Alejandro Riestra Martínez.
Hay imágenes que, de tanto verlas,
corren el riesgo de volverse invisibles. El emblema al que dedico esta entrada
se cruza en mis labores cotidianas, y cada encuentro despierta sensaciones que
lo elevan más allá de lo meramente institucional.
Los esmaltes y figuras que lo componen
entrelazan tradición e identidad, mientras su lema revela algo más que coraje y
valentía: transmite serenidad y confianza frente a cualquier adversidad. Este
símbolo no solo pretende ser representación de un grupo, sino también su
inspiración y su guía, recordándonos el sentido más profundo de la labor que nos hemos comprometido a realizar.
LA HERÁLDICA DE LA COMPAÑÍA DE TRANSMISIONES DE LA BRIGADA EXTREMADURA.
En la tradición militar española, los
emblemas de sus Unidades no son meros distintivos gráficos; constituyen
síntesis simbólica de misión, historia y espíritu. El emblema de la Compañía de
Transmisiones del Batallón de Cuartel General de la Brigada Extremadura recoge,
mediante un lenguaje heráldico preciso, la esencia de una Unidad cuya razón de
ser es garantizar la acción del mando y el control de todas las demás que
conforman su Brigada, en cualquier circunstancia.
En el corazón del escudo se proyecta un
puño enguantado de plata, cerrado con precisión mecánica sobre dos rayos
entrelazados. No es la mano desnuda del combatiente impulsivo, sino la del
técnico disciplinado, el especialista que domina la tecnología que maneja. Un
puño que no golpea: conecta. Es el símbolo del control sobre la fuerza
invisible. Plata fría, racional, científica, frente al gules apasionado que
domina el campo del escudo: técnica y ardor fundidos en un mismo destino.
Este conjunto se dispone sobre una
encina al natural, símbolo identitario de la tierra extremeña que lo acoge, arraigada
profundamente en el terreno y representando fortaleza, permanencia y
vinculación al territorio. Así, la Unidad no solo representa la voluntad de la
acción del mando: la encarna desde una identidad concreta, con raíces firmes y
tronco robusto.
Todo lo anterior se encuentra rodeado por una
corona vegetal compuesta por sendas ramas de roble y laurel, aludiendo a la victoria y
la fortaleza, como alegoría de los trofeos que comparten todos los Ingenieros
del Ejército en sus emblemas. El laurel, tradicional representación del
triunfo; el roble, imagen de resistencia y solidez. Ambas ramas se enlazan en
su base mediante un lazo de gules, símbolo de cohesión y unidad de propósito.
Acolados al escudo, entrelazados y
dispuestos en sotuer, cuatro rayos dorados, separados por sus aisladores y
proyectados hacia los cuatro horizontes, representan atributos esenciales de la
Especialidad Fundamental de Transmisiones: la expansión de la señal que no
conoce límites.
El escudo se timbra con corona real
cerrada, subrayando la pertenencia a las Fuerzas Armadas del Reino de España y
la lealtad a la Corona como símbolo de unidad y permanencia.
En la filacteria inferior figura el lema latino: “NEC MILLE ME CIRCUMDANTIS TIMEO” (“No tengo miedo, aunque mil me rodeen”) declaración de serenidad y firmeza ante la adversidad, virtud esencial de quienes garantizan la continuidad de la acción del mando, incluso en los entornos más exigentes. Bajo ella, la inscripción “CÍA. DE TRANSMISIONES 11” identifica con precisión orgánica a la Unidad.
Publicado por La Mesa de los Notables.

