En la sección de Opinión del Diario de
Madrid, Manuel Ruiz de Bucesta Álvarez publica un interesante artículo dedicado
al antiguo privilegio de las mujeres palentinas de vestir la Banda Dorada, un
singular distintivo cuya historia se remonta a la Edad Media y que constituye
una de las tradiciones más curiosas y menos conocidas de la historia
castellana.
Por su indudable interés histórico y
cultural, queremos hacernos eco de este trabajo en nuestro blog como entrada
del día de hoy, acompañándolo con una imagen alusiva entre las muchas que
pueden encontrarse en la red.
La Banda Dorada de las mujeres palentinas. Un antiquísimo privilegio.
07/may/26 - 08:56 – El Diario de Madrid
–
Manuel Ruiz de Bucesta.
La banda dorada de las mujeres
palentinas es un honor que el tiempo no ha vencido. —Pablo Junceda—
Entre los miles de documentos que
jalonan la historia de Castilla, pocos resultan tan extraordinarios para el
espíritu de una época como el privilegio otorgado en 1387 por Juan I a las
mujeres de Palencia. No es una invención tardía, está reflejado en una Real
Cédula de 22 de abril de 1387 y conservada en copias posteriores en el Archivo
Municipal de Palencia. En ese se reconoce a las mujeres de la ciudad el derecho
a portar la banda dorada, una insignia hasta entonces reservada solamente a los
caballeros de la Orden de la Banda, que había sido fundada en 1332 por Alfonso
XI junto con la prerrogativa, extraordinaria en su tiempo, de no inclinarse
ante el rey.
El origen de esta distinción está en los
convulsos años que siguieron a la derrota castellana del año 1385 en
Aljubarrota, contra el ejército portugués. El reino, muy debilitado, afrontaba
la amenaza del duque de Lancaster, quien por su matrimonio con Constanza de
Castilla reclamaba la corona. En crónicas de la época —particularmente la
Crónica de Juan I, atribuida al canciller y cronista castellano Pedro López de
Ayala— se describe el avance de las huestes inglesas por Galicia y León en
1386, aproximándose a Palencia, que era en aquel entonces una ciudad
escasamente defendida debido a la dispersión de sus hombres por las distintas
campañas.
Fue en esa encrucijada cuando las
mujeres palentinas, lejos de huir atemorizadas, ocuparon las murallas e
hicieron sonar campanas y atabales. Desplegaron de inmediato pendones
haciéndose pasar por un numeroso contingente. Esta maniobra fue calificada con
total sobriedad como «servicio notable» y sirvió para que el duque desistiera
de su intento de sitiar la plaza. No hubo combate, pero esta inteligente acción
contribuyó a sostener la legitimidad Trastámara en un momento que era realmente
complicado.
No obstante, conviene señalar que este
episodio no debe interpretarse como un antecedente de reivindicación
igualitaria. Sería impropio y absurdo forzar en el siglo XIV categorías ajenas
a su comprensión. Sin embargo, el privilegio constituye para la sociedad del
momento un reconocimiento excepcional. La banda dorada, incorporada con los
años al traje tradicional palentino, no es un simple ornamento folclórico, se
trata de la huella visible de un acto que la historiografía relegó
discretamente durante siglos.
La documentación conservada —aunque
fragmentada— permite afirmar la verdad de la merced. El propio López de Ayala,
en sus Crónicas, alude a la fidelidad de las ciudades castellanas en aquellos
años y, aunque no detalla expresamente este episodio palentino, su contexto
confirma la verosimilitud del reconocimiento regio. Por su parte, la tradición
local lejos de contradecir los testimonios escritos, los complementa sin pecar
de exageraciones que puedan ser incompatibles con la evidencia.
También conviene recordar en estos
tiempos nuestros de exigencia de derechos, que el pasado ofrece ejemplos de
heroicidades femeninas que no necesitan tintes, insultos o gritos. Las mujeres
de Palencia no empuñaron armas ni tampoco reclamaron honores, ellas defendieron
su ciudad con total astucia y el reino agradecido lo supo reconocer con una
prerrogativa que, seis siglos después, sigue apelando a nuestra conciencia
histórica.
Manuel Ruiz de Bucesta.
Artículo original : aquí.
Publicado por La Mesa de los Notables.
