Pilar de Vicente.
El casco antiguo de Cáceres es un
laberinto de piedra donde el tiempo parece haberse detenido. Al pasear por la
emblemática plaza de Santa María, es inevitable detener la mirada en las
imponentes fachadas de los palacios medievales y renacentistas que la
custodian. Sin embargo, hay un edificio que destaca no solo por su belleza
exterior, sino por el extraordinario tesoro que guarda de puertas hacia dentro:
el Palacio de Hernando de Ovando.
Mientras que la mayoría de los inmuebles
históricos de la ciudad han acabado convertidos en museos, hoteles o sedes
institucionales, este palacio presume de un hito excepcional: sigue
perteneciendo a la misma línea familiar que lo fundó hace quinientos años.
Un linaje ligado al Nuevo Mundo.
El origen del palacio nos traslada a los
primeros años del siglo XVI. Fue mandado levantar por don Hernando de Ovando y
su esposa, doña Mencía de Ulloa. La importancia de este apellido en la época
era mayúscula. Hernando era hermano de Nicolás de Ovando, una figura clave en
la cronología hispánica al convertirse en el primer gobernador de las Indias
tras el convulso mandato de Cristóbal Colón.
Esta posición de poder y cercanía con
los Reyes Católicos quedó inmortalizada en la propia arquitectura; en la
portada renacentista de la plaza de Santa María, aún pueden apreciarse los dos
medallones con los rostros esculpidos de los fundadores.
Arquitectura concebida "hacia
dentro".
El palacio se organiza en torno a un
bellísimo patio rectangular de dos alturas, adornado con arcos, elegantes
columnas, galerías y una frondosa vegetación.
Esta disposición responde a la filosofía
constructiva de la nobleza extremeña de la época: palacios volcados hacia su
propio centro, buscando la intimidad, la luz interior y la protección frente al
exterior. Desde este patio se distribuyen las estancias que componen la
vivienda:
•Salones señoriales: Espacios que
conservan tapices, lámparas de época y mobiliario original acumulado por
generaciones.
•Bibliotecas y corredores: Auténticas
cápsulas del tiempo donde se alinean retratos de antepasados.
A diferencia de un monumento vacío, aquí
la historia convive con la cotidianidad. Salvo la lógica modernización de los
cuartos de baño, la estructura apenas ha sufrido alteraciones en medio milenio.
El Archivo de los Condes de Canilleros:
el corazón documental de Cáceres.
Más allá de la riqueza arquitectónica,
el palacio custodia una joya de incalculable valor para los investigadores y
amantes de la historia: el Archivo de los Condes de Canilleros.
Custodiado en estanterías, este archivo
privado alberga legajos, libros de herencias, mayorazgos y testamentos
indispensables para entender el pasado socioeconómico de Extremadura. Entre sus
fondos más espectaculares se encuentran cartas firmadas de puño y letra por la
mismísima Isabel la Católica, además de otros documentos reales que certifican
el peso político que la familia Ovando ostentó ante la Corona.
Entre la grandiosidad de los pergaminos
reales y los retratos nobiliarios, el palacio esconde un tierno secreto
familiar: una extensa colección de pájaros decorativos repartida por las
estancias. Se trata de un homenaje de los actuales propietarios a su abuela
fallecida, una gran amante de las aves, lo que supone un recordatorio de que,
antes que monumento, este palacio sigue siendo un hogar.
Pilar de Vicente.
Publicado por La Mesa de los Notables.

