sábado, 18 de abril de 2026

CONVENIO DE COLABORACIÓN ENTRE LA FUNDACIÓN ZABALLOS Y EL INSTITUTO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS BANCES Y VALDÉS.

 

El pasado viernes 10 de abril de 2026 tuvo lugar la firma de un relevante convenio de colaboración institucional entre la Fundación Zaballos y el Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés, en la Sala Principal del Tribunal Constitucional de España, coincidiendo con el solemne acto de incorporación de nuevos académicos a dicho Instituto.

En el marco de esta ceremonia, y tras la destacada intervención del Excmo. Sr. Dr. don Juan Carlos Campo Moreno, magistrado del Tribunal Constitucional y exministro de Justicia, quien pronunció un magnífico discurso, se procedió a la firma del citado acuerdo por parte de la Iltma. Sra. Dra. doña Emilia Zaballos Pulido, en representación de la Fundación Zaballos, y el Iltmo. Sr. don  Manuel Luis Ruiz de Bucesta y Álvarez, por parte del Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés.


Este convenio tiene como objetivo principal consolidar y potenciar la cooperación cultural, académica e institucional entre ambas entidades, fomentando el desarrollo de iniciativas conjuntas de alto valor en los ámbitos de la investigación, la docencia y la difusión del conocimiento.

Entre las líneas de actuación previstas destacan:

  • La organización conjunta de cursos, seminarios, jornadas y conferencias de carácter multidisciplinar.
  • El impulso de proyectos de investigación compartidos.
  • La colaboración en actividades docentes, académicas y culturales.
  • El intercambio científico y académico entre sus miembros e instituciones asociadas.
  • El acceso y difusión compartida de publicaciones, recursos y fondos documentales.

Con la formalización de este acuerdo, ambas instituciones reafirman su compromiso con la promoción del conocimiento, la cultura jurídica e histórica, y la defensa de los valores constitucionales, consolidando una alianza estratégica orientada al progreso académico y social.

Publicado por La Mesa de los Notables.


viernes, 17 de abril de 2026

LA ORDEN DE LA CORONA DE GEORGIA: SÍMBOLO DE CONTINUIDAD DINÁSTICA Y VOCACIÓN HISTÓRICA.

 Alejandro Riestra Martínez.

Para cerrar el ciclo de entradas que hemos venido dedicando a las órdenes dinásticas vinculadas a la Casa Real de Georgia, resulta oportuno detenernos en una de las más significativas, tanto por su simbolismo como por su proyección contemporánea: la Orden de la Corona de Georgia.
Esta distinción, de creación relativamente reciente en comparación con otras órdenes tratadas en este blog, se inscribe en el contexto de la revitalización de las tradiciones monárquicas georgianas.

Instituida en el año 2009 por S.A.R. David Bagrationi, actual jefe de la Casa Real, la Orden de la Corona de Georgia se erige como una distinción moderna en su forma, pero profundamente anclada en la tradición monárquica del país. Su creación no responde a una mera voluntad honorífica, sino a una intención más elevada: recompensar a quienes, con lealtad y mérito, sirven a la causa de la identidad nacional georgiana y al ideal de restauración de la monarquía.

No fue, sin embargo, un acto espontáneo. La concepción de esta orden se remonta al año 2000, cuando el entonces jefe de la Casa, S.A.R. Jorge Bagrationi, inició una revisión del sistema premial dinástico. En aquel contexto se planteó la creación de una nueva distinción que, complementando a órdenes históricas como la Orden del Águila de Georgia, reflejara la continuidad del espíritu nacional. Aunque el proyecto quedó entonces en suspenso, sería retomado años más tarde por su hijo, quien le otorgó forma definitiva.

La Orden de la Corona de Georgia presenta una estructura deliberadamente sencilla: consta de un único grado, el de Caballero. Esta singularidad no implica una menor relevancia, sino una voluntad de preservar la pureza del reconocimiento, evitando jerarquías internas que diluyan su sentido. Su insignia, rica en simbolismo, se compone de una cruz patada esmaltada en rojo (color de la tradición georgiana) ligeramente curvada y delineada en esmalte blanco, sobre la cual se disponen la bandera nacional del país y la corona real dentro de un círculo azul, evocando la unión entre patria y legitimidad dinástica.

En el marco de las órdenes dinásticas de la Casa Real de Georgia, la Orden de la Corona ocupa un lugar específico dentro de un sistema más amplio que incluye otras distinciones de mayor antigüedad, como la Orden de la Santa Reina Tamar y la ya mencionada Orden del Águila, a las que ya hemos dedicado sendas entradas en este blog.

Conviene subrayar el peso cultural e histórico que la dinastía Bagrationi sigue manteniendo, con una resonancia significativa en los ámbitos social y eclesiástico del país. Esta relevancia se ha visto recientemente reavivada con el sermón del obispo Iobi (titular metropolitano de Urbnisi y Ruisi), quien desde el púlpito reabrió el debate monárquico en Georgia al proclamar ante los fieles y en presencia del príncipe Davit y de su hijo: «Tendremos un rey bendecido, un rey que hará grandes cosas por el futuro de Georgia».

La existencia de estas órdenes dinásticas no tiene por qué implicar poder político efectivo, sino más bien la preservación de una memoria histórica y de una identidad que trascienden las formas de gobierno.
Así, la Orden de la Corona se configura no solo como una distinción honorífica, sino como un testimonio vivo de una tradición que, lejos de extinguirse, se adapta a los tiempos sin renunciar a su esencia. En ella confluyen la simbología, la historia y la continuidad de una de las casas reales más antiguas de Europa.

En definitiva, esta distinción no es únicamente un ornamento protocolario, sino una expresión de fidelidad a un legado: el de una corona que, aunque aún hoy no se pose sobre un trono, permanece viva en la conciencia histórica de un pueblo.

Para leer el artículo sobre la Orden del Águila: aquí.
Para leer el artículo sobre la Orden de Tamar: aquí.
Para leer el artículo sobre el sermón pronunciado por el obispo Iobi: aquí.

