domingo, 6 de enero de 2019

LOS REYES MAGOS Y SU PERVIVENCIA EN LA HERÁLDICA.

Nos parece muy acertado, tal día como hoy, publicar un artículo de don  Fernando D. Rossi Delgado, presidente de la Sociedad de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Canarias, publicado por primera vez en el Diario de Avisos el 6 de enero de 2016 y dos días después, con un contenido bastante más completo, en el blog que mantiene en internet la Sociedad de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Canarias  (https://segeheca.blogspot.com/).

LOS REYES MAGOS Y SU PERVIVENCIA EN LA HERÁLDICA.

Fernando D. Rossi Delgado.

Todos, en mayor o menor medida, estamos acostumbrados a ver armas heráldicas adornando edificios antiguos o lápidas en iglesias y cementerios; a identificar a los distintos bandos que luchan entre sí en las películas ambientadas en el medievo o la más recientes en los orientales mundos del Japón o la china antigua, distinguiéndolos por los colores y figuras de sus escudos.
La Biblia menciona la presencia de estos personajes en el Evangelio de San Mateo que, en su capítulo 2, versículos 1 al 12, nos relata su aparición; el encuentro con Herodes, que los conminó a regresar tras haberlo visitado para darle cuentas del hecho; referenciando también la adoración que los Magos le hacen al niño Dios, al que le entregan oro, incienso y mirra.
Ciertamente, en los Evangelios no se habla de reyes, sino de magos. Teniendo en cuenta que fueron escritos en hebreo, es posible que una traducción posterior al griego fuera la responsable de la aparición de este término que, en principio, haría alusión a un sacerdote que emplea la magia, práctica ésta que desde temprano fue rechazada por los cristianos por ser una actividad poco religiosa, razón por la cual se acabó encontrando otra denominación más acorde. En el S.V el Papa San León el Magnífico les “concedió” la condición de monarcas del Oriente que existieron en la época de Jesús, estableciendo en tres su número: tres fueron también las ofrendas. Dos siglos más tardes en la obra Excerptiones Patrum, supuesta obra de Beda el Venerable, se describe por primera vez:

“El primero de los Magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera cana y luenga barba... fue él quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole incienso, símbolo de la divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de tez morena, testimonió ofreciéndole mirra, que significaba que el hijo del hombre debía morir”.

Sin duda, muchos somos capaces de identificar el escudo del Rey de España o el de Isabel II del Reino Unido de la Gran Bretaña y de Irlanda del Norte y damos por supuesto que todo rey, en general todo noble o aristócrata, posee un escudo de armas. Si eso es una certeza, ¿los reyes de Oriente, siendo Majestades, son una excepción?. En realidad no, puesto que numerosos armoriales nos muestran sus supuestas armas que, en cualquier caso, dado que la ciencia heráldica tiene su origen el S. XII, tenemos que acotarlas en el grupo de las ficticias, ya que nunca fueron lucidas por personaje alguno; son un conjunto de armas atribuidas, existentes sólo en la imaginación de quien las ideó y que han llegado hasta nosotros con pequeñas variaciones.
Una de las primeras referencias heráldicas a los reyes Magos de Oriente las encontramos en el blasonado que figura en el folio 28, vuelto del Armorial de Gelre, impreso en el S.XIV, en el que se representan, empleando la forma del escudo francés antiguo a los escudos heráldicos éstos; Gelre las blasona de la siguiente forma:
Gaspar va de azur, una media luna vuelta de oro, adiestrada una estrella de seis puntas de lo mismo. Al timbre, cimera con corona de oro sumada de cabeza de barbudo.
Melchor va de azur, seis estrellas de seis puntas de oro, ordenadas tres, dos y una. Al timbre, cimera con corona de oro sumada de una estrella de ocho estrellas del mismo metal.
Baltasar va de oro, un moro vestido de gules, sosteniendo un pendón. Al timbre, cimera con corona de oro sumada de cabeza de moro.


