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viernes, 9 de octubre de 2026

MALVAVISCO. -CAPÍTULO IX-.

 

El gabinete del vizconde de Malvavisco,
una mirada distinta al mundo nobiliario

Capítulo IX. El apellido.

Los apellidos tienen una ventaja sobre los títulos nobiliarios: todo el mundo posee alguno. También presentan un inconveniente: casi todo el mundo cree saber de dónde procede el suyo.
Hace unos meses me invitaron a un congreso sobre genealogía. Acepté porque conocía al conferenciante, que sabía mucho más de apellidos que la mayoría de las personas que los llevan, y porque la invitación no exigía etiqueta. Al llegar descubrí, sin embargo, que los organizadores habían decidido colgarnos del cuello una acreditación.
La señorita de la mesa me entregó la mía.

«Vizconde de Malvavisco».
—Falta el nombre —le dije.

Se alarmó.

—Lo siento muchísimo, señor. Se la cambio ahora mismo.
—No hace falta. Es la parte que menos utilizo.

Detrás de mí esperaba un caballero que debía de tener unos cincuenta años, bien vestido, de maneras agradables. Su acreditación presentaba dificultades mayores.

—Hay un error. Es «García de Monteclaro».

La señorita buscó en la lista.

—Tengo «Gonzalo Monteclaro y Fernández».
—Sí, pero he recuperado el García.

Imprimió una nueva tarjeta: Gonzalo García de Monteclaro y Fernández.
El caballero la examinó.

—Fernández de San Pelayo.

La señorita dejó de sonreír.
Hubo que reducir ligeramente el tamaño de la letra. Me pareció una imagen bastante precisa de determinados procesos genealógicos: a medida que aumenta el linaje, disminuye el cuerpo tipográfico.
Coincidimos después durante el café. Gonzalo resultó ser una persona culta, educada y bastante razonable, circunstancia que siempre complica las cosas cuando uno esperaba divertirse a su costa.

—No crea que esto es una extravagancia —me dijo, tocándose la acreditación—. En mi familia el apellido era García de Monteclaro. Está documentado.
—No tengo dificultad en creerlo.
—Se perdió en el siglo XIX.

Me explicó que su tatarabuelo todavía aparecía en documentos familiares con el apellido compuesto, pero que después comenzó a figurar simplemente como Monteclaro. En unas partidas se conservaba completo; en otras, no. Más tarde la forma abreviada terminó imponiéndose y varias generaciones de la familia dejaron de utilizar la segunda parte.
Me enseñó unas fotocopias.
Las llevaba preparadas.

Eso me tranquilizó. Los genealogistas que aportan documentos suelen ser menos peligrosos que los que aportan recuerdos.

—Aquí está mi bisabuelo —dijo—. García de Monteclaro. Y éste es su padre.

Miré los papeles.

—Parece bastante claro.
—Por eso lo he recuperado.
—Me parece muy bien.

Se sorprendió.

—Pensaba que se reiría.
—No veo por qué. Si ése era el apellido familiar y puede demostrarlo, conservarlo me parece razonable.

Los apellidos también forman parte de una memoria. Algunos compuestos desaparecieron por desuso, por simplificaciones, por cambios de criterio o porque en algún momento nadie consideró necesario seguir escribiéndolos completos. Recuperar documentalmente uno de ellos no me parece una afectación. A veces es exactamente lo contrario: corregir una pérdida.

Gonzalo asintió, satisfecho.

—Además, los apellidos poco frecuentes deben protegerse.
—Siempre que no terminemos protegiéndolos de la posibilidad de caber en una tarjeta.

Miró su acreditación.

—Lo de «Fernández de San Pelayo» también está documentado.
—¿Hasta dónde?
—Era el apellido de mi abuela materna.
—Eso está bastante cerca.
—Y antes aparece como «Fernández de San Pelayo y de la Torre».

Lo miré.

—Eso está empezando a alejarse.

Sonrió.

—No pienso usarlo entero.
—Me tranquiliza.
—Aunque «de la Torre» es un apellido muy antiguo.
—No lo dudo.
—Y se está perdiendo.
—También el latín y no por eso lo añadimos al nombre.

Bebió un poco de café.

—Usted se burla, pero los apellidos son importantes.
—Precisamente por eso no me burlo de ellos.

Aquello pareció desconcertarlo.

