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miércoles, 16 de septiembre de 2026

¡¿QUÉ ES EL TORROTITO?!

 

Las banderas de proa de los buques de guerra suelen estar inspiradas en las enseñas nacionales de los países a los que representan. En España, hasta 1945, se utilizaba en proa la misma bandera nacional que en popa, aunque de menor tamaño. Hoy, sin embargo, contamos con el «torrotito», una enseña de proa diferente y original, cuyo diseño conserva reminiscencias históricas que la hacen especialmente singular y única.

Es probable que quien haya paseado por alguno de los muchos puertos que tenemos en nuestra geografía, haya observado en alguna ocasión un buque de la Armada Española atracado y haya podido ver izada en él, además de la conocida bandera rojigualda que nos representa como nación, otra enseña en la proa que a veces pasa inadvertida. Es cuadrada y está dividida en cuatro cuarteles que representan los reinos de Castilla, León, Aragón y Navarra.

Aunque lo parezca, no es una rareza ni un simple adorno con reminiscencias históricas. Es el «torrotito», también llamado Bandera de Proa o Bandera de Tajamar, y forma parte del ceremonial de los buques de guerra de nuestra Armada.

La primera pregunta es inevitable, ¿por qué hay una bandera en la proa cuando la Bandera Nacional ya está ondeando en el buque? La respuesta está en la tradición naval y en los reglamentos que han ido estableciendo su uso. El Reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivos, aprobado en 1977, la denomina oficialmente «Bandera de proa a tajamar (torrotito)» y establece su uso única y exclusivamente para los buques de guerra de nuestra Armada.

La Bandera Nacional tiene su propio lugar a bordo. Cuando el buque está atracado o fondeado, se iza en el asta de popa. Al hacerse a la mar, se arría de ese lugar y se iza en el pico. Una vez navegando, permanece allí. Así lo establecen las Reales Ordenanzas de la Armada. El «torrotito» ocupa otro lugar y responde a otro ceremonial diferente.

Las Reales Ordenanzas establecen que, cuando un buque está fondeado o atracado en aguas extranjeras, iza la Bandera de Tajamar  a las mismas horas que la Bandera Nacional. En aguas nacionales se iza los domingos y días festivos, así como durante determinados engalanados. También se iza cuando hay un buque de guerra extranjero presente, desde que este fondea o afirma la primera amarra hasta que zarpa o larga la última, de acuerdo con las circunstancias previstas en las Ordenanzas.

No está, por tanto, permanentemente ondeando, tiene sus momentos perfectamente marcados.

El aspecto del «torrotito» es probablemente lo que más llama la atención. Es una bandera cuadrada dividida en cuatro cuarteles, en los que aparecen símbolos heráldicos fácilmente reconocibles en una composición descrita con detalle en el Reglamento de 1977, aunque estos elementos no responden exactamente a la distribución de la que se compone el escudo actual de España. La distribución y composición de esta bandera tiene sus propias características y responde a una tradición vexilológica específica. Por eso, aunque su tamaño sea reducido, basta con verla para reconocer inmediatamente un conjunto de símbolos que nos remite a algunos de los principales iconos históricos de España.

No siempre tuvo este aspecto. Y aquí aparece una de las partes más interesantes de su historia.
La documentación histórica especializada señala que, hasta el 11 de octubre de 1945, fecha en la que se aprobó un nuevo Reglamento de Insignias, Banderas y Distintivos, la bandera de proa conservaba los colores nacionales. Fue aquel reglamento el que estableció el diseño cuartelado que conocemos. Conviene, sin embargo, hacer una precisión importante: el Reglamento de 1945 ya no es la norma que actualmente regula esta bandera. En 1977, como ya hemos apuntado, se aprobó otro Reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivos que derogó expresamente el anterior, aunque mantuvo el diseño cuartelado de la Bandera de Proa. Dicho de otra manera, 1945 marca el cambio al diseño que conocemos, abandonando para la bandera de proa los colores de la enseña nacional, y 1977 es el que la mantiene en su actual diseño cuartelado.

La tradición de la bandera de proa, sin embargo, como acabamos de decir es anterior, y aquí conviene separar dos cuestiones que a veces se mezclan: la historia de la bandera y la historia de la palabra «torrotito».
El nombre ya aparece documentado antes de que existiera el diseño cuartelado actual. El Diccionario histórico de la lengua española de la RAE y la ASALE registran «torrotito» desde 1909. La primera documentación localizada corresponde a un texto de R. Fontenla, publicado ese año en la Revista General de Marina. La palabra aparece vinculada al lenguaje naval y a la pequeña bandera que los buques de guerra izan en la proa.

Hay un dato que resulta especialmente curioso, ya que hay fuentes que, sin profundizar en absoluto, consideran que el origen etimológico de «torrotito» pudiera ser incierto. Entonces, ¿a que debe su nombre?
Tradicionalmente, en la Armada, el pequeño mástil o asta vertical situado en el extremo de la proa, sobre el tajamar o el bauprés, se denominaba  (y se denomina) indistintamente «asta del torrotito» o, simplemente, «el torrotito» en el lenguaje cotidiano.
De este modo, la bandera que se iza en él terminó recibiendo también el nombre de «torrotito», por una cuestión práctica. Con el tiempo, la denominación del asta pasó a utilizarse para referirse directamente a la bandera que pendía de ella, simplificando así la comunicación a bordo.

Hay ocasiones en las que esta pequeña bandera adquiere especial protagonismo: los engalanados.
Las Reales Ordenanzas de la Armada regulan tanto el engalanado general como el engalanado particular. En estas ocasiones, la Bandera Nacional ocupa los topes y la Bandera de Tajamar se iza en el torrotito, junto con las correspondientes banderas del Código. Es una de las imágenes más características del ceremonial naval, el buque vestido con sus banderas, con la enseña nacional en la arboladura y el «torrotito» en la proa.
No es una cuestión improvisada. El ceremonial establece dónde debe estar cada bandera y cuándo debe aparecer. Incluso el Reglamento de 1977 determina diferentes tamaños para la bandera de tajamar en función de las dimensiones del buque.

