domingo, 14 de junio de 2026

SAN FERNANDO, SEVILLA Y EL ARMA DE INGENIEROS.

Alejandro Riestra Martínez
Teninte del Arma de Ingenieros
Espc.Fund. de Transmisiones.

Hace escasas fechas publiqué en este mismo blog un breve artículo dedicado a la creación, por parte del Arzobispado Castrense, de la Medalla Conmemorativa del Centenario de la Proclamación deNuestra Señora del Perpetuo Socorro como Patrona del Cuerpo de Sanidad Militar. Aquella iniciativa, destinada a perpetuar el recuerdo de una efeméride tan significativa para los componentes de dicho Cuerpo, me llevó inevitablemente a reflexionar sobre la historia del patrón del Arma en la que sirvo, y dedicarle unas pocas líneas en este blog.

«EL SANTO REY FERNANDO NOS GUÍA Y NOS PROTEGE»

Entre las grandes figuras de la historia de España, pocas han ejercido una influencia tan profunda, decisiva y duradera como la de San Fernando. Fernando III de Castilla y León ocupa un lugar singular en la memoria histórica nacional por su contribución al proceso de unificación de los reinos castellano y leonés, por el impulso dado a la expansión territorial de la Corona y por el legado político, religioso y cultural asociado a su reinado. Su figura permanece estrechamente vinculada a Sevilla, ciudad de la que es patrón, y al Arma de Ingenieros del Ejército español, que lo venera como su patrono y protector, trascendiendo ambos ámbitos para proyectarse sobre el conjunto de la historia de España.

Ocho siglos después de su reinado, sus restos continúan siendo venerados en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, mientras que los ingenieros militares seguimos celebrando cada 30 de mayo la festividad de quien consideramos un modelo como soldado, científico y técnico, porque como bien saben nuestros lectores la ingeniería militar, desde bien antiguo, es la ciencia llevada al combate. Esta singular convergencia de santidad, monarquía, técnica y tradición castrense constituye uno de los episodios más fascinantes y perdurables de la historia de España.

Procesión por el interior de la Catedral de Sevilla de "la Lobera", espada de San Fernando, y del Estandarte Real. Como es tradición la Lobera la porta el Alcalde de la ciudad y el Estandarte la Concejal más joven (imagen:Diario de Sevilla).

Fernando III nació a finales del siglo XII, hijo de Alfonso IX de León y de Berenguela de Castilla. Su destino parecía marcado por las complejas disputas sucesorias de la época, pero la historia le reservaba una misión mucho mayor: la reunificación definitiva de los reinos de Castilla y León. En 1217 accedió al trono castellano y, tras la muerte de su padre en 1230, heredó también la corona leonesa, logrando la unión permanente de ambos reinos bajo una misma autoridad. Aquella unión política sería uno de los pilares sobre los que, siglos después, se construiría la Monarquía Hispánica.

Fernando III no fue únicamente un guerrero. Los cronistas medievales lo describen como un gobernante prudente, profundamente religioso y preocupado por la administración de sus territorios. Durante su reinado impulsó la organización jurídica del reino, favoreció el uso del castellano en documentos oficiales y apoyó las artes y la arquitectura, coincidiendo con la expansión del gótico en la Península.

Si existe un acontecimiento que define la grandeza histórica de Fernando III, ese es la conquista de Sevilla en 1248. La ciudad era una de las principales capitales de al-Ándalus y uno de los centros urbanos más importantes de Europa occidental. Tomarla exigía mucho más que valor militar. Requería planificación, logística, capacidad constructiva y dominio de las técnicas de asedio.

El cerco de Sevilla duró cerca de quince meses. Fernando III comprendió que la clave no estaba únicamente en abatir las murallas, sino en el control del Guadalquivir, arteria vital para el abastecimiento de la ciudad. Por ello coordinó una operación combinada terrestre y naval dirigida por el almirante Ramón Bonifaz. La destrucción del puente de barcas que unía Sevilla con Triana aisló a la ciudad y precipitó su rendición.

Escudo de Sevilla.El Santo Rey entre San Isidoro y San Leandro.

Desde una perspectiva moderna, aquella campaña fue una auténtica demostración de ingeniería militar. Se edificaron fortificaciones, se abrieron vías de comunicación, se levantaron campamentos permanentes, se emplearon máquinas de asedio y se coordinaron fuerzas terrestres y navales para completar el éxito. No es por eso extraño que siglos más tarde los ingenieros militares vieran en Fernando III un ejemplo perfecto de la aplicación inteligente de la técnica al servicio de la estrategia.

La entrada triunfal del rey en Sevilla, el 23 de noviembre de 1248, transformó para siempre la historia de la ciudad. La antigua Isbiliya almohade se convirtió en una de las principales urbes de la Corona de Castilla y, posteriormente, en la puerta de España hacia el Atlántico y América. Pocas ciudades mantienen con un personaje histórico una relación tan intensa como Sevilla y su Rey Santo.