Para saber más sobre las órdenes dinásticas de la Casa Real de Georgia: https://www.royalhouseofgeorgia.ge/

 


Publicado por La Mesa de los Notables.

jueves, 16 de abril de 2026

EL INSTITUTO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS BANCES Y VALDÉS Y LA ACADEMÍA DEL FÚTBOL ESPAÑOL RUBRICAN SU CONVENIO DE COLABORACIÓN.

 

El Presidente de la Academia del Fútbol Español, Víctor Martínez Patón, y el Presidente del Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés, Manuel Luis Ruiz de Bucesta y Álvarez, han rubricado en la sede del Tribunal Constitucional de España un convenio de colaboración entre ambas instituciones.
Este acuerdo consolida y da continuidad a la labor conjunta que ambas entidades venían desarrollando en los últimos años, fruto de la cual destacó el acto conmemorativo del Centenario de Félix Martialay, celebrado con notable éxito y participación institucional.


El convenio suscrito establece un marco de cooperación  orientado a impulsar nuevas iniciativas de carácter histórico, cultural y académico. Este esfuerzo conjunto permitirá reforzar el estudio de la historia del deporte en conexión con otras áreas del saber, como las artes y las ciencias sociales.
Con esta firma, ambas entidades reafirman su compromiso con la preservación, estudio y difusión del patrimonio histórico, consolidando una alianza estratégica que contribuirá al desarrollo cultural y académico en sus respectivos ámbitos de actuación.

Para ver el artículo publicado en la web de la Academia del Fútbol Español: aquí.
Más Información:https://www.bancesyvaldes.com/

Publicado por La Mesa de los Notables.

miércoles, 15 de abril de 2026

LA ORDEN GEORGIANA DE LA REINA TAMAR.

 Alejandro Riestra Martínez

El origen de esta orden dinástica de la Casa Real de Georgia se sitúa en el contexto convulso de la Primera Guerra Mundial.
Con el objetivo de debilitar la retaguardia rusa, el Comité Nacional Georgiano operaba en Berlín bajo la dirección del príncipe Giorgi Machabeli y Mikheil Tsereteli. En ese marco, se reclutó en 1915 una tropa compuesta por entre 1200 y 1500 hombres de procedencia georgiana (Legión Georgiana), que combatió en Transcaucasia bajo el mando del general Leo Kereselidze, figura militar y política de gran relieve que había encabezado la Unión de Tradicionalistas Georgianos durante su exilio.

Imagen de la Reina Tamar.

El arrojo de esta tropa y su disposición al combate impulsaron la creación de una condecoración: la «Insignia de la Santa Reina Tamar», instituida por la misma Legión para distinguir a aquellos georgianos que prestaban un servicio extraordinario en favor de la independencia nacional. La distinción, concebida en dos clases (civil y militar), fue diseñada por el teniente alemán Horst Schliephack, incorporando en su cinta los colores nacionales de la época: rojo y negro.

Este galardón alcanzó reconocimiento oficial en 1918, al ser adoptado por la República Democrática de Georgia como una orden al mérito. Sin embargo, su existencia fue interrumpida por la llegada del régimen comunista. La memoria de esta institución, no obstante, perduró, hasta que fue restaurada por S.A.R. el Príncipe Irakly a petición de la Unión de Georgianos Tradicionalistas. Con el consentimiento de su padre, S.A.R. Giorgi XIII, el príncipe asumió el Gran Maestrazgo, devolviendo a la Orden su carácter y dignidad. En esta nueva etapa, la Orden trascendió las fronteras de Georgia, siendo concedida a miembros destacados de la diáspora georgiana y a figuras de la realeza europea. 

Imagen impresa de la época: miembros de la Legión Gerogiana.

Tras el fallecimiento del Príncipe Irakly, su hijo, S.A.R. Giorgi XIII, optó por no continuar las concesiones, manteniendo la Orden en un estado de inactividad por razones de discreción, aunque preservando su legado simbólico dentro del patrimonio dinástico.
En tiempos recientes, y como continuidad de esta herencia histórica, S.A.R. el Príncipe Davit Bagrationi decidió reincorporar la Orden al patrimonio ecuestre de la Casa Real de Georgia, dotándola de una nueva Carta Constitucional y reactivando su función como instrumento de reconocimiento y honor.
La Orden se establece en la actualidad con los siguientes grados: Gran Collar (Caballero o Dama), Senador (Caballero o Dama) y Caballero/Dama.

El nombre de la misma rinde homenaje a la reina Tamar, una de las figuras más emblemáticas de la historia de Georgia. Nacida en 1160, hija del rey Giorgi III y de la princesa Burdukhan, su juventud estuvo marcada por intrigas y rebeliones nobiliarias que intentaron cuestionar la sucesión. Tras la firme respuesta de su padre y su preparación como corregente en 1178, Tamar ascendió al trono en 1184 en la catedral de Gelati, cerca de Kutaisi.

Placa de la Orden (Condecoralia Artesanos)

Su reinado se enfrentó inicialmente con la oposición de la nobleza, pero logró consolidar su autoridad gracias a su determinación y al apoyo de figuras clave como la reina Rusudani y el Patriarca Catholicos Miguel IV. Su primer matrimonio, forzado por razones políticas con el príncipe Giorgi Bobolyuski, resultó fallido, lo que la llevó a buscar alianzas más sólidas con nobles leales, especialmente la familia Mkhargrdzeli.

En 1187 se divorció y se casó con el príncipe Davit Soslan, un líder militar decisivo en sus victorias. Bajo su gobierno, el reino de Georgia alcanzó su mayor expansión, logrando importantes triunfos militares, como la derrota del Atabeg de Azerbaiyán Abu Bakar y la victoria en la batalla de Basiani (1204) contra Solimán II, sultán de Rum, tras su firme negativa a abandonar el cristianismo.
La política exterior de Tamar se extendió incluso al apoyo del recién fundado Imperio de Trebisonda, con el que mantenía vínculos dinásticos, consolidando así la influencia georgiana en la región. En 1206, la expansión territorial era un hecho incontestable.