En el S. XV aparece otra atribución heráldica a los Reyes Magos realizada entre 1466-1470, al que conocemos por el nombre de Haggenberg armorial. Ésta es una obra a la que, según sus estudiosos, se le añadieron escudos hasta aproximadamente 1522, por lo que no podemos datarla de forma concreta. De ellos dice que Gaspar era natural de Arabia o de Tharsia o de Etiopía y que murió en Armenia el 11 de enero del año 54 d.C., a la edad de 109 años, que viajó junto a Balthasar y Melchior, tres magos y astrólogos, a Belén a adorar a Jesús recién nacido. Aunque de Melchor no dice nada, de Balthazar también nos refiere su muerte el mismo año que Gaspar, en el 54 d.C. a la edad de 112 años. Lo que sí dice en el pequeño párrafo es que los tres fueron bautizados en el año 40 d.C. por Santo Tomás en la India.
Las armas representadas son prácticamente iguales a las anteriores, con pequeñas modificaciones, lo que en realidad hace pensar que están basadas en sus antecesoras; la novedad más llamativa la encontramos en los estandartes que aparecen acolados a los escudos, aunque llama la atención la mezcla o, mejor, el intercambio de metales y esmaltes que se produce entre las armas de Baltasar y Melchior y sus respectivos estandartes; mientras el campo del escudo de Baltasar aparece de oro, su estandarte es de gules y siendo el campo del escudo de Melchor de gules, su estandarte es representado de oro. En el caso de Melchor ésta es también una diferencia con la anterior atribución, por cuanto el campo de sus armas aparece de azur.
Gaspar va de azur y lleva una media luna vuelta de oro, adiestrada de una estrella de seis puntas del mismo metal cargada de otra estrella de gules. Al timbre corona real. Estandarte de azur cargado de una media luna de oro con rostro de plata.
Melchor va gules y lleva  siete estrellas de seis puntas de oro, ordenadas en barra, dos, tres y dos. Al timbre corona real. Estandarte de oro cargado de tres estrellas de seis puntas de gules.
Baltasar va de oro y lleva un moro desnudo linguado de gules, sosteniendo un pendón de gules en la diestra y en la siniestra un escudo también de gules. Al timbre corona real. Estandarte de gules cargado de una estrella de diez y seis puntas de oro con rostro.
Entre los siglos XIV y XVI parece que fue muy fructífera la imaginación de los compiladores de armas, incluidas las atribuidas a personajes preheráldicos, pues en 1555 en la ciudad de Núremberg aparece otra versión de las armas de los sabios que adoraron al niño Jesús en Belén. Los escudos representados no responden a ninguna forma de las identificables, sino que el autor se dejó llevar por la imaginación; las propias coronas que timbran los escudos también presentan claras diferencias entre ellas, sin duda intentando referenciar los supuestos países de origen.
No podemos aclarar de qué metal o esmalte son los campos; en cualquier caso a Melchor le asigna no seis, ni siete, sino nueve estrellas de seis puntas, que presumimos de oro; a Gaspar, de nuevo la media luna, pero sin volver y con la estrella de seis puntas siniestrada. En cuanto a Baltasar, de nuevo el moro desnudo de sable, sosteniendo con la diestra un estandarte de gules y con la siniestra un escudo del mismo color, en la frente un banda de gules. Si nos lleváramos por el orden de los nombres que figuran en la imagen, deberíamos afirmar que Solís le asignó a Gaspar el de Melchior, a Balthasar el de Gaspar y Melchor llevaría las armas de Baltasar.
También en el S. XVI, encontramos otra versión de las armas que cada autor representó como bien entendió. Hablamos de la obra Wappenbuch, en la que se representan escudos no sólo alemanes sino de otras tierras de Europa.
Ahora, el autor asigna a Gaspar un escudo de azur siete estrellas de seis puntas ordenadas, tres, tres y una. Al timbre cimera coronada, asomada un ala de azur cargada de siete estrellas de oro de seis puntas.
A Melchor le asigna las armas que otros autores decían ser de Gaspar: en campo de gules, media luna vuelta de oro, adiestrada una estrella de oro de seis puntas. Al timbre cimera coronada, asomada un ala de gules cargada con los mismos elementos que figuran en el escudo.
Baltasar conserva el escudo, sin embargo, en campo de gules lleva un moro desnudo al natura, que sostiene en la diestra un estandarte que ahora no es de gules, sino de sable, y en la siniestra un escudo que, igualmente, aparece de sable. En el timbre, cimera coronada, asomada figura de moro desnudo al natural, sosteniendo en la diestra estandarte de sable.


Nuevamente encontramos las armas de estas mágicas majestades, en este caso en el armorial de Sir David Lindsay of the Mount, conocido también como rey de armas. Las de Melchor traen en campo de azur seis estrellas de seis puntas de oro, colocadas tres en jefe, una en cada flanco y la sexta en punta. Las de Gaspar, también en campo de azur un creciente adiestrado, adiestrada una estrella de oro de seis puntas. En el caso de Baltasar nos encontramos un escudo en el que, en campo de oro, un moro al natural, aterrazado, vestido de sinople y gules, cargando un banderín de iguales colores. Todos los escudos vienen acompañado por un lema en el que se refleja su calidad de reyes y el territorio de origen: Melchor de Arabia, Gaspar de Persia y Baltasar de Saba.
Mencionaremos, para terminar esta relación de armoriales, el llamado Nobiliario más Copioso, en este caso del español Diego Hernández de Mendoza y en el que figuran numerosos escudos iluminados y, como no podía ser menos, el de las Majestades que nos ocupan. De nuevo se cambia la asignación entre Gaspar y Melchor, llegando a invertir el sentido de la media luna, en el escudo indicado como del segundo.
Podríamos hacer mucho más larga esta relación de escudos asignados a la Magos de Oriente, pero sólo concluiríamos que en la mayoría repiten los mismos diseños, aunque, probablemente, porque muchos se limitan a repetir lo que recuerdan haber visto, suelen caer en el trocado de armas o en la asignación a uno las del otro, llegando a modificar el número de unidades de un mueble determinado. Pero la vida va más allá de la leyenda.


