Riestra2026.
Algunas notas sobre la emblemática
japonesa (V).
Hay una hermosa manera en japón de hacer que una planta deje de ser simplemente un elemento vegetal y se convierta en emblema. En el reducido espacio de un círculo, el mundo vegetal pierde volumen y color adquiriendo otra naturaleza, la del símbolo. Eso es lo que ocurre con los kamon de inspiración vegetal. Aunque, como ya hemos dicho en entradas anteriores, estos símbolos suelen compararse con los escudos de armas europeos pero su historia y su lógica son diferentes. Y entre sus innumerables motivos (animales, astros, fenómenos naturales, objetos, caracteres, etc) las plantas ocupan un lugar extraordinariamente importante. El crisantemo, la paulownia, la malva, la glicinia, el bambú, el cerezo o el ciruelo aparecen una y otra vez, sometidos a una operación estética muy japonesa, como es la de reducir la naturaleza a una forma clara, memorable y reproducible.
Pero esta costumbre no empieza
exactamente con los kamon. Mucho antes de que una planta identificara a un
clan ya formaba parte del vocabulario visual de las élites
japonesas.
Durante el período Heian (794-1185), la
aristocracia de la corte desarrolló un complejo repertorio de diseños conocido
como yūsoku mon’yō. Se empleaban en vestimentas, mobiliario, objetos
personales, arquitectura y vehículos. Entre sus motivos había flores, hojas,
árboles y otros elementos naturales. Algunos diseños eran repetitivos y se
encerraban en formas geométricas; otros combinaban diferentes elementos
vegetales.
La propia tradición de los patrones
japoneses, por tanto, es anterior al desarrollo de los kamon como emblemas. Los
yūsoku mon'yō constituyeron una de las bases de las tradiciones decorativas
posteriores, entre ellas los propios kamon.
Es importante hacer aquí una precisión
histórica. No debe confundirse cualquier representación antigua de una planta
con un kamon. Una flor representada sobre una tela Heian no era necesariamente
un emblema. El kamon nace como signo identificativo, mientras que el motivo
vegetal existía ya dentro de una cultura ornamental mucho más amplia.
La naturaleza que había servido durante
siglos como repertorio ornamental podía ahora condensar una identidad. El
árbol, la flor o la hoja dejaban de ser únicamente elementos hermosos para
poder identificar a la persona que los llevaba como miembro de un clan.
Con el período Kamakura y el ascenso de
la clase guerrera, el signo adquirió una función mucho más urgente. En el campo
de batalla, como ya hemos dicho en varios de estos capítulos, no
había tiempo para sutilezas cortesanas. Había que distinguir rápidamente
aliados y enemigos. Los emblemas comenzaron a aparecer en armaduras,
estandartes, banderas y otras partes del equipamiento militar.
La consecuencia estética fue decisiva. Un emblema militar debía poder reconocerse a distancia, por eso los motivos vegetales que triunfaron como kamon. Una planta es reducida a sus elementos esenciales, tres hojas, una flor, un tallo, una disposición simétrica. La complejidad de la naturaleza se convierte en claridad gráfica. No es casualidad que los kamon vegetales tengan con frecuencia una apariencia casi abstracta. El objetivo no era pintar una planta. Era conseguir que unas pocas líneas fueran suficientes para reconocer de inmediato a un clan.
La paulownia: un árbol convertido en
signo de poder.
Entre las plantas asociadas a la
emblemática japonesa, pocas tienen una trayectoria tan importante como la
paulownia. Sus flores y hojas fueron utilizadas como motivo decorativo y,
posteriormente, como emblema. Existen numerosas variantes del kirimon, hasta el
punto de que las flores pueden organizarse según cantidades concretas: por
ejemplo, disposiciones conocidas como go-san no kiri y go-shichi no kiri, según
el número de flores de cada grupo.
La paulownia también quedó vinculada al
poder político. El Museo Británico conserva, por ejemplo, un ōban (una gran
moneda de oro del Japón premoderno) cuya marca floral reproduce la paulownia;
la fuente del museo señala que este motivo acabaría utilizándose también en
sellos oficiales del gobierno y en sellos imperiales.
La historia de esta planta demuestra
algo importante: un motivo vegetal podía circular entre diferentes ámbitos de
la cultura visual japonesa. Podía aparecer en una bandera, en una moneda, en
una decoración arquitectónica o sobre un objeto lacado sin que todas esas
apariciones tuvieran exactamente la misma función. La planta era la forma; el
contexto determinaba el significado.
