domingo, 17 de mayo de 2026

LA ESTÉTICA HERÁLDICA DE LA CASA REAL DE GEORGIA EN LA OBRA DE FERNANDO MARTÍNEZ LARRAÑAGA.

Riestra2026.

Hay blasonarios que se leen como repertorios y otros que se contemplan como auténticas catedrales de la heráldica. El Armorial de la Orden del Águila de Georgia y la Túnica Inconsútil de Nuestro Señor Jesucristo, editado por el Real Colegio Heráldico de Georgia en 2013, pertenece sin duda a esta segunda categoría. Sus páginas no constituyen únicamente un registro de armas, sino una verdadera liturgia visual en la que convergen la tradición nobiliaria europea, el simbolismo sacro de la monarquía georgiana y el lenguaje contemporáneo de la heráldica en un mismo espacio ceremonial.

Uno de los grandes protagonistas de aquella obra monumental fue el heraldista Fernando Martínez Larrañaga, artífice junto a Alfredo Escudero y Díaz-Madroñero y al erudito maestro de la heráldica José María de Montells y Galán, de la concepción estética y heráldica del volumen. La edición, publicada bajo los auspicios del Real Colegio Heráldico deGeorgia, reunió  casi un centenar y medio de escudos de armas pertenecientes a caballeros y damas de la Orden del Águila de Georgia, en una cuidada edición trilingüe (georgiano, español e inglés) concebida desde su origen como obra de referencia para el estudio de la heráldica dinástica contemporánea.

La personalidad artística de Martínez Larrañaga se percibe de inmediato en el delicado equilibrio entre solemnidad clásica y libertad ornamental. Sus composiciones no son meras ilustraciones técnicas. Cada escudo aparece concebido como una escena ceremonial: lambrequines amplios, coronas minuciosamente delineadas, collares de órdenes dinásticas tratados con precisión casi miniaturista y un refinado uso del color que evoca tanto los armoriales centroeuropeos del siglo XIX como la sensibilidad decorativa del arte bizantino.

Las imágenes aquí reproducidas, correspondientes a mi propio escudo como Gran Cruz de la Orden, resumen admirablemente ese universo visual. El blasón aparece rodeado por un complejo entramado simbólico, encuadrado por un fastuoso marco de inspiración georgiana y coronado por los emblemas de la Casa Real de Georgia. Todo en la composición transmite una idea precisa: la heráldica no debe entenderse como un fósil documental, sino como un lenguaje vivo, capaz de adaptarse a nuevas formas de representación nobiliaria sin perder su esencia histórica.

Fernando Martínez Larrañaga se ha consolidado, durante las últimas décadas, como uno de los nombres más reconocibles de la heráldica hispánica contemporánea. Formado en Derecho Nobiliario y Premial, Heráldica y Genealogía por la UNED, y diplomado en Heráldica General y Militar por el Instituto de Historia y Cultura Militar, su trayectoria ha conjugado investigación, diseño heráldico y actividad institucional.

Ha desempeñado diversos cargos vinculados al ámbito heráldico español y georgiano, habiendo sido  Heraldo del RealColegio Heráldico de Georgia y Heraldo Mayor de la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria. A ello se suma una intensa labor divulgativa desarrollada a través de publicaciones especializadas y del conocido blog Heraldistas, donde durante años compartió procesos de diseño, composiciones armoriales y reflexiones sobre la evolución del arte del blasón.

Precisamente en 2013, mientras ultimaba el Armorial de la Orden del Águila de Georgia, Martínez Larrañaga dio a conocer diversas muestras preliminares de la obra, describiéndola como un proyecto realizado junto al Real Colegio Heráldico de Georgia. Aquellas primeras imágenes anticipaban ya una de las constantes esenciales de su estilo: la voluntad de devolver a la heráldica toda su dimensión ceremonial y escenográfica.

Mi escudo de armas según el modelo del Armorial Georgiano.

La publicación del Armorial supuso un acontecimiento notable en los círculos nobiliarios y heráldicos europeos. Editado en gran formato y con una cuidada impresión a color, el volumen no se limitaba a reproducir los usos heráldicos de sus miembros. Cada página integraba ornamentos exteriores, insignias, coronas, mantos y elementos premiales que situaban al titular dentro de la compleja jerarquía simbólica de la Orden. En ello radica una de las aportaciones más interesantes de Martínez Larrañaga: comprender que la heráldica moderna ya no puede reducirse únicamente al escudo, sino que debe abarcar el conjunto de signos visuales que expresan dignidad, pertenencia y memoria.

En cierto modo, el Armorial Georgiano recuperaba la tradición de los grandes repertorios nobiliarios europeos, aunque incorporando una sensibilidad plenamente contemporánea. Frente al minimalismo que durante décadas empobreció buena parte del diseño heráldico moderno, Martínez Larrañaga, bajo la dirección de José María de Montells, reivindicó la riqueza ornamental como parte inseparable del discurso heráldico.

Uno de los aspectos más innovadores desarrollados en los últimos años en el entorno de la Orden del Águila de Georgia ha sido precisamente la ampliación de los elementos exteriores permitidos en la representación de armas.

El Reglamento 07-2024, publicado por el Real Colegio Heráldico de Georgia, recoge diversas disposiciones que reflejan una evolución significativa en la concepción contemporánea de la heráldica dinástica. Entre ellas destaca la posibilidad de que todos los miembros de la Orden puedan exhibir el manto de la corporación detrás de sus escudos de armas, acompañado de la insignia correspondiente a su rango dentro de la misma. Este detalle posee una enorme importancia simbólica: el manto deja de ser un privilegio reservado exclusivamente a las más altas dignidades para convertirse en signo visible de pertenencia espiritual y caballeresca.

El reglamento permite además incorporar un friso dorado, ya sea liso o decorado con motivos georgianos, como elemento ornamental en los bordes del manto. El ornamento exterior adquiere así una dimensión artística flexible, abierta a la creatividad del heraldista contemporáneo.

Una composición con mis armas, de estilo georgiano, diseñada por Martínez Larrañaga usando el manto de la Orden del Águila.

Existe, no obstante, una importante reserva ceremonial: el diseño oficial bordado en el cuello del manto queda exclusivamente reservado a los nobles titulados. Esta distinción mantiene viva la tradicional jerarquía nobiliaria dentro de la Orden y recuerda que la heráldica continúa siendo también un lenguaje de precedencias.

Otro aspecto especialmente interesante es la libertad interpretativa reconocida por el propio reglamento. El manto puede representarse heráldicamente en cualquier estilo artístico, siempre que respete la descripción oficial escrita. La norma abandona así el rígido modelo iconográfico único y reconoce explícitamente el valor creativo del artista heraldista.