Este periodo coincide con la célebre Edad de Oro georgiana, caracterizada por un extraordinario florecimiento cultural y político. Tamar ostentaba títulos de una solemnidad sin precedentes: “Por la gracia de Dios, Reina de Reyes, Reina de las Reinas de los Abhakazianos, Armenios, Kakhetianos y Kartalianos, Autócrata de todo Oriente y Occidente, Gloria del Mundo y de la Fe, Campeona del Señor”.
Falleció en 1213, siendo sucedida por su hijo Giorgi. La Iglesia Ortodoxa la canonizó, reconociendo en ella virtudes excepcionales: humildad, sabiduría, religiosidad, amor al prójimo y firmeza de carácter. También destacó por su implicación en la vida eclesiástica, convocando un concilio para restablecer el orden y combatir la corrupción que había afectado a ciertos líderes religiosos.
Su legado trasciende la historia política: La Santa Reina Tamar es considerada una de las principales arquitectas de la identidad nacional georgiana, cuya influencia perdura hasta nuestros días.

Así, esta Orden conjuga el valor militar y el compromiso político en tiempos de guerra, con la historia y la continuidad simbólica de la monarquía georgiana, preservando en su esencia el espíritu de una reina que encarnó el esplendor de toda una nación.

Para saber más sobre las órdenes dinásticas de la Casa Real de Georgia: https://www.royalhouseofgeorgia.ge/

Publicado por La Mesa de los Notables.


martes, 14 de abril de 2026

NÚMERO II DE LA REVISTA TAZMÍA, DE LA SOCIEDAD TOLEDANA DE ESTUDIOS HERÁLDICOS Y GENEALÓGICOS.

 

La Sociedad Toledana de Estudios Heráldicos y Genealógicos (STEHG) ha presentado el número II de su revista científica Tazmía, una publicación especializada en heráldica, genealogía, nobiliaria y disciplinas emblemáticas que consolida su posición como referente en el ámbito de los estudios históricos y simbólicos.
Este nuevo número reúne un conjunto de trabajos de investigación que abordan, desde diversas perspectivas, el estudio del patrimonio heráldico, la historia de los linajes, la documentación nobiliaria y la simbología territorial, con especial atención al ámbito toledano y castellano-manchego, sin renunciar a una proyección nacional.

Entre sus contenidos destacan estudios sobre colecciones museísticas vinculadas a la nobleza, análisis de heráldica territorial, investigaciones genealógicas de linajes históricos y trabajos centrados en documentación de hidalguía y patrimonio conventual, configurando un volumen de gran riqueza científica.
Asimismo, la publicación incluye el discurso de ingreso del Dr. Antonio Casado Poyales, dedicado al escudo de la antigua Universidad de Toledo y a la pervivencia de la iconografía de Santa Catalina, así como las memorias de los cursos académicos recientes de la Sociedad, que reflejan la intensa actividad institucional desarrollada en los últimos años.

La presentación de este número se enmarca en el contexto de la próxima conmemoración del 45 aniversario de la STEHG (1981–2026), efeméride que pone en valor más de cuatro décadas de trayectoria dedicadas a la investigación, conservación y difusión del patrimonio emblemático.
El presidente de la Sociedad, José María San Román Cutanda, ha destacado que Tazmía continúa con la vocación de convertirse en un espacio de referencia para el estudio de la emblemática, entendida como una herramienta fundamental para comprender nuestra historia, nuestras instituciones y nuestra identidad colectiva”.
La STEHG reafirma así su compromiso con la difusión del conocimiento y con el impulso de proyectos culturales que contribuyan al estudio y valorización del patrimonio histórico. Desde hoy, se abre el plazo de recepción de originales para el número III de la revista, que se cerrará el día treinta de noviembre de 2026.

Para consultar la revista, pinche aquí.



Publicado por La Mesa de los Notables.

lunes, 13 de abril de 2026

EL CABILDO DE CABALLEROS DE CUENCA INCORPORA EN SUS FILAS AL CONDE EDME DE VILLAINES.

Leído en Prensa. 

El pasado Viernes Santo de este 2026, el Muy Ilustre Cabildo de Caballeros de Cuenca celebró su Capítulo General con la incorporación de un nuevo caballero. En esta ocasión se trataba del conde francés Edme de Villaines, quien pasó a formar parte de la institución en un acto solemne cargado de tradición.

La ceremonia de juramento e imposición del manto tuvo lugar en la «Capilla Honda» y estuvo presidida por el maestre del Cabildo, don Alberto Muro y Castillo. El nuevo capitular fue apadrinado por don Diego Fernández de Córdova y Cerveró y por don Pedro Álvarez de Toledo y Martín de Peralta, en un acto que contó también con la presencia de distintas corporaciones nobiliarias españolas. La celebración litúrgica fue dirigida por el prior del Cabildo, don Miguel Ángel Albares y Albares.

La jornada estuvo marcada por distintos momentos de convivencia y tradición. Antes del acto de nombramiento, los miembros del Cabildo participaron en una comida de hermandad y en los Santos Oficios celebrados en la Catedral de Cuenca por el obispo don José María Yanguas. Asimismo, en la Sala Capitular se dio lectura a las actas correspondientes a las últimas sesiones internas de la institución.

Tras la ceremonia, los caballeros participaron en la tradicional procesión del Santo Entierro, uno de los momentos más destacados de la Semana Santa conquense. En ella desfilaron las imágenes del Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz, ambas pertenecientes al Cabildo, que fueron trasladadas desde la Catedral hasta la iglesia de El Salvador acompañadas por capitulares y representantes de otras corporaciones.

Como es habitual, la procesión contó con una amplia presencia institucional, tanto civil como militar, además de la participación de la Guardia Civil en las labores de custodia. Numerosos fieles y miembros de cofradías y hermandades de la ciudad se congregaron para recibir a las imágenes en su llegada a la parroquia de El Salvador, en un momento especialmente emotivo.

El Cabildo ha querido destacar, un año más, el buen desarrollo de la procesión y ha mostrado su agradecimiento a todas las personas e instituciones que han contribuido a que el Santo Entierro se celebre con el brillo y la solemnidad que lo caracterizan.

