el Real Estamento Militar del Principado de Gerona y la Real Asociación de Hidalgos de España.

Finalizada la ceremonia de ingreso dio comienzo la Santa Eucaristía, presidida por el Rvdo. Monseñor Don Joaquín Martín Abad, Capellán del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid y Capellán Mayor del Real Monasterio, que concelebró con el Rvdo. Capellán Don Javier Calvo, dando término a la ceremonia con la reunión del Capítulo junto a las Corporaciones invitadas en la Sacristía Mayor de la Iglesia, donde se rezó un responso por los Caballeros y Damas fallecidos desde la última celebración.

Se dio fin a la jornada con un cóctel de confraternización, celebrado en la Real Gran Peña, a la que asistieron más de ciento sesenta personas, miembros del Real Cuerpo, representantes de las Corporaciones invitadas y amigos. Al finalizar, el Presidente del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, pronunció un breve discurso, dando la bienvenida a los nuevos Caballeros, agradeciendo la compañía y trasmitió a todos los miembros la felicitación de S.M. El Rey, Jefe Supremo del Real Cuerpo, que ha sido comunicada por el Jefe de Su Casa, finalizando con un brindis por S.M. El Rey (q.D.g.).


Para saber más: https://rcnm.es/

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lunes, 16 de febrero de 2026

JORGE BERNALDO DE QUIRÓS, CABALLERO DE LA NOBLEZA DE ASTURIAS, NUEVO RECTOR PARA ESPAÑA DE LA CASA REAL DE GEORGIA.

 

La Casa Real de Georgia ha anunciado recientemente, a través de sus canales oficiales, el nombramiento de don Jorge Bernaldo de Quirós y Trillas, vizconde de Las Quintanas (Georgia), como Rector para el Reino de España de dicha Casa Real y de sus Órdenes Dinásticas.

Este nombramiento reconoce una trayectoria marcada por el rigor profesional, la vocación de servicio y el compromiso institucional. Don Jorge Bernaldo de Quirós es Piloto de Transporte de Línea Aérea y Capitán del Ejército del Aire y del Espacio de España (R), condición que acredita una dilatada carrera vinculada al ámbito aeronáutico. Es licenciado en Aviación Comercial y diplomado en Gestión de Negocios Aeronáuticos, formación que ha complementado con una constante actualización en materias técnicas y de liderazgo.

Su actividad profesional no solo se ha desarrollado en el campo de operación aérea, sino también en la enseñanza y la evaluación técnica. Ha desempeñado funciones como instructor en Gestión de Recursos de Tripulación (Crew Resource Management) y factores humanos, contribuyendo a la formación de nuevas generaciones de aviadores, así como Examinador de Pilotos de Vehículos Aéreos No Tripulados, campo de creciente relevancia estratégica y tecnológica.

En el ámbito intelectual, es autor de las obras La Cruz del Mérito Aeronáutico (2018) y La dama del cielo (2021), publicaciones que reflejan su profundo conocimiento de la tradición aeronáutica y su sensibilidad hacia la historia y el espíritu de servicio que la inspiran.

Su vinculación con la tradición histórica y nobiliaria se manifiesta asimismo en su condición de Caballero del Real Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias, Diputado- Secretario General de la Maestranza de Castilla, y Académico del Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés y del Instituto Balear de la Historia, corporaciones dedicadas al estudio, preservación y difusión del legado histórico y cultural español.

Cuenta con las siguientes condecoraciones: Medalla al Mérito Militar con distintivo Blanco (Ejército Español), Medalla al Mérito Aeronáutico con distintivo blanco (E.A. y E. de España), Medalla al Mérito Policial, con distintivo Blanco (Cuerpo Nacional de Policía de España) y la Medalla de GARSI-SAHEL, distinción que reconoce la participación en misiones de seguridad y estabilización en Mali, otorgada por la Unión Europea. También ha sido distinguido con la Gran Placa de la Orden de la Reina Tamar (Georgia) entre otras condecoraciones.

En su calidad de Rector para el Reino de España, don Jorge Bernaldo de Quirós asumirá la responsabilidad de coordinar y trabajar estrechamente con los Rectores Regionales en todo el territorio nacional, apoyando sus iniciativas y velando por la adecuada representación institucional de la Casa Real de Georgia y de sus Órdenes Dinásticas en España. Su nombramiento abre una nueva etapa orientada al fortalecimiento de los vínculos históricos, culturales y espirituales que fundamentan la misión de esa Casa Real en nuestro país.

Para leer la nota oficial: aquí.

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domingo, 15 de febrero de 2026

LA MONARQUÍA COMO FARO DE ESTABILIDAD EN TIEMPOS DE CRISIS.

