jueves, 27 de noviembre de 2025

¿TOISÓN ESPAÑOL O TOISÓN AUSTRIACO? LA ENCRUCIJADA DE UN SÍMBOLO.

 

Hace no muchos días, un buen amigo, aficionado a la historia y a los temas que suelo tratar en este blog, me lanzó una pregunta durante una conversación que había empezado de manera trivial. Hablábamos de las recientes concesiones del Toisón de Oro: el otorgado a la Reina Doña Sofía y los concedidos a Don Felipe González, Don Miquel Roca y Don Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, tres figuras clave en la arquitectura política de la España que hoy conocemos.
-Dime una cosa, me preguntó: de entre los dos Toisones, el español y el austriaco, ¿cuál es en realidad el legítimo?
La pregunta tenía algo de inocente y bastante de provocativa. Porque cada vez que la Corona concede el Toisón, especialmente a personalidades de cierto peso histórico, reaparece una discusión que nunca termina de cerrarse: la historia de la orden no es lineal, ni pacífica, ni estrictamente unívoca.
El comentario de mi amigo me recordó hasta qué punto esta distinción, que a ojos de muchos puede parecer meramente ceremonial, sigue conectada con los antiguos debates sobre monarquía, dinastía y soberanía. Y, sobre todo, cómo su sentido actual no puede comprenderse sin mirar al pasado, hacia la fecha en que la orden se dividió en dos ramas que aún hoy reclaman su propia continuidad.
Dado el interés que este tema suscita desde hace años, me atrevo a ofrecer unas pinceladas, en el estrecho margen que permite este blog, sobre la legitimidad que respalda, en mi opinión, a cada uno de los Toisones que conviven en nuestro siglo XXI.

Entonces, ¿cuál es el auténtico?

Las dos ramas del Toisón de Oro: historia de una división y de dos legitimidades.

La Orden del Toisón, fundada en 1430 por Felipe el Bueno, forma parte del pequeño conjunto de instituciones europeas que han atravesado siglos de transformaciones políticas sin perder su prestigio. Su historia, sin embargo, no es una línea recta. Desde comienzos del siglo XVIII, la orden existe en dos ramas distintas, la española y la austriaca, cuya coexistencia suscita la pregunta de cuál de ellas es “la legítima”. La respuesta exige revisar el origen de esa división y los fundamentos que han sostenido la continuidad de ambas.

De Borgoña a los Habsburgo: la consolidación de un símbolo.
La fundación de la Orden del Toisón de Oro respondió, sin lugar a dudas, a las necesidades políticas del Estado borgoñón: reforzar la autoridad del Duque y aglutinar a su nobleza bajo un programa de fidelidad y prestigio. Con el matrimonio entre María de Borgoña y Maximiliano de Habsburgo, la orden pasó a ser un instrumento dinástico de la nueva casa y, desde el reinado de Carlos V, quedó integrada en el complejo entramado de la Monarquía Hispánica y del Sacro Imperio. Durante los siglos XVI y XVII, el Toisón funcionó principalmente desde la corte de Madrid, sin perder su carácter internacional ni su vinculación a la Casa de Austria en su conjunto.

1700: una disputa sucesoria con efectos duraderos.
La muerte sin descendencia de Carlos II de España (1700) inauguró un conflicto sucesorio cuyo impacto afectó tanto a la Corona como a la Orden. La cuestión era precisa: ¿quién heredaba la Gran Maestría: el nuevo rey de España o el jefe de la Casa de Habsburgo?
Las posiciones eran irreconciliables:
España defendía que la Gran Maestría era un atributo de la Corona, por lo que debía corresponder a Felipe V, nombrado heredero por Carlos II.
Austria, por su parte, sostenía que la orden era propiedad dinástica de los Habsburgo y, en consecuencia, debía pasar al archiduque Carlos, heredero de la rama austriaca.
La Guerra de Sucesión impidió toda negociación. La ruptura se produjo sin un acuerdo jurídico final. Y así, desde 1700, la orden siguió dos caminos paralelos, cada uno convencido de representar la continuidad auténtica.