La imagen aquí mostrada debe entenderse precisamente como una posibilidad entre muchas otras. En ella se aprecia un notable equilibrio entre exuberancia ornamental y claridad compositiva. También resulta significativa la modificación relativa a las Grandes Cruces de la Orden. Conforme a la nueva normativa, los caballeros y damas Gran Cruz ya no deben representar el collar colgando del escudo. En su lugar, el reglamento establece el uso de una cinta con los colores de la Orden rematada en un lazo, quedando el collar reservado a quienes posean el rango específico que da derecho a su uso. No obstante, según tengo entendido, esta disposición no afectaría a quienes hubiesen recibido la Gran Cruz con anterioridad a la publicación del nuevo reglamento.

Conviene recordar igualmente la naturaleza institucional del Real Colegio Heráldico de Georgia, institución a la que dedicaremos una futura entrada más extensa y que, como muchos de nuestros lectores ya conocen, constituye el órgano dependiente de la Casa Real de Georgia encargado de la gestión y concesión de escudos de armas, emblemas heráldicos y documentación relacionada con la actividad nobiliaria y premial de la dinastía Bagration.
Esta institución opera bajo los auspicios de la Casa Real de Georgia y no constituye una oficina gubernamental del actual Estado georgiano. Su legitimidad se inscribe dentro del ámbito de las instituciones dinásticas de carácter histórico y familiar vinculadas a la Casa Real. Desde esa posición, el Colegio ha impulsado durante los últimos años una notable renovación estética y normativa de la heráldica asociada a la Orden del Águila de Georgia, favoreciendo el desarrollo de un lenguaje visual propio en el que tradición medieval, ceremonial cortesano y sensibilidad artística contemporánea conviven de manera singular.

Contemplar las composiciones heráldicas realizadas por Fernando Martínez Larrañaga para el Armorial Georgiano es comprender que la heráldica continúa siendo un arte plenamente vigente. Durante demasiado tiempo se intentó reducir el blasón a una mera disciplina auxiliar de la historia, olvidando que nació también como expresión estética y ceremonial. En las obras de Martínez Larrañaga reaparece precisamente esa dimensión olvidada: el escudo entendido no sólo como signo de identificación, sino como relato visual de dignidad, memoria y tradición.

La evolución normativa impulsada por el Real Colegio Heráldico de Georgia demuestra, además, que la heráldica contemporánea continúa transformándose. Los mantos, las cintas, los frisos decorativos y la libertad interpretativa concedida al artista heraldista abren nuevas posibilidades expresivas capaces de dialogar con la sensibilidad visual del siglo XXI sin quebrar la continuidad de la tradición.
En ese delicado equilibrio entre fidelidad histórica y renovación estética reside buena parte del mérito de heraldistas como Fernando Martínez Larrañaga. Sus blasones para la Orden del Águila de Georgia no son únicamente armas ejecutadas con maestría: son auténticos escenarios simbólicos donde la antigua idea de caballería vuelve, una vez más, a adquirir forma visible.

Los trabajos heráldicos de Martínez Larrañaga están perfectamente detallados y recogidos en la web http://martinez-larranaga.es/heraldica.html.
Para contacto: heraldistas@hotmail.com

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Publicado por La Mesa de los Notables.




sábado, 16 de mayo de 2026

EL ÚLTIMO CUSTODIO DE ARMAS.

Vindicación histórica, cultural y simbólica del oficio de Cronista de Castilla y León en su condición de Oficial de Armas.

Riestra2026. 

En España todavía subsisten instituciones que ya no ocupan el centro de la vida pública, pero que continúan existiendo gracias a la continuidad histórica y a la práctica mantenida durante generaciones. Oficios antiguos que han dejado atrás el protagonismo político, aunque siguen presentes en archivos, registros y ceremonias vinculadas a la tradición jurídica e histórica española. El Cronista de Armas forma parte de esa continuidad.

No hace mucho, hojeando junto a mi hijo Alejandro diversos documentos armeros que habían llegado a nuestras manos, algunos conviene decirlo, de notable belleza y exquisita ejecución, apareció entre ellos uno firmado por don Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, marqués de La Floresta y vizconde de Ayala, en su condición de Cronista de Armas de Castilla y León.

Aquel documento, más allá de su estética sobria y austera, profundamente castellana en sus formas y concepción, despertó inmediatamente nuestro interés y dio pie a una conversación que pronto derivó hacia el debate sobre el valor y alcance de este tipo de certificaciones. Sin embargo, por encima de cualquier discusión doctrinal, se imponía un hecho difícilmente refutable: aquel testimonio, fechado, datado y firmado, constituía una prueba tangible de la continuidad en el uso de unas determinadas armas. Seguían vivas. Seguían siendo usadas. Y eso, en materia heráldica, posee un valor que ninguna interpretación teórica puede ignorar por completo.

Porque la heráldica nunca ha sido una mera cuestión ornamental. En España, durante siglos, las armerías constituyeron signos de identidad familiar, elementos de reconocimiento jurídico y símbolos históricos transmitidos de generación en generación. Los Cronistas y Reyes de Armas jamás fueron simples artistas del blasón: desempeñaban funciones reconocidas por la Corona, autentificaban genealogías, certificaban armas y daban fe de una continuidad histórica que formaba parte de la propia estructura institucional de la Monarquía.

Cuando falleció don Vicente de Cadenas y Vicent en 2005, el Estado español dejó vacante una tradición secular. Desde entonces, ningún gobierno ha nombrado un nuevo Cronista o Rey de Armas de ámbito estatal. La vieja magistratura heráldica de la Monarquía quedó suspendida en un silencio administrativo que dura ya más de dos décadas.

Albalá que faculta al Marqués de la Floresta como Cronista de Armas de Castilla y León.


Y, sin embargo, las armerías no desaparecieron. Muchas familias continuaron necesitando acreditar genealogías para ingresar en corporaciones nobiliarias, ordenar sus blasones, conservar memoria documental de sus linajes o confirmar el uso continuado de símbolos heredados conforme a la tradición histórica española. Allí donde el Estado decidió no continuar aquella función, subsistió, sin embargo, una continuidad concreta: la de Castilla y León.

En 1991, la Junta de Castilla y León promulgó el Decreto 105/1991, norma todavía vigente, mediante el cual se regulaba la heráldica municipal y se restauraba la figura del Cronista de Armas. El texto del decreto no resulta ambiguo. Su artículo 16 estableció expresamente que el Cronista de Armas “ostentará las facultades y competencias tradicionales de los antiguos Cronistas, Reyes de Armas y Heraldos de Castilla y León contenidas en el Real Decreto de 29 de julio de 1915 y en el Decreto de 13 de abril de 1951”.