En la obra Historia Trium Regum, atribuida al monje del S.XIV Juan de Hildesheinn[15], se nos dice que muchos años después de la Adoración volvió a aparecer una estrella sobre las ciudades en las que habitaban, antes de Navidad, para indicarles que sus vidas llegaban al fin, “…luego de un consentimiento que construyeron, en la Colina de VAWS, una tumba justo y grande, y allí a los tres Reyes Magos ... murieron y fueron enterrados en la misma tumba de su gente con dolor.".
Esta colina o monte fue donde se les apareció la estrella que les anunció el nacimiento de Jesús y donde acordaron encontrarse todos los años. Probablemente el mismo sitio en el que, según la leyenda, reproducida también en este último armorial, les encontró Santa Elena [Helena], que fuera madre del emperador del Imperio Romano Constantino I, que recorrió la antigua Persia en busca de los restos de los Reyes Magos y que, igualmente, fue la localizadora de los restos de la cruz en la que fue crucificado Jesús. Desde ese lugar, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico Barbarroja los trasladó hasta Milán, donde fueron depositados en un relicario que entregó al Arzobispo de Colonia Reinaldo de Dasselen en 1164 y, desde entonces, se encuentran en esta ciudad, donde son veneradas sobre y tras el altar mayor de la Catedral de Colonia.
La presencia de este venerado relicario, más allá de que los restos que contiene sean o no carbónicamente coincidentes en el tiempo con el que debiera corresponder a quienes vivieron hace más de dos mil años, es uno de los factores que ha facilitado la incorporación de esta simbología al ámbito gentilicio y su reflejo en el blasonado de sus escudos heráldicos.
La propia ciudad de Köln (Colonia), tiene como Patrones a los Reyes Magos y como Patrona a Santa Úrsula, ambos están representados en sus armas heráldicas; los primeros por la presencia de tres coronas de oro y las segunda por once llamas que simbolizan a las once mil vírgenes que fueron, según la leyenda, junto a la santa. Por lo tanto Colonia posee un escudo de clara resonancia religiosa que se puede blasonar como sigue: de plata, once llamas de sable, ordenadas cinco, cuatro, dos. En jefe de gules, tres coronas de oro.


Esta antigua vinculación de Colonia con la leyenda de los Reyes Magos la encontramos también en el Livro do Armeiro-Mor de Portugal, que datado en 1509 lleva en su página 49 las armas de los llamados reyes de Colonia, precisamente un escudo que en campo de azur trae tres cabezas colocadas en bandas, coronadas de oro.


En Francia, en general en territorios bajo la influencia de los Habsburgo, también encontramos ejemplos de esta influencia en la heráldica municipal. Así hallamos las armas del municipio del Alto Rín que, probablemente por la influencia del culto a los Reyes Magos a lo largo del valle del Rin, traen en campo de gules una banda de oro acompañada de seis coronas del mismo tres en jefe y tres en pico invertidas.
Lo mismo ocurre con el blasón de la abadía de Lieu-Croissant, lugar en el que se detuvo la comitiva que trasladaba, por orden del emperador Federico “Barbaroja” las “reliquias” de los reyes magos desde Milán hasta la catedral de Colonia. En este caso, en campo de azur tres coronas de oro ordenadas en faja, superadas por una estrella de plata de ocho puntas en jefe.


En territorio español también hay algún ejemplo de pervivencia de la simbología que nos entretiene, concretamente en el reino de Valencia, el antiguo monasterio de San Miguel de los Reyes, hoy biblioteca valenciana, contiene varias referencias a los Reyes Magos; una de ellas, en forma de escudo, bajo el altar mayor, en el que aparecen representadas tres cálices que nos recuerdan las ofrendas realizadas ante el Niño Jesús: el oro, la mirra y el incienso. La presencia de estas referencias de la tradición cristiana la podemos encontrar en que sus fundadores, los duques de Calabria, Fernando de Aragón y Germana de Foix, se decían descendientes del rey Baltasar.
Según un informe de la Real Academia de Historia fechado el 25 de noviembre de 1982, el municipio de Cañada, de la provincia de Alicante, propone, como reconocimiento de la tradición centenaria de la representación del Auto Sacramental “La venida y adoración de los Santos Reyes Magos al Niño Jesús”, una armería local que incluía en su primer cuartel, de oro, una banda de azur cargada de tres cabezas, de los Reyes Magos, aunque no parece que sea el que en la actualidad representa a esta institución.


