jueves, 12 de marzo de 2026

NUEVA SECCIÓN DEDICADA A LA FALERÍSTICA EN LA WEB DE LA REAL ACADEMIA MATRITENSE DE HERÁLDICA Y GENEALOGÍA.

 

El pasado año, la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía informó en su página web de la incorporación del término falerística al Diccionario de la Real Academia Española. Se trata de una noticia de especial relevancia para esta institución, ya que dicha decisión fue adoptada gracias a una iniciativa promovida por la propia Academia Matritense. La propuesta contó, además, con el respaldo de una docena de academias y entidades europeas e hispanoamericanas dedicadas al estudio de la heráldica, la genealogía y disciplinas afines.

La inclusión de esta voz en el Diccionario de la lengua española supone el reconocimiento oficial de una denominación que viene utilizándose desde hace décadas para designar la disciplina que estudia las órdenes, condecoraciones, medallas y otros sistemas de recompensas honoríficas. De este modo, la falerística adquiere una consideración académica similar a la que, desde hace mucho tiempo, poseen otros campos de estudio especializados como la numismática, la filatelia o la vexilología.

Atendiendo precisamente al creciente interés que despierta esta materia, y teniendo en cuenta la destacada producción de trabajos académicos que se vienen publicando en la página web de la corporación, la Real Academia Matritense ha creado una nueva sección dedicada a la falerística dentro del apartado Informes y Bibliografía. En este espacio se agruparán los trabajos ya publicados en línea por los académicos de la institución, así como futuros artículos y estudios que aborden esta temática.
Con esta iniciativa, la Academia continúa ampliando y difundiendo su labor investigadora, poniendo a disposición del público y de los estudiosos un conjunto de recursos especializados que contribuyen al conocimiento y desarrollo de estas disciplinas.

Para consultar esta nueva sección: aquí.

Publicado por La Mesa de los Notables.

lunes, 9 de marzo de 2026

LA NOBLEZA RURAL ASTURIANA ENTRE LOS SIGLOS XVII Y XIX.

Alejandro Riestra Martínez. 

En las montañas verdes y húmedas del Principado, donde los prados descienden hasta el Cantábrico y las aldeas se agrupan alrededor de pequeñas iglesias y caminos antiguos, la nobleza no llegaba a parecerse  del todo a la que dominaba los grandes palacios castellanos, andaluces o del levante peninsular. Era, sobre todo, una nobleza rural  profundamente vinculada a la tierra, a la ganadería y a los ritmos lentos de la economía agraria.
Durante los siglos XVII, XVIII y buena parte del XIX, esta pequeña aristocracia (compuesta en su mayoría por hidalgos) formó el esqueleto social y político del ecosistema rural asturiano.

Una de las características más sorprendentes de la sociedad del Principado durante el Antiguo Régimen, fue la enorme proporción de nobles. Diversos estudios señalan que hasta tres de cada cuatro habitantes, podían ser considerados hidalgos en el siglo XVIII, una proporción extraordinaria si se compara con otras regiones de España, donde la nobleza rara vez superaba el 30 % de la población.
Sin embargo, esta abundancia no implicaba riqueza generalizada. En Asturias predominaba lo que los historiadores denominan "pequeña nobleza", compuesta por familias sin título nobiliario pero que disfrutaban de ciertos privilegios jurídicos y fiscales. Entre ellos destacaba la exención de impuestos directos, lo que los diferenciaba de los llamados "pecheros", es decir, los campesinos y habitantes de zonas urbanas obligados a contribuir al erario real.

Paradójicamente, muchos de estos hidalgos eran pobres en términos económicos, aunque mantenían con orgullo su condición social. En ocasiones poseían apenas una casa solariega, algunas tierras en propiedad o arrendadas y un apellido antiguo que legitimaba su posición.

Armas del Principado, diseño de Antonio Salmerón.

La economía de esta pequeña nobleza se apoyaba casi por completo en patrimonios rústicos. Sus ingresos procedían de las rentas de la tierra, el arrendamiento de fincas y la explotación de montes o pastos. La actividad industrial y comercial, en cambio, apenas formaba parte de su mentalidad económica, pues tradicionalmente se consideraba “poco honorable” para un hidalgo dedicarse al comercio.

Esta estructura económica reflejaba la naturaleza rural de Asturias. Durante los siglos XVII y XVIII la región estaba poco urbanizada y con escasa burguesía, mientras que la mayor parte de la población vivía de la agricultura cerealista y la ganadería.
La introducción del maíz en el siglo XVII supuso un cambio importante en la economía campesina, permitiendo aumentar la producción alimentaria y sostener un crecimiento demográfico moderado. Sin embargo, este crecimiento también provocó una mayor presión sobre la tierra, generando conflictos frecuentes por el uso de montes comunales, pastos o derechos de aprovechamiento forestal.
Más allá de su riqueza material, la nobleza rural asturiana ejercía un papel central en la organización política de la región. Los hidalgos dominaban los concejos, los cargos administrativos y buena parte de la justicia local, configurando una red de poder que articulaba la vida cotidiana de estas comunidades rurales.

El acceso a cargos municipales, la adquisición de oficios públicos o la participación en instituciones regionales permitía a estas familias reforzar su prestigio. En algunos casos, este control del poder local derivó en prácticas de "clientelismo" y "caciquismo", ya visibles en documentos del siglo XVIII.
Además, estas familias de la hidalguía rural establecían complejas redes de parentesco. Los matrimonios entre linajes no solo respondían a cuestiones sentimentales o familiares, sino que constituían estrategias de consolidación patrimonial y política. Estas alianzas permitían unir mayorazgos, acumular tierras o reforzar la posición social dentro de la jerarquía regional.

Torre de los Vigil.- Santa Eulalia de Vigil (Siero).

Aunque durante siglos Asturias estuvo dominada por esta pequeña nobleza, a partir del siglo XVII algunas familias comenzaron a ascender hacia la aristocracia titulada. Este ascenso se producía generalmente a través de servicios prestados a la Corona, carreras militares o posiciones destacadas en la Iglesia.
Un ejemplo significativo de ascenso social dentro de la nobleza rural asturiana fue el de la casa de Queipo, que obtuvo el título de Condes de Toreno en 1657. Su progreso no se basó únicamente en la riqueza territorial, sino también en el servicio leal a la monarquía, en una cuidadosa política matrimonial y en la acumulación de mayorazgos y patronatos eclesiásticos, que consolidaban su poder local y garantizaban la transmisión de su influencia de generación en generación.