El «torrotito» es, en esencia, una enseña naval de proa que, además de cumplir una función ceremonial, contribuye a identificar al buque como perteneciente a la Armada. Pequeño en tamaño, pero cargado de significado, acompaña al buque como un distintivo de su identidad y de su vinculación con nuestra institución naval.

Publicado por La Mesa de los Notables.

 


sábado, 5 de septiembre de 2026

CUANDO LAS PLANTAS SE CONVIERTEN EN EMBLEMA.

 Riestra2026.


Algunas notas sobre la emblemática japonesa (V). 


Hay una hermosa manera en japón de hacer que una planta deje de ser simplemente un elemento vegetal y se convierta en emblema. En el reducido espacio de un círculo, el mundo vegetal pierde volumen y color adquiriendo otra naturaleza, la del símbolo. Eso es lo que ocurre con los kamon de inspiración vegetal. 

Aunque, como ya hemos dicho en entradas anteriores, estos símbolos suelen compararse con los escudos de armas europeos pero su historia y su lógica son diferentes. Y entre sus innumerables motivos (animales, astros, fenómenos naturales, objetos, caracteres, etc) las plantas ocupan un lugar extraordinariamente importante. El crisantemo, la paulownia, la malva, la glicinia, el bambú, el cerezo o el ciruelo aparecen una y otra vez, sometidos a una operación estética muy japonesa, como es la de reducir la naturaleza a una forma clara, memorable y reproducible.

Pero esta costumbre no empieza exactamente con los kamon. Mucho antes de que una planta identificara a un clan ya formaba parte del vocabulario visual de las élites japonesas.
Durante el período Heian (794-1185), la aristocracia de la corte desarrolló un complejo repertorio de diseños conocido como yūsoku mon’yō. Se empleaban en vestimentas, mobiliario, objetos personales, arquitectura y vehículos. Entre sus motivos había flores, hojas, árboles y otros elementos naturales. Algunos diseños eran repetitivos y se encerraban en formas geométricas; otros combinaban diferentes elementos vegetales.

La propia tradición de los patrones japoneses, por tanto, es anterior al desarrollo de los kamon como emblemas. Los yūsoku mon'yō constituyeron una de las bases de las tradiciones decorativas posteriores, entre ellas los propios kamon.
Es importante hacer aquí una precisión histórica. No debe confundirse cualquier representación antigua de una planta con un kamon. Una flor representada sobre una tela Heian no era necesariamente un emblema. El kamon nace como signo identificativo, mientras que el motivo vegetal existía ya dentro de una cultura ornamental mucho más amplia.

La naturaleza que había servido durante siglos como repertorio ornamental podía ahora condensar una identidad. El árbol, la flor o la hoja dejaban de ser únicamente elementos hermosos para poder identificar a la persona que los llevaba como miembro de un clan.

Con el período Kamakura y el ascenso de la clase guerrera, el signo adquirió una función mucho más urgente. En el campo de batalla, como ya hemos dicho en varios de estos capítulos,  no había tiempo para sutilezas cortesanas. Había que distinguir rápidamente aliados y enemigos. Los emblemas comenzaron a aparecer en armaduras, estandartes, banderas y otras partes del equipamiento militar.

La consecuencia estética fue decisiva. Un emblema militar debía poder reconocerse a distancia, por eso los motivos vegetales que triunfaron como kamon. Una planta es reducida a sus elementos esenciales, tres hojas, una flor, un tallo, una disposición simétrica. La complejidad de la naturaleza se convierte en claridad gráfica. No es casualidad que los kamon vegetales tengan con frecuencia una apariencia casi abstracta. El objetivo no era pintar una planta. Era conseguir que unas pocas líneas fueran suficientes para reconocer de inmediato a un clan.


La paulownia: un árbol convertido en signo de poder.

Entre las plantas asociadas a la emblemática japonesa, pocas tienen una trayectoria tan importante como la paulownia. Sus flores y hojas fueron utilizadas como motivo decorativo y, posteriormente, como emblema. Existen numerosas variantes del kirimon, hasta el punto de que las flores pueden organizarse según cantidades concretas: por ejemplo, disposiciones conocidas como go-san no kiri y go-shichi no kiri, según el número de flores de cada grupo.

La paulownia también quedó vinculada al poder político. El Museo Británico conserva, por ejemplo, un ōban (una gran moneda de oro del Japón premoderno) cuya marca floral reproduce la paulownia; la fuente del museo señala que este motivo acabaría utilizándose también en sellos oficiales del gobierno y en sellos imperiales.

La historia de esta planta demuestra algo importante: un motivo vegetal podía circular entre diferentes ámbitos de la cultura visual japonesa. Podía aparecer en una bandera, en una moneda, en una decoración arquitectónica o sobre un objeto lacado sin que todas esas apariciones tuvieran exactamente la misma función. La planta era la forma; el contexto determinaba el significado.

El crisantemo, de flor a emblema imperial.

Hay otra planta cuya historia es inseparable de la autoridad imperial, como es el crisantemo (kiku). Era ya un motivo decorativo y auspicioso mucho antes de convertirse en el símbolo imperial que hoy resulta familiar. Una pieza de laca conservada por el Metropolitan Museum of Art, fechada a finales del siglo XV, combina crisantemos y paulownias y documenta el uso de ambas plantas como motivos auspiciosos y también como emblemas militares.

La asociación imperial del crisantemo se consolidó históricamente, y su uso fue adquiriendo restricciones específicas. Una fuente de la Biblioteca Nacional de la Dieta de Japón recoge la tradición según la cual el emperador Go-Toba (1180-1239) sentía especial predilección por el motivo del crisantemo, que progresivamente se convirtió en un emblema de la casa imperial. También documenta las restricciones posteriores sobre determinadas formas del crisantemo y del conjunto crisantemo-paulownia. Así, una flor podía recorrer un camino extraordinario, de motivo natural a ornamento, de ornamento a emblema, y de emblema a signo de autoridad.

