Ante las interpretaciones que
determinadas personas y algunas asociaciones hayan podido realizar, en su caso,
acerca de los relatos protagonizados por el denominado como Vizconde de
Malvavisco, se considera oportuno efectuar la siguiente aclaración.
El Vizconde de Malvavisco es un
personaje de ficción. Tanto su persona como su trayectoria, relaciones,
circunstancias familiares y peripecias pertenecen exclusivamente al ámbito de
la creación literaria.
Del mismo modo, los personajes,
instituciones, acontecimientos y situaciones que aparecen en sus relatos son
igualmente ficticios, aun cuando puedan presentar, deliberadamente o no,
ciertos elementos reconocibles propios del mundo nobiliario y/o caballeresco.
En consecuencia, cualquier semejanza
entre los acontecimientos narrados y personas, instituciones, corporaciones,
órdenes, asociaciones, títulos o hechos de la vida real deberá entenderse como
mera coincidencia y no como referencia, alusión o descripción de persona o
entidad alguna.
Conviene recordar, a este respecto, que
la ficción literaria se sirve con frecuencia de ambientes, usos sociales,
tradiciones y tipos humanos reconocibles para construir sus historias. Que
algún lector pueda identificar en ellos situaciones que le resulten familiares
constituye, en todo caso, una interpretación personal que no corresponde
necesariamente con la intención del relato.
Por tanto, ninguna de las situaciones descritas por el Vizconde de Malvavisco debe ser considerada una crónica, denuncia, reconstrucción o relato de hechos reales. Y, naturalmente, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Una coincidencia que, como suele suceder en estos casos, resulta especialmente curiosa cuando son los propios personajes de la realidad quienes se reconocen en los de la ficción.