Las dos naturalezas del Toisón.
El Toisón de Oro en España.
En la España borbónica, el Toisón se consolidó como orden oficial del Estado. Su concesión quedó estrictamente regulada, su número de miembros limitado y su identidad integrada en las instituciones monárquicas. El Rey de España ejerce la Gran Maestría como parte de sus prerrogativas soberanas.
El Toisón de Oro en Austria.
La Casa de Habsburgo mantuvo el Toisón como orden dinástica, incluso después de la desaparición del Imperio Austrohúngaro. Aunque ya no forma parte del sistema estatal austríaco, conserva sus reglas tradicionales y sigue siendo una expresión de continuidad familiar.


Legitimidades complementarias.
Atribuir a una sola de las dos ramas la condición de “legítima” implica pasar por alto la naturaleza del conflicto que originó la escisión y el marco jurídico vigente en 1700. La división del Toisón de Oro surgió de una disputa sucesoria en la que no existía una norma indiscutible que determinara a quién correspondía la Gran Maestría tras la extinción de la rama española de los Habsburgo. Ante la ausencia de un criterio universalmente aceptado, cada parte sostuvo una interpretación coherente con su propia tradición jurídica, y ambas lograron consolidarse con el paso del tiempo.
•La rama española es legítima porque encarna la continuidad institucional del Toisón como atributo de la Corona. Desde 1700, los reyes de España han ejercido la Gran Maestría sin interrupción, incorporando la orden al conjunto de distinciones oficiales del Estado y manteniendo su vigencia mediante normas y prácticas estables. Esta continuidad pública y estatal ha dado al Toisón español una base jurídica sólida y reconocida en la diplomacia contemporánea.
•La rama austriaca es igualmente legítima porque preserva la continuidad dinástica de la familia que administró la orden desde su incorporación a los Habsburgo. Tras la Guerra de Sucesión, los Habsburgo conservaron su propia línea de la orden como patrimonio familiar, respetando las normas tradicionales y transmitiendo la Gran Maestría de generación en generación. Su legitimidad se fundamenta en la pervivencia histórica de la casa fundadora del linaje moderno del Toisón.
En más de tres siglos, ninguna de las dos ramas ha sido desmentida por la práctica histórica. Ambas han funcionado de manera estable dentro de sus respectivos ámbitos -estatal en España y dinástico en Austria- sin que haya surgido un consenso jurídico, diplomático o historiográfico que otorgue primacía absoluta a una sobre la otra. La coexistencia prolongada y pacífica de ambas ramas es, en sí misma, la mejor prueba de su legitimidad compartida.

Conclusión.
En mi opinión, la división del Toisón de Oro no produjo una orden auténtica y otra derivada, sino dos líneas de continuidad surgidas de un conflicto sucesorio que no podía resolverse jurídicamente en su tiempo. Cada rama mantuvo su legitimidad sobre fundamentos distintos, pero igualmente válidos: la española, apoyada en la titularidad institucional de la Corona, y la austriaca, en la continuidad dinástica de los Habsburgo.
Tres siglos de existencia paralela han confirmado de hecho lo que la teoría discutió en 1700: ambas órdenes han sido capaces de sostener su identidad, su tradición y su autoridad dentro de sus respectivos ámbitos. Ninguna ha quedado desmentida por la práctica histórica ni desposeída por consenso internacional.
Por ello, la pregunta que nos debemos hacer no es cuál es “el verdadero” Toisón, sino qué expresión de la herencia borgoñona se preserva en cada uno. El español encarna la proyección estatal de la orden; el austriaco, su raíz familiar y dinástica. Juntas, ambas ramas completan el panorama de una institución que ha sobrevivido precisamente porque supo adaptarse a dos realidades políticas diferentes sin perder su esencia.

Riestra.

Escudo: Diseño del artísta heráldico Antonio Salmerón ( https://www.blason.es/ ).
Publicado por La Mesa de los Notables.


miércoles, 26 de noviembre de 2025

SEMBLANZA DEL GENERAL RODRÍGUEZ CASADEMUNT.