 Riestra2026

A lo largo de estos últimos siglos, la historia parece dibujar un mismo patrón: tras guerras devastadoras, revoluciones o crisis institucionales, algunas monarquías logran regresar, a veces con trono y otras solo como símbolos que flotan sobre la memoria colectiva. No son nostalgias vacías, sino respuestas estratégicas a la inestabilidad, una forma de reconciliar el pasado con los cambios surgidos en cada convulsión social y política.

La Francia del siglo XIX ilustra esta dinámica con claridad. Tras la caída de Napoleón, Luis XVIII restauró la corona sin negar las transformaciones revolucionarias: la Carta de 1814 combinó continuidad dinástica con instituciones modernas como el Código Civil, recordando que la monarquía puede coexistir con la modernidad. En España, Alfonso XII consolidó un sistema de alternancia política tras la Primera República, y en Inglaterra varios siglos antes, Carlos II encontró equilibrio entre la corona y el Parlamento, mostrando que la restauración no era un retroceso, sino una negociación entre memoria y estabilidad.

El siglo XX ofreció nuevas formas de regreso. Juan Carlos I, en nuestro país, transformó la corona en instrumento de transición, equilibio, modernidad y unidad nacional. Simeón II de Bulgaria volvió del exilio como primer ministro, integrando la figura real en una sociedad democrática sin necesidad de trono. 

En Grecia y Rumanía, las figuras de Constantino II y Mihai I demostraron que el poder real puede desaparecer mientras persiste la influencia moral y simbólica: la legitimidad histórica no se mide solo con un baremo legal, sino con la capacidad real de sostener la memoria y la cohesión social. 
Italia conserva a la Casa de Saboya como faro histórico, mientras que en la Francia actual, Luis Alfonso de Borbón representa la posibilidad de un regreso como figura capaz de unir memoria, patrimonio e identidad, recordando que una monarquía puede permanecer viva incluso sin poder político de facto.
Brasil conserva el recuerdo de Pedro II como emblema de estabilidad; Portugal mantiene viva la memoria de su familia real; Albania y Etiopía confían en Leka II y los descendientes de Haile Selassie como referentes culturales y potenciales símbolos de unidad.

En el Cáucaso, el caso de Georgia ofrece un ejemplo especialmente significativo de esta persistencia simbólica. Davit Bagrationi, miembro de la histórica dinastía Bagrationi, cuyo linaje está íntimamente ligado a la formación y consolidación del Estado georgiano durante más de un milenio, es considerado por amplios sectores del país como garante de esa continuidad histórica y como posible restaurador de la corona tras la independencia del país.
Su predisposición al servicio público, su defensa constante de la tradición nacional y su voluntad de situar la institución monárquica en clave contemporánea, han contribuido a que una parte relevante de la sociedad georgiana vuelva a contemplar la monarquía no como una reliquia, sino como una opción institucional capaz de aportar estabilidad, neutralidad y cohesión. En un contexto marcado por tensiones regionales, desafíos geopolíticos y un proceso continuo de redefinición identitaria, la figura de Davit Bagrationi encarna para muchos la posibilidad de un punto de encuentro por encima de las divisiones partidistas.

Incluso fuera del contexto europeo y latinoamericano, la inestabilidad política puede abrir la puerta a discursos monárquicos con resonancia simbólica. En Irán, un país marcado por la Revolución Islámica de 1979 y décadas de teocracia autoritaria, las protestas masivas recientes han puesto de nuevo en el centro del debate la figura de Reza Pahlavi, hijo del último sah de la dinastía Pahlavi. Las movilizaciones que estallaron a finales de 2025, impulsadas por la crisis económica y la demanda de cambio político, han llevado a algunos manifestantes a corear consignas a favor de la restauración de la monarquía derrocada en 1979, al tiempo que reclaman el fin de la República Islámica y un rumbo nuevo para la nación.
Aunque la posibilidad de una restauración monárquica formal en Irán sigue siendo remota y objeto de controversia y debate, la presencia de Pahlavi, quien ha abogado por un proceso de transición democrática tras una hipotética caída del régimen, ilustra cómo, incluso en contextos tan polarizados y complejos, el simbolismo de una corona puede reaparecer como una opción entre muchas en el imaginario de una sociedad en crisis.

