Alejandro Riestra Martínez.
Entre los bestiarios medievales y las leyendas que cruzaron
los siglos, surge una criatura tan temible como fascinante: la cocatriz. Este
ser fabuloso, mezcla de gallo y serpiente, se alza como símbolo de peligro,
misterio y poder en la iconografía que rodea a la ciencia del blasón. Después
de dedicarle al grifón un artículo en este mismo blog, no me resisto a
hablarles de la cocatriz. “La emperatiz del misterio”.
La cocatriz nace del mito del basilisco, la criatura cuyo
aliento y mirada eran mortales. Sin embargo, la cocatriz adopta rasgos más
avícolas: su cabeza de gallo, coronada por una cresta roja y ojos fulgurantes,
se cierne sobre un cuerpo serpentino o dracónico, a menudo alado, que se
enrosca con agilidad y amenaza a quien ose acercarse. Se dice que su canto
produce un estremecimiento mortal y que su pico puede perforar la armadura más
resistente.
Según el historiador y heraldista, tristemente fallecido en 2019,
José María de Montells y Galán (1) (cuyas armas
simples ilustran este artículo) este ser mítico “es el rey de los
serpentiformes, y cuenta la fábula que nació de un huevo de gallina fecundado
por una venenosa serpiente, e incluso algunos autores le atribuyen la facultad
de hablar”.
En los textos donde se la nombra, la cocatriz se convierte en
prueba de valor y astucia. Caballeros errantes debían enfrentarse a su mirada o
derrotarla mediante el ingenio, pues ningún combate físico podía garantizar la
victoria frente a su veneno y furia sobrenatural. Escritores medievales la
mencionan como símbolo del engaño, dado su doble naturaleza: ave y reptil,
bello y letal a la vez.
En heráldica, la cocatriz representa valor extremo y astucia. A menudo se dibuja en escudos sosteniendo garfios o en
actitud de ataque, destacando la combinación de fuerza serpentina y el ímpetu
del gallo. Su presencia en un escudo no solo advertía del coraje de su
portador, sino también de la sagacidad para enfrentarse a enemigos
impredecibles. Los colores típicos que acompañan a la cocatriz heráldica son:
oro como símbolo de nobleza y prestigio, gules para el valor y la pasión, las
de sínople representan la amistad, la cortesía y la caballerosidad; quedando el sable reservado para la prudencia y el misterio.
Hoy, la cocatriz es más que un mito; es un recordatorio de
que la belleza y el peligro pueden coexistir en un mismo ser. Su figura sigue
apareciendo en la literatura heráldica manteniendo viva la fascinación por lo
desconocido y lo extraordinario. Representa, además, la eterna tensión entre
realidad y fantasía, desafiando al observador a cuestionar los límites de lo
posible.
(1) Don José María de Montells y Galán
(Madrid, 1949 – †2019), insigne historiador y estudioso de las ciencias del
blasón, hizo de la heráldica una forma de pensamiento y de la historia un arte.
Doctor en Ciencias Empresariales, Licenciado en Historia, poeta, editor y Rey de Armas, su vida estuvo profundamente entrelazada
con los símbolos, la cultura y el arte.
Publicado por La Mesa de los Notables.