La malva de los Tokugawa.

Quizá ningún otro motivo vegetal esté tan inmediatamente asociado a un clan guerrero como la aoi, la malva empleada en el célebre emblema de los Tokugawa.
La historia es particularmente reveladora porque conecta una planta con un lugar y con una tradición religiosa. La Biblioteca de la Dieta Nacional recoge que la planta representada en el emblema de los Tokugawa es la futaba-aoi, también llamada Kamo-aoi, considerada una planta sagrada relacionada con los rituales del santuario Kamo de Kioto. Según esta referencia, familias vinculadas a ese entorno utilizaron la aoi como motivo; los Matsudaira (antecesores de los Tokugawa) emplearon una forma de dos hojas y los Tokugawa desarrollaron el conocido diseño de tres hojas de aoi.

El famoso mitsuba-aoi terminó convertido en uno de los emblemas más reconocibles del Japón del período Edo. La imagen es casi paradójica, una planta relativamente delicada acabó identificando a una de las estructuras políticas más poderosas del Japón premoderno.

Sengoku. La planta como silueta contra el cielo.

Durante las guerras civiles de los siglos XV y XVI, la identificación visual alcanzó una importancia extraordinaria. Los clanes utilizaban sus signos en estandartes, campamentos, armas y vestimentas.La sencillez se convirtió en una virtud militar.

Una flor complicada podía resultar magnífica sobre un objeto de lujo, pero un signo destinado a verse entre centenares de hombres necesitaba otra lógica. Las fuentes japonesas describen los motivos empleados por los samuráis como diseños generalmente simples, de un solo motivo, concebidos para resultar impresionantes y reconocibles desde lejos.
Es en ese contexto donde se entiende mejor la peculiar estética de los kamon vegetales. No son plantas observadas desde la distancia corta del jardín. Son plantas convertidas en siluetas.

De la guerra a la ciudad, la larga paz del período Edo.

La llegada del período Edo transformó nuevamente la función de los emblemas.Japón entró en un largo período de estabilidad política bajo el shogunato Tokugawa. Los kamon continuaron existiendo, pero su utilización se extendió mucho más allá de los guerreros. Según el Gobierno de Japón, durante este período comenzaron a utilizarlos también comerciantes y habitantes de las ciudades; los emblemas servían para identificar, ya no a clanes, sin o también a gremios, comerciantes y negocios. Y ocurrió algo particularmente fértil para las plantas: la horticultura floreció.

Durante el Edo aumentó el cultivo de plantas ornamentales y, paralelamente, creció la variedad de motivos vegetales empleados en el diseño japonés. La documentación oficial sobre los patrones japoneses señala, por ejemplo, la enorme popularidad de la asagao, la campanilla o morning glory, durante el siglo XIX, especialmente en los diseños de los kimonos de verano. La planta ya no necesitaba justificar su presencia por la guerra. Podía ser simplemente bella, pero seguía conservando la memoria de un sistema visual en el que naturaleza e identidad habían estado estrechamente unidas.


El pino, el ciruelo, el bambú y el mundo de los buenos augurios.

No todas las plantas tuvieron la misma función ni todas fueron igualmente importantes como kamon. Conviene, además, separar el simbolismo general de la decoración japonesa del significado específico que pudiera tener un determinado emblema.
El pino, el bambú y el ciruelo, por ejemplo, forman desde hace siglos una célebre tríada de motivos auspiciosos. El uso de plantas como imágenes de buena fortuna está ampliamente documentado en el arte y las artes decorativas japonesas.

Un estudio publicado en J-STAGE sobre motivos vegetales en piezas de cerámica japonesas de finales de Meiji y comienzos de Shōwa encontró que más de la mitad de las 256 piezas estudiadas presentaban plantas; entre las más frecuentes estaban precisamente el pino y el ciruelo, tradicionalmente utilizados como motivos auspiciosos. No todo pino significa automáticamente “longevidad”, ni todo bambú significa necesariamente “resiliencia” dentro de un kamon concreto. Esas asociaciones existen en la cultura simbólica japonesa, pero el significado de un emblema concreto depende también de su historia y del clan o casa que lo utilizó.
El diseño japonés es simbólico, sí; pero no funciona exactamente como un diccionario en el que cada planta tenga una única traducción.

El siglo XIX. El mundo vegetal se ensancha.

El final del Edo y la modernización de Japón modificaron profundamente el paisaje cultural. La tradición de los motivos vegetales no desapareció. Al contrario, se encontró con nuevas plantas, nuevos gustos y nuevas formas de representación. Los estudios sobre los diseños textiles del período Meiji y Taishō muestran cómo las flores occidentales comenzaron a incorporarse progresivamente a los diseños japoneses. La rosa, por ejemplo, adquirió una presencia particular como símbolo de lo occidental en el Japón de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Los kamon, sin embargo, conservaron en buena medida su lenguaje formal tradicional: motivos reducidos, composición equilibrada y una marcada tendencia a la claridad gráfica.

Cuando el emblema deja de ser una bandera de guerra.

La Restauración Meiji terminó con el sistema político de los Tokugawa y transformó el orden social. En 1875, el nuevo gobierno estableció la obligación general de adoptar apellidos, algo que anteriormente estaba limitado en principio a determinados grupos sociales. El cambio propició la relación entre apellido y emblema.
El kamon sobrevivió porque ya había dejado de ser exclusivamente una insignia guerrera. Podía aparecer en un kimono ceremonial, en una tumba, en una casa o en determinados objetos familiares. El Gobierno de Japón señala que su uso ceremonial continúa en la actualidad, especialmente en prendas formales y en lápidas.