 

Un legado de coraje.
En ocasiones, la historia parece escoger a determinadas familias para convertirlas en custodias del valor. Ayer recordábamos en este blog al capitán bilaureado don Miguel Rodríguez Bescansa; hoy queremos dedicar estas líneas a su padre, don José Rodríguez Casademunt, general laureado cuya semblanza ha quedado grabada en Filipinas y en África como sinónimo de coraje. Su vida, tejida de disciplina y sacrificio, se templó en los escenarios más duros del servicio a España, allí donde la lealtad, el valor y la constancia no eran virtudes opcionales, sino condiciones esenciales para sobrevivir.

Mallorca.
Nacido en la isla de Mallorca en 1870, tierra de marineros y hombres recios, José Rodríguez Casademunt llegó al mundo con la determinación marcada en el gesto. Caminaba, dicen, con paso seguro, como si cada sendero fuera ya el preludio de una marcha militar. Su mirada, profunda y serena, contemplaba el horizonte no como frontera, sino como promesa. A los dieciséis años ingresó en la Academia General Militar. Entre el brillo del acero y el olor a pólvora se fraguó su carácter. Salió promovido al empelo de Segundo Teniente de Infantería en 1890 y tuvo como destino el Regimiento de América. Sus instructores afirmaban que era “un soldado de vocación antigua, hecho para tiempos difíciles”. Y no tardó en encontrarlos.


Filipinas.
Su primer gran destino, fue Filipinas, donde el sol ardía como fragua y el combate parecía flotar en el aire. Entre arrozales y selvas densas, Rodríguez Casademunt reveló la verdadera talla de su espíritu. En Arayat, cercado por un enemigo abrumadoramente superior en número, sostuvo la posición con un puñado de hombres exhaustos. No retrocedió. No vaciló. Su voz grave, segura y obstinada mantuvo en pie a sus soldados durante horas, que los debieron parecer eternas. Los insurgentes avanzaban como un oleaje imparable, pero el joven oficial recorrió cada flanco, alentó a sus hombres y llegó a combatir cuerpo a cuerpo aun estando herido.
Cuando todo parecía perdido y el polvo del combate ahogaba incluso la esperanza, su ejemplo encendió lo imposible: sus tropas cargaron con fuerzas que creían ya extinguidas. Aquella defensa memorable no solo salvó vidas; se convirtió en leyenda.
Por su comportamiento obtuvo la Cruz Laureada de San Fernando, la más alta distinción al valor que, como saben nuestros lectores, otorgan nuestros Ejércitos.
Tras ganar, como Capitán, una Cruz de María Cristina, en 1898, se le concedió el empleo de Comandante por la defensa de la plaza de Manila, volviendo a España herido de gravedad.

Africa. 
Pero su espíritu no se apagó al dejar Filipinas. En África, durante las campañas del norte de Marruecos, volvió a demostrar que su nombre era sinónimo de coraje. Condujo columnas exhaustas, abrió paso por desfiladeros imposibles y se ganó la admiración de sus soldados y el respeto de sus adversarios. Era un jefe justo, austero y valiente, que jamás exigía a un hombre lo que él mismo no estuviera dispuesto a cumplir.
Cada ascenso no era un trámite, sino el reconocimiento a una trayectoria forjada en el fuego del combate. Con los años alcanzó el grado de Teniente General y llegó a ser Capitán General de Canarias, además de presidir el Consejo de las Órdenes Militares, custodio de la tradición castrense con la misma dignidad con la que había combatido.
Había llegado a la cima, pero conservó siempre -según los que le conocían- la humildad del muchacho que un día partió de Mallorca.

El final del camino.
El destino, sin embargo, quiso que su vida concluyera lejos de los honores ganados en batalla. En 1936, en los primeros meses turbulentos de la Guerra Civil, el anciano general -ya en la Reserva, sin mando ni armas y sin enemigos personales- fue encarcelado en la Cárcel Modelo de Madrid. Entre sus fríos muros mantuvo la misma dignidad con la que había pasado sus días como soldado.
La madrugada del 7 de noviembre su nombre apareció entre los que serían conducidos a Paracuellos del Jarama. Partió al amanecer con la serenidad de quien ha vivido siempre conforme a los dictados de su conciencia y la certeza de una vida plena.