Aquella disposición no puede despacharse como una mera fórmula retórica o ceremonial. Constituye, más bien, una afirmación de continuidad histórica y funcional. Y pocos días después, mediante nombramiento oficial de la propia Junta, el cargo recayó en Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, historiador, jurista y heraldista, quien desde entonces ha ejercido públicamente dichas funciones durante más de tres décadas.

Blasones, firmados por la mano de S.M. don Juan Carlos I, pertenecientes a las Certificaciones de Armas emitidas por el Marqués de la Floresta al Conde de Latores y a Fray Matthew Festing, gran Maestre de la Orden de Malta.

Durante ese largo ejercicio institucional, el Marqués de la Floresta ha desarrollado una intensa labor heráldica y documental. Entre los centenares de documentos armeros realizados bajo su autoridad destacan especialmente aquellos relativos a la atribución de armerías concedidas, con motivo de su ennoblecimiento por Su Majestad el rey don Juan Carlos I, a relevantes personalidades de la vida pública española. Entre ellas se cuentan el maestro compositor don Joaquín Rodrigo, marqués de los Jardines de Aranjuez; el general don Sabino Fernández Campo, conde de Latores y jefe de la Casa de S.M.; el profesor y académico don Emilio García Gómez, conde de los Alixares; y don Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo, marqués de la Ría de Ribadeo y antiguo presidente del Gobierno de España.

Cabe señalar que Su Majestad el rey don Juan Carlos I, entonces reinante, se dignó en diversas ocasiones suscribir y a firmar, de propia mano regia, las armerías atribuidas por el Cronista de Armas de Castilla y León a las referidas personalidades, así como a otras personas de su especial confianza y afecto, entre ellas el almirante don Fernando Poole, jefe de su Cuarto Militar. Los edictos correspondientes a dichas certificaciones de armas fueron publicados en el Boletín Oficial de Castilla y León.

Asimismo, en su calidad de Decano de los Consejeros Heráldicos del Gran Magisterio de la Soberana y Militar Orden de Malta, organizó y dispuso las armerías de Su Alteza Eminentísima el  entonces príncipe y gran maestre fray Matthew Festing, electo y proclamado en marzo de 2008. Estas armerías, registradas en Castilla y León con fecha de 13 de marzo de 2008, merecieron igualmente el agrado de Su Majestad el rey don Juan Carlos I, quien se dignó suscribir de su mano, mediante su firma, el documento original entregado a Su Alteza Eminentísima en su condición de Jefe de Estado reconocido internacionalmente.

Blasones, firmados por la mano de S.M. don Juan Carlos I, pertenecientes a las Certificaciones de Armas emitidas por el Marqués de la Floresta al Conde de los Alixares y al almirante don Fernando Poole, jefe del Cuarto Militar de S.M. don Juan Carlos I.

No se trata, por tanto, de una práctica privada nacida al margen de la Administración, ni de una simple actividad académica o decorativa. Se trata de unas funciones ejercidas bajo cierta cobertura normativa y desempeñadas públicamente durante décadas, aceptadas y jamás interrumpidas ni sustituidas por otra autoridad estatal equivalente.

Los detractores de sus competencias sostienen que una comunidad autónoma no puede restaurar plenamente la antigua autoridad regia de los Reyes de Armas, ya que sería una competencia del Estado. Pero esa objeción tropieza con una realidad igualmente evidente: el propio texto de su albalá de nombramiento le facultaba expresamente para “expedir certificaciones de genealogía, nobleza y escudos de armas”, así como confirmaciones y atribuciones de nuevas armerías solicitadas por particulares, mientras que el Estado parece ejercer de “convidado de piedra”.

Durante más de treinta años, el Marqués de La Floresta ha expedido certificaciones heráldicas para ciudadanos españoles y extranjeros; ha mantenido registros armoriales; ha asesorado sobre símbolos históricos; ha redactado más de mil setecientos informes de Heráldica Municipal; y ha registrado centenares de armerías de manera  notoria. Ha actuado, de hecho, como la referencia visible de la heráldica institucional en España en ausencia de un Cronista de Armas nombrado por el Estado.

Podrá discutirse, y ciertamente se discute, el alcance jurídico exacto de tales certificaciones. Pero resulta difícil negar tres hechos fundamentales: su continuidad, su ejercicio público y su reconocimiento social dentro del ámbito heráldico español e internacional.
Y quizá sea precisamente ahí donde reside el verdadero fondo de la cuestión. Porque determinadas instituciones históricas no sobreviven únicamente gracias a decretos o estructuras administrativas. Sobreviven porque alguien continúa ejerciéndolas; porque persiste una práctica reconocible; porque se conservan los registros, las fórmulas, el ceremonial, el lenguaje técnico y la función cultural que las justificó durante siglos.

España ha dejado extinguir muchas de sus antiguas magistraturas sin derogarlas formalmente, abandonándolas lentamente a un territorio incierto entre la historia y la administración contemporánea. El oficio de Cronista de Armas pertenece claramente a esa categoría: demasiado histórico para la burocracia moderna; demasiado vivo para considerarlo desaparecido.
En ese vacío institucional, Castilla y León optó por mantener la continuidad. Y esa continuidad, en heráldica, no constituye un detalle menor: constituye buena parte de la legitimidad misma.

Pienso que las armas no son únicamente dibujos más o menos antiguos sobre pergamino, vitela o papel de alto gramaje. Son memoria familiar, historia documentada, identidad transmitida y testimonio visible de una continuidad histórica. Y las que aún no lo son, pretenden llegar a serlo. Mientras exista un registro, sea local, autonómico o estatal, que continúe custodiando, certificando y ordenando ese legado conforme a una tradición todavía vigente, resultará difícil sostener seriamente que la institución haya desaparecido por completo en España.

Desde 1991 hasta hoy, mientras el Estado español permanecía inmóvil en esta materia, Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila ha sido, de hecho, el único cronista de armas español en ejercicio continuado y públicamente reconocido por una administración.
Y quizá por eso, más que el último representante de una institución extinguida en su ámbito, el Marqués de La Floresta pueda considerarse el último custodio vivo de una tradición histórica que España nunca llegó verdaderamente a abolir.

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viernes, 15 de mayo de 2026

ORDEN IMPERIAL DE DON PEDRO I, FUNDADOR DEL IMPERIO DEL BRASIL Y LEGADO DINÁSTICO DE LA CASA IMPERIAL DE PETRÓPOLIS.