Pero la relación entre los magos de Oriente y la heráldica no se limita al territorio europeo. Los procesos colonizadores tras el descubrimiento de América y la traslación de la cultura de origen, hace que también encontremos la influencia mágica en estos territorios. Así con la Ville de LÈpiphanie, municipio del Canadá francés, en Quebec, encontramos una doble referencia a estos personajes, no sólo porque vuelven a estar presentes las tres coronas, sino que vienen acompañadas de la estrella que los guió hasta Belén. Sin duda se trata de un blasón que quiere transmitirnos mucha información, de ahí su condición de cuartelado con escusón, los tenantes y el lema: Escudo cuartelado. Primero en campo de gules una rueda de molino de plata, evocando a los molinos de San Sulpicio. Segundo de sinople, sobre ondas de plata un pez al natural. Tercero de sinople, dos líneas de oro en vertical, cruzadas en horizontal con otras dos de igual metal, en recuerdo de la introducción del ferrocarril. Cuarto en campo de gules una rueda de paleta en sus colores, en evocación de su vacación industrial. En el sobre todo, escusón de azur cargado de tres coronas de oro, dos en jefe y la tercera en punta, al corazón estrella de plata de cinco puntas. Las coronas en recuerdo de los Reyes magos y la estrella es la de Belén. Todo ello sostenido por dos ángeles que evocan la anunciación, sobre el lema Vidimus Stellam (Vimos la estrella).
Tampoco deja de sorprendernos la relación de estas mágicas Majestades con la armas heráldicas de la ciudad de Lima, en Perú, en el continente americano. Esta relación viene de la mano de su fundador, el conquistador Francisco Pizarro González, que quiso hacer coincidir la fundación de Lima con el día de la Epifanía del Señor y, aunque lo cierto es que la fecha oficial es la del 18 de enero de 1535, con el nombre de Ciudad de los Reyes, ésta voluntad se vería reflejada en los elementos que componen el escudo de esta ciudad.
Signada por Juana I de Castilla y su hijo Carlos V, se dicta en Valladolid el 7 de diciembre de 1535 Real Cédula por la que se le otorga escudo de armas a la Ciudad de Lima o de los Reyes:

“Un escudo en campo azul, con tres coronas de oro de reyes, puestas en triángulo, y, encima de ellas, una estrella de oro, al cual cada una de las tres puntas de la dicha estrella toque a las tres coronas, y por orla unas letras de oro que digan: "Hoc signum vere regum est", en campo colorado, y por timbre y divisa dos águilas negras de corona de oro de reyes, que se miran la una a la otra, y abrazen una Y y una K, que son las primeras letras de nuestros nombres propios, y encima de estas dichas letras una estrella de oro, según aquí van figuradas y pintadas”.

En el escudo se hace referencia tanto a los reyes que concedieron el escudo, con las iniciales Y – K (Iuana – Karlos), como a los de Oriente con las tres coronas del escudo. En cualquier caso, no quedan muchas dudas respecto a cuál fue la verdadera inspiración del escudo, que vine reforzada por el lema que carga la bordura que, traducido del latín dice: “Este es el verdadero signo de los reyes”.
Para darle una mayor vinculación con los reyes de España o, si se quiere, como elemento de lealtad a la Corona, se le acolaron dos columnas rematadas en coronas cerradas, trocando las dos águilas por la conocida águila bicéfala que acompaña las armas de emperador Carlos V.


Sin irnos de Perú, observamos que la Real y Pontificia Universidad Mayor de San Marcos, en la ciudad de Lima, reproduce en su escudo parte de las armas de la ciudad, aunque, lejos de ser de reciente composición, ya aparece en su texto constitucional allá por el año de 1581, que lo describe como “…un escudo metido en una tarja, partido por medio de arriba abajo, que en lo bajo haga un cornejal, al modo del de las armas reales, en que está la granada, en el cual esté una lima, y al lado derecho, en la mitad del escudo, estará San Maros Evangelista, patrón de esta Universidad, y el león junto a él, y en la otra mitad de la mano izquierda del escudo, estará la Mar en lo bajo, y que de ella nazcan la dos columnas, con el Plus Ultra, que son las divisas de este nuevo Mundo, y encima de ellas las tres coronas, y estrella de los Reyes Magos…”
Continuamos, por un momento, en el continente suramericano, para detenernos en un singular caso de heráldica local que tiene a Argentina como escenario. Muchos de sus barrios poseen sus propios emblemas, algunos con verdadera intensión heráldica; siendo el de San Telmo[ uno de los más significativos, sobre todo porque algunos de sus muebles que enlazan con el tema que nos entretiene.
Nos encontramos con un escudo, creado por el que fuera su párroco D, Manuel Juan Sanguinetti que podría tener la siguiente descripción:
“Cortado, Primero de azur, la iglesia de Nuestra Señora de Belén de plata, a la diestra tres coronas de oro mal ordenadas, a la diestra, de oro, la estrella de Belén. Segundo, de plata, en ondas de azur y plata un bergantín de sable, en punta un áncora de sable, puesto en barra”.
Las tres coronas, de nuevo, vienen a simbolizar a los sabios Melchor, Gaspar y Baltazar y la estrella, no es otra sino la que los llevó hasta Belén, cuyo nombre lleva la iglesia de este barrio bonaerense.