Fuente: Voces de Cuenca (https://www.vocesdecuenca.com)



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domingo, 12 de abril de 2026

EL INSTITUTO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS BANCES Y VALDÉS INCORPORA NUEVAS VOCES EN UNA CEREMONIA MARCADA POR LA MEMORIA, EL DERECHO Y EL HUMANISMO.

 Riestra2026.

La Sala de Vistas del Tribunal Constitucional, espacio donde la ley se pronuncia con vocación de permanencia, acogió en la tarde de ayer un acto distinto, aunque no menos trascendente: la incorporación de nuevos académicos al Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés. Bajo la solemnidad de sus muros, la ceremonia adquirió un tono casi simbólico, como si el pasado y el presente del pensamiento jurídico y humanístico se diesen cita en un mismo instante.

Los nuevos académicos, junto a la presidencia.

Presidido por don Manuel Luis Ruiz de Bucesta, acompañado por doña Carolina Rius Alarcó, magistrada de la Audiencia Nacional y  el teniente general don Rubén García Servet, el acto se desarrolló con la cadencia de los rituales que no necesitan alardes. En lugar preferente, los nuevos académicos don Juan Carlos Campo Moreno, don Carmelo Nvono-Ncá, don Christian Duverger, doña Pilar María de Vicente y Trapiello, doña Concepción de Rueda y Escardó, doña Virtudes Azpitarte García, don Daniel San Martín Viscasillas y don Bartolomé Ribas Ozonas encarnaban, cada uno desde su disciplina, una forma distinta de entender el conocimiento: la historia, la diplomacia, la empresa, la ciencia o el derecho como lenguajes complementarios de una misma aspiración.

Pero fue la palabra la que terminó por dar profundidad al encuentro.

En su discurso de ingreso, don Juan Carlos Campo no se limitó a evocar el pasado: lo convocó. Desde la tribuna, trazó una línea invisible, y sin embargo firme, entre la Constitución de Cádiz de 1812 y la Constitución española de 1978, como si ambas dialogaran a través del tiempo. En ese diálogo, las voces de Agustín de Argüelles y Gaspar Melchor de Jovellanos emergieron no como figuras estáticas de los libros, sino como presencias vivas, arquitectos de una idea de España fundada en la libertad, la ley y la razón.

Una parte del público asistente.

Cádiz apareció entonces no solo como un lugar, sino como un origen: el instante en que la nación empezó a pensarse a sí misma en términos de derechos, de soberanía compartida, de futuro posible. Y en ese hilo que une siglos, el magistrado recordó que las leyes (cuando son justas) no solo ordenan, sino que aspiran a algo más alto: la felicidad de los pueblos.

La réplica de don Víctor Martínez Patón devolvió el eco de esas palabras con una reflexión serena sobre el equilibrio entre derechos y responsabilidades, como si el discurso iniciado encontrara en ella su contrapunto necesario.

Así, entre intervenciones, aplausos y silencios, entre memoria y presente, el acto fue revelándose como algo más que una ceremonia académica. Fue, en cierto modo, una afirmación colectiva: la de que el conocimiento no es estático, que se transmite, se renueva y se encarna en quienes lo cultivan.
Con la incorporación de estos nuevos académicos, el Instituto no solo suma nombres ilustres; prolonga una tradición. Una tradición que entiende la historia no como un refugio, sino como una herramienta para comprender el presente y orientar el porvenir.

Más Información: https://www.bancesyvaldes.com/


Publicado por La Mesa de los Notables.

sábado, 11 de abril de 2026

LA IGLESIA ORTODOXA REAVIVA DESDE EL PÚLPITO EL DEBATE MONÁRQUICO EN GEORGIA Y APUNTA A SU TRASCENDENCIA NACIONAL.

Riestra2026 

La noticia que sigue, publicada originalmente en varios medios de comunicación de Georgia, ha sido remitida para su difusión por la Rectoría de la Casa Real del país caucásico en España, en el marco de su labor de divulgación histórica y cultural en torno a la dinastía Bagrationi y su papel en el presente y el futuro de Georgia.
En una iglesia marcada por milenios de historia y espiritualidad, el eco de una idea antigua volvió a resonar con fuerza: la restauración de la monarquía en Georgia. No fue un discurso político ni un manifiesto institucional, sino un sermón. Y, sin embargo, sus palabras han trascendido el ámbito religioso para instalarse de nuevo en el debate público.

El protagonista fue Iobi (Obispo Metropolitano de Urbnisi y Ruisi), una figura destacada de la Iglesia Ortodoxa Georgiana y candidato a ser entronizado como futuro Patriarca de la Iglesia Georgiana, quien desde el púlpito evocó un futuro en el que el país volvería a tener rey. No se trató de una metáfora, sino de una afirmación directa, cargada de simbolismo: “Tendremos un rey bendecido, un rey que hará grandes cosas por el futuro de Georgia”, proclamó ante los fieles.

La escena no fue menor. Entre los asistentes se encontraba S.A.R Davit Bagrationi actual Jefe de la Casa Real de Georgia, junto a su hijo. Su presencia añadió un matiz político y dinástico a unas palabras que, de otro modo, podrían haber quedado en el terreno de lo espiritual o lo simbólico.

La dinastía Bagrationi, que gobernó durante siglos hasta la anexión del reino por el Imperio ruso a comienzos del siglo XIX, sigue ocupando un lugar singular en la identidad nacional georgiana. Para cada vez más personas, representa no solo un pasado glorioso, sino también un ideal de unidad en un país que, desde su independencia en 1991 tras la disolución de la Unión Soviética, ha atravesado profundas tensiones políticas, territoriales y sociales.
En ese contexto, las palabras del metropolitano adquieren una dimensión que va más allá de la retórica religiosa. “El rey será un pilar de equilibrio en la nación, un portador de paz y un símbolo de unidad”, afirmó, apelando a una visión casi providencial de la figura monárquica.

No es la primera vez que figuras destacadas de la Iglesia Ortodoxa Georgiana (una de las instituciones más influyentes del país) sugieren la restauración monárquica como alternativa política. El propio patriarca Ilia II de Georgia ha expresado en el pasado simpatía por la idea de una monarquía constitucional, aunque sin que ello haya cristalizado en un proyecto político concreto.