De manera paralela, los Vigil representan otro caso paradigmático. Su ascenso culminó con la concesión del título de Marqués de Santa Cruz de Marcenado en 1679, otorgado por el rey Carlos II. Esta familia logró trascender el ámbito local gracias a la combinación de servicio militar, gestión política y alianzas familiares estratégicas, reflejando un patrón recurrente en el Principado.
En el siglo XVIII, los Valdés alcanzaron el título de Conde de Marcel de Peñalba, consolidando su influencia a través de la acumulación de patrimonio rural y el servicio militar y administrativo. De manera similar, los Bernaldo de Quirós obtuvieron el título de Marqués de Camposagrado en el siglo XVII, combinando el dominio de sus tierras con la participación en cargos locales y regionales.

Otras familias ilustran la diversidad de caminos hacia la nobleza titulada o la consolidación de poder local. Los Cienfuegos y los Ramírez de Jove, por ejemplo, accedieron a los títulos de Conde de Marcel de Peñalba y Marqués de San Esteban del Mar de Natahoyo, respectivamente, integrando en su estrategia social la propiedad rural con actividades marítimas y comerciales incipientes, anticipando la forma en que la hidalguía podía adaptarse a nuevas oportunidades económicas.
Al mismo tiempo, linajes como Argüelles (maqueses de Oria), Mon (marqueses de mon) Alas, Hevia, Flórez, Miranda (marqueses de Valdecarzana y otra des sus ramas conde de de Villamiranda) , Riego, Soto, Caso, Omaña, Pando, Lavandera, Peláez o Trelles, así como algunos otros, alcanzaron notoriedad en ámbitos políticos y administrativos, ocupando cargos de relevancia en la gestión local y regional. Este grupo de familias evidencia que la influencia de la hidalguía asturiana no se limitaba ya a la posesión de tierras, sino que también se sostenía en la participación activa en los concejos, la justicia local y la administración del Principado.

Finalmente, el caso de los Riestra ilustra el paso de la pequeña nobleza rural asturiana hacia la modernidad del siglo XIX. Este linaje, residente durante siglos en el Concejo de Siero y originario de Villayón, consolidó la posición de algunas de sus ramas en la Pontevedra de 1845. Algunos de sus miembros más destacados, como Ramón Riestra y de la Sota, Juan Bautista Riestra, Francisco Antonio Riestra Vayaure y, sobre todo, José María Riestra López, lograron integrar sus ramas familiares en la política y el mundo financiero, obteniendo este último el Marquesado de Riestra. Su trayectoria muestra cómo, incluso en el contexto del liberalismo del siglo XIX, ciertos linajes podían transformar la herencia de la hidalguía en poder económico y político efectivo, adaptándose a nuevas estructuras sociales.


Uno de los innumerables prados de San Martín de Vega de Poja (Siero).

Aunque, como hemos dicho, la inmensa mayoría de familias hidalgas vivían modestamente, la nobleza asturiana dejó una profunda huella en el paisaje. Las casas solariegas, torres  y palacios rurales o "casonas", con sus escudos labrados en piedra, siguen marcando la arquitectura tradicional del Principado. Estos edificios no eran solo residencias: representaban la memoria del linaje. En sus capillas privadas o en las iglesias parroquiales cercanas, las familias tituladas fundaban capellanías, financiaban retablos y aseguraban lugares de enterramiento para perpetuar su nombre. La relación entre nobleza rural y religión fue, por tanto, muy estrecha. El patrocinio eclesiástico permitía consolidar el prestigio social y, al mismo tiempo, reforzar la influencia del linaje dentro de la comunidad.

A lo largo del siglo XIX, el mundo que había sostenido a esta pequeña nobleza rural comenzó a transformarse. Las reformas liberales, la abolición de los privilegios estamentales y la desaparición de los mayorazgos alteraron profundamente la estructura social heredada del Antiguo Régimen. La hidalguía, que durante siglos había sido un elemento central de identidad social en la Asturias rural, perdió progresivamente su valor jurídico. Muchos antiguos linajes se adaptaron convirtiéndose en propietarios agrícolas modernos, profesionales liberales o políticos del nuevo Estado liberal.
Sin embargo, aunque el poder jurídico de la nobleza desapareció, su huella cultural y paisajística perduró. Los palacios, los escudos y los archivos familiares continúan recordando la existencia de una sociedad rural donde el honor, el linaje y la tierra formaban un triángulo inseparable.

Podemos decir sin temor a equivocarnos, que la historia de la nobleza rural asturiana no es el relato de grandes títulos ni de casas fastuosas. Es, más bien, la historia de hidalgos de montaña, de linajes en su mayoría modestos que defendían su honra con tanto celo como sus pequeñas propiedades. Entre prados, montes y aldeas dispersas, aquella nobleza tejió una red social compleja que dominó la vida local durante siglos. En sus casas de piedra, bajo escudos desgastados por la lluvia del Cantábrico, se gestó una forma singular de aristocracia menos brillante que la de las grandes urbes, pero profundamente arraigada en la tierra y en la memoria del mismo Principado.

Publicado por La Mesa de los Notables.

domingo, 8 de marzo de 2026

EL EMBLEMA DE LA LEGIÓN ESPAÑOLA: SIMBOLOGÍA Y ESPÍRITU.

 Alejandro Riestra Martínez.

Hay emblemas que se leen como si fueran páginas de la historia. El escudo de la Legión Española pertenece sin duda a los de esta clase, no es solo una insignia bordada o grabada, sino una síntesis de virtudes, memoria y espíritu de soldado. En él, la simbología se transforma en relato, y las armas de otro tiempo que lo componen hablan con voz viva del carácter de quienes sirven bajo su signo.

En sentido estricto, sin embargo, el emblema de la Legión no puede considerarse un escudo heráldico propiamente dicho. Carece de campo (elemento esencial de la heráldica clásica) y no se ajusta plenamente a las normas que rigen esta disciplina. Se trata, más bien, de un emblema de carácter simbólico, concebido para expresar de manera directa la identidad y el espíritu del Cuerpo al que representa.
La utilización de armas cruzadas como distintivo tampoco fue exclusiva de la Legión ni de España. Durante el siglo XIX numerosos ejércitos europeos adoptaron este tipo de símbolos para identificar cuerpos o especialidades: fusiles cruzados para la infantería, cañones para la artillería, sables o espadas para la caballería, anclas para las fuerzas navales y armadas, etc. Este lenguaje visual ofrecía ventajas evidentes: era claro, fácilmente reconocible y podía reproducirse con sencillez en uniformes, botones, insignias o banderas, transmitiendo de inmediato la naturaleza militar de la unidad.En ese contexto simbólico debe situarse el origen del emblema legionario.

Su concepción se inscribe en el proceso de organización del Tercio de Extranjeros, impulsado por su fundador el entonces Teniente Coronel don José Millán-Astray.  Aunque su autoría se le atribuye al entonces Capitán de Infantería don Justo Pardo Ibáñez, su adopción como símbolo se produjo bajo la autoridad del propio Millán-Astray, que buscaba dotar a la nueva unidad de una iconografía capaz de evocar la tradición militar española y reforzar la identidad de sus hombres.