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La Orden Imperial de Don Pedro I, Fundador del Imperio Brasileño, es una de las más significativas distinciones honoríficas instituidas por esa monarquía imperial. Creada por el emperador Dom Pedro I de Brasil el 16 de abril de 1826, nació en un momento decisivo dentro de la consolidación del joven Estado brasileño, apenas cuatro años después de la proclamación de su independencia respecto de Portugal.
Más que una recompensa honorífica, la orden constituyó un instrumento destinado a fortalecer la legitimidad de la monarquía constitucional brasileña. En torno a la figura del soberano se articulaba la idea de continuidad histórica entre la tradición dinástica portuguesa y la naciente identidad imperial brasileña. La creación de órdenes de caballería propias permitía al Imperio afirmarse ante las demás naciones como una monarquía soberana, heredera de la cultura cortesana europea y plenamente integrada en el concierto internacional del siglo XIX.

Esta fue concebida para premiar la fidelidad a la Corona, los servicios excepcionales prestados al Estado y las acciones distinguidas en beneficio de la nación. Entre sus miembros figuraron militares, estadistas, diplomáticos, representantes de casas reinantes extranjeras y personalidades destacadas de la vida intelectual y cultural del Imperio. De esta manera, la Orden de Don Pedro I se convirtió en uno de los más altos símbolos de prestigio dentro de la estructura honorífica brasileña.

Su denominación completa, “Fundador del Imperio Brasileño”, subrayaba explícitamente el papel histórico de Dom Pedro I como arquitecto de la emancipación nacional y fundador de la monarquía brasileña. La memoria del emperador permaneció profundamente ligada a la idea de unidad territorial y estabilidad institucional del país, especialmente en una época en la que muchas naciones hispanoamericanas atravesaban graves conflictos internos tras sus respectivos procesos de independencia.

La insignia de la orden posee una rica carga simbólica. Su diseño incorpora elementos imperiales brasileños y referencias directas a la Casa de Braganza. La venera, suspendida de una cinta verde fileteada de blanco, evocaba los colores asociados a la monarquía brasileña y a la dinastía imperial. El verde, color tradicional de la Casa de Braganza, unido al blanco de la Casa de Habsburgo (linaje de la emperatriz María Leopoldina de Austria), simboliza la unión dinástica sobre la que se edificó el Imperio del Brasil.

Tradicionalmente, la orden comprende diversos grados destinados a distinguir jerárquicamente el mérito de sus miembros. Entre ellos figuran actualmente las dignidades de Caballero o Dama, Comendador y Gran Cruz, reservándose esta última para personalidades de excepcional relevancia política, militar o dinástica.

Con la proclamación de la República en 1889, las antiguas órdenes imperiales dejaron de pertenecer al sistema oficial del Estado. Sin embargo, conservaron su carácter histórico y dinástico en el seno de la Casa Imperial del Brasil.

Los descendientes de dom Pedro de Alcântara de Orléans y Bragança, pertenecientes a la rama de Petrópolis, han sabido mantener viva la memoria institucional y ceremonial del antiguo imperio, preservando sus tradiciones honoríficas y el legado histórico de la monarquía brasileña hasta nuestros días. Dentro de este contexto, la Orden Imperial de Don Pedro I continúa representando un símbolo de continuidad histórica, legitimidad dinástica y fidelidad a los ideales fundacionales del Brasil imperial.


El príncipe dom Pedro Tiago de Borbón de Orléans y Bragança encarna la pervivencia de una herencia dinástica estrechamente ligada a la memoria de dom Pedro I de Brasil y al ideal monárquico surgido en el siglo XIX. En torno a su persona se conserva no solo una tradición familiar, sino también un importante patrimonio histórico y cultural que remite a los orígenes mismos de la nación brasileña.

Para más información: https://www.brasil-imperial.org/

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jueves, 14 de mayo de 2026

CRÓNICA Y EVOLUCIÓN: LA HISTORIA DE ESPAÑA A TRAVÉS DE SUS UNIFORMES MILITARES.

 

La evolución de la sociedad se refleja de manera fidedigna en las vestiduras y pertrechos de quienes la defienden. La indumentaria militar y policial no es un simple elemento utilitario, sino un espejo político, tecnológico y social de cada época. El paso de las armaduras medievales a los uniformes de paño del siglo XVIII refleja la transición de los ejércitos de caballeros feudales a las fuerzas estatales organizadas y disciplinadas. Asimismo, la incorporación de materiales ignífugos, chalecos balísticos ligeros y tejidos de camuflaje digital en la actualidad responde directamente a la democratización de la tecnología, y a la necesidad de proteger al individuo en escenarios de guerra asimétrica y urbana. Analizar el vestuario de quienes defienden una nación permite entender el desarrollo industrial de sus fábricas, la jerarquía de sus instituciones y los valores civiles dominantes de su tiempo.

El próximo 18 de mayo a las 19:00 horas, la sede de la Real Asociación de Hidalgos de España (Calle General Arrando, 13, bajo izda. de Madrid) albergará un encuentro dedicado rigurosamente a la divulgación e iconografía militar de nuestro país.

El evento se articulará en torno a dos ejes principales:
-La Exposición: Un análisis cronológico y visual que abarca desde la indumentaria de las legiones de la antigua Roma hasta las dotaciones de la actualidad. La muestra cuenta con una pieza central de alto valor documental: un diorama detallado en miniatura que recrea la campaña norteamericana de Bernardo de Gálvez y la intervención de las fuerzas españolas en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos.
-La Conferencia Inaugural: Bajo el título "La historia militar española", la ponencia correrá a cargo de don Raúl Matarranz del Amo. Su experiencia como funcionario de carrera del Cuerpo Nacional de Policía, Presidente de la Asociación U.E.O. (Unidad de Estrategia y Operaciones) y ensayista especializado garantizará un análisis técnico y didáctico sobre las estrategias y la orgánica de las fuerzas armadas y policiales a lo largo de los siglos. El acto será presentado por don Juan Manuel Quintana Zuazúa, caballero de la Nobleza del Principado de Asturias.

Al término de las intervenciones, los asistentes podrán intercambiar impresiones durante el tradicional vino español que se servirá por cortesía de la organización.



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miércoles, 13 de mayo de 2026

LA BANDA DORADA DE LAS MUJERES PALENTINAS. UN ANTIQUÍSIMO PRIVILEGIO.

 

En la sección de Opinión del Diario de Madrid, Manuel Ruiz de Bucesta Álvarez publica un interesante artículo dedicado al antiguo privilegio de las mujeres palentinas de vestir la Banda Dorada, un singular distintivo cuya historia se remonta a la Edad Media y que constituye una de las tradiciones más curiosas y menos conocidas de la historia castellana.

Por su indudable interés histórico y cultural, queremos hacernos eco de este trabajo en nuestro blog como entrada del día de hoy, acompañándolo con una imagen alusiva entre las muchas que pueden encontrarse en la red.

