domingo, 25 de octubre de 2026

A PROPÓSITO DEL ARTÍCULO DE AMADEO REY SOBRE LUIS ALFONSO DE BORBÓN, PUBLICADO RECIENTEMENTE EN LA RAZÓN.

 Riestra2026.-


En estos tiempos en los que escasean los artículos que combinan rigor histórico, reflexión y criterio propio, resulta refrescante encontrar textos que vayan más allá del titular del día. Y este es, sin duda, el caso del magnífico trabajo que Amadeo Martín Rey y Cabieses publicó ayer mismo en La Razón, bajo el título «Luis Alfonso de Borbón se reivindica como heredero al trono ante el caos en Francia». Una de esas lecturas que merecen ser disfrutadas con detenimiento y que justifican, por sí solas, el reconocimiento a quien las firma.

Su lectura constituye una excelente oportunidad para recordar que la historia de las grandes dinastías europeas no se concentra exclusivamente en archivos, tratados genealógicos o en las vitrinas de los museos. También forma parte de la memoria colectiva de las naciones y, en determinadas circunstancias, puede aportar una perspectiva singular sobre los problemas del presente.

El autor consigue algo especialmente valioso como es relacionar los acontecimientos contemporáneos de Francia con su pasado monárquico, ofreciendo una reflexión que combina conocimiento histórico, sensibilidad institucional y una manifiesta consideración hacia la figura de Luis Alfonso de Borbón, duque de Anjou.
Y lo hace desde una posición intelectual perfectamente reconocible, que no pretende ocultar sus convicciones sobre la figura de Luis Alfonso.

Conviene detenerse, en primer lugar, en la personalidad de quien firma el artículo.

Amadeo Martín Rey y Cabieses no es un tertuliano ocasional de cuestiones dinásticas. Su trayectoria académica y profesional acredita una dedicación extraordinaria al estudio de la historia, la genealogía y las casas reales europeas.
Doctor en Historia por la Universidad de Navarra, doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la UNED, reúne una formación interdisciplinar poco frecuente.
Es, además, académico de número de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, institución en la que tomó posesión en mayo de 2017.

Su actividad investigadora y divulgadora comprende numerosas conferencias, publicaciones especializadas y colaboraciones periodísticas. También ha participado en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia.
A ello se añade su vinculación con instituciones históricas, nobiliarias  y caballerescas, entre ellas la Soberana Orden Militar de Malta  o la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge.


No estamos, por tanto, ante un articulista que se aproxima superficialmente al pasado de Europa, sino ante un estudioso que conoce la compleja evolución de las familias que protagonizaron buena parte de nuestra historia.
Su referencia al conde de Chambord, a la frustrada restauración monárquica francesa y a la continuidad de los derechos dinásticos permite comprender que la figura de Luis Alfonso de Borbón responde a una tradición histórica perfectamente identificable.

Especialmente evocadora resulta la referencia personal del autor a la carroza preparada para la entrada del conde de Chambord en París. Ese detalle proporciona al texto una dimensión humana que difícilmente podría transmitir una simple enumeración de acontecimientos. Es la historia contemplada no solamente desde el conocimiento, sino también desde la sensibilidad hacia aquello que pudo haber sido y finalmente no fue.

Luis Alfonso de Borbón y Martínez-Bordiú, nacido en Madrid el 25 de abril de 1974, es hijo de Alfonso de Borbón y Dampierre, duque de Cádiz, y nieto del infante Jaime de Borbón y Battenberg, duque de Segovia, segundo hijo varón del rey Alfonso XIII. Su ascendencia paterna lo vincula directamente con la dinastía de los Borbones y, por esta vía, con Luis XIV de Francia.

Tras el fallecimiento de su padre en 1989, Luis Alfonso pasó a ocupar la posición que los legitimistas franceses reconocen como jefatura de la Casa de Borbón y representación de los derechos históricos de la rama primogénita de la dinastía.
Para sus partidarios es Luis XX de Francia.

Naturalmente, Francia es una república y existen otras interpretaciones dinásticas, pero esa circunstancia no resta interés histórico a la posición de Luis Alfonso ni a la tradición sucesoria que representa. Al contrario, permite apreciar la extraordinaria continuidad de unas instituciones familiares que han sobrevivido a revoluciones, guerras, exilios y profundas transformaciones políticas. Uno de los aspectos más estimables de su figura es, precisamente, la voluntad de conservar y transmitir ese legado.

En este sentido, resulta especialmente significativa la iniciativa de presentar, en diciembre de 2025, su propia página oficial en francés, concebida para divulgar su biografía, su posición dinástica y los principios históricos y culturales que desea preservar. La iniciativa representa una forma contemporánea de mantener viva una tradición secular.

Otro de los aciertos, a mi modo de ver,  del artículo de Rey y Cabieses es la referencia a San Luis IX, rey de Francia.
La evocación resulta particularmente oportuna cuando se aproxima el octavo centenario de su coronación, celebrada en Reims el 29 de noviembre de 1226.
San Luis, canonizado por Bonifacio VIII en 1297, ocupa un lugar singular en la historia de la monarquía francesa. Su reinado constituye una referencia fundamental para comprender la evolución de la institución monárquica medieval, la administración de justicia y la concepción cristiana de las responsabilidades del soberano.