En el Japón contemporáneo, los kamon siguen formando parte de la cultura visual. La cantidad exacta de diseños depende de cómo se clasifiquen, pero fuentes oficiales japonesas hablan de miles de diseños que se basan exclusivamente en flores, plantas, hojas y otros elementos naturales.

Su presencia moderna resulta especialmente interesante porque revela hasta qué punto ha cambiado la función del símbolo. Un kamon ya no necesita servir para distinguir dos ejércitos en el polvo de una batalla. Puede aparecer en un funeral, una boda, un kimono formal, una entrada o una tradición familiar. Y esa continuidad explica en parte por qué los kamon resultan tan modernos a nuestros ojos. Son ancestrales, pero poseen una economía visual que podría pertenecer a un logotipo contemporáneo. 

Una “heráldica” sin bestiario dominante y llena de jardines.

Desde la perspectiva occidental, quizá lo más llamativo sea precisamente lo que falta.
La heráldica europea desarrolló un extenso repertorio de leones, águilas, unicornios, castillos, espadas y criaturas fantásticas. Los kamon japoneses conocen también animales, armas, objetos y fenómenos naturales, pero los motivos vegetales tienen una presencia extraordinaria. Y las colecciones de museos lo confirman materialmente, una hoja de roble sobre una prenda de un samurái, ramas de myōga en un estandarte, paulownias en objetos lacados, crisantemos sobre muebles, flores y hojas sobre armaduras.

La Glicinia (fuji). Uno de los motivos vegetales más antiguos y prestigiosos. Su nombre está ligado al linaje Fujiwara, y posteriormente fue utilizado por numerosas casas guerreras, entre ellas los Kuroda. El Museo de la Ciudad de Fukuoka documenta el fuji-mon de los Kuroda.

El Ciruelo (ume) posee una larga tradición simbólica y artística en Japón. La familia Maeda, señores de Kaga, utilizó como emblema una flor de ciruelo estilizada, documentada en una armadura conservada por el Metropolitan Museum.

 Mokkō. Es uno de los diseños más característicos de la heráldica guerrera. El clan Oda utilizó una variante del mokko-mon, documentada en retratos y prendas militares de Oda Nobunaga. También fue empleado por la familia Hotta.

Acedera (katabami): Sus tres hojas forman una de las siluetas más reconocibles de los kamon. Fue utilizada por diversas familias guerreras, entre ellas los Sakai, cuyo ken-katabami está documentado en repertorios del Museo de la Ciudad de Nagoya.


La Genciana (rindō): aparece a menudo como sasa-rindō, combinando las flores de genciana con hojas estilizadas. La familia Ishikawa, que gobernó Matsumoto a comienzos del período Edo, utilizó este diseño como emblema.

La Saeta de agua (omodaka): planta acuática reconocible por sus hojas en forma de flecha. La familia Mizuno empleó el maru ni tachi omodaka, todavía visible en las tejas históricas del castillo de Matsumoto.

El Roble( kashiwa): El roble aparece en numerosos emblemas de clanes con ramas familiares de alto rango. El Metropolitan Museum conserva un jinbaori perteneciente a la familia Makino, decorado con tres hojas de roble dentro de un círculo.

La Peonía (botan): tuvo una importante presencia en la cultura aristocrática y en las artes decorativas. Un ajuar de la familia Konoe, una de las grandes casas aristocráticas de Kioto, conserva la peonía como emblema; también aparece documentada en la tradición del clan Shimazu.

El Naranjo tachibana (tachibana): es un antiguo cítrico japonés y dio nombre al clan Tachibana, uno de los linajes de la aristocracia de Nara y Heian.

El Bambú y sasa  (take / sasa): aparece tanto solo como combinado con otros motivos. El ejemplo más célebre es el take ni suzume, bambú y gorriones, asociado a la familia Date, tanto en Sendai como en Uwajima.

Pino (matsu): Uno de los árboles más importantes de la iconografía japonesa. El pino, junto con bambú y ciruelo, como ya hemos dicho, forma la tríada auspiciosa shōchikubai. También aparece como motivo heráldico en diversas casas guerreras, entre ellas la de Hosokawa.

Cerezo (sakura). Aunque su presencia en la cultura japonesa es enorme, su papel como kamon fue más limitado que el que podría sugerir su fama actual. El clan Hosokawa utilizó el cerezo como uno de sus kaemon, según la documentación del Museo Municipal de Yatsushiro.

Lo extraordinario de estos kamon está precisamente en esa transformación, la naturaleza pierde volumen y movimiento para convertirse en una forma mínima y reconocible. Un jardín reducido a una firma.
Quizá ahí esté la clave de toda esta historia. Los kamon japoneses no nos muestran la naturaleza tal como la encontraríamos en un bosque. La comprimen. La ordenan. Eliminan lo accidental. Dejan sólo aquello que permite reconocerla. La planta, al entrar en el mundo del emblema, deja de crecer y se vuelve eterna.

Una glicinia ya no necesita ramas que trepen realmente por una pared. Un crisantemo no necesita marchitarse. Tres hojas de aoi pueden representar una casa durante generaciones. La paulownia puede aparecer sobre una bandera, una moneda, un tejado o un kimono y seguir siendo reconocible.

Durante siglos, los japoneses llevaron flores y hojas a la guerra, a la corte, a las ciudades y a las ceremonias. Cambiaron los regímenes, desaparecieron los samuráis, se modernizó el Estado y llegaron nuevas formas artísticas. Pero el lenguaje permaneció.
Quizá por eso, cuando uno mira un kamon vegetal, la sensación no es la de contemplar una ilustración antigua. Es la de encontrarse con una naturaleza que ha aprendido a convertirse en memoria.

Riestra2026.

Artículos relacionados (hacer click sobre el capítulo para leerlo):
Capítulo I
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4

Publicado por La Mesa de los Notables.

jueves, 27 de agosto de 2026

ANIMALES INSCRITOS DENTRO DE UN CÍRCULO.