La Banda Dorada de las mujeres palentinas. Un antiquísimo privilegio.

07/may/26 - 08:56 – El Diario de Madrid –

Manuel Ruiz de Bucesta.

La banda dorada de las mujeres palentinas es un honor que el tiempo no ha vencido. —Pablo Junceda—

Entre los miles de documentos que jalonan la historia de Castilla, pocos resultan tan extraordinarios para el espíritu de una época como el privilegio otorgado en 1387 por Juan I a las mujeres de Palencia. No es una invención tardía, está reflejado en una Real Cédula de 22 de abril de 1387 y conservada en copias posteriores en el Archivo Municipal de Palencia. En ese se reconoce a las mujeres de la ciudad el derecho a portar la banda dorada, una insignia hasta entonces reservada solamente a los caballeros de la Orden de la Banda, que había sido fundada en 1332 por Alfonso XI junto con la prerrogativa, extraordinaria en su tiempo, de no inclinarse ante el rey.

El origen de esta distinción está en los convulsos años que siguieron a la derrota castellana del año 1385 en Aljubarrota, contra el ejército portugués. El reino, muy debilitado, afrontaba la amenaza del duque de Lancaster, quien por su matrimonio con Constanza de Castilla reclamaba la corona. En crónicas de la época —particularmente la Crónica de Juan I, atribuida al canciller y cronista castellano Pedro López de Ayala— se describe el avance de las huestes inglesas por Galicia y León en 1386, aproximándose a Palencia, que era en aquel entonces una ciudad escasamente defendida debido a la dispersión de sus hombres por las distintas campañas.


Fue en esa encrucijada cuando las mujeres palentinas, lejos de huir atemorizadas, ocuparon las murallas e hicieron sonar campanas y atabales. Desplegaron de inmediato pendones haciéndose pasar por un numeroso contingente. Esta maniobra fue calificada con total sobriedad como «servicio notable» y sirvió para que el duque desistiera de su intento de sitiar la plaza. No hubo combate, pero esta inteligente acción contribuyó a sostener la legitimidad Trastámara en un momento que era realmente complicado.

No obstante, conviene señalar que este episodio no debe interpretarse como un antecedente de reivindicación igualitaria. Sería impropio y absurdo forzar en el siglo XIV categorías ajenas a su comprensión. Sin embargo, el privilegio constituye para la sociedad del momento un reconocimiento excepcional. La banda dorada, incorporada con los años al traje tradicional palentino, no es un simple ornamento folclórico, se trata de la huella visible de un acto que la historiografía relegó discretamente durante siglos.

La documentación conservada —aunque fragmentada— permite afirmar la verdad de la merced. El propio López de Ayala, en sus Crónicas, alude a la fidelidad de las ciudades castellanas en aquellos años y, aunque no detalla expresamente este episodio palentino, su contexto confirma la verosimilitud del reconocimiento regio. Por su parte, la tradición local lejos de contradecir los testimonios escritos, los complementa sin pecar de exageraciones que puedan ser incompatibles con la evidencia.

También conviene recordar en estos tiempos nuestros de exigencia de derechos, que el pasado ofrece ejemplos de heroicidades femeninas que no necesitan tintes, insultos o gritos. Las mujeres de Palencia no empuñaron armas ni tampoco reclamaron honores, ellas defendieron su ciudad con total astucia y el reino agradecido lo supo reconocer con una prerrogativa que, seis siglos después, sigue apelando a nuestra conciencia histórica.

Manuel Ruiz de Bucesta.

Artículo original : aquí.

Publicado por La Mesa de los Notables.

martes, 12 de mayo de 2026

LOS ORLEANS-BRAGANZA REAFIRMAN SUS LAZOS CON LA MAESTRANZA DE ZARAGOZA DE LA MANO DE LA NOBLEZA ASTURIANA.

 Riestra2026.

Los caballeros y damas de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza celebraron recientemente la Junta General de esta histórica corporación nobiliaria con motivo de la festividad de San Jorge, patrono de Aragón y figura profundamente vinculada a la tradición caballeresca de nuestro país. Durante la solemne ceremonia tuvo lugar el ingreso de dieciocho nuevos maestrantes, entre caballeros y damas.

Entre los nuevos miembros destacó la incorporación de S.A.I.R. Dom Pedro de Borbón de Orleans y Braganza, actual príncipe de la Casa Imperial de Brasil y protector regio del Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias. Al no poder desplazarse personalmente hasta Zaragoza, prestó juramento en su nombre el canciller del cuerpo nobiliario asturiano y también maestrante de Zaragoza don Manuel Luis Ruiz de Bucesta y Álvarez, actuando como padrino el teniente de hermano mayor de la corporación, don Luis Navarro y Elola.

El acto comenzó con el tradicional descubrimiento del retrato de S.M. el rey don Felipe VI, hermano mayor de la Real Maestranza, que presidió la Junta General celebrada en la sede de la institución. El secretario de la corporación, don Enrique Caro, fue llamando sucesivamente a los nuevos caballeros y damas, quienes realizaron el preceptivo juramento acompañados de sus padrinos y madrinas. Participó asimismo en la ceremonia el fiscal de la Maestranza, don Joaquín Cavero y García-Rivero, conde de Gabarda, encargado de asistir a los nuevos maestrantes durante el acto.

Don Manuel Ruiz de Bucesta jurando en nombre de S.A. I.R. Dom Pedro de Borbón de Orleans y Braganza.

De acuerdo con las normas tradicionales de ingreso, los aspirantes deben acreditar documentalmente su nobleza o vinculación nobiliaria. En el caso de los caballeros, se exige la justificación de los linajes de sus cuatro primeros apellidos; para las damas, históricamente se ha requerido la acreditación de dos linajes, conforme a las disposiciones internas de la corporación. La admisión definitiva corresponde siempre a Su Majestad el Rey, hermano mayor de las cinco reales maestranzas de caballería existentes en España.

La Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, considerada la más joven de las reales maestranzas españolas en cuanto a su constitución formal (elevada a tal rango por Fernando VII en 1819), hunde sin embargo sus raíces en las antiguas cofradías y capítulos de caballeros e infanzones surgidos en Zaragoza tras la conquista cristiana de la ciudad en el siglo XII. La institución conserva una notable relevancia histórica y cultural dentro del ámbito nobiliario español.

Concluida la ceremonia de ingreso, el maestrante de menor edad, en el acto que nos ocupa fue una dama, dirigió unas palabras en representación de los nuevos miembros, expresando su agradecimiento y compromiso con la institución. En su intervención recordó también la obligación moral de preservar el legado recibido de sus antepasados “con una mirada puesta en el futuro”.