Un legado imborrable.
José Rodríguez Casademunt fue un soldado de los que se forjan en la batalla: un hombre de honor, héroe en Filipinas, ejemplo en África, general que llevó la Laureada no como ornamento, sino como cicatriz de una vida entrega y coraje.
Su memoria permanece en los anales de la historia militar, así como en todos aquellos que vemos en su figura un símbolo de valor, lealtad y sacrificio.

Publicado por La Mesa de los Notables.

martes, 25 de noviembre de 2025

HEROE. LA GESTA DE YEBEL MALMUSI.

 

Ayer mismo recibí un magnífico artículo de don Jorge Bernaldo de Quirós, muy bien documentado, sobre el capitán don Miguel Rodríguez Bescansa, fallecido en la acción de Yebel Malmusi, el 22 de septiembre de 1925, que él mismo lideraba. Su heroica muerte tuvo lugar durante un combate durísimo -calificado por muchos como dantesco- tras haber tomado una posición hostil y reorganizado a sus tropas bajo una enorme presión. Aquella hazaña le valió la concesión, a título póstumo, de su segunda Cruz Laureada de San Fernando.

Por lo extenso del artículo, no puedo publicarlo íntegramente en formato blog, como quisiera. No obstante, me he atrevido a preparar un extracto para honrar la memoria de este héroe español en el centenario de su muerte.

EXTRACTO DEL ARTÍCULO DE DON JORGE BERNALDO DE QUIRÓS SOBRE EL BILAUREADO CAPITÁN DON MIGUEL RODRÍGUEZ BESCANSA, EN EL CENTENARIO DE SU FALLECIMIENTO.

Se cumple este año el centenario de la muerte del capitán don Miguel Rodríguez Bescansa, uno de los protagonistas más fulgurantes de las campañas españolas en el Rif. Su figura, tan intensa y luminosa como efímera, parece diluirse en la memoria colectiva, oscurecida por los grandes acontecimientos que sacudieron el siglo XX. Sin embargo, su vida y su muerte resumen con rara pureza el sentido del sacrificio militar, la entrega al deber y la lealtad absoluta hacia los hombres bajo su mando.


Nacido en Pamplona en 1900, Bescansa abrazó la carrera de las armas desde la adolescencia. Con apenas quince años ya conocía el polvo africano, y pronto se ganó fama de oficial impetuoso, siempre dispuesto a aparecer en el punto más comprometido del frente. En aquellas campañas coloniales -marcadas por emboscadas, avances difíciles y un enemigo tenaz- el valor personal era una moneda imprescindible; y el joven navarro parecía poseerlo en grado inusual.
Su primer gran acto de heroísmo se produjo en el bosque de Sidi Dauetz, el 17 de julio de 1925. Allí, bajo fuego intenso y en un terreno confuso, logró reorganizar a sus hombres, animarlos en árabe, tomar el banderín y lanzar una contraofensiva que restableció la posición española. Herido, ocultó su dolor para sostener la moral de la tropa, consciente de que la serenidad del jefe podía decidir el resultado de la jornada. La acción le valió su primera Cruz Laureada de San Fernando, un reconocimiento reservado apenas a unos pocos elegidos.

Poco después fue destinado a la Harca de Muñoz Grandes, donde participó en la operación más audaz del Ejército español en Marruecos: el desembarco de Alhucemas, iniciado el 6 de septiembre de 1925. Según los testimonios, Bescansa fue el primer oficial español en saltar a la playa, y él mismo clavó la bandera en el terreno recién arrebatado al enemigo. Ese gesto, más simbólico que táctico, condensaba la imagen que ya se tenía de él: la del jefe que se gana el respeto ocupando el primer puesto, no el último.
Pero su destino se selló finalmente el 22 de septiembre de 1925, durante un reconocimiento ofensivo en las escarpaduras del Yebel Malmusi. Los destacamentos avanzados habían flaqueado bajo el empuje rifeño, y la situación amenazaba con desbordarse. Bescansa, al frente de su Tabor, avanzó sin esperar órdenes, sosteniendo la línea, arengando a sus hombres, abriéndose paso entre trincheras, humo y gritos. Allí cayó buena parte de su mando.

