Riestra2026.
Hay blasonarios que se leen como
repertorios y otros que se contemplan como auténticas catedrales de la
heráldica. El Armorial de la Orden del Águila de Georgia y la Túnica Inconsútil
de Nuestro Señor Jesucristo, editado por el Real Colegio Heráldico de Georgia
en 2013, pertenece sin duda a esta segunda categoría. Sus páginas no
constituyen únicamente un registro de armas, sino una verdadera liturgia visual
en la que convergen la tradición nobiliaria europea, el simbolismo sacro de la
monarquía georgiana y el lenguaje contemporáneo de la heráldica en un mismo
espacio ceremonial.
Uno de los grandes protagonistas de
aquella obra monumental fue el heraldista Fernando Martínez Larrañaga, artífice
junto a Alfredo Escudero y Díaz-Madroñero y al erudito maestro de la heráldica
José María de Montells y Galán, de la concepción estética y heráldica del
volumen. La edición, publicada bajo los auspicios del Real Colegio Heráldico deGeorgia, reunió casi un centenar y medio de escudos de armas pertenecientes
a caballeros y damas de la Orden del Águila de Georgia, en una cuidada edición
trilingüe (georgiano, español e inglés) concebida desde su origen como obra de
referencia para el estudio de la heráldica dinástica contemporánea.
La personalidad artística de Martínez
Larrañaga se percibe de inmediato en el delicado equilibrio entre solemnidad
clásica y libertad ornamental. Sus composiciones no son meras ilustraciones
técnicas. Cada escudo aparece concebido como una escena ceremonial:
lambrequines amplios, coronas minuciosamente delineadas, collares de órdenes
dinásticas tratados con precisión casi miniaturista y un refinado uso del color
que evoca tanto los armoriales centroeuropeos del siglo XIX como la
sensibilidad decorativa del arte bizantino.
Las imágenes aquí reproducidas,
correspondientes a mi propio escudo como Gran Cruz de la Orden, resumen
admirablemente ese universo visual. El blasón aparece rodeado por un complejo
entramado simbólico, encuadrado por un fastuoso marco de inspiración georgiana
y coronado por los emblemas de la Casa Real de Georgia. Todo en la composición
transmite una idea precisa: la heráldica no debe entenderse como un fósil
documental, sino como un lenguaje vivo, capaz de adaptarse a nuevas formas de
representación nobiliaria sin perder su esencia histórica.
Fernando Martínez Larrañaga se ha
consolidado, durante las últimas décadas, como uno de los nombres más
reconocibles de la heráldica hispánica contemporánea. Formado en Derecho
Nobiliario y Premial, Heráldica y Genealogía por la UNED, y diplomado en Heráldica
General y Militar por el Instituto de Historia y Cultura Militar, su
trayectoria ha conjugado investigación, diseño heráldico y actividad
institucional.
Ha desempeñado diversos cargos
vinculados al ámbito heráldico español y georgiano, habiendo sido Heraldo del RealColegio Heráldico de Georgia y Heraldo Mayor de la Casa Troncal de los Doce
Linajes de Soria. A ello se suma una intensa labor divulgativa desarrollada a
través de publicaciones especializadas y del conocido blog Heraldistas, donde
durante años compartió procesos de diseño, composiciones armoriales y
reflexiones sobre la evolución del arte del blasón.
Precisamente en 2013, mientras
ultimaba el Armorial de la Orden del Águila de Georgia, Martínez Larrañaga dio
a conocer diversas muestras preliminares de la obra, describiéndola como un
proyecto realizado junto al Real Colegio Heráldico de Georgia. Aquellas
primeras imágenes anticipaban ya una de las constantes esenciales de su estilo:
la voluntad de devolver a la heráldica toda su dimensión ceremonial y
escenográfica.
![]() |
| Mi escudo de armas según el modelo del Armorial Georgiano. |
La publicación del Armorial supuso un
acontecimiento notable en los círculos nobiliarios y heráldicos europeos.
Editado en gran formato y con una cuidada impresión a color, el volumen no se
limitaba a reproducir los usos heráldicos de sus miembros. Cada página
integraba ornamentos exteriores, insignias, coronas, mantos y elementos
premiales que situaban al titular dentro de la compleja jerarquía simbólica de
la Orden. En ello radica una de las aportaciones más interesantes de Martínez
Larrañaga: comprender que la heráldica moderna ya no puede reducirse únicamente
al escudo, sino que debe abarcar el conjunto de signos visuales que expresan
dignidad, pertenencia y memoria.
En cierto modo, el Armorial Georgiano
recuperaba la tradición de los grandes repertorios nobiliarios europeos, aunque
incorporando una sensibilidad plenamente contemporánea. Frente al minimalismo
que durante décadas empobreció buena parte del diseño heráldico moderno,
Martínez Larrañaga, bajo la dirección de José María de Montells, reivindicó la
riqueza ornamental como parte inseparable del discurso heráldico.
Uno de los aspectos más innovadores
desarrollados en los últimos años en el entorno de la Orden del Águila de
Georgia ha sido precisamente la ampliación de los elementos exteriores
permitidos en la representación de armas.