Posteriormente, el vicario general de la Archidiócesis de Zaragoza, don Rubén Ruiz, celebró una misa en honor de San Jorge en la catedral de La Seo, donde los asistentes pudieron venerar la reliquia del santo. La eucaristía se ofreció asímismo en memoría de los guardias civiles recientemente fallecidos en Huelva en el transcurso de una operación contra el narcotráfico. La jornada concluyó con una recepción de autoridades e invitados en la casa-palacio de la Real Maestranza, sede histórica de la corporación desde comienzos del siglo XX.

Cabe recordar, como ya conocen muchos lectores de este blog, que Dom Pedro Gastão de Orléans-Braganza, abuelo del actual jefe de la Casa Imperial de Brasil, también fue recibido en su día como maestrante de la corporación zaragozana, reforzando así los vínculos históricos entre la antigua familia imperial brasileña y determinadas instituciones nobiliarias españolas.

Dom Pedro Gastão de Orléans y Braganza con la Cruz de Íñigo de Arista.

La Real Maestranza de Caballería de Zaragoza mantiene hoy una intensa actividad cultural, histórica y benéfica, además de custodiar un importante patrimonio documental y artístico ligado a la historia de Aragón y de la Corona española.

En este contexto, merece especial atención al creciente papel del Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias como nexo de unión entre diversas instituciones nobiliarias. Gracias a la constante presencia de sus representantes en actos oficiales, capítulos y ceremonias de corporaciones históricas y/o de índole caballeresco, la institución asturiana viene consolidando una posición cada vez más activa y pujante dentro del panorama nobiliario español contemporáneo, favoreciendo los vínculos de colaboración, fraternidad institucional y continuidad histórica entre entidades que se erigen como depositarias de las más seculares tradiciones de España.

Para saber más sobre la RMCZ: https://rmcz.es/

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Publicado por La Mesa de los Notables.

lunes, 11 de mayo de 2026

CURSO DE HISTORIA DE MADRID: “PALACIOS DE MADRID: DEL ESPLENDOR A SU DESTRUCCIÓN (SIGLOS XIX Y XX)”.

 Pilar de Vicente.

Madrid, ciudad de tesoros escondidos, despliega en cada fachada un relato silencioso donde laten siglos de historia. Para profundizar en este legado, la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País organiza el prestigioso Curso de Historia de Madrid “Antonio Velasco Zazo”, cita que ha contado con la asistencia del Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias. En esta edición, el programa se centró en la evolución, auge y, en ocasiones, desaparición de las grandes residencias nobiliarias de la capital.

El objetivo principal de este seminario fue presentar los palacios madrileños como algo más que meros espacios residenciales de la clase acomodada. Estos edificios no fueron únicamente la manifestación material de un linaje aristocrático o del ascenso económico y la influencia política de figuras como el Duque de Medinaceli, Romanones o Luca de Tena; fueron también escenarios privilegiados de la vida cultural de su tiempo y auténticos focos de creación artística. Entre sus muros florecieron tertulias literarias, encuentros de intelectuales y redes de sociabilidad que moldearon buena parte de la cultura de la época. Al mismo tiempo, ellos mismo dieron origen a un universo artístico propio, alentando la producción de , esculturas, mobiliario y refinadas artes decorativas concebidas específicamente para ennoblecer y dotar de identidad a estos espacios.


Este fenómeno de las residencias palaciegas hundía sus raíces en siglos anteriores y fue transformándose al ritmo de cada época: cambiaban los estilos arquitectónicos, las familias que los habitaban e incluso su localización, pero el palacio como tal se mantenía como el modelo residencial preferido por las élites. Todo se quebró abruptamente en el periodo comprendido entre la caída de la Monarquía en 1931 y la posguerra. En apenas dos décadas, las élites pasaron de habitar en grandes y suntuosas residencias a preferir alternativas más económicas y, sobre todo, discretas.

A lo largo de las tres jornadas, el curso ofreció un recorrido exhaustivo por esta metamorfosis urbana y social:

  • La apertura corrió a cargo de Ignacio González-Varas Ibáñez, quien analizó los palacios como símbolos de un "poder crepuscular", seguido por Alejandro Espejo Fernández, quien abordó el fin del fenómeno palaciego entre 1931 y 1960 y las estrategias de adaptación de la nobleza a los cambios sociopolíticos.
  • La segunda sesión se centró en la "arquitectura del poder". Aitor Alaña Pérez profundizó en el Palacio de Alcañices y la cultura material de la aristocracia liberal, mientras que Enric-Eduard Giménez Sanllehí explicó la transición del Real Sitio del Buen Retiro de reservado regio a parque público.
  • El cierre del curso puso el foco en la memoria y la conservación. Whitney Dennis expuso el caso del Palacio de Liria como ejemplo de resistencia cultural y reconstrucción, mientras que Pablo García Lumbreras, conservador del Palacio de Fernán Núñez, cerró con una ponencia sobre la importancia de conservar el legado ducal y las artes decorativas en la actualidad.

Fundada en 1775 en el contexto de la Ilustración española, la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País es una de las instituciones culturales más relevantes de Madrid y de España. Desde sus orígenes, su misión ha sido promover el progreso económico, educativo y social mediante la difusión del conocimiento, el impulso de la formación y el apoyo a iniciativas de interés público. Este encuentro académico, enmarcado en el 250 Aniversario de la Matritense, ha resultado ser una cita imprescindible para comprender cómo la nobleza y sus palacios dieron forma a la identidad del Madrid contemporáneo.

Para más información: https://matritense.net/

Pilar de Vicente.

Publicado por La Mesa de los Notables.

domingo, 10 de mayo de 2026

“EL AZOTE DE LA NOBLEZA” ¿SIGUE ENTRE NOSOTROS?

Riestra2026. 

A finales de los años noventa, en los albores de internet, cuando aún no existían las redes sociales tal y como hoy las conocemos, ya comenzaban a surgir foros y espacios de discusión en los que algunos aficionados intentaban desentrañar ciertos entresijos de las corporaciones nobiliarias y caballerescas existentes en aquel momento; muchas menos, desde luego, de las que proliferan hoy. Bajo seudónimos (los célebres nicknames de aquella primera internet) personajes como “El Azote de la Nobleza”, “Kniebolo”, "Icasfer" o "El Tizón de la Nobleza" guiaban a los recién llegados por un mundo casi hermético por aquel entonces, complejo, místico y desconocido para la mayoría. Eran los noveinta.