Riestra2026

Algunas notas sobre la emblemática japonesa (IV). 

Los animales ocupan un lugar singular dentro de la emblemática tradicional nipona. No son, sin embargo, equivalentes a los usados por la heráldica occidental. Un animal no constituye automáticamente una «divisa» que determine una virtud familiar, ni existe un código universal que permita interpretar todos los kamon de la misma manera. El significado depende del motivo, de su tradición y, en ocasiones, del clan que lo adoptó.

Mariposa de los Taira

Y hay otra diferencia fundamental, en un kamon, la forma importa más que el color. Los emblemas tradicionales son esencialmente monocromos; pueden aparecer negros sobre fondo claro o blancos sobre fondo oscuro. El color no suele formar parte de la identidad del diseño. La biblioteca prefectural japonesa de Fukuoka consultó específicamente esta cuestión llegó a la conclusión, apoyándose en especialistas y repertorios emblemáticos, de que lo esencial es la figura, en un lienzo blanco se representa normalmente en negro y sobre una superficie negra, en blanco.

Con esa precaución, podemos adentrarnos en el pequeño "bestiario" de la emblemática japonesa.

Aves. Entre la longevidad y la guerra.

Las aves son probablemente uno de los grupos animales más reconocibles dentro de los kamon. Grullas, gansos, gorriones, cuervos y aves de presa aparecen convertidos en figuras de extraordinaria precisión geométrica.

Pocos animales están tan asociados a la longevidad en Japón como la grulla (tsuru). Junto con la tortuga, aparece tradicionalmente como símbolo de larga vida y prosperidad. El Tsuru no maru, la grulla inscrita en un círculo, es uno de los diseños clásicos de la tradición.

La importancia de la grulla no se limita al significado auspicioso. La figura fue utilizada por distintos señores de la guerra. Entre los clanes guerreros asociados al Tsuru no maru aparecen los Mōri, los Nambu y ramas relacionadas con Hongwanji, según repertorios de kamon. La propia Biblioteca Nacional Japonesa conserva referencias documentales a variantes de la «grulla circular» utilizadas por clanes aristocráticos.


Aquí conviene evitar una asociación moderna muy extendida, la famosa grulla roja de Japan Airlines no es un antiguo kamon. Su diseño fue creado en 1958 y se inspiró visualmente en la tradición de la grulla, aunque su parecido con determinados emblemas históricos resulta evidentemente buscado.

Si la grulla representa la longevidad, las plumas de halcón (taka no hane) llevan el imaginario hacia el mundo militar. Las plumas de halcón forman uno de los llamados cinco grandes motivos de kamon (godaimon), junto a la glicina, la paulonia, la flor de membrillo y la acederilla.
El motivo es particularmente apropiado para una sociedad guerrera. El halcón estaba ligado a la cetrería y a la cultura marcial de las élites. Sus plumas, además, podían reducirse a una forma limpia y fácilmente reconocible, exactamente el tipo de diseño que funcionaba bien sobre una bandera o una armadura.

Las variantes de plumas cruzadas, «plumas de halcón cruzadas dentro de un círculo», aparecen en numerosos clanes. La asociación no debe confundirse, sin embargo, con la idea de que todas las familias que empleaban plumas de halcón pertenecieran a un único clan, ya que un mismo motivo podía ser utilizado por ramas o clanes distintos, con sutiles diferencias.

El gorrión (suzume) aparece a menudo combinado con bambú. Es uno de esos casos en los que el animal adquiere su fuerza visual no tanto por aparecer aislado como por formar pareja con otro motivo natural.
La combinación de bambú y gorrión quedó especialmente vinculada a determinados clanes del Japón medieval, entre ellos en la tradición de los Date, aunque el repertorio del clan Date es mucho más amplio y no debe reducirse a este motivo.

La importancia de este tipo de composición revela algo esencial de los kamon, como es que no siempre se trata de un animal convertido en símbolo independiente. A veces es la relación entre dos elementos (ave y planta, animal y luna, animal y agua) la que construye el significado.

Entre las aves hay además una figura que se encuentra en el límite entre zoología y mitología: el Yatagarasu o cuervo de tres patas.
La tradición lo presenta como un ave sobrenatural que guió al emperador Jimmu desde Kumano hacia Yamato. Por esa razón, el cuervo está relacionado con la guía y la orientación divina. Su presencia es especialmente importante en la iconografía de Kumano.  No debe confundirse, por tanto, con un simple cuervo. En este caso el kamon remite a un clan que se decía heredero de un personaje de la mitología japonesa.

Menos representados (o no acreditados documentalmente en kamon pero si en banderas) se encuentran la garza (sagi)el fenix (ho-o) la paloma (hato) el ganso (Kari), el pato (kamo), el águila (iguru) y el cuervo (karasu). 

Animales acuáticos.

La tortuga (kame) comparte con la grulla, como ya hemos dicho, el símbolo de longevidad. La imagen aparece en diferentes variantes, entre ellas la llamada noborigame, la «tortuga ascendente». Junto al Tsuru no maru, la tortuga figura entre los ejemplos clásicos de kamon cuyo significado está explícitamente relacionado con el deseo de una vida larga y próspera para el clan.

Existe además una tradición más compleja alrededor de las tortugas extraordinariamente longevas, como el minogame, representado con una especie de cola de algas que crece a partir de su caparazón. Aquí la longevidad deja de ser simplemente una característica animal y se transforma en una cualidad casi sobrenatural.
No conviene, sin embargo, atribuir un único clan histórico a «la tortuga» como si se tratara de un emblema exclusivo. Existen numerosas variantes y usos familiares.