Ordenada la retirada, supo que uno de sus Caídes había quedado tendido en el campo. Pudo retirarse y alegar que la misión estaba cumplida. Pero volvió. Esa decisión -tan humana como temeraria- definió su figura más que todos sus actos anteriores. En la penumbra del combate, mientras intentaba recuperar el cuerpo del compañero caído, un disparo en la cabeza lo derribó para siempre. Su vida se extinguió en el mismo gesto de lealtad que pretendía rendir a uno de los suyos.
Por aquella acción fue reconocido con su segunda Laureada, una distinción excepcional que solo comparte, en su siglo, con el general José Enrique Varela. Pero mientras Varela prolongó su vida hasta convertirse en figura central del Ejército español, Bescansa quedó detenido para siempre en la edad heroica: veinticinco años de vida y dos Laureadas en el pecho, símbolo perfecto del sacrificio llevado hasta el extremo.

Su memoria, sin embargo, quedó relegada con el paso del tiempo. La Guerra Civil, la posguerra y las transformaciones del país desdibujaron la épica africana y sus protagonistas. Revivir hoy la figura de Bescansa no significa ignorar la complejidad moral de las guerras coloniales; significa, en cambio, reconocer el valor individual, la responsabilidad del mando y la nobleza del gesto final que define una vida.
A cien años de su muerte, el nombre de Miguel Rodríguez Bescansa nos devuelve a una verdad sencilla y antigua: que hay hombres que, en el momento decisivo, eligen correr hacia el peligro para no dejar atrás a los suyos. Esa elección, más que ninguna condecoración, es lo que justifica que su historia se siga contando. Es, también, lo que convierte su muerte en un símbolo perdurable de lealtad, coraje y humanidad en medio del combate.

Publicado por La Mesa de los Notables.

lunes, 24 de noviembre de 2025

DE BAGRAT A DAVIT: LA CONTINUIDAD DINÁSTICA EN GEORGIA.

 

A raíz de nuestra reciente publicación sobre la aceptación de S.A.R. Davit de Georgia como Protector de la Nobleza de Asturias -entrada que, por su elevada cantidad de lecturas, se ha convertido en una de las más visitadas de nuestro sitio- hemos recibido numerosas comunicaciones en nuestra cuenta de correo solicitando ampliar la información acerca del Príncipe, su situación actual, su historia y su linaje.

Dado lo amplio de las cuestiones planteadas, hemos decidido dedicar esta nueva entrada a ofrecer una primera aproximación, con pinceladas esenciales sobre la trayectoria y la genealogía de la Casa Bagrationi-Mukhrani, una de las más antiguas de Europa como ya saben nuestros lectores.

DE BAGRAT III A DAVIT.

La historia de Georgia es una sucesión de reinos caucásicos resistiendo entre montañas, fronteras y potencias que siempre los codiciaron. Durante siglos, en medio de ese tablero complejo, la dinastía Bagrationi sostuvo la continuidad del Estado georgiano. Su presencia se destacó como un elemento organizador, unificador y, a lo largo del tiempo, un símbolo de estabilidad para una nación sometida a presiones externas constantes.

Todo comienza con Bagrat III, quien a finales del siglo X logró lo que pocos consideraban posible: unificar los reinos dispersos del Cáucaso occidental bajo una sola corona. Desde él se proyecta una sucesión directa de soberanos que consolidaron un Estado que resistió invasiones, asedios, migraciones y desafíos internos. Su hijo, George I, y su nieto, Bagrat IV, gobernaron en tiempos inciertos, cuando el reino debía afirmarse frente a Bizancio.

Les siguieron George II y, sobre todo, David IV “el Constructor”, figura decisiva que fortaleció el reino, reorganizó su ejército y dio a Georgia una época de esplendor político y cultural. A David IV le sucedió Demetre I, y luego George III cuyo reinado preparó la llegada de una de las figuras más veneradas de la historia georgiana: la reina Tamar. Con ella, el país alcanzó su edad de oro, una etapa de expansión, estabilidad institucional y proyección internacional. 

Reina Tamar.