Fueron años de auténticos pioneros. Entre ellos destacó Ignacio Koblischek, impulsor del primer registro de blasones gentilicios y firme defensor de una idea entonces muy controvertida: “que, siempre que se respetasen las normas y usos heráldicos y las armas fueran de nueva creación, cualquier persona tenía derecho a poseer su propio escudo”. Aquella postura le granjeó innumerables críticas en ciertos círculos tradicionalistas; sin embargo, el tiempo ha terminado por darle la razón. Hoy resulta ampliamente aceptado que la heráldica no puede entenderse como un patrimonio inmóvil ni reservado en exclusiva a determinados linajes históricos.

También fue la época de quienes, tras el fallecimiento del último Cronista Rey de Armas con funciones efectivas en España y reconocimiento estatal, proclamaban en aquella internet adolescente que el “Estado no tardaría en nombrar un sucesor”. Lo hacían sin detenerse a pensar que estas cuestiones apenas despertaban interés fuera de reducidos círculos especializados. Para un país inmerso en profundos cambios sociales y culturales, preocupado por asuntos muy distintos, la nobiliaria y la heráldica parecían reliquias de otro tiempo. Las nuevas generaciones apenas reconocían ya episodios esenciales de la historia nacional; difícilmente iban a preocuparse por el origen de sus linajes o por las armas usadas por sus antepasados.

Aquellos fueron también los años del llamado “escudo de tu apellido”, una práctica tan extendida como errónea. Supuestos gabinetes de heráldica hacían su agosto vendiendo armas atribuidas indiscriminadamente a cualquier persona que compartiese un apellido, basándose únicamente en simples coincidencias onomásticas y pura homonimia. Frente a esa especulación surgieron iniciativas divulgativas que pretendían desmontar mitos muy arraigados. Desde publicaciones como el Blog de Blasones Hispanos y, posteriormente, Doce Linajes, algunos autores nos propusimos explicar (a coste cero) una realidad fundamental de la ciencia heráldica: los apellidos no poseen escudos; los blasones pertenecen a linajes concretos y determinados. Y, por ello, siempre resulta más legítimo registrar armas nuevas y propias, que apropiarse indebidamente de las ajenas.

Junto a aquellos espacios fueron apareciendo otros proyectos que ayudaron a consolidar una auténtica comunidad heráldica en el ámbito de los blogs. Sitios como Blog de Heráldica, de José Juan Carrión Rangel, el Blog del Colegio Antoniano, de Francisco Acedo, o el Blog Heraldistas, así como la labor divulgativa de Fernando Martínez Larrañaga o de Juan Fernández Molina, contribuyeron a conectar a estudiosos, aficionados y curiosos en una época en la que las redes sociales todavía no habían transformado la comunicación digital. Aquella primera comunidad, dispersa y artesanal, acabaría siendo el germen de muchos de los espacios de debate y divulgación existentes en la actualidad.

De aquel espíritu divulgativo y abierto, nacido en los primeros blogs y foros especializados de internet, es heredera directa La Mesa de los Notables. No solo como continuidad natural de aquellas publicaciones pioneras, entre los que nosotros también fuimos protagonistas, sino como testimonio de una manera de entender estas disciplinas alejadas del "exclusivismo" y de los círculos cerrados. Porque si algo caracterizó a aquella primera generación de divulgadores fue precisamente su voluntad de compartir conocimientos sin más legitimidad que el estudio, la experiencia y la pasión por unas ciencias que durante demasiado tiempo había permanecido “encorsetadas” en ambientes casi inaccesibles y desconocidos para el gran público.

En aquel contexto aparecieron obras fundamentales para toda una generación de aficionados e investigadores. Apuntes sobre instituciones nobiliarias en España, de Francisco Manuel de las Heras, y Tesoro Equestre, de José María de Montells y Alfredo Escudero, constituyeron manuales imprescindibles para comprender, de forma honesta y rigurosa, el rico y variado panorama caballeresco y nobiliario existente en España. Más adelante, ya en los primeros años dos mil, Caballeros del siglo XXI, de Fernando García-Mercadal y el Barón de Gavín, despertó en muchos jóvenes un renovado interés por las tradiciones nobiliarias, las órdenes de caballería y el estudio histórico de la nobleza. Cabe destacar como imprescindibles las aportaciones del Marqués de la Floresta con un gran número de publicaciones y su edición en digital de la revista “Cuadernos de Ayala”.  La Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía vivió una etapa muy prolífica entre los años 1990 y 2000, logrando impulsar los estudios de heráldica y genealogía en el ámbito universitario español. En ese período destacaron figuras como Faustino Menéndez-Pidal de Navascués y Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, cuya labor académica contribuyó decisivamente al reconocimiento científico de estas disciplinas.

No faltaron tampoco auténticos visionarios. El propio García-Mercadal comenzó a percibir muy pronto el enorme potencial de los blogs y de las publicaciones digitales como herramientas de difusión cultural. José María de Montells repetía con frecuencia una frase que el tiempo convertiría en profética: «Quien no está en internet no existe». Y cuánta razón encerraban aquellas palabras. 

Con el paso de los años, y especialmente a partir de la expansión masiva de internet y las redes sociales, comenzaron a surgir webs de muchas instituciones, academias, observatorios y corporaciones dedicadas al estudio de la heráldica y las disciplinas caballerescas. Algunas de ellas, gracias a Dios no todas, han terminado por presentarse a sí mismas casi como árbitros en unas materias cuya tradición histórica es secular. En no pocas ocasiones, estas mismas entidades han creado complejas estructuras de reconocimientos cruzados, premios honoríficos y distinciones internas que terminan orbitando dentro de los mismos círculos que las impulsan. Paradójicamente, algunas de ellas, nacidas hace apenas unos años, pretenden ejercer una autoridad doctrinal y científica superior a la de quienes verdaderamente abrieron camino académico cuando estas disciplinas apenas eran objeto del estudio de nadie, o no contaban con la difusión de la que hoy disfrutan.

Y, sin embargo, conviene recordar que fueron aquellos primeros foros, aquellos blogs rudimentarios y aquellos aficionados al estudio de estas ciencias quienes sostuvieron el interés por las disciplinas caballerescas en un tiempo en el que nadie parecía prestarles atención. Sin subvenciones, sin galardones y sin otra recompensa que la satisfacción de divulgar y aprender, lograron construir una comunidad que acabaría sirviendo de base para todo lo que vino después. La Comunidad Heráldica en internet, ya desaparecida hace muchos años.

Hoy, cuando el acceso a la red se ha universalizado y la inmediatez de la información forma parte de la vida cotidiana, pocos recuerdan ya a muchos de aquellos que abrieron camino en una internet todavía rudimentaria. Me atrevo a decir que fueron quienes mantuvieron en "prime time" unos temas que parecían destinados al olvido, consiguiendo que estas disciplinas fuesen de interés para un mayor número de personas, paradójicamente, incluso a pesar de muchos de sus propios defensores.