Siempre he pensado que un apellido antiguo merece cierto respeto, pero el respeto no aumenta necesariamente con el número de partículas. Hay apellidos sencillos que pueden documentarse durante siglos y composiciones formidables fabricadas durante una tarde. La longitud pertenece a la ortografía. La antigüedad, a los archivos.


Gonzalo volvió a mirar sus papeles.

—En realidad hay otra cosa que quería preguntarle.

Aquello me preocupó.
Sacó el teléfono
Las preguntas genealógicas han empeorado mucho desde que caben en un bolsillo.
Miré.
En la pantalla aparecía la reproducción de una página dedicada a un personaje medieval: don Rodrigo de Monteclaro, caballero del siglo XIII, participante en varias campañas militares, señor de lugares cuyos nombres no conseguí retener y, según la página, tronco de una «ilustre estirpe extendida posteriormente por toda España».

Las genealogías de Internet sienten una especial debilidad por las estirpes extendidas.

—Es un antepasado mío —dijo Gonzalo.

Le devolví el teléfono.

—¿Lo sabe?
—Era Monteclaro.
—Eso he visto.
—Y mi familia es García de Monteclaro.
—También lo sé.

Esperó.

—¿No ve la relación?
—Veo dos veces la palabra Monteclaro.

No le pareció suficiente.

—Además, procedemos de la misma zona.
—Eso mejora la geografía.
—Y hay autores que relacionan ambas familias.
—También mejora la bibliografía.
Gonzalo empezó a impacientarse.
—Entonces ¿qué falta?
—La genealogía.

Me miró como si acabara de introducir una exigencia innecesaria en una conversación genealógica.

Volvió al teléfono y abrió un árbol. Las primeras generaciones estaban cuidadosamente documentadas. Había fechas, matrimonios, lugares de nacimiento y referencias a protocolos notariales. Retrocedimos hasta mediados del siglo XVIII con bastante facilidad. Después apareció un señor cuyo nacimiento no estaba del todo claro. Más arriba, las fechas se hicieron menos precisas. Dos generaciones después desaparecieron.

A continuación, estaba don Rodrigo.

—Aquí hay un pequeño salto —dije.
—Es la parte que falta demostrar.

Miré las fechas.

—Son casi cuatrocientos años.
—Sí.
—Admiro su concepto de «pequeño».

Gonzalo amplió la pantalla.

—Pero hay muchas coincidencias.
—Cuatro siglos suelen permitir bastantes.
—La tradición familiar es muy constante.
—Las tradiciones familiares tienen esa ventaja. No necesitan renovar el documento nacional de identidad.

Guardó el teléfono.

—No me cree.
—Creo que su familia lleva mucho tiempo creyéndolo. No es exactamente lo mismo.

Aquello no le gustó. Lo comprendí. Resulta profundamente desagradable descubrir que un antepasado medieval que llevaba años instalado cómodamente en la familia tiene que volver de pronto a demostrar parentesco.
La Edad Media ha producido una cantidad extraordinaria de descendientes póstumos desde que apareció Internet. Reyes, cruzados, almirantes y compañeros de batalla que durante siglos parecieron haber dejado una descendencia razonablemente limitada comenzaron, a finales del siglo XX, a reproducirse con un entusiasmo retrospectivo verdaderamente notable.

Carlomagno ha sido particularmente eficaz.

No pretendo negar que muchas familias actuales desciendan de personajes medievales. Estadísticamente, algunas incluso deben de hacerlo por una cantidad de líneas suficiente para provocar aburrimiento. El problema no es descender. El problema es demostrar por dónde.

Le conté entonces un caso que siempre me había interesado. Un genealogista italiano llevaba un apellido vinculado desde antiguo por tradición familiar a una de las grandes familias de la Florencia medieval. Existían indicios importantes: bibliografía antigua, tradición continuada, coincidencias heráldicas y otras circunstancias que en épocas anteriores habrían bastado a muchos genealogistas para afirmar el parentesco sin demasiadas incomodidades.

Él no lo hizo.

Cuando tuvo ocasión de hablar públicamente del asunto, explicó con toda claridad que su familia siempre se había considerado descendiente de aquella estirpe, que existían numerosas pistas a favor, pero que el estado actual de la investigación no permitía convertir esas pistas en una genealogía científicamente demostrada.

Gonzalo escuchó con atención.

—Pero seguramente descenderá.
—Es posible.
—Entonces...
—Precisamente.
—No le entiendo.
—La diferencia entre un genealogista y un antepasado consiste en que al primero conviene exigirle pruebas.

Gonzalo sonrió.