La adopción del emblema se produjo en el marco de las disposiciones organizativas que regulaban el nuevo Cuerpo tras su creación por el Real Decreto de 28 de enero de 1920, promulgado durante el reinado de don Alfonso XIII. Mediante esta norma se autorizaba la formación del Tercio de Extranjeros, embrión de la actual Legión Española. Con el paso del tiempo, diversas órdenes y reglamentos militares consolidaron el uso del emblema como símbolo propio de la Unidad (más concretamente en 1923 siendo publicadas, las atinentes al mismo, en el Diario Oficial número 263 de ese año). Cuando el Tercio de Extranjeros pasó a denominarse Legión Española, el distintivo se mantuvo sin alteración, convirtiéndose en una de las señas más reconocibles de la tradición militar española.

Tres armas de la guerra antigua se entrecruzan en una composición austera y solemne, unidos por la corona real. El conjunto evoca de inmediato, como pretendía el capitán Pardo Ibáñez, a la larga sombra que siempre han proyectado los viejos Tercios Españoles sobre nuestros  Ejércitos, aquellos soldados que hicieron de la disciplina, la resistencia y el honor una forma de vida y de combate.

La ballesta se alza como símbolo de paciencia y precisión. Fue arma de hombres templados, capaces de esperar el instante oportuno mientras el campo de batalla se estremecía a su alrededor. En su cuerda tensada parece resonar una lección antigua: el valor no siempre se manifiesta en el ímpetu, sino también en la firmeza serena de quien domina el miedo y mantiene el pulso firme. La ballesta representa ese temple interior que no se quiebra ante la adversidad y que convierte la calma en fuerza.
El arcabuz, por su parte, irrumpe en el emblema como una llamarada histórica. Con él lucharon los arcabuceros de los Tercios en los campos de Europa, portadores de una nueva manera de combatir: decidida, audaz, resuelta a avanzar incluso cuando el humo y el estruendo lo cubrían todo. El arcabuz encarna el impulso ofensivo, la voluntad de acometer y la determinación de no retroceder. Es la metáfora del coraje activo, del espíritu que no espera a que el destino se pronuncie, sino que lo desafía.
La alabarda, erguida y severa, introduce la dimensión del honor. Durante siglos fue arma de guardias selectos, custodios de banderas y soberanos, centinelas del orden y de la lealtad. En la simbología encarna la fidelidad al juramento, la nobleza del servicio y la disposición permanente a proteger aquello que se ama y se defiende: la bandera, el camarada, la patria. Si la ballesta habla de templanza y el arcabuz de audacia, la alabarda recuerda que el valor alcanza su sentido más alto en la lealtad.
Sobre estas armas la corona real, símbolo de continuidad histórica y de servicio a España. Bajo su presencia se reúnen siglos de tradición militar, desde las gestas de los Tercios Imperiales hasta el espíritu moderno del Tercio Legionario. No es un mero ornamento protocolario: es el vínculo que une a generaciones de soldados en una misma vocación de sacrificio.

Quizá la enseñanza más profunda del emblema resida en la forma en que estas armas se entrelazan. Ninguna domina a las demás; todas convergen en una armonía férrea que expresa una verdad esencial del espíritu legionario: la fuerza nace de la unión
Así como las armas se cruzan para formar un símbolo único, también los hombres del Tercio se funden en una hermandad, sin igual, donde el individuo se engrandece en el conjunto.

Quien contempla este emblema por primera vez, sin conocer su historia, quizá únicamente pueda adivinar en él un haz de armas antiguas con determinada estética. Pero quien conoce el espíritu del Tercio sabe que está viendo reflejada la imagen misma del legionario: templado en la dificultad, resuelto en la acción, fiel hasta el sacrificio.
Y así, entre acero, historia y símbolos, el escudo continúa proclamando una verdad sencilla y eterna: que hay hombres para quienes el honor no es una palabra, sino una forma de vivir. Y si llega el momento, también de morir.



Publicado por La Mesa de los Notables.

sábado, 7 de marzo de 2026

LOS SESENTA Y NUEVE AÑOS DEL MARQUÉS DE LA FLORESTA.

 Riestra2026.

“Alfonso Ceballos”, así conocen muchos de los asiduos de nuestro blog al actual Marqués de la Floresta, ha cumplido recientemente sesenta y nueve años, y no hemos querido dejar pasar esta fecha sin dedicarle unas breves notas. No se trata solo de una efeméride personal, sino de una ocasión propicia para escribir unas líneas de quien, a nuestro juicio, figura entre los estudiosos más reputados de su ámbito y constituye una referencia indispensable en el mundo de las ciencias y disciplinas que inspiran y dan sentido a este blog.

En torno a su nombre gravitan décadas de estudio, investigación y reflexión, que lo han convertido en una figura singular dentro de esos territorios del saber donde se entrecruzan la historia, la tradición y la erudición. No puedo compartir, ni comparto, todo lo que dice o hace (o como lo hace) pero eso no disminuye el hecho de que lo considere como figura relevante en estas ciencias y disciplinas. Por ello, estas pequeñas notas pretenden ser, más que un simple recordatorio de aniversario, un gesto de reconocimiento hacia una trayectoria intelectual que merece ser destacada.


BREVES NOTAS SOBRE LA FIGURA DEL MARQUÉS DE LA FLORESTA.

La figura de Alfonso de Ceballos Escalera y Gila, actual marqués de la Floresta y vizconde de Ayala, pertenece a ese raro tipo de personajes en los que se entrelazan con naturalidad la erudición, la tradición y el compromiso con la vida pública. En una época poco inclinada a reconocer el valor de las trayectorias intelectuales largas y coherentes, su biografía constituye, sin embargo, un ejemplo singular de continuidad cultural y servicio cívico.

Nacido en el seno de una familia profundamente vinculada a la historia castellana, el marqués ha desarrollado una carrera marcada por la investigación histórica, la heráldica y el estudio de las instituciones tradicionales. Jurista, historiador, tres veces doctor y autor de numerosas obras, es además Cronista de Armas de Castilla y León, una figura heredera de los antiguos reyes de armas que, durante siglos, custodiarían la memoria genealógica y simbólica de los linajes hispánicos. En ese oficio (que exige un conocimiento minucioso de la historia, el derecho nobiliario y la tradición heráldica) ha alcanzado una reputación notable, avalada por una producción bibliográfica extensa y por décadas de estudio dedicado a la cultura histórica española.

Pero reducir su perfil al ámbito estrictamente académico sería injusto. El marqués de la Floresta ha mantenido (y mantiene) también una relación directa con la vida pública de su ciudad, participando en iniciativas culturales y en responsabilidades dentro del Ayuntamiento de Segovia, ciudad con la que mantiene una relación intelectual y sentimental particularmente intensa. En Segovia, cuya historia conoce con profundidad de especialista y con afecto de vecino, su presencia ha contribuido a sostener una tradición de estudios históricos y de defensa del patrimonio que enlaza con figuras ilustres de la historiografía local.

