miércoles, 1 de abril de 2026

CEREMONIA Y TOMA DE POSESIÓN DE NUEVOS ACADÉMICOS EN EL BANCES Y VALDÉS, EN EL SENADO DEL REINO.

 Riestra2026.

En una época en la que el ruido político amenaza con eclipsar la reflexión histórica, actos como el vamos a anunciar en esta entrada, organizado por el Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés, adquieren un valor singular. No se trata solo de una ceremonia académica: es, en esencia, una reivindicación del pensamiento histórico como fundamento de la vida pública.

El próximo 10 de abril de 2026, el solemne marco del Senado de España acogerá la toma de posesión de nuevos académicos de esta institución, heredera del legado ilustrado de Antonio Juan de Bances y Valdés, figura que encarna el espíritu de erudición comprometida con la sociedad. Fundado sobre ese ideario, el Instituto mantiene como misión la difusión del conocimiento histórico, artístico y científico, con especial atención a Asturias y su proyección en España.

El acto responde a una liturgia académica profundamente arraigada: el ingreso de nuevos miembros mediante la lectura de un discurso, seguido de una contestación institucional. Este modelo, heredado de las academias ilustradas, no es una mera formalidad, sino una forma de diálogo intelectual. En ceremonias recientes de este Instituto de Estudios Históricos, los nuevos académicos han presentado investigaciones y reflexiones que abarcan desde la historia hasta la ciencia contemporánea, reafirmando el carácter interdisciplinar de la institución.

En esta ocasión, el protagonismo recaerá en don Juan Carlos Campo Moreno, quien pronunciará la lección magistral bajo un título que ya es, por sí mismo, toda una declaración de intenciones: De Asturias a Cádiz: Argüelles, Jovellanos y la forja jurídico-constitucional de la España liberal (1812-1822)”.

Este discurso nos trasladará a uno de los momentos fundacionales de la España contemporánea: el ciclo liberal iniciado en Cádiz en 1812. Allí, figuras como Gaspar Melchor de Jovellanos y Agustín de Argüelles contribuyeron decisivamente a la construcción de un nuevo orden político basado en la soberanía nacional, la división de poderes y los derechos individuales.
La Constitución de 1812 (la célebre “Pepa”) no fue solo un texto jurídico, sino un proyecto de país. En ella confluyeron las aspiraciones reformistas de la Ilustración española y las urgencias políticas de una nación en guerra. El periodo que se extiende hasta 1822, objeto del discurso, abarca además el turbulento Trienio Liberal, donde aquellas ideas intentaron materializarse frente a resistencias internas y externas.
El título subraya un aspecto a menudo olvidado: el papel de Asturias como semillero de pensamiento político. Jovellanos, figura central de la Ilustración española, no solo aportó ideas, sino un método: el análisis racional de la realidad social como base de la reforma. Esa tradición enlaza con la figura de Bances y Valdés, cuya obra histórica del siglo XVIII buscaba comprender el pasado para orientar el futuro.

No es casual que el Instituto de Estudios Históricos que lleva su nombre mantenga hoy esa misma vocación. Con un cuerpo selecto, la institución reúne a personalidades de distintos ámbitos, desde diplomáticos hasta intelectuales, reforzando su carácter plural.
La elección del Senado del Reino de España no es un detalle menor. Como cámara de representación territorial, encarna una dimensión histórica del Estado que conecta con los debates constitucionales del siglo XIX. Celebrar allí la incorporación de nuevos Académicos es, en cierto modo, tender un puente entre la historia y la institucionalidad contemporánea.

En los últimos años, el Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés ha consolidado su presencia en la vida cultural mediante actos solemnes, publicaciones y convenios con otras entidades académicas y diplomáticas. Su capacidad de convocatoria queda reflejada en la diversidad de sus miembros y en la relevancia de los perfiles incorporados, que incluyen figuras del ámbito político, cultural y académico, tanto nacionales como internacionales.

Más allá del protocolo, el acto del 10 de abril encierra una idea poderosa: la historia no es un archivo muerto, sino una herramienta viva para comprender el presente. En un tiempo de incertidumbre, volver a Cádiz, a Jovellanos, a Argüelles, es también preguntarse por los fundamentos de nuestra convivencia.
Y tal vez ese sea el verdadero sentido de la ceremonia: recordar que toda sociedad necesita, de vez en cuando, detenerse, mirar atrás y preguntarse hacia dónde quiere ir.

Más Información: https://www.bancesyvaldes.com/


Ponente: Juan Carlos Campo Moreno (Osuna, Sevilla, 17 de octubre de 1961) magistrado, escritor y político español. Desde 2023 forma parte del Tribunal Constitucional, tras una destacada trayectoria institucional que incluye su labor como ministro de Justicia (2020–2021), secretario de Estado de Justicia (2009–2011) y vocal del Consejo General del Poder Judicial (2001–2008).



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martes, 31 de marzo de 2026

LA REAL ACADEMIA MATRITENSE, MIEMBRO DE HONOR DE LA FUNDACIÓN CARLOS III.

 

El Patronato de la Fundación Carlos III, (fundación cultural privada de ámbito internacional que tiene como objetivo el fomento de las artes, la ciencia, la diplomacia, el mecenazgo y el desarrollo empresarial, con especial dedicación a las relaciones de España e Iberoamérica), en sesión celebrada el 2 de diciembre de 2025, acordó nombrar “Miembro de Honor” de la institución a la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía.

En un sencillo y emotivo acto que tuvo lugar el pasado jueves 12 de marzo en la sede del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, y tras la lectura del acta de la concesión, el presidente de la Fundación, don Carlos Escudero de Burón, hizo entrega a su director, don Fernando García-Mercadal y García-Loygorri, del correspondiente diploma acreditativo de tal distinción.

Don Carlos Escudero de Burón pronunció a continuación unas breves palabras justificando el ofrecimiento en la trayectoria y actividades que viene desarrollando la Real Academia en pro de la cultura e investigación histórica y su relación con los ideales ilustrados y con nuestras naciones hermanas de Hispanoamérica. Respondió su director agradeciendo el galardón recibido y poniendo de relieve los comunes vínculos de ambas corporaciones con la defensa de la Corona y la salvaguarda y puesta en valor del patrimonio cultural español.

Asistieron al acto por parte de la Fundación Carlos III, el teniente general don Luis M. Martínez Meijide, doña Regina Revilla, doña Vanessa Pereira Durán, don Carlos del Álamo, don Javier García Bernal y don Moisés González, todos ellos miembros de su Patronato. Y por parte de la Academia, los numerarios y miembros de la Mesa doña María Teresa Fernández Talaya, don José María de Francisco Olmos, don Manuel Ladrón de Guevara e Isasa, y don Amadeo Rey Cabieses.

Más información: https://ramhg.es/



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lunes, 30 de marzo de 2026

EL CONDE DE CASA GALINDO NUEVO DECANO DE LA GRANDEZA DE ESPAÑA.

 

La Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España y Títulos del Reino ha designado como nuevo decano a don Enrique María Lasso de la Vega y Valdenebro, conde de Casa Galindo, en el marco de la asamblea celebrada el pasado 26 de marzo de 2026. El nombramiento, propuesto por la decana saliente, la duquesa de Arcos, María Cristina de Ulloa y Solís-Beaumont, fue ratificado por los miembros de la institución, que aprobaron asimismo la renovación de su consejo de gobierno.