Dentro de la Iglesia de Nuestra Señora de los Reyes Magos y de Belén, de nuevo, los ya conocidos y tradicionales elementos que representan a estos personajes en la heráldica universal, las tres coronas y la estrella o cometa, los encontramos adornando su púlpito.
Si Melchor, Gaspar y Baltasar han pervivido en la heráldica municipal, es lógico pensar que también lo hayan hecho en la eclesiástica. Comencemos por la diócesis católica de Sioux City (Iowa), en los EE.UU. que tiene como símbolo distintivo un escudo de oro con tres cruces treboladas de gules rodeadas de uróbolos también de gules. En jefe de gules tres coronas de oro, al timbre mitra obispal en sus colores.
Asociado a esta diócesis, aunque no siempre suele ocurrir cuando se asume la dirección de un territorio eclesiástico, monseñor Reverendo R. Walker Nickless sumó a las suyas las de esta diócesis, resultando un escudo partido que lleva sus armas en la partición de la derecha y las de la diócesis a la izquierda.


De la misma forma la heráldica personal o gentilicia también refleja la importancia de estos personajes, incluso como elemento justificativo de la nobleza y antigüedad de una familia.
Así, en Granada, concretamente en el Generalife de la Alhambra, en lo que conocen como pilar de las cornetas, encontramos una rama de los Mendoza que incluye una clara referencia a los Reyes Magos en sus armas. Se trata del Mendoza conde de Tendillas y marqués de Mondéjar, que fue concedida en recuerdo del éxito de la misión de paz entre el Papa Inocencio VIII y Fernando I, rey de Nápoles. Se trata de un escudo “aspado, banda roja con perfiles de oro en campo verde, en los dos campos y en los otros dos el AVE MARÍA, con letras de oro, en campo rojo. Bordeando el escudo las puntas de una estrella y saliendo de los dos cantones de la punta, los extremos de una cinta, con la divisa BUENA, en el centro diestro, y GVIA, en el siniestro. La estrella en recuerdo de la que guió a los Reyes Magos…”.


Hernández Miñano, describe las armas heráldicas de la familia De Cuenca como un escudo cuartelado en el tercero de los cuales figura un brazo que sostiene un cáliz de oro, sobre el que aparece una estrella de ocho puntas de plata y por debajo tres alfanjes similares. Con anterioridad, en Antigüedad y Blasones de la ciudad de Lorca, se nos describe este mismo cuartel, de los cuatro de que consta el escudo de los De Cuenca, como, “…de oro, un brazo arremangado, y es el izquierdo teniendo bajo del nudo una Custodia, y debajo del pie tres alfanjes;…”. Ambos autores vinculan el origen de estos elementos que cargan el escudo, a la conquista de la ciudad de Cuenca en 1177, hasta la que fue guiado el rey Alfonso IX por una estrella, de lo que se podría colegir que la conquista resultó del deseo divino.
En Francia encontramos a la familia de los Des Baux, una de las familias más importantes de la baja Provenza hasta la toma por el Conde de Barcelona que, sin que exista, lógicamente, documentación que sustente tal afirmación, se tienen por descendientes de uno de los Reyes Magos, concretamente de Baltasar; en palabras del poeta francés Frédéric Mistral en su obra Calendal:

Selon leur dire et leur croyance, ils comptaient
Parmi leurs aïeux le mage Balthazar, duquel
Un descendant était venu d’Ethiopie planter
Bourdon sur les Alpilles et semer dans leurs
flancs pierreux les herbes aromatiques
et le sang ardent.

Los Des Baux llevan un una estrella de plata de diez y seis puntas en campo de gules. La rama que se une con los Orange cuartelará su escudo, situando en los cuarteles segundo y tercero, de oro, un cuerno de caza atado de gules. Las armas de esta familia son las que porta la Villa Les Baux-de-Provence.
Recientemente, con fecha 15 de octubre de 2014, la autoridad heráldica de Canadá ha procedido al registro de las armas heráldicas del Sr. Jacques Pierre Périgny que en campo de plata lleva una venera de gules cargada de una estrella de siete puntas y en jefe de gules un corazón de plata, flanqueado de dos hojas de robles del mismo metal. En la justificación de los elementos que componen este escudo afirma que la estrella simboliza la epifanía y a los reyes magos, lo que no deja destacar la actualidad y pervivencia de estos elementos de la tradición cultural cristiana.


Estamos seguros que la heráldica europea contiene más ejemplos de la influencia de la leyenda de los Reyes Magos; unos querrán representar el paso o la cercanía de los tres por sus tierras, otros la propia y deseada o interesada descendencia genealógica. En cualquier caso, superadas los antiguos armoriales de los siglos del XV al XVI, estos mágicos personajes serán representados en la inmensidad de los casos por sus doradas coronas o, si no al mismo tiempo, por la estrella, devenida en plateada, que los llevó hasta Betlehem.