El Reglamento 07-2024, publicado por
el Real Colegio Heráldico de Georgia, recoge diversas disposiciones que
reflejan una evolución significativa en la concepción contemporánea de la
heráldica dinástica. Entre ellas destaca la posibilidad de que todos los
miembros de la Orden puedan exhibir el manto de la corporación detrás de sus
escudos de armas, acompañado de la insignia correspondiente a su rango dentro
de la misma. Este detalle posee una enorme importancia simbólica: el manto deja
de ser un privilegio reservado exclusivamente a las más altas dignidades para
convertirse en signo visible de pertenencia espiritual y caballeresca.
El reglamento permite además
incorporar un friso dorado, ya sea liso o decorado con motivos georgianos, como
elemento ornamental en los bordes del manto. El ornamento exterior adquiere así
una dimensión artística flexible, abierta a la creatividad del heraldista
contemporáneo.
![]() |
| Una composición con mis armas, de estilo georgiano, diseñada por Martínez Larrañaga usando el manto de la Orden del Águila. |
Existe, no obstante, una importante
reserva ceremonial: el diseño oficial bordado en el cuello del manto queda
exclusivamente reservado a los nobles titulados. Esta distinción mantiene viva
la tradicional jerarquía nobiliaria dentro de la Orden y recuerda que la
heráldica continúa siendo también un lenguaje de precedencias.
Otro aspecto especialmente
interesante es la libertad interpretativa reconocida por el propio reglamento.
El manto puede representarse heráldicamente en cualquier estilo artístico,
siempre que respete la descripción oficial escrita. La norma abandona así el
rígido modelo iconográfico único y reconoce explícitamente el valor creativo
del artista heraldista.
La imagen aquí mostrada debe
entenderse precisamente como una posibilidad entre muchas otras. En ella se
aprecia un notable equilibrio entre exuberancia ornamental y claridad
compositiva. También resulta significativa la modificación relativa a las Grandes
Cruces de la Orden. Conforme a la nueva normativa, los caballeros y damas Gran Cruz ya no deben representar el collar colgando del escudo. En su lugar,
el reglamento establece el uso de una cinta con los colores de la Orden
rematada en un lazo, quedando el collar reservado a quienes posean el rango
específico que da derecho a su uso. No obstante, según tengo entendido, esta
disposición no afectaría a quienes hubiesen recibido la Gran Cruz con
anterioridad a la publicación del nuevo reglamento.
Conviene recordar igualmente la
naturaleza institucional del Real Colegio Heráldico de Georgia, institución a
la que dedicaremos una futura entrada más extensa y que, como muchos de
nuestros lectores ya conocen, constituye el órgano dependiente de la Casa Real de Georgia
encargado de la gestión y concesión de escudos de armas, emblemas heráldicos y
documentación relacionada con la actividad nobiliaria y premial de la dinastía
Bagration.
Esta institución opera bajo los
auspicios de la Casa Real de Georgia y no constituye una oficina gubernamental
del actual Estado georgiano. Su legitimidad se inscribe dentro del ámbito de
las instituciones dinásticas de carácter histórico y familiar vinculadas a la
Casa Real. Desde esa posición, el Colegio ha impulsado durante los últimos años
una notable renovación estética y normativa de la heráldica asociada a la Orden
del Águila de Georgia, favoreciendo el desarrollo de un lenguaje visual propio
en el que tradición medieval, ceremonial cortesano y sensibilidad artística
contemporánea conviven de manera singular.
Contemplar las composiciones
heráldicas realizadas por Fernando Martínez Larrañaga para el Armorial
Georgiano es comprender que la heráldica continúa siendo un arte plenamente
vigente. Durante demasiado tiempo se intentó reducir el blasón a una mera
disciplina auxiliar de la historia, olvidando que nació también como expresión
estética y ceremonial. En las obras de Martínez Larrañaga reaparece
precisamente esa dimensión olvidada: el escudo entendido no sólo como signo de
identificación, sino como relato visual de dignidad, memoria y tradición.
La evolución normativa impulsada por
el Real Colegio Heráldico de Georgia demuestra, además, que la heráldica
contemporánea continúa transformándose. Los mantos, las cintas, los frisos
decorativos y la libertad interpretativa concedida al artista heraldista abren
nuevas posibilidades expresivas capaces de dialogar con la sensibilidad visual
del siglo XXI sin quebrar la continuidad de la tradición.
En ese delicado equilibrio entre
fidelidad histórica y renovación estética reside buena parte del mérito de
heraldistas como Fernando Martínez Larrañaga. Sus blasones para la Orden del
Águila de Georgia no son únicamente armas ejecutadas con maestría: son
auténticos escenarios simbólicos donde la antigua idea de caballería vuelve,
una vez más, a adquirir forma visible.
Los trabajos heráldicos de Martínez
Larrañaga están perfectamente detallados y recogidos en la web http://martinez-larranaga.es/heraldica.html.
Para contacto: heraldistas@hotmail.com
Riestra2026.
Publicado por La Mesa de los
Notables.



