Aunque hoy las restauraciones “a la antigua usanza” son improbables, en repúblicas consolidadas, las familias reales, las grandes casas, pueden ofrecer un activo que las instituciones modernas raramente proporcionan: legitimidad simbólica, continuidad histórica y un referente neutral tanto en tiempos de crisis como de bonanza. La monarquía hoy, más ceremonial y protocolaria que política, sigue siendo un hilo conductor entre pasado y presente, memoria y estabilidad, recordándonos que incluso en "la modernidad" del siglo XXI la corona no es, ni mucho menos, un vestigio de lo que quedó atrás sino un espejo en el que las naciones pueden contemplar su propia identidad.

Riestra2026.

Publicado por La Mesa de los Notables.


sábado, 14 de febrero de 2026

LA SOCIEDAD TOLEDANA DE ESTUDIOS HERÁLDICOS Y GENEALÓGICOS DISERTÓ SOBRE LA “OTRA” FAMILIA DE ALFONSO XIII CON LUCAS MONTOJO.

 

La Sociedad Toledana de Estudios Heráldicos y Genealógicos organizó el pasado viernes, trece de febrero, una interesante conferencia del historiador toledano Lucas Montojo Sánchez titulada La “otra” familia de Alfonso XIII. Montojo, doctor en Historia por la Universidad Católica de Valencia, profesor en la Universidad San Pablo CEU y consejero correspondiente de la STEHG, ofreció una intervención de notable rigor académico y gran interés para los asistentes.

El acto estuvo presidido por la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Toledo, doña Ana Pérez Álvarez, quien subrayó la importancia de este tipo de iniciativas para la difusión del conocimiento histórico y la puesta en valor de la investigación rigurosa en el ámbito de la historia contemporánea y la genealogía. Asimismo, recordó la adhesión de la STEHG a la candidatura de Toledo como Capital Europea de la Cultura 2031, destacando el firme compromiso de la entidad con la ciudad, su provincia y las disciplinas científicas que constituyen su objeto de estudio.

Durante su intervención, el profesor Montojo ofreció un análisis documentado y esclarecedor sobre aspectos menos conocidos del entorno familiar del rey Alfonso XIII. La conferencia abordó tanto las implicaciones históricas de estas relaciones como su tratamiento en la historiografía actual, aportando nuevas perspectivas basadas en fuentes contrastadas. Especial atención dedicó a la figura de Leandro de Borbón, hijo del monarca y de la actriz Carmen Ruiz Moragas, cuestión que el historiador ha estudiado en profundidad y que plasmó en su obra XIII. la otra familia del Rey, contribuyendo así a enriquecer el debate académico sobre este capítulo de la historia contemporánea española.

Entre los asistentes se encontraban el canónigo delegado de Patrimonio de la Catedral de Toledo, Juan Miguel Ferrer; el decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Humanas de la Universidad Tecnológica del Perú, Luis Díez-Canseco; su homóloga en Toledo, Alicia Valmaña Ochaíta; el diputado provincial José Eugenio del Castillo; y el director de Publicaciones de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, Amadeo Rey Cabieses, así como un nutrido grupo de investigadores, académicos y ciudadanos interesados en las materias propias de la entidad.

Esta actividad se enmarca dentro del programa de iniciativas científicas y culturales que la Sociedad viene desarrollando con motivo de sus 45 años de trayectoria, reafirmando su vocación de servicio a la cultura, la investigación histórica y la divulgación especializada en el ámbito heráldico y genealógico.





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martes, 10 de febrero de 2026

LA TORRE DEL ARMA DE INGENIEROS.

Alejandro Riestra Martínez.

- PIEDRA, CIENCIA Y MEMORIA -. 

Entre todos los emblemas militares, pocos resultan tan sobrios y elocuentes como la torre del Arma de Ingenieros del Ejército español. No es un símbolo de impulso ni de ímpetu; no corre, no embiste, no alardea. Permanece. Y en esa permanencia se encierra toda su razón de ser.

La torre es, ante todo, arquitectura convertida en identidad. Desde la creación del Real Cuerpo de Ingenieros, establecido por Real Decreto de 17 de abril de 1711, bajo el reinado de Felipe V, la función esencial del ingeniero militar no fue tanto destruir como construir para resistir: levantar murallas, proyectar fortificaciones, diseñar baluartes, calcular ángulos de tiro y dominar el terreno con regla, compás y ciencia. Allí donde otras armas se definían por el movimiento, el ingeniero lo hacía por el cálculo previo y la obra duradera.
No es casual que el símbolo elegido no sea un castillo completo ni una fortaleza grandiosa, sino una torre aislada. La torre representa el núcleo racional de la defensa, el punto desde el que se observa, se mide y se decide. Es vigía, pero también laboratorio; piedra levantada con método. Batalla pensada antes de ser combatida.