Su hijo, George IV Lasha, y su hermana y sucesora, Rusudan, mantuvieron la continuidad de la línea, incluso mientras el avance mogol transformaba el mapa político de la región. De Rusudan procede David VII Ulu, y de su descendencia emerge George V “el Brillante”, llamado así por restaurar la unidad y devolver al reino parte del vigor perdido. La estirpe continúa con Constantine I, Alexander I y George VIII, considerado el último rey plenamente unificado antes de que la invasión turcomana y las presiones exteriores fragmentaran el Estado en varios reinos hermanos. De George VIII nace Constantine II, y de él Bagrat, quien funda la rama que desempeñaría un papel crucial en los siglos posteriores: la Casa Bagrationi-Mukhrani. Esta línea preservó la legitimidad dinástica incluso cuando los reyes cambiaban, los territorios se reorganizaban y las potencias regionales imponían condiciones.

Cuando el Imperio Ruso absorbió Georgia a inicios del siglo XIX, la monarquía  desapareció políticamente, pero la legitimidad histórica de la familia no. Los Bagrationi se integraron en la estructura imperial sin renunciar a su identidad. Sirvieron como militares, diplomáticos y funcionarios, contribuyendo a la política y a las armas del Zar, pero manteniendo siempre el recuerdo de su origen y la conciencia de su papel tradicional en la estructura del Estado Georgiano. 
Alexander Bagrationi-Mukhrani, sirvió en la guerra ruso-turca (1877–1878), integrándose plenamente en el aparato militar zarista. Sin embargo, cuando el Imperio ruso se derrumbó y el poder bolchevique se expandió, Alexander regresó a Georgia para defenderla. Fue capturado y fusilado en 1918.
Su hijo, el príncipe George, continuó esta línea de resistencia. Tras la invasión soviética de 1921, se internó en las montañas del Cáucaso para dirigir una guerrilla que luchó durante casi una década. Nunca fue capturado y su figura quedó asociada de manera permanente a la resistencia georgiana durante el periodo más oscuro de la ocupación.
En el exilio, Irakli Bagrationi mantuvo viva la reivindicación política del derecho de Georgia a ser un Estado independiente. Su actividad no fue meramente nostálgica: articuló movimientos políticos y redes internacionales que contribuyeron a preservar la idea de una Georgia soberana en tiempos en que la ocupación soviética parecía permanente.

La independencia de 1991, resultado de un largo proceso de resistencia civil y política, marcó un punto de inflexión. Ese mismo año, el gobierno y el parlamento del país reconocieron a Giorgi Bagrationi-Mukhrani como Jefe de la Casa Real de Georgia, un gesto que, sin restaurar la monarquía, afirmaba la legitimidad histórica de la dinastía y su lugar en la identidad nacional.
A su muerte en 2008, su hijo Davit Bagrationi-Mukhranbatoni heredó esa posición. Su figura adquiere relevancia por varios motivos: representa la continuidad histórica de una institución que existió durante más de mil años y es refrendado como Jefe de la Casa Real, lo que lo convierte en referente simbólico en un país donde la identidad nacional está profundamente ligada a la continuidad histórica, siendo visto como un referente de continuidad cultural en un país que ha sufrido repetidas rupturas políticas.

A este reconocimiento civil se suma el apoyo de una institución central en la identidad georgiana: la Iglesia Ortodoxa Georgiana.  En numerosas ocasiones, la Iglesia ha expresado abiertamente su deseo de una reinstauración monárquica, considerándola una vía de estabilidad nacional. Incluso en la arena política reciente, el tema ha sido objeto de debate: el gobierno presentó al Parlamento una votación interna para estudiar la restauración de la monarquía, que no prosperó por un estrecho margen -apenas dos votos- , mostrando que la cuestión sigue viva en el imaginario político.

 

Emblema de la principal orden dinástica de la Casa Bagrationi: Orden del Águila de Gaorgia y la Túnica Sin Costuras de Nuestros Señor Jesucristo.
 