Fernando D. Rossi Delgado.

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En el artículo original:https://segeheca.blogspot.com/2016/01/los-reyes-magos-y-su-pervivencia-en-la.html se puede apreciar una distinta colocación de las imágenes, así como las leyendas aclaratorias y bibliográficas.

Publicado por La Mesa de los Notables.

sábado, 5 de enero de 2019

ENCUENTRO INTERNACIONAL "TOGA, PLUMA, CRUZ Y ESPADA". ESTUDIOS NOBILIARIOS, CABALLERESCOS Y CORTESANOS DE LA EDAD MODERNA.

La  Asociación de Jóvenes Modernistas, institución de la que hablamos en entradas anteriores, organiza por segunda vez una reunión científica que se celebrará en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid los días 25 y 26 de abril de 2019. Este encuentro se enmarca dentro del plan de actividades que está desarrollando la asociación y lo prepara en colaboración  con  el Master Interuniversitario en Historia Moderna: Monarquía de España, ss. XVI-XVIII (UAM, UC, y USC), y con  el Departamento de Historia Moderna de la UAM.  Evento reconocido como actividad del programa de formación del Doctorado Interuniversitario en Historia Moderna (UAM-UC).


A través de esta iniciativa se invita a participar a jóvenes investigadores con sus propuestas de comunicación en alguna de las secciones que aborda el encuentro, todas ellas relacionadas con la sociedad, el territorio y la Monarquía Hispánica entre los siglos XVI y XVIII. Desde esta perspectiva, las propuestas se integrarán en las siguientes líneas temáticas:

1. Guerra, Hacienda y Diplomacia.
2. Cultura, Confesionalismo y Sociedad.
3. Élites Sociales, favor y servicio a la Corona.

Las mismas serán aceptadas hasta el día 17 de marzo de 2019. A partir de ese día comenzará a comunicarse a los participantes las evaluaciones por parte del comité científico.
Toda la información (call for papers, matrícula, etc..) se encuentra en la siguiente dirección web a disposición de cualquier persona interesada:
También pueden recabar información solicitándola por mail a la siguiente cuenta de correo: secretaria@jovenesmodernistas.es

Emblema usado por la Asociación de Jóvenes Modernistas.


Para saber más sobre la AJM:

Publicado por La Mesa de los Notables.


viernes, 4 de enero de 2019

NI NACIONALISTA NI CARLISTA: EL VERDADERO ORIGEN DE LA CRUZ DE BORGOÑA ESTÁ EN EL "IMPERIO ESPAÑOL".

Buscando algunos datos por la red, hemos encontrado un interesante artículo de don César Cervera publicado el 20 del pasado mes de diciembre de 2018 en el diario ABC. Por el interés que puede suscitar, lo hemos querido reproducir de manera íntegra en nuestro blog.

Ni nacionalista ni carlista: el verdadero origen de la Cruz de Borgoña está en el Imperio español.

Muchas banderas, guiones y estandartes actuales del Ejército español siguen presentando este emblema. Un claro ejemplo lo constituyen los guiones y estandartes de la Guardia Real, así como el Escudo de Armas del Rey Juan Carlos I, no así el de Felipe VI.

César Cervera.

La Cruz de Borgoña está identificada por la Policía Nacional como un símbolo de odio en su catálogo de banderas colocadas por los ultras en los estadios de fútbol. Sin embargo, esta vieja enseña del Imperio Español no adquirió hasta 1935 su vinculación con los grupos carlistas, que, en la época de Manuel Fal Conde, coincidiendo con la reorganización del Requeté, asumió la Cruz de Borgoña como el símbolo principal de los regimientos tradicionalistas de cara a la Guerra Civil.
A la apropiación carlista se une el habitual error de confundir la Cruz de Borgoña con otras banderas que incluyen la Cruz de San Andrés (esto es, unas aspas sin nudos en distintos colores), diluyendo por completo el origen de este símbolo de gran peso histórico para el Ejército y los españoles.

El Regimiento Asturias durante una carga, por Augusto Ferrer-Dalmau.

