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lunes, 21 de septiembre de 2026

EL PRECIO DE LA HONRA. NOBLEZA, DINERO Y DESPRECIO DEL LUCRO EN LA ESPAÑA DEL ANTIGUO RÉGIMEN, (EL PAPADO Y LA LIDIA DE RESES BRAVAS).

 

Una de las ventajas de acudir directamente a las fuentes históricas es que, buscando una cosa, no pocas veces encontramos otra. Y algunas de esas pequeñas sorpresas documentales permiten asomarnos a cuestiones mucho más hondas.

Hace poco, consultando el Discurso sobre la honra y deshonra legal, publicado en Madrid en 1781 por el jurista Antonio Javier Pérez y López, encontré una de ellas. Pérez y López, notable hombre de leyes y posteriormente autor del monumental Teatro de la legislación universal de España e Indias, se ocupó extensamente en aquella obra de la naturaleza de la nobleza y de su transmisión, defendiendo la comunicación de la nobleza personal o de privilegio a los hijos y razonando, en sustancia, que si la condición nobiliaria del marido alcanzaba a la mujer, con mayor razón había de comunicarse a sus propios descendientes. Al estudiar los escasos ejercicios que las leyes consideraban verdaderamente infamantes, recordaba también el caso de quienes lidiaban con bestias bravas por dinero.

(La Tauromaquia. Goya).

La regla procedía de las Partidas. Y lo verdaderamente interesante no era que se considerase deshonroso enfrentarse a un toro, pues no era así. La propia ley distinguía al que lo hacía sin precio, «por provar su fuerça», quien podía alcanzar «prez» de hombre valiente y esforzado.

La diferencia estaba en hacerlo por dinero.

El mismo hombre, frente a la misma res y corriendo el mismo peligro podía, según mediase o no precio, pasar de demostrar públicamente su valor a incurrir en infamia legal.
No deja de ser curioso, por otra parte, que la lidia llegase a provocar incluso la intervención de la Iglesia. En 1567, san Pío V promulgó la bula De salutis gregis dominici, por la que prohibía los espectáculos de toros y otras fieras bajo severas penas canónicas, incluida la excomunión, y disponía que a quienes muriesen participando en ellos se les negase sepultura eclesiástica. Pontífices posteriores, particularmente Gregorio XIII, modificaron y mitigaron considerablemente aquellas penas y prohibiciones, aunque se ha discutido si ello supuso una derogación completa de la bula o una modificación de su alcance.

La cuestión tuvo una curiosa prolongación varios siglos después. En 1920, la presidenta de la Sociedad Protectora de Animales de Tolón consultó a la Santa Sede acerca de las corridas de toros. El cardenal Pietro Gasparri, secretario de Estado de Benedicto XV, respondió recordando la tradicional condena pontificia de aquellos espectáculos; y, ante una nueva consulta, volvió a remitirse expresamente a la bula de san Pío V y al deseo de que fueran observadas las prescripciones de la Santa Sede. Las cartas serían reproducidas posteriormente por L'Osservatore Romano. El episodio resulta particularmente interesante porque obliga a distinguir entre la mitigación histórica de las penas canónicas y la cuestión del mantenimiento de la condena moral contenida en la disposición de san Pío V.

El ejemplo resulta revelador de una concepción del honor muy arraigada en la España del Antiguo Régimen. Porque el noble español no despreciaba necesariamente la riqueza. La necesitaba, la buscaba, pleiteaba por ella y procuraba transmitirla a sus descendientes. Lo que podía resultar incompatible con su consideración social era la manera de obtenerla.

Dicho de otro modo: no era lo mismo tener dinero que ganarlo.

El hidalgo podía ser pobre y continuar siendo hidalgo. Podía vivir de rentas, administrar su patrimonio o disfrutar de bienes heredados. Pero determinados trabajos personales, y sobre todo aquellos tradicionalmente considerados viles, mecánicos o infamantes, podían plantear problemas respecto de su honra y de ciertas prerrogativas propias de su condición.

Esto explica también la importancia que en las pruebas de nobleza podía alcanzar la averiguación no solamente del linaje de una persona, sino de los oficios y modos de vida de sus antepasados.

Discurso sobre la honra y deshonra legal. Antonio Xavier Pérez López. 1781 (obrajurídica).