Desde los albores del siglo XVIII, aunque no he podido localizar Orden ni documento oficial que describa la adjudicación formal del emblema, la iconografía de la torre (o del castillo reducido a su elemento esencial) aparece de manera constante asociada al Cuerpo de Ingenieros en grabados, documentos y uniformes. Su presencia se consolida a comienzos del siglo XIX, especialmente tras la creación, en 1802, del Regimiento Real de Zapadores-Minadores, momento a partir del cual el distintivo del castillo comienza a figurar bordado en cuellos y bocamangas como signo inequívoco de pertenencia al Arma.

Históricamente, la torre remite a la gran tradición europea de la ingeniería de fortificación, heredera directa de la escuela científica inaugurada por Vauban(1) y de la aplicación sistemática de las matemáticas a la guerra. En España, los ingenieros militares fueron cartógrafos, arquitectos, topógrafos y constructores mucho antes de ser combatientes. La torre, por tanto, no es solamente un adorno heráldico, es una declaración de principios.

A lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, distintas Ordenanzas y Reglamentos del Ejército mantuvieron este símbolo de forma tácita, sin redefinirlo, precisamente porque su significado estaba plenamente asumido. El primer hito normativo relevante llega en el siglo XX. Con motivo del bicentenario del Arma, una Real Orden de 21 de abril de 1911, publicada en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, concedió al Arma de Ingenieros la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII (2), reafirmando institucionalmente su identidad histórica y simbólica, en la que la torre ocupaba ya un lugar central.

La fijación técnica del emblema se produce poco después. La Orden de 15 de junio de 1935, publicada en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, estableció de manera expresa las características de los emblemas reglamentarios del Ejército, señalando para Ingenieros un castillo (interpretado ya como torre) simplificado y único, eliminando variantes anteriores y consolidando su uso como distintivo exclusivo del Arma.
Tras la última Guerra Civil, el Reglamento de Uniformidad del Ejército de 1943, aprobado y difundido en el Boletín Oficial del Estado, ratificó esta configuración, fijando definitivamente la torre almenada como emblema del Arma de Ingenieros, ahora en metal dorado, y regulando su colocación en las distintas prendas de uniforme. Desde entonces, todas las disposiciones posteriores han mantenido este diseño esencial, variando únicamente aspectos de material o uso, pero nunca su significado.

Mientras tanto, el Arma de Ingenieros ampliaba su campo de acción: puentes, caminos, ferrocarriles, transmisiones, explosivos, electricidad e infraestructuras críticas. Sin embargo, la torre permaneció. ¿Por qué? Porque simboliza algo que no cambia: la primacía del conocimiento técnico sobre la improvisación, del diseño sobre la fuerza bruta, de la solución sólida sobre el gesto efímero.

La torre también habla de resistencia silenciosa. No avanza, pero tampoco retrocede. Soporta. Aguanta. Protege. En el mundo beligerante dominado por la velocidad y el choque, la torre recuerda que hay victorias que se ganan antes, en el plano de los cálculos, el mapeado y la previsión.
Así, este emblema no busca impresionar, sino representar. No promete gloria inmediata, sino seguridad a largo plazo. Es piedra, sí, pero piedra pensada. Y en esa torre, aparentemente inmóvil, late toda la inteligencia de la guerra bien entendida.

(1)Sébastien Le Prestre, señor de Vauban, posteriormente marqués de Vauban,  fue un mariscal francés y principal ingeniero militar de su tiempo, afamado por su habilidad tanto en el diseño de fortificaciones como en su conquista.
(2)De las ramas de roble y laurel que rodean el emblema cuelga la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII, concedida al Cuerpo de Ingenieros con motivo del bicentenario de su creación, por Su Majestad el rey Alfonso XIII, mediante Real Decreto de 21 de abril de 1911, como reconocimiento a sus relevantes servicios a España.


Publicado por La Mesa de los Notables.

lunes, 9 de febrero de 2026

"EL GRAN MONARCA": TRADICIÓN, HISTORIA Y MITO.

Riestra2026 

Notas sobre una vieja profecía europea.

No soy amigo de leyendas, y mucho menos de profecías. Tampoco son, ni pretenden ser, nuestra temática habitual. Sin embargo, a raíz de algunas publicaciones recientes de este mismo blog, un amigo muy docto y estudioso de estas, y otras disciplinas, relacionadas con la historia y el misticismo cristiano, don Gonzalo Pallarés, me preguntó qué sabía acerca de eso que algunos llaman el "Gran Monarca". Evidentemente, comprendí de inmediato a qué se refería y hacia dónde pretendía llevar la conversación, cuando comenzó a desplegar una serie de hipótesis más cercanas a la fe que a la razón científica, pero no por eso carentes de peso o mal enhebradas.

