Riestra2026.
No hace muchos días tuve ocasión de conversar con varios amigos, y con algunos lectores habituales de este blog, acerca de un fenómeno que lejos de remitir parece ir en aumento: la cantidad de correos electrónicos y mensajes de WhatsApp y Telegram que estamos recibiendo cada vez que publicamos algo relacionado con S.A.R. Luis Alfonso de Borbón, o Luis XX para los legitimistas franceses.
Lo cierto es que no deja de sorprenderme. Vivimos en una sociedad en la que la atención del público es cada vez más efímera y, sin embargo, basta con mencionar su nombre para que se reactive el interés de nuestros lectores. Buena prueba de ello es que, gracias a la inestimable colaboración de don Louis Angulo-Jovellanos, hemos comenzado a traducir muchos de nuestros artículos al francés, respondiendo así a las peticiones de amigos y lectores galos que siguen con atención cuanto se publica sobre su figura.
No creo que este interés responda
únicamente a una cuestión genealógica o dinástica. En mi opinión, tiene mucho
que ver con la imagen pública que don Luis Alfonso ha proyectado durante los
últimos años. Alejado del ruido mediático y poco dado a la sobreexposición, sus
apariciones públicas suelen estar vinculadas a actos institucionales,
culturales, conmemorativos o benéficos, tanto en España como en Francia y otros
países. Esa presencia medida, unida a un comportamiento discreto y correcto en
el plano personal, ha contribuido a perfilar una figura que despierta
curiosidad incluso entre quienes no comparten sus planteamientos o carecen de
interés por las cuestiones monárquicas.
No es casualidad que medios de comunicación españoles y franceses se hagan eco de sus intervenciones o de los acontecimientos familiares en los que participa. Su condición de descendiente de la rama legitimista de los Borbones franceses y su presencia habitual en actos de carácter histórico o representativo lo mantienen en el foco informativo con una regularidad poco frecuente para alguien que no desempeña responsabilidades políticas ni institucionales de primer orden.
Comentaba precisamente esta circunstancia cuando surgió una reflexión que comparto plenamente. A día de hoy, todavía no he encontrado a nadie que, habiendo tratado personalmente con Luis Alfonso de Borbón, me haya hablado mal de él (sic). Y eso, en una época marcada por la polarización y la crítica permanente, resulta cuando menos digno de mención.
En el ámbito del Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias sucede algo parecido. Si importante fue para la corporación la labor desarrollada por el recordado duque de Sevilla, don Francisco de Borbón (a cuya memoria todos seguimos profesando sincero afecto y reconocimiento), no menos positiva parece estar siendo la contribución de don Luis Alfonso como consejero magistral. En el poco tiempo que lleva desempeñando esa responsabilidad ha sabido integrarse con naturalidad, hasta el punto de que algunos tienen la impresión de que siempre hubiera formado parte de la institución.
Pero también sería injusto centrar toda la atención en su persona. En aquellas conversaciones salieron a relucir otros nombres cuya dedicación merece ser reconocida. Se habló del buen hacer de los duques de Maqueda; de la capacidad organizativa de don Francisco José López-Becerra de Solé, al que alguno definió con acierto como un auténtico “activo fuerte”; de don Manuel Rodrígez de Maribona, siempre discreto, pero permanentemente implicado; y, cómo no, de don Manuel Ruiz de Bucesta, considerado por muchos el verdadero “alma mater” de la corporación asturiana.
Junto a ellos, también hubo palabras de
reconocimiento para quienes representan el relevo generacional dentro de la
institución: don Ignacio Castrillón, don Juan de Allonca y la muy eficaz e
incansable doña Pilar de Vicente, al frente de las relaciones institucionales,
cuyo trabajo constante está contribuyendo a reforzar la proyección y presencia
pública del Cuerpo, aportando una perspectiva fresca e innovadora que fortalece
su visibilidad.
No quisiera dejar a nadie fuera, muchos
más caballeros y damas fueron mencionados, sin embargo, las inevitables
limitaciones de formato impuestas por el propio blog me impiden consignar todos
los que, de buen grado, habría deseado incluir por sus más que evidentes
aportaciones a esta publicación.
Al terminar la charla me quedé con
una impresión que sigue pareciéndome reveladora. En un momento en el que
abundan las descalificaciones y escasean los consensos, resulta significativo
encontrar personas de procedencias e ideas muy distintas que coinciden en
valorar positivamente el trato humano y la actitud de quienes acabo de
mencionar. Quizá esa sea una de las razones por las que don Luis Alfonso de Borbón
continúa despertando tanto interés: porque, más allá de los debates históricos
o dinásticos, ha conseguido proyectar una imagen pública basada en la
discreción, la constancia y una forma de estar que no deja indiferente a
quienes tienen ocasión de conocerla, y quizá ese mismo sea el motivo por el
cual la corporación nobiliaria asturiana pudiera estar viviendo hoy sus mejores
momentos.
https://www.cuerpodelanoblezadeasturias.es/
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Publicado por La Mesa de los Notables.