En España, la propia Monarquía terminó comprendiendo el problema. La Real Cédula de 18 de marzo de 1783, durante el reinado de Carlos III, declaró honestos y honrados numerosos oficios —herrero, sastre, zapatero, carpintero y otros— y dispuso que su ejercicio no envileciese a quien los practicaba ni perjudicase las prerrogativas de la hidalguía legítimamente poseída.

Que hubiera que declararlo expresamente demuestra hasta qué punto existía el prejuicio.

Quizá por eso aquel aparentemente insignificante lidiador de las Partidas nos proporciona una imagen magnífica para comprender toda una mentalidad.
Un hombre se enfrentaba a una bestia brava para probar su valor y podía ganar honra. Otro hacía prácticamente lo mismo, con idéntico riesgo y quizá idéntico valor, pero cobraba por ello y podía quedar infamado.
Y esa sutil frontera entre tener dinero y ganarlo dice probablemente mucho más sobre la sociedad nobiliaria española que cualquier tópico sobre la pobreza del hidalgo.

Y acaso con la verdad suceda algo parecido: no importa tanto el esfuerzo que algunos hombres hagan por buscarla y sacarla a la luz como el empeño que otros ponen en ocultarla cuando lo que revela contradice sus errores.

Tal vez algo de aquella vieja hipocresía haya llegado hasta nosotros: la de una sociedad en la que quienes se erigen en guardianes de lo establecido contemplan con aires de impropia superioridad todo aquello que, señalando sus defectos, amenaza con corregirlos.

Antonio de Castro García de Tejada
Caballero de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III.

Publicado por La Mesa de los Notables.


sábado, 19 de septiembre de 2026

LA MARQUESA DE PERALES, PROTAGONISTA DEL PRÓXIMO ENCUENTRO DE LA «GRANDEZA DE ESPAÑA».

 

La Iª Marquesa de Perales, Premio Princesa de Asturias de los Deportes y una de las grandes figuras del deporte paralímpico español, protagonizará el próximo Encuentro que organiza la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España y Títulos del Reino.

Hay trayectorias deportivas que se miden en medallas y títulos, y otras que, sin restar valor a los resultados, trascienden el ámbito de la competición. La de Teresa Perales pertenece a ambas categorías. La nadadora paralímpica española, Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2021 y, desde 2025, Iª Marquesa de Perales, será la protagonista del próximo Encuentro de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España y Títulos del Reino. 
Durante el encuentro ofrecerá una intervención titulada «La fuerza de un sueño», el mismo título que da nombre a su segundo libro y que resume una trayectoria marcada por el esfuerzo, la superación y la determinación.
El mismo tendrá lugar el jueves 24 de septiembre, a las 20:00 horas, en el Aula Magna del IE, en la calle María de Molina 11-13, de Madrid, según hemos tenido conocimiento en este blog.

Teresa Perales nació en Zaragoza en 1975 y perdió la movilidad en las piernas a los 19 años a causa de una neuropatía. Diplomada en Fisioterapia, comenzó su trayectoria en la natación adaptada en 1997 y desde 1998 forma parte de la élite de este deporte, según recoge la Fundación Princesa de Asturias.

Su palmarés en los Juegos Paralímpicos alcanza las 28 medallas (7 de oro, 10 de plata y 11 de bronce), logradas entre Sídney 2000 y París 2024. A ellas se suman 43 medallas en campeonatos de Europa y 22 en campeonatos del mundo, además de otros títulos y récords internacionales. Y sigue creciendo, el pasado 12 de septiembre, Perales alcanzó las 100 medallas internacionales al proclamarse campeona de Europa en los 50 metros espalda, clase S2, en los Campeonatos de Europa de Natación Paralímpica celebrados en Kocaeli, Turquía.

Su trayectoria no solo se ha limitado al deporte. Fue diputada en las Cortes de Aragón, directora general de Atención a la Dependencia del Gobierno de Aragón y asesora en el Ayuntamiento de Zaragoza. También ha desarrollado una intensa actividad como conferenciante y divulgadora.

En 2021 recibió el Premio Princesa de Asturias de los Deportes. El jurado destacó su trayectoria deportiva, su relevancia dentro del movimiento paralímpico y su compromiso social. En 2025 recibió otro importante reconocimiento. El Real Decreto 518/2025, de 24 de junio, le concedió el título de Marquesa de Perales, en atención a su capacidad de sobreponerse a la adversidad, su entrega a los valores del deporte y del olimpismo, su espíritu de competición y su compromiso cívico.