El sermón del obispo Iobi no se limitó a la cuestión dinástica. En un tono marcadamente espiritual, también hizo referencia a la reciente publicación de una oración para la elección del futuro patriarca, en un momento en que la sucesión en la cúpula eclesiástica empieza a percibirse como una cuestión relevante.

Todos ustedes están obligados a rezar esta oración”, instó, subrayando que no se trata de apoyar a una figura concreta, sino de pedir guía divina para el liderazgo futuro del país. En sus palabras, la política y la religión se entrelazan en una visión donde el destino nacional está profundamente ligado a la voluntad de Dios.

Lejos de ser una simple evocación del pasado, la idea de una restauración monárquica en Georgia comienza a percibirse como una oportunidad de futuro. En un escenario político a menudo polarizado, la figura de un monarca constitucional, desvinculado de las luchas partidistas, podría actuar como un elemento de cohesión nacional capaz de reforzar la estabilidad institucional y proyectar una imagen de continuidad histórica. Experiencias en países europeos donde la monarquía convive con sistemas democráticos consolidados sugieren que esta fórmula no solo es viable, sino que puede contribuir a fortalecer la identidad colectiva y la confianza ciudadana. En este sentido el interés por la dinastía Bagrationi no se limita a la memoria, sino que apunta hacia una posible síntesis entre tradición y modernidad, en la que la Corona podría desempeñar un papel integrador en el desarrollo político y espiritual del país.

Para leer el artículo original: aquí.
Para ver la retransmisión de esta parte del sermón: aquí.
Para saber más sobre las órdenes dinásticas de la Casa Real de Georgia: https://www.royalhouseofgeorgia.ge/

Riestra2026.

Publicado por La Mesa de los Notables.

viernes, 10 de abril de 2026

PRESENTACIÓN DEL LIBRO «ISABEL DE CASTILLA EN SEGOVIA: PRINCESA Y REINA» .

 

En el corazón de Segovia, ciudad de piedra dorada y memoria viva, la figura de Isabel I de Castilla continúa ocupando un lugar de preminencia absoluta. Bajo el evocador título “Isabel de Castilla en Segovia: Princesa y Reina”, se presenta una obra que no solo nos muestra su legado, sino que también reivindica el papel decisivo de esta ciudad en uno de los momentos más trascendentales de la monarquía hispánica.

El acto, que tendrá lugar el próximo 21 de abril de 2026 en el Palacio Episcopal de Segovia, no es una simple presentación editorial. Se trata de un encuentro con la historia, una conmemoración que pone broche final al 550º aniversario de la proclamación de Isabel como reina de Castilla, acontecida precisamente en esa misma ciudad en 1474.


Este evento cuenta con la implicación de prestigiosas instituciones cuya colaboración subraya la relevancia histórica y científica del evento, como son la Maestranza de Caballería de Castilla, la Academia Andaluza de la Historia, la Académie Belgo-Espagnole d’Histoire, la Asociación de Condecorados de la Real Orden de Isabel la Católica, los Amigos de la Casa de la Moneda de Segovia, la Universidad Católica de Ávila, el Museo Casa de la Moneda de Segovia, la Fundación Alfonsiana y la Librería Cervantes.

Publicada por La Mesa de los Notables.

jueves, 9 de abril de 2026

LA «REAL ORDEN DE LA LEGITIMIDAD PROSCRIPTA» .

 Riestra2026.

Ayer mismo estuve hablando con un amigo, Gonzalo Pallarés Aguilar, hombre de profundas convicciones católicas y tradicionalista en su esencia, sobre la escasa notoriedad que las distinciones y ordenes dinásticas y militares ligadas al “Carlismo” han tenido y tienen en nuestro país. En la larga historia de este movimiento han existido numerosas distinciones para premiar a aquellos que se distinguieron en diversas acciones bélicas durante cualquiera de las tres guerras civiles que se vivieron en la España del siglo XIX. Así, por ejemplo, la Cruz de Montejurra, la Medalla de Alpens o la de Somorrostro, todas ellas concedidas por Carlos VII a combatientes de la Tercera Guerra Carlista. Pero solo esta orden, creada en 1923 por Jaime III, hijo de Carlos VII, pervive en el presente.

«LA REAL ORDEN DE LA LEGITIMIDAD PROSCRIPTA»: MEMORIA DE UNA FIDELIDAD EN EL EXILIO.

En la historia de España hay instituciones que no nacieron en palacios ni en salones ministeriales, sino en la intemperie de la derrota. La Legitimidad Proscripta pertenece a esa estirpe: no es solo una condecoración, sino un símbolo de resistencia, de fidelidad sostenida en la adversidad, de una causa que, derrotada en los campos de batalla, buscó perpetuarse en la memoria de sus partidarios.
Para comprender su significado es necesario retroceder al universo del carlismo, ese movimiento político y dinástico surgido en el siglo XIX que defendía una concepción tradicional de la monarquía española, enfrentada al liberalismo triunfante. Tras las guerras carlistas, perdidas una tras otra, el legitimismo quedó relegado a los márgenes: sin trono, sin poder, pero no sin seguidores.


La Orden fue creada el 16 de abril de 1923 por el pretendiente carlista don Jaime de Borbón y Borbón-Parma, conocido por sus partidarios como Jaime III. No lo hizo desde España, sino desde París, lo cual ya anticipa su naturaleza: una institución concebida desde el exilio, para quienes vivían (o sufrían) las consecuencias de una causa proscrita.
El propio don Jaime explicaba su propósito con palabras sencillas y solemnes: premiar a quienes, por “sus sufrimientos o servicios”, se hicieran dignos de reconocimiento.
No era una orden cortesana al uso. No recompensaba éxitos políticos ni servicios al Estado, sino lealtades personales y sacrificios silenciosos.