La antigua enseña del Imperio Español fue usada, tradicionalmente, por la Casa de Borgoña a modo de distintivo, y con la llegada de Felipe «el Hermoso», casado con Juana «La Loca», desembarcó en la península a principios del siglo XVI. La bandera emplea como elemento central la llamada Cruz de San Andrés, una cruz en forma de aspa (con dos ángulos agudos y dos ángulos obtusos) que representa el martirio de este apóstol. Según una tradición muy antigua, San Andrés fue crucificado en Patrás, capital de la provincia de Acaya, en Grecia. Lo amarraron a una cruz en forma de X y allí estuvo padeciendo durante tres días, los cuales aprovechó para predicar e instruir en la religión a todos los que se le acercaban.
Lo que diferencia a la Cruz de Borgoña de otras Cruces de San Andrés es que se representa con los nudos de los troncos de las aspas en los lugares donde se cortaron las ramas. Los troncos rugosos en los que fue crucificado el santo.
Con la dinastía de los Austrias, emparentados a su vez con la Casa de Borgoña, se adoptó como elemento común para las banderas españolas de la época y los estandartes militares. En tierra, esta bandera ondeó probablemente por primera vez como insignia española en la batalla de Pavía, en 1525, aunque el ejército de Carlos I era más bien hispano-germano. Posteriormente se convirtió en la más característica de las utilizadas por los tercios españoles y regimientos de infantería del Imperio español durante los siglos XVI, XVII, XVIII y comienzos del XIX.

Crucifixión de San Andrés, por Juan Correa de Vivar.

De Juan Carlos I a la Florida.

La bandera fue el símbolo vexilológico por excelencia de España hasta el advenimiento de la Casa de Borbón en la figura de Felipe V. No obstante, este Monarca mantuvo la importancia militar de esta cruz. En un decreto de febrero de 1707 decía:
«Y es mi voluntad que cada cuerpo traiga una bandera coronela blanca con la cruz de Borgoña, según estilo de mis tropas, a que he mandado añadir dos castillos y dos leones, repartidos en cuatro blancos, y cuatro coronas que cierran las puntas de las aspas».
Durante la Guerra de Sucesión, tanto unidades del bando austracista como del borbón habían portado esta enseña, por lo que era imperativo sustituir progresivamente el diseño en favor de las armas reales sobre paño blanco característico de esta dinastía. Este paño blanco (propio de la Casa de Borbón) también se utilizó en el siglo XVIII por las distintas ramas de los Borbones que reinaban en Francia, Nápoles, Toscana, Parma o Sicilia, además de España, por lo que Carlos III decidió cambiar el pabellón nacional a la actual rojigualda, en su génesis solo para la Armada, para diferenciarse mejor de estas otras naciones.
En cualquier caso, la Cruz de Borgoña seguiría muy presente en la vexilología patria. Muchas banderas, guiones y estandartes actuales del Ejército español siguen presentando este emblema. Un claro ejemplo lo constituyen los guiones y estandartes de la Guardia Real, así como el Escudo de Armas del Rey Juan Carlos I, no así el de Felipe VI. A nivel aéreo, el símbolo fue adoptado en el Ejército del Aire poco tiempo después de la creación de esta fuerza en España a partir de 1939, cuando se creó el Ministerio del Aire. Los aviones militares españoles aún incluyen en su cola esta cruz .
Del mismo modo, el pasado hispánico de numerosos territorios americanos se deja sentir en la importancia que juega en sus banderas la Cruz de San Andrés, en especial la de Borgoña, entre ellas la de la ciudad de Valdivia (Chile), la de los estados estadounidenses de Florida y Alabama o la del Regimiento de Infantería 1 «Patricios» de Buenos Aires.

Identificada como bandera carlista.

Más allá del plano militar, la bandera de Borgoña está vinculada en la actualidad al movimiento carlista –surgido en el siglo XIX a favor del pretendiente al trono Carlos María Isidro–. No en vano, cabe recordar que durante la primera guerra carlista de 1833-1840, la borgoñona aún seguía siendo la bandera del Ejército, o sea, de las fuerzas regulares de Isabel II (el Ejército no adoptó la rojigualda hasta 1843). Por tanto, aunque muchas unidades carlistas emplearon la bandera borgoñesa durante el conflicto, su vinculación como enseña oficial del bando carlista es muy posterior.
El 24 de abril de 1935, coincidiendo con la reorganización del Requeté, se estableció su preeminencia entre carlistas, y durante la Guerra Civil Española distintos regimientos tradicionalistas y requetés carlistas la usaron dentro del bando nacional.
En este sentido, la «ikurriña» como otras muchas banderas nacionales y europeas incluye una Cruz de San Andrés, en concreto verde, basándose en el escudo del Señorío de Vizcaya. Su origen no tiene nada que ver con la Cruz de Borgoña ni con el carlismo, sino con los círculos nacionalistas de principio del siglo XX y su intento de ensalzar Vizcaya como un territorio con una historia propia. De hecho, fue diseñada por Sabino y Luis Arana con la idea de que representara solo a Vizcaya, e incluso se negaron a que su bandera fuera usada para representar a todos los vascos.
Nadie hizo caso a los hermanos que, en 1931, volvieron a levantar una protesta cuando los nacionalistas propusieron formalmente que su «ikurriña» fuera la bandera oficial de todos los vascos.
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Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster ABC.  En la actualidad,  César Cervera, es redactor en la edición digital del diario ABC especializado en temas de Historia.

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Publicado por La Mesa de los Notables.

jueves, 3 de enero de 2019

DAMAS ILUSTRES EN LA HISTORIA DE ESPAÑA.