 «La fuerza de un sueño» será, por tanto, una ocasión para escuchar directamente su experiencia después de más de dos décadas en la alta competición y de una trayectoria que ha trascendido ampliamente el ámbito deportivo.
El encuentro se enmarca en las actividades que organiza regularmente la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España y Títulos del Reino.

Más información sobre Teresa Perales: https://teresaperales.es/
Mas información sobre la DGET: https://diputaciondelagrandezaytitulosdelreino.es/

Publicado por La Mesa de los Notables.


jueves, 17 de septiembre de 2026

TERTULIA «NUEVA HISPANIDAD Y PASAJEROS A INDIAS» EN EL REAL CASINO DE MADRID.

 Pilar de Vicente.

El pasado lunes, 14 de septiembre de 2026, el emblemático Real Casino de Madrid acogió en sus históricos salones una nueva y concurrida cita del ciclo de tertulias «Nueva Hispanidad». Dirigido por la Dra. Dña. Magdalena Suárez Ojeda, este foro se ha consolidado como un punto de encuentro indispensable para la reflexión en torno a nuestra historia común, el legado cultural y las raíces que unen a España con el continente americano.

En esta ocasión, la sesión giró en torno a una temática tan fascinante como emotiva: «Nueva Hispanidad y pasajeros a Indias: Historias de esperanza». Para desentrañar las vivencias, anhelos y desafíos de aquellos hombres y mujeres que cruzaron el Atlántico en busca de un porvenir, el acto contó con una brillante ponencia a cargo del Ilmo. Sr. D. Manuel Ruiz de Bucesta, secretario general del Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias.

A lo largo de su intervención, el ponente supo entrelazar el rigor genealógico con el relato humano. Durante su exposición, profundizó en cómo la hidalguía y los diferentes linajes peninsulares no solo cruzaron el océano contribuyendo a la conformación de la administración y de las sociedades del Nuevo Mundo, sino que también llevaron consigo un profundo anhelo de superación y servicio.

Más allá de los datos históricos, se rescataron nombres propios, cartas familiares y crónicas íntimas que reflejan la verdadera dimensión de aquellos «pasajeros a Indias». Historias de hidalgos, familias enteras y aventureros que apostaron todo en busca de la esperanza americana, enfrentándose a mares desconocidos y desafíos titánicos movidos por el afán de prosperar y ennoblecer sus linajes.

Magdalena Suárez, Pedro Halffter, Manuel Ruiz de Bucesta y Pilar de Vicente.

Historia y genealogía en un marco excepcional.

Los históricos salones de una de las instituciones más ilustres de la capital, el Real Casino de Madrid, ofrecieron el marco idóneo para una velada dedicada al estudio y la divulgación de nuestro pasado común. La belleza y el valor patrimonial del enclave contribuyeron a realzar una jornada en la que la historia, la genealogía y la memoria compartida fueron las auténticas protagonistas.

La jornada concluyó con un animado coloquio moderado por la Dra. Dña. Magdalena Suárez Ojeda, durante el cual los asistentes tuvieron la oportunidad de intercambiar impresiones y reflexionar sobre la vigencia de los vínculos históricos entre España y América, así como sobre la importancia de preservar y difundir este legado para las generaciones futuras.

Una vez más, el ciclo de tertulias «Nueva Hispanidad» evidenció el vivo interés que sigue despertando el estudio del legado histórico compartido por las naciones de la comunidad hispánica, recordando que el conocimiento del pasado constituye una herramienta esencial para comprender los profundos vínculos culturales que unen ambas orillas del Atlántico.

Publicado por La Mesa de los Notables.

martes, 15 de septiembre de 2026

CAPÍTULO ANUAL DEL SOLAR DEL PÁRAMO Y LA FOCELLA 2026.

 Pilar de Vicente.

El pasado 12 de septiembre tuvo lugar en la iglesia de San Justo del Páramo, situada en la localidad homónima del concejo de Teverga (Principado de Asturias), el Capítulo Anual de la Unión de la Nobleza del Solar del Páramo, La Focella y la Villa de Sub.

La Corporación tiene entre sus principales fines la conservación y difusión de la memoria histórica de este antiquísimo privilegio de nobleza, así como la promoción del extraordinario patrimonio cultural y natural del concejo de Teverga. Considerado uno de los territorios más singulares del Principado, Teverga reúne monumentos de gran relevancia, espectaculares paisajes de montaña y un entorno natural único.