Ese vínculo con la tierra segoviana se hace especialmente visible en su residencia de Cabanillas del Monte, donde se estableció en la antigua casa del Esquileo, un edificio cargado de memoria histórica que decidió recuperar para convertirlo en su hogar y en refugio de su inmensa biblioteca. Allí ha reunido cientos de volúmenes dedicados a la historia, la genealogía, la nobiliaria y las órdenes de caballería, formando una de las colecciones privadas más notables en estas materias.

La imagen que emerge de ese lugar (un antiguo edificio rural lleno de libros, documentos y retratos familiares, del que ya hemos hablado en este blog) resulta profundamente simbólica. Representa una manera de entender la tradición no como una reliquia inerte, sino como una conversación permanente entre pasado y presente. En ese espacio, el marqués de la Floresta continúa escribiendo, investigando y reflexionando sobre la historia de España y de sus instituciones.
Hay en su figura algo deliberadamente contracorriente: una defensa serena del valor de la memoria histórica, del estudio riguroso y del sentido de continuidad cultural. Lejos de la superficialidad contemporánea, su trayectoria recuerda que la erudición puede convivir con el compromiso público y que la tradición, cuando se cultiva con inteligencia, sigue siendo una fuente de identidad y de conocimiento.

Así, el Marqués de la Floresta aparece no solo como miembro de la nobleza tradicional e histórica, sino como un intelectual arraigado en su tiempo y en su tierra. Entre archivos, libros y viejas piedras segovianas, su labor continúa recordando que la historia no es simplemente el relato de lo que fue, sino también la conciencia viva de lo que somos.

Publicado por La Mesa de los Notables.

viernes, 6 de marzo de 2026

NUEVO LIBRO SOBRE LA ORDEN DE SAN ESTEBAN.

 

El historiador Francisco Acedo Fernández, Rey de Armas de la Casa de Médici, como ya adelantamos en otra entrada de este mismo blog, presenta un nuevo libro sobre la Insigne y Militar Orden de San Esteban Papa y Mártir, que ya se encuentra disponible en italiano, castellano e inglés. 
La obra, publicada por The Golden Pelican Group, cuenta con un prólogo de Ottaviano de’ Medici di Toscana y promete convertirse en una referencia para estudiosos y aficionados a la historia de la Toscana y la Casa de Medici.


Fundada en 1561 por Cosimo I de’ Medici mediante bula papal, la Orden de Santo Stefano nació como una milicia naval al servicio de la Cristiandad y como símbolo del poder del nuevo Estado toscano. Con el tiempo, su influencia se extendió a los ámbitos militar, religioso y nobiliario, consolidándose como uno de los pilares institucionales de la Toscana medicea.

El libro ofrece un recorrido histórico y jurídico de la Orden, desde sus orígenes hasta la actualidad. Examina la bula fundacional, la simbología y heráldica de la institución, su papel en la nobleza toscana y los cambios durante la dinastía lorenesa. Además, aborda la compleja cuestión sucesoria tras la extinción de la rama populana de los Médici y la continuidad histórica reivindicada por la rama napolitana.

Entre los documentos incluidos, destaca la protesta formal de S.A.R. el Gran Duque Ottaviano de’ Medici di Toscana di Ottajano, pieza clave para entender la dimensión contemporánea de la Orden y los derechos históricos de los Médici.
Algunos de los temas principales que trata el libro son:
          La naturaleza jurídica de la bula fundacional y su alcance canónico.
          La estructura institucional y simbólica de la Orden.
          Su papel en la legitimación política de la Casa de Medici.
          La etapa lorenesa y sus consecuencias dinásticas.
          La cuestión sucesoria y la continuidad histórica de la rama napolitana.
          El texto completo de la protesta granducal y su contexto histórico.

Con un enfoque riguroso y basado exclusivamente en fuentes verificables, Francisco Acedo Fernández combina historia y heráldica para ofrecer una obra erudita, accesible y fascinante, tanto para especialistas como para todos los interesados en la tradición institucional de Toscana y en la historia de los Médici.

El mismo se puede adquirir en Amazon.

Publicado por La Mesa de los Notables.

jueves, 5 de marzo de 2026

𝐉𝐎𝐑𝐍𝐀𝐃𝐀𝐒 𝐃𝐄 𝐇𝐈𝐒𝐓𝐎𝐑𝐈𝐀 𝐌𝐈𝐋𝐈𝐓𝐀𝐑 𝐃𝐄 𝐄𝐗𝐓𝐑𝐄𝐌𝐀𝐃𝐔𝐑𝐀.

 Organizadas por la Asociación Histórico-Militar Alfonso IX.

Del 12 al 14 de marzo del actual 2026, se celebrarán en el Salón de Actos de la RSEEAP (Calle San Juan, 6, Badajoz) las IV Jornadas de Historia Militar de Extremadura, un evento que se ha consolidado como referente en el estudio y difusión de la historia militar de la región.

El comité organizador ha destacado la elevada calidad y cantidad de los trabajos presentados para optar al Premio Alfonso IX de Investigación Histórica, galardón que reconoce los estudios más rigurosos y originales sobre la historia militar española. Tras un proceso de selección, ocho ponencias han sido elegidas para su exposición pública ante el jurado, que dará a conocer su veredicto el sábado por la mañana.

La inauguración correrá a cargo del Excmo. Sr. General D. Álvaro Díaz, comandante militar de Badajoz, quien subrayará la importancia de la preservación y estudio de nuestro patrimonio histórico-militar. Las jornadas cuentan con el patrocinio de la Brigada Extremadura XI, de la Fundación CB, de la Diputación Provincial de Badajoz y del Ayuntamiento de Badajoz, así como la colaboración de Bodegas Encina Blanca y Felipe Albarrán Administradores.

El programa incluye conferencias, exposiciones y debates sobre distintos períodos y aspectos de la historia militar, desde la Edad Media hasta la ultima Guerra Civil Española, con un enfoque particular en la influencia de Extremadura en los conflictos y estrategias militares a nivel nacional.

El acceso a todas las conferencias y actos es libre, hasta completar el aforo, lo que permite a estudiantes, historiadores y público general disfrutar de un espacio único de divulgación y debate histórico.

Más información: aquí y también aquí .


Publicado por La Mesa de los Notables.


miércoles, 4 de marzo de 2026

GALONES DE PAPEL.

Riestra2026. 

En todo sistema institucional serio, el uniforme debe cumplir tres funciones esenciales: identificar, jerarquizar y legitimar. No es una prenda; es arquitectura normativa. Su corte, divisas y disposición exacta de cada condecoración responden a reglamentos minuciosos. No hay espacio para la improvisación. En nuestro país, la uniformidad institucional está estrictamente reglamentada, y aún más en los Ejércitos, donde los uniformes poseen, entre otras cualidades, una que pasa desapercibida hasta que se pierde: la sobriedad funcional.