El monarca no sólo conquistó la ciudad; decidió convertirla en una de las capitales de su reino. Allí pasó los últimos años de su vida y allí murió el 30 de mayo de 1252, en el antiguo Alcázar sevillano.  Sus habitantes pronto comenzaron a venerarlo como un rey ejemplar. Su fama de santidad se extendió por todo el reino. Los testimonios de la época destacan su profunda religiosidad, su vida austera, su sentido de la justicia y su trato magnánimo hacia los vencidos. Aquella reputación fue creciendo hasta convertirlo en una figura casi legendaria. Su presencia por toda Sevilla forma parte de la identidad histórica de la ciudad, visible en monumentos, calles, escudos y ceremonias religiosas que siguen celebrándose cada año.

La fama de santidad de Fernando III comenzó inmediatamente después de su muerte, pero su canonización oficial tardó varios siglos en llegar. El proceso culminó el 4 de febrero de 1671, cuando el papa Clemente X lo elevó oficialmente a los altares. Desde entonces pasó a ser conocido universalmente como San Fernando.  La Iglesia reconocía así no sólo los méritos políticos y militares del monarca, sino también sus virtudes personales: la piedad, la humildad, la justicia y la defensa de la fe cristiana.

La canonización tuvo una enorme repercusión en España. En pleno barroco, la figura de Fernando III se convirtió en modelo de rey cristiano, comparable a san Luis de Francia o san Esteban de Hungría. Su culto se difundió rápidamente por todo el mundo hispánico y su festividad quedó fijada el 30 de mayo, aniversario de su fallecimiento.

Oficial de Ingenieros 1906 (Dibujo Salas).

«CON FORTALEZA, LEALTAD Y VALOR»

La elección de San Fernando como patrón de los Ingenieros militares españoles, como ya hemos explicado al principio, no fue fruto del azar ni de una simple devoción religiosa. A comienzos del siglo XIX, el recién creado Regimiento Real de Zapadores-Minadores buscaba un patrono que encarnara los valores propios del Cuerpo. La elección recayó en el Rey Santo debido a las extraordinarias cualidades técnicas y organizativas demostradas durante sus campañas militares. Por Real Orden de 2 de mayo de 1805 se aprobó oficialmente su patronazgo para el Regimiento Real de Zapadores-Minadores y posteriormente para todo el Arma de Ingenieros en España e Indias.

Los ingenieros militares de la época vieron en él un ejemplo perfecto de las virtudes que exige su profesión: capacidad de planificación, dominio de la logística, aprovechamiento del terreno, construcción de infraestructuras, integración de medios terrestres y navales y perseverancia en operaciones complejas.

La toma de Sevilla representaba precisamente todo aquello que define a la ingeniería militar: inteligencia aplicada al combate, organización de recursos y resolución técnica de problemas estratégicos. Desde entonces, cada 30 de mayo, los ingenieros del Ejército de Tierra celebramos la festividad del Rey Santo, renovando así un vínculo que supera ya los doscientos años.

«AL VALOR HERÓICO»

Cuando las Cortes de Cádiz instituyeron en 1811 la Real y Militar Orden de San Fernando, destinada a recompensar los más altos actos de valor heroico al servicio de España, buscaron una figura que simbolizara las virtudes que la nueva condecoración debía encarnar. La elección recayó, como no podía ser de otra manera, en el Rey Santo. Su vida unía el coraje en el campo de batalla, el servicio al reino, la justicia en el gobierno y la fidelidad a sus ideales. En plena Guerra de la Independencia, su ejemplo evocaba además la defensa de la patria. Por ello, su nombre quedó ligado para siempre a la más alta recompensa militar española, destinada a distinguir los actos más extraordinarios de heroísmo, sacrificio y abnegación.

Cruz Laureada de San Fernando.

Fernando III ocupa un lugar singular en la historia. Unificó territorios, realizó conquistas decisivas, impulsó y llevó a cabo reformas de suma importancia en la administración, fue mecenas y protector de las artes y las ciencias y modelo para toda la cristiandad. Pero quizá su mayor legado sea haber sabido combinar la espada con la justicia, la autoridad con la humildad y la fe con el sentido práctico del gobierno.

Sevilla conserva su memoria como la del rey que la incorporó definitivamente a la historia de Castilla, y por ende a la de España. Los ingenieros militares lo veneramos como ejemplo de inteligencia aplicada al servicio de la misión. España como monarca justo y símbolo del valor.  La Iglesia lo honra como santo. Y la historia lo recuerda como una de las figuras más extraordinarias de la Edad Media europea.

Pocas veces un mismo hombre ha logrado reunir en su persona las condiciones de rey, estratega, constructor, técnico, valeroso y santo. Por eso, ocho siglos después, el nombre de San Fernando continúa resonando con fuerza entre las naves de la Catedral de Sevilla y en las formaciones, academias y centros de formación del Arma de Ingenieros, donde sigue siendo símbolo de servicio, esfuerzo, valor y excelencia.


Imagen de San Fernando. Academia de Ingenieros de Hoyo de Manzanares.




Publicado por La Mesa de los Notables.