Con el propósito de honrar la memoria de los reyes leoneses Alfonso V, conocido como «el Noble» o «el de los Buenos Fueros», y de su hijo Bermudo III, último monarca de la dinastía astur-leonesa y vinculado al origen de esta histórica institución nobiliaria, se celebró una solemne ceremonia en la iglesia de San Justo del Páramo. El acto estuvo presidido por su presidente, don Manuel Rodríguez de Maribona y Dávila, conde de Alba, acompañado por el vicepresidente, don Manuel Ruiz de Bucesta y Álvarez. Asimismo, la ceremonia sirvió para formalizar la investidura e ingreso de tres nuevas damas y tres caballeros en la corporación.

Una vez concluida la ceremonia, los asistentes realizaron una visita por las localidades que integran el histórico Señorío del Privilegio: El Páramo, La Focella y la Villa de Sub. A continuación, tuvo lugar un almuerzo de hermandad en un restaurante de la zona, donde los participantes compartieron un agradable encuentro mientras degustaban algunos de los platos más representativos de la gastronomía asturiana.


La jornada concluyó con una visita guiada a la histórica Colegiata de San Pedro de Teverga, uno de los monumentos más destacados del patrimonio medieval asturiano.

Los orígenes de este templo se remontan al antiguo monasterio benedictino de San Pedro y San Juan de Val de Teverga. En 1092 fue donado por la condesa doña Aldonza a la iglesia de San Salvador de Oviedo, mientras que la fundación de la colegiata se sitúa en torno al año 1107.
Este templo constituye uno de los máximos exponentes de la arquitectura románica en la región. Su concepción responde a las características propias de este estilo medieval, difundido por los territorios cristianos occidentales entre los siglos XI y XII, dejando en Asturias algunas de sus manifestaciones más notables.

Construida íntegramente en piedra labrada, la Colegiata de San Pedro presenta los rasgos más característicos de este arte, junto con ciertas influencias bizantinas. Su planta de cruz latina y sus tres naves configuran un espacio de gran armonía arquitectónica. Entre los elementos más sobresalientes destacan sus robustas columnas, los arcos de medio punto, las bóvedas de cañón y el ábside rectangular, fruto de la reconstrucción llevada a cabo tras el incendio que sufrió el edificio en el siglo XVII.

Orientada hacia oriente, la iglesia fue concebida para que los primeros rayos del sol iluminaran su interior, evocando simbólicamente la figura de Jesucristo como luz de los corazones. La sobriedad del recinto, acentuada por la discreta iluminación natural de sus pequeñas ventanas, favorece un profundo ambiente de recogimiento y contemplación. Presentan asimismo un especial interés el vestíbulo, los capiteles de las columnas centrales, el presbiterio, los escudos de la Casa de Miranda, diversos sepulcros y numerosas inscripciones de alto valor histórico y artístico.

Para más información sobre esta corporación, puede consultar aquí.
Para conocer más detalles sobre la Colegiata de San Pedro de Teverga puede consultar aquí.

Publicado por La Mesa de los Notables.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

LA CRUZ DE SAN MARTÍN DE SALAS, SÍMBOLO DE PROTECCIÓN Y PODER DE LA MONARQUÍA ASTURIANA.

 

La lápida con cruz latina de San Martín de Salas es una de las piezas más emblemáticas del Prerrománico asturiano, tanto por la calidad de su ejecución como por la riqueza de su decoración. Tallada en piedra caliza blanca, combina una cruz latina en relieve con una inscripción, todo ello enmarcado por una moldura de ocho centímetros de anchura decorada con motivos vegetales.

La inscripción fue transcrita por primera vez por Gaspar Melchor de Jovellanos durante una visita realizada el 3 de octubre de 1796. Décadas después, Ciriaco Miguel Vigil revisó su lectura y ofreció una transcripción más detallada. El texto recoge una fórmula de carácter protector: «Con este signo es protegido el piadoso; con este signo es vencido el enemigo», y añade una  mención a "Adefonsus" y una petición a Dios para que lo salve.

Las fuentes no permiten identificar con certeza al mencionado "Adefonsus"  con un rey o un personaje concreto. Se ha propuesto identificarlo con Alfonso IV, Alfonso Froilaz y otros personajes influyentes de la época. La hipótesis de Alfonso Froilaz, hijo de Fruela II, es una de las más defendidas, por su posible relación con otra inscripción del 951, pero sigue siendo discutida. 

