domingo, 10 de mayo de 2026

“EL AZOTE DE LA NOBLEZA” ¿SIGUE ENTRE NOSOTROS?

Riestra2026. 

A finales de los años noventa, en los albores de internet, cuando aún no existían las redes sociales tal y como hoy las conocemos, ya comenzaban a surgir foros y espacios de discusión en los que algunos aficionados intentaban desentrañar ciertos entresijos de las corporaciones nobiliarias y caballerescas existentes en aquel momento; muchas menos, desde luego, de las que proliferan hoy. Bajo seudónimos (los célebres nicknames de aquella primera internet) personajes como “El Azote de la Nobleza”, “Kniebolo”, "Icasfer" o "El Tizón de la Nobleza" guiaban a los recién llegados por un mundo casi hermético por aquel entonces, complejo, místico y desconocido para la mayoría. Eran los noveinta.

Fueron años de auténticos pioneros. Entre ellos destacó Ignacio Koblischek, impulsor del primer registro de blasones gentilicios y firme defensor de una idea entonces muy controvertida: “que, siempre que se respetasen las normas y usos heráldicos y las armas fueran de nueva creación, cualquier persona tenía derecho a poseer su propio escudo”. Aquella postura le granjeó innumerables críticas en ciertos círculos tradicionalistas; sin embargo, el tiempo ha terminado por darle la razón. Hoy resulta ampliamente aceptado que la heráldica no puede entenderse como un patrimonio inmóvil ni reservado en exclusiva a determinados linajes históricos.

También fue la época de quienes, tras el fallecimiento del último Cronista Rey de Armas con funciones efectivas en España y reconocimiento estatal, proclamaban en aquella internet adolescente que el “Estado no tardaría en nombrar un sucesor”. Lo hacían sin detenerse a pensar que estas cuestiones apenas despertaban interés fuera de reducidos círculos especializados. Para un país inmerso en profundos cambios sociales y culturales, preocupado por asuntos muy distintos, la nobiliaria y la heráldica parecían reliquias de otro tiempo. Las nuevas generaciones apenas reconocían ya episodios esenciales de la historia nacional; difícilmente iban a preocuparse por el origen de sus linajes o por las armas usadas por sus antepasados.

Aquellos fueron también los años del llamado “escudo de tu apellido”, una práctica tan extendida como errónea. Supuestos gabinetes de heráldica hacían su agosto vendiendo armas atribuidas indiscriminadamente a cualquier persona que compartiese un apellido, basándose únicamente en simples coincidencias onomásticas y pura homonimia. Frente a esa especulación surgieron iniciativas divulgativas que pretendían desmontar mitos muy arraigados. Desde publicaciones como el Blog de Blasones Hispanos y, posteriormente, Doce Linajes, algunos autores nos propusimos explicar (a coste cero) una realidad fundamental de la ciencia heráldica: los apellidos no poseen escudos; los blasones pertenecen a linajes concretos y determinados. Y, por ello, siempre resulta más legítimo registrar armas nuevas y propias, que apropiarse indebidamente de las ajenas.

Junto a aquellos espacios fueron apareciendo otros proyectos que ayudaron a consolidar una auténtica comunidad heráldica en el ámbito de los blogs. Sitios como Blog de Heráldica, de José Juan Carrión Rangel, el Blog del Colegio Antoniano, de Francisco Acedo, o el Blog Heraldistas, así como la labor divulgativa de Fernando Martínez Larrañaga o de Juan Fernández Molina, contribuyeron a conectar a estudiosos, aficionados y curiosos en una época en la que las redes sociales todavía no habían transformado la comunicación digital. Aquella primera comunidad, dispersa y artesanal, acabaría siendo el germen de muchos de los espacios de debate y divulgación existentes en la actualidad.