El crisantemo, de flor a emblema
imperial.
Hay otra planta cuya historia es inseparable de la autoridad imperial, como es el crisantemo (kiku). Era ya un motivo decorativo y auspicioso mucho antes de convertirse en el símbolo imperial que hoy resulta familiar. Una pieza de laca conservada por el Metropolitan Museum of Art, fechada a finales del siglo XV, combina crisantemos y paulownias y documenta el uso de ambas plantas como motivos auspiciosos y también como emblemas militares.
La asociación imperial del crisantemo se
consolidó históricamente, y su uso fue adquiriendo restricciones específicas.
Una fuente de la Biblioteca Nacional de la Dieta de Japón recoge la tradición
según la cual el emperador Go-Toba (1180-1239) sentía especial predilección por
el motivo del crisantemo, que progresivamente se convirtió en un emblema de la
casa imperial. También documenta las restricciones posteriores sobre
determinadas formas del crisantemo y del conjunto crisantemo-paulownia. Así,
una flor podía recorrer un camino extraordinario, de motivo natural a
ornamento, de ornamento a emblema, y de emblema a signo de autoridad.
La malva de los Tokugawa.
Quizá ningún otro motivo vegetal esté
tan inmediatamente asociado a un clan guerrero como la aoi, la malva empleada
en el célebre emblema de los Tokugawa.
La historia es particularmente
reveladora porque conecta una planta con un lugar y con una tradición
religiosa. La Biblioteca de la Dieta Nacional recoge que la planta representada
en el emblema de los Tokugawa es la futaba-aoi, también llamada Kamo-aoi,
considerada una planta sagrada relacionada con los rituales del santuario Kamo
de Kioto. Según esta referencia, familias vinculadas a ese entorno utilizaron
la aoi como motivo; los Matsudaira (antecesores de los Tokugawa) emplearon una
forma de dos hojas y los Tokugawa desarrollaron el conocido diseño de tres
hojas de aoi.
El famoso mitsuba-aoi terminó convertido
en uno de los emblemas más reconocibles del Japón del período Edo. La imagen es
casi paradójica, una planta relativamente delicada acabó identificando a una de
las estructuras políticas más poderosas del Japón premoderno.
Sengoku. La planta como silueta contra
el cielo.
Durante las guerras civiles de los
siglos XV y XVI, la identificación visual alcanzó una importancia
extraordinaria. Los clanes utilizaban sus signos en estandartes, campamentos,
armas y vestimentas.La sencillez se convirtió en una virtud militar.
Una flor complicada podía resultar
magnífica sobre un objeto de lujo, pero un signo destinado a verse entre
centenares de hombres necesitaba otra lógica. Las fuentes japonesas describen
los motivos empleados por los samuráis como diseños generalmente simples, de un
solo motivo, concebidos para resultar impresionantes y reconocibles desde
lejos.
Es en ese contexto donde se entiende
mejor la peculiar estética de los kamon vegetales. No son plantas observadas
desde la distancia corta del jardín. Son plantas convertidas en siluetas.
De la guerra a la ciudad, la larga paz
del período Edo.
La llegada del período Edo transformó nuevamente la función de los emblemas.Japón entró en un largo período de estabilidad política bajo el shogunato Tokugawa. Los kamon continuaron existiendo, pero su utilización se extendió mucho más allá de los guerreros. Según el Gobierno de Japón, durante este período comenzaron a utilizarlos también comerciantes y habitantes de las ciudades; los emblemas servían para identificar, ya no a clanes, sin o también a gremios, comerciantes y negocios. Y ocurrió algo particularmente fértil para las plantas: la horticultura floreció.
Durante el Edo aumentó el cultivo de
plantas ornamentales y, paralelamente, creció la variedad de motivos vegetales
empleados en el diseño japonés. La documentación oficial sobre los patrones
japoneses señala, por ejemplo, la enorme popularidad de la asagao, la
campanilla o morning glory, durante el siglo XIX, especialmente en los diseños
de los kimonos de verano. La planta ya no necesitaba justificar su presencia
por la guerra. Podía ser simplemente bella, pero seguía conservando la memoria
de un sistema visual en el que naturaleza e identidad habían estado
estrechamente unidas.