Davit en la actualidad no tiene un papel definido en el organigrama estatal de Georgia, pero su importancia no es menor: en sociedades con una historia como la de estos territorios, la figura de un heredero dinástico funciona como referente de unidad, especialmente en momentos de tensión interna o de presión externa. Su presencia recuerda que la identidad del país no depende únicamente de gobiernos temporales ni de equilibrios geopolíticos, sino de una tradición estatal mucho más antigua, la figura de S.A.R. Davit Bagrationi-Mukhranbatoni se ha consolidado como un punto de referencia: un representante de la continuidad histórica del país, un depositario de su tradición estatal y un símbolo con capacidad de integrar tradición y presente sin caer en idealizaciones.

Para saber más: https://www.royalhouseofgeorgia.ge/

Publicado por La Mesa de los Notables.

 


viernes, 21 de noviembre de 2025

IMPOSICIÓN DEL COLLAR DEL TOISÓN DE ORO A LA REINA DOÑA SOFÍA Y A RELEVANTES PERSONALIDADES DE LA POLÍTICA ESPAÑOLA.

 

Madrid a 21 de noviembre de 2025.

Su Majestad el Rey Don Felipe, acompañado por la Reina Doña Letizia, la Princesa de Asturias y la Infanta Doña Sofía, impuso el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro a Su Majestad la Reina Doña Sofía, en reconocimiento a su “dedicación y entrega al servicio de España y de la Corona”. También fueron distinguidos Don Felipe González, Don Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y Don Miquel Roca i Junyent.

A su llegada al Palacio Real, los Reyes, la Princesa y la Infanta fueron recibidos por la presidenta del Consejo de Administración del Patrimonio Nacional, Doña Ana de la Cueva. Posteriormente, en el Salón de Teniers, saludaron al presidente del Gobierno y a los máximos representantes del Congreso de los Diputados, del Senado, del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo.
El acto continuó en el Salón del Trono, donde el Rey destacó en su discurso la contribución decisiva de la Corona a la apertura de España hacia la democracia, subrayando su papel como “catalizador clave” del proceso de transformación democrática.

Imagen: https://www.casareal.es

Tras la intervención de Don Felipe, se procedió a la lectura de los Reales Decretos de concesión del Collar del Toisón de Oro a la Reina Doña Sofía y al resto de galardonados, en reconocimiento a su servicio a España y a la Corona, y, en el caso de los juristas, por su labor en favor de la convivencia y del orden constitucional.
Finalizada la imposición de los collares, la Unidad de Música de la Guardia Real interpretó el Himno Nacional y se realizó la tradicional fotografía de grupo, con la que concluyó la ceremonia.
Se recordó asimismo que, en 2018, la Princesa de Asturias recibió el Collar de la Orden, distinción que tradicionalmente se concede al heredero de la Corona para introducirlo en las tradiciones, deberes y responsabilidades de la institución.

La Insigne Orden del Toisón de Oro, fundada en 1429 por Felipe III de Borgoña, pasó a la Casa Real española a través de Carlos I y, desde entonces, los Reyes de España son sus Soberanos y Grandes Maestres. El collar, inspirado en el mito de Jasón, es propiedad de la Orden y debe devolverse a la muerte de cada caballero. A lo largo de su historia se han otorgado cerca de 1.200 collares a soberanos, jefes de Estado y destacadas personalidades.
Durante su reinado, Don Juan Carlos concedió el Toisón a numerosos monarcas, jefes de Estado, figuras políticas y grandes servidores públicos, entre ellos los Reyes de Suecia, Dinamarca, Noruega, Tailandia y el Reino Unido, así como a Don Adolfo Suárez, Don Javier Solana o Don Víctor García de la Concha.

Tras la ceremonia, Sus Majestades los Reyes se trasladaron al Congreso de los Diputados para presidir el acto conmemorativo del cincuentenario de la restauración de la Monarquía en España, que incluyó el coloquio “50 años después: la Corona en el tránsito a la democracia”.

Publicado por La mesa de los Notables.

jueves, 20 de noviembre de 2025

S.A.R. EL PRÍNCIPE DAVIT BAGRATIONI, PROTECTOR DE LA NOBLEZA DE ASTURIAS.