El significado de las palabras talladas va más allá de la expresión religiosa. Los reyes asturianos habían adoptado la cruz como emblema de la monarquía desde el siglo VIII, siguiendo una tradición heredada de la corte visigoda de Toledo. La misma fórmula aparece vinculada a las grandes cruces de la monarquía asturiana, como la Cruz de los Ángeles y la Cruz de la Victoria. Este símbolo se convirtió así en el lábaro de estos reyes del norte y en un icono asociado a la protección divina y a la victoria.

Esta dimensión protectora explica la presencia de cruces talladas en piedra en distintos edificios de Asturias. Su representación no se limitaba a los espacios religiosos, sino que también podía proteger construcciones civiles y defensivas. En este contexto, la fórmula adquiere un marcado carácter apotropaico, destinado a ahuyentar el mal. El término latino inimicus, «enemigo», podía referirse al demonio o al mal, aunque también podía aludir al invasor. Al mismo tiempo, las palabras tenían una clara dimensión política al relacionar la protección de la cruz con el poder de la monarquía astur.

La propia composición de la pieza refuerza ese carácter solemne. Como se ve en la imagen, en el centro aparece una cruz latina con astil, cuyos extremos están rematados por lóbulos. De sus brazos penden el alfa y la omega, junto a unas representaciones esquemáticas de llamas y volutas. La superficie está cubierta por una retícula de celdillas dispuestas en diagonal, formando un dibujo romboidal. Son cien en total (58 cuadradas y 42 triangulares) y su disposición parece evocar el aspecto de piedras preciosas engastadas. La técnica recuerda a la decoración de la orfebrería asturleonesa y a tradiciones tardoantiguas, visigodas y bizantinas.

El marco que rodea la cruz y la inscripción está trabajado con la misma minuciosidad. Una sucesión de dobles palmetas afrontadas, tallos, flores de lis y formas acorazonadas recorre la cenefa y crea un relieve de gran riqueza plástica. El motivo de las palmetas se repite diez veces a lo largo de la orla y encuentra paralelos en distintas construcciones y piezas del arte altomedieval peninsular, entre ellas Valdediós, Bendones, Deva, Pravia y San Miguel de Escalada. El estudio también señala la relación de algunos de estos modelos con tradiciones decorativas omeyas, sasánidas y bizantinas.

La cronología de la pieza no queda fijada de manera definitiva. Manuel Gómez Moreno relacionó su decoración con el ámbito mozárabe y la situó hacia mediados del siglo X, mientras que Lorenzo Arias Páramo la consideró propia de la época de Alfonso III. También se ha planteado una cronología más amplia, entre mediados del siglo IX y comienzos del X, teniendo en cuenta la continuidad de determinadas técnicas y motivos ornamentales. 

La pieza reúne, en definitiva, religión, protección y representación del poder. La cruz no aparece únicamente como imagen de la fe, sino como un signo destinado a proteger y a garantizar la victoria frente al enemigo. Su inscripción, su relación con la tradición de las cruces de la monarquía asturiana y la riqueza de su decoración hacen de esta lápida uno de los testimonios más singulares del arte prerrománico del Principado.

La pieza original se encuentra en el Museo del Prerrománico de San Martín de Salas, existiendo una reproducción a tamaño natural en la Iglesia de esa misma localidad.

Para saber más: https://prerromanicosanmartin.com/

Publicado por La Mesa de los Notables.

domingo, 12 de julio de 2026

LA CRUZ DE OVIEDO.

Riestra2026. 

Hay piezas que inequívocamente son obras de arte, otras que son vehículos de la historia y han sabido desafiar al tiempo. La Cruz de los Ángeles podemos afirmar, sin ambages, que es ambas cosas. Desde hace más de doce siglos permanece custodiada en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, no sólo como una de las obras cumbre de la orfebrería altomedieval europea, sino también como el testimonio material de una idea política, religiosa y cultural que marcaría para siempre la identidad del antiguo Reino de Asturias.

La pieza fue ofrecida por el rey Alfonso II el Casto a la iglesia de San Salvador de Oviedo en el año 808, dato que no procede de una tradición posterior, sino de la propia inscripción latina grabada en el reverso de la cruz. Esa inscripción, en si misma, constituye una de las referencias más valiosas del arte medieval hispánico, pues identifica al donante y fija con precisión la fecha de la ofrenda.

