jueves, 28 de mayo de 2026

LA ORDEN CONSTANTINIANA DE LA CASA BORBÓN-PARMA.

 Riestra2026.

Con la entrada de hoy iniciamos un recorrido dedicado a las órdenes dinásticas de la Casa de Borbón-Parma, una de las grandes casas de la Europa moderna, heredera de la tradición histórica de los antiguos Ducados de Parma, Piacenza y Lucca.
A lo largo de los siglos, esta familia ha conservado un importante patrimonio histórico, heráldico y caballeresco vinculado a las instituciones honoríficas creadas o asumidas por sus soberanos.

En la actualidad, la Casa de Borbón-Parma continúa administrando determinadas órdenes dinásticas históricas, conferidas por el jefe de la Casa, don Carlos Javier de Borbón-Parma, duque de Parma y Piacenza, a personas distinguidas por méritos civiles, culturales, institucionales, militares o benéficos. Estas distinciones poseen carácter dinástico y honorífico, no estatal, aunque el uso de algunas de ellas quizás pudiera ser autorizado (previa solicitud de parte y de manera individualizada), según las noticias que tenemos, en la República Italiana conforme a la legislación vigente y a las disposiciones de la Ley n.º 178 de 1951 sobre condecoraciones no nacionales.

La concesión de estas órdenes se realiza de manera discrecional y limitada, siguiendo las tradiciones y estatutos propios de cada institución, que habitualmente excluyen solicitudes, candidaturas o autocandidaturas. Más allá de su dimensión protocolaria, estas órdenes representan la continuidad histórica de una tradición caballeresca europea que enlaza memoria dinástica, servicio público y preservación del legado cultural e histórico de Parma y Piacenza.


LA ORDEN CONSTANTINIANA DE SAN JORGE DE LA CASA BORBÓN-PARMA.


La Sagrada Orden Angélica, Imperial y Constantiniana de San Jorge reivindica sus orígenes vinculados a la tradición bizantina de los Comneno y fue transmitida en 1697 por el último representante de dicha línea dinástica, sin herederos directos, a Francisco Farnesio, duque de Parma y Piacenza.

La cesión del Gran Magisterio fue aprobada en 1699 por Leopoldo I de Habsburgo y confirmada ese mismo año por Inocencio XII. En 1700, Francisco Farnesio asumió solemnemente el Gran Magisterio en la Iglesia Magistral de la Steccata de Parma, convertida con aprobación pontificia en sede conventual de la Orden. Posteriormente promulgó los Estatutos de 1705, aprobados por la Santa Sede, que continúan constituyendo la base histórica y normativa de la institución. La bula Militantis Ecclesiae de 1718, promulgada por Clemente XI, confirmó el carácter dinástico de la Orden y vinculó el Gran Magisterio a los descendientes de la familia Farnesio y a los duques de Parma y Piacenza.

Tras la extinción de la línea masculina Farnesio, el Gran Magisterio pasó a Carlos III de España, hijo de Isabel Farnesio y de Felipe V de España. Cuando Carlos accedió al trono de las Dos Sicilias, trasladó el Gran Magisterio a Nápoles, circunstancia que dio lugar posteriormente a una prolongada controversia histórica y dinástica entre la rama napolitana y la parmesana acerca de la titularidad de la Orden. Durante el siglo XVIII, los duques de Parma Felipe y Fernando reivindicaron la continuidad del Gran Magisterio parmesano, aunque sin éxito político. 

En 1816, María Luisa de Austria restauró la tradición constantiniana en Parma y asumió el Gran Magisterio como duquesa de Parma y descendiente de los Farnesio por línea materna. Poco después reorganizó la Orden, nombró nuevos caballeros y estableció una comisión heráldica presidida por el Príncipe de Soragna para regular el acceso a las categorías nobiliarias.

Desde entonces coexistieron las ramas constantinianas de Parma y Nápoles en un contexto de tolerancia mutua derivado de complejas cuestiones jurídicas e históricas. Con el regreso de los Borbones a Parma en 1847, el Gran Magisterio fue asumido por Carlos II de Parma y posteriormente por Carlos III de Parma. Durante el siglo XIX, la Orden de Parma fue concedida a numerosas personalidades europeas, incluidos soberanos y jefes de Estado como el emperador de Austria, el emperador del Brasil, el zar de Rusia, el rey de Prusia y Francisco de Asís de Borbón. Tras la unificación italiana, Roberto I de Parma continuó otorgando la Orden tanto a miembros de la familia ducal como a destacados dignatarios europeos, entre ellos Alberto I de Mónaco y los reyes de Bulgaria Fernando I y Boris III.

Aunque los bienes históricos vinculados a la Orden, incluida la Iglesia Magistral de la Steccata, pasaron a administración estatal tras la unificación italiana, la tradición heráldica y caballeresca permaneció vinculada a la Casa de Borbón-Parma. Durante el siglo XX se consolidó en Parma una administración autónoma del patrimonio constantiniano, respaldada por autoridades civiles y eclesiásticas locales, manteniéndose como una institución estrechamente ligada a la memoria y tradición históricas parmesanas.

En el ámbito honorífico, la República Italiana autorizó el uso de sus veneras como honor no nacional, conforme a la Ley n.º 178 de 1951. Asimismo, y en la actualidad, el uso de algunas de las órdenes dinásticas parmesanas, entre las que pensamos se encuentra la que hoy nos ocupa, aún puede ser autorizada en ese país conforme a su actual legislación (previa solicitud del interesado y de manera individualizada), aunque insistimos en la excepcionalidad de sus concesiones. 
El Gran Magisterio, como hemos señalado al inicio de esta entrada, es ejercido por don Carlos Javier de Borbón-Parma, jefe de la Casa de Borbón-Parma, quien concede estas distinciones de forma  muy limitada a personalidades destacadas en los ámbitos cultural, histórico, institucional, militar y benéfico, especialmente vinculadas a la preservación de las tradiciones históricas de Parma y Piacenza.

La Orden comprende tradicionalmente los grados de Caballero de Primera Clase, Caballero de Segunda Clase, Comendador y Gran Cruz. Su insignia o venera consiste en una cruz de oro con los brazos terminados en flor de lis, sobre la cual figura el monograma de Cristo formado por las letras griegas XP . En los extremos de la cruz aparecen las letras IHSV, acrónimo de la expresión latina In Hoc Signo Vinces (“Con este signo vencerás”), mientras que del monograma central penden las letras Alfa (Α) y Omega (Ω), símbolos del principio y del fin. La insignia pende tradicionalmente de una cinta de color celeste.

Más allá de su dimensión honorífica y caballeresca, la Orden Constantiniana de la Casa Borbón-Parma permanece como testimonio vivo de una tradición histórica que ha atravesado imperios, dinastías y transformaciones políticas durante más de tres siglos. Entre la memoria de Bizancio, el legado de los Farnesio y la continuidad de la esta Casa Ducal, la Orden conserva aún hoy una singular vocación de fidelidad a los ideales de servicio y honor. Como las antiguas insignias que sobreviven al paso de las coronas y de los estados, su cruz constantiniana continúa evocando no solo una herencia dinástica, sino también una idea de continuidad histórica donde tradición, cultura y espíritu caballeresco siguen dialogando con el presente.

Para más información:https://www.borboneparma.it/

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Publicado por La Mesa de los Notables.