Nacido en Sevilla en 1986, el nuevo decano representa una nueva generación dentro de la nobleza española. Licenciado en Derecho y miembro del Cuerpo de Abogados del Estado desde 2011, Lasso de la Vega ha desarrollado una destacada trayectoria en el ámbito jurídico e institucional. Actualmente ejerce como secretario general y del consejo de CUNEF Universidad, así como de la Fundación AEB, lo que le sitúa en una posición de relevancia en el ámbito académico y financiero.

Su elección supone un relevo significativo al frente de una institución histórica cuya función principal es la representación, coordinación y defensa de los intereses de la nobleza titulada española. La Diputación de la Grandeza, heredera de estructuras del Antiguo Régimen adaptadas al marco constitucional actual, mantiene hoy un papel principalmente simbólico, cultural y protocolario, además de custodiar tradiciones y promover actividades vinculadas al patrimonio histórico.

Junto al nombramiento del nuevo decano, la asamblea aprobó una renovada composición del consejo de gobierno, en la que destacan varias incorporaciones relevantes. Isabel Pascual de Quinto Santos-Suárez, baronesa de Tamarit, asumirá la secretaría del órgano, mientras que Ana Zuleta Pérez de Guzmán, marquesa de Sardoal, y Jaime Alfonsín Alfonso, recientemente ennoblecido, ocuparán posiciones destacadas dentro del consejo directivo.

La entrada de estos perfiles evidencia un proceso de actualización interna en la institución, que en los últimos años ha buscado reforzar su presencia pública y adaptarse a los cambios sociales, sin renunciar a su legado histórico. En este sentido, la elección de un decano más joven y con experiencia en ámbitos técnicos y académicos parece responder a la voluntad de proyectar una imagen de modernización y continuidad al mismo tiempo.

Aunque la nobleza carece hoy de privilegios jurídicos, su papel en la sociedad española sigue vinculado al patrimonio cultural, la historia y determinadas funciones representativas. Instituciones como la Diputación de la Grandeza actúan como nexo entre ese legado y la realidad contemporánea, articulando una presencia que combina tradición y adaptación.

El nombramiento del conde de Casa Galindo se interpreta, por tanto, como un paso más en esa evolución: una apuesta por integrar nuevas generaciones en la gestión de una institución centenaria, manteniendo su identidad pero orientándola hacia el futuro.

Más información: https://diputaciondelagrandezaytitulosdelreino.es/

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domingo, 29 de marzo de 2026

NUEVA WEB DE «DESPACHO DE GENEALOGÍA»: UNA PUERTA A LA HISTORIA FAMILIAR.

 

La genealogía no es solo una disciplina histórica; es una herramienta para ordenar el pasado y comprender mejor el presente. En este terreno, Despacho de Genealogía.  se presenta como un espacio cuidado, donde la investigación familiar se aborda con rigor, claridad y un enfoque profesional que transmite confianza desde el primer contacto.

Los investigadores de este despacho tratan el trabajo genealógico como un proceso meticuloso de análisis. Su labor combina la revisión exhaustiva de toda la documentación disponible en instituciones públicas y privadas con la reconstrucción de vínculos familiares a partir de fuentes fiables. Archivos, registros civiles y documentación histórica forman la base sobre la que se construyen estudios sólidos y bien fundamentados, lo que garantiza resultados precisos y verificables.


Uno de los aspectos más destacados de Despacho de Genealogía es su forma de comunicar. En su portal web explica de manera sencilla cómo se desarrolla el trabajo genealógico, evitando tecnicismos innecesarios y facilitando que cualquier persona pueda comprender el proceso. Esta combinación de claridad y precisión es, sin duda, uno de los mayores aciertos del portal, pues acerca la genealogía a un público amplio sin restar profesionalidad.

Esta disciplina requiere método. No se trata únicamente de recopilar nombres o fechas, sino de verificar la información, conectar datos y ofrecer coherencia a la historia familiar. Este cuidado por el detalle y la exactitud convierte una simple búsqueda en una investigación fiable y valiosa.

La propia estructura de la web acompaña esta filosofía. La navegación es intuitiva, los contenidos están bien organizados y el usuario puede encontrar con facilidad tanto la información sobre los servicios como las vías de contacto. A través de formularios sencillos, es posible plantear consultas y recibir orientación técnica y directa, algo especialmente útil para quienes se acercan por primera vez a este tipo de investigaciones.

Sin necesidad de artificios, el portal transmite profesionalidad y confianza, apoyándose en la coherencia de su propuesta y en una presentación sobria que pone el foco en lo esencial: el trabajo genealógico bien hecho.

En definitiva, Despacho de Genealogía es una opción recomendable para quienes desean explorar su historia familiar con un enfoque serio y documentado. Es un espacio donde la genealogía se presenta tal como es: una herramienta precisa para reconstruir el pasado y comprender mejor las raíces de cada historia personal.

Servicios destacados del Despacho de Genealogía:

  • Investigación de antepasados.
  • Informes genealógicos personalizados.
  • Elaboración de árboles genealógicos.
  • Estudio de apellidos y linajes.
  • Búsqueda documental en archivos.
  • Preparación de expedientes para ingreso en corporaciones nobiliarias y órdenes de caballería.
  • Identificación de personas con posibles derechos hereditarios.
  • Preparación de libros y publicaciones con editorial propia.
  • Realización de escudos heráldicos con diferentes técnicas.

Cada uno de estos servicios está diseñado para ofrecer resultados fiables y ayudar a los interesados a comprender, documentar y conservar su historia familiar, con un enfoque profesional y accesible a todos.

Para acceder a la web: https://despachodegenealogia.es/


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sábado, 28 de marzo de 2026

RUIZ DE BUCESTA, COMENDADOR DE LA ORDEN DE SANTIAGO DE LA ESPADA (BRASIL).

Riestra2026. 

Al volver a ver la fotografía que acompaña a este artículo, imagen de hace ya más de tres años, me sorprendió la fuerza del momento que había quedado congelado en ella. No es solo una foto; es un recuerdo a la dedicación y al respeto que trascienden ese mismo instante. Redescubrirla, hace un par de días en un muro de Facebook, me hizo tener conciencia de la importancia que puede tener un gesto .

Coincidiendo con los actos que el Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias celebró el pasado 2022, en la ciudad de Oviedo, Su Alteza Imperial el Príncipe Don Pedro de Orleans y Braganza, concedió el grado de Caballero Comendador de la Orden Imperial de Santiago de la Espada (Brasil) a don Manuel Luis Ruiz de Bucesta y Álvarez, canciller-secretario de la corporación nobiliaria asturiana.
Esta distinción hunde sus raíces en la edad media, y en su versión brasileña tiene carácter dinástico y honorífico, encontrándose vinculada a la Casa Imperial. La misma tiene como objetivo promover los valores de la fe, la lealtad, el servicio y el compromiso moral en la sociedad contemporánea.