El primer condecorado fue el marqués de Villores, su secretario político, seguido pronto por otros nombres del universo carlista, entre ellos intelectuales como don Ramón María del Valle-Inclán, cuya adhesión a la causa legitimista no fue meramente estética, sino también simbólica.
A diferencia de otras órdenes dinásticas europeas, la de la Legitimidad Proscripta nace con una condición implícita: su existencia está ligada a una pretendida anomalía histórica, lo que ellos denominan: la ausencia del “rey legítimo” en el trono.
Según sus propios principios fundacionales, la Orden debía durar solo mientras persistiera el destierro de los reyes carlistas, como una suerte de testimonio vivo de una pretendida legitimidad no reconocida.

Sus insignias reflejan esta dualidad entre duelo y esperanza: el color negro, símbolo del exilio y la pérdida y el color verde, signo de la esperanza en una pretendida "restauración". Así, cada cruz no era solo una distinción honorífica, sino una narración condensada de una historia de derrota y espera.
Tras la muerte de don Jaime en 1931, la jefatura de la Orden pasó a otros pretendientes carlistas, como don Alfonso Carlos de Borbón y, más tarde, don Javier de Borbón-Parma, manteniendo siempre su carácter de orden dinástica vinculada a la Casa de Borbón-Parma.
Sin embargo, el siglo XX trajo cambios profundos. El carlismo, lejos de desaparecer, se fragmentó ideológicamente: desde el tradicionalismo más estricto hasta interpretaciones más sociales o incluso autogestionarias en su etapa tardía.

En este contexto, la Orden también evolucionó. En el año 2000, don Carlos Hugo de Borbón-Parma la reorganizó y le dio estatutos formales, adoptando el nombre de Real Orden de la Legitimidad Proscripta. Pero esa reorganización no fue unánime. La división dinástica del carlismo se reflejó también en la Orden, que hoy presenta dos obediencias distintas, encabezadas respectivamente por don Carlos Javier de Borbón-Parma y don Sixto Enrique de Borbón. De este modo, incluso en su forma contemporánea, la Orden conserva el signo de la fractura que ha acompañado históricamente al movimiento carlista.

Más allá de su valor como condecoración, la Legitimidad Proscripta tiene un significado más profundo:
- Memoria de una España alternativa: representa la pervivencia de una idea de España distinta a la liberal y centralizadora, basada en la tradición, los fueros y una pretendida legitimidad dinástica.
- Cultura del honor político: en un tiempo en que la política se mide por resultados, la Orden premia la fidelidad incluso en la derrota, una ética que recuerda a los códigos caballerescos.
- Símbolo de resistencia ideológica: Aunque el carlismo hoy tiene escasa relevancia política, la Orden sigue siendo un referente identitario en círculos tradicionalistas.

En la actualidad, esta distinción subsiste como una institución dinástica y simbólica, sin ningún reconocimiento oficial por parte del Estado español, pero activa en determinados ámbitos culturales y carlistas. Se sigue concediendo a personalidades vinculadas al pensamiento tradicionalista o a la defensa de la causa que encarna el carlismo, lo que demuestra que, aunque el contexto histórico haya cambiado, la lógica interna de la Orden permanece intacta: premiar la fidelidad a una idea de "legitimidad" que ellos consideran aún vigente.

La historia suele escribirse desde la victoria, pero instituciones como esta nos recuerdan que también existe una historia de los vencidos, no necesariamente extinguida, sino transformada.
En sus cruces negras y verdes late una paradoja profundamente española: la de una causa que, aun derrotada, se niega a desaparecer; la de una pretendida legitimidad que, creyéndose proscrita, reclama su lugar en la memoria. Porque, al fin y al cabo, no todas las coronas pesan por el "oro que contienen": algunas lo hacen por la persistencia de quienes siguen creyendo en ellas.

Publicado por La Mesa de los Notables.

miércoles, 8 de abril de 2026

LA ORDEN DEL ÁGUILA DE GEORGIA.

Alejandro Riestra Martínez. 

La Orden del Águila de Georgia y la Túnica Inconsútil de Nuestro Señor Jesucristo se alza como una de las expresiones más elevadas de la continuidad histórica y espiritual de la Casa Real de Georgia, la dinastía Bagrationi, cuya legitimidad y antigüedad se inscriben en la tradición más ancestral en el ámbito cristiano. Su origen se vincula a la época de esplendor del Reino de Georgia, particularmente bajo la monarquía de la Reina Tamar (1184–1213), soberana cuya figura representa el apogeo político, cultural y religioso del reino, así como la consolidación de su proyección internacional, incluyendo sus vínculos con el Imperio de Trebisonda, al que prestó apoyo y estabilidad en el contexto de la compleja geopolítica de su tiempo.

Desde esta raíz histórica, la Orden se configura como una institución de carácter familiar, concebida no como una simple distinción, sino como la manifestación viva de un linaje que ha sabido custodiar su identidad a lo largo de los siglos. La dinastía Bagrationi, tradicionalmente vinculada a la Casa de David, ha conservado una simbología profundamente arraigada en la herencia bíblica, expresada en su propio blasón: el arpa, evocando al rey David como salmista; la honda con la piedra, símbolo de la victoria sobre Goliat y de la protección divina; y las balanzas, asociadas a la sabiduría de Salomón. Estos elementos no solo decoran, sino que proclaman una continuidad espiritual que trasciende el tiempo, convirtiendo a la institución en un testimonio vivo de fe, tradición y legitimidad histórica.

El emblema de la Orden también sintetiza esta herencia en una composición heráldica de gran riqueza simbólica: el águila coronada, emblema de soberanía, vigilancia, poder y elevación espiritual, enmarca la representación de la Túnica de Cristo (la Túnica sin costuras), situada en el escusón central. Este elemento remite a la tradición georgiana que sitúa la custodia de dicha reliquia en la catedral de Svetitsjoveli, en Mtskheta, corazón espiritual de la nación, reforzando así el vínculo entre la fe cristiana y la legitimidad dinástica. Sustentándolo todo, la cruz patada de gules refuerza el carácter marcial, caballeresco y profundamente cristiano de la Orden, integrando en un solo símbolo la devoción y la historia.

Armas de la Casa Real de Georgia.