Que Luis Alfonso de Borbón evoque hoy a este antepasado no es un detalle menor.
Supone recordar una tradición en la que la autoridad debía estar acompañada de obligaciones y en la que la dignidad de quien ejercía el poder se medía también por su capacidad para procurar justicia y proteger a la comunidad.
La historia de Francia no puede comprenderse plenamente sin los Capetos y los Borbones. Desde Hugo Capeto hasta los grandes monarcas de la Edad Moderna, ambas dinastías contribuyeron decisivamente a configurar la identidad histórica del país.
Reconocerlo no exige negar la Francia contemporánea. Significa, sencillamente, aceptar que una nación es mucho más que su régimen político vigente.

En relación con los graves disturbios que motivan el artículo, considero especialmente digna de reconocimiento la posición expresada por Luis Alfonso de Borbón.
Su comunicado, difundido en octubre de 2026 y recogido también por La Razón, condena la violencia y manifiesta solidaridad con los ciudadanos afectados.
Lo verdaderamente destacable es que esa solidaridad no se limita a un único sector de la sociedad francesa. Incluye a manifestantes, vecinos, comerciantes, policías, bomberos y gendarmes. Esa amplitud de miras merece ser subrayada.

El duque de Anjou distingue entre la legitimidad de las reivindicaciones sociales y la violencia que termina perjudicándolas. Una distinción esencial para cualquier convivencia civilizada. La defensa del orden público y el reconocimiento del derecho a expresar pacíficamente el descontento no deberían presentarse como principios incompatibles. Así mismo resulta significativo que Luis Alfonso haya manifestado su disposición a servir a Francia si los franceses así lo desean. Hay una diferencia sustancial entre entender una herencia dinástica como un privilegio personal y concebirla como una responsabilidad histórica puesta al servicio de una nación.

Esta segunda interpretación es, a mi juicio, la que proporciona mayor dignidad a su posición pública. Su actitud puede valorarse favorablemente sin necesidad de aventurar escenarios políticos improbables ni presentar como inminente una restauración monárquica.
El propio Amadeo Rey reconoce, en su artículo, las enormes dificultades que supondría actualmente el retorno de la monarquía a cualquier país europeo que haya dejado atrás esa forma de Estado. Precisamente por ello, su reflexión adquiere mayor interés, no necesita prometer acontecimientos futuros para reivindicar el valor de una continuidad histórica.

Existe, además, una cuestión que merece especial atención, Europa conserva distintas familias históricas que, aun habiendo perdido sus antiguas funciones soberanas, continúan desarrollando actividades culturales, representativas, patrimoniales o sociales. El autor recuerda oportunamente los ejemplos de Rumanía, Montenegro, Bulgaria y Georgia.
Son realidades institucionales diferentes, pero comparten como característica la permanencia de un legado histórico que no quedó completamente extinguido con la desaparición de sus respectivas monarquías.

Luis Alfonso de Borbón representa esa continuidad entre pasado y presente. Y considero positivo que mantenga viva la memoria de su Casa, participe en actos conmemorativos y procure transmitir a las generaciones futuras el conocimiento de sus raíces.

La principal virtud del trabajo de Amadeo Martín Rey y Cabieses reside en haber sabido elevar una noticia de actualidad a una reflexión histórica de mayor alcance. Su artículo está escrito desde el conocimiento, la convicción y el respeto hacia una tradición dinástica que conoce profundamente. Se puede compartir o no la interpretación legitimista de la sucesión francesa, pero sería injusto ignorar su fundamento histórico o reducirla a una simple curiosidad aristocrática.

Del mismo modo, la figura de Luis Alfonso de Borbón merece ser contemplada desde una perspectiva más amplia que la ofrecida habitualmente por determinadas informaciones de carácter social. Su trayectoria pública, su interés por la historia de Francia y su voluntad de preservar el patrimonio moral y cultural de sus antepasados constituyen aspectos suficientemente relevantes para justificar una atención seria y respetuosa.

Personalmente, encuentro particularmente estimable que, ante unos acontecimientos dolorosos, haya querido expresar públicamente su preocupación por Francia y su solidaridad con quienes sufren las consecuencias de la violencia. La fidelidad a una herencia histórica adquiere mayor significado cuando se acompaña de una voluntad de servicio.

Por todo ello, desde La Mesa de Los Notables deseo expresar mi felicitación a Amadeo Martín Rey y Cabieses por este excelente artículo, por su rigor histórico y por su continuada labor de divulgación de la historia dinástica europea.
Y también mi consideración hacia Luis Alfonso de Borbón, duque de Anjou, por la dignidad con la que mantiene viva una tradición familiar estrechamente vinculada a la historia de España y de Francia. Porque, más allá de coronas, títulos y regímenes, la verdadera nobleza de una herencia se manifiesta en la responsabilidad con la que se conserva, se honra y se transmite. 

La historia, a mi entender, no es únicamente memoria de lo que fuimos. También puede ser una fuente de inspiración para aquello que aspiramos a ser.

Pueden leer el artículo de Amadeo Rey y Cabieses : aquí.

Riestra2026.

Publicado por La Mesa de los Notables.