La Orden Imperial de Santiago de la Espada (Brasil) no es una mera distinción; es un puente vivo entre la historia y el presente, entre la Europa del medievo y la sociedad brasileña contemporánea. Deriva de la tradición caballeresca ibérica de la Orden de Santiago, fundada en la Edad Media con fines religiosos y militares, cuando la fe y la espada se entrelazaban para proteger a los más débiles y defender los ideales más prominentes.

Tras cruzar el Atlántico con la monarquía portuguesa y consolidarse en el Imperio del Brasil, la orden adoptó un carácter dinástico y honorífico, ligado a la Casa Imperial, en particular a la rama de Petrópolis. En esta forma brasileña, la orden deja de ser una institución bélica para convertirse en un símbolo de mérito, integridad y servicio moral, recordando que la verdadera grandeza no reside únicamente en la corona, sino en la capacidad de vivir conforme a valores eternos.

Las veneras de sus diferentes grados (caballero, comendador y gran cruz), son más que meras insignias: son testimonios de fe, lealtad y compromiso con la sociedad, símbolos de una tradición que busca inspirar a quienes aspiran a la excelencia, no por ambición personal, sino por un sentido de deber y honor. La rama de Petrópolis, encargada de la salvaguarda de esta herencia, entiende que la autoridad puede residir en la historia y en la moralidad tanto como en el poder político.

Para la Casa Imperial, promover su concesión es un acto de preservación histórica y de reconocimiento a la excelencia humana, un recordatorio de que las verdaderas tradiciones no se extinguen: se transmiten y se honran.

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viernes, 27 de marzo de 2026

ACTO INSTITUCIONAL Y SOCIAL DE LA MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE CASTILLA EN MADRID (2026).

 Riestra2026.

En la tarde del sábado 25 de abril de 2026, Madrid acogerá un acto que combina tradición, historia y vida social, organizado por la Maestranza de Caballería de Castilla.
Esta corporación, a diferencia de las Reales Maestranzas clásicas del Antiguo Régimen, se configura como heredera de una tradición castellana más antigua y específicamente urbana: la de los Linajes de Segovia, documentados desde la Edad Media y articuladores de la nobleza local en el ámbito municipal.

La institución, como la conocemos, tiene un origen bien definido. Por iniciativa de los marqueses Del Arco y de La Floresta, y con el propósito de preservar esa tradición histórica y dotar a los territorios de los antiguos reinos de Castilla y León de una corporación propia, la Maestranza fue fundada en la ciudad de Segovia el 6 de enero de 1992, bajo la denominación inicial de Maestranza de Caballería de Segovia. Desde sus inicios se puso bajo los auspicios de S.A.R. el Conde de Barcelona, don Juan de Borbón (q.d.e.p.), quien aceptó el nombramiento de Primer Maestrante. A ella se incorporaron de inmediato numerosos caballeros procedentes de la Junta de Nobles Linajes de Segovia, institución fundada en 1304, reforzando así su continuidad histórica. La Maestranza fue debidamente inscrita y autorizada por el Gobierno Civil de Segovia el 5 de marzo de 1992.

El reconocimiento institucional de su trayectoria se vio reforzado cuando, el 19 de junio de 2016, Felipe VI, a propuesta de la Junta de Castilla y León y con informe favorable del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, concedió a la corporación la Corbata de Honor de la Real Orden de Isabel la Católica en el grado de Encomienda. Se trata de la más alta distinción que puede otorgarse en España a una institución o colectividad, lo que subraya la relevancia alcanzada por la Maestranza en el ámbito de las corporaciones nobiliarias y asociaciones caballerescas.
El emblema corporativo sintetiza esta identidad: un óvalo con la Banda Real de Castilla (de oro sobre campo de gules) rodeado del lema “Castilla, Castilla, Castilla”, antiguo grito de proclamación de los reyes castellano-leoneses. El conjunto aparece timbrado, en algunas ocasiones, por la Corona Real de España y acompañado, en su parte inferior, por la cruz de la Real Orden de Isabel la Católica, incorporada tras la concesión de esta distinción.

Venera de la Maestranza (Diseño de Condecoralia Artesanos).

El acto dará comienzo, a las 19.30 horas, en la Iglesia de la Concepción Real de Calatrava, templo del siglo XVII vinculado históricamente a la Orden de Calatrava. En este marco se celebrará la Santa Misa, el recibimiento de nuevos maestrantes y un responso por los miembros fallecidos y sus familiares, elementos que refuerzan la continuidad simbólica de la institución.

Tras el acto religioso, los asistentes se trasladarán al Centro Cultural de los Ejércitos, ubicado en la cercana Gran Vía. Este edificio, vinculado tradicionalmente a la vida social de los círculos militares españoles, servirá de escenario para la parte más social del encuentro. Allí se celebrará primero un aperitivo de bienvenida, seguido de una cena de gala, donde el protocolo, la etiqueta y la interacción entre los asistentes adquieren un papel central.

La velada concluirá con música en vivo en una transición natural desde el carácter institucional del inicio hacia un ambiente más distendido. Este tipo de actos refleja cómo determinadas corporaciones han sabido adaptar sus formas tradicionales a la vida contemporánea, manteniendo su identidad y su base simbólica, pero integrando también elementos sociales actuales.

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jueves, 26 de marzo de 2026

LA GRAN CRUZ DE CABALLERO DEL CUERPO DE LA NOBLEZA DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS: ARTE, HISTORIA Y TRADICIÓN.

Riestra2026.

«El emblema del Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias se alza como una síntesis simbólica de su memoria, su tradición y su identidad histórica. En él convergen elementos que evocan siglos de historia y nobleza, entretejidos con el espíritu indomable de esa tierra».

Quisiera dedicar la entrada de hoy a una de las veneras más bellas y mejor ejecutadas que conozco: la Gran Cruz de Caballero del Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias, en sus dos versiones, de cuello y  placa, y en particular aquellas realizadas por Condecoralia Artesanos bajo la dirección de don José Miguel Pecos Egea.

Estas piezas se fabrican en plata y/o en oro, y se esmaltan de manera artesanal mediante la aplicación de silicatos de vidrio. Tras la fundición y preparación del metal, se procede a su laminación y recocido, seguidos de la estampación por prensa. Una vez conformada, la pieza pasa a manos del orfebre, quien realiza el segueteado, relimado y lijado con sumo cuidado. Posteriormente, se le da forma mediante el uso de embutidores, en un proceso que exige precisión, destreza y sensibilidad artística. Concluida esta labor minuciosa, se inicia la fase de esmaltado.
El esmaltado comienza con la molienda del esmalte en un mortero de ágata, hasta obtener una textura fina y homogénea. A continuación, el material se aplica cuidadosamente con pincel sobre las distintas zonas destinadas a los colores de la condecoración, realzando así la riqueza cromática y la belleza de cada pieza.


Gran Cruz del Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias elaborada por Condecoralia.

Tras esta primera aplicación, las piezas se someten a cocción a altas temperaturas: aproximadamente 850 ºC en el caso de la plata y en torno a 900 ºC para el oro. Este paso resulta fundamental para fijar el esmalte y lograr su característico acabado vítreo, de gran resistencia y luminosidad.