Esta Orden ha servido a Georgia no solo como fuerza militar, sino también como una herramienta diplomática para expandir la fe ortodoxa y la influencia georgiana en Bizancio, y en épocas actuales como auxilio al pueblo georgiano, manteniendo siempre un compromiso inquebrantable con su identidad y su destino histórico.

La tradición que precede a  la creación de esta Orden, nos remonta a los hitos georgianos en Tierra Santa durante Las Cruzadas, especialmente durante el asalto a las murallas de Jerusalén, aunque, si bien las crónicas occidentales reservan ese honor a las huestes flamencas de Godofredo de Bouillon, la estela de Georgia en la Ciudad Santa brilla con su propia luz. En los albores de su Edad de Oro, bajo la égida del invicto David IV, el Constructor, el reino se alzaba como el baluarte cristiano del Cáucaso. Aunque el monarca sostenía su propia cruzada expulsando a las huestes seleúcidas de sus tierras y contribuyendo así a debilitar la presión musulmana hacia el norte, favoreciendo el equilibrio geopolítico en el que se desenvolvieron las Cruzadas, no permitió que los ejércitos de la cruz luchasen en Tierra Santa sin su apoyo: una marea de peregrinos armados y nobles caballeros georgianos, movidos por una fe inquebrantable, se fundieron con el contingente cruzado. Estos guerreros fueron la vanguardia silenciosa que unió el Cáucaso con el Santo Sepulcro, forjando con su acero un vínculo eterno entre Georgia y la cristiandad universal, elevando así el honor y el prestigio de la tradición caballeresca georgiana.

A lo largo de los siglos, la Casa Real de Georgia ha atravesado pruebas históricas de gran magnitud: la fragmentación del reino, las presiones de potencias vecinas, la incorporación al Imperio ruso y el periodo soviético. Sin embargo, lejos de desaparecer, el linaje Bagrationi mantuvo viva su identidad, preservando su función simbólica como depositaria de la continuidad histórica y espiritual de la nación georgiana, actuando como faro de memoria, dignidad y resistencia.

En el siglo XX, en el contexto del exilio, S.A.R. el Príncipe Irakly Bagrationi-Mukhrani restituyó la Orden como expresión de esa continuidad, reafirmando su carácter dinástico y su vocación de permanencia. Esta restauración no solo recuperó una institución, sino que reafirmó un principio fundamental: la pervivencia de una tradición que se niega a ser extinguida, otorgándole preeminencia sobre todas las demás órdenes dinásticas de su casa, en virtud de su significado histórico, espiritual y simbólico.

Posteriormente, bajo la dirección de S.A.R. el Príncipe Giorgi Bagrationi y, más tarde, de S.A.R. el Príncipe Davit Bagrationi, la Orden ha sido reorganizada, ampliada y adaptada a los tiempos contemporáneos, manteniendo intacto su espíritu original. Su estructura en grados, su proyección internacional y su apertura a aquellos que destacan por su mérito y compromiso reflejan su carácter vivo, su dinamismo y su relevancia en el mundo actual, sin renunciar jamás a su esencia tradicional.

S.A.R. El Príncipe Davit.

La Orden se estructura en una jerarquía de cinco grados, que reflejan tanto la tradición caballeresca como la dignidad propia de una institución dinástica: Caballero, Comendador, Gran Oficial, Gran Cruz y Gran Collar. Esta gradación no solo establece niveles de reconocimiento, sino que expresa una progresión en el honor y el mérito, reservando el grado más alto (el Gran Collar) a aquellas figuras que representan de manera más plena los valores, la dignidad y la excelencia de la Casa Real.

A lo largo del tiempo, la institución ha mantenido su carácter selectivo y su vocación de excelencia, otorgándose a quienes destacan por su contribución, su virtud y su compromiso con los ideales que representa: la fe cristiana, la fidelidad a la tradición y el apoyo a la causa histórica y cultural de Georgia. Su estructura ha permitido, además, su proyección internacional, consolidando su presencia en distintos países y adaptándose a la realidad contemporánea mediante la organización en rectorados y el uso de diversas lenguas en su funcionamiento, lo que refuerza su universalidad sin menoscabo de su identidad.

En su conjunto, la Orden del Águila de Georgia y la Túnica Inconsútil de Nuestro Señor Jesucristo se erige como una institución viva, portadora de una herencia milenaria y de una misión trascendente. Es la expresión de una continuidad que ha sobrevivido a imperios, transformaciones y adversidades, y que hoy sigue proyectándose como símbolo de identidad, tradición, honor y dignidad dinástica. En ella confluyen la memoria histórica de Georgia, la tradición de su monarquía y la permanencia de un linaje que ha sabido mantenerse fiel a su origen a lo largo del tiempo, erigiéndose como custodios de valores espirituales, históricos y caballerescos que trascienden generaciones.

Para saber más sobre las órdenes dinásticas de la Casa Real de Georgia: https://www.royalhouseofgeorgia.ge/



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martes, 7 de abril de 2026

PUBLICADO EL NÚMERO 104 DE CUADERNOS DE AYALA.

 

Recientemente ha visto la luz el número 104 de Cuadernos de Ayala, la prestigiosa revista trimestral de la Federación Española de Genealogía, Heráldica y Ciencias Históricas. Esta publicación se ha consolidado como un referente indispensable para todos aquellos interesados en la historia institucional, el estudio de las órdenes y condecoraciones, la genealogía, la heráldica, la nobiliaria y la iconografía, abarcando asimismo aspectos fundamentales del ceremonial y el protocolo.

Como bien conocen nuestros lectores, la revista está dirigida por el doctor don Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, marqués de la Floresta y vizconde de Ayala, cuya sólida trayectoria académica y firme compromiso con la difusión del conocimiento histórico garantizan el rigor y la calidad de cada uno de sus números.
Además de su indudable valor académico, Cuadernos de Ayala ha servido como plataforma de interacción, intercambio y debate entre instituciones, asociaciones y especialistas interesados en estas disciplinas, consolidándose como un destacado punto de encuentro para estudiosos de toda España y del ámbito hispano.


Puede descargarse el número actual y consultarse las ediciones anteriores en formato PDF en el siguiente enlace:https://cuadernosdeayala.com/publicaciones/

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lunes, 6 de abril de 2026

LOS ACTOS DE INGRESO DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS BANCES Y VALDÉS SE CELEBRARÁN EN EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL.