Novedad Bibliográfica.

En esta obra de doña Vicenta Márquez de la Plata y Ferrandiz, marquesa de Casa Real, se recogen de manera biográfica los hechos que protagonizaron cincuenta mujeres, que de un modo u otro, han tenido un papel sustancial en la historia de nuestro país. Mujeres que se esforzaron por desarrollar sus capacidades en un mundo dominado por los hombres, en una época en las que solo se las reconocía en el ámbito doméstico: como esposas, madres o educadoras.


Las protagonistas de este libro no quisieron conformarse con un papel pasivo durante el tiempo que les tocó vivir, mujeres entre las que hemos querido destacar  a doña María de Toledo, considerada la primera dama española de alcurnia que viajó al "nuevo mundo"; a doña Isabel Barreto de Mendaña, almirante de la Mar Océana; a doña Catalina Erauso Pérez, más conocida como “la monja alférez”, militar y comerciante en el siglo XVI; a sor Juana Inés de la Cruz, monja que intenta aunar las verdades teológicas y metafísicas de la época a través de la fe y la razón; a doña María Egual y Miguel, marquesa de Castellfort,  poeta y dramaturga barroca, autora de unos versos en los que se queja de los juicios injustos que emite la sociedad sobre la conducta femenina; a doña Josefa Amar y Borbón, traductora y admiradora de Rousseau, autora de "Discurso en defensa del talento de las mujeres"; a doña Gertrudis Gómez de Avellaneda y Arteaga, poeta cubana y representante del romanticismo y doña Vicenta Maturana o doña Emilia Pardo Bazán , por citar algunas de las cincuenta que aparecen en el libro.

Ficha Técnica:
Título: Damas ilustres en la historia de España
Autora: Vicenta Márquez de la Plata
Editorial: Casiopea
Año de publicación: 2018
Número de páginas: 446
ISBN 978-84-949354-0-4

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miércoles, 2 de enero de 2019

EL DUQUE DE CALABRIA IMPONE AL GRAN MAESTRE DE LA ORDEN DE MALTA EL COLLAR DE LA ORDEN DE SAN JENARO, CON MOTIVO DE LA FESTIVIDAD DEL SANTO PATRÓN DE LA CASA REAL DE LAS DOS SICILIAS.

Coincidiendo con la estancia en Roma de don Pedro de Borbón Dos-Sicilias y Orleans, duque de Calabria y conde de Caserta, gran maestre de la Sacra y Militar Orden Constantiniana, con motivo de la festividad de San Jenaro, patrón de la Casa Real de las Dos Sicilias, el pasado 17 de diciembre de 2018 en los salones del Palacio Magistral de la Orden de Malta (via dei Condotti), impuso el collar de la Orden de San Jenaro al gran maestre de la Soberana y Militar Orden de Malta frey Giacomo delle Torre del Tempio di Sanguinetto, bailio de la Orden Constantiniana desde 1996.
Interpretación de la cruz de la Orden de San Jenaro realizada por don Manuel Pardo de Vera y Díaz.

Aprovechando la ocasión, don Pedro, impuso la gran cruz, en su categoría de justicia, de la Orden Constantiniana al baron Albercht von Boeselager, gran canciller de la Orden de Malta, y al príncipe y conde de la  Dominique de la Rochefoucauld-Montbel, gran hospitalario de la Orden de Malta  y miembro de la Orden Constantiniana desde 2003.
Entre los asistentes al acto se encontraban el  conde  don Antonio Zanardi Landi, embajador de la Orden Soberana y Militar de Malta ante la Santa Sede; el presidente de la Comisión para Italia de la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge, el duque don Diego de Vargas Machuca; el canciller en Italia de la Orden Constantiniana, don Alessandro Pompili, barón de Denny; don Carlos Bárcena y Portolés, gran canciller de la Orden; don Amadeo Martín Rey y Cabieses, vice-auditor general de la Orden y don Flavio dei Principi Borghese, príncipe de Sperlinga , delegado para Roma y el Vaticano.

Imagen 1: El duque de Calabria imponiendo el collar al gran maestre de la Orden de Malta.
Imagen2 : Los tres condecorados junto al duque de  Calabria. (fotos  https://ordenconstantiniana.org/)

El duque de Calabria permaneció dos días en Roma. Durante su estancia, realizó una visita a los Museos Vaticanos en la que estuvo guiado por uno de sus vicedirectores, don Sandro Barbagallo, visitando posteriormente el Convento de Santa Clara, donde se encuentra el panteón de los reyes de las Dos Sicilias, como así mismo la Iglesia del Espíritu Santo de los Napolitanos, donde asistió a una misa solemne en honor de los miembros fallecidos de la Casa Real de las Dos Sicilias.

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martes, 1 de enero de 2019

FELIZ AÑO 2019.

Desde este blog, queremos desear a todos nuestros lectores y amigos  un feliz y próspero año 2019.

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