Incluso en su versión más ostentosa, la ornamentación está contenida por norma. Cada pieza ocupa un lugar preciso, un tamaño exacto y se coloca según un protocolo casi musical, como si obedeciera a una partitura. La cantidad de metal sobre el pecho no surge del entusiasmo, sino de la autorización. El problema comienza cuando otros deciden interpretar la misma partitura sin haber pasado por el conservatorio.

En ciertos actos sociales, que todos hemos frecuentado  en alguna ocasión, se produce un fenómeno casi óptico: la duplicación del código. A un lado del salón, un militar cuya carrera ha sedimentado lentamente, y me centro en el tema militar porque es el más repetido y evidente. Al otro, un caballero de flamante corporación honorífica, historiográfica o caballeresca, cuya guerrera parece haber experimentado un proceso de expansión simbólica acelerada.

Desde la distancia, ambos perfiles pueden parecer similares, pero cuando nos acercamos la diferencia es abismal. No en el brillo (que a veces favorece al más exuberante) sino en el peso invisible que sostiene ese brillo.
Técnicamente, esto podría interpretarse como una mimetización formal sin equivalencia estructural. Se adoptan cortes, colores, entorchados, etc. asociados al ámbito castrense, pero adolecen de lo esencial: el sistema que respalda la señal.

El uniforme militar o institucional es la punta visible de una pirámide normativa, jurídica y operativa. El uniforme asociativo es, en cambio, una construcción estética autónoma y libre de restricciones. Y es precisamente esa libertad la que delata en muchas ocasiones el exceso. Donde la norma impone límites, la imaginación expande. Donde el reglamento reduce, el entusiasmo acumula. El resultado es una hipertrofia ornamental que acerca la escena a la opereta, no por intención de parodia, sino porque la desproporción entre forma y sustancia se vuelve evidente. Lo más curioso, y humano, es que quienes encarnan ese despliegue rara vez advierten el efecto. Caminan con gravedad mimética, intercambian saludos cargados de solemnidad y nadie les dice nada, la cortesía social es implacable en su silencio o estruendosa en su ignorancia.

Las asociaciones que aspiran a perdurar y a ser reconocidas por la seriedad de su labor, creo yo, no deberían tener la necesidad de apoyarse en la mímesis castrense o institucional para dotarse de identidad, ni llenarse de quincalla (que justamente por su dispendio) ya no impresiona a nadie. Existen múltiples tradiciones indumentarias igualmente dignas y cargadas de simbolismo que no invaden de ninguna estética ni generan confusión. Pueden inspirarse, por ejemplo, en uniformes históricos de corte diplomático o académico: casacas sobrias, levitas con vivos discretos, bandas institucionales, insignias esmaltadas de diseño propio, etc.

Contar con una uniformidad en las asociaciones de orden caballeresco o nobiliario, en esencia, puede resultar beneficioso para fortalecer su identidad colectiva y el sentido de pertenencia entre sus miembros. Al vestir de manera uniforme, cada integrante se siente parte de un grupo con objetivos y valores comunes, lo que refuerza la solidaridad y el respeto mutuo. Además, el uniforme (sin estridencias, ni propensión al mimetismo) facilita la identificación de la asociación en eventos públicos, ceremonias o actividades comunitarias, transmitiendo una imagen de organización y compromiso. 
Sin necesidad de exagerar ni llamar la atención, el uniforme también ayuda a mantener viva la tradición y los principios que pretenden guíar a la asociación, sirviendo como símbolo visible de honor, fraternidad y responsabilidad compartida.

El objetivo, bajo mi criterio, nunca debería ser parecer otra cosa, sino ser reconocibles de manera indubitada como lo que realmente son: una institución digna con fines culturales, sociales o asistenciales y de corte tradicional, sin más. 
Una identidad visual coherente, propia y bien diseñada evita equívocos protocolarios y refuerza los objetivos de la asociación. La originalidad institucional siempre va a resultar más sólida que la mera imitación, porque  va a transmitir seguridad en la propia institución, y no dependencia del prestigio ajeno.

Publicado por La Mesa de los Notables.


martes, 3 de marzo de 2026

LA COCATRIZ EN LA HERÁLDICA.

Alejandro Riestra Martínez. 

Entre los bestiarios medievales y las leyendas que cruzaron los siglos, surge una criatura tan temible como fascinante: la cocatriz. Este ser fabuloso, mezcla de gallo y serpiente, se alza como símbolo de peligro, misterio y poder en la iconografía que rodea a la ciencia del blasón. Después de dedicarle al grifón un artículo en este mismo blog, no me resisto a hablarles de la cocatriz. “La emperatiz del misterio”.

La cocatriz nace del mito del basilisco, la criatura cuyo aliento y mirada eran mortales. Sin embargo, la cocatriz adopta rasgos más avícolas: su cabeza de gallo, coronada por una cresta roja y ojos fulgurantes, se cierne sobre un cuerpo serpentino o dracónico, a menudo alado, que se enrosca con agilidad y amenaza a quien ose acercarse. Se dice que su canto produce un estremecimiento mortal y que su pico puede perforar la armadura más resistente.

Según el historiador y heraldista, tristemente fallecido en 2019, José María de Montells y Galán (1) (cuyas armas simples ilustran este artículo) este ser mítico “es el rey de los serpentiformes, y cuenta la fábula que nació de un huevo de gallina fecundado por una venenosa serpiente, e incluso algunos autores le atribuyen la facultad de hablar”.

En los textos donde se la nombra, la cocatriz se convierte en prueba de valor y astucia. Caballeros errantes debían enfrentarse a su mirada o derrotarla mediante el ingenio, pues ningún combate físico podía garantizar la victoria frente a su veneno y furia sobrenatural. Escritores medievales la mencionan como símbolo del engaño, dado su doble naturaleza: ave y reptil, bella y letal a la vez.

En heráldica, la cocatriz representa valor extremo y astucia. A menudo se dibuja en escudos sosteniendo garfios o en actitud de ataque, destacando la combinación de fuerza serpentina y el ímpetu del gallo. Su presencia en un escudo no solo advertía del coraje de su portador, sino también de la sagacidad para enfrentarse a enemigos impredecibles. Los colores típicos que acompañan a la cocatriz heráldica son: oro como símbolo de nobleza y prestigio, gules para el valor y la pasión, las de sínople representan la amistad, la cortesía y la caballerosidad; quedando el sable reservado para la prudencia y el misterio.

Hoy, la cocatriz es más que un mito; es un recordatorio de que la belleza y el peligro pueden coexistir en un mismo ser. Su figura sigue apareciendo en la literatura heráldica manteniendo viva la fascinación por lo desconocido y lo extraordinario. Representa, además, la eterna tensión entre realidad y fantasía, desafiando al observador a cuestionar los límites de lo posible.