La Cruz de los Ángeles responde al modelo de cruz griega, con los brazos ensanchados hacia los extremos. Su estructura interior es de madera, revestida con láminas de oro y enriquecida mediante filigrana, perlas, camafeos y piedras preciosas, muchas de ellas procedentes de entalles romanos reutilizados. La calidad técnica de la obra sitúa a los talleres vinculados a la corte asturiana entre los más refinados de la Europa de comienzos del siglo IX.

Alrededor de esta cruz nació una de las leyendas más conocidas del patrimonio asturiano. Según la tradición, dos jóvenes desconocidos se presentaron en la corte cuando el rey buscaba orfebres capaces de ejecutar una cruz digna de la sede ovetense. Después de desaparecer misteriosamente, dejaron terminada la obra, lo que dio origen a la creencia de que aquellos artesanos eran en realidad ángeles enviados por Dios. Sin embargo, la investigación histórica contemporánea considera este relato una elaboración legendaria surgida siglos después, sin ningún valor como prueba documental del origen de la pieza.

Más allá de la leyenda, la cruz posee un significado histórico de enorme profundidad. Alfonso II convirtió la cruz en el emblema visible de la nueva monarquía asturiana, haciendo de Oviedo el centro político y religioso de su reino. No fue una decisión aislada. Las grandes cruces votivas ofrecidas por los reyes asturianos (la Cruz de los Ángeles en 808, la cruz donada a Compostela por Alfonso III y, finalmente, la Cruz de la Victoria en 908) forman parte de un mismo programa simbólico destinado a expresar la legitimidad de la monarquía cristiana.

Por ello, la Cruz de los Ángeles nunca fue únicamente una joya litúrgica. Era un signo de protección divina, de autoridad regia y de continuidad institucional. Su propia inscripción concluye con una fórmula que resume esa concepción del poder: «Con este signo es protegido el piadoso; con este signo es vencido el enemigo».


Esta dimensión simbólica explica también su estrecha relación con la nobleza asturiana. Los linajes del antiguo Principado desarrollaron su identidad bajo el amparo de aquella monarquía nacida en las montañas cantábricas. Aunque las armas de cada familia respondieran a historias particulares, la cruz se convirtió en un lenguaje común de fidelidad, servicio y memoria. No es casual que numerosas casas nobiliarias incorporasen diferentes tipos de cruces a sus escudos, ni que la propia ciudad de Oviedo adoptara la Cruz de los Ángeles como su emblema permanente.

La cruz patada, como la que nos ocupa, fue uno de los muebles heráldicos de mayor difusión entre numerosos linajes, concejos y poblaciones del norte de la Península desde la Edad Media hasta la actualidad. Su presencia refleja la importancia que este símbolo concreto adquirió como emblema de la identidad cristiana y caballeresca, especialmente en un territorio donde esta cruz y, posteriormente, la Cruz de la Victoria llegaron a convertirse en los iconos por excelencia de todo un reino. Aunque no puede afirmarse documentalmente que todas estas cruces constituyan una representación directa de la Cruz de los Ángeles, resulta evidente que participan del mismo universo simbólico que ésta inauguró en el imaginario político y religioso asturiano.

La repetición de varias cruces dentro de un mismo escudo constituye, además, un recurso frecuente de la heráldica. Diversos autores han señalado que, en la tradición simbólica europea, los números poseían un valor que trascendía el mero aspecto decorativo, si bien la interpretación concreta de cada composición depende del contexto de cada linaje y rara vez puede demostrarse mediante documentación contemporánea. Según la tradición, la disposición y el número de las cruces respondería precisamente a esa voluntad simbólica, otorgando al número un significado especial que hunde sus raíces en antiguas concepciones filosóficas y místicas.

Existe, sin embargo, un vínculo que trasciende las figuras concretas del blasón. Del mismo modo que la Cruz de los Ángeles no fue concebida como un simple objeto precioso, sino como la representación visible de una comunidad política y espiritual, el escudo de armas tampoco es un adorno. Es la expresión condensada de una memoria familiar. La una pertenece al patrimonio de un reino; el otro, al patrimonio de un linaje. Ambos hablan el mismo lenguaje simbólico, el de la continuidad entre generaciones y la representación de un territorio donde se asentaron.