De aquel espíritu divulgativo y abierto, nacido en los primeros blogs y foros especializados de internet, es heredera directa La Mesa de los Notables. No solo como continuidad natural de aquellas publicaciones pioneras, entre los que nosotros también fuimos protagonistas, sino como testimonio de una manera de entender estas disciplinas alejadas del "exclusivismo" y de los círculos cerrados. Porque si algo caracterizó a aquella primera generación de divulgadores fue precisamente su voluntad de compartir conocimientos sin más legitimidad que el estudio, la experiencia y la pasión por unas ciencias que durante demasiado tiempo había permanecido “encorsetadas” en ambientes casi inaccesibles y desconocidos para el gran público.

En aquel contexto aparecieron obras fundamentales para toda una generación de aficionados e investigadores. Apuntes sobre instituciones nobiliarias en España, de Francisco Manuel de las Heras, y Tesoro Equestre, de José María de Montells y Alfredo Escudero, constituyeron manuales imprescindibles para comprender, de forma honesta y rigurosa, el rico y variado panorama caballeresco y nobiliario existente en España. Más adelante, ya en los primeros años dos mil, Caballeros del siglo XXI, de Fernando García-Mercadal y el Barón de Gavín, despertó en muchos jóvenes un renovado interés por las tradiciones nobiliarias, las órdenes de caballería y el estudio histórico de la nobleza. Cabe destacar como imprescindibles las aportaciones del Marqués de la Floresta con un gran número de publicaciones y su edición en digital de la revista “Cuadernos de Ayala”.  La Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía vivió una etapa muy prolífica entre los años 1990 y 2000, logrando impulsar los estudios de heráldica y genealogía en el ámbito universitario español. En ese período destacaron figuras como Faustino Menéndez-Pidal de Navascués y Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, cuya labor académica contribuyó decisivamente al reconocimiento científico de estas disciplinas.

No faltaron tampoco auténticos visionarios. El propio García-Mercadal comenzó a percibir muy pronto el enorme potencial de los blogs y de las publicaciones digitales como herramientas de difusión cultural. José María de Montells repetía con frecuencia una frase que el tiempo convertiría en profética: «Quien no está en internet no existe». Y cuánta razón encerraban aquellas palabras. 

Con el paso de los años, y especialmente a partir de la expansión masiva de internet y las redes sociales, comenzaron a surgir webs de muchas instituciones, academias, observatorios y corporaciones dedicadas al estudio de la heráldica y las disciplinas caballerescas. Algunas de ellas, gracias a Dios no todas, han terminado por presentarse a sí mismas casi como árbitros en unas materias cuya tradición histórica es secular. En no pocas ocasiones, estas mismas entidades han creado complejas estructuras de reconocimientos cruzados, premios honoríficos y distinciones internas que terminan orbitando dentro de los mismos círculos que las impulsan. Paradójicamente, algunas de ellas, nacidas hace apenas unos años, pretenden ejercer una autoridad doctrinal y científica superior a la de quienes verdaderamente abrieron camino académico cuando estas disciplinas apenas eran objeto del estudio de nadie, o no contaban con la difusión de la que hoy disfrutan.

Y, sin embargo, conviene recordar que fueron aquellos primeros foros, aquellos blogs rudimentarios y aquellos aficionados al estudio de estas ciencias quienes sostuvieron el interés por las disciplinas caballerescas en un tiempo en el que nadie parecía prestarles atención. Sin subvenciones, sin galardones y sin otra recompensa que la satisfacción de divulgar y aprender, lograron construir una comunidad que acabaría sirviendo de base para todo lo que vino después. La Comunidad Heráldica en internet, ya desaparecida hace muchos años.

Hoy, cuando el acceso a la red se ha universalizado y la inmediatez de la información forma parte de la vida cotidiana, pocos recuerdan ya a muchos de aquellos que abrieron camino en una internet todavía rudimentaria. Me atrevo a decir que fueron quienes mantuvieron en "prime time" unos temas que parecían destinados al olvido, consiguiendo que estas disciplinas fuesen de interés para un mayor número de personas, paradójicamente, incluso a pesar de muchos de sus propios defensores.

Riestra2026.

Publicado por La Mesa de los Notables.