El pino, el ciruelo, el bambú y el mundo
de los buenos augurios.
No todas las plantas tuvieron la misma
función ni todas fueron igualmente importantes como kamon. Conviene, además,
separar el simbolismo general de la decoración japonesa del significado
específico que pudiera tener un determinado emblema.
El pino, el bambú y el ciruelo, por
ejemplo, forman desde hace siglos una célebre tríada de motivos auspiciosos. El
uso de plantas como imágenes de buena fortuna está ampliamente documentado en
el arte y las artes decorativas japonesas.
Un estudio publicado en J-STAGE sobre
motivos vegetales en piezas de cerámica japonesas de finales de Meiji y
comienzos de Shōwa encontró que más de la mitad de las 256 piezas estudiadas
presentaban plantas; entre las más frecuentes estaban precisamente el pino y el
ciruelo, tradicionalmente utilizados como motivos auspiciosos. No todo pino
significa automáticamente “longevidad”, ni todo bambú significa necesariamente
“resiliencia” dentro de un kamon concreto. Esas asociaciones existen en la
cultura simbólica japonesa, pero el significado de un emblema concreto depende
también de su historia y del clan o casa que lo utilizó.
El diseño japonés es simbólico, sí; pero
no funciona exactamente como un diccionario en el que cada planta tenga una
única traducción.
El siglo XIX. El mundo vegetal se
ensancha.
El final del Edo y la modernización de
Japón modificaron profundamente el paisaje cultural. La tradición de los
motivos vegetales no desapareció. Al contrario, se encontró con nuevas plantas,
nuevos gustos y nuevas formas de representación. Los estudios sobre los diseños
textiles del período Meiji y Taishō muestran cómo las flores occidentales
comenzaron a incorporarse progresivamente a los diseños japoneses. La rosa, por
ejemplo, adquirió una presencia particular como símbolo de lo occidental en el
Japón de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Los kamon, sin embargo, conservaron en
buena medida su lenguaje formal tradicional: motivos reducidos, composición
equilibrada y una marcada tendencia a la claridad gráfica.
Cuando el emblema deja de ser una
bandera de guerra.
La Restauración Meiji terminó con el
sistema político de los Tokugawa y transformó el orden social. En 1875, el
nuevo gobierno estableció la obligación general de adoptar apellidos, algo que
anteriormente estaba limitado en principio a determinados grupos sociales. El
cambio propició la relación entre apellido y emblema.
El kamon sobrevivió porque ya había
dejado de ser exclusivamente una insignia guerrera. Podía aparecer en un kimono
ceremonial, en una tumba, en una casa o en determinados objetos familiares. El
Gobierno de Japón señala que su uso ceremonial continúa en la actualidad,
especialmente en prendas formales y en lápidas.
En el Japón contemporáneo, los kamon
siguen formando parte de la cultura visual. La cantidad exacta de diseños
depende de cómo se clasifiquen, pero fuentes oficiales japonesas hablan de
miles de diseños que se basan exclusivamente en flores, plantas, hojas y otros
elementos naturales.
Su presencia moderna resulta
especialmente interesante porque revela hasta qué punto ha cambiado la función
del símbolo. Un kamon ya no necesita servir para distinguir dos ejércitos en el
polvo de una batalla. Puede aparecer en un funeral, una boda, un kimono formal,
una entrada o una tradición familiar. Y esa continuidad explica en parte por
qué los kamon resultan tan modernos a nuestros ojos. Son ancestrales, pero
poseen una economía visual que podría pertenecer a un logotipo contemporáneo.
Una “heráldica” sin bestiario dominante
y llena de jardines.
Desde la perspectiva occidental, quizá
lo más llamativo sea precisamente lo que falta.
La heráldica europea desarrolló un
extenso repertorio de leones, águilas, unicornios, castillos, espadas y
criaturas fantásticas. Los kamon japoneses conocen también animales, armas,
objetos y fenómenos naturales, pero los motivos vegetales tienen una presencia
extraordinaria. Y las colecciones de museos lo confirman materialmente, una
hoja de roble sobre una prenda de un samurái, ramas de myōga en un estandarte,
paulownias en objetos lacados, crisantemos sobre muebles, flores y hojas sobre
armaduras.