Un caso mucho más concreto es el cangrejo de la familia Date.
El Museo de la Ciudad de Sendai conserva un jinbaori (prenda militar) perteneciente a Date Shigemura, séptimo señor del dominio de Sendai. La pieza lleva cosido en espalda y mangas el kani-botan, el «cangrejo y peonía», un kamon usado por el clan Date.
Es un ejemplo particularmente revelador porque demuestra que el animal no tenía por qué dominar visualmente el emblema. En este caso aparece combinado con una planta, y es precisamente la combinación la que constituye el diseño exclusivo de la rama que lo usaba.



El dragón (ryū) ocupa una posición especial. No pertenece a la zoología, sino al mundo de los seres sobrenaturales. Su relación con el agua, la lluvia y las fuerzas naturales lo convirtió en un motivo poderoso dentro del arte japonés, aunque no es uno de los animales más habituales en los kamon.

También encontramos diseños llamados uroko, literalmente «escamas». El ejemplo más célebre es el Mitsu uroko, tres escamas, asociado históricamente al clan Hōjō de Kamakura. La tradición de Izu vincula esas «escamas» con las escamas de un dragón, pero esta explicación pertenece al terreno de la tradición y no debe presentarse como un hecho histórico demostrado. Aquí aparece una de las particularidades de la emblemática japonesa: un motivo puede ser reconocible sin que exista una única explicación aceptada sobre su origen.

Entre los animales acuáticos representados también aparece la carpa (koi). Aunque su presencia en la emblemática es muy limitada, su valor simbólico dentro de la cultura japonesa es extraordinario.

La carpa representa tradicionalmente la perseverancia, la fortaleza y la superación de las dificultades. Esta asociación procede de una antigua leyenda de origen chino según la cual una carpa capaz de remontar una poderosa corriente, y superar la llamada Puerta del Dragón, podía transformarse en uno de ellos. La imagen convirtió al pez en símbolo de quien alcanza el éxito mediante el esfuerzo y la constancia.
En los kamon, la carpa aparece representada de forma muy estilizada, sola o acompañada de agua y ondas. Como ocurre con la mayoría de estos emblemas, lo esencial es la silueta y no el color.

A diferencia de otros símbolos, no existe una atribución suficientemente segura que permita considerar la carpa como emblema exclusivo de un gran clan samurái concreto. Aunque fue usado por los Sakai y algunas ramas menores, su importancia, en cualquier caso, desborda a la emblemática. La misma imagen de la carpa que lucha contra la corriente reaparece en el arte japonés y, especialmente, en las koinobori, las banderas con forma de carpa que simbolizan el deseo de que los niños crezcan fuertes, perseverantes y prósperos.

Además, tambien se encuetran representados en diferentes kamon la gamba (ebi), moluscos y conchas ( hamaguri y hotate), y en escasas ocasiones el cangrejo de río.

Animales terrestres.

En tierra firme encontramos algunos de los kamon más interesantes porque sus animales permiten establecer vínculos muy directos con determinados clanes y sus diferentes líneas.

El caballo tiene una relación antiquísima con Japón. Fue animal de guerra, transporte, agricultura y también objeto de culto; la tradición de ofrecer caballos a los santuarios está en el origen remoto de las ema votivas.
Pero son los Sōma quienes proporcionan uno de los ejemplos más claros de un clan asociado a un motivo ecuestre. Su Sōma tsunagi-uma representa un caballo sujeto por dos postes. Es conocido como uno de los emblemas del clan Sōma, y se relaciona tradicionalmente con las historias de Taira no Masakado y con la tradición ecuestre de la región.

Hay que hacer aquí una distinción importante. Las fuentes modernas suelen repetir que los Sōma descendían de Masakado, pero la propia tradición genealógica es más compleja y los historiadores consideran más plausible su vinculación con la rama de los Chiba descendiente de Taira Yoshifumi. Además, la cultura de los kamon todavía no estaba formada en tiempos de Masakado, por lo que las historias que atribuyen directamente el emblema a acontecimientos del siglo X deben entenderse como tradiciones genealógicas posteriores, no como documentación contemporánea. 

El conejo (usagi) ocupa un lugar muy particular en la cultura simbólica japonesa por su asociación con la luna. Los kamon de conejo pueden mostrarlo solo, enfrentado a otro conejo, acompañado por ondas o saltando junto a la luna. Se le relaciona tradicionalmente con la buena fortuna, la longevidad y la fecundidad, además de con el imaginario lunar.

Entre los clanes que utilizaron motivos de conejo aparecen los Mitsu hashi, así como las ramas Terao, Mizushima e Inada, entre otras. El repertorio no pertenece a un único clan.  Es significativo que el conejo rara vez aparezca aislado de su universo simbólico: luna, agua y movimiento forman parte de la tradición visual que lo rodea.

Y llegamos quizá al animal más cargado de historia política: la mariposa.

El motivo conocido como Ageha-chō  (la mariposa con las alas levantadas) está estrechamente asociado a los Taira, y especialmente a determinadas ramas de tradición Taira. En época posterior también fue empleado por diferentes ramas de los clanes  Oda, Ikeda, Seki y otras. El propio Museo de la Ciudad de Ishioka documenta el uso del Ageha-chō por la familia Ikeda y señala su asociación tradicional con los Taira.

Pero aquí hay que introducir una cautela histórica importante. Es frecuente encontrar afirmaciones según las cuales la mariposa habría sido «el escudo de Taira no Kiyomori». Esa formulación es demasiado tajante. La identificación de la mariposa como emblema característico de los Taira se consolidó posteriormente, y no existe una prueba contemporánea inequívoca que permita afirmar que Kiyomori utilizara exactamente el Ageha-chō como un kamon en el sentido que posteriormente adquirió el término. Fuentes especializadas señalan precisamente esta dificultad.

Eso no disminuye la importancia histórica del motivo. Al contrario, demuestra cómo los kamon podían convertirse con el tiempo en símbolos de linajes concretos dentro de una rama del clan, incluso cuando la asociación concreta entre una figura y un antepasado famoso se construía retrospectivamente.