Esta cruz conoció también momentos de tensión. En 1934 la Cámara Santa sufrió graves daños durante la Revolución de Asturias, y en 1977 la cruz fue robada junto con otras piezas del tesoro catedralicio. Tras su recuperación hubo de ser cuidadosamente restaurada. Estos episodios recuerdan hasta qué punto el patrimonio histórico constituye una herencia frágil que cada generación recibe con la obligación de conservar.

Hoy, más de mil doscientos años después de que Alfonso II depositara su ofrenda en San Salvador de Oviedo, la Cruz de los Ángeles continúa siendo el símbolo histórico de la ciudad y una de las obras fundamentales del prerrománico asturiano. En ella convergen la fe, el arte, la monarquía y la memoria de Asturias. Y cuando un escudo de armas conserva la presencia de la cruz como uno de sus elementos principales, no evoca necesariamente una filiación concreta con aquella joya regia, pero sí participa, como ya hemos señalado, de un mismo universo simbólico que desde los días del antiguo reino ha formado parte inseparable de la identidad histórica de Asturias.

Riestra2026.

Publicado por La Mesa de los Notables.

martes, 30 de junio de 2026

EL PALACIO DE LOS BARONES DE VALDEOLIVOS. UNA JOYA DE LA ARQUITECTURA ARAGONESA RENACE COMO MUSEO.

 Pilar de Vicente.

El patrimonio civil de Aragón está de enhorabuena. El Departamento de Presidencia, Justicia, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón ha concluido las ambiciosas intervenciones de restauración y puesta en valor del Palacio de los Barones de Valdeolivos, residencia de la familia Ric, ubicado en la localidad de Fonz (Huesca).

Este monumento, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 2022, se prepara para abrir sus puertas al público bajo el concepto de casa-museo, permitiendo a los visitantes sumergirse en la historia de la familia Ric desde el siglo XVIII.

Con una inversión total de más de 1,7 millones de euros procedentes de Fondos europeos PRTR (Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia), a través del programa de Mejora de la Competitividad y Dinamización del Patrimonio Histórico con Uso Turístico. El Gobierno de Aragón es propietario del 100% del palacio y sus históricos jardines.


Las dos grandes líneas de intervención.

Para asegurar el futuro del edificio sin restarle un ápice de su valor histórico, los trabajos se dividieron en dos grandes ejes:

1. Consolidación estructural y restauración integral.
Dada la avanzada situación de deterioro en la que se encontraba el inmueble, se priorizó garantizar su estabilidad a largo plazo:
•Refuerzo de forjados: Se retiraron elementos en mal estado y se reforzó el techo de la planta noble mediante estructuras metálicas desde la planta bajo cubierta.
•Respeto histórico: La reconstrucción de estructuras se realizó respetando escrupulosamente la geometría original del edificio.
•Sostenibilidad: Se integraron instalaciones bajo criterios de eficiencia energética para optimizar el consumo futuro.

2. Accesibilidad universal:
Para convertir el palacio en un espacio visitable, pero sin dañar las estancias de mayor valor artístico, se han introducido mejoras de accesibilidad:
•Adecuación de los recorridos interiores para crear itinerarios accesibles dentro del palacio, adaptando la distribución de los espacios históricos para facilitar la circulación de visitantes con movilidad reducida.
•Eliminación o reducción de barreras arquitectónicas, mediante intervenciones de albañilería y acondicionamiento interior compatibles con la protección patrimonial del edificio.
•Instalación de nuevas infraestructuras y servicios necesarios para la apertura al público, lo que habitualmente incluye sistemas de acceso adaptados y mejoras en la seguridad y evacuación.
•Adaptación del inmueble para uso museístico, siguiendo criterios actuales de accesibilidad para espacios culturales y turísticos financiados con fondos europeos.

El objetivo final de esta gran obra es convertir el Palacio de Valdeolivos en un motor cultural y turístico de referencia para Fonz y la comarca, destacando sus rasgos característicos como exponente de la arquitectura civil aragonesa, sirviendo como motor para mejorar el futuro turístico y cultural del Cinca Medio.

El Gobierno de Aragón ya planifica las siguientes fases para recuperar el esplendor total del palacio: la restauración de las valiosas pinturas de la planta noble, la recuperación del conjunto de bienes muebles (muebles y objetos de época) y la adecuación de la entreplanta como zona de almacenamiento.

Pronto, este exponente de la arquitectura civil aragonesa dejará de ser un gigante dormido para convertirse en un recurso cultural y turístico de referencia en el municipio.

 Pilar de Vicente.

Publicado por La Mesa de los Notables.