Le respondí sin rodeos. Lo único que sabía es que se trata de una tradición profética cristiana de origen medieval, extraoficial y ajena al dogma, que anuncia la aparición de un rey justo y legítimo en un tiempo de gran caos histórico, inmediatamente antes de una etapa decisiva para el mundo. No es una profecía bíblica ni una revelación concreta, sino un conjunto heterogéneo de textos, visiones y tradiciones que se fueron acumulando durante siglos en Europa, especialmente en el ámbito del catolicismo francés.
La tradición del "Gran Monarca" no nace de un libro único ni de una voz identificable. Es, más bien, un sedimento histórico: una idea que se va formando lentamente a lo largo de más de mil años, en la intersección entre la teología cristiana de la historia, los colapsos políticos recurrentes y la necesidad humana de esperanza cuando el orden se resquebraja. Cada gran crisis europea la reactiva; cada período de estabilidad la relega al olvido.

No es casual que esta tradición se centre en Francia y no en otra nación del continente. Durante siglos fue el reino más antiguo, el más estable y el que desarrolló una idea especialmente sólida de legitimidad política. A partir del siglo XIII, muchas de estas profecías comienzan a identificar implícitamente al "Gran Monarca" con un rey francés: la unción sagrada en Reims, la continuidad dinástica y la noción de legitimidad hereditaria conforman el trasfondo simbólico de casi todos los relatos.



Curiosamente, Francia rara vez es nombrada de forma explícita. Se la designa mediante alusiones: "los lirios", "la Galia", "Occidente" o "el reino de los bautizados". Del mismo modo, al personaje central nunca se lo presenta como el próximo rey, sino como el "rey que vendrá cuando todo lo demás falle". La diferencia no es menor.
Las profecías auténticas no identifican con plenitud; si lo hicieran, perderían aquello que las sostiene. Pero dejan migas de pan. Y cuando se las sigue con paciencia, todas conducen al mismo lugar.

Los textos coinciden en que el "Gran Monarca" procederá de una línea antigua, reconocible por signos que no necesitan explicación: "el lirio que no se marchita", "la continuidad que no se agota", "la primogenitura que no se negocia". No será el heredero del ruido ni de la coyuntura, sino el de la tradición, palabra casi obscena en los tiempos que corren, pero fundamental para comprender la historia europea.

Nacerá lejos del trono que le correspondería. Crecerá cuando la nación que una vez fue llamada "la hija mayor de la Iglesia" ya no recuerde por qué lo fue. Su relación con esa tierra será necesariamente paradójica: "no la gobierna, pero la representa"; "no reina sobre ella, pero la encarna mejor que quienes la administran".
"El Gran Monarca", insisten las tradiciones, no será un usurpador. Y precisamente por eso, quizá, resulte peligroso para algunos. Su legitimidad no dependerá del consentimiento cambiante ni del aplauso circunstancial, sino de una continuidad objetiva, casi geológica, que no se ve afectada por modas políticas ni por rupturas ideológicas.

Mientras otros aceptaron transacciones, renuncias y pactos con el espíritu del siglo, él permanece en la línea recta, incómoda, inflexible. La profecía es clara en este punto: "el elegido será aquel que conserve intacto el derecho, sin estridencias ni proclamaciones". Su formación estará marcada por la disciplina, el deber y la conciencia de representar algo que lo precede y lo excede. No hablará como tribuno ni actuará como actor. Su estilo será austero, casi anacrónico. Y precisamente por eso, reconocible.
También se dice que no se autoproclamará. Su figura emergerá únicamente cuando la confusión sea tal que su nombre, hasta entonces innecesario, vuelva a pronunciarse con hambre. Cuando la nación, cansada de lo superfluo y de lo provisional, vuelva los ojos hacia aquello que nunca llegó a desaparecer del todo, emergerá. Tal vez su reinado sea breve, simbólico, incluso sacrificial, pero cumplirá el propósito al que está destinado.

Y así, el Gran Monarca, hasta el final (según cuentan), no será reconocido por las masas sino por aquellos que saben que la historia, más a menudo de lo que se admite,  ha elegido siempre a quienes supieron aguardar.

NOTA:Marie-Julie Jahenny (1850-1941), mística estigmatizada francesa, profetizó la llegada de un "Gran Monarca" providencial, estrechamente vinculado a un Papa santo, para restaurar la Iglesia y Francia tras un periodo de caos, guerras y los "Tres Días de Oscuridad". Según sus revelaciones, este rey será elegido por Dios para salvar a la nación durante tiempos apocalípticos.

Publicado por La Mesa de los Notables.