También se encuentran representados, en banderas, según la tradición, aunque algunos de ellos no están completamente documentados como kamon: el ciervo (shika), el león (shisi), el murciélago (komori), el ciempiés (mukade), la cigarra (semi) y la libélula (tombo).


Los Colores.

Aquí conviene desmontar una idea muy extendida cuando se contempla un kamon desde la perspectiva europea. No existe una «paleta emblemática japonesa» comparable a los esmaltes europeos.
En la representación tradicional, el diseño se considera esencialmente una forma. Puede aparecer negro sobre blanco o blanco sobre negro dependiendo de la superficie sobre la que se aplique. Las fuentes japonesas señalan precisamente que el color no es el elemento que define el kamon.  Esto explica la extraordinaria uniformidad visual de los emblemas que vemos en kimonos ceremoniales,armaduras, banderas y estandartes, edificios, objetos y tumbas.

En una fotografía histórica puede parecer que un clan (o una rama de este) posee un «kamon blanco» y otra uno «negro», pero en muchos casos estamos simplemente ante la inversión de figura y fondo. Hubo, por supuesto, usos decorativos y excepcionales en los que el color tuvo mayor protagonismo. Pero sería erróneo trasladar al kamon la lógica europea según la cual el color del campo y de las figuras forma parte de la identidad heráldica.

Un bestiario mucho más pequeño de lo que parece.

Cuando se habla de emblemática japonesa, es fácil imaginar un repertorio zoológico enorme. En realidad, los animales nunca dominaron los kamon. Las plantas fueron muchísimo más importantes: paulonia, glicina, crisantemo, ciruelo, bambú, hiedra y muchas otras aparecen constantemente. Las clasificaciones generales de los kamon sitúan los animales junto a plantas, fenómenos naturales, edificios, vehículos, herramientas y patrones geométricos.  Precisamente por eso los animales que sí llegaron a convertirse en emblemas poseen tanto interés. Pero ninguno de ellos funcionaba exactamente como un símbolo aislado. El verdadero lenguaje estaba en la forma, la composición, la tradición y la memoria histórica.

Esa es quizá la diferencia esencial entre un kamon y un escudo de armas occidental. El animal no está ahí necesariamente para dar un mensaje como «somos valientes», «somos feroces» o «somos nobles». Está ahí porque, en algún momento de la historia de un clan, ese animal llegó a formar parte de su identidad. Y después fue reducido a unas cuantas líneas capaces de sobrevivir durante siglos.

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Publicado por La Mesa de los Notables.

lunes, 10 de agosto de 2026

LOS KAMON DE LOS SEÑORES DEL MAR. LA EMBLEMÁTICA DE LOS MURAKAMI DEL SETO.

Riestra2026.

Algunas notas sobre emblemática japonesa (III). 

La palabra “pirata”, en la cultura de occidente, suele invocar una bandera negra, un barco solitario y un hombre fuera de la ley. Pero en el Japón medieval existió otra forma de dominar el mar. Entre los siglos XIV y XVI, las aguas del mar interior de Seto (Setonaikai) estuvieron controladas por poderosas familias navales que administraban estrechos, protegían convoyes, cobraban peajes y participaban en las guerras de los grandes señores del periodo Sengoku. Entre ellas destacaron los Murakami (村上).

La historiografía japonesa los conoce principalmente como suigun (水軍), fuerzas navales o ligas marítimas, y no como simples piratas. Su autoridad no se limitaba al saqueo, ejercían funciones militares, económicas y políticas en uno de los espacios más estratégicos del archipiélago.

Y, como toda gran casa guerrera japonesa, poseían kamon (家紋). Sus emblemas constituyen una de las expresiones más singulares de la emblemática japonesa, porque muestran cómo un símbolo podía representar al mismo tiempo un clan, un territorio insular y la protección de un santuario venerado por navegantes y guerreros.

El mar interior de Seto. Una geografía convertida en poder.

Para comprender los kamon de los Murakami es necesario comprender primero el escenario en el que nacieron. El mar interior de Seto conecta Honshū, Shikoku y Kyūshū mediante cientos de islas, canales y estrechos. Sus corrientes son complejas, sus pasos estrechos y sus rutas esenciales para el comercio y la comunicación entre el oeste y el centro de Japón. Quien conocía esas aguas controlaba el movimiento de personas, mercancías y ejércitos.

Los Murakami levantaron fortalezas en islas estratégicas y desarrollaron una autoridad basada en el dominio del espacio marítimo. Su poder no procedía de grandes llanuras agrícolas, sino del conocimiento de las mareas, de la navegación y de la capacidad para garantizar, o impedir, el tránsito por los estrechos.
Su mundo era radicalmente distinto del de la mayoría de los daimyō del interior.

Los Murakami no eran una sola familia.

Uno de los errores más frecuentes consiste en hablar del “clan Murakami” como si hubiera sido una única casa unificada. Las fuentes distinguen tres grandes ramas principales: Noshima-Murakami (能島村上氏), Kurushima-Murakami (来島村上氏) y Innoshima-Murakami (因島村上氏).

Estas ramas cooperaban, competían y establecían alianzas cambiantes con grandes poderes regionales. Desde el punto de vista emblemático, esta diversidad es fundamental. La emblemática japonesa permitía que distintas ramas de un mismo clan utilizaran kamon diferentes, y precisamente el caso Murakami demuestra que no puede atribuirse un único emblema a todas ellas.

La documentación existente en el consistorio de Imabari (今治市) identifica expresamente el kamon utilizado por los Kurushima-Murakami como: 折敷に三文字 (oshiki ni sanmoji). El diseño consiste en el carácter 三 (tres) inscrito dentro de una forma denominada 折敷 (oshiki), una bandeja ceremonial utilizada en contextos rituales.
Lo verdaderamente importante es su origen. Según la documentación municipal, este emblema era el shinmon (神紋), el emblema sagrado, del santuario Ōyamazumi-jinja (大山祇神社), y fue adoptado como kamon por los Kōno (河野氏) y por los Kurushima-Murakami. No se trata, por tanto, de un símbolo creado específicamente para una flota de guerra, es un emblema religioso convertido en la identidad de un clan.