—¿Y al segundo?
—Al segundo también. Pero suele ser más difícil localizarlo.

Volvimos al salón. La conferencia iba a comenzar.

El ponente habló durante casi una hora de nombres, apellidos, filiaciones, transmisión y cambios de uso. Fue interesante, aunque observé que Gonzalo dedicó parte del tiempo a consultar el teléfono. Al terminar se acercó nuevamente.

—He encontrado otra referencia a Rodrigo de Monteclaro.
—Me alegro.
—Un foro genealógico.
—Eso me alegra algo menos.
—Un señor de Chile también desciende de él.
—¿Lo ha demostrado?
—No lo sé.
—Entonces ya son dos.

No insistió.

Varias semanas después recibí un sobre suyo en casa. Dentro había una nota amable agradeciéndome la conversación y una tarjeta de visita nueva.
La examiné.
«Gonzalo García de Monteclaro y Fernández de San Pelayo».
Debajo, en caracteres más pequeños, figuraban dos apellidos adicionales que no recordaba haber visto en la acreditación.

Mi secretario entró mientras todavía la tenía en la mano.

—¿La guardo en el tarjetero?

Se la entregué.
Intentó introducirla.
No cabía.
Probó en otro compartimento.
Tampoco.

—¿Qué hago con ella?

Miré la tarjeta.

—Documentación de gran formato.

Mi secretario salió.

Volví a leer el nombre. No sabía si Gonzalo había conseguido alargar su genealogía desde nuestra última conversación.  El apellido, desde luego, sí.

El vizconde de Malvavisco.


Para leer otros capítulos de Malvavisco (hacer click sobre el capítulo):
Presentación.   Nota Aclaratoria.  Capítulo I.     Capítulo II.     Capítulo III.    Capítulo IV.    Capítulo V.    Capítulo VI.      Capítulo VII.         Capítulo VIII.

Aviso sobre propiedad intelectual.
El vizconde de Malvavisco es un personaje literario original y el pseudónimo bajo el que se publica esta serie. ©2026 El vizconde de Malvavisco. Todos los derechos reservados. Quedan reservados los derechos sobre los textos y sobre los elementos originales que configuran este personaje de ficción y su universo narrativo, en los términos previstos por la legislación de propiedad intelectual.

Publicado por La Mesa de los Notables.

martes, 22 de septiembre de 2026

EL CUERPO DE HIJOSDALGOS DE LA MONTAÑA Y ANTIGUOS SOLARES DE CANTABRIA CELEBRA SU CAPÍTULO GENERAL Y CEREMONIA DE INGRESO 2026.

 Pilar de Vicente.

El pasado sábado 19 de septiembre, la histórica iglesia de Santa Lucía en Santander acogió la emotiva ceremonia de incorporación de los nuevos integrantes del ICHMASC. La jornada dio comienzo a las 17:30 horas con un sentido recuerdo litúrgico y una oración dedicada a los tres caballeros fallecidos durante el último ejercicio, culminando este tributo con la ofrenda de una corona de laurel ante el altar.

A continuación, tras la solemne bendición de las insignias, se desarrolló el ritual de juramento de los nueve neófitos —cinco caballeros y cuatro damas—, seguido por la imposición de condecoraciones y la entrega de los diplomas acreditativos.

El solemne acto congregó a destacadas delegaciones de las más prestigiosas corporaciones nobiliarias, caballerescas e instituciones de raigambre histórica del país. Entre ellas cabe destacar la presencia de:
La Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, el Real Estamento Militar del Principado de Gerona y Cofradía de San Jorge, el Antiguo e Ilustre Solar de Tejada, La Real, Antiquísima y Muy Ilustre Cofradía de Nobles de Nuestra Señora del Portillo de Zaragoza, el Cabildo de Caballeros y Escuderos de Cuenca, el Real, Ilustre y Primitivo Capítulo Noble de Caballeros de la Orden de la Merced, la Real Hermandad de Infanzones de Nuestra Señora de la Caridad de la Imperial Villa de Illescas, la Real, Muy Antigua e Ilustre Cofradía de Caballeros y Damas Cubicularios de San Ildefonso y San Atilano de la Muy Noble y Leal Ciudad, Provincia y Diócesis de Zamora, el Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias, la Maestranza de Caballería de San Fernando, la Maestranza de Caballería de Castilla, la Hermandad de Caballeros de Santo Toribio de Liébana, Defensores del Lignum Crucis y del Camino de Santiago, la Casa Troncal de Caballeros Hijosdalgo de los Doce Linajes de la Muy Noble y Leal Ciudad de Soria y los Infanzones del Reino de Valencia.


