domingo, 16 de agosto de 2026

LIECHTENSTEIN ABRE LA PUERTA DEL TRONO A LAS MUJERES.

 

Durante más de cuatro siglos, la ley sálica, entendida en Liechtenstein como la regla sucesoria de la Casa Principesca que reservaba la Corona a los descendientes varones, ha mantenido a las mujeres fuera de la sucesión al trono. Ahora, el pequeño principado alpino ha decidido cambiar esa norma. El anuncio, realizado durante el discurso del Día Nacional, puede poner fin a la primacía masculina en la sucesión de la Casa de Liechtenstein y abre, por primera vez, la posibilidad de que una mujer pueda convertirse en soberana.

La reforma fue anunciada por el príncipe heredero Alois de Liechtenstein, que ejerce desde 2004 buena parte de las funciones de jefe del Estado, después de que su padre, el príncipe Hans-Adam II, le delegara gran parte de sus poderes.

El cambio afecta a una institución mucho más antigua que el propio Estado moderno. Las reglas de sucesión de la Casa Principesca se remontan a 1606, cuando los miembros de la dinastía establecieron un pacto familiar que fijó el principio de sucesión por línea masculina. Durante siglos, esa tradición se ha transmitido dentro de la familia hasta convertirse en una de las particularidades más llamativas de la monarquía liechtensteiniana.

La Constitución del Principado mantiene una peculiaridad que ayuda a entender por qué la decisión no ha correspondido al Parlamento. Su artículo 3 establece que la sucesión hereditaria al trono debe ser regulada por la propia Casa Principesca mediante su ley dinástica. Es decir, la sucesión constituye una materia reservada al ordenamiento de la familia reinante.

Hasta ahora, esa norma establece una primogenitura masculina. La documentación oficial de Liechtenstein explica que el derecho de sucesión correspondía a los descendientes varones de la línea dinástica y que las mujeres y sus descendientes quedaban excluidos del trono.

La novedad consiste en sustituir ese criterio por la primogenitura absoluta: a partir de ahora, el sexo dejará de determinar quién puede heredar el trono y será el orden de nacimiento el que marque la sucesión. El primer hijo podrá ser heredero independientemente de que sea hombre o mujer. La decisión fue aprobada por una mayoría de dos tercios de los miembros de la familia principesca con derecho a voto.

Hay, sin embargo, un matiz esencial. El cambio tiene consecuencias para el futuro, pero no modifica la sucesión que existe actualmente. El príncipe Joseph Wenzel, hijo mayor de Alois y de la princesa heredera Sophie, continúa siendo el primero en la línea. Su hermana, la princesa Marie Caroline, ocupa actualmente el segundo lugar entre los hijos de la pareja, pero la reforma no la coloca por delante de su hermano. Será la siguiente generación la que quede sometida al nuevo sistema.

La diferencia puede parecer pequeña en un país de apenas unos cientos de kilómetros cuadrados. No lo es. En Liechtenstein, la monarquía conserva un peso político singular dentro de su sistema constitucional. El Principado es una monarquía hereditaria constitucional asentada sobre una base democrática y parlamentaria, pero la Constitución atribuye al Príncipe una posición institucional especialmente relevante.

La reforma llega, además, después de una larga historia de debate sobre la exclusión de las mujeres. Naciones Unidas había señalado en distintas ocasiones la cuestión de la sucesión masculina y había planteado a Liechtenstein la posibilidad de adoptar un sistema de primogenitura absoluta. En sus respuestas oficiales, el principado había explicado que la sucesión pertenecía al ámbito autónomo de la Casa Principesca.

La decisión de la familia principesca no borra, por tanto, cuatro siglos de tradición. La mantiene y, al mismo tiempo, la modifica. La antigua regla que hacía del nacimiento de un varón la condición indispensable para perpetuar la línea sucesoria deja paso a otra en la que el orden de nacimiento será el que determine quién puede heredar.

La puerta está abierta. No para María Carolina, al menos por ahora, ni para alterar la línea sucesoria que hoy existe, sino para las generaciones que vendrán. Y en una dinastía acostumbrada a medir el tiempo en siglos, esa diferencia entre el presente y el futuro puede ser, precisamente, la parte más importante de la historia.

Fuente: El Confidencial.com

Publicado por La Mesa de los Notables.