Riestra2026.
La Sala de Vistas del Tribunal
Constitucional, espacio donde la ley se pronuncia con vocación de permanencia,
acogió en la tarde de ayer un acto distinto, aunque no menos trascendente: la
incorporación de nuevos académicos al Instituto de Estudios Históricos Bances y
Valdés. Bajo la solemnidad de sus muros, la ceremonia adquirió un tono casi
simbólico, como si el pasado y el presente del pensamiento jurídico y
humanístico se diesen cita en un mismo instante.
![]() |
| Los nuevos académicos, junto a la presidencia. |
Presidido por don Manuel Luis Ruiz de
Bucesta, acompañado por doña Carolina Rius Alarcó, magistrada de la Audiencia Nacional y el teniente general don Rubén García Servet, el
acto se desarrolló con la cadencia de los rituales que no necesitan alardes. En
lugar preferente, los nuevos académicos don Juan Carlos Campo Moreno, don
Carmelo Nvono-Ncá, don Christian Duverger, doña Pilar María de Vicente y
Trapiello, doña Concepción de Rueda y Escardó, doña Virtudes Azpitarte García,
don Daniel San Martín Viscasillas y don Bartolomé Ribas Ozonas encarnaban,
cada uno desde su disciplina, una forma distinta de entender el conocimiento:
la historia, la diplomacia, la empresa, la ciencia o el derecho como lenguajes
complementarios de una misma aspiración.
Pero fue la palabra la que terminó por
dar profundidad al encuentro.
En su discurso de ingreso, don Juan
Carlos Campo no se limitó a evocar el pasado: lo convocó. Desde la tribuna,
trazó una línea invisible, y sin embargo firme, entre la Constitución de Cádiz
de 1812 y la Constitución española de 1978, como si ambas dialogaran a través
del tiempo. En ese diálogo, las voces de Agustín de Argüelles y Gaspar Melchor
de Jovellanos emergieron no como figuras estáticas de los libros, sino como
presencias vivas, arquitectos de una idea de España fundada en la libertad, la
ley y la razón.
![]() |
| Una parte del público asistente. |
Cádiz apareció entonces no solo como un
lugar, sino como un origen: el instante en que la nación empezó a pensarse a sí
misma en términos de derechos, de soberanía compartida, de futuro posible. Y en
ese hilo que une siglos, el magistrado recordó que las leyes (cuando son
justas) no solo ordenan, sino que aspiran a algo más alto: la felicidad de los
pueblos.
La réplica de don Víctor Martínez Patón
devolvió el eco de esas palabras con una reflexión serena sobre el equilibrio
entre derechos y responsabilidades, como si el discurso iniciado encontrara en
ella su contrapunto necesario.
Así, entre intervenciones, aplausos y
silencios, entre memoria y presente, el acto fue revelándose como algo más que
una ceremonia académica. Fue, en cierto modo, una afirmación colectiva: la de
que el conocimiento no es estático, que se transmite, se renueva y se encarna
en quienes lo cultivan.
Con la incorporación de estos nuevos
académicos, el Instituto no solo suma nombres ilustres; prolonga una tradición.
Una tradición que entiende la historia no como un refugio, sino como una
herramienta para comprender el presente y orientar el porvenir.
Más Información:
https://www.bancesyvaldes.com/
Publicado por La Mesa de los Notables.