La Glicinia (fuji). Uno de los motivos
vegetales más antiguos y prestigiosos. Su nombre está ligado al linaje
Fujiwara, y posteriormente fue utilizado por numerosas casas guerreras, entre
ellas los Kuroda. El Museo de la Ciudad de Fukuoka documenta el fuji-mon de los
Kuroda.
El Ciruelo (ume) posee una larga
tradición simbólica y artística en Japón. La familia Maeda, señores de Kaga,
utilizó como emblema una flor de ciruelo estilizada, documentada en una
armadura conservada por el Metropolitan Museum.
Mokkō. Es uno de los diseños más
característicos de la heráldica guerrera. El clan Oda utilizó una variante del
mokko-mon, documentada en retratos y prendas militares de Oda Nobunaga. También
fue empleado por la familia Hotta.
Acedera (katabami): Sus tres hojas
forman una de las siluetas más reconocibles de los kamon. Fue utilizada por
diversas familias guerreras, entre ellas los Sakai, cuyo ken-katabami está
documentado en repertorios del Museo de la Ciudad de Nagoya.
La Genciana (rindō): aparece a menudo
como sasa-rindō, combinando las flores de genciana con hojas estilizadas. La
familia Ishikawa, que gobernó Matsumoto a comienzos del período Edo, utilizó
este diseño como emblema.
La Saeta de agua (omodaka): planta
acuática reconocible por sus hojas en forma de flecha. La familia Mizuno empleó
el maru ni tachi omodaka, todavía visible en las tejas históricas del castillo
de Matsumoto.
El Roble( kashiwa): El roble aparece en
numerosos emblemas de clanes con ramas familiares de alto rango. El
Metropolitan Museum conserva un jinbaori perteneciente a la familia Makino,
decorado con tres hojas de roble dentro de un círculo.
La Peonía (botan): tuvo una importante
presencia en la cultura aristocrática y en las artes decorativas. Un ajuar de
la familia Konoe, una de las grandes casas aristocráticas de Kioto, conserva la
peonía como emblema; también aparece documentada en la tradición del clan
Shimazu.
El Naranjo tachibana (tachibana): es un
antiguo cítrico japonés y dio nombre al clan Tachibana, uno de los linajes de
la aristocracia de Nara y Heian.
El Bambú y sasa (take / sasa): aparece tanto solo como combinado con otros motivos. El ejemplo más célebre es el take ni suzume, bambú y gorriones, asociado a la familia Date, tanto en Sendai como en Uwajima.
Pino (matsu): Uno de los árboles más
importantes de la iconografía japonesa. El pino, junto con bambú y ciruelo,
como ya hemos dicho, forma la tríada auspiciosa shōchikubai. También aparece
como motivo heráldico en diversas casas guerreras, entre ellas la de Hosokawa.
Cerezo (sakura). Aunque su presencia en la cultura japonesa es enorme, su papel como kamon fue más limitado que el que podría sugerir su fama actual. El clan Hosokawa utilizó el cerezo como uno de sus kaemon, según la documentación del Museo Municipal de Yatsushiro.
Lo extraordinario de estos kamon está
precisamente en esa transformación, la naturaleza pierde volumen y movimiento
para convertirse en una forma mínima y reconocible. Un jardín reducido a una
firma.
Quizá ahí esté la clave de toda esta
historia. Los kamon japoneses no nos muestran la naturaleza tal como la
encontraríamos en un bosque. La comprimen. La ordenan. Eliminan lo accidental.
Dejan sólo aquello que permite reconocerla. La planta, al entrar en el mundo
del emblema, deja de crecer y se vuelve eterna.
Una glicinia ya no necesita ramas que
trepen realmente por una pared. Un crisantemo no necesita marchitarse. Tres
hojas de aoi pueden representar una casa durante generaciones. La paulownia
puede aparecer sobre una bandera, una moneda, un tejado o un kimono y seguir
siendo reconocible.
Durante siglos, los japoneses llevaron
flores y hojas a la guerra, a la corte, a las ciudades y a las ceremonias.
Cambiaron los regímenes, desaparecieron los samuráis, se modernizó el Estado y
llegaron nuevas formas artísticas. Pero el lenguaje permaneció.
Quizá por eso, cuando uno mira un kamon
vegetal, la sensación no es la de contemplar una ilustración antigua. Es la de
encontrarse con una naturaleza que ha aprendido a convertirse en memoria.
Riestra2026.
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Capítulo I
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Publicado por La Mesa de los Notables.