Asimismo, la ceremonia contó con una nutrida representación de las principales autoridades civiles y militares del ámbito regional y local, abarcando al Gobierno de Cantabria, el Ayuntamiento de Santander, la Delegación de Defensa en Cantabria, la Comandancia Naval de Santander, la Jefatura Superior de Policía de Cantabria, la Subdelegación de Defensa en Vizcaya y la Comandancia Naval de Bilbao.

Celebración en el Real Palacio de la Magdalena.

Como broche de oro a los actos, el centenar de invitados se desplazó hasta el emblemático Real Palacio de la Magdalena. Este monumental edificio, joya indiscutible de la arquitectura civil del norte peninsular, domina imponente el paisaje desde la cúspide de la península homónima. Su edificación, llevada a cabo entre 1908 y 1912 bajo la traza de los arquitectos Gonzalo Bringas y Javier González de Riancho, respondió al deseo del Ayuntamiento de Santander de obsequiar a los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia con una residencia estival que impulsara el arraigo veraniego de la monarquía en tierras cántabras (un privilegio del que la Familia Real disfrutó asiduamente entre 1913 y 1930).

Tras los cordiales discursos de bienvenida pronunciados por la Decana-Presidente del ICHMASC, los asistentes alzaron sus copas en un solemne brindis por Cantabria, por España y por S.M. el Rey, dando paso finalmente a un cóctel solidario que cerró con éxito esta memorable cita de hermandad e historia.

Para saber más: https://www.hijosdalgocantabria.es/

Publicado por La Mesa de los Notables.

 

domingo, 20 de septiembre de 2026

EL CUERPO DE LA NOBLEZA DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, PRESENTE EN LAS MEDALLAS DE ASTURIAS 2026.

 

El Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias estuvo presente en el acto solemne de entrega de las Medallas de Asturias 2026, celebrado en Oviedo el pasado 8 de septiembre, festividad de la Virgen de Covadonga y Día de Asturias.
La corporación estuvo representada por su Canciller-Secretario, don Manuel Ruiz de Bucesta; su Vicecanciller, don Manuel Rodríguez de Maribona; y su Tesorero, don Juan de Allonca, que asistieron a una de las principales ceremonias institucionales del Principado.

Las Medallas de Asturias, acordadas por el Consejo de Gobierno, reconocen cada año a personas e instituciones cuya trayectoria o actividad ha tenido especial relevancia para la comunidad. En esta edición fueron distinguidos el Real Oviedo, con motivo de su centenario y de su regreso a Primera División; el tenor y gestor cultural don Joaquín Pixán; el periodista don Isidoro Nicieza; el docente y músico don Nacho Fonseca, y la Asociación Emburria, por su labor en favor de la inclusión de las personas con discapacidad.

La ceremonia sirvió asimismo para hacer entrega de los títulos de Hijos Predilectos e Hijos Adoptivos de Asturias correspondientes a 2026.
Como Hijos Predilectos fueron reconocidos don Juan Antonio Pérez Simón, don Isidro Fernández Rozada, doña Mari Luz Cristóbal Caunedo y don José Sierra Fernández. Los títulos de Hijos Adoptivos recayeron en doña Paz Fernández Felgueroso, don Saúl Craviotto, doña Maruja Torres, Yayoi Kawamura, don Adolfo Rivas Fernández y doña Consuelo Martínez López.

Representación del CNPA.

El acto reunió a una amplia representación de las instituciones asturianas y de distintos ámbitos de la sociedad del Principado. La presencia del Cuerpo de la Nobleza se enmarca en su participación en aquellos acontecimientos de especial relevancia para Asturias, particularmente los relacionados con su historia, patrimonio y vida institucional.

La jornada del 8 de septiembre volvió a poner de manifiesto, a través de los galardones concedidos, la diversidad de ámbitos desde los que se contribuye a la vida asturiana: la cultura, la música, la educación, el periodismo, el deporte y la inclusión social.

Para el Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias, su asistencia a esta ceremonia constituye también una muestra de su vinculación con la vida institucional del Principado y de su voluntad de acompañar, con su presencia, aquellas celebraciones en las que Asturias reconoce públicamente a quienes han destacado por su trayectoria y servicio a la sociedad.

Más sobre el CNPA:https://www.cuerpodelanoblezadeasturias.es/
Publicado por La Mesa de los Notables.