(1)  Don José María de Montells y Galán (Madrid, 1949 – †2019), insigne historiador y estudioso de las ciencias del blasón, hizo de la heráldica una forma de pensamiento y de la historia un arte. Doctor en Ciencias Empresariales, Licenciado en Historia, poeta, editor y Rey de Armas, su vida estuvo profundamente entrelazada con los símbolos, la cultura y el arte.


Publicado por La Mesa de los Notables.


lunes, 2 de marzo de 2026

EL INSTITUTO DE HISTORIA Y CULTURA MILITAR ORGANIZA EL XXV CICLO DE INTRODUCCIÓN A LA UNIFORMOLOGÍA DEL EJÉRCITO ESPAÑOL.

 

El Instituto de Historia y Cultura Militar (IHCM) celebrará, del 7 al 25 de abril de 2026, el XXV Ciclo Informativo de Introducción a la Uniformología del Ejército Español, una actividad formativa dirigida tanto a personal militar como a cualquier persona interesada en profundizar en el estudio y la evolución histórica de la uniformidad militar española.

El curso aborda, desde una perspectiva teórica y práctica, la evolución de los uniformes militares españoles a lo largo del tiempo, analizando su relación con los contextos políticos, sociales y económicos de cada época, así como con la moda, el entorno de empleo, los avances tecnológicos en la industria textil y la función específica para la que fueron concebidos.
Su objetivo es proporcionar a los alumnos un conocimiento sólido de los distintos uniformes utilizados a lo largo de la historia, incluyendo divisas, emblemas, distintivos y condecoraciones. Al finalizar el ciclo, los participantes conocerán los principales hitos que marcaron las transformaciones del vestuario militar, las razones que las motivaron y las características formales (formas, colores y materiales) de cada etapa, así como los elementos auxiliares que lo completan. Asimismo, estarán capacitados para situar un uniforme en su contexto histórico y contarán con una base adecuada para emprender investigaciones posteriores.

El ciclo podrá realizarse en modalidad presencial, en la sede central del IHCM, o a distancia, a través del Campus Virtual Corporativo de la Defensa, lo que facilita el acceso desde cualquier ubicación.
La información detallada sobre el programa, los requisitos y el procedimiento de inscripción está disponible en la página web oficial del Instituto, haciendo click con el ratón aquí.


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sábado, 28 de febrero de 2026

LA HERÁLDICA DE LA COMPAÑÍA DE TRANSMISIONES DE LA BRIGADA EXTREMADURA.

 Alejandro Riestra Martínez.

Hay imágenes que, de tanto verlas, corren el riesgo de volverse invisibles. El emblema al que dedico esta entrada se cruza en mis labores cotidianas, y cada encuentro despierta sensaciones que lo elevan más allá de lo meramente institucional.
Los esmaltes y figuras que lo componen entrelazan tradición e identidad, mientras su lema revela algo más que coraje y valentía: transmite serenidad y confianza frente a cualquier adversidad. Este símbolo no solo pretende ser representación de un grupo, sino también su inspiración y su guía, recordándonos el sentido más profundo de la labor que nos hemos comprometido a realizar.

LA HERÁLDICA DE LA COMPAÑÍA DE TRANSMISIONES DE LA BRIGADA EXTREMADURA.

En la tradición militar española, los emblemas de sus Unidades no son meros distintivos gráficos; constituyen síntesis simbólica de misión, historia y espíritu. El emblema de la Compañía de Transmisiones del Batallón de Cuartel General de la Brigada Extremadura recoge, mediante un lenguaje heráldico preciso, la esencia de una Unidad cuya razón de ser es garantizar la acción del mando y el control de todas las demás que conforman su Brigada, en cualquier circunstancia.

En el corazón del escudo se proyecta un puño enguantado de plata, cerrado con precisión mecánica sobre dos rayos entrelazados. No es la mano desnuda del combatiente impulsivo, sino la del técnico disciplinado, el especialista que domina la tecnología que maneja. Un puño que no golpea: conecta. Es el símbolo del control sobre la fuerza invisible. Plata fría, racional, científica, frente al gules apasionado que domina el campo del escudo: técnica y ardor fundidos en un mismo destino.

Este conjunto se dispone sobre una encina al natural, símbolo identitario de la tierra extremeña que lo acoge, arraigada profundamente en el terreno y representando fortaleza, permanencia y vinculación al territorio. Así, la Unidad no solo representa la voluntad de la acción del mando: la encarna desde una identidad concreta, con raíces firmes y tronco robusto.
Todo lo anterior se encuentra rodeado por una corona vegetal compuesta por sendas ramas de roble y laurel, aludiendo a la victoria y la fortaleza, como alegoría de los trofeos que comparten todos los Ingenieros del Ejército en sus emblemas. El laurel, tradicional representación del triunfo; el roble, imagen de resistencia y solidez. Ambas ramas se enlazan en su base mediante un lazo de gules, símbolo de cohesión y unidad de propósito.

Acolados al escudo, entrelazados y dispuestos en sotuer, cuatro rayos dorados, separados por sus aisladores y proyectados hacia los cuatro horizontes, representan atributos esenciales de la Especialidad Fundamental de Transmisiones: la expansión de la señal que no conoce límites.
El escudo se timbra con corona real cerrada, subrayando la pertenencia a las Fuerzas Armadas del Reino de España y la lealtad a la Corona como símbolo de unidad y permanencia.

En la filacteria inferior figura el lema latino: “NEC MILLE ME CIRCUMDANTIS TIMEO” (“No tengo miedo, aunque mil me rodeen”) declaración de serenidad y firmeza ante la adversidad, virtud esencial de quienes garantizan la continuidad de la acción del mando, incluso en los entornos más exigentes. Bajo ella, la inscripción “CÍA. DE TRANSMISIONES 11” identifica con precisión orgánica a la Unidad.

- HERÁLDICA- .
De gules, un guantelete de plata cerrado en puño sujetando dos rayos de oro en sotuer. Bajo el mismo, una encina al natural sobre una base de tierra enraizada en su color. Todo ello rodeado por un trofeo entrelazado de roble y de laurel en plata, unidos por una cinta de gules en forma de lazada.
Acolados lleva cuatro rayos de oro, entrecruzados y dispuestos en sotuer, con sus aisladores ("trofeo de transmisiones").
Timbre: Corona Real Española.
Lema superior: "NEC MILLE ME CIRCUMDANTIS TIMEO".
Lema inferior: “CÍA. DE TRANSMISIONES 11".



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miércoles, 25 de febrero de 2026

LA DECANA DE LA DIPUTACIÓN DE LA GRANDEZA, DISTINGUIDA CON LA GRAN CRUZ DEL MÉRITO MILITAR.