 

El Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés comunica que los actos de ingreso de nuevos académicos, previstos para el próximo día 10 de este mes de abril y anunciados inicialmente en la sede del Senado de España, se celebrarán finalmente en el Tribunal Constitucional.
Esta modificación obedece a la inesperada indisponibilidad del personal necesario en la Cámara Alta a la hora prevista, circunstancia que ha hecho preciso el cambio de ubicación.

Lejos de desvirtuar el espíritu de la convocatoria, este traslado permitirá mantener el desarrollo de la ceremonia en un marco institucional de la máxima dignidad, sin menoscabo alguno del propósito académico que inspira la jornada.
La hora de inicio queda definitivamente fijada a las 18:00 horas del citado día, momento en que darán comienzo los actos con la lectura del discurso de ingreso del recipiendario, que será pronunciado por el Excmo. Sr. D. Juan Carlos Campo Moreno.

El Instituto confía en que este ajuste no disminuya el interés de los asistentes y reitera su firme compromiso con la difusión rigurosa de nuestra cultura y la preservación de la memoria histórica que nos define.

Más Información: https://www.bancesyvaldes.com/


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miércoles, 1 de abril de 2026

CEREMONIA Y TOMA DE POSESIÓN DE NUEVOS ACADÉMICOS EN EL BANCES Y VALDÉS, EN EL SENADO DEL REINO.

 Riestra2026.

En una época en la que el ruido político amenaza con eclipsar la reflexión histórica, actos como el vamos a anunciar en esta entrada, organizado por el Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés, adquieren un valor singular. No se trata solo de una ceremonia académica: es, en esencia, una reivindicación del pensamiento histórico como fundamento de la vida pública.

El próximo 10 de abril de 2026, el solemne marco del Senado de España acogerá la toma de posesión de nuevos académicos de esta institución, heredera del legado ilustrado de Antonio Juan de Bances y Valdés, figura que encarna el espíritu de erudición comprometida con la sociedad. Fundado sobre ese ideario, el Instituto mantiene como misión la difusión del conocimiento histórico, artístico y científico, con especial atención a Asturias y su proyección en España.

El acto responde a una liturgia académica profundamente arraigada: el ingreso de nuevos miembros mediante la lectura de un discurso, seguido de una contestación institucional. Este modelo, heredado de las academias ilustradas, no es una mera formalidad, sino una forma de diálogo intelectual. En ceremonias recientes de este Instituto de Estudios Históricos, los nuevos académicos han presentado investigaciones y reflexiones que abarcan desde la historia hasta la ciencia contemporánea, reafirmando el carácter interdisciplinar de la institución.

En esta ocasión, el protagonismo recaerá en don Juan Carlos Campo Moreno, quien pronunciará la lección magistral bajo un título que ya es, por sí mismo, toda una declaración de intenciones: De Asturias a Cádiz: Argüelles, Jovellanos y la forja jurídico-constitucional de la España liberal (1812-1822)”.

Este discurso nos trasladará a uno de los momentos fundacionales de la España contemporánea: el ciclo liberal iniciado en Cádiz en 1812. Allí, figuras como Gaspar Melchor de Jovellanos y Agustín de Argüelles contribuyeron decisivamente a la construcción de un nuevo orden político basado en la soberanía nacional, la división de poderes y los derechos individuales.
La Constitución de 1812 (la célebre “Pepa”) no fue solo un texto jurídico, sino un proyecto de país. En ella confluyeron las aspiraciones reformistas de la Ilustración española y las urgencias políticas de una nación en guerra. El periodo que se extiende hasta 1822, objeto del discurso, abarca además el turbulento Trienio Liberal, donde aquellas ideas intentaron materializarse frente a resistencias internas y externas.
El título subraya un aspecto a menudo olvidado: el papel de Asturias como semillero de pensamiento político. Jovellanos, figura central de la Ilustración española, no solo aportó ideas, sino un método: el análisis racional de la realidad social como base de la reforma. Esa tradición enlaza con la figura de Bances y Valdés, cuya obra histórica del siglo XVIII buscaba comprender el pasado para orientar el futuro.

No es casual que el Instituto de Estudios Históricos que lleva su nombre mantenga hoy esa misma vocación. Con un cuerpo selecto, la institución reúne a personalidades de distintos ámbitos, desde diplomáticos hasta intelectuales, reforzando su carácter plural.
La elección del Senado del Reino de España no es un detalle menor. Como cámara de representación territorial, encarna una dimensión histórica del Estado que conecta con los debates constitucionales del siglo XIX. Celebrar allí la incorporación de nuevos Académicos es, en cierto modo, tender un puente entre la historia y la institucionalidad contemporánea.

En los últimos años, el Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés ha consolidado su presencia en la vida cultural mediante actos solemnes, publicaciones y convenios con otras entidades académicas y diplomáticas. Su capacidad de convocatoria queda reflejada en la diversidad de sus miembros y en la relevancia de los perfiles incorporados, que incluyen figuras del ámbito político, cultural y académico, tanto nacionales como internacionales.

Más allá del protocolo, el acto del 10 de abril encierra una idea poderosa: la historia no es un archivo muerto, sino una herramienta viva para comprender el presente. En un tiempo de incertidumbre, volver a Cádiz, a Jovellanos, a Argüelles, es también preguntarse por los fundamentos de nuestra convivencia.
Y tal vez ese sea el verdadero sentido de la ceremonia: recordar que toda sociedad necesita, de vez en cuando, detenerse, mirar atrás y preguntarse hacia dónde quiere ir.

Más Información: https://www.bancesyvaldes.com/


Ponente: Juan Carlos Campo Moreno (Osuna, Sevilla, 17 de octubre de 1961) magistrado, escritor y político español. Desde 2023 forma parte del Tribunal Constitucional, tras una destacada trayectoria institucional que incluye su labor como ministro de Justicia (2020–2021), secretario de Estado de Justicia (2009–2011) y vocal del Consejo General del Poder Judicial (2001–2008).



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