Finalizado el esmaltado, algunas piezas regresan al taller del orfebre, donde se ultiman los detalles: se refinan los cantos, se sueldan los pernos necesarios para su ensamblaje y se completa el proceso con un pulido minucioso que otorga a la venera su brillo definitivo.
El resultado es una obra de orfebrería de extraordinaria calidad, en la que tradición, técnica y sensibilidad estética se combinan para dar lugar a una condecoración de notable elegancia, presencia y valor artístico.

Gran Cruz elaborada por Condecoralia

El emblema del Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias se alza como una síntesis simbólica de su memoria, su tradición y su identidad histórica. En él convergen elementos que evocan siglos de historia y nobleza, entretejidos con el espíritu indomable de esa tierra.

Preside el conjunto el yelmo, memoria viva de los astures que participaron en la Reconquista, cuya valentía y entrega forjaron no solo la defensa del territorio, sino también el carácter de un pueblo. Junto a él aparecen los caballos asturcones, inseparables del ideal caballeresco, criaturas nobles y resistentes que recorren los montes del Principado, cuna de la hidalguía y de buena parte de la nobleza de España. Estos animales no son solo símbolo de fuerza, sino también de arraigo y vínculo profundo con la tierra asturiana.

Se elevan asimismo los pendones de las grandes casas, ondeando con la dignidad de los linajes que representaron, teñidos del blanco de la paz, recordatorio de que la nobleza no se define únicamente por la guerra, sino también por la concordia y el orden. Entre ellos destaca la flor de lis, emblema de la actual Casa reinante, que se recorta sobre el fondo azul de la bandera del Principado, evocando lealtad, continuidad y legitimidad.

Rodeando el conjunto, a modo de orla, se inscribe el lema «Asturias Nunca Vencida», concedido por el rey don Fernando VII al ejército asturiano de 1808. Sin embargo, su significado trasciende aquel momento histórico: es una afirmación intemporal del espíritu asturiano, de su resistencia y firmeza a lo largo de los siglos.

El óvalo que contiene estos símbolos se cierra con hojas de laurel, imagen clásica de la victoria, que alude a los triunfos constantes, no solo en el campo de batalla, sino también en la preservación de la identidad y el honor. Acolada a este conjunto, como culminación y fundamento, se encuentra la Cruz de la Victoria, el más importante símbolo histórico de Asturias, que lo sostiene y ennoblece.

Sobre todo se alza la corona del titular del Principado, expresión de la singular condición de este territorio dentro de la monarquía española, y testimonio de su fidelidad permanente a la Corona, encarnada en la figura de su actual heredera.

Facebook de Condecoralia Artesanos: aquí.
Web de Condecoralia Artesanos: aquí.

Riestra2026.

https://www.cuerpodelanoblezadeasturias.es/
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miércoles, 25 de marzo de 2026

NUEVA WEB DE LA UNIÓN DE LA NOBLEZA DEL ANTIGUO REYNO DE MALLORCA: TRADICIÓN E HISTORIA EN CLAVE DIGITAL.

 

La Unión de la Nobleza del Antiguo Reyno de Mallorca ha dado un paso adelante en su proyección pública con el reciente lanzamiento de una página web muy renovada, un espacio digital que combina claridad, dinamismo y accesibilidad. Este portal se presenta como una herramienta especialmente útil tanto para quienes desean conocer más sobre la institución como para aquellos interesados en su actividad, facilitando el acceso a información sobre historia, requisitos de ingreso, noticias y eventos en los que participa o colabora.

Más allá de su funcionalidad, la web sirve también como puerta de entrada a una rica tradición histórica. La institución, como nuestros lectores ya conocen por artículos anteriores de este mismo blog, hunde sus raíces en la evolución de la nobleza mallorquina desde la conquista de la isla por Jaime I en el siglo XIII, cuando los caballeros y linajes establecidos configuraron la base del nuevo reino. A lo largo de los siglos, este estamento desempeñó un papel clave en la organización política, económica y cultural de la isla, dejando una huella visible tanto en el paisaje urbano como en el rural, así como en ámbitos como la milicia, el derecho o la administración.


La actual corporación, constituida en 1955 como heredera del espíritu de la histórica Confraria de Sant Jordi, nació con la vocación de preservar ese legado y adaptarlo a los nuevos tiempos. Desde entonces, ha mantenido un compromiso activo con la difusión histórica, la actividad cultural y la acción social, integrando a descendientes de antiguos linajes del ámbito balear.

La nueva web refleja precisamente esa combinación de tradición y modernidad: un espacio que no solo conserva la memoria de un pasado relevante, sino que proyecta hacia el presente y el futuro la labor de una institución que sigue reivindicando su papel en la vida cultural y social. En definitiva, una herramienta bien concebida que acerca al público una realidad histórica muchas veces desconocida, haciéndola accesible con un lenguaje actual y abierto.

Para acceder a la web: https://unarm.es/

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martes, 24 de marzo de 2026

INGRESO DE SIETE NUEVOS MIEMBROS EN LA ILUSTRE Y REAL COFRADÍA DEL PORTILLO.

 

Hemos tenido ocasión de leer en el Heraldo de Aragón, medio de referencia en esa comunidad autónoma, un artículo firmado por Alejandro Toquero y fechado el 21 de marzo de 2026. En él se da cuenta del acto de recibimiento, jura e ingreso de nuevos Caballeros y Damas de la Real, Antiquísima y Muy Ilustre Cofradía de Nobles de Nuestra Señora del Portillo de Zaragoza, el cual reproducimos - tal como relata su autor -  por su indudable interés para nuestros lectores.

Al inicio de la ceremonia, el hermano mayor de la Cofradía del Portillo, Francisco Javier del Arco, ofreció algunos detalles de los invitados. Entre otros, asistieron representantes de instituciones como la Reales Órdenes Militares de Santiago, Alcántara y Montesa. También estuvo el presidente de la Asociación Cultural Los Sitios, Gonzalo Aguado, y varios mandos de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y la Guardia Civil.
El protocolo de este acto marca que los nuevos cofrades y la junta de gobierno tienen que entrar en el templo detrás del estandarte de raso blanco. Y así lo hicieron. En total, cuatro caballeros y tres damas. En concreto, el juramento lo realizaron los caballeros Antonio de Padua Coll Zaforteza, Juan Coll y Zaforteza, Carlos Dolz de Espejo y Arróspide, y Manuel de Nogales y Márquez de Prado.

Los siete Caballeros y Damas que han prestado juramento. Heraldo de Aragón (Javier Cebollada).

En cuanto a las damas, participaron Julia Gutiérrez-Colomer y González, María del Pilar de Bertodano y Guillén, y Mercedes de Parada y Rodríguez. También estaba prevista la presencia de los hijos del duque de Alba, Fernando y Carlos Fitz James Stuart y Solís-Beamont, ya que igualmente ingresan este año, pero al estar apadrinados por su padre la jura será cuando puedan cuadrar agendas.

Los asistentes participaron en la ofrenda de un centro de flores con la bandera de España a las heroínas de los Sitios y la jornada concluyó con la celebración de un cóctel en el hotel Palafox.
Durante el acto se recordaron detalles sobre la historia del templo como el hecho de que, desde su origen, esta cofradía se ha ocupado de su administración y, en gran medida, de costearlo.