 

La duquesa de Arcos, decana de la Diputación de la Grandeza, ha sido condecorada con la Gran Cruz del Mérito Militar, con distintivo blanco, en un acto celebrado recientemente en el Cuartel General de la Armada, el cual estuvo presidido por la ministra de Defensa, doña Margarita Robles. La distinción, concedida por S.M. Felipe VI a propuesta del Ministerio de Defensa y tras la deliberación del Consejo de Ministros, reconoce la histórica y constante contribución de la corporación nobiliaria y de sus miembros a las Fuerzas Armadas en su servicio a España y a la Corona.

En su intervención, la duquesa agradeció la acogida dispensada por la ministra y por el jefe del Estado Mayor de la Armada, y felicitó al resto de los galardonados. Subrayó que recibe la condecoración no a título personal, sino en el ejercicio de su responsabilidad institucional, lo que supone para ella un gran honor. Asimismo, afirmó asumirla con un profundo sentido del deber hacia unas Fuerzas Armadas cuya dedicación a la soberanía y al orden constitucional calificó de ejemplar.

Destacó también la estrecha colaboración mantenida en los últimos años entre la Diputación de la Grandeza y el Ejército de Tierra, instituciones que -señaló- comparten valores como la integridad, el esfuerzo, el espíritu de sacrificio y el servicio a los españoles. En este contexto, puso en valor la labor del general de Ejército don Amador Enseñat y Berea, jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra, de quien resaltó su constante confianza y cooperación.

Imagen (https://www.defensa.gob.es/): El teniente general don Eduardo Diz Monje, jefe del Cuarto Militar de la Casa de Su Majestad el Rey; la duquesa de Arcos, la ministra de Defensa y el general de Ejército don Amador Enseñat y Berea, jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME).


Por su parte, doña Margarita Robles dedicó palabras de reconocimiento a los condecorados y agradeció el apoyo prestado por la duquesa y por la nobleza titulada a la labor del Ejército de Tierra. “Te condecoramos a ti, pero condecoramos a toda la Grandeza de España”, afirmó la ministra, quien recordó además su reciente participación en la exposición “Felipe VI. Una década de la historia de la Corona de España”, inaugurada el pasado 25 de abril en La Coruña.

Junto a la duquesa de Arcos fueron distinguidos los alcaldes de Gijón, Las Palmas de Gran Canaria, Motril, Oviedo y Santa Cruz de Tenerife, así como el diputado provincial don Francisco Cuenca Rodríguez, en reconocimiento a su colaboración con las Fuerzas Armadas. El acto contó también con la presencia de diversas autoridades civiles y militares y de representantes del Consejo de la Diputación de la Grandeza.

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sábado, 21 de febrero de 2026

PUBLICADO EL NÚMERO 6 DE «ESTUDIOS NOBILIARIOS Y EMBLEMÁTICOS».

 

En la sección de Publicaciones del portal que mantiene en internet la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, se encuentra disponible el número 6 de la revista digital Estudios Nobiliarios y Emblemáticos, correspondiente al año 2026.

Este nuevo número reúne los siguientes trabajos:

La Diplomacia de las Coronelías: el caso de España, por don José María de Francisco Olmos.
Difuntos nobiliarios en Madrid durante el período 1651-1700 (I), de don José Miguel de Mayoralgo y Lodo, conde de los Acevedos.
Los comerciantes cartageneros ennoblecidos en el siglo XVIII: los marqueses de Premio Real y de Valdehoyos y condes de Villa Miranda, de don Javier Gómez de Olea y Bustinza.
Injerencias entre títulos nobiliarios italianos en España: «Marqués de Melgarejo» (título napolitano, 1736) y «Marqués de Melgarejo de los Infantes» (título pontificio, 1904), de doña Pilar Montero Parra.
Félix O’Neille O’Neille: un militar ilustrado al servicio de España. Noble origen irlandés, juventud aventurera, madurez en altos puestos militares y civiles. Descendencia hasta el siglo XX, de don Enrique Castrillo O’Neille y don Felipe Cantero Leiro.
Nueve siglos de simbología municipal en España, de don Juan José Sánchez Badiola.
Algunos aspectos de la trayectoria heráldica de la Casa Ducal de Medina Sidonia, por don Mario Jaramillo Contreras.
La Medalla de las campañas de Mindanao, de don Antonio Prieto Barrio.
El derecho premial de la Comunidad Autónoma de Canarias: órdenes, condecoraciones, medallas, premios y distinciones, de don Jorge Cologan y González-Massieu.

Puede acceder a la revista Estudios Nobiliarios y Emblemáticos a través del siguiente enlace: https://ramhg.es/estudios-nobiliarios-y-emblematicos/

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jueves, 19 de febrero de 2026

YA PUEDE CONSULTARSE EL NÚMERO 7 DE LA REVISTA «LABOR ET CONSTANTIA».

 

No hace mucho se ha editado el número 7, correspondiente al pasado año 2025, de la revista Labor et Constantia, publicación periódica de carácter científico editada por la Sociedad de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Canarias (SEGEHECA).
Especializada en las ciencias genealógica y heráldica, así como en otras disciplinas afines, la revista se ha consolidado como un espacio de referencia para el estudio riguroso de la historia familiar, la simbología y la memoria documental en el ámbito canario y atlántico.

Dirige la publicación don Fernando Rossi Delgado, cuya labor al frente a la misma ha contribuido decisivamente a afianzar su proyección científica y su cuidado estilo editorial. Bajo su dirección, Labor et Constantia mantiene el firme propósito de ofrecer investigaciones fundamentadas en fuentes de solvencia y en una metodología sólida, contribuyendo así al enriquecimiento del panorama historiográfico insular.

Cabe destacar, asimismo, que la revista ha sido recientemente incorporada a Maresía, la plataforma digital de la Universidad de La Laguna que facilita el acceso a las colecciones digitalizadas del Patrimonio Bibliográfico Lacunense, de la Hemeroteca Canaria y de otros fondos documentales de especial relevancia. Esta inclusión supone un importante reconocimiento institucional y garantiza una mayor difusión y accesibilidad de sus contenidos, favoreciendo tanto la consulta académica como el interés de investigadores y personas interesadas.

El nuevo número reafirma así la vocación de permanencia que su propio título proclama -trabajo y constancia- y continúa trazando, con pulcritud científica y sensibilidad histórica, el mapa de nuestras raíces.
Puede consultarse Labor et Constantia en la página web de SEGEHECA y a través del portal Maresía

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miércoles, 18 de febrero de 2026

ARRANCA LA VIII EDICIÓN DEL PREMIO INTERNACIONAL DE HISTORIA ÓRDENES ESPAÑOLAS.

 

  • El plazo para la presentación de candidaturas se cerrará el próximo 15 de abril.
  • La dotación del Premio será de 65.000 euros.
  • El Catedrático y Académico José Antonio Escudero fue el ganador de la VII Edición.