 

Coincidiendo con los actos celebrados en torno al Capítulo que reunió a la Nobleza de Asturias en Oviedo, el pasado 8 de noviembre, se anunció que Su Alteza Real el Príncipe Davit de Georgia, Príncipe Real de Kartli (Batonishvili), Príncipe de Mukhrani y Mukhran Batoni, Jefe de la Dinastía Bagrationi y actual Jefe de la Casa Real de Georgia, ha aceptado la dignidad de Protector  del Real Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias.

Davit Bagrationi nació el 24 de junio de 1976 en Madrid en el seno de la rama Mukhrani de la familia real georgiana, descendiente directa de los antiguos reyes de Kartli y de otros reinos medievales del Cáucaso. Creció lejos de su patria ancestral, pero ha vivido profundamente inmerso en una educación orientada a la tradición histórica y cultural de su pueblo.
En 2003 decidió establecerse en Georgia, país que en ese momento atravesaba un periodo de importantes transformaciones políticas. A la muerte de su padre, Jorge (Giorgi) Bagrationi-Mukhrani, en 2008, Davit asumió el liderazgo de la Casa Real de Mukhrani. Aunque Georgia es actualmente una república, el Príncipe ejerce un papel histórico y cultural como custodio del legado monárquico, representante ceremonial y figura de unidad tradicional para quienes valoran la herencia dinástica georgiana.


La Casa Bagrationi ha estado ligada históricamente a la Iglesia Ortodoxa de Georgia, vínculo que Davit ha mantenido con especial dedicación, conservando una relación cercana y respetuosa con el Patriarcado Georgiano -institución fundamental en la identidad nacional del país- . Es Soberano y Gran Maestre de la Orden del Águila de Georgia y de la Túnica Sin Costura de Nuestro Señor Jesucristo, además de Gran Maestre de la Orden de la Santa Reina Tamar y Gran Maestre de la Orden de la Corona de Georgia.Se encuentra emparentado con las Casas Reales de España y Baviera, así como con las Casas Imperiales de Alemania y Rusia, lo que refuerza la proyección internacional de su linaje.
La Iglesia Ortodoxa Georgiana ha solicitado en múltiples ocasiones la reinstauración de la monarquía en el país. Incluso el gobierno actual presentó un llamamiento en el Parlamento mediante una votación interna, la cual no logró un resultado favorable por apenas dos votos. Davit Bagrationi es considerado un símbolo de continuidad cultural en Georgia. Su figura representa la memoria viva de un pasado que sigue influyendo en la identidad nacional y despierta un notable interés tanto dentro del país como entre las comunidades georgianas en el extranjero.
En un mundo donde las monarquías históricas suelen ocupar un papel principalmente ceremonial, la figura del Príncipe Davit Bagrationi encarna la permanencia de un legado que ha sobrevivido invasiones, exilios y revoluciones. Su vida y su labor pública son un testimonio de cómo la tradición puede encontrar un lugar en el siglo XXI sin perder su esencia.

También son Protectores de este Cuerpo Nobiliario S.A.R. Dom Duarte de Bragança; S.A.I. y R. Don Andrés Salvador de Habsburgo-Lorena y Salm-Salm, Archiduque de Austria; S.A.R. el Príncipe Don Francisco Guillermo de Prusia; S.A.R. Michael Prinz von Sachsen-Weimar-Eisenach, Príncipe y Gran Duque de Sachsen-Weimar-Eisenach, Conde de Wettin; S.A.R. Don Luis Alfonso de Borbón y Martínez-Bordiú; S.A.I. y R. Dom Pedro Tiago de Orleans-Braganza y S.A.R. Emanuele Filiberto Umberto Reza Ciro René Maria de Saboya, como antes lo fue S.A.R. Don Víctor Manuel de Saboya, Príncipe de Nápoles (q. p. d.).

Asimismo, ostentan la dignidad de Protectores Regios del Real Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias: S. M. el Rey Carlos III del Reino Unido, como antes lo fue su madre S. M. la Reina Isabel II (q. p. d.); S. M. el Rey Federico X de Dinamarca; S. M. Mohammed VI, Rey de Marruecos; S. A. S. el Príncipe Alberto II de Mónaco y S. A. R. la Gran Duquesa María Teresa de Luxemburgo.

Más información en: https://www.cuerpodelanoblezadeasturias.es/

Publicado por La Mesa de los Notables.