Riestra2026
A lo largo de estos últimos siglos, la
historia parece dibujar un mismo patrón: tras guerras devastadoras,
revoluciones o crisis institucionales, algunas monarquías logran regresar, a
veces con trono y otras solo como símbolos que flotan sobre la memoria
colectiva. No son nostalgias vacías, sino respuestas estratégicas a la
inestabilidad, una forma de reconciliar el pasado con los cambios surgidos en
cada convulsión social y política.
La Francia del siglo XIX ilustra esta
dinámica con claridad. Tras la caída de Napoleón, Luis XVIII restauró la corona
sin negar las transformaciones revolucionarias: la Carta de 1814 combinó
continuidad dinástica con instituciones modernas como el Código Civil,
recordando que la monarquía puede coexistir con la modernidad. En España,
Alfonso XII consolidó un sistema de alternancia política tras la Primera
República, y en Inglaterra varios siglos antes, Carlos II encontró equilibrio
entre la corona y el Parlamento, mostrando que la restauración no era un
retroceso, sino una negociación entre memoria y estabilidad.
El siglo XX ofreció nuevas formas de regreso. Juan Carlos I, en nuestro país, transformó la corona en instrumento de transición, equilibio, modernidad y unidad nacional. Simeón II de Bulgaria volvió del exilio como primer ministro, integrando la figura real en una sociedad democrática sin necesidad de trono.
En Grecia y Rumanía, las figuras de Constantino II y Mihai I demostraron que el poder real puede desaparecer mientras persiste la influencia
moral y simbólica: la legitimidad histórica no se mide solo con un baremo legal, sino con la capacidad real de sostener la memoria y la cohesión social.
Italia conserva a la
Casa de Saboya como faro histórico, mientras que en la Francia actual, Luis
Alfonso de Borbón representa la posibilidad de un regreso como figura capaz de unir memoria, patrimonio e identidad, recordando que una monarquía puede permanecer viva incluso sin poder
político de facto.
Brasil conserva el recuerdo de Pedro II como
emblema de estabilidad; Portugal mantiene viva la memoria de su familia real;
Albania y Etiopía confían en Leka II y los descendientes de Haile Selassie como
referentes culturales y potenciales símbolos de unidad.
Incluso fuera del contexto europeo y
latinoamericano, la inestabilidad política puede abrir la puerta a discursos
monárquicos con resonancia simbólica. En Irán, un país marcado por la
Revolución Islámica de 1979 y décadas de teocracia autoritaria, las protestas
masivas recientes han puesto de nuevo en el centro del debate la figura de Reza
Pahlavi, hijo del último sah de la dinastía Pahlavi. Las movilizaciones que
estallaron a finales de 2025, impulsadas por la crisis económica y la demanda
de cambio político, han llevado a algunos manifestantes a corear consignas a
favor de la restauración de la monarquía derrocada en 1979, al tiempo que reclaman
el fin de la República Islámica y un rumbo nuevo para la nación.
Aunque la posibilidad de una
restauración monárquica formal en Irán sigue siendo remota y objeto de controversia y debate,
la presencia de Pahlavi, quien ha abogado por un proceso de transición democrática
tras una hipotética caída del régimen, ilustra cómo, incluso en contextos tan
polarizados y complejos, el simbolismo de una corona puede reaparecer como una
opción entre muchas en el imaginario de una sociedad en crisis.
Aunque hoy las restauraciones “a la antigua usanza” son improbables, en repúblicas consolidadas, las familias reales, las grandes casas, pueden ofrecer un activo que las instituciones modernas raramente proporcionan: legitimidad simbólica, continuidad histórica y un referente neutral tanto en tiempos de crisis como de bonanza. La monarquía hoy, más ceremonial y protocolaria que política, sigue siendo un hilo conductor entre pasado y presente, memoria y estabilidad, recordándonos que incluso en "la modernidad" del siglo XXI la corona no es, ni mucho menos, un vestigio de lo que quedó atrás sino un espejo en el que las naciones pueden contemplar su propia identidad.
Riestra2026.
Publicado por La Mesa de los Notables.