Ōyamazumi-jinja. El santuario de los guerreros-navegantes.

Pocas instituciones religiosas tuvieron tanta importancia para el mundo marítimo del Seto como Ōyamazumi-jinja, situado en la isla de Ōmishima.
Durante siglos fue un centro de culto asociado a guerreros, navegantes, comunidades costeras y señores regionales. Este templo aun conserva una de las colecciones más importantes de armaduras y armas antiguas de Japón, ofrecidas como exvotos por generaciones de combatientes.

Para un clan cuyo poder dependía del mar, adoptar el emblema del santuario significaba vincular su autoridad a una legitimidad religiosa reconocida en toda la región. El kamon era, en ese sentido, una declaración de pertenencia a un contexto sagrado.

El significado del carácter 三

El emblema utiliza el carácter 三,  como ya hemos apuntado en entradas anteriores, literalmente significa “tres”. Sin embargo, las fuentes institucionales disponibles no afirman que el kamon representara un significado simbólico específico de ese número. Lo que sí documentan es que el diseño procede del emblema de Ōyamazumi-jinja.

Esta distinción es importante, ya que en la emblemática japonesa existe una tendencia moderna a atribuir interpretaciones místicas a cualquier carácter, pero en este caso la relación documentalmente demostrable es la transmisión del emblema desde el santuario hacia determinadas familias guerreras.

Un símbolo hecho para ser visto.

La fuerza visual del 折敷に三文字 reside en su simplicidad. Un kamon para estos clanes debía reproducirse sobre velas de embarcaciones, banderas, armaduras, cascos, cajas lacadas, tejidos, documentos y objetos ceremoniales. En el mar, donde la identificación visual podía resultar decisiva, un diseño geométrico y de pocos trazos ofrecía enormes ventajas. El carácter 三 podía reconocerse rápidamente incluso a distancia.

La emblemática japonesa, a diferencia de la heráldica europea, tendía con frecuencia a la reducción formal. Un motivo vegetal, un número o un carácter podían convertirse en una marca extraordinariamente eficaz.

El otro kamon Murakami: 上文字

Los repertorios emblemáticos japoneses registran además un 上文字紋 (ue-moji-mon) asociado a algunas ramas Murakami. Este emblema utiliza el carácter: 上 que significa “arriba”, “superior” o “ascender”.

También corresponde al segundo kanji del apellido de la rama principal 村上. Aquí aparece un fenómeno muy característico de los 文字紋, los kamon construidos a partir de caracteres.

Como ya apuntamos en nuestro artículo anterior, el kanji funciona simultáneamente como imagen y como referencia directa al nombre de la familia. Sin embargo, la existencia de este emblema no invalida el uso documentado del 折敷に三文字 por los Kurushima-Murakami. Al contrario, demuestra la diversidad emblemática interna del clan.

Banderas, barcos y confusiones modernas.

La imagen popular de los “piratas Murakami” suele mostrar estandartes espectaculares y símbolos militares. Aquí conviene introducir una precisión esencial. En el Japón medieval, como ya hemos apuntado en artículos anteriores,  coexistían a la vez en un mismo plano varios sistemas de identificación:

  • 家紋 (Kamon): Emblema del clan.
  • 旗印 (Hata-jirushi): Insignia de bandera.
  • 指物 (Sashimono): Distintivos individuales.
  • 幟 (Nobori). Bandera vertical.
  • 幟旗 (Nobori-bata). Banderas verticales más altas.
  • 馬印 (Uma-jirushi): Insignias de mando.

Un mismo señor podía utilizar un kamon familiar y, al mismo tiempo, una bandera de guerra con otro símbolo completamente distinto. Por eso muchos emblemas famosos del periodo Sengoku no eran necesariamente kamon, usándose el maedate para individualizarse. En el caso de los Murakami, el interés histórico reside precisamente en que el 折敷に三文字 está documentado como kamon de la rama principal, no simplemente como un estandarte militar.

La emblemática del mar y la desaparición de las ligas navales.

Existe una diferencia profunda entre los grandes emblemas de las casas territoriales y los de las familias navales del Seto. Los Tokugawa, los Mōri o los Shimazu se asociaban a dominios extensos, castillos y estructuras territoriales consolidadas.

Los Murakami, aunque tenían maniones y castillos isleños, gobernaban en su mayoría un espacio líquido. Su autoridad dependía de: corrientes, estrechos, puertos, islas y rutas de navegación. Resulta por eso significativo que su emblema más claramente documentado proceda de un santuario marítimo y represente  una red de relaciones entre mar, religión y poder.

La unificación de Japón bajo Toyotomi Hideyoshi y posteriormente el shogunato Tokugawa transformó radicalmente el equilibrio marítimo. Las antiguas ligas navales perdieron autonomía. El control del comercio y de la navegación pasó progresivamente a estructuras centralizadas y el poder político de los Murakami se desvaneció.
Pero sus kamon sobrevivieron. El 折敷に三文字 continúa siendo uno de los ejemplos mejor documentados de la relación entre un santuario regional y una familia naval del Seto.

Para finalizar: el emblema que no necesitó una calavera.

La historia occidental convirtió a los piratas en hombres sin patria que navegaban bajo una bandera negra. Los Murakami del Seto pertenecían a otra tradición. Poseían a un clan organizado, jerarquizado, con estructura militar y varías ramas. Tenían territorios insulares, alianzas políticas y un emblema heredado de un santuario venerado, y no necesitaron de una calabera ni de otros símbolos que pretendieran infundir terror a la "presa" o al enemigo, les bastó, para pervivir hasta nuestros días en la memoria de una nación, con un kanji en el que se unían la escritura, la religión y el mar. 

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