Madrid, 18 de febrero de 2026. Las Órdenes Españolas de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, instituciones cuyo trabajo al servicio de la cultura es uno de sus rasgos distintivos, ha lanzado ya la convocatoria de la VIII Edición del Premio de Historia Órdenes Españolas. El plazo para la presentación de candidaturas se cerrará el próximo 15 de abril, y el fallo del jurado se anunciará tras la reunión del jurado que se celebra en el mes de mayo.

El objetivo de este premio, que tiene una dotación de 65.000 €, es poner en valor la Historia y la trayectoria de aquellos investigadores que han trabajado con esfuerzo y rigor en transmitir la verdad de los hechos pasados, con la consideración de que alguna parte de su obra esté relacionada con lo hispánico y su proyección en el mundo.

Jurado del Premio Internacional de Historia Órdenes Españolas.

El Catedrático y Académico José Antonio Escudero resultó el ganador del Premio de la VII Edición por su prestigiosa trayectoria como historiador y jurista con gran reconocimiento a nivel internacional en el terreno del Derecho, de las Instituciones político-administrativas y de la Inquisición en Europa. La noticia se comunicó por parte de S.A.R. Don Pedro de Borbón Dos Sicilias y de Orleans, presidente del jurado del Premio, en el concurrido evento Spanish Contribution to the American Revolution realizado gracias a la colaboración de la Armada Española, y organizado por la Fundación Órdenes Españolas y el Queen Sofía Spanish Institute, en el marco de la iniciativa America&Spain250, que tiene como objetivo celebrar, a través de una serie de actividades, los 250 años de la amistad compartida entre Estados Unidos, España y el mundo hispanohablante.

La última edición del Premio se cerró con el mayor número de inscritos de su trayectoria, 42 candidaturas de 19 países presentadas por prestigiosas instituciones. Desde su inicio en 2017, se han recibido cerca de 200 candidaturas procedentes de países de todo el mundo.

El premio está gestionado por la Fundación Órdenes Españolas y cuenta con el apoyo de: la Fundación Areces; la Fundación Talgo; la Real Asociación de Hidalgos de España; la Fundación Nemesio Diez; Don Ramón Pérez-Maura, a título personal; y a través de la asociación de Historiae Amicus, gestionada por la Fundación Órdenes Españolas e integrada por diferentes personas a título individual. Lo que permiten que el Premio tenga cada vez mayor presencia y reconocimiento en la sociedad actual.
El jurado está presidido por Don Pedro de Borbón Dos Sicilias y de Orleans, duque de Calabria, presidente a su vez del Real Consejo de las Órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa.

Los ganadores de las ediciones anteriores fueron: Sir John H. Elliott (I Edición), Don Miguel Ángel Ladero (II Edición), Don Enrique Krauze (III Edición), Doña Carmen Iglesias (IV Edición), Don Giovanni Muto (V Edición), Doña Carla Rahn Phillips (VI Edición) y Don José Antonio Escudero (VII Edición).


Contacto de prensa: María José Murillo: mjmurillo.ext@somosexperiences.com

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martes, 17 de febrero de 2026

CELEBRACIÓN DEL CAPÍTULO ANUAL DEL REAL CUERPO DE LA NOBLEZA DE MADRID, 24 DE ENERO DE 2026.

 

El Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, con la venia de Su Majestad el Rey, Jefe Supremo del mismo, celebró la tradicional ceremonia de investidura anual el pasado 24 de enero, en conmemoración de la festividad de su Santo Patrono San Ildefonso.
Como es tradición en la corporación madrileña, la solemne ceremonia se celebró en el Real Monasterio de la Encarnación, de monjas agustinas recoletas, engalanado por Patrimonio Nacional al efecto para recibir a los nuevos caballeros que han solicitado su ingreso y cumplían con las exigencias previstas en sus estatutos para incorporarse a esta antigua corporación.

El acto contó con la presencia de SAIR el Archiduque de Austria que es el actual Embajador de Hungría en España y fue presidido por el Presidente del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, Excmo. Sr. Conde de Paredes de Nava, Grande de España, quien tomó la Promesa e impuso el Manto a los nuevos Caballeros que fueron los siguientes:

-Excmo. Sr. Duque de Frías y de Escalona, Grande de España.
-Excmo. Sr. Duque de Montealegre, Grande de España.
-Ilmo. Sr. Marqués de Vargas y Conde de San Cristóbal.
-Ilmo. Sr. D. Fernando de las Alas-Pumariño y Sánchez.
-Ilmo. Sr. D.  Ramiro Ceballos-Escalera y Jofre.
-Ilmo. Sr. D. Jacobo Díaz de Bustamante y González-Arnao.


Asistieron y fueron testigos del ingreso en la Corporación de los neófitos; representantes de las siguientes entidades y corporaciones nobiliarias: Excmo. Sr. Teniente General D. Eduardo Diz Monje, Jefe del Cuarto Militar de la Casa de S.M. el Rey (q.D.g.); Excmo. Sr. General del Aire Miguel Ángel Villarroya, Gran Canciller de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo; Excmo. Sr. Conde de Casa Galindo, Grande de España, Secretario de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España y Títulos del Reino; Excmo. Sr. D. Fernando Gortázar y Rotaeche, Secretario del Real Consejo de las Órdenes Españolas; Ilmo. Sr. Coronel D. Luis Alfonso Choya, Jefe de la Guardia Real; Ilmo. Sr. Marqués de Fuente el Sol de la Real Hermandad de Caballeros de San Fernando,  también estuvieron representadas la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, la Soberana y Militar Orden de Malta, la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge, la Real Maestranza de Caballería de Valencia, la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, el Real Cuerpo de la Nobleza de Cataluña, el Real Estamento Militar del Principado de Gerona y la Real Asociación de Hidalgos de España.

Finalizada la ceremonia de ingreso dio comienzo la Santa Eucaristía, presidida por el Rvdo. Monseñor Don Joaquín Martín Abad, Capellán del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid y Capellán Mayor del Real Monasterio, que concelebró con el Rvdo. Capellán Don Javier Calvo, dando término a la ceremonia con la reunión del Capítulo junto a las Corporaciones invitadas en la Sacristía Mayor de la Iglesia, donde se rezó un responso por los Caballeros y Damas fallecidos desde la última celebración.

Se dio fin a la jornada con un cóctel de confraternización, celebrado en la Real Gran Peña, a la que asistieron más de ciento sesenta personas, miembros del Real Cuerpo, representantes de las Corporaciones invitadas y amigos. Al finalizar, el Presidente del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, pronunció un breve discurso, dando la bienvenida a los nuevos Caballeros, agradeciendo la compañía y trasmitió a todos los miembros la felicitación de S.M. El Rey, Jefe Supremo del Real Cuerpo, que ha sido comunicada por el Jefe de Su Casa, finalizando con un brindis por S.M. El Rey (q.D.g.).


Para saber más: https://rcnm.es/

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