sábado, 7 de marzo de 2026

LOS SESENTA Y NUEVE AÑOS DEL MARQUÉS DE LA FLORESTA.

 Riestra2026.

“Alfonso Ceballos”, así conocen muchos de los asiduos de nuestro blog al actual Marqués de la Floresta, ha cumplido recientemente sesenta y nueve años, y no hemos querido dejar pasar esta fecha sin dedicarle unas breves notas. No se trata solo de una efeméride personal, sino de una ocasión propicia para escribir unas líneas de quien, a nuestro juicio, figura entre los estudiosos más reputados de su ámbito y constituye una referencia indispensable en el mundo de las ciencias y disciplinas que inspiran y dan sentido a este blog.

En torno a su nombre gravitan décadas de estudio, investigación y reflexión, que lo han convertido en una figura singular dentro de esos territorios del saber donde se entrecruzan la historia, la tradición y la erudición. No puedo compartir, ni comparto, todo lo que dice o hace (o como lo hace) pero eso no disminuye el hecho de que lo considere como figura relevante en estas ciencias y disciplinas. Por ello, estas pequeñas notas pretenden ser, más que un simple recordatorio de aniversario, un gesto de reconocimiento hacia una trayectoria intelectual que merece ser destacada.


BREVES NOTAS SOBRE LA FIGURA DEL MARQUÉS DE LA FLORESTA.

La figura de Alfonso de Ceballos Escalera y Gila, actual marqués de la Floresta y vizconde de Ayala, pertenece a ese raro tipo de personas en los que se entrelazan con naturalidad la erudición, la tradición y el compromiso con la vida pública. En una época poco inclinada a reconocer el valor de las trayectorias intelectuales largas y coherentes, su biografía constituye, sin embargo, un ejemplo singular de continuidad cultural y servicio cívico.

Nacido en el seno de una familia profundamente vinculada a la historia castellana, el marqués ha desarrollado una carrera marcada por la investigación histórica, la heráldica y el estudio de las instituciones tradicionales. Jurista, historiador, tres veces doctor y autor de numerosas obras, es además Cronista de Armas de Castilla y León, una figura heredera de los antiguos reyes de armas que, durante siglos, custodiarían la memoria genealógica y simbólica de los linajes hispánicos. En ese oficio (que exige un conocimiento minucioso de la historia, el derecho nobiliario y la tradición heráldica) ha alcanzado una reputación notable, avalada por una producción bibliográfica extensa y por décadas de estudio dedicado a la cultura histórica española.

Pero reducir su perfil al ámbito estrictamente académico sería injusto. El marqués de la Floresta ha mantenido (y mantiene) también una relación directa con la vida pública de su ciudad, participando en iniciativas culturales y en responsabilidades dentro del Ayuntamiento de Segovia, ciudad con la que mantiene una relación intelectual y sentimental particularmente intensa. En Segovia, cuya historia conoce con profundidad de especialista y con afecto de vecino, su presencia ha contribuido a sostener una tradición de estudios históricos y de defensa del patrimonio que enlaza con figuras ilustres de la historiografía local.

Ese vínculo con la tierra segoviana se hace especialmente visible en su residencia de Cabanillas del Monte, donde se estableció en la antigua casa del Esquileo, un edificio cargado de memoria histórica que decidió recuperar para convertirlo en su hogar y en refugio de su inmensa biblioteca. Allí ha reunido cientos de volúmenes dedicados a la historia, la genealogía, la nobiliaria y las órdenes de caballería, formando una de las colecciones privadas más notables en estas materias.

La imagen que emerge de ese lugar (un antiguo edificio rural lleno de libros, documentos y retratos familiares, del que ya hemos hablado en este blog) resulta profundamente simbólica. Representa una manera de entender la tradición no como una reliquia inerte, sino como una conversación permanente entre pasado y presente. En ese espacio, el marqués de la Floresta continúa escribiendo, investigando y reflexionando sobre la historia de España y de sus instituciones.
Hay en su figura algo deliberadamente contracorriente: una defensa serena del valor de la memoria histórica, del estudio riguroso y del sentido de continuidad cultural. Lejos de la superficialidad contemporánea, su trayectoria recuerda que la erudición puede convivir con el compromiso público y que la tradición, cuando se cultiva con inteligencia, sigue siendo una fuente de identidad y de conocimiento.

Así, el Marqués de la Floresta aparece no solo como miembro de la nobleza tradicional e histórica, sino como un intelectual arraigado en su tiempo y en su tierra. Entre archivos, libros y viejas piedras segovianas, su labor continúa recordando que la historia no es simplemente el relato de lo que fue, sino también la conciencia viva de lo que somos.

Publicado por La Mesa de los Notables.