Por su indudable interés nos hacemos eco del artículo que, ayer día 20, publicaba la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía en su web oficial https://ramhg.es/.
Veritas, non vanitas. Otro archiperre
premial.
20 enero, 2026.
El pasado 29 de diciembre, fecha en la
que la mayoría de los políticos, funcionarios y ciudadanos en general están
enfrascados en las ocupaciones domésticas y familiares propias de las fiestas
navideñas, el Boletín Oficial del Estado publicó una Orden Ministerial creando
un nuevo archiperre premial que viene a sumarse a la cincuentena de
distinciones honoríficas tuteladas directamente por el Gobierno de España.
Tras un preámbulo expositivo a modo de
justificación, ‒en realidad, una farfolla grimosa que acoge todos los tópicos y
desvaríos a que nos tienen acostumbrados desde hace unas décadas las
innovaciones gubernamentales en materia premial‒, ve la luz ¿una medalla? ¿una
condecoración? ¿una insignia? con una denominación tan campanuda como inane:
Distintivo Honorífico al Mérito al Servicio Público en el Territorio.
Lo de “en el Territorio” tiene guasa.
Hay que leer hasta el final el texto de la disposición para entender que lo que
sus promotores han pretendido con el constructo de marras es reconocer la labor
y dedicación de “las empleadas y empleados públicos” (el lenguaje desdoblado
que no falte) y de “las unidades de la Administración General del Estado”
territoriales, es decir lo que se conocen como servicios periféricos y
delegaciones y subdelegaciones del Gobierno en las islas, provincias y
Comunidades Autónomas.
El caso es que nuestro ordenamiento
jurídico ya dispone de una importante y prestigiosa distinción para “premiar
los méritos de carácter civil adquiridos por el personal dependiente de algunas
de las Administraciones Públicas” que es, ‒lo deberían saber nuestros
regidores‒, la Orden del Mérito Civil instituida por S. M. Alfonso XIII el 26
de junio de 1926, Orden que dentro de muy poco cumplirá cien años. No hacía
falta, por tanto, alumbrar ninguna presea honorífica de nuevo cuño pues los
méritos susceptibles de ser recompensados con ella se encuentran suficiente y
claramente contemplados en nuestras leyes premiales.
Ni que decir tiene, el articulado del
Real Decreto no hay por donde cogerlo. Particularmente llamativo resulta que se
omita el diseño gráfico del “Distintivo” así como la vehemencia con que se
alude a la normativa de protección de datos, un trampantojo para seguir
manteniendo la opacidad de las concesiones.
Otro abalorio más que permitirá en lo
sucesivo al ministro de turno, en este caso al titular de Política Territorial
y Memoria Democrática, dar rienda suelta a su magnanimidad y elevación de ánimo
para con los funcionarios “agradaores” (que diría un castizo).
Para acceder al artículo original: aquí.
Publicado por La Mesa de los Notables.
