miércoles, 15 de abril de 2026

LA ORDEN GEORGIANA DE LA REINA TAMAR.

 Alejandro Riestra Martínez

El origen de esta orden dinástica de la Casa Real de Georgia se sitúa en el contexto convulso de la Primera Guerra Mundial.
Con el objetivo de debilitar la retaguardia rusa, el Comité Nacional Georgiano operaba en Berlín bajo la dirección del príncipe Giorgi Machabeli y Mikheil Tsereteli. En ese marco, se reclutó en 1915 una tropa compuesta por entre 1200 y 1500 hombres de procedencia georgiana (Legión Georgiana), que combatió en Transcaucasia bajo el mando del general Leo Kereselidze, figura militar y política de gran relieve que había encabezado la Unión de Tradicionalistas Georgianos durante su exilio.

Imagen de la Reina Tamar.

El arrojo de esta tropa y su disposición al combate impulsaron la creación de una condecoración: la «Insignia de la Santa Reina Tamar», instituida por la misma Legión para distinguir a aquellos georgianos que prestaban un servicio extraordinario en favor de la independencia nacional. La distinción, concebida en dos clases (civil y militar), fue diseñada por el teniente alemán Horst Schliephack, incorporando en su cinta los colores nacionales de la época: rojo y negro.

Este galardón alcanzó reconocimiento oficial en 1918, al ser adoptado por la República Democrática de Georgia como una orden al mérito. Sin embargo, su existencia fue interrumpida por la llegada del régimen comunista. La memoria de esta institución, no obstante, perduró, hasta que fue restaurada por S.A.R. el Príncipe Irakly a petición de la Unión de Georgianos Tradicionalistas. Con el consentimiento de su padre, S.A.R. Giorgi XIII, el príncipe asumió el Gran Maestrazgo, devolviendo a la Orden su carácter y dignidad. En esta nueva etapa, la Orden trascendió las fronteras de Georgia, siendo concedida a miembros destacados de la diáspora georgiana y a figuras de la realeza europea. 

Imagen impresa de la época: miembros de la Legión Gerogiana.

Tras el fallecimiento del Príncipe Irakly, su hijo, S.A.R. Giorgi XIII, optó por no continuar las concesiones, manteniendo la Orden en un estado de inactividad por razones de discreción, aunque preservando su legado simbólico dentro del patrimonio dinástico.
En tiempos recientes, y como continuidad de esta herencia histórica, S.A.R. el Príncipe Davit Bagrationi decidió reincorporar la Orden al patrimonio ecuestre de la Casa Real de Georgia, dotándola de una nueva Carta Constitucional y reactivando su función como instrumento de reconocimiento y honor.
La Orden se establece en la actualidad con los siguientes grados: Gran Collar (Caballero o Dama), Senador (Caballero o Dama) y Caballero/Dama.

El nombre de la misma rinde homenaje a la reina Tamar, una de las figuras más emblemáticas de la historia de Georgia. Nacida en 1160, hija del rey Giorgi III y de la princesa Burdukhan, su juventud estuvo marcada por intrigas y rebeliones nobiliarias que intentaron cuestionar la sucesión. Tras la firme respuesta de su padre y su preparación como corregente en 1178, Tamar ascendió al trono en 1184 en la catedral de Gelati, cerca de Kutaisi.

Placa de la Orden (Condecoralia Artesanos)

Su reinado se enfrentó inicialmente con la oposición de la nobleza, pero logró consolidar su autoridad gracias a su determinación y al apoyo de figuras clave como la reina Rusudani y el Patriarca Catholicos Miguel IV. Su primer matrimonio, forzado por razones políticas con el príncipe Giorgi Bobolyuski, resultó fallido, lo que la llevó a buscar alianzas más sólidas con nobles leales, especialmente la familia Mkhargrdzeli.

En 1187 se divorció y se casó con el príncipe Davit Soslan, un líder militar decisivo en sus victorias. Bajo su gobierno, el reino de Georgia alcanzó su mayor expansión, logrando importantes triunfos militares, como la derrota del Atabeg de Azerbaiyán Abu Bakar y la victoria en la batalla de Basiani (1204) contra Solimán II, sultán de Rum, tras su firme negativa a abandonar el cristianismo.
La política exterior de Tamar se extendió incluso al apoyo del recién fundado Imperio de Trebisonda, con el que mantenía vínculos dinásticos, consolidando así la influencia georgiana en la región. En 1206, la expansión territorial era un hecho incontestable.

Este periodo coincide con la célebre Edad de Oro georgiana, caracterizada por un extraordinario florecimiento cultural y político. Tamar ostentaba títulos de una solemnidad sin precedentes: “Por la gracia de Dios, Reina de Reyes, Reina de las Reinas de los Abhakazianos, Armenios, Kakhetianos y Kartalianos, Autócrata de todo Oriente y Occidente, Gloria del Mundo y de la Fe, Campeona del Señor”.
Falleció en 1213, siendo sucedida por su hijo Giorgi. La Iglesia Ortodoxa la canonizó, reconociendo en ella virtudes excepcionales: humildad, sabiduría, religiosidad, amor al prójimo y firmeza de carácter. También destacó por su implicación en la vida eclesiástica, convocando un concilio para restablecer el orden y combatir la corrupción que había afectado a ciertos líderes religiosos.
Su legado trasciende la historia política: La Santa Reina Tamar es considerada una de las principales arquitectas de la identidad nacional georgiana, cuya influencia perdura hasta nuestros días.

Así, esta Orden conjuga el valor militar y el compromiso político en tiempos de guerra, con la historia y la continuidad simbólica de la monarquía georgiana, preservando en su esencia el espíritu de una reina que encarnó el esplendor de toda una nación.

Para saber más sobre las órdenes dinásticas de la Casa Real de Georgia: https://www.royalhouseofgeorgia.ge/

Publicado por La Mesa de los Notables.