Riestra2026.
Con la entrada de hoy iniciamos un
recorrido dedicado a las órdenes dinásticas de la Casa de Borbón-Parma, una de
las grandes casas de la Europa moderna, heredera de la tradición histórica de
los antiguos Ducados de Parma, Piacenza y Lucca.
A lo largo de los siglos, esta familia
ha conservado un importante patrimonio histórico, heráldico y caballeresco
vinculado a las instituciones honoríficas creadas o asumidas por sus soberanos.
En la actualidad, la Casa de
Borbón-Parma continúa administrando determinadas órdenes dinásticas históricas,
conferidas por el jefe de la Casa, don Carlos Javier de
Borbón-Parma, duque de Parma y Piacenza, a personas distinguidas por méritos civiles,
culturales, institucionales, militares o benéficos. Estas distinciones poseen
carácter dinástico y honorífico, no estatal, aunque el uso de algunas de ellas quizás pudiera ser autorizado (previa solicitud de parte y de manera individualizada), según las noticias que tenemos, en la República Italiana conforme a la legislación vigente y a las disposiciones de la Ley n.º 178 de 1951 sobre
condecoraciones no nacionales.
La concesión de estas órdenes se realiza
de manera discrecional y limitada, siguiendo las tradiciones y estatutos
propios de cada institución, que habitualmente excluyen solicitudes,
candidaturas o autocandidaturas. Más allá de su dimensión protocolaria, estas
órdenes representan la continuidad histórica de una tradición caballeresca
europea que enlaza memoria dinástica, servicio público y preservación del
legado cultural e histórico de Parma y Piacenza.
LA ORDEN CONSTANTINIANA DE SAN JORGE DE LA CASA BORBÓN-PARMA.
La Sagrada Orden Angélica, Imperial y Constantiniana
de San Jorge reivindica sus orígenes vinculados a la tradición bizantina de los
Comneno y fue transmitida en 1697 por el último representante de dicha línea
dinástica, sin herederos directos, a Francisco Farnesio, duque de Parma y
Piacenza.
La cesión del Gran Magisterio fue
aprobada en 1699 por Leopoldo I de Habsburgo y confirmada ese mismo año por
Inocencio XII. En 1700, Francisco Farnesio asumió solemnemente el Gran
Magisterio en la Iglesia Magistral de la Steccata de Parma, convertida con
aprobación pontificia en sede conventual de la Orden. Posteriormente promulgó
los Estatutos de 1705, aprobados por la Santa Sede, que continúan constituyendo
la base histórica y normativa de la institución. La bula Militantis Ecclesiae
de 1718, promulgada por Clemente XI, confirmó el carácter dinástico de la Orden
y vinculó el Gran Magisterio a los descendientes de la familia Farnesio y a los
duques de Parma y Piacenza.
Tras la extinción de la línea masculina
Farnesio, el Gran Magisterio pasó a Carlos III de España, hijo de Isabel
Farnesio y de Felipe V de España. Cuando Carlos accedió al trono de las Dos
Sicilias, trasladó el Gran Magisterio a Nápoles, circunstancia que dio lugar
posteriormente a una prolongada controversia histórica y dinástica entre la
rama napolitana y la parmesana acerca de la titularidad de la Orden. Durante el
siglo XVIII, los duques de Parma Felipe y Fernando reivindicaron la continuidad
del Gran Magisterio parmesano, aunque sin éxito político.
En 1816, María Luisa de Austria restauró
la tradición constantiniana en Parma y asumió el Gran Magisterio como duquesa
de Parma y descendiente de los Farnesio por línea materna. Poco después
reorganizó la Orden, nombró nuevos caballeros y estableció una comisión
heráldica presidida por el Príncipe de Soragna para regular el acceso a las
categorías nobiliarias.
Desde entonces coexistieron las ramas
constantinianas de Parma y Nápoles en un contexto de tolerancia mutua derivado
de complejas cuestiones jurídicas e históricas. Con el regreso de los Borbones
a Parma en 1847, el Gran Magisterio fue asumido por Carlos II de Parma y
posteriormente por Carlos III de Parma. Durante el siglo XIX, la Orden de Parma
fue concedida a numerosas personalidades europeas, incluidos soberanos y jefes
de Estado como el emperador de Austria, el emperador del Brasil, el zar de
Rusia, el rey de Prusia y Francisco de Asís de Borbón. Tras la unificación
italiana, Roberto I de Parma continuó otorgando la Orden tanto a miembros de la
familia ducal como a destacados dignatarios europeos, entre ellos Alberto I de
Mónaco y los reyes de Bulgaria Fernando I y Boris III.
Aunque los bienes históricos vinculados
a la Orden, incluida la Iglesia Magistral de la Steccata, pasaron a
administración estatal tras la unificación italiana, la tradición heráldica y
caballeresca permaneció vinculada a la Casa de Borbón-Parma. Durante el siglo
XX se consolidó en Parma una administración autónoma del patrimonio
constantiniano, respaldada por autoridades civiles y eclesiásticas locales,
manteniéndose como una institución estrechamente ligada a la memoria y
tradición históricas parmesanas.
En el ámbito honorífico, la República
Italiana autorizó el uso de sus veneras como honor no nacional, conforme a
la Ley n.º 178 de 1951. Asimismo, y en la actualidad, el uso de algunas de las órdenes dinásticas
parmesanas, entre las que pensamos se encuentra la que hoy nos ocupa, aún puede
ser autorizada en ese país conforme a su actual legislación (previa solicitud del interesado y de manera individualizada), aunque insistimos en la excepcionalidad de sus concesiones.
El
Gran Magisterio, como hemos señalado al inicio de esta entrada, es ejercido por
don Carlos Javier de Borbón-Parma, jefe de la Casa de Borbón-Parma, quien concede
estas distinciones de forma muy limitada a personalidades destacadas
en los ámbitos cultural, histórico, institucional, militar y benéfico,
especialmente vinculadas a la preservación de las tradiciones históricas de
Parma y Piacenza.
La Orden comprende tradicionalmente los
grados de Caballero de Primera Clase, Caballero de Segunda Clase, Comendador y
Gran Cruz. Su insignia o venera consiste en una cruz de oro con los brazos
terminados en flor de lis, sobre la cual figura el monograma de Cristo formado
por las letras griegas XP . En los extremos de la cruz aparecen las letras
IHSV, acrónimo de la expresión latina In Hoc Signo Vinces (“Con este signo
vencerás”), mientras que del monograma central penden las letras Alfa (Α) y
Omega (Ω), símbolos del principio y del fin. La insignia pende tradicionalmente
de una cinta de color celeste.
Más allá de su dimensión honorífica y
caballeresca, la Orden Constantiniana de la Casa Borbón-Parma permanece
como testimonio vivo de una tradición histórica que ha atravesado imperios,
dinastías y transformaciones políticas durante más de tres siglos. Entre la
memoria de Bizancio, el legado de los Farnesio y la continuidad de la esta Casa Ducal, la Orden conserva aún hoy una singular vocación de fidelidad a
los ideales de servicio y honor. Como las antiguas insignias que sobreviven al paso de las coronas y de los
estados, su cruz constantiniana continúa evocando no solo una herencia
dinástica, sino también una idea de continuidad histórica donde tradición,
cultura y espíritu caballeresco siguen dialogando con el presente.
Para más información:https://www.borboneparma.it/
Riestra2026.
Publicado
por La Mesa de los Notables.

