martes, 14 de julio de 2026

OVIEDO, DONDE COMENZÓ EL CAMINO.

 Riestra2026.

Hay ciudades que se leen, como si sus calles fueran páginas de un libro antiguo. Oviedo, a mi entender, es una de ellas. Bajo la piedra dorada de la catedral de San Salvador y entre el eco de los soportales del casco histórico, nació uno de los episodios más decisivos de la historia medieval europea: el Camino de Santiago.
Cuando se habla del Camino, la imaginación suele viajar de inmediato a los Pirineos, a Roncesvalles o a Saint-Jean-Pied-de-Port. Sin embargo, el primer camino no comenzó allí. Su origen documentado está en Oviedo.

A comienzos del siglo IX, el Reino de Asturias era el principal territorio cristiano de la península ibérica. Su capital se encontraba en Oviedo y en ella residía el rey Alfonso II, conocido como «el Casto».
Fue entonces cuando llegó una noticia extraordinaria. En un bosque de Galicia, en un lugar denominado Campus Stellae («campo de la estrella», según una de las interpretaciones tradicionales del nombre Compostela), se había descubierto una tumba que el obispo Teodomiro identificó como la del apóstol Santiago.

La noticia llegó hasta la corte ovetense. Alfonso II decidió emprender viaje para comprobar personalmente aquel hallazgo. La tradición y la historiografía coinciden en considerar este desplazamiento como la primera peregrinación jacobea documentada. Aquel recorrido entre Oviedo y Compostela dio origen a la ruta que hoy conocemos como Camino Primitivo. Así lo reconoce el Consejo Jacobeo del Ministerio de Cultura, que lo define como la primera ruta de peregrinación conocida y documentada.

El nombre de «Primitivo» no hace referencia a un camino más sencillo o más antiguo por casualidad. Significa, literalmente, el primero.

El itinerario siguió en gran medida antiguas vías de comunicación de época romana, atravesando las montañas asturianas antes de adentrarse en Galicia. Era un trayecto exigente, pero también el más seguro en un momento en que buena parte de la península permanecía bajo dominio musulmán.

Con el paso de los siglos surgirían otras grandes rutas jacobeas, como el Camino Francés, el Camino del Norte, la Vía de la Plata o el Camino Portugués. Sin embargo, todas ellas se consolidaron con posterioridad al viaje de Alfonso II, considerado por la tradición como el primer peregrino a la tumba del apóstol Santiago, como ya hemos apuntado.

Oviedo no solo fue el punto de partida de aquella histórica peregrinación. Alfonso II el Casto concibió la ciudad como uno de los principales centros espirituales de su reino. Para ello impulsó la construcción de un complejo catedralicio dedicado a San Salvador sobre edificaciones religiosas anteriores y enriqueció el templo con un valioso conjunto de reliquias, custodiadas aún hoy en la Cámara Santa. Su propósito era doble: reforzar el prestigio religioso del reino astur y consolidar Oviedo como un destacado destino de peregrinación en la Europa cristiana.

La actual catedral de San Salvador, sin embargo, pertenece a una época muy posterior. El edificio gótico comenzó a levantarse a finales del siglo XIV, durante el episcopado de Guillén de Verdemonte (1389-1412), iniciándose las obras por la cabecera. El presbiterio responde a modelos del gótico francés y, aunque se desconoce la identidad de su arquitecto, resulta verosímil que, dada la procedencia francesa del obispo, el maestro de obras compartiera ese mismo origen.

Entre 1444 y 1479 la construcción avanzó por el transepto bajo la dirección de los maestros flamencos Nicolás de Bar y Nicolás de Bruselas, figuras fundamentales en la introducción de las formas del gótico tardío en Asturias. A ellos se debe también la espléndida portada septentrional del crucero, que comunica con la capilla de Santa María del Rey Casto, reconstruida en estilo barroco durante el siglo XVIII.
Siguiendo las trazas establecidas por ambos maestros, se levantaron las tres naves y las capillas laterales bajo la dirección de Juan de Candamo y Juan de las Tablas (1469-1489), continuando posteriormente Bartolomé de Solórzano (1489-1499). Ya en el siglo XVI se emprendieron las obras del pórtico y de la gran torre gótica, concluidas en 1552, culminando así un largo proceso constructivo que se prolongó durante más de siglo y medio.

Durante siglos, numerosos peregrinos que recorrían el Camino Francés abandonaban temporalmente la ruta principal para desviarse hasta Oviedo y venerar aquellas reliquias antes de continuar hacia Compostela.
De esa costumbre nació uno de los dichos más conocidos del mundo jacobeo:

«Quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y deja al Señor.»
La frase aparece documentada desde la Edad Media y resume el enorme prestigio espiritual que llegó a alcanzar la catedral ovetense.

Santiago el Mayor, como nuestros lectores conocen de sobra, fue uno de los doce apóstoles de Jesús, hijo de Zebedeo y hermano de Juan el Evangelista, y formó parte del círculo más cercano a Cristo junto a Pedro y Juan.
Precisamente la combinación de fe, historia y leyenda, que envuelve a todo lo relacionado con Santiago, explica buena parte del atractivo del Camino: miles de personas lo recorren hoy por motivos religiosos, culturales, deportivos o personales, compartiendo un itinerario cuya memoria ha permanecido viva durante más de mil doscientos años.

Decir que Oviedo es «el origen del Camino de Santiago» requiere un pequeño matiz. Es evidente que  todos los caminos actuales no comienzan físicamente en la capital asturiana. Lo que sí nació allí fue la primera peregrinación conocida y el primer itinerario jacobeo documentado.  Por eso, cuando uno atraviesa la plaza de la catedral de San Salvador y contempla la estatua de Alfonso II mirando hacia occidente, resulta fácil imaginar aquel instante en que un rey abandonó su corte para seguir una noticia incierta. No podía saber que, tras sus pasos, vendrían millones de peregrinos y que aquel viaje acabaría convirtiéndose en una de las grandes rutas culturales y espirituales de Europa.

Riestra2026.

Publicado por La Mesa de los Notables.