Riestra2026.

Publicado por La Mesa de los Notables.




sábado, 9 de mayo de 2026

HISTORIAS DE CONVERSOS EN LA CASA DEL INQUISIDOR.

Iván García-Casado. 

El Aula Magna del edificio histórico de la Universidad de Oviedo, erigida en 1608 por el inquisidor general Fernando de Valdés Salas, acogió la presentación del libro: Conversos. De Salomón Leví, rabino, a Pablo de Santa María, obispo. Es la primera obra historiográfica de David Jiménez-Blanco, presidente del Consejo de Administración de la Bolsa de Madrid y figura estrechamente vinculada al Real Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias. Y no parece casual que quien recibió el Premio Conde de Campomanes 2023 a la labor económica, se adentre ahora en un episodio decisivo de la España bajomedieval, donde la identidad, la fe y el poder se entrelazaron con una intensidad que aún hoy suscita debate.

Manuel Ruiz de Bucesta, David Jiménez-Blanco, Laura Galguera, Samuel Bengio e Iván García-Casado. 

El acto, organizado por la Fundación Iberoamericana ASICOM Ciencia y Cultura, la Universidad de Oviedo, el Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias y el Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés, reunió a un numeroso público en torno a la figura de Salomón Leví, el rabino burgalés del siglo XIV que, tras su conversión al cristianismo bajo el nombre de Pablo de Santa María, alcanzó las más altas dignidades eclesiásticas y políticas del reino. Su trayectoria (ascenso fulgurante, influencia cortesana y papel central en un tiempo convulso)  sigue siendo una de las más sugestivas del periodo previo al decreto de expulsión de los judíos.

La bienvenida institucional estuvo a cargo de Laura Galguera, vicepresidente de ASICOM y profesora titular de la Universidad de Oviedo y la presentación del autor y de los participantes en la mesa correspondió a Iván García Casado, Académicos del Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés. Entre las presencias destacadas figuró Samuel Bengio, cuya colaboración resultó esencial en la documentación y orientación del libro, aportando una perspectiva de notable profundidad.

El núcleo del encuentro se articuló en un diálogo entre Manuel Luis Ruiz de Bucesta y Álvarez, Presidente del Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés, el propio Jiménez-Blanco y Samuel Bengio. A lo largo de la conversación se revisaron con rigor algunos de los episodios más complejos del siglo XIV castellano y otras circunstancias tocantes a la fe y otros episodios como la expulsión de los judíos de 1492. Todo un periodo marcado por tensiones religiosas, disputas políticas y transformaciones sociales que anticiparon la fractura definitiva entre comunidades

Pablo Junceda, Juan Allonca, Laura Galguera, David Jiménez-Blanco, Samuel Bengio, Manuel Ruiz de Bucesta e Iván García-Casado. 


La jornada concluyó con una animada firma de ejemplares, durante la cual autor y colaboradores intercambiaron impresiones, anécdotas y matices históricos con los asistentes. Un cierre que prolongó el clima de interés intelectual y favoreció un diálogo sereno entre memoria, historia y cultura.

Enlace compra del libro: https://almuzaralibros.com/fichalibro.php?libro=11092&edi=6
Para saber más: https://www.bancesyvaldes.com/ y  https://www.cuerpodelanoblezadeasturias.es/

Iván García-Casado.

Publicado por La Mesa de los Notables.

 


viernes, 8 de mayo de 2026

RECIBIMIENTO DE NUEVOS MIEMBROS EN EL REAL ESTAMENTO MILITAR DEL PRINCIPADO DE GERONA (2026).

Pilar de Vicente. 

Con motivo de honrar a su santo patrón, San Jorge, el pasado sábado 25 de abril se celebraron en la Catedral de Gerona el Capítulo General y la solemne ceremonia de jura, imposición de bandas e ingreso de diez caballeros y cuatro damas en el Real Estamento Militar del Principado de Gerona y Cofradía de San Jorge, corporación cuyo Jefe Supremo es S. M. el Rey don Felipe VI y cuya Cofrade Mayor es S. A. R. doña Leonor, Princesa de Gerona, de Asturias y de Viana

Ante la presencia de distinguidas autoridades civiles, militares y eclesiásticas, y presididos por el veguer presidente, el Ilmo. Sr. don Francisco de Alós y de Bonilla, V marqués de Dou, prestaron juramento de fidelidad los catorce neófitos apadrinados. Entre ellos se hallaban destacados miembros del Real Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias: el Ilmo. señor doctor don Fernando de Benito y Alas, mayoral segundo de Infanzones del Reino de Valencia, y la Ilma. señora doña María José Fourrat y Caro, vocal y dama de conquista de Infanzones del Reino de Valencia.


La Catedral de Santa María de Gerona, escenario de esta ceremonia, es uno de los monumentos arquitectónicos más excepcionales de España, destacando por poseer la nave gótica más ancha del mundo (22,9 metros), solo superada en dimensiones totales por la Basílica de San Pedro del Vaticano. Su construcción, que abarca desde el siglo XI hasta el XVIII, es un viaje por diferentes estilos: desde una imponente fachada y escalinata barrocas, pasando por el claustro y la torre de Carlomagno de factura románica, hasta llegar al cuerpo principal gótico de una sola nave, que desafió las convenciones arquitectónicas de la época para lograr una amplitud espacial sin parangón.

El Real Estamento Militar del Principado de Gerona fue fundado como Cofradía de San Jorge y Santa Isabel por el infante don Juan, duque de Gerona y príncipe heredero de la Corona de Aragón, el 28 de agosto de 1386. Su objetivo era agrupar a la nobleza de la ciudad y de los distintos vegueríos de Gerona, alcanzando especial esplendor durante los siglos XVI y XVII con justas y torneos celebrados en la ciudad.

Tras un periodo de declive, motivado por el absentismo y los traslados de la nobleza, la institución fue reorganizada durante el reinado de S.M. el rey don Alfonso XIII, asumiendo el nombre de “Real Estamento Militar del Principado de Gerona, Cofradía de San Jorge”. El ingreso se amplió a miembros de todas las provincias españolas, manteniendo su carácter asociativo y fraternal.

Actualmente, la corporación tiene una labor que va más allá del componente honorífico, contribuyendo en obras de caridad y beneficencia en la diócesis, patrocinando premios para estudios históricos, restaurando y embelleciendo su capilla titular y la nave central de la Catedral, y promoviendo conferencias y actos culturales de relevancia local.

Para más información: https://www.estamentodegerona.com/



Publicado por La Mesa de los Notables.