El fiscal Luis Navarro y Elola recordó que “la iglesia se tuvo que reconstruir hasta en tres ocasiones gracias, en buena medida, a la financiación de la cofradía”. También se refirió a un hecho poco conocido. “El emperador Carlos V regaló al santuario una reliquia de Santa Águeda para favorecer la devoción popular del templo y ayudar a aumentar las limosnas”. Desde entonces, en la festividad de Santa Águeda, las fieles veneran en la iglesia las reliquias de la mártir que se guardan en su interior.

Texto e Imagen: Heraldo de Aragón.
Para leer el artículo original, publicado en ese medio: aquí.
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sábado, 21 de marzo de 2026

TOMA DE POSESIÓN DE S.M. EL REY COMO PROTOCANÓNIGO DE LA BASÍLICA PAPAL DE SANTA MARÍA LA MAYOR.

 

S.M. el rey Felipe VI, acompañado por la reina doña Letizia, tomó posesión el pasado día 20, de este mes de marzo, como Protocanónigo de la Basílica de Santa María la Mayor en una ceremonia celebrada en el histórico templo romano.
A su llegada, los monarcas fueron recibidos por representantes del Cabildo Liberiano y por el Arcipreste de la basílica, antes de acceder al interior, donde ocuparon su lugar de honor. El acto comenzó con el saludo litúrgico, seguido de una oración y la lectura de un pasaje bíblico.
Durante la ceremonia, el Arcipreste dirigió unas palabras y dio paso a la intervención del Rey. En su discurso, Felipe VI hizo un llamamiento a la concordia, la generosidad y el compromiso con el bien común frente al egoísmo y la indiferencia. A continuación, se leyó un extracto de la bula Hispaniarum Fidelitas, tras lo cual el monarca fue invitado a ocupar su puesto entre los canónigos del Capítulo Liberiano.


La ceremonia concluyó con el rezo del Padre Nuestro y la bendición. Posteriormente, los Reyes visitaron la Capilla Paulina, donde se detuvieron ante la imagen de la Virgen de la Salud, patrona de Roma, y la tumba del Papa Francisco. El acto finalizó con la despedida oficial en el pórtico del templo.
La Basílica de Santa María la Mayor mantiene una estrecha relación con la monarquía española desde el siglo XVI, en tiempos de Carlos I, consolidada posteriormente con acuerdos como el impulsado por Felipe IV en 1647, que estableció a los Reyes españoles como benefactores del templo.
Este vínculo se mantiene vigente en la actualidad, tras su reafirmación en el siglo XX mediante acuerdos con la Santa Sede, por los que los monarcas españoles ostentan el título de Protocanónigos Honorarios. El rey emérito Juan Carlos I asumió este cargo en 1977 y visitó la basílica por última vez en 2018.

Imagen: https://www.casareal.es/
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viernes, 20 de marzo de 2026

EL ALFÉREZ: HISTORIA DE UNA BANDERA SOSTENIDA EN EL TIEMPO.

 Alejandro Riestra Martínez.

Antes de que los mapas fijaran las fronteras actuales y los tratados ordenaran el mundo, el combate dependía de algo tan frágil como un trozo de lienzo al viento. Allí, entre el polvo y el estruendo, avanzaba una figura singular: el Alférez, el hombre que sostenía la bandera y, con ella, la voluntad de resistir.
La palabra que lo define es ya una huella de la historia. Procede del árabe al-fāris, “caballero” o “jinete”, y encierra en su origen el eco de una península Ibérica marcada por el cruce de culturas. No es un detalle menor, el Alférez nace en la frontera, en ese espacio donde se mezclan lenguas, batallas y formas auténticas de entender el honor.

En la Edad Media, no era un rango menor, sino una dignidad. En los reinos cristianos de la península ibérica, ocupaba un lugar preeminente y cercano al monarca, tanto en la corte como en el campo de batalla. Era el encargado de portar el estandarte real, ese símbolo que no solo identificaba al ejército, sino que lo cohesionaba.
Las leyes compiladas por Alfonso X el Sabio en las Siete Partidas definían su papel con claridad: debía ser un caballero de lealtad probada, digno de sostener el signo visible del poder del Rey. En su figura se concentraban dos funciones esenciales: custodiar el símbolo y, llegado el caso, asumir el mando.

Miniatura de un Alférez de los Tercios  de Infantería Española.

Porque el Alférez no era solo un portador, sino también un referente. En la confusión del combate, donde el ruido y el miedo desdibujaban las órdenes, la bandera era un punto fijo. Allí donde ondeaba el pendón estaba el orden. Y quien lo sostenía se convertía, inevitablemente, en objetivo del enemigo. Había en ello una paradoja que define la esencia del cargo: el Alférez era el más visible y, por tanto, el más expuesto. Su honor consistía precisamente en no ocultarse.
Con el paso de los siglos, la figura del Alférez comenzó a desplazarse desde el campo de batalla hacia espacios más ceremoniales. La consolidación de las monarquías y la complejidad creciente de las estructuras militares transformaron su función.

Surgió entonces el Alférez Real, figura destacada en las ciudades de nuestro “Imperio”. En la península y en América, este cargo tenía la misión de portar el pendón en actos solemnes: proclamaciones, festividades y entradas reales. Allí donde se alzaba la bandera, se hacía presente la autoridad del monarca.
El Alférez Real ocupaba un lugar privilegiado en la vida urbana. Participaba en los cabildos, intervenía en ceremonias y encarnaba, de manera visible, la continuidad del poder. Pero ese honor tenía un precio, con frecuencia debía costear celebraciones y rituales, convirtiendo el cargo en una mezcla de prestigio y responsabilidad económica. Así, el Alférez dejó de ser exclusivamente un hombre de guerra para convertirse también en símbolo de representación. La bandera seguía presente, pero su significado se había ampliado, ya no guiaba solo a soldados sino a comunidades enteras.


-Ya en la Europa del siglo XIX, muchos ejércitos usaban estrellas hexagonales para oficiales subalternos. España adoptó esta tradición por influencia francesa y austríaca en uniformes y rangos. Antes de estandarizarse, los Alféreces llevaban galones o charreteras que evolucionaron en forma de estrella de seis puntas-.

La historia, sin embargo, no siempre avanza de manera ordenada. Hay momentos en que se rompe, se acelera, obliga a reinventar incluso los símbolos más antiguos. Uno de esos momentos fue la última Guerra Civil de nuestro país (1936-1939).
En ese contexto de urgencia y desgarro, surgió la figura de los Alféreces Provisionales, conviviendo con el grado académico de Alférez Cadete y los procedentes de promoción en la  milicia. Ante la escasez de oficiales profesionales en el ejército del General Franco, se recurrió a una solución inmediata: formar rápidamente a civiles, jóvenes en su mayoría, y otorgarles el grado de Alférez para ejercer mando de tropas en el frente.

Su instrucción era breve, a veces apenas unas semanas, pero su responsabilidad cuando obtenían la preciada estrella de seis puntas era inmensa. De un día para otro, estudiantes, empleados o campesinos con ciertos estudios se convertían en Oficiales, encargados de dirigir hombres en combate. En ellos, el término “Alférez” adquiría un sentido nuevo y trágico a la vez. Ya no era el caballero elegido por su linaje ni el cadete o militar de línea formado durante años, sino el ciudadano transformado por la guerra. Su autoridad no nacía de la tradición, sino de la necesidad.
Muchos murieron en combate. Otros sobrevivieron y llevaron consigo, el resto de sus vidas, la huella de aquella experiencia. Su figura fue exaltada posteriormente como símbolo de sacrificio y conformaron una verdadera hermandad que no se disolvió con el fin de la contienda.

S.A.R. La Princesa de Asturias, recibiendo de manos de S.M. el Rey don Felipe VI el título que la acredita como Dama Alférez Cadete del Ejército de Tierra (Academia General Militar).


Con el final de las grandes convulsiones y la profesionalización de los ejércitos, el Alférez encontró su lugar en la estructura moderna como el empleo inferior en la oficialidad española. Lejos de desaparecer, el término se adaptó a nuevas realidades: Milicias Universitarias (hasta 1991), IMEC (Instrucción Militar para la Escala de Complemento) hasta 2001, y en la Guardia Civil el empleo de Alférez tuvo mando efectivo entre 1999 y 2017.  Con este empleo, es  también, con el primero con el que acceden a la escala de Oficiales los Reservistas Voluntarios que cuentan, a la hora de su ingreso, con el primer ciclo de un Grado Universitario.

Hoy, en instituciones como la Academia General Militar, la Escuela Naval Militar o la Academia General del Aire y del Espacio, el empleo de Alférez y su equivalente en la Armada, marcan un momento decisivo en la formación de los futuros Oficiales.
Los Cadetes alcanzan este grado durante su tercer año. Es entonces cuando dejan de ser únicamente Alumnos y comienzan a asumir responsabilidades reales. Participan en la instrucción de compañeros de cursos inferiores, ejercen funciones de liderazgo y se convierten en ejemplo dentro de la vida académica. Este paso no es solo administrativo; es simbólico: el Alférez Cadete se sitúa en un umbral entre el aprendizaje y el mando, heredando todas las formas anteriores del cargo.

La historia de este empleo es la historia de una persistencia y de una adaptación a diferentes realizades. A través de los siglos, su figura ha cambiado de forma, función y contexto, pero ha conservado un núcleo perfectamente reconocible.
Fue jinete en el mundo árabe peninsular, caballero en la Edad Media, símbolo en las ciudades del “Imperio”, militar profesional en los ejércitos de línea, urgencia en los conflictos y formación en las Academias Militares. Ha sido elegido, heredado, improvisado y enseñado. Y, sin embargo, en todas sus encarnaciones late la misma idea: alguien que acepta sostener algo que lo supera en toda su esencia.

En los albores fue un lienzo con un emblema visible en el horizonte de la batalla. Hoy es una enseña invisible, hecha de deber, disciplina y memoria, manteniendo intacta su esencia. Por todo esto, siempre hizo falta un Alférez: alguien dispuesto a avanzar, consciente del legado histórico que su divisa soporta.



Publicado por La Mesa de los Notables.

martes, 17 de marzo de 2026

FELIPE VI:VERDAD FRENTE A MANIPULACIÓN DEL RELATO.

 Riestra 2026.

Juzgar el pasado es una tentación constante y peligrosa: la de simplificar, de encerrar la historia en tribunales imaginarios y sentar a los siglos en el banquillo de los acusados. Pero la historia, como el ser humano, rara vez se deja encorsetar en verdades absolutas.

Las recientes palabras de S.M. Felipe VI, reconociendo que en la conquista de América existieron ciertos “abusos” y al mismo tiempo apelando a una lectura sin simplificaciones, han reabierto viejas heridas. Heridas que, por motivos a mi parecer espurios, venían avivando determinados mandatarios y políticos de ambas esferas. Como toda cicatriz histórica, la nuestra sangra no solo por lo que fue, sino por lo que hoy pudiera representar.

Determinados discursos sobre la Conquista se me antojan más un instrumento  que un análisis histórico, al centrarse exclusivamente en los agravios, dejando de lado los logros, la cultura compartida y los elementos positivos de la hispanidad en América; construyendo así un relato útil para movilizar determinados apoyos, reforzar con ellos su posición, e incluso ganar visibilidad internacional. La historia se convierte así en herramienta de la política: el pasado abandona por completo su función didáctica y pasa a servir a intereses e ideologías del presente.

No obstante, negar de manera categórica que durante la Conquista se cometieron ciertos abusos sería insostenible. Todo choque de civilizaciones, por muy leve que  pretendamos, trae consigo ineludiblemente alguna forma de violencia. Ya en pleno siglo XVI hubo voces españolas que denunciaron determinados excesos. La célebre Controversia de Valladolid no es una invención moderna: fue un debate genuino sobre la dignidad de los pueblos indígenas y los límites morales de la conquista.

La Corona española intentó legislar para frenar esos abusos mediante las Leyes de Indias, un conjunto normativo que buscaba proteger a los pueblos originarios, aunque su aplicación fuera desigual. Reconocer ciertos abusos no es un acto contemporáneo del monarca actual: forma parte de la conciencia histórica española desde hace cinco siglos. Pero reducir la Conquista a una empresa exclusivamente criminal es una pirueta que no resiste el más mínimo análisis.

La Conquista nunca fue homogénea ni uniforme. Fue un proceso caótico, prolongado y profundamente mestizo. En muchos casos, los ejércitos que derrotaron a los grandes imperios Mexica e Inca estaban compuestos mayoritariamente por pueblos indígenas aliados de los españoles. Este hecho desmiente la narrativa simplificada de una confrontación binaria entre “españoles” e “indígenas”. La Monarquía Hispánica, además, no fue ajena al debate moral sobre su propia legitimidad: pocas potencias cuestionaron con tanta premura e intensidad los fundamentos éticos de su expansión.
Desde el siglo XVI, las potencias rivales de España alimentaron la llamada “leyenda negra”, exagerando en mucho la crueldad española y borrando los matices del contexto. Esto no significa que algunos abusos no existieran; su interpretación histórica ha sido moldeada, demasiadas veces, por intereses políticos y culturales ajenos al proceso mismo. Reducir la Conquista a un relato monocromático es otra forma de manipulación: transformar el pasado en un arma del presente.

Las palabras de Felipe VI se sitúan en ese delicado equilibrio: admitir sombras sin ignorar las luces, reconocer errores sin caer en simplificaciones. No se trata de exculpar, sino de comprender; no de glorificar, sino de contextualizar. Juzgar el pasado sin contexto es un anacronismo estéril: exigir a los hombres de hace quinientos años que pensaran como nosotros equivale a negar la historia misma.

Quizá la paradoja más profunda es que el mundo que surgió de aquel encuentro (violento a veces, sí, pero también fecundo) es el que hoy compartimos. La lengua, las instituciones, la cultura, el mestizaje: todos forman un tejido común que no puede explicarse únicamente desde la violencia, como tampoco ignorándola. Negar cualquiera de estos elementos es falsear la totalidad de nuestra historia.

Reconocer que pudo haber alguna forma de violencia no implica asumir una culpa hereditaria ni convertir a las naciones actuales en responsables morales de procesos históricos complejos. En tiempos de discursos absolutos, la posición de Felipe VI se revela molesta solo para quienes buscan certezas fáciles. Reconocer sombras sin negar luces o viceversa. Admitir errores sin simplificar. Recordar que la historia no es un instrumento de condena, sino de comprensión y aprendizaje.

En tiempos de discursos absolutos, la posición de Felipe VI puede parecer incómoda precisamente por su equilibrio: reconocer ciertos abusos sin asumir relatos simplistas, aceptar ciertas sombras sin negar las muchas luces que aportó nuestro proyecto de civilización. Y, sobre todo, recordar que la historia no es un instrumento de condena, sino de comprensión. Porque quizá la mayor responsabilidad del presente no sea pedir cuentas al pasado, sino entenderlo en su total complejidad.

Publicado por La Mesa de los Notables.



viernes, 13 de marzo de 2026

SEMINARIO DE INVESTIGACIÓN: «NOBLEZA OBLIGA. QUIEBRAS, RUPTURAS Y CONFLICTO EN LAS ÉLITES NOBILIARIAS IBÉRICAS (SIGLOS XVI-XVII)»

 

Como ya anunciamos en entradas anteriores de este mismo blog, el Centro de Estudios de la Nobleza, dependiente de la Real Maestranza de Caballería de Ronda, organiza el seminario de investigación «Nobleza obliga. Quiebras, rupturas y conflicto en las élites nobiliarias ibéricas (siglos XVI-XVII)», que se celebrará durante los días 14 y 15 de abril de 2026 en el Salón de Archivo y Biblioteca de la Real Maestranza de Caballería de Ronda, una de las instituciones nobiliarias más emblemáticas de nuestro país.

El encuentro estará coordinado por los profesores Santiago Martínez Hernández y Alejandra Franganillo Álvarez, del Área de Historia Moderna de la Universidad Complutense de Madrid, y reunirá a investigadores procedentes de diversas universidades nacionales e internacionales. Las sesiones de trabajo abordarán, desde perspectivas renovadas, los procesos de crisis, conflicto y transformación que afectaron a las élites nobiliarias de los reinos ibéricos durante los siglos XVI y XVII.

Como actividad destacada del seminario, el martes 14 de abril a las 19:00 horas tendrá lugar una conferencia abierta al público a cargo de Carmen Sanz Ayán, catedrática de la Universidad Complutense de Madrid y académica de la Real Academia de la Historia. Su intervención, titulada «Nobleza y emprendimiento económico. Quiebras y supervivencia (siglos XVI-XVII)», analizará las estrategias económicas y financieras desarrolladas por la nobleza en un contexto marcado por crisis fiscales, endeudamiento y transformaciones en las estructuras de poder.

Más información: https://f.mtr.cool/eiyjpjrfwc

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jueves, 12 de marzo de 2026

NUEVA SECCIÓN DEDICADA A LA FALERÍSTICA EN LA WEB DE LA REAL ACADEMIA MATRITENSE DE HERÁLDICA Y GENEALOGÍA.

 

El pasado año, la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía informó en su página web de la incorporación del término falerística al Diccionario de la Real Academia Española. Se trata de una noticia de especial relevancia para esta institución, ya que dicha decisión fue adoptada gracias a una iniciativa promovida por la propia Academia Matritense. La propuesta contó, además, con el respaldo de una docena de academias y entidades europeas e hispanoamericanas dedicadas al estudio de la heráldica, la genealogía y disciplinas afines.

La inclusión de esta voz en el Diccionario de la lengua española supone el reconocimiento oficial de una denominación que viene utilizándose desde hace décadas para designar la disciplina que estudia las órdenes, condecoraciones, medallas y otros sistemas de recompensas honoríficas. De este modo, la falerística adquiere una consideración académica similar a la que, desde hace mucho tiempo, poseen otros campos de estudio especializados como la numismática, la filatelia o la vexilología.

Atendiendo precisamente al creciente interés que despierta esta materia, y teniendo en cuenta la destacada producción de trabajos académicos que se vienen publicando en la página web de la corporación, la Real Academia Matritense ha creado una nueva sección dedicada a la falerística dentro del apartado Informes y Bibliografía. En este espacio se agruparán los trabajos ya publicados en línea por los académicos de la institución, así como futuros artículos y estudios que aborden esta temática.
Con esta iniciativa, la Academia continúa ampliando y difundiendo su labor investigadora, poniendo a disposición del público y de los estudiosos un conjunto de recursos especializados que contribuyen al conocimiento y desarrollo de estas disciplinas.

Para consultar esta nueva sección: aquí.

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lunes, 9 de marzo de 2026

LA NOBLEZA RURAL ASTURIANA ENTRE LOS SIGLOS XVII Y XIX.

Alejandro Riestra Martínez. 

En las montañas verdes y húmedas del Principado, donde los prados descienden hasta el Cantábrico y las aldeas se agrupan alrededor de pequeñas iglesias y caminos antiguos, la nobleza no llegaba a parecerse  del todo a la que dominaba los grandes palacios castellanos, andaluces o del levante peninsular. Era, sobre todo, una nobleza rural  profundamente vinculada a la tierra, a la ganadería y a los ritmos lentos de la economía agraria.
Durante los siglos XVII, XVIII y buena parte del XIX, esta pequeña aristocracia (compuesta en su mayoría por hidalgos) formó el esqueleto social y político del ecosistema rural asturiano.

Una de las características más sorprendentes de la sociedad del Principado durante el Antiguo Régimen, fue la enorme proporción de nobles. Diversos estudios señalan que hasta tres de cada cuatro habitantes, podían ser considerados hidalgos en el siglo XVIII, una proporción extraordinaria si se compara con otras regiones de España, donde la nobleza rara vez superaba el 30 % de la población.
Sin embargo, esta abundancia no implicaba riqueza generalizada. En Asturias predominaba lo que los historiadores denominan "pequeña nobleza", compuesta por familias sin título nobiliario pero que disfrutaban de ciertos privilegios jurídicos y fiscales. Entre ellos destacaba la exención de impuestos directos, lo que los diferenciaba de los llamados "pecheros", es decir, los campesinos y habitantes de zonas urbanas obligados a contribuir al erario real.

Paradójicamente, muchos de estos hidalgos eran pobres en términos económicos, aunque mantenían con orgullo su condición social. En ocasiones poseían apenas una casa solariega, algunas tierras en propiedad o arrendadas y un apellido antiguo que legitimaba su posición.

Armas del Principado, diseño de Antonio Salmerón.

La economía de esta pequeña nobleza se apoyaba casi por completo en patrimonios rústicos. Sus ingresos procedían de las rentas de la tierra, el arrendamiento de fincas y la explotación de montes o pastos. La actividad industrial y comercial, en cambio, apenas formaba parte de su mentalidad económica, pues tradicionalmente se consideraba “poco honorable” para un hidalgo dedicarse al comercio.

Esta estructura económica reflejaba la naturaleza rural de Asturias. Durante los siglos XVII y XVIII la región estaba poco urbanizada y con escasa burguesía, mientras que la mayor parte de la población vivía de la agricultura cerealista y la ganadería.
La introducción del maíz en el siglo XVII supuso un cambio importante en la economía campesina, permitiendo aumentar la producción alimentaria y sostener un crecimiento demográfico moderado. Sin embargo, este crecimiento también provocó una mayor presión sobre la tierra, generando conflictos frecuentes por el uso de montes comunales, pastos o derechos de aprovechamiento forestal.
Más allá de su riqueza material, la nobleza rural asturiana ejercía un papel central en la organización política de la región. Los hidalgos dominaban los concejos, los cargos administrativos y buena parte de la justicia local, configurando una red de poder que articulaba la vida cotidiana de estas comunidades rurales.

El acceso a cargos municipales, la adquisición de oficios públicos o la participación en instituciones regionales permitía a estas familias reforzar su prestigio. En algunos casos, este control del poder local derivó en prácticas de "clientelismo" y "caciquismo", ya visibles en documentos del siglo XVIII.
Además, estas familias de la hidalguía rural establecían complejas redes de parentesco. Los matrimonios entre linajes no solo respondían a cuestiones sentimentales o familiares, sino que constituían estrategias de consolidación patrimonial y política. Estas alianzas permitían unir mayorazgos, acumular tierras o reforzar la posición social dentro de la jerarquía regional.

Torre de los Vigil.- Santa Eulalia de Vigil (Siero).

Aunque durante siglos Asturias estuvo dominada por esta pequeña nobleza, a partir del siglo XVII algunas familias comenzaron a ascender hacia la aristocracia titulada. Este ascenso se producía generalmente a través de servicios prestados a la Corona, carreras militares o posiciones destacadas en la Iglesia.
Un ejemplo significativo de ascenso social dentro de la nobleza rural asturiana fue el de la casa de Queipo, que obtuvo el título de Condes de Toreno en 1657. Su progreso no se basó únicamente en la riqueza territorial, sino también en el servicio leal a la monarquía, en una cuidadosa política matrimonial y en la acumulación de mayorazgos y patronatos eclesiásticos, que consolidaban su poder local y garantizaban la transmisión de su influencia de generación en generación.

De manera paralela, los Vigil representan otro caso paradigmático. Su ascenso culminó con la concesión del título de Marqués de Santa Cruz de Marcenado en 1679, otorgado por el rey Carlos II. Esta familia logró trascender el ámbito local gracias a la combinación de servicio militar, gestión política y alianzas familiares estratégicas, reflejando un patrón recurrente en el Principado.
En el siglo XVIII, los Valdés alcanzaron el título de Conde de Marcel de Peñalba, consolidando su influencia a través de la acumulación de patrimonio rural y el servicio militar y administrativo. De manera similar, los Bernaldo de Quirós obtuvieron el título de Marqués de Camposagrado en el siglo XVII, combinando el dominio de sus tierras con la participación en cargos locales y regionales.

Otras familias ilustran la diversidad de caminos hacia la nobleza titulada o la consolidación de poder local. Los Cienfuegos y los Ramírez de Jove, por ejemplo, accedieron a los títulos de Conde de Marcel de Peñalba y Marqués de San Esteban del Mar de Natahoyo, respectivamente, integrando en su estrategia social la propiedad rural con actividades marítimas y comerciales incipientes, anticipando la forma en que la hidalguía podía adaptarse a nuevas oportunidades económicas.
Al mismo tiempo, linajes como Argüelles (maqueses de Oria), Mon (marqueses de mon) Alas, Hevia, Flórez, Miranda (marqueses de Valdecarzana y otra des sus ramas conde de de Villamiranda) , Riego, Soto, Caso, Omaña, Pando, Lavandera, Peláez o Trelles, así como algunos otros, alcanzaron notoriedad en ámbitos políticos y administrativos, ocupando cargos de relevancia en la gestión local y regional. Este grupo de familias evidencia que la influencia de la hidalguía asturiana no se limitaba ya a la posesión de tierras, sino que también se sostenía en la participación activa en los concejos, la justicia local y la administración del Principado.

Finalmente, el caso de los Riestra ilustra el paso de la pequeña nobleza rural asturiana hacia la modernidad del siglo XIX. Este linaje, residente durante siglos en el Concejo de Siero y originario de Villayón, consolidó la posición de algunas de sus ramas en la Pontevedra de 1845. Algunos de sus miembros más destacados, como Ramón Riestra y de la Sota, Juan Bautista Riestra, Francisco Antonio Riestra Vayaure y, sobre todo, José María Riestra López, lograron integrar sus ramas familiares en la política y el mundo financiero, obteniendo este último el Marquesado de Riestra. Su trayectoria muestra cómo, incluso en el contexto del liberalismo del siglo XIX, ciertos linajes podían transformar la herencia de la hidalguía en poder económico y político efectivo, adaptándose a nuevas estructuras sociales.


Uno de los innumerables prados de San Martín de Vega de Poja (Siero).

Aunque, como hemos dicho, la inmensa mayoría de familias hidalgas vivían modestamente, la nobleza asturiana dejó una profunda huella en el paisaje. Las casas solariegas, torres  y palacios rurales o "casonas", con sus escudos labrados en piedra, siguen marcando la arquitectura tradicional del Principado. Estos edificios no eran solo residencias: representaban la memoria del linaje. En sus capillas privadas o en las iglesias parroquiales cercanas, las familias tituladas fundaban capellanías, financiaban retablos y aseguraban lugares de enterramiento para perpetuar su nombre. La relación entre nobleza rural y religión fue, por tanto, muy estrecha. El patrocinio eclesiástico permitía consolidar el prestigio social y, al mismo tiempo, reforzar la influencia del linaje dentro de la comunidad.

A lo largo del siglo XIX, el mundo que había sostenido a esta pequeña nobleza rural comenzó a transformarse. Las reformas liberales, la abolición de los privilegios estamentales y la desaparición de los mayorazgos alteraron profundamente la estructura social heredada del Antiguo Régimen. La hidalguía, que durante siglos había sido un elemento central de identidad social en la Asturias rural, perdió progresivamente su valor jurídico. Muchos antiguos linajes se adaptaron convirtiéndose en propietarios agrícolas modernos, profesionales liberales o políticos del nuevo Estado liberal.
Sin embargo, aunque el poder jurídico de la nobleza desapareció, su huella cultural y paisajística perduró. Los palacios, los escudos y los archivos familiares continúan recordando la existencia de una sociedad rural donde el honor, el linaje y la tierra formaban un triángulo inseparable.

Podemos decir sin temor a equivocarnos, que la historia de la nobleza rural asturiana no es el relato de grandes títulos ni de casas fastuosas. Es, más bien, la historia de hidalgos de montaña, de linajes en su mayoría modestos que defendían su honra con tanto celo como sus pequeñas propiedades. Entre prados, montes y aldeas dispersas, aquella nobleza tejió una red social compleja que dominó la vida local durante siglos. En sus casas de piedra, bajo escudos desgastados por la lluvia del Cantábrico, se gestó una forma singular de aristocracia menos brillante que la de las grandes urbes, pero profundamente arraigada en la tierra y en la memoria del mismo Principado.

Publicado por La Mesa de los Notables.