Pilar de Vicente.
El pasado 20 de mayo, el Real Cuerpo de
la Nobleza del Principado de Asturias se reunió en la emblemática iglesia de
San Jerónimo el Real de Madrid para celebrar una solemne misa en homenaje a la
"Santina". Este acto no es un evento aislado, sino la continuación de
una tradición secular protagonizada por la Real Congregación de Nuestra Señora
de las Batallas y de Covadonga, una institución que, durante casi tres siglos,
ha servido como epicentro de la identidad asturiana en la Villa y Corte.
La historia de la capital no se entiende
sin el poso de las comunidades que, desde todos los rincones de España,
llegaron para dejar su impronta, destacando entre ellas esta congregación por
su longevidad, prestigio y su papel fundamental en la preservación de la
memoria astur en Madrid.
Orígenes y el Vínculo con la Corona.
Aunque existía una devoción previa a la
llamada "Virgen del Destierro" en el siglo XV, la Congregación actual
tiene su raíz en los años 1742 y 1743. Fue impulsada por José Avello Castrillón
y un grupo de asturianos residentes en Madrid que deseaban mantener viva la
devoción a su patrona, la "Santina".
Desde su nacimiento, la institución gozó
de un respaldo excepcional: la Corona española. Por Real Orden de Felipe V en
1740, los Reyes de España fueron declarados Hermanos Mayores perpetuos. Este
vínculo se mantuvo a lo largo de los siglos, con las firmas de monarcas como
Carlos III, Fernando VII, Isabel o Alfonso XII en sus libros de registro,
reforzando el carácter "Real" de la institución.
Mucho más que una asociación religiosa.
Si bien su fin primordial era el culto,
la Real Congregación funcionó durante siglos como una verdadera red de
protección social para los asturianos que emigraban a Madrid. Sus
Constituciones de 1744 establecían labores que hoy consideraríamos de asistencia
social moderna:
- Asistencia a enfermos y presos: Los diputados de la junta visitaban a paisanos en hospitales y cárceles para ofrecerles consuelo y ayuda legal.
- Protección a la juventud: Se gestionaba la formación y colocación laboral de niños y jóvenes asturianos de ambos sexos para evitar su desamparo.
- Fomento de la educación: La Congregación envió ayudas económicas para escuelas en Asturias y protegió activamente a la Universidad de Oviedo.
- Socorro en catástrofes: Tras el devastador incendio del Santuario de Covadonga en 1777, la Congregación en Madrid, bajo la gestión del Conde de Campomanes, fue clave en la reconstrucción y en las gestiones ante Roma.
Lo que hacía única a esta hermandad era
su composición transversal. En sus juntas se sentaban grandes figuras de la
Ilustración y la política, como el propio Campomanes o Jovellanos, junto a los
humildes pero icónicos aguadores asturianos de Madrid. Los libros de admisión
recogen firmas de nobles y militares junto a las rúbricas toscas de mozos de
cuerda y sirvientes que buscaban en la Virgen de Covadonga un amparo en la gran
ciudad.
La institución ha sobrevivido a
incendios, guerras y revoluciones que dispersaron parte de su patrimonio
artístico. Tras la Guerra de la Independencia y diversas crisis en el siglo
XIX, la Congregación sufrió periodos de decadencia, trasladando su sede por
diversas iglesias madrileñas como San Luis o el Carmen.
En la actualidad, la Real Congregación
mantiene viva la llama de la fe asturiana. Su actividad central hoy se enfoca
en la vertiente religiosa, especialmente con la organización de las solemnes
misas en honor a la Santina cada mes de mayo, recordándonos que, tras tres
siglos, el corazón de Asturias sigue latiendo con fuerza en Madrid.
Pilar de Vicente.
Publicado por La Mesa de los Notables.
