Alejandro Riestra Martínez.
Para cerrar el ciclo de entradas que
hemos venido dedicando a las órdenes dinásticas vinculadas a la Casa Real de
Georgia, resulta oportuno detenernos en una de las más significativas, tanto
por su simbolismo como por su proyección contemporánea: la Orden de la Corona
de Georgia.
Esta distinción, de creación
relativamente reciente en comparación con otras órdenes tratadas en este blog,
se inscribe en el contexto de la revitalización de las tradiciones monárquicas
georgianas.
Instituida en el año 2009 por S.A.R. David Bagrationi, actual jefe de la Casa Real, la Orden de la Corona de Georgia se
erige como una distinción moderna en su forma, pero profundamente anclada en la
tradición monárquica del país. Su creación no responde a una mera voluntad
honorífica, sino a una intención más elevada: recompensar a quienes, con
lealtad y mérito, sirven a la causa de la identidad nacional georgiana y al
ideal de restauración de la monarquía.
No fue, sin embargo, un acto espontáneo.
La concepción de esta orden se remonta al año 2000, cuando el entonces jefe de
la Casa, S.A.R. Jorge Bagrationi, inició una revisión del sistema premial
dinástico. En aquel contexto se planteó la creación de una nueva distinción
que, complementando a órdenes históricas como la Orden del Águila de Georgia,
reflejara la continuidad del espíritu nacional. Aunque el proyecto quedó
entonces en suspenso, sería retomado años más tarde por su hijo, quien le
otorgó forma definitiva.
La Orden de la Corona de Georgia
presenta una estructura deliberadamente sencilla: consta de un único grado, el
de Caballero. Esta singularidad no implica una menor relevancia, sino una
voluntad de preservar la pureza del reconocimiento, evitando jerarquías
internas que diluyan su sentido. Su insignia, rica en simbolismo, se compone de
una cruz patada esmaltada en rojo (color de la tradición georgiana) ligeramente
curvada y delineada en esmalte blanco, sobre la cual se disponen la bandera
nacional del país y la corona real dentro de un círculo azul, evocando la unión entre
patria y legitimidad dinástica.
En el marco de las órdenes dinásticas de la Casa Real de Georgia, la Orden de la Corona ocupa un lugar específico dentro de un
sistema más amplio que incluye otras distinciones de mayor antigüedad, como la
Orden de la Santa Reina Tamar y la ya mencionada Orden del Águila, a las que
ya hemos dedicado sendas entradas en este blog.
Conviene subrayar el peso cultural e
histórico que la dinastía Bagrationi sigue manteniendo, con una resonancia
significativa en los ámbitos social y eclesiástico del país. Esta relevancia se
ha visto recientemente reavivada con el sermón del obispo Iobi (titular
metropolitano de Urbnisi y Ruisi), quien desde el púlpito reabrió el debate
monárquico en Georgia al proclamar ante los fieles y en presencia del príncipe
Davit y de su hijo: «Tendremos un rey bendecido, un rey que hará grandes cosas
por el futuro de Georgia».
La existencia de estas órdenes
dinásticas no tiene por qué implicar poder político efectivo, sino más bien la
preservación de una memoria histórica y de una identidad que trascienden las
formas de gobierno.
Así, la Orden de la Corona se configura
no solo como una distinción honorífica, sino como un testimonio vivo de una
tradición que, lejos de extinguirse, se adapta a los tiempos sin renunciar a su
esencia. En ella confluyen la simbología, la historia y la continuidad de una
de las casas reales más antiguas de Europa.
En definitiva, esta distinción no es
únicamente un ornamento protocolario, sino una expresión de fidelidad a un
legado: el de una corona que, aunque aún hoy no se pose sobre un trono,
permanece viva en la conciencia histórica de un pueblo.
Para leer el artículo sobre la Orden del
Águila: aquí.
Para leer el artículo sobre la Orden de
Tamar: aquí.
Para leer el artículo sobre el sermón
pronunciado por el obispo Iobi: aquí.
Para saber más sobre las órdenes
dinásticas de la Casa Real de Georgia: https://www.royalhouseofgeorgia.ge/
Publicado por